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Sonríe y llora (Ohe-shot)

Summary:

Las almas gemelas están destinadas a estar juntas para siempre.

Pero el hecho de que ellos dos están juntos todo el tiempo es solo por casualidad, ¿verdad?

¿Verdad?

Notes:

El fin de semana pasado no subí nada de Gifted Buddy y este one-shot salió en su lugar.
No hay beta, no hay revisión, fue más un vómito verbal que quedó de unas 11k palabras.

Espero les guste :)

(See the end of the work for more notes and other works inspired by this one.)

Work Text:

Es un alivio, piensa Pran mientras su padre termina de acomodar las maletas en la parte trasera del auto. A la vez que sube en él, tiene la sensación de que está siendo observado, pero no puede voltear. No puede mirar, ni siquiera puede atreverse a pensar en quién es la persona que está ahí. Si lo hace, sabe que se va a romper. Así que, con toda su fuerza de voluntad, ignora los ojos que le perforan la espalda y sube, cierra la puerta, y se pone los audífonos para ignorar al mundo el resto del trayecto.

Es un alivio, repite. Qué bueno que no hicimos el enlace.


A pesar de que estaba feliz de haber regresado, Pran siempre se ha preguntado por qué sus padres no se mudaron con él cuando lo transfirieron de escuela. Había asumido que era por el negocio, que estaban tan empeñados en ganarle a la familia de Pat que ni siquiera se les pasó por la cabeza que tal vez irse con su hijo era una mejor decisión; sin embargo, mientras veía cómo Dissaya decía sus quejas usuales sobre Ming, Pran empezaba a sospechar que no es por eso.

Su madre lo estaba felicitando acerca de haber sido elegido representante de la clase, aunque todos sabían que sería un peso extra en él, considerando que la carrera de arquitectura era una de las más desgastantes en toda la universidad. Pran había extrañado estas comidas en familia. Siempre fueron él y sus padres, siempre charlando sobre su día y bromeando entre ellos; Pran se había sentido extremadamente solo mientras estaba en el internado, solo pudiendo llamar de vez en cuando y visitar en las vacaciones. Durante su estancia, a veces anhelaba el abrazo de su madre o platicar con ella mientras cocinaban, o salir a pasear con su padre o simplemente estar con ellos en la sala de estar, viendo algún programa después de que hiciera la tarea.

Por supuesto, ahora no iba a ser exactamente lo mismo. Llevaba al menos un mes en la universidad y se dio cuenta rápidamente de que perdía mucho tiempo entre ir y venir, por lo que sus padres accedieron fácilmente a dejarlo vivir en un dormitorio que estaba cerca del campus. Podía regresar los fines de semana, de todos modos, o cualquier día que quisiera, y Pran estaba contento con ese arreglo. De hecho, le habían sugerido que fuera a vivir con Wai, pero lo rechazó inmediatamente. Había vivido con él durante casi tres años y, aunque realmente amaba a su mejor amigo, no creía poder soportar vivir con él otros cuatro o cinco años.

Además, quería un poco de independencia para… ciertas cosas. Cosas de las que, esperaba, Wai nunca se enteraría.

De cualquier manera, mientras estaba comiendo con su familia, de repente recordó lo que ocurrió esa tarde. Justo era relacionado con Wai, quien se metió en problemas con algunos tipos de la facultad de Ingeniería por algún problema con un partido de fútbol o algo así; habían estado acorralando a su amigo y luego Safe fue corriendo a buscarlo para ayudar. Lamentablemente, cuando llegó, la pelea había terminado. No, más bien, fue interrumpida por el supervisor que los vio, por lo que todos se dispersaron y corrieron antes de que esta iniciara.

—Pran —dijo su madre, llamando su atención—. Lavé tus sábanas, pero olvidé sacarlas de la secadora. Cuando subas, recuerda tomarlas.

Esta era la última noche que pasaba en esa casa antes de irse a los dormitorios. Pran estaba un poco emocionado y nervioso, a pesar de que ya había vivido lejos durante mucho tiempo. Cuando estuvo arriba y salió de la ducha, mientras se secaba el cabello, vio la luz de la ventana de enfrente encendida y rápidamente se dio media vuelta. Miró las sábanas que todavía no estaban acomodadas en su cama, su corazón había empezado a latir más rápido y sentía que su cara se puso roja.

La cosa era, en la ventana no solo había luz encendida, sino que el dueño de la habitación había estado ahí, sentado en su batería, y mirando directamente hacia su propia habitación. De no ser porque se avergonzó de inmediato, probablemente hubiera cerrado las cortinas. No lo hizo, obviamente, y eso fue un error fatal, porque pronto sintió la brisa del aire y supo que esa misma persona había entrado por la ventana.

—¿Pran?

No quería darse la vuelta, pero no tuvo otra opción. Sabía que estaba rojo hasta el cuello, por lo que intentó parecer calmado. No pudo hacerlo, porque, en el momento en el que enfrentó a su vecino, notó que los ojos de dicho vecino no estaban en su rostro y, en su lugar, estaban recorriendo su pecho.

—¡Deja de mirar! —exclamó alarmado, cubriéndose con la toalla que estaba usando para secarse el cabello.

—Lo siento, lo siento.

Pat, el vecino, se tapó los ojos y dio media vuelta. Pran sintió un escalofrío recorrerlo al recordar la mirada de Pat y fue rápidamente a buscarse una camisa. Se estremeció cuando la tela rozó contra una marca azul brillante.

