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A cada paso que dé.

Summary:

Una promesa hecha hace años entre dos personas tiene el mismo valor en el presente, eso es algo que Takashi sabe muy bien como el mayordomo de la familia Shiba, aunque no puede evitar preguntarse si su amo lo entiende del todo.

Notes:

Advertencias: Personajes algo ooc y niños no hablando como niños, aunque en el manga hablan así de elocuentes así que qué sé yo.
Esta idea vino después de ver el arte promocional de Mitsuya como mayordomo para el juego de tokrev.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

El césped mojado sonaba a medida que el cuerpo del niño se hacía paso entre el bosquecillo de la propiedad, cada vez adentrándose más, alejándose de los límites de la vivienda y con ello, de las voces que llamaban el mismo nombre.

 

Pronto se halló solo, ahora siendo el sonido de la lluvia golpeando contra su paraguas y el murmullo del bosque lo que predominaba mientras se movía con confianza, siguiendo el camino que conocía a la perfección en busca de la única persona que sabía que también se encontraba ahí, la misma persona de la cual gritaban su nombre en la mansión.

 

Lo encontró cerca del kiosco que solían frecuentar y jugar alrededor, más parece que el malestar de su acompañante le quitó todas sus fuerzas para siquiera poder entrar en este, dejándolo arrodillado a solo unos pasos de las escaleras de la entrada, bajo la lluvia y con la tela de su elegante pantalón llena de lodo. Se veía completamente derrotado.

 

Se acercó al cuerpo del otro niño, sabiendo que el crujir del pasto lo delataba, rápidamente cubriendo a ambos con el paraguas.

 

El cuerpo a su lado parecía sin alma, y de alguna forma sabía que no se alejaba tanto de la realidad después de haber escuchado tal noticia.

 

—Se va a resfriar si se queda bajo la lluvia.

 

No recibió respuesta.

 

—Yo...—Cerró la boca, incapaz de encontrar las palabras adecuadas ante tal situación, después de todo, él también era solo un niño. — Lo siento mucho...— Acto seguido lo atrajo hacia su pecho, abrazándolo con fuerza al sentir el cuerpo helado entre sus brazos comenzar a temblar ante el consolador contacto. Se quedaron así durante un largo momento, el suficiente y necesario para que el otro niño encontrará las fuerzas para hablar.

 

— ¿Qué... qué se supone que haga ahora, Takashi? Esto no puede estar pasando, esto no debería estar pasando. Mamá no puede haber...— Calló antes de terminar la frase, no queriendo aceptarlo, como si él no decir aquella palabra cambiará el presente.

 

Takashi solo atinó a acariciar su cabello, sin saber que decir en verdad. Raramente se quedaba sin palabras pero la situación lo superaba por mucho está vez.

 

El niño en sus brazos estaba en shock, a decir verdad todos lo estaban, nadie esperaba que la ama de la casa falleciera tan repentinamente después de que los doctores hubieran confirmado su estabilidad de salud. Lo que ayer había sido una noticia de celebración por la dada de alta de la señora Shiba del hospital, hoy por la tarde se había convertido en una de luto.

 

— ¿Saben que estoy aquí? — Preguntó separándose ante la falta de respuesta.

 

— No, pero le están buscando por todos lados en casa, todos nos preocupamos cuando salió corriendo. Deberíamos regresar, le hará bien el calor de la chimenea, aquí afuera se enfermará con este clima.

 

— No voy a ir…

 

— Taiju.

 

— ¡He dicho que no iré! Por mí puedo enfermar y con suerte morir para ir junto a ella.

 

Takashi le abrazó de nuevo contra si apenas esas palabras salieron de la boca ajena. Taiju correspondió el abrazo esta vez.

 

— Por favor no diga eso…—Mitsuya podía sentir como sus ojos comenzaban a humedecerse también al ver a su mejor amigo de esa forma. — Regresemos a casa.

