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El guardián del bosque.

Summary:

¿ dos almas completamente diferentes pueden amarse?

El ser humano tan cruel como siempre, se autoproclamó como el dueño del sufrimiento para aquellos seres de alma pura. Pero, existen seres de luz que tienen como único objetivo proteger a estos seres de la crueldad, manteniendo el orden y la armonía.

Chapter 1: Paz

Summary:

Realmente la muerte puede estar disfrazada del ser más hermoso. ¿Cómo la vida puede ser capaz de enamorarse de alguien tan cruel como la muerte?

Chapter Text

 

El bosque siempre ha estado protegido por seres de belleza única e inigualable. Seres de luz que luchan para que todo a su alrededor esté en completo equilibrio y armonía .

 

~La maldad se puede esconder hasta en el ser más hermoso~

 

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Escondido entre los arbustos de ese frondoso y bello bosque se encontraba aquel ser que podía ser considerado como la más hermosa divinidad que haya pisado este cruel y horrible mundo. Mundo lleno de maldad, egoísmo y codicia.

Aquel joven de piel tan blanca como la fría nieve y cabello tan oscuro como la misma noche.
Preciosa noche que con su manto cubría y protegía a sus hermosos hijos de la cruel muerte por manos de esos demonios con flechas y arcos. Seres tan desquiciados y hambrientos de poder que la vida de seres indefensos como los animales no eran de importancia para ellos.

~El ser humano tan cruel como siempre, se autoproclamó como el dueño del sufrimiento para aquellos seres de alma pura~

 

Tratando de no hacer ruido para no ser descubierto por ese demonio, vio como ese pequeño niño de piel moreno y bellos ojos verdes le quitaba la vida a ese inocente conejo de la forma más sádica que jamás había visto. Ni los lobos más hambrientos que habitaban ese bosque eran tan crueles con su víctima y futuro alimento.

Era obvio que las cosas eran diferentes entre ese ser de maldad y el propio lobo. El lobo no mataba por diversión, jamás lo haría, porque sabía que cada vida dentro del bosque debía ser respetada.

El lobo solo mataba con un solo objetivo, y ese era alimentar a su manada para así poder sobrevivir.

Con sus manitas sudando por el miedo que le provocó ese niño, vió como el moreno se alejaba con una risa que para el pequeño ser de luz fue lo más aterrador que pudo escuchar.

Era la primera vez que su madre lo dejaba salir a obsevar la belleza que escondía el mundo que debía ser protegido por divinidades como lo era la gente de su clan.

Su madre y hermana le advirtieron que el mundo era oscuro, tan oscuro que hasta la misma muerte tiene miedo de enfrentarse a ella.

~Pero ese pequeño rayo de luz tenía la esperanza de encontrar la bondad hasta en los seres más despiadados~

Salió de su escondite y se acercó al cuerpo inerte de ese pequeño conejo blanco. Ser inocente que le arrebataron la vida por solo diversión y maldad.

Después de años, tantas leyendas que creyó falsas por el hecho de que se negaba a pensar y creer que había maldad en el mismo mundo en el que él vivía.

Todo era real, los demonios eran más crueles de como lo contaban en aquellos libros.

La muerte los estaba acechando peor de lo que imaginaba.

Ahora entendía porqué su madre, como reina y líder los protegía y les advertía tanto del lugar repleto de aquellos seres.

Entre sus pequeñas y suaves manos tomó el cuerpo y acarició suavemente el pelaje del hermoso conejo, trantando de alguna forma darle a ese espiritu la tranquilidad de que su muerte no iba a ser en vano. Sin embargo, la rabia se estaba apoderando de él. El odio era algo que ningún ser como él sentía en su interior, porque simplemente crecían con la creencia de poder encontrar luz y bondad hasta en los seres más terribles y amenazantes.

Aún así eran capaces de matar si su entorno era amenazado, muy pocas veces lo hacían, para no mencionar que nunca lo hacían, pero cuando sus ojos siguieron a ese niño quien se alejaba dando pequeños saltos de felicidad algo creció en él, quería intimidarlo para que su estúpida sonrisa de borrara para siempre de su maldito rostro.

