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Mo Ran ha esperado años, largos y eternos años, para llegar a este momento.
Tras una confesión en el momento equivocado, Mo Ran nunca se imaginó que Chu Wanning, su primer amor que logró persistir aún tras malentendidos y sentimientos encontrados, correspondiera a su querer de la misma forma en que Mo Ran lo hace. El mundo parece sonreírle por primera vez en mucho tiempo, y Mo Ran tiene la intención de aprovechar la oportunidad con la que ha sido bendecido.
Dispuesto a seguir un ritmo lento, Mo Ran está preparado para llevar su relación de forma tranquila, avanzando paso a paso para que Chu Wanning no se sienta acorralado ante el cariño inmenso que Mo Ran siente por él, que desea gritar por lo cuatro vientos para demostrarlo de cualquier forma que le sea posible.
Claro está, Mo Ran no puede hacer eso.
Cuando se confesó accidentalmente, Chu Wanning no duró ni dos segundos en la misma habitación que Mo Ran y salió corriendo del lugar, ignorando cualquier palabra que salía de boca de Mo Ran. De un momento a otro, Chu Wanning se estrelló con una puerta de vidrio que no vio a tiempo, y un pequeño bulto rojo se formó en su frente. Desde ese día, cada vez que ambos se encontraban cara a cara, Chu Wanning huía sin siquiera ocultarlo, incapaz de ver a Mo Ran a los ojos.
Por esto y aún más, conociendo lo fácil que es para Chu Wanning avergonzarse, Mo Ran decide tomarlo todo con calma y crear una estrategia para llevar a cabo cada nuevo paso en su relación.
Ahora que ambos sienten lo mismo, Mo Ran siente que tiene todo el tiempo del mundo para poco a poco acercarse a su Wanning.
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1. Primer paso: palabras de cariño
Mo Ran toma cada oportunidad que surge para estar a solas con Chu Wanning y decirle, en voz baja, sólo para ellos lo escuchen, lo atractivo que se ve con esa camisa, lo guapo que se ve con su corto cabello despeinado, lo bien que le quedan ese par de pantalones que resaltan sus piernas, lo adorable que se ve con ese lindo sonrojo que colorea sus mejillas.
Inicialmente, Chu Wanning le dirige miradas sospechosas con cada comentario que sale de su boca. Sus ojos parecen dudar, como si creyera que las palabras de Mo Ran son una cruel broma y no la pura verdad.
Mo Ran no puede aceptar eso. Chu Wanning es la persona más hermosa en pisar el planeta, ¿cómo puede no creer en los halagos sinceros que Mo Ran le dice? Decidido en decirle al menos una vez al día palabras que aprecian su apariencia o buen trabajo, Mo Ran deja que se convierta en un hábito hasta que poco a poco, las miradas incrédulas se vuelven miradas tímidas, y los ojos dudosos se vuelven mejillas sonrojadas.
Es la primera vez que salen juntos tras el comienzo de su relación. Chu Wanning come el postre con entusiasmo, manteniendo su compostura elegante de siempre, pero Mo Ran puede ver el brillo en sus ojos y la forma en que saborea cada bocado, la emoción dejándose entrever a través de la impasividad.
Mo Ran lo observa con cariño, amando cada nueva cosa que logra aprender de Chu Wanning. Una sonrisa sincera aparece en su rostro cuando sin pensar, Mo Ran extiende su mano para limpiar una pequeña mancha de crema en la comisura de los labios de Chu Wanning. ¿Se imaginará Chu Wanning el amor tan profundo que siente Mo Ran por él?
Chu Wanning se detiene con el tenedor en sus manos, observando a Mo Ran con sorpresa; toda la piel a la vista, desde su rostro hacia su cuello, se tiñe de carmín. Mo Ran lo observa ensimismado, y es hasta que Chu Wanning desvía la mirada, cejas frunciéndose en su característica molestia ante algo vergonzoso, que Mo Ran se da cuenta que habló en voz alta.