 

— ¿De qué me sirve ir a casa si ella no estará ahí para recibirme? Jamás volverá a regañarme por jugar en el bosque, jamás volveré a probar su comida ni escucharla cantarme por las noches, por Dios, ni siquiera volveré a escuchar su voz otra vez, se ha ido. Y ahora solo estoy yo, con Yuzuha y Hakkai… — Taiju se separó de golpe de Mitsuya y se tiró hacia adelante, con las manos en sus rodillas. — ¡Yuzuha y Hakkai! ¿Cómo voy a darles la noticia cuando lleguen de sus clases? Estaban tan emocionados por ver a mamá cuando regresarán a casa, Hakkai incluso le ha hecho un dibujo ¿Cómo se supone que les rompa esa ilusión? Yo, yo…

 

Mitsuya se asustó al verle entrar en ese trance, repitiendo la misma palabra una y otra vez, apretando con sus manos la tela de su pantalón con violencia hasta que sus nudillos se pusieron blancos. En sus ojos había un sentimiento que no lograba identificar bien, pero no le gustó para nada y le hizo temblar.

 

—Taiju, míreme. —Le tomó el rostro y unió sus frentes cuando no recibió respuesta, dejándolo inmóvil, perplejo ante la realidad a la que había sido traído de golpe. Pronto Takashi noto como se relajaba y ese horrible sentimiento que lo asustaba dejaba de nublar su vista dorada.

 

— Son sólo niños, Takashi…

 

Y a Takashi le dolió el alma al escuchar esas palabras, al oír como Taiju dejaba de considerarse como uno ante su nueva situación. — Tonto, tu también eres un niño…— Le respondió sonriendo amargamente.

 

— Se que al llegar a casa, todos me dirán que tengo que ser fuerte, que a mamá no le hubiera gustado verme así y que debo comportarme por el bien de mis hermanos, pero no puedo, simplemente no soy capaz de encontrar la fortaleza para superar esto, es demasiado para mi, siento que me ahogo ¿Qué debo hacer ahora…? — Dijo entre balbuceos con la voz entrecortada, casi ahogada por el sonido de la lluvia.

 

Ver al niño más fuerte que había conocido en su vida desmoronarse ante él le dolía de sobremanera, aquel niño que le había tendido una mano en todo momento y que jamás le había discriminado por ser hijo de la servidumbre. Aquel que con el que había crecido y que con seguridad podía llamar su mejor amigo.

 

Y entonces decidió algo, Taiju no tenía porqué hacer ese sacrificio él sólo, no tenía porqué ser el único en perder aquella infancia deseada que ahora se veía tan lejana. Si se estaba ahogando, entonces él sería su salvavidas.

 

Así que tomando su rostro de nuevo con ambas manos profeso: 

 

—No se el dolor por él que debe estar pasando y estoy seguro que cualquier cosa que diga no aliviará el pesar que siente en este momento, pero no tiene porqué sobrellevarlo solo. Aquí estoy a su lado y lo estaré a cada paso que dé, estamos juntos en esto…

 

—Takashi…

 

Ninguna palabra fue requerida después de eso entre los dos. Mitsuya dejó a Taiju llorar en su hombro hasta que tuvo suficiente por ese momento, después tomó su mano, guiandoles a casa con un Taiju cabizbajo que se aferraba con fuerza al agarre. 

 

Y tal como Takashi había prometido antes, regresaron juntos a la mansión y juntos dieron la noticia a los dos hermanos menores. 

 

Esa noche, Taiju pidió que Mitsuya se quedará junto a él y sus hermanos en la misma habitación. Ambos durmieron al lado del otro en la misma cama, juntos hasta el amanecer.

 

Con el pasar de los años, aquella promesa se mantuvo en pie y se fortaleció, Takashi se quedó al lado de los Shiba en todo momento y cuando llegó su hora, ejerció su deber como mayordomo principal de la familia, así como lo habían hecho sus padres y abuelos.

 

La relación entre los Shiba y los Mitsuya siempre había sido muy cercana, empezando desde muchos años atrás, incluso antes de que siquiera Takashi naciera. Los segundos siempre habían servido a los primeros, pero lejos de ser tratados como solo una servidumbre, se les consideraba parte de la familia, así que cuando fue el turno de Takashi de aprender sobre el trabajo familiar, realmente no hubo problema alguno, él ya sabía a qué se dedicaría desde que tenía memoria y la promesa que había hecho tiempo atrás solo le motivaba a aprender el oficio cuanto antes.