Sintió la presencia de alguien mirándolo, pero no tuvo miedo alguno, sabía que su madre se encontraba ahí para protegerlo y quisas decirle alguna u otra palabra de... ¿aliento?.

—Mi niño, te dije que el mundo es cruel. No todo es bondad como creias.

Solo tuvo que salir una vez para darse cuenta de que aquello era verdad.

—¿Por qué? ¿Por qué tuvieron que quitarle la vida?

—Las cosas son así en este mundo, las cosas tienen un final, los animales necesitan alimentarse de otros, todo es parte de un ciclo que debemos respetar.

—Pero aquel niño no tenía necesidad de matarlo, se burló de él, dejó su cuerpo tirado en la tierra como si no tuviera valor alguno.

—Levi, mi cielo, no todos tienen un corazón puro como tú.—la bella mujer se acercó a su hijo y acarició suavemente sus mejillas.—Eres la vida, el protector de todo ser vivo en este hermoso bosque.

—¿Podré proteger la vida en este bosque como todos lo han hecho?

—Solo debes creer en ti.

Besó la frente de su bello hijo y tomó entre sus bellas manos aquel cuerpo esponjoso. Comenzó a caminar y dejó sobre una roca a ese hermoso conejo víctima de la maldad.

Volvió a acercarse a su hijo y con un solo chasquido de dedos llamó a una loba y sus tres hijos quienes se alimentaron de ese cuerpo.

—Lo ves, su muerte no fue en vano. Aquella madre pudo alimentar a sus cachorros.

—Juro proteger este bosque como lo hacen todos ustedes.

🍃

Las hojas crujir bajo sus pies era lo único que se escuchaba en aquel bosque. La oscuridad que lo envolvía era lo bastante cegadora, sabiendo que esta era la única forma en que los animales se protegían de seres como él.

El sonido de los animales había cesado desde que mató a ese pobre venado con una de sus flechas. Flecha que atravesó el cuerpo de ese gran y majestuoso ser vivo provocándole una muerte lo bastante lenta y dolorosa.

Pero que importaba eso, si en su pueblo tenían la creencia que el único ser vivo que sentía dolor eran ellos, los seres humanos.

Por un momento pensó que cada animal trataba de esconderse de ser víctimas de un fatídico final, víctimas de gente tan poderosa como lo eran los habitantes de su pueblo.

Cada noche en el centro del pueblo se reunían los hombres y mujeres más fuertes de cada familia. Aquella persona que no tendría ni una pisca de miedo al tener que enfrentarse a seres tan peligrosos como los lobos.

Personas que no lo pensarían dos veces al tener que quitarle la vida a cualquier ser que se le atravesase.

Eren al no encontrar a ningún otro animal decidió salir del bosque y dejar el cuerpo de ese venado en el centro del pequeño pueblo junto con los demás animales cazados por sus compañeros.

Vio a su alrededor como la gente celebraba tan hermoso festín que se darían en los próximos días, y era que lo cazado era lo suficiente para alimentar a tres pueblos completos y más.

—Al parecer les fue bien en la cacería de esta noche.—dijo el líder del clan rodeado por los hombres y mujeres más fuertes, quienes gritaban en respuesta y celebraban aquel logro —quiero dar las gracias a cada uno de ustedes por ser seres de pura valentía.

El pueblo era fiel creyente de la hermosa luna, aquella hermosa divinidad que les ayudaba a encontrar hasta el animal más pequeño.

La noche de luna llena daba inicio a lo que era la gran celebración en el pueblo. Celebración donde las mujeres del pueblo cocinaban los más deliciosos festines, los hombres confeccionaban armaduras con los huesos de los animales y los ancianos trabajaban en hacer abrigos para que la gente se pudiera proteger del intenso frio que estaba pronto a llegar.

Cada uno de los cazadores se iban a sus hogares para descansar de tan cansador día, mientras todo el pueblo se quedaba despierto hasta la madrugada.

🍃

Tres días de celebración. Las mujeres más hermosas bailaban de forma sensual rodeadas de los hombres más fuertes del clan, tratando de conquistar a alguno de ellos para formar una familia y poder tener una buena descendencia.

—Esa hermosa chica no te ha quitado los ojos de encima.—dijo el rubio a su amigo.