Desde el momento en que se confesó, Mo Ran no se había atrevido a decir palabras que expresaran sus sentimientos, más allá de halagos y cumplidos; Chu Wanning parecía no querer escuchar declaraciones de amor, y Mo Ran se sentía listo para esperar por el resto de la eternidad para decirlas.
Pero ahora, sentados cara a cara, con rostros sonrojados y miradas tímidas, ambos se olvidan del mundo mientras Mo Ran reconoce que un gran avance en su relación acaba de ocurrir.
2. Segundo paso: tomarse de las manos
Tras comenzar a declarar su amor a los cuatro vientos sin que Chu Wanning haga combustión en el momento, Mo Ran no deja de decirle cuánto lo quiere y lo mucho que significa tenerlo a su lado. Acompañado de sus palabras vienen pequeños detalles: un tupper con sopa aún caliente, una caja de chocolates, un plato de gelatinas de osmanto y un pequeño llavero con un husky. Chu Wanning inicialmente se niega a recibir cualquier regalo, pero tras la insistencia de Mo Ran día tras día, los termina aceptando con una mirada cálida.
Pero Mo Ran quiere más, porque Chu Wanning siempre se encarga de mantener una distancia prudente entre ambos, y Mo Ran siente que se desvanecerá si no se encuentra a dos milímetros de Chu Wanning.
Mo Ran manda un mensaje a Chu Wanning, y pasa su día esperando a que sea leído. Las horas pasan lento, y Mo Ran no tiene otra opción más que hundirse en el pesado mar de trabajo hasta que su espalda duele y sus ojos arden. Parpadeando un par de veces, Mo Ran siente su celular vibrar en la mesa, haciéndolo que se olvide del cansancio.
Yo (3:52 pm): wanning!!!! avísame cuando salgas, déjame llevarte a casa!
Baobei♥️ (8:04 pm): Ya salí.
Sin pensarlo dos veces, Mo Ran se apresura a dejar todo en orden antes de salir corriendo, ignorando las miradas de confusión que le dan las personas que aún caminan por los pasillos del edificio. Cuando llega al estacionamiento, se encuentra con Chu Wanning que mantiene la vista fija en su celular.
Mo Ran se para frente a Chu Wanning, intentando ser lo más cauteloso posible. “Disculpa la demora, baobei. No me di cuenta de la hora.”
Chu Wanning da un pequeño brinco de sorpresa, que rápidamente se transforma en una mirada fría. “Para la próxima no me hago responsable de daños físicos por tus tontas bromas.”
Mo Ran hace un puchero. “No volverá a pasar, Wanning. Ven, ven, sube al auto.”
Ambos suben al auto y Mo Ran parte rumbo al apartamento de Chu Wanning. Son veinte minutos con tráfico calculado, el tiempo perfecto para pasar tiempo juntos después de una larga jornada de trabajo. Mo Ran pregunta sobre su día, y Chu Wanning responde sin dar vueltas y directo al punto; fue un día cansado, pero productivo. Uno de sus proyectos fue presentado frente a los superiores y aprobado. La suave y firme voz relaja a Mo Ran, haciéndolo sonreír de forma inconsciente. Hay algo en estar solos, hablando de sus días cotidianos, que lo hace sentir que es este el lugar al que pertenece: al lado de Chu Wanning, viviendo la vida sin más.
Chu Wanning juega con un hilo suelto de su suéter, escuchando a Mo Ran quejarse de un error provocado por otra persona que afectó el trabajo de su equipo. Su vista se posa en los largos dedos de Chu Wanning, en la manera en que enredan el hilo y hacen pequeños nudos. Mo Ran mueve su mano sin pensarlo, queriendo descubrir qué tan pequeñas son esas lindas manos al lado de las suyas. Mo Ran desliza su mano por debajo de la palma de Chu Wanning; pese a la inicial sorpresa y momentánea reacción a huir del toque, Chu Wanning no retira su mano, sino que deja a Mo Ran entrelazar sus dedos sin oponerse de ninguna forma.