 

Así fue como a su corta edad de apenas 21 años ya se encontraba administrando y cuidando de la mansión Shiba, asegurándose que todo estuviera en orden y que la vida dentro de ésta fuera idónea, cuidando cada mínimo detalle a la perfección para los tres amos de la casa. 

 

Takashi se enorgullecía de lo bien que habían crecido pese a la falta de una madre y la constante ausencia de su padre. Yuzuha y Hakkai siempre habían tenido lo que querían, cualquier actividad que llamara su interés rápidamente era llevada ante ellos en forma de clases privadas. La mayor había resultado ser toda una prodigio en los deportes, próxima a ganar el campeonato juvenil de tenis; mientras que el menor se había interesado más en las artes, la fotografía principalmente, aunque últimamente le veía más entusiasmado en el modelaje, incluso llegando tan lejos como para haber aparecido en algunas pasarelas de renombre. Ambos le adoraban y él a ellos, pero del que más se preocupaba era del mayor.

 

Su relación con Taiju seguía siendo tan cercana como antes, o algo así, pues aunque aún eran grandes amigos, ya no eran niños y las nuevas responsabilidades acaparaban la mayoría de su tiempo, sobre todo las del mayor. A diferencia de sus hermanos, Taiju era el siguiente a heredar la empresa familiar, lo que significaba una intensa preparación y conocimiento. Se había convertido en el aprendiz de su padre apenas entró a la preparatoria y últimamente pasaba la mayor parte de su tiempo en la empresa o en la escuela y una vez llegaba a casa, se encerraba en su habitación a seguir estudiando para los rigurosos y constantes exámenes dignos de una de las universidades de más alto nivel, a la cual su padre había sido necio a que este entrara. Eso sumado a todas las tareas en el hogar que tenía Mitsuya, hacían un poco imposible el que pudieran reunirse a disfrutar de la compañía del otro como solían hacerlo, y no es que ya no se vieran para nada, lo hacían todos los días, pero era mayoritariamente por el trabajo de Mitsuya o Taiju lo mandaba a llamar para discutir asuntos de la mansión más que para tener una charla amena, si acaso un consejo personal ocasional, pues aún con todo lo demás, Takashi seguía siendo la persona en la que Taiju depositaba toda su confianza.

 

Esto claro que entristecía al menor, pero entendía que así eran las cosas desde hace unos años cuando el señor Shiba tomó bajo su enseñanza a su hijo mayor. Aún así, sentía más preocupación que otra cosa al notar a Taiju tan alejado de los demás, desde pequeño sabía que el más alto no era bueno adaptándose a la soledad, razón por la que procuraba cuidarle aún en las cosas más pequeñas.

 

La puerta de madera sonó cuando Mitsuya dió un par de golpecitos en esta, esperando una respuesta para entrar, pero cuando no escucho alguna, se adentro de todas formas en la habitación, encontrando a su dueño sentado en su escritorio, tan concentrado en sus libros que ni siquiera notó la presencia del otro.

 

—Si sigue frunciendo el ceño de esa forma le saldrán arrugas en la frente antes de cumplir los 30. — Mencionó cuando se encontraba al lado de él, depositando la bandeja con panecillos y mermelada en el espacio libre del gran escritorio, sonriendo al ver cómo el otro se exaltaba levemente al escuchar su voz.

 

—Muy gracioso. — Le respondió de forma sarcástica volteando a verle. — No es necesario esto,—  Levantó su mano percatandose de los alimentos y de como su mayordomo comenzaba a servir el humeante té en una taza con elegancia. — ya casi es la hora de la comida y le prometí a mis hermanos que esta vez sí los acompañaría, si como esto ahora ya no tendré apetito más tarde.

 

—Me temo que eso no va a ser posible puesto que la hora de la comida terminó hace dos horas, ambos ya se han marchado a sus respectivas actividades.

 

Taiju inmediatamente se volteó a revisar el reloj en su pared, llevándose una mano a los ojos y deslizándose hacia abajo en su asiento al confirmar las palabras del otro. — ¿Se veían molestos?

 

— Mas que molestos, yo diría decepcionados.

