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Misstep

Summary:

Por alguna desafortunada razón Aether y Kaeya son convertidos en niños, Xiao no tiene idea de que hacer al respecto y Paimon descubre las ventajas de ser una hermana mayor además de una guía. Quizás a llegado el momento de aprender de viejos errores o de cometer nuevos, todo es posible cuando se trata de niños.

Es mi primera historia, ténganme un poco de piedad.

Notes:

Bueno, esta es mi primera historia publicada, es mas que nada algo que hago para relajarme y que ustedes tengan algo esponjoso y divertido que leer.

Chapter Text

Lost Childrens

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.

Xiao se enorgullecía por no sorprenderse fácilmente, con todos sus años de experiencia en batalla sumados a los caminos que había recorrido consideraba difícil si no imposible encontrar una situación que dejara su mente en blanco, sin embargo la situación estaba de pie a un par de metros delante de él, tratando con dificultad de sostener una espada, un pequeño niño rubio con ropas mas grandes que el mismo lo observaba desafiante mientras detrás de él se escondía otro niño de piel morena y cabello azul, aterrado por decir lo menos.

-¡Espera! ¡Espera! ¡Paimon cree que debes esperar Aether! -la pequeña Hada apareció de la nada gritando sorprendiendo a ambos niños

El pequeño se sorprendió tanto por ver a la pequeña hada flotando como por reconocer su nombre.

-¡Paimon está segura que Xiao vino a ayudar! ¡Derroto esos monstruos que estaban por atacarlos! -movió sus brazos un poco frenéticamente

Aether parecido dudar un poco mirando a Xiao y echando un vistazo detrás de el antes de desistir de la idea de sostener la espada, Paimon suspiro con alivio acercándose a los dos niños.

-Am... ¿Kaeya? Paimon esta segura de que el peligro paso… no tengas miedo -trato de que su voz fuera suave para alentar al segundo niño a relajarse

Aether en cambio sonrió de forma confiada dándole un par de palmadas en la cabeza y volteando a mirar a Xiao con una sonrisa en el rostro

Xiao sintió un escalofrió, no tenia idea de que estaba ocurriendo, pero estaba totalmente seguro de que ese pequeño niño era Aether, lo que derivó en miles de preguntas saturando su mente que hasta el momento se había quedado congelada tratando de procesar la información que sus ojos enviaban.

El pequeño Kaeya levanto la vista con lagrimas y mocos escurriendo de su rostro mientras miraba alrededor intranquilo.

Xiao rezo mentalmente por la ayuda de Morax, ¡Qué diablos estaba sucediendo!

 


 

-¡Lumine! –

Aether entro corriendo a la posada Wangshu Inn, llamando a gritos a su gemela mientras la buscaba, por su parte Kaeya rápidamente se escondió en una pequeña esquina.

-¡Espera Aether! –

-¿Dónde esta Lumine? Dijiste que Lumine estaba aquí -miro impaciente a la pequeña Hada

-Paimon cree que esta descansando -puso sus manos atrás de su espalda nerviosa por que el niño descubriera su mentira

-Oh… ¿puedo ir a descansar con ella? –

-A-Ahora Paimon cree que no seria buena idea, Lumine tiene un resfriado y Aether podría contagiarse si va con Lumine ahora -sonrió tranquilizadora

La respuesta pareció confundir al niño haciendo que pequeñas lágrimas de decepción comenzaran a formarse en sus ojos, Paimon entro en pánico moviendo frenéticamente los brazos flotando junto al niño tratando de calmarlo mientras este empezaba a sollozar.

Xiao que ya se encontraba a punto de tomar a la pequeña Hada y sacudirla hasta obtener respuestas, contuvo el aliento incapaz de encontrar palabras para ayudar a calmar al pequeño rubio, Aether no solía mencionar a su hermana, pero Xiao recordaba notar como el dolor se instalaba a su alrededor cuando la recordaba, ahora como un pequeño infante llorar era la forma mas clara de expresar la necesidad de reunirse con su hermana.

-L-Lumine…-sollozo ahogando un quejido apretando los sobrantes de tela de su ropa

Paimon entro en pánico comenzando a mirar en todas direcciones en busca de ayuda, al encontrarse con la mirada de Xiao imploro en silencio por la ayuda del Yaksha.