Su corazón se siente cálido cuando comprueba que, en efecto, las manos de Chu Wanning lucen pequeñas y delicadas comparadas con las suyas. Y aunque sus manos no encajan a la perfección, Mo Ran quiere pensar que lo hacen.
Con un ligero sonrojo en sus mejillas, Chu Wanning descansa su barbilla sobre su mano que descansa en la puerta del auto, viendo hacia la noche iluminada y el pasar de los autos, con su mano entrelazada con la de Mo Ran.
Y es tan simple como sentir la calidez de Chu Wanning a través de su palma, que hace a Mo Ran sentir felicidad llenar su pecho.
3. Tercer paso: abrazos
Ahora, Mo Ran puede decirle a Chu Wanning cuánto lo quiere, y en ocasiones, recibir palabras tímidas que corresponden a su querer. También aprovecha cada oportunidad para tomar la mano de Chu Wanning, entrelazando sus dedos hasta que alguno de los dos tiene que soltar el agarre.
Pero dentro de Mo Ran vive una bestia hambrienta que siempre quiere más y más, y por ello, no puede esperar por tener mayor cercanía con Chu Wanning.
Es un viernes pasadas las once de la noche. En todas la semana, y parte de la anterior, solo pudo obtener vistazos de la silueta de Chu Wanning; con el flujo de trabajo que recibieron, ninguno de los dos tuvo tiempo para siquiera comer juntos en la cafetería.
Mo Ran mandó un mensaje hace un par de horas, preguntándole a Chu Wanning si podía visitarlo tras salir del trabajo. Pese a la hora, Chu Wanning le dio un sí, y con los ánimos obtenidos de esa respuesta, Mo Ran terminó todo para no tener que trabajar el día siguiente.
Incluso si es por sólo diez minutos, Mo Ran verdaderamente necesita ver a Chu Wanning, de lo contrario, su alma volará hacia el más allá tras haber sido negado de su única fuente de energía y felicidad.
Mo Ran entra al edificio y sube al elevador, esperando por el momento en que se detenga en el octavo piso. Son contadas las veces que ha estado en el apartamento de Chu Wanning, pero nunca pudo hacer algo más allá de cocinar y comer juntos; su afición por llevarlo lento, y la timidez de Chu Wanning no dio paso para que ocurriera algo más. Tras un pensamiento sucio que viene a su mente, Mo Ran ya no se siente digno de entrar a su casa.
No necesita tocar a la puerta para que ésta se abra, revelando a un Chu Wanning completamente adorable, quien viste una camisa larga con un estampado de un perro con la lengua de fuera, un par de pantalones holgados, y calcetines peludos que lucen cómodos. Chu Wanning tiene una mirada somnolienta, y Mo Ran comienza a sentirse culpable por venir a interrumpir su descanso.
Cerrando los ojos, Mo Ran se deja caer sobre Chu Wanning, rodeándolo con sus brazos y hundiendo su nariz en su cuello, inhalando el dulce aroma floral que siempre le recuerda a su Wanning.
Si lo piensa bien, cada paso es causado por su falta de pensar, pero en este momento, Mo Ran no tiene tiempo para procesar cualquier pensamiento mientras se hunde en el confort que le brinda Chu Wanning.
Tenso bajo su abrazo, inmóvil como una roca, Chu Wanning poco a poco comienza a relajarse en los brazos de Mo Ran, dándole pequeñas palmaditas en la espalda que irradian incomodidad. Volviendo en sí, Mo Ran se separa y observa el rostro de Chu Wanning, encontrándose con confusión y vergüenza.
Mo Ran se apresura a poner distancia entre ellos y agachar la cabeza como perro regañado. “Lo siento, Wanning, no quería incomodarte.”
Chu Wanning niega un par de veces, brazos cruzados en su pecho. “No hay por qué disculparse.”
Mientras Chu Wanning se retira a servir té, Mo Ran tiene tiempo para ver el desorden que siempre llena el lugar; hojas tiradas por todos lados, libros en la mesa, en el suelo, en los sillones y muy pocos en las estanterías, ropa colgando por cada mueble. El lugar es tan Chu Wanning que Mo Ran no puede evitar el afecto que nace en él.