Armin no era uno de los llamados hombres más fuertes, incluso podía considerarse como uno de los más débiles, pero eso no le quitaba el hecho de que poseia una inteligencia de lo más increíble, siendo este una gran pieza para la gente de ahí.

—No me interesa formar una familia con ninguna de ellas, quiero ser libre, Armin. No quiero que mi futuro se base en cuidar de alguien que solo me vea como su trofeo y oportunidad para tener descendientes fuertes. Quiero caminar, quiero conocer el mundo sin ataduras.

—Sabes que es importante que encuentres a alguien que cuide a tu familia mientras tú estás de cacería.

—No me interesa tener que seguir esta maldita tradición, y no voy a cambiar de opinión.

—algún día te enamorarás y vas a querer formar una familia con esa persona.

—¿yo? ¿Enamorarme? Por favor. Ya tengo 23 años y jamás me ha interesado nadie de aquí.

—Eres un alma perdida, Eren.

El tercer día de celebración era el que menos le gustaba al moreno, tener que sentarse junto a los demás hombre mientras observaba como cada mujer le bailaba de forma sensual a cada uno de ellos era de verdad desagradable. No entendía como a sus compañeros se les caía la baba al ver a esas hermosas chicas, parecían lobos hambrientos por tener a esa inocente ovejita bajo su cuerpo. Pero él, él era ajeno a todo, jamás se había fijado en ninguna de las muchachas, aunque no podía negar que aquella rubia que lo miraba con esa intensidad en los ojos era muy hermosa, parecía un ser que no era de este mundo, pero más allá de un interés netamente físico no existía nada.

Se paró después de que el fuego de la fogata consumiera cada uno de los troncos y la luz junto con el calor se extinguieran.

—Hola, Suicida

—¿Qué quieres?

—Nada, nada, solo vine a saludar al gran cazador del pueblo. No sé como le haces para no tenerle miedo a ninguno de esos monstruos.

—¿Monstruos? Esos animales están lejos de ser monstruos, son seres tan indefensos que no son capaces ni de defenderse.

—¿Indefensos? Hay un rumor de que un gran oso está rondando en los alrededores. No creo que un oso sea indefenso, ¿o si?

—¿Oso? No ha aparecido ningún oso durante años en el bosque. ¿En serio esperas que me crea eso?

—Si no me crees es cosa tuya, que lástima que el hombre más fuerte le tenga miedo a un pobre oso.

—Mañana iré a ver, pero si me entero que es parte de una de tus estúpidas bromas, el único animal que mataré será a ti, ¿te quedo claro? Jean.

—¿Vas a esperar a que sea de día? ¿Acaso no sabes que los osos merodean por la noche?

—Estoy cansado, saldré en la madrugada.

...


Y como había prometido, salió de su hogar sin antes agarrar uno de sus arcos y seis de las flechas más grandes que tenía. Si era verdad que un oso estaba merodeando por el bosque tenía que tener cuidado y estar preparado para cualquier cosa.

En el pueblo, al único animal al que le tenían respeto era al oso, aquel animal que le había quitado la vida a cinco de los hombres más fuertes.

Si existía la presencia de un oso, podría al fin tomar venganza por la muerte de su hermano y sus cuatro amigos. Venganza que se alojó en su corazón aquel día en que vio los cuerpos sobre un gran charco de sangre.

Entró al bosque y caminó sin hacer ruido, buscando alguna huella o marca que le pudiera ayudar a encontrar a ese oso. Cada vez se adentraba más en aquel frondoso lugar, pero no encontraba nada.

Cansado y pensando en como iba a matar a Jean por hacerle esa broma, se sentó en una roca y observó lo bello que era el lugar que conocía como la palma de su mano.

Y pensó que nunca se había dado el tiempo de admirar el lugar, era simplemente hermoso como los rayos de luz adornaban cada hoja de esos árboles, como las hojas bailaban al ritmo del viento y el sonido de los pájaros era realmente agradable de escuchar.

Estaba fascinado hasta que sus ojos fueron a dar a un par de huellas, unas huellas grandes y otras más pequeñas, lo que indicaba que el oso en realidad era osa y que andaba con tres cachorros a la siga.

