Work Text:
—¡Kento! ¡Si no abres la puerta no puedo darte tu regalo de aniversario!
La puerta permaneció inesperadamente cerrada. No solía despertarse después de las diez de la mañana ni siquiera dentro de sus licencias anuales y ya había esperado más de cinco minutos fuera. Siendo este un día especial era extrañamente inusual el retraso.
No había forma de que supiera, ¿o sí? Kento debería estar esperándolo como siempre que volvía de una misión, mejor aun tratándose de su primer aniversario juntos.
Pero no parecía ser así.
Un sentimiento pesado y amargo se instaló en su estómago, haciendo que necesite moverse a un lado para dejarlo pasar.
No sabía a qué se debía el retraso, pero, aunque no fuera explicado lo tomaría, no era como si no lo mereciera.
Movió la bolsa de una mano a otra, tratando de alivianar un poco ese sentimiento angustioso que le hacía quitar su sonrisa y morderse los labios.
Iba a estar bien.
La puerta se abrió para revelar a un Nanami Kento más serio de lo usual, con una mirada oscilando entre la seriedad y el enojo. Definitivamente algo no andaba bien.
—¿Cómo fue tu misión?
Había algo oscuro y definitivamente furioso en esa pregunta. La nueva sonrisa de Satoru se volvió a ir, cambiando por una mueca que pretendía ser confusión.
—Como siempre, supongo —trató de reír para alivianar la incómoda situación en la que se encontraba repentinamente. No funcionó, los ojos de Kento se mostraron tristes por una fracción de segundo.
—Cómo siempre ¿eh? —sonrió amargamente y Satoru tragó.
Él sabía.
—¿Está todo bien?
—Hablemos un momento, ¿sí? Pero necesito que me prometas algo.
—Me estás asustando un poco, amor —la mirada de Kento fue aun peor que la anterior, sus ojos se habían enrojecido ligeramente y tenían una ligera acumulación de lágrimas retenidas.
—No me mientas, solo eso.
No recordaba en qué momento su sonrisa había desaparecido completamente, solo se vio caminando hacia el interior de la casa de Kento, se veía igual que hacía dos días. La última vez que se habían visto. Su sofá estaba ordenado y limpio, la alfombra parecía haber sido aspirada hacía poco, su mesa ratona estaba despejada y sin polvo. Todo se veía tan familiar y limpio, pero a la vez tan extraño y desconocido. Tan diferente al último lugar que había visitado, todo era rojo y desordenado allí.
Se sentó en el sofá, Kento también, pero frente a él. Ya no lo miraba directamente a los ojos como antes, ahora parecía tener los ojos clavados en cualquier otra cosa.
—No fuiste a una misión, ¿no es así?
Satoru se congeló, sus mente se detuvo en ese momento, esas palabras lo llenaron de temor, angustia, dolor. No supo que responder, tampoco qué gesto hacer. Su mente estaba repentinamente en blanco. ¿Mentir? ¿No mentir? ¿Cuál era el mejor camino a tomar? ¿Cuál era la opción correcta? No había venido preparado para esto.
Trató de preparar escenarios en su cabeza con distintas conversaciones y cómo podían ir, pero notó más pronto que tarde que no había un resultado que le conviniera. Si mentía entonces Kento lo sabría, porque él ya lo sabe. Si no mentía entonces todo acabaría.
¿Pero cómo determinaría qué tanto sabía Kento? ¿Qué tan pequeña era su chance de éxito?
Los ojos de Kento se aguaron demasiado ante su vacilación y Satoru lo supo, su respuesta había brillado por su ausencia.
Kento nunca había sido estúpido ni poco perceptivo, sí era verdad que la mayor parte del tiempo no le interesaban los dilemas banales como chismes y no les daba importancia. Pero sí hay algo que sabía era leerlo como un libro de esos que disfrutaba más cuando llovía y Satoru se recostaba sobre sus piernas en ese mismo sofá en el que ahora se lo veía a punto de largarse a llorar.
—¿Podrías dejarme explicar? —fue lo único que atinó a decir, tal vez no era tan insalvable como creía, la chance de éxito dependía de qué tanto supiera. Pero sus ojos tan tristes y la forma en la que miraba hacia arriba, evitando que las lágrimas siguieran su camino por sus mejillas que tanto amaba acariciar Satoru, hicieron que ya no quisiera lastimarlo más.
Kento tragó y aclaró su garganta, luego preguntó— ¿Estabas con Geto?