 

— Está bien, adelante ¡Dilo! Regañame por ser un mal hermano y fallarles una vez más.

 

—Yo no creo que sea un mal hermano, si de algo tengo que regañarle es por descuidarse a sí mismo, pero esta vez no, creo que está pasándola peor que cualquier palabra mía podría hacerle sentir, ese castigo es suficiente. 

 

Taiju no respondió, aún sumergido en sus propios regaños internos.

 

— Tranquilo, estoy seguro que ellos entienden, solo no pueden evitar extrañarlo. Por ahora coma esta merienda, podrá enmendarlo a la hora de la cena una vez que sus hermanos regresen.— Dijo acercandole la humeante taza de té en busca de un consuelo.

 

El mayor tomó la taza y la llevó a sus labios, oliendo de inmediato aquella leve fragancia para después beber la cálida bebida, tranquilizandose un poco.

 

—Ha estado aquí metido por suficiente tiempo hoy. — Mitsuya camino al centro de la habitación, teniendo cuidado con la poca iluminación. — Tal vez si tuviera las cortinas abiertas más a menudo, se hubiera percatado de la hora. — Dicho esto, abrió las cortinas, dejando que los rayos del sol de la tarde bañaran de una luz anaranjada la recamara. —¿Ha dormido algo hoy? — Preguntó aún si la respuesta ya había sido delatada por la cama en perfecto estado, tendida desde el día anterior. 

 

— Lo haré en un momento, cuando termine de repasar este capítulo. El examen será la próxima semana y mi padre no me permitirá sacar menos que la máxima calificación esta vez.

 

El mayordomo entristecido vio como el otro regresaba su vista al libro a la par que ese ceño fruncido aparecía de nuevo. Ni siquiera permitiéndose tomar uno de los panecillos. Prefirió voltear su vista hacia la ventana, maravillandose ante la vista de los alrededores de la propiedad. Desde la altura del piso donde se encontraban alcanzaba a ver la magnitud del bosque que rodeaba la mansión. Su mirada se fijó en aquel kiosco escondido entre los árboles, trayendo viejos recuerdos de cuando eran niños y solían jugar en él. Fue entonces cuando una idea llegó a su cabeza.

 

Camino de vuelta al escritorio, retirando el plato de panecillos antes de que la mano de Taiju estuviera a nada de tomar el primero, ganándose una mirada molesta por parte de este.  —Olvide los panecillos, tengo una mejor idea, saldremos un rato.

 

 — Ahora no Takashi, estoy ocupado.

 

 —Siempre está ocupado, no le pasará nada si se toma unos minutos para usted. Necesita comer bien y respirar aire fresco. Espere aquí mientras preparo las cosas, vendré por usted cuando todo esté listo.  — Y sin más se retiró, dejando a Taiju perplejo ante él una vez más reinante silencio de su habitación.

 

Salieron de la mansión unos minutos más tarde, con canasta en manos del mayordomo en dirección hacia el bosquecillo. Fue antes de llegar que las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer, haciéndoles apresurarse entre risas y obligándoles a mover su picnic de última hora a los adentros del kiosco en vez de a sus alrededores como tenían planeado. 

 

Takashi fue el primero en arrodillarse, tendiendo la manta que había traído consigo y una vez termino, saco los platillos de la canasta, acomodandolos armoniosamente. Cuando todo estuvo listo, se levantó y sacudió sus pantalones para después indicar al otro que estaba todo en orden para sentarse. El mayordomo no se sentó hasta que Taiju lo hizo primero. 

 

Aún si fue algo imprevisto, los platillos que había preparado Mitsuya eran exquisitos como de costumbre, así fue como en silencio comieron hasta saciarse, ahora solo platicando amenamente y disfrutando de la compañía del otro como no habían hecho desde hace mucho tiempo.

 

Taiju se encontraba comiendo las últimas cucharadas de su postre mientras que Takashi se encontraba bordando a su lado.

 

 — ¿Recuerda la vez que estábamos jugando y me caí golpeándome la cabeza? Jamás lo había visto tan asustado.  —Comentó Takashi entre risas, con la aguja danzando entre sus habilidosos dedos enguantados.