Caminó siguiendo las huellas con el arco y la flecha listo para matar.
Sería considerado uno de los mejores si llegaba con una osa a su pueblo, nadie podría decirle que hacer si se convertía en el más fuerte.

Escuchó un fuerte gruñido que hizo que se tirara contra los matorrales para poder esconderse y no ser él el muerto. Y sabía muy bien que una osa con cachorros era un animal de temer, eran sumamente sobreprotectores y al mínimo movimiento en falso todo podría acabar.

Escondido siguió a la osa quien no se había percatado de su presencia. Los tres osos comían las bayas sin temer que alguien ya los estaba apuntando con aquella arma.

Ya estaba listo para lanzar la flecha, pero una fuerte luz lo cegó por completo y lo hizo caer al suelo. No entendía que era lo que estaba pasando. Por un momento pensó que era gente de otro pueblo que querían matarlo, pero al pasar el tiempo y no sentir ningún ruido extraño se calmó. Pero aun no podía ver bien, todo se había vuelto negro.
Estaba indefenso a la espera de que cualquier animal lo atacara, tenía su flecha en mano, pero no le servía de nada si no podía apuntar al peligro.

De a poco fue recuperando la visión, todo estaba borroso y la osa que hace unos minutos estaba frente a él ya no estaba. Ninguna huella había a su alrededor, como si aquel gran animal nunca hubiera existido y todo hubiera sido parte de su imaginación.
La marca que los ositos habían dejado en el tronco del árbol al tratar de escalar tampoco estaban. Eren estaba confundido. Estaba seguro que su mente no podría jugarle una broma como esa. Los animales había estado frente a él, incluso sintió que los podría tocar, pero ahora, ahora no había rastros de nada.

Quería salir del bosque para ir a su casa y descansar, quizás la falta de sueño lo había hecho alucinar e imaginar cosas que no existían, pero fue esa suave y melodiosa voz que lo hizo detenerse. Nunca había escuchado algo tan hermoso y relajante. Su mente se cegó al escuchar aquello y sin pensarlo ya estaba corriendo en busca de lo que podría estar provocando esa melodía.

Llegó a un pequeño prado donde vio al dueño de ese canto. Aquel hermoso chico de piel pálida y hermoso cabello negro. Su cuerpo era tan pequeño que le daba la impresión de ser indefenso. Era hermoso, aquel chico era realmente una belleza que nunca había visto jamás. Todas las chicas de su pueblo no se comparaban con ese joven que estaba a unos metros de él sin percatarse de nada.

~Quiero sentir tus labios junto a los míos, quiero sentir cada parte de tu hermoso cuerpo~

Con esas suaves manos acariciando las flores que estaban a su alrededor, Levi estaba ajeno a la mirada depredadora del moreno. Estaba disfrutando del paisaje mientras le duraba la libertad, y era que se había escapado de su madre. Sabía que lo estaban buscando y que su castigo sería no salir durante un tiempo, pero eso mucho no le importaba, solo quería disfrutar un poco de las hermosas flores, de los animales y sentir la brisa sobre su rostro.

Eren, tras ese árbol se debatía si sería lo correcto acercarse a ese chico, no quería asustarlo, ni mucho menos hacer que huyera de él.

—¡Eren!—escuchó como un hombre se acercaba a él corriendo.

—callate.

—¿por qué?

—lo puedes asustar.

—¿asustar? ¿a qué o quién?

—a él—con sus manos apartó las hojas del arbusto y dejo que Jean mirara al prado donde estaba aquel chico que le había robado el aliento.

—es increíble, hermoso, maravillo, una belleza.

—¿cierto?

—no. Eren, no hay nada ahí, no sé que quieres que mire.

—¡¿qué?! Pero si hace un momento estaba aquí. Lo asustaste tarado.—le dio un golpe en la cabeza a su amigo.

—el único que estaba asustado aquí era yo.

—¿y tú por qué? ¿Acaso te encontraste con el oso y te dio miedo?

—no Eren, desapareciste por muchas horas. Me mandaron a buscarte porque todos estaban muy preocupados.

—pero si apenas esta de dia...

—Eren... ya es tarde. Vamos.