No quería seguir viendo esa expresión en el rostro de su novio, pero a este punto ni siquiera estaba seguro de qué era mejor. ¿Si mentía Kento dejaría de llorar? ¿Lloraría más aun? Más importante aún era ¿había alguna forma de detener esta situación, de revertirla y dejarla en el olvido?
—Respóndeme, por favor —su voz sonaba aguada por el llanto y la primera lágrima calló por su rostro, generando una mancha oscura en su camisa azul que con el tiempo se iría.
En ese momento Satoru notó que no podía seguir mintiendo, no podía continuar con la injusticia que estaba cometiendo con este hombre tan honesto que tenía frente a él. Kento le estaba mostrando sus lágrimas y rogándole honestidad. No podía barajar más la opción de mentirle.
—Sí.
Dos lágrimas cayeron de los rojos ojos de Kento, oscureciendo más su camisa. Ya no miraba hacia arriba, ahora veía algún punto entre Satoru y la cocina. Su mano recorrió su cara, cansinamente, quitando el exceso de agua.
—Era una despedida —sintió la necesidad de explicarse. No quería que esta conversación quedara inconclusa para después continuar como si nada hubiera ocurrido.
—No pregunté eso.
—Ya sé —Satoru se sentía tenso, no esperaba una reacción de este estilo de Kento. Se preparó para los gritos, las palabras de odio, que lo sacara a patadas de su casa. No se preparó para el silencio y las miradas tristes de traición que estaba recibiendo, esas que le informaban cuanto la había cagado y la forma en que había lastimado a su pareja de un año hoy.
—Supongo que eso es todo entonces.
Un nudo en su garganta se estaba formando cada vez más grande, este era el peor de los escenarios que se planteó alguna vez. No podía ser, luego de casi un año que terminara tan mal. Habiendo compartido tantas cosas juntos, teniendo tantos recuerdos que ahora Satoru se negaba a abandonar y condenarse a únicamente recordarlos y no repetirlos.
—No —se levantó al mismo tiempo que Kento, su regalo olvidado en el sofá, acostado —No, Kento, no puedes.
—¿Qué más quieres que haga? —se negaba a mirarlo, Satoru no podía soportarlo. Se acercó y tomó su rostro entre sus palmas, como lo había hecho tantas veces anteriormente.
—No me abandones —Las primeras dos lágrimas rodaron de su rostro, seguidas por un poco más. Se sentía ahogarse entre pensamientos que no llegaban a ningún lugar mejor y sentimientos muy fuertes como para fingir que no estaban ahí.
—Pides demasiado para llegar de un motel, Satoru —levantó su mirada y lo vio con una sonrisa tan triste como resignada.
Satoru recorrió sus manos lentamente hasta apartarlas de Kento, ya no podía contar la cantidad de lágrimas que estaban derramando entre los dos. Tampoco le importaba. El nudo no se iba ni parecía querer liberarlo pronto.
—Era una despedida, lo juro, nunca antes había—
—¿De qué exactamente?
Satoru lo miró extrañado.
—Sigues diciendo que es una despedida, pensé que todo había terminado hace más de un año. Si nada terminó, estuviste todo este año pensando en él todavía, ¿me equivoco?
—¡No! ¡No tienes idea de lo que dices!
Kento creía que no lo amaba, que nunca lo había amado. No podía estar más equivocado, si fuera alguien sin importancia en su mundo no estaría tan desarmado como estaba. No se molestaría en explicarse, ya se hubiera ido hacía tiempo.
Satoru había estado enamorado de Kento desde hacía mucho tiempo, todo lo que sentía por Suguru era simple nostalgia de un amor perdido hacía tiempo. Una amistad derivada en algo que alguna vez había sido hermoso. Pero que ya no significaba nada para él.
—¿Siempre engañas a las personas que amas entonces?
—¡No! ¡Déjame explicarte!
—¿Cómo se despidieron?
—¡No! Suguru no significa nada para mí, ya no, es alguien a quien aprecié mucho. Pero no es nada en mi vida, por eso la despedida. Te lo juro —su sollozo quebró su ultima frase. Qué patético.
—Significa lo suficiente como para engañarme un día antes de nuestro aniversario. Si eso es nada entonces no sé qué significo para ti —quiso pronunciar esas palabras de la forma más fría que pudo, pero su tono se volvió lastimero a medida que avanzaba. Lo dejó sin palabras.