Xiao se mantuvo inmóvil con la indecisión mientras el llanto de Aether se acrecentaba, sus mejillas habían enrojecido fuertemente mientras se contraía agachándose tratando inútilmente de acallar el llanto que aumentaba junto a ahogadas palabras dedicadas a su hermana, finalmente sintiendo el aire abandonar su pecho ante el dolor del niño, se empujó a acercarse, tocando el hombro del pequeño que lo miro entre lagrimas

-Deja de llorar…-

Por un instante Aether se quedó en silencio, Xiao podría jurar que su rostro encendido se apagó por un segundo con un blanco pálido antes de enrojecer con mas fuerza, inhalando y soltando un fuerte chillido cayendo de sentón al suelo

-¡L-Lumine! -chillo a todo pulmón

-¡¿Que fue lo que hiciste?! -chillo esta vez Paimon dando de golpes y patadas al aire alrededor de Xiao

-¡S-solo le dije que dejara de llorar…! -retrocedió rápidamente hasta que su espalda topo contra la pared de madera de la posada

-¡Así no se le habla a los niños! ¡Tienes que ser suave y no poner una cara aterradora! –

-N-no puse una cara aterradora…!

-Calma Aether, ¡Paimon está aquí! No te preocupes, no ocurre nada malo -

Esta vez Aether ni siquiera parecía escucharlos llorando fuertemente con los ojos apretados, jadeando entre los fuertes sollozos, comenzando a hipear mojando rápidamente su ropa, Xiao y Paimon estaban impresionados y aturdidos con la capacidad de llorar que el pequeño tenía.

-¿Qué esta ocurriendo? –

La ligera voz de Verr Goldet se filtro por un momento antes de que el llanto de Aether lo sofocara, la joven mujer apareció rápidamente por las escaleras, su expresión de confusión duro un segundo para luego desaparecer y acercarse al niño en el suelo inclinándose a su lado.

-Hola pequeño, soy la jefa de esta posada, dime ¿Lumine es la persona que buscas? - al mencionar el nombre de su gemela Aether trato de parar su llanto de forma infructuosa, hipeando y tosiendo un poco, froto sus ojos para limpiar las lágrimas que le impedían ver a la mujer, asintiendo torpemente – Entonces vayamos a mirar el libro de registros ¿de acuerdo?

-¿Q-..ue es..? – sollozo con voz cortada

-Cuando un cliente llega, debo anotar su nombre en un libro para asignarle una habitación, cuando se van anoto que la habitación esta desocupada y puede usarla otro cliente… entonces ¿vamos? -

Aether asintió recuperando un poco de confianza, Verr fue paciente para esperar que el niño se recuperara del llanto y estuviera listo para seguirla escaleras abajo, dando una ultima sonrisa hacia Paimon y Xiao con el fin de tranquilizarlos y darles tiempo de organizar sus ideas mientras ella se ocupaba de Aether.

Con un suspiro de agotamiento Paimon se froto la cabeza – Paimon esta impresionada por la forma en la que Verr manejo la situación –

-¿Cómo se trasformo en un NIÑO? -interrogo el Yaksha con un siseó de frustración

-¡Paimon no lo sabe! -sujeto con ambas manos su cabeza mientras flotaba un poco más alto de forma desesperada- Aceptamos un encargo para investigar una zona donde habían desaparecido personas, unos hilichurl atacaron y cuando Paimon miro a Aethe… él y Sr. Kaeya… -Paimon se detuvo un momento en el aire antes de girar la cabeza frenéticamente- ¿¡Kaeya!? ¿¡Donde está el Sr. Kaeya?! –

Xiao miro el rincón donde el pequeño moreno había corrido a esconderse cuando habían llegado, pero ahora no quedaba más rastro que un montón de ropa sobrante junto a un parche y ningún rastro de Kaeya.

-¡Kaeya! E-Esto no es divertido, ¡Paimon cree que es hora de aparecer! -comenzó a buscar al niño detrás de los pocos muebles que había antes de dirigirse con rapidez hacia el balcón

 No es que Xiao hubiera querido ignorarlo; en cuanto llegaron el pequeño había corrido y se había arrinconado en el lugar que le parecía más seguro, no imagino que en cuanto quitara la vista desaparecería de la nada, no se suponía que los niños mortales se esfumaran de la nada.

Buscando en los pocos lugares que ofrecían escondite se enfrentaron al hecho de que Kaeya ya no se encontraba en ese piso de la posada.

No podía sentir más que un sudor frio bajar por su espalda, Aether el gran héroe y aventurero y también Kaeya el capitán de caballería de Mondstandt, ambos ahora eran infantes indefensos y como cereza del pastel uno había desaparecido.