🍃

Salir en la madrugada al bosque ya se le había hecho costumbre, cada día se escondía en el mismo lugar a esperar a que apareciera ese hermoso chico de piel pálida y labios que daban la impresión de ser suaves al tacto.
No le importaba perder todo el día viéndolo, sentía que sus ojos eran bendecidos por aquella belleza.

Solo tenía que tener cuidado de que nadie del pueblo lo viera salir a esas horas para que no se enterasen que había otro tipo de gente rondando a sus alrededores, ya que eran capaces de matar a quien sea por proteger el lugar que les daba alimento.

—¡EREN! ¿otra vez?

—¿otra vez qué?

—esta es la segunda semana que te vas al bosque y regresas en la noche. No sé que mierda haces ahí todo el maldito día.

—no tengo que darte explicaciones.

Siguió su camino ignorando al chico rubio que estaba a sus espaldas.

—¿donde está el gran cazador?

—¿qué mierda te pasa?

—que pasas todo el día en el bosque y sales sin nada, eso no es común en ti.

—solo quiero relajarme, además hay muchos hombres que cazan también.

—pero tu eres el mej...

—cállate ¿si?

Se adentró en el bosque y espero a que el joven llegase a sentarse entre esas flores como siempre lo hacía.

Lo que más le había parecido extraño de él era que trataba a los animales con mucha ternura, como si los amara y respetara como miembros de su familia. No podía negar que se asombró al verlo rodeado de lobos y osos sin notar una pisca de miedo en sus ojos. No tenía ningún tipo de arma para defenderse de un ataque, pero los animales nunca intentaron hacerle daño, incluso se dejaban acariciar por aquel chico.

Sintió la mirada de los animales en él, como si descubrieran que estaba escondido en ese lugar. No negaba que estaba temblando de miedo, si, el gran Eren estaba asustado. Pero era obvio si frente a él estaban cuatro osos y una manada de feroces lobos.

—¿Puedes dejar de hacer eso? Es realmente incómodo.

Escuchó la voz del chico y se quedo congelado sin saber que hacer o como reaccionar.

—Puedes salir de tu escondite, sé que estas trás ese árbol.

Eren salió entre los matorrales confundido al verse descubierto por ese chico.

—¿Desde cuando lo sabías?

El azabache chasqueo sus dedos y todos los animales se fueron corriendo de su lado para dejarlo solo.

—Tu mirada es demasiado intensa para no darme cuenta que estabas observandome ¿por qué lo haces?

—Lo siento, pero no sabía como acercarme a ti.

—solo tenías que saludar, no verme como si fuera tu presa. No sabes todo lo que espere para que me hablaras.

—¿esperar? ¿Acaso tu querías que yo te hablara?

—si, la gente de mi pueblo es muy aburrida y tu me pareciste interesante, por eso quería que me hablaras, pero nunca lo hacias.

—¿y por qué no me hablaste tu?

Eren vio como las mejillas del azabache se adornaban con un suave color carmín que le daba un toque de lo más tierno

—Tenía vergüenza. Mi madre no me deja salir porque dice que hay gente muy peligrosa en el exterior.

—¿Gente peligrosa?

—si, la gente que mata animales por diversión.

—pero si los animales no sientes dolor, son seres que existen para que nosotros los humanos los cacemos.

—¿eres estúpido o te haces?

—hey, nos acabamos de conocer y ya me estás insultando.

—cada animal siente dolor, alegría, pena. Todo animal debe ser respetado como tú o yo.

—que rara tu creencia, pero a mi me criaron con la idea de que los animales no sienten y no me harás cambiar de opinión.

—tu gente son unos monstruos.

—espera, espera... aquí el único que podría considerarse monstruo eres tu.

—¿yo? ¿Por qué?

—¿acaso estar rodeado de osos y lobos no es suficiente?

—te demostraré lo maravilloso que son los animales que viven aquí.

—¿no harás que me maten? ¿O si?

—claro que no, no soy como ustedes.

Ambas manos se juntaron haciendo que ambos sintieran como su corazón empezaba a latir más que rápido. Ninguno sabía que hacer o que decir al sentir aquel sentimiento que nunca habían sentido por nadie. Era extraño, pero Eren sujetó con más fuerza la pequeña y suave mano del azabache, no quería que se escapara, no quería separarse de su lado, cosa que no entendía por qué.