—Significas mucho para mí —Kento negó suavemente con la cabeza. Satoru no sabía cómo demostrárselo.
—No, no es así, Satoru. No significo más para ti que Geto y jamás va a ser así.
—No digas eso —ya no podía verlo a los ojos, hablar se le hacía difícil, respirar correctamente también.
—Es la verdad.
—¡NO, NO LO ES!
Su garganta ardió por la ferocidad con la que su grito había salido. Ya no podía dar marcha atrás.
—¡No tenía la intención de estar con él, nunca la tuve! —inhaló bruscamente— Solamente quería tener una estúpida conversación para aclarar las cosas. No terminamos en los mejores términos y tenía dudas sobre las decisiones que tomé al alejarme de él. Sí lo extrañaba, pero no sabía por qué. Porque te amo y no me arrepentí un segundo de haberte pedido salir conmigo.
Nanami ahora lo veía directamente a los ojos, rojos y resignados, pesados y mojados.
—No planeé que suceda, solo pasó —Kento desvió su mirada —No lo preferiría nunca antes que a ti, ¡lo juro! Pero lo vi y sentí la necesidad de arreglar las cosas. Nunca pensé que pasaría y me siento tan arrepentido.
Kento lo volvió a mirar, lentamente, sus lágrimas secas.
—No es así, no te arrepientes.
—Kento, por favor, te juro que si pudiera volver el tiempo atrás yo—
—Pero no puedes, ¿o sí? ¿Dónde estaba todo tu palabrerío cuando estabas follándote a Geto? ¿Dónde estaba cuando te pregunté si vendrías y me dijiste que la misión iba a tomar más tiempo de lo previsto? No te importó lo que yo sintiera en ese momento, ¿verdad? Solo te importó tu propio y asqueroso placer, ¡ASÍ QUE NO VENGAS A HABLARME COMO SI TE HUBIERA IMPORTADO PORQUE NO ES ASÍ!
Había derramado muchas lágrimas, su cabeza estaba empezando a dolerle, pero lo que más le dolía era el pecho y el estómago. Esas palabras habían calado dentro de él como un cuchillo. Nunca había visto a Kento enojado así, menos dirigido a él.
—Tampoco te sentiste arrepentido cuando viniste con la cabeza agachada con un regalo de mierda a compartir nuestro jodido aniversario después de haber arruinado todo lo que había planeado para nosotros. No, solo fingiste que nada había pasado y si no me hubiera enterado entonces hubieras seguido fingiendo como el imbécil que eres.
No podía refutar eso, si había una forma de evitar que esto sucediera, la hubiera tomado. No quería hacer infeliz a Kento de ninguna forma. Pero ya lo había hecho, la había cagado como nunca antes y no sabía cómo arreglarlo.
¿Cuál era la mejor opción?
—Varias veces pensé que tus sentimientos por Geto no habían terminado, pensé que era paranoico —suspiró, se refregó la cara con un pañuelo— Veo que no estaba tan errado.
—Te amo—soltó Satoru, como última opción.
—¿Eso fue lo que le dijiste también?
Una punzada más grande se instaló en su pecho.
Sí.
—No.
—¿Le dijiste que te gustaba cuando estaban juntos sin decir nada?
Satoru le había dicho esa frase el tercer mes que llevaban juntos, cuando Kento estaba leyendo un libro. La brisa suave de la tarde movía las cortinas y les brindaba un alivio del calor. Era un día agradable y había notado que no necesitaba decirle nada a Kento para estar a gusto con él. Su cuerpo cálido era acogedor y su silencio parecía una melodía de relajación.
—No.
—¿Que querías que el tiempo se detuviera para no tener que irte a ningún lugar?
Una mañana particularmente fría que Satoru tenía que levantarse y salir de los brazos de Kento es la que le confesó eso. El cuerpo de Kento se envolvía tan hermosamente con el suyo y se lo veía con tanta paz que le resultaba odioso tener que separarse. Había alejado un mechón salvaje de sus ojos y le había dado un beso luego de la frase.
—No.
—¿Entonces qué?
Había sido una reunión sorpresa, no había planeado encontrarlo en un bar bebiendo tan animadamente. Solo estaba ahí por un avistamiento de una maldición. Dicha maldición estaba con Suguru. Todo fue extrañamente conveniente.
Habían hablado bruscamente en un inicio, pero luego Suguru hizo que la maldición se retire y fue él quien quiso interactuar con Satoru.