 

 — Oh vamos, no te rías, estaba aterrado ¡Pensé que habías muerto! Recuerdo que corrí llorando hacia mi madre diciendo que habías muerto en el bosque, solo para que al llegar estuvieras parado como si nada. Después de aquella ocasión ya no nos dejaban venir a jugar aquí, todo gracias a ti y tu dura cabeza, tuviste suerte de tener un cráneo tan resistente aquella vez. 

 

 —Admita que fue algo divertido, de todas formas nos escapabamos a escondidas para seguir viniendo.

 

Taiju solo resoplo, pero Mitsuya alcanzó a ver una sonrisa plasmada en sus labios.

 

Aquel recuerdo, sumado al lugar y la lluvia hizo que no pudiera evitar pensar en el día de la muerte de la señora Shiba, aún después de todos estos años, su ausencia se seguía sintiendo en el hogar.   —¿Aún piensa en ella?

 

 —Todos los días, no hay momento en que no lo haga. Claro que ahora es diferente, la recuerdo con nostalgia, no con el dolor de aquella vez.

 

 — Fue una gran madre, aún le recuerdo con gran cariño. Siempre se portó como una segunda madre para mí. Era palpable el amor que tenía por ustedes.

 

El silencio se hizo presente entre ellos, siendo las gotas de lluvia cayendo afuera lo único audible. Hasta que Taiju lo rompió.

 

 — Si te soy sincero, aún pienso en cómo sería la vida si ella siguiera aquí y sé que mis hermanos hacen lo mismo. Aún si no la conocieron por mucho tiempo, puedo ver como se aferran a los recuerdos y a aquellas viejas fotografías.

 

Takashi sabía que las palabras de Taiju eran verdaderas, el mismo podía comprobarlo en su día a día. Sabía que los menores extrañaban su antigua vida, pero le preocupaba más el hecho de que el mayor no se hubiera percatado que él era parte de esa vida, su ausencia también les dolía.

 

Antes de que el más bajo pudiera decir algo, Shiba prosiguió. 

 

 —No le digas a Hakkai, pero se que aún conserva ese dibujo que alguna vez hizo para mamá. —Lanzó un suspiro cansado. — Ellos merecían mejor que esto. 

 

Takashi noto como el ambiente cambió a uno más pesado y puso una mano en su hombro para llamar su atención.  — Taiju, no desamerite su esfuerzo de esa forma.

 

 — Takashi, si ellos han llegado tan lejos, no, si nosotros tres hemos llegado tan lejos es gracias a ti. Yo solo los decepciono una y otra vez, como hoy. Se que están molestos conmigo por estar afuera todo el tiempo.

 

 — Tal vez podría tomarse un tiempo de la empresa, hablar con su padre.

 

 —No, si mi padre supiera que esto es demasiado para mi, me creería incapaz de liderar la empresa. Rápidamente me dejaría de lado para empezar a preparar a mis hermanos como nuevos aprendices, no puedo permitir eso. Tan solo mira a Yuzuha, está a nada de ganar el campeonato, regresa feliz de cada entrenamiento y aún recuerdo la expresión en su rostro cuando le regale aquellas raquetas, y qué decir de Hakkai, se a esforzado muy duro en llegar a donde esta sin ayuda ni influencias, estoy seguro que llegará muy lejos. No puedo hacerles eso Takashi, no puedo borrarles esa felicidad, no me lo perdonaría. 

 

 — Taiju…

 

 — Vamos, no me mires así, no es tan malo. Tuve suerte de no encontrar ninguna pasión que amará como mis hermanos lo hicieron, no pueden robarme algo que nunca tuve en primer lugar.

 

 —Si, eso fue porque era demasiado joven, lo tomaron antes de que pudiera siquiera pensar en algo que le gustaría hacer.