Chu Wanning se rehúsa a dejarlo ir, argumentando que es muy tarde para que Mo Ran conduzca cansado. Mo Ran insiste, pues sabe que si pasa la noche aquí, no habrá forma que Chu Wanning lo mantenga alejado.
“¿Y qué?” Chu Wanning responde, alzando la barbilla y desviando la mirada, dejando a la vista sus orejas sonrosadas.
Una sonrisa aparece en labios de Mo Ran, asombrado ante la audacia de tales palabras.
Ambos se sientan en el sofá, escuchando la pequeña y vieja televisión que Chu Wanning encendió en medio de la vergüenza tras recibir una sonrisa pícara de Mo Ran. Sin decir palabra alguna, Mo Ran abraza a Chu Wanning y lo recuesta sobre su pecho. Y Chu Wanning se deja ser abrazado sin más.
4. Cuarto paso: primer beso
Cada avance poco a poco se convierte en algo habitual, al que Chu Wanning corresponde cada vez con menos timidez. Pero Mo Ran vive con una bestia, y no puede evitar que sus ojos se posen sobre los delgados labios de Chu Wanning cada vez con mayor frecuencia.
El mundo parece estar en su contra, porque Chu Wanning comienza a morder sus labios de forma continua. Si no los está mordiendo, está sorbiendo una bebida, o comiendo un helado que los deja rojos e hinchados. Mo Ran no puede hacer nada más que reprimirse a sí mismo y la bestia que toma forma de lobo en su interior, aullando descontroladamente, queriendo saciar su deseo tomando todo a la fuerza.
Y por primera vez desde el inicio de su relación, Mo Ran decide escuchar a su lobo interior. No seguirá sus impulsos ni forzará nada, pero sí hará lo posible para avanzar hacia el próximo paso.
Mo Ran invita a Chu Wanning a su pequeño apartamento. El plan es tener una cita, hornear postres para que Chu Wanning los deguste, y después tener una cena romántica. O cualquier otra situación que ayude a Mo Ran a lograr su cometido.
Observando el reloj nerviosamente, Mo Ran vuelve a sentirse como un tonto adolescente esperando a que su primer novio llegue a la cita que planeó con tanto empeño. Cuando el timbre resuena en las paredes de su hogar, Mo Ran corre a abrir la puerta del edificio y espera a que Chu Wanning suba a su apartamento. Pasos tranquilos se escuchan en el pasillo y Mo Ran se apresura para dejar que Chu Wanning entre a su humilde hogar, guiándolo hasta la cocina para que se siente mientras él trabaja.
Mo Ran se encarga de tener una conversación amena, primero hablando del trabajo, después cambiándolo hacia cualquier pensamiento que viene a su mente. Entre hacer la mezcla para los pastelillos, meter los diferentes postres tanto al horno como al refrigerador, Mo Ran puede notar la curiosidad en el rostro de Chu Wanning.
Mientras los postres están listos, Mo Ran comienza con su preparación para la cena. Chu Wanning insiste en que es suficiente con los dulces, y Mo Ran si pudiera, Chu Wanning viviría de comer postres, así que Mo Ran le da un rotundo no y continúa cocinando.
Cuando la alarma suena, indicando que los pastelillos en el horno están listos, Mo Ran los deja enfriar mientras prepara el betún para la decoración. Cuando la mezcla está a punto de nieve, Mo Ran lleva todo para ponerlo en la mesa donde Chu Wanning está sentado. “¿Me ayudas, baobei?”
Chu Wanning frunce el ceño, observando los utensilios como si fueran cosas de otro mundo. “No sé hacer esto.”
“No es cuestión de saber, no te preocupes.” Mo Ran sonríe, tomando una de sus manos para poner la manga pastelera en ella. “El sabor será el mismo sin importar la decoración, sólo hay que divertirnos, ¿sí?”