En un principio le había parecido sumamente extraño, pero no podía desaprovechar la oportunidad. Él se había ido un día sin previo aviso para no mirar atrás. Había demasiadas cosas que quedaron inconclusas. Era demasiado bueno para ser verdad.
Suguru no estaba de su lado y jamás lo volvería a estar. Ellos ya eran una especie de enemigos, aunque a Satoru le gustaría olvidar esa parte, pero por esa noche podían volver a ser lo que alguna vez fueron. Esa opción fue la mejor que se le pudo presentar y la tomó.
Sería una cosa de una vez, no lo vería jamás como otra cosa que su enemigo y estaba bien. De alguna forma lo estaría. Pero no había pensado nunca en Kento, él no figuraba en su historia con Suguru y, de alguna forma, lo había desdibujado del cuadro de su vida por un momento.
Sin tratar de justificarse, respondió:
—Le dije que extrañaba lo nuestro —los afligidos ojos de Kento ya no eran capaces de emitir más lágrimas —, él me dijo que también lo hacía. Pero entendimos que nuestros caminos se separaron y nos despedimos. Eso fue todo.
—¿Eso fue todo? —la voz ronca de Kento preguntó.
—Sí, luego me fui.
—Entiendes que no voy a dejarlo pasar como si nada, ¿verdad, Satoru?
Satoru asintió, no lo quería, pero no podía no aceptar el castigo que Kento quisiera ofrecer.
—¿Quieres un tiempo para pensarlo?
—Ya pensé demasiado durante toda la noche.
Satoru notó que ojeras más prominentes, se había desconcentrado por su llanto y no las había notado.
—¿No dormiste nada?
—No, gracias por preguntar —Satoru solo se sintió más como un imbécil. Sintió una increíble necesidad de golpearse fuertemente —. Estaba esperando un mensaje de mi novio diciéndome que volvería temprano repentinamente. Supongo que esperaba demasiado de él.
Lo había esperado toda la noche, mientras él estaba con Suguru, mientras dormía con él. Lo había sabido todo el tiempo y le había dado la oportunidad de arrepentirse.
Y el estúpido de Satoru no la había tomado.
Ese mensaje a las diez de la noche preguntando si todo estaba bien, si podía volver antes había sido porque sabía. No había sido al azar, no preguntaba genuinamente. Era una invitación a no arruinar lo que tenían un día antes de su aniversario. Lo había leído con Suguru frente a él en la cama. Había sido la única vez que había pensado en él.
Pero acalló esa voz en su cabeza que le decía que esto saldría mal, que Kento saldría herido. Pensó que esto solo le concernía a Suguru y él. Había obviado el hecho de que estaba en una relación y ahora estaba pagando las consecuencias.
—Perdón.
—Sí, ahora sí te sientes mal, ahora que lo sé y sabes que sé. Ese es el problema, Gojo, porque cuando creías que no sabía o cuando estabas con él todo estaba bien y eras muy feliz.
—Era más feliz cuando estaba contigo —y era verdad.
Cuando se fue del lado de Suguru no se sintió como creía sentirse, era más la culpa de lo que había hecho que la alegría de tenerlo de nuevo. Notó con disgusto que el sentimiento que anhelaba para con Suguru era nostalgia pura y estúpida. No lo amaba en un presente, sino en un pasado. Era un sentimiento viejo que se había gastado. No se comparaba con lo que Kento le hacía sentir con una de sus risas poco frecuentes.
Pero se había dado cuenta de eso demasiado tarde.
—Entonces es una lástima que tengas que buscar tu felicidad con alguien más.
—No, por favor, no digas eso —Satoru no quería escuchar más, solo quería hundirse en ese sofá abrazando a Kento una vez más, como lo hacía cuando no podía salvar a alguien y necesitaba consuelo. Porque él era el más fuerte y les debía la salvación a todos.
Kento lo abrazaría suavemente, le susurraría al oído que era muy necesario y no había podido salvar a todos porque seguía siendo humano y una sola persona. Que no siempre iba a poder con todo solo, que por algo lo tenía a él.
Ya no.
—Creo que deberías irte.
—Kento, necesito que—
—No quiero oír más.
—¿Puedes pensarlo?
Kento lo miró, casi parecía analizarlo, pero luego sus ojos lo abandonaron y se alejó.
—¿Puedes dejarme solo, por favor?
Satoru no tuvo el corazón para negar su petición.
—Claro.
Y se fue.