 

 —Quizás, pero ya sabes como es mi padre. Demasiado estricto y apenas con tiempo para nosotros. Aún sigo molesto con él por haberle prometido a Hakkai que vendría en su cumpleaños para que al final solo enviará las mismas pinturas y oleos del año pasado con su secretaría ¿Puedes creerlo? Ni siquiera recordaba lo que le había regalado antes, de seguro ni siquiera lo eligió él. Si tan solo se tomará el tiempo para conocernos, sabría que Hakkai ya no estaba interesado en la pintura el año pasado, sino en la fotografía, y que este año está interesado en el modelaje. Por supuesto que no se aparecería en casa tampoco en navidad como se lo prometió, ni siquiera se apareció cuando Hakkai se lastimó el labio pero por supuesto que lo hizo cuando este quería perforar su oído, diciendo que “Esa no era la apariencia que alguién de su nivel debería tener”.  —Taiju apretó los puños, al contrarió de lo que su apariencia podía aparentar, era una persona seria, pero cuando alguien se metía con sus hermanos era su turno de fruncir el ceño. Mitsuya se encargaba de tranquilizarle, a veces se preguntaba cómo hubiera sido Taiju si no le hubiera tenido a su lado desde niño.

 

El mayordomo le dejó expresarse como quisiera de su padre, aún si este era el amo de la casa y por ende su jefe. Por supuesto que le tenía respeto al señor Shiba, pero eso no quitaba que lograba ver el daño que causaba en su familia, y ante todo, para él Taiju y sus hermanos iban primero.

 

Takashi tomó una de las manos de Taiju, acariciándola hasta que sus puños se relajaron.  — Estoy seguro que ellos entienden el sacrificio que usted está haciendo por ellos, pero también necesitan un hermano.

 

El semblante del susodicho se relajo, sabiendo que las palabras de su mejor amigo eran ciertas.

 

 — Podría aprovechar y pasar el tiempo con ellos en la fiesta de la compañía de a finales de mes.

 

Taiju soltó un largo suspiro.  — Había olvidado esa fiesta, no quiero asistir.

 

 —Pero tiene qué, finalmente se le presentará como el sucesor de la compañía.

 

 —Será aburrido, incluso mis hermanos piensan lo mismo. ¿Tu asistirás?

 

 — Por supuesto, pero me temo que estaré adentro todo el tiempo, asegurándome que todo salga de acuerdo al plan, no podré acompañarle.

 

 —¿Ves? Aburrido. Tal vez vaya a la cocina a acompañarte un rato.

 

 — Tal vez lo deje.  —Respondió con una sonrisa cómplice. 

 

 —¿En serio?

 

 —Claro que no. Las miradas de todos estarán sobre usted esa noche. Vamos, habrá buena comida y la música será impecable, debería aprovechar para invitar a una chica a bailar, Dios sabe que su padre espera con ansias que le presente a alguna novia pronto.

 

 — Aburrido. — Se quejó de nuevo el mayor arrastrando sus palabras.

 

 — ¿Bailar le resulta aburrido?

 

 — Ni siquiera sé bailar, mi padre jamás tuvo tiempo para enseñarme y me retiraron esa clase de niño para meterme más de economía.

 

 — ¡Eso es inaceptable! — Exclamó levantándose y extendiendo su mano hacia su amigo.

 

 — Espera ¿Vas en serio? ¿Sabes bailar?

 

 — Por supuesto que sé ¿Cómo podría ser el mayordomo de la gran familia Shiba si no supiera hacer algo tan básico como el bailar?— Dijo deshaciéndose de sus guantes y guardandolos en su bolsillo.

 

Taiju tomó su mano y se levantó. Arqueo una ceja cuando noto al mayordomo acercarse a las flores que decoraban el kiosko. 

 

 — Primero la presentación. —Acto seguido ajustó la hermosa flor que había arrancado en el bolsillo de la camisa del más alto.

 

—¿Esto es necesario?

 

—Absolutamente ¿Cómo piensa conquistar a alguna mujer si no se encuentra presentable ese día? El físico no lo es todo.

 

Taiju solo rodó los ojos ante la insistencia de buscar alguna acompañante. 

 

Takashi acomodo la mano de Taiju en su cintura, agarrando la otra con la suya y tomando uno de sus hombros. 

 

El más bajo marcó el ritmo para los dos, rápidamente confirmando que Taiju no sabía bailar, puesto que le pisó los pies en repetidas ocasiones aún después de explicarle como se hacía, de todas formas, esto lejos de arruinar la enseñanza solo les saco un par de carcajadas a ambos. Fue hasta que ambos encontraron el balance suficiente que todo fluyó con normalidad, el mayor cada vez iba entiendo más los pasos, yendo tan lejos como para incluso darle una voltereta a Mitsuya y atrapandolo en sus brazos, haciéndolos reír.