—disculpa por tomarte la mano así, me deje llevar.

—no te preocupes. ¿Cómo te llamas?

—Levi.

—hermoso nombre, pero no tan hermoso como el dueño.

—vamos, tengo mucho que enseñarte.

—¿no me vas a preguntar cual es mi nombre? De todos modos te lo voy a decir, me llamo Eren.

Caminaron sin decir ninguna palabra, y era que Levi le había dicho que debían ser lo más silenciosos posibles para no asustar a ningún animal que pudiera estar cerca. Eren caminaba detrás del azabache sin despegar los ojos de ese hermoso chico y ese sensual cuerpo que lo atraía como nunca antes lo había atraído nadie. Se sentía extraño al tenerlo tan cerca, pero las ganas de poseerlo estaba creciendo dentro de su ser de maneras que nunca imaginó. Las ganas de tocarlo y besarlo se estaban haciendo cada vez más insoportables, no sabía que tenía ese azabache para que él se sintiera de esa forma.

Levi se giró y le hizo un gesto con la mano para que se agachara. Eren le hizo caso y con cuidado se sentó a su lado.

El azabache abrió un poco la maleza que estaba delante de ellos e hizo que Eren viera al hermoso conejo blanco que estaba ahí.

—es hermoso, ¿no crees?

—es un conejo, ¿qué tiene de increíble?

—solo mira...

Eren estaba algo confundido, ver a un simple conejo no le hacía gracia alguna, habían cosas más increíbles que un simple animal como ese, creía que Levi le mostraría algo distinto, algo que nunca había visto, pero aquí estaba él, viendo un estúpido conejo blanco. Si supiera que el animal que más le gustaba cazar era a los conejos.

Quiso reclamar, pero cuando vio esos ojos brillar y esa sonrisa en el rostro del contrario, todo murió en él. El chico que estaba a su lado de verdad amaba a cada uno de los seres vivo que lo rodeaban. Era increible la forma en que miraba a ese simple conejo, pero ahí estaba él, tratando de entender al azabache.

—Eren, mira.

El moreno se acercó y vio como el conejo era rodeado por tres conejitos blancos. Eran realmente adorables, no lo podía negar, jamás se había dado el tiempo de ver lo hermoso que eran esos animales.

—ese conejo es la madre de esos tres más pequeños. Si ella muere... lamentablemente ellos también. Pero nadie puede hacerle daño en este lado del bosque, ningún cazador llega hasta aquí.

—¿por qué me muestras esto si sabes que soy un cazador?

—siento que no eres malo del todo... ¿quieres tocar un conejo?

—se van a escapar, son animales muy escurridizos.

El moreno vio como el azabache desaparecía tras el arbusto, no entendía que era lo que estaba tramando, pero lo esperó sentado, sabía que Levi era un ser de luz y amor, y era eso lo que le encantaba del chico.

El azabache volvió a su lado con algo entre sus manos, Eren lo miró confundido.

—tus manos, abrelas.

—abrirlas, ¿para qué o qué?

—solo confía en mi.

Abrió sus manos y sintió algo suave en ellas. Levi miraba atento a la reacción que tendría el moreno. Solo quería que entendiera un poco de su realidad, la realidad donde los animales debían ser respetados.
Eren vio como ese pequeño conejo blanco se acomodaba en su mano tratando de buscar algún tipo de calor, era tan suave y delicado que no pudo evitar acariciarlo. Jamás se habría dado el tiempo de conocer a un animal de esa forma en que Levi se lo estaba enseñando, para él eran solo alimento, pero ahora sentía que algo estaba cambiando dentro de él.

—¿qué te parece? ¿Es lindo?

—nunca había tenido a un conejo entre mis manos, o sea, un conejo... vivo

Eren dejó el conejo en el suelo y vio como se iba con su madre

—hay mucho que quiero enseñarte —Levi tomó la mano del moreno.

—Levi, tengo que ir a casa.

—tienes razón, ¿volverás?—preguntó al ver como el cuerpo del castaño desaparecía entre la maleza.