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Anillo del humor.
Después de un día laboral pesado, Liam fue a casa sin esperar nada. Solo tenía deseos de descansar y vaciar su mente del estrés diario. Era primero de abril, una fecha a la que siempre se refería como su cumpleaños falso.
Nunca le había gustado ser tan comunicativo respecto a sí mismo, así que, si se veía en obligación de dar información personal para algo que no fuera un trámite, solía mentir.
Estaba recostado en el sillón, permitiendo a su cuerpo relajarse un poco. Sin embargo, escuchó la puerta del frente abrirse. Aunque no sintió muchos deseos de pararse, lo hizo. Sabía que era Sherlock.
— Bienvenido— le saludó.
— Te hice algo — dijo el de ojos zafiro a modo de saludo, mientras lo tomaba de la mano y lo guiaba a la sala.
El muchacho con hebras de sol se dejó guiar por el recién llegado, motivado en parte, por la curiosidad que había despertado el saludo espontáneo de Sherlock. Tomaron asiento e hijo de la luna sacó del bolsillo de su pantalón una caja que cabía perfectamente en su mano.
Liam la recibió, acompañando el gesto con una mirada que, silenciosamente, confirmó con Sherlock si era apropiado abrirlo en ese momento. Al hacerlo, encontró un anillo con un diseño sencillo pero llamativo, pues, la base metalica estaba cubierta por un color ámbar intenso que rodeaba por completo al anillo.
— ¿Tú lo hiciste?
— Sí, lo hice en el laboratorio. Sacándole provecho a lo que nadie extrañará. Póntelo — presionó.
Sin darle oportunidad real, Sherlock tomó el anillo y lo colocó en el dedo anular izquierdo del rubio. Un cosquilleó cruzó por el abdomen de Liam, quien no comentó al respecto, no estaba seguro de si Sherlock conocía el significado.
El moreno sonrió satisfecho.
— Mira nada más. Un color turquesa.
Los ojos de escarlata destellaron con diversión.
— ¿Es de esos anillos que cambian con el humor?
— Sí. Bueno, básicamente es un cristal líquido termocrómico que funciona como un termómetro.
Liam rio encantado. Había escuchado de esos anillos, pero nunca había usado ninguno. Era una agradable novedad.
El color del anillo se oscureció un poco más a un tono índigo.
— ¿Qué significa ese color?
— Significa que el calor en tus manos subió. Quizá es porque estás cómodo conmigo— sonrió pícaro.
El hijo del sol, sintiéndose expuesto, percibió algo de calor subirle al rostro. No era una mentira que estaba cómodo, y no le incomodaba especialmente que Sherlock lo supiera. Entre ellos era algo evidente. Pero, el que ese anillo que había hecho para él, lo señalara, por alguna razón desconocida, le hacía demasiado consciente de la situación.
Desvió su mirada, huyendo un poco de su vergüenza. Vio un anillo con un diseño igual al suyo en el dedo de Sherlock que lo hizo aún más consciente del juego que hacían. Otro detalle llamó aún más su atención: el color era diferente.
— ¿Qué significa el purpura? — investigó. Si Sherlock había hecho esos anillos para ambos, seguramente era porque quería decir algo.
Un beso y una mano traviesa desabotonándole la ropa le dieron la respuesta.
— Creo que es evidente.
Otro beso.
Liam sintió otro aro un poco más grande en su mano que había sido depositado ahí por la mano cálida del moreno.
— Hice otro más. ¿Me dejas ponértelo? — el brillo en la mirada zafiro era diferente.
Observo el anillo en su mano. Tenía un diseño sencillo también, ajustable y con la misma característica de los que llevaban en sus dedos. Sin embargo, este anillo era demasiado grande para sus dedos y demasiado chico para su muñeca.
No tardó en entender qué era y por supuesto, había entendido la propuesta de Sherlock.
El fuego y el mar se encontraron con chispas que aumentaron la temperatura de sus cuerpos. Sus anillos, radiaban entre el purpura y el rosado.
Por el rostro marfil se deslizó una sonrisa torcida y seductora, mientras volvía a entregarle a Sherlock el anillo. Sintió el zipper de su pantalón liberar su intimidad que ahora clamaba por espacio.
— Adelante — concedió.
— Feliz no cumpleaños, Liam.