 

Siguieron así por un buen rato, con solo la lluvia como música para acompañarlos. Ahora solo se encontraban moviéndose de un lado a otro en un suave vaivén, el mayordomo había escondido su cabeza en el pecho del otro dejándose llevar por la atmósfera desde hace un rato. Taiju solo recargo su mentón arriba de esta. 

 

Pronto sus ojos dorados se fijaron en el bordado que Mitsuya se había encontrado haciendo hace un momento. —Takashi, tú…¿Alguna vez te arrepentiste?

 

—¿Se refiere al trabajo? Para nada. Amo el bordado y la costura, pero eso no significa que no me guste mi trabajo como mayordomo. Es un trabajo honrado que mi familia ha llevado consigo por generaciones, y aunque fue impuesto en mi desde antes que supiera hablar, sabe que jamás he odiado la situación en la que nací.

 

—Eso es bueno, —Contestó impactado por aquellas palabras. — pero yo me refería a la promesa que me hiciste años atrás, cuando éramos niños en este mismo lugar ¿Alguna vez te has arrepentido de hacerla? ¿Alguna vez te has permitido pensar en cómo sería tu vida si no te hubieras quedado a mi lado tan lealmente?

 

Mitsuya se separó del pecho de Taiju para mirarlo fijamente, tomando su rostro con la mano que se encontraba en el hombro ajeno y apretando su agarre en la otra, intentando que el mayor se diera cuenta de la seriedad de su respuesta. —Taiju, jamás, escucheme, jamás he considerado algo así. Jamás podría imaginar mi vida de otra forma que no fuera a su lado.

 

—Takashi…

 

Ninguno se atrevía a apartar la mirada y antes de que se dieran cuenta, sus rostros se estaban acercando cada vez más hasta que sus frentes chocaron contra sí. El mayordomo se mordió el labio, volteando la cabeza levemente hacia otro lado, sabiendo que esto no era correcto. Taiju tomó su barbilla con su mano y lo atrajo de vuelta a sí, volviendo a unir sus frentes.

 

—Taiju, esto no…alguien como yo no debería…— Dijo en apenas un hilo de voz.

 

—Takashi mirame. Esta bien, esto está bien.— Respondió susurrando, apretando su agarre en la mano del otro y entrelazando sus dedos.

 

No fue necesario más, ninguno podía seguir resistiendose, ambos unieron sus labios en un tímido beso, con sus bocas apenas tocándose entre sí pero desbordando todos los sentimientos que habían estado guardando desde hace años.

 

El beso fue corto, ambos se separaron, viendose mientras respiraban el mismo aire e incapaces de procesar lo que habían hecho.

 

—Ya está anocheciendo, la hora de la cena será pronto…— Susurro Mitsuya levemente, intentando romper el hielo.

 

—Yuzuha se molestará si no estoy para la cena…—Respondió de la misma manera.

 

—Si, lo hará…

 

Acto seguido volvieron a besarse, esta vez con más confianza pero sin romper aquel dulce sentimiento. Sus labios se movían correspondiendo a los ajenos, queriendo más de ellos en todo momento, dejándolos nublados con un cosquilleo placentero y una felicidad naciente en el pecho.

 

Solo se separaron cuando el sonido de un trueno lejano los hizo sobresaltarse, ambos rieron ante la acción del otro.

 

—He querido hacer esto desde hace mucho tiempo.

 

—¿Tanto así?

 

—Takashi, me gustas desde hace años, probablemente desde que era un niño aún si yo no lo sabía en ese entonces, aunque ahora puedo entender las miradas que me lanzaba mi madre cuando le hablaba emocionado de ti.

 

—¿Hablaba de mí?

 

—Todo el tiempo. —Confesó el mayor, llevándose una mano a la nuca y mirando hacia otro lado, avergonzado. Aún con el ceño fruncido, Mitsuya encontró adorable el sonrojo que adornaba sus mejillas.