Con algo de duda, Chu Wanning acepta y ambos se ponen en marcha. Chu Wanning, pese a sus palabras anteriores, se vuelve diestro en decorar tras cuatro intentos fallidos; sus manos se mueven rápidamente y con precisión, dejando una bonita capa de betún sobre los pastelillos, relleno sobre las galletas y chispas sobre las gelatinas. Cuando todo está decorado, Mo Ran aplaude una vez y va a apagar la hornilla donde la cena se está cocinando.
“Es hora de la verdad, Wanning, ¡sé sincero!” Mo Ran dice con una seriedad que no dura nada, pues no puede evitar sonreír cuando Chu Wanning alza una ceja. “Si el sabor falla, me quedo sin cena.”
Chu Wanning niega, murmurando algo que suena como ‘suenas muy confiado’. Y sin siquiera esperar a que Mo Ran diga algo, su mano se extiende para tomar una galleta, y después un pastelillo. Mo Ran jamás dejará de apreciar la forma en que el rostro de Chu Wanning se ilumina con cada mordida, dejando a la vista un entusiasmo que nada más puede causar.
Al morder el pastelillo, los labios de Chu Wanning se manchan de betún. Mo Ran ni siquiera lo piensa antes de acercarse rápidamente para lamerlo de sus labios antes que Chu Wanning pueda hacerlo.
Hay un momento en que ninguno de los dos se mueve, simplemente viéndose con miradas sorprendidas. El pastelillo se desliza del agarre de Chu Wanning y cae en la mesa. Su rostro se vuelve tan rojo, que Mo Ran puede imaginar vapor saliendo de sus oídos.
Y pese a lo cómico de la situación Mo Ran no puede evitar sentirse culpable. Chu Wanning no esperaba nada de esto, y Mo Ran lo arruinó por hacer caso a sus deseos.
Pero antes que pueda comenzar a disculparse, Chu Wanning lame sus labios y su mirada se dirige a los de Mo Ran. Aún con el rostro en llamas, sus ojos hablan más que cualquier palabra dicha. Mo Ran siente que él es el que va a explotar. “Baobei, Wanning, mi querido y amado Wanning, ¿puedo besarte?”
Chu Wanning se sobresalta como un gato enojado lo haría. “¡¿Por qué preguntas cosas tan vergonzosas?!”
Mo Ran sonríe. “¿Es eso un sí?”
“¡¿Acaso tengo que explicártelo con manzanas?!”
Y Mo Ran lo besa, lento y con calma, saboreando el dulzor en boca de Chu Wanning. Al principio, Chu Wanning se mantiene inmóvil, con sus manos apretando los hombros de Mo Ran sin saber realmente que hacer. Pero poco a poco, su rigidez se relaja, y su cuerpo se vuelve dócil ante los besos y caricias de Mo Ran, correspondiendo de forma entusiasta a todo lo que Mo Ran hace.
Y durante toda la noche, Mo Ran aprovecha este gran paso en su relación para disfrutar del sabor de su Wanning.
5. Quinto paso:
tener sexintimidad
Mo Ran no tiene mucho que decir al respecto.
No hay forma de comparar a un Chu Wanning que lo observa con ojos brillando bajo la tenue luz que se cuela entre las cortinas. En su mirada no hay negación o rechazo; en ella sólo hay timidez, pero no reluctancia ante las manos que tocan su piel desnuda.
Mo Ran se siente como alguien sin experiencia, con el corazón latiendo desenfrenadamente en su pecho, cada latido prueba del amor que siente por Chu Wanning. El deseo incrementa con cada trozo de piel que revela cada prenda de ropa que quita del hermoso cuerpo bajo él. Chu Wanning se deja besar, se deja tocar, e intenta corresponder cada acción con su propio sentir y querer.
Bajo la luz de la luna, con un creciente deseo por el otro, Mo Ran besa a Chu Wanning de la forma en que lo merece: con un fervor que se derrama de todo su ser. Mo Ran toca a Chu Wanning y le demuestra cuánto lo ama más allá de las palabras.
Y así, finalmente, Mo Ran logra acercarse por completo a su querido Wanning.