 

Incapaz de contenerse, el mayordomo se paró de puntas y besó su mejilla, abrazándolo después con su rostro recargado en su pecho. — También me gusta, desde hace tanto.

 

Taiju correspondió el abrazo, protegiéndolo entre sus brazos. — Se que no te lo digo tan a menudo, pero gracias por todo lo que has hecho por mí, incluido esto. Gracias por siempre preocuparte por mi.

 

Takashi sintió su rostro arder. — Se lo prometí , juntos en cada paso que dé .

 

Después de permanecer así por un rato, Mitsuya volvió a hablar. —Será mejor que regresemos, sus hermanos deben estar esperando por usted.

 

—¿Cuántas veces debo decirte que no me trates con tanta formalidad? ¿Acabas de besarme y vas a seguir tratándome de usted?

 

—¿Qué clase de mayordomo sería si los demás me escucharan hablarle tan a la ligera?— Dijo separándose de él y caminando hacia la manta, una vez ahí, volteo a verle. — Y para que conste, usted me beso a mi.

 

Taiju solo sonrió divertido, sabiendo que eso era lo máximo a lo que llegaría con el tema y conformándose con que al menos le había convencido de no llamarle “Amo Taiju” años atrás. 

 

—¿Llevas una sombrilla contigo acaso? Señor mayordomo perfecto. —Pregunto una vez habían terminado de recoger todo y Takashi se encontraba frente a la puerta, el ruido de la lluvia sonando más fuerte ahora que esta había sido abierta.

 

Mitsuya sacó un paraguas de la canasta, abriéndolo fuera del kiosko y saliendo hacia el bosque para después girarse hacia él, sonriente.—¿No te lo dije antes? ¿Cómo podría ser el mayordomo de la gran familia Shiba si no supiera hacer algo tan básico como estar preparado para la lluvia?

 

El de cabellos azules lo miró embelesado antes de seguirlo, Takashi siempre iba un paso adelante de él.

 

Cuando la cena se acabó y todos se dirigieron a sus respectivas habitaciones, se despidieron con un último beso, uno lo suficientemente largo que les ayudará a sobrevivir hasta el siguiente.

 

__________________________________________

 

—Mitsuya ¿Se encuentra bien? Preguntó una de las amas de llaves cuando lo encontró soñando despierto y con una sonrisa boba en su rostro. La lista de pendientes había sido olvidada desde hace quién sabe cuando. 

 

—Si, todo bien, solo me distraje ¿Necesita algo? 

 

—Tome, para usted. — Le respondió pasandole un pequeño sobre. — El amo Taiju me pidió que se lo entregara.

 

Una vez Takashi lo tomó entre sus manos, la empleada se retiró.

 

Dentro del sobre, se encontraba una nota escrita a mano:

 

“¿Misma hora, mismo lugar?”

 

Y eso no era todo, pues al voltear el sobre, la flor que había adornado el bolsillo de Taiju la noche anterior cayó en la palma de su mano. La tomó entre sus dedos, inspeccionandola mientras una risa se escapaba de sus labios. — Ese idiota…

 

Fue cuando guardó el sobre y su contenido en la chaqueta de su uniforme que noto como todas las miradas de los empleados de la cocina estaban puestas sobre él, haciéndole sonrojar. Se aclaró la garganta para llamar la atención de todos. —¡A trabajar, no hay tiempo que perder! —Dijo para luego levantar sus manos a la altura de su rostro y aplaudir un par de veces, cerrando cualquier oportunidad a alguien de preguntar sobre el contenido del sobre.

 

Rápidamente todos regresaron a sus puestos y Takashi se fue del lugar, acomodando aquella flor en el bolsillo del pecho de su chaqueta, siendo esta solo opacada por su brillante sonrisa enamorada.



Notes:

Espero que les haya gustado ya que elegí escribir esto en vez de terminar mi proyecto jaja. Pasen por mi twitter si gustan ver algunos de los dibujos que tengo de esta otp <3 https://twitter.com/pilgrim_tea

También puede que saque una segunda parte donde ahora incluya más a los otros dos Shiba pero centrandome en Mitsuya y Taiju llevando su relación en secreto intentando no ser descubiertos hasta la fiesta que se menciona, pero ya veré!

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