—Ya está bien.

Cuando volvieron a mirarse a los ojos, Pran sintió que debía decir algo, cualquier cosa. Parecía que Pat también quería decir lo mismo, o algo así, porque estaba moviéndose hacia adelante en un balanceo titubeante, como si quisiera dar un paso, pero se refrenaba a sí mismo. Pran suspiró y se dejó caer en el colchón. Palmeó para que Pat se sentara a su lado y rápidamente lo tuvo ahí.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó.

Pat resopló.

—Creo que eso debería preguntártelo yo.

—Aquí vivo, estás en mi habitación —intentó bromear, pero Pat no lucía divertido.

—Sabes que no me refiero a eso. Regresaste, no sabía que regresaste.

Pran se encogió de hombros.

—No es mi deber decírtelo, ¿sabes?

Se arrepintió al instante cuando vio la mirada de dolor en el rostro de Pat, pero no se retractó. El ambiente era un poco incómodo. Pran jugó con su camisa un poco, esperando que Pat rompiera el silencio o que se fuera, cualquier cosa.

—¿Estudias por aquí? —preguntó Pat de repente.

Pran asintió.

—Um. Pero no voy a estar cerca, iré a los dormitorios mañana por la tarde.

—¡Oh! Yo también estaré en unos dormitorios —Pat de repente rió un poco—. Sería realmente loco si resultara que vamos a los mismos lugares.

—Sería demasiada coincidencia.

Pat se encogió de hombros.

—Bueno, ya sabes lo que dicen sobre el destino. Actúa de maneras misteriosas. Y tú y yo estamos destinados a encontrarnos.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó Pran de repente.

Pat le dedicó la más pequeña de las sonrisas.

—¿No es normal para alguien querer estar en contacto con su alma gemela?


Sí, Pat era su alma gemela.

En este mundo, no todos tienen un alma gemela, y, quienes la tienen, se consideran personas realmente afortunadas en la vida. No solo porque tienen a otra persona que es ideal para estar con ellas, sino porque, mientras las almas gemelas permanezcan juntas, todas las cosas buenas que pueden pasarles les pasarán. Para fortuna de la gente, dicha alma gemela puede ser platónica o romántica; además de que uno solo sabía de qué tipo hasta que se creara el enlace, una especie de ritual en el que ambas personas dejaban en claro que querían estar juntos para siempre. Había distintas maneras para saber que el enlace se había creado: en el caso de Pran y Pat, ambos habían nacido con un tatuaje que estaba incompleto pero que se complementaba; en este tipo de casos, cuando el enlace estuviera hecho, los tatuajes se terminarían para dar paso a la misma imagen en ambos cuerpos.

Una vez que el enlace estuviera creado, ambas personas no podrían ser separados por ninguna fuerza del universo y tendrían éxito en cualquier cosa que hicieran, siempre que estuvieran el uno con el otro. Esto, por supuesto, era un arma de doble filo, porque significaba que, si las almas gemelas enlazadas estaban lejos físicamente, la mala suerte, la enfermedad y el sufrimiento se apoderaría de ambos hasta que se reunieran de nuevo o murieran. Y si un alma gemela moría, entonces la otra parte estaría en un luto y debilitamiento físico hasta que llegara su hora.

De hecho, esa era una de las razones por las cuales casi no se hacían enlaces. En general, eran una parte pequeña de la población y no todos querían ese tipo de condena. Incluso las personas que encontraban a sus almas gemelas se rehusaban a hacer el enlace en caso de que las cosas no fueran como querían; por lo tanto, había almas gemelas que nunca supieron si eran platónicas o románticas, pero no había muchos registros de que estas almas gemelas se separaran, enlazadas o no. Entonces, estadísticamente, la probabilidad de que un par de almas gemelas enlazadas realmente sufrieran por su separación o muerte. En promedio, una pareja de cada veinte tenía este trágico destino.

Claro que nadie quería ser esa pareja, por lo que los enlaces se mantuvieron al mínimo.

Pran y Pat pudieron ser esa pareja de almas gemelas.

No era un secreto para nadie, al menos en ese vecindario, que las familias de Pran y Pat no se llevaban bien. Compitiendo y peleando por todo lo que uno podría imaginar: desde un bote de basura traspasando dos centímetros de propiedad, hasta qué negocio tenía más clientes y mejores precios. Desde que nacieron, ellos dos estaban destinados a ser enemigos. Por supuesto, ambos crecieron compitiendo entre ellos, siendo comparados y estando al pendiente de los movimientos del otro. Siempre, desde siempre.

Hasta que llegaron a la secundaria.

En su primer año, Pran y Pat tuvieron su primera clase de gimnasia donde necesitaron ir a ducharse después de ella. Como era de esperarse, las duchas tenían apenas una división pequeña que cubría la parte inferior de su cuerpo, pero estaban expuestos a todos los demás de la cintura hacia arriba. Pran y Pat no se prestaron atención cuando llegaron ahí, situándose cada uno en regaderas opuestas, sus amigos formando una barrera entre ellos dos.

Fue entonces que uno de los amigos de Pran hizo un comentario sobre la marca en su pecho.

—Ey, no sabía que tenías alma gemela.

La marca de Pran era compleja y hermosa. Aunque en un tamaño pequeño, esta delineaba el rostro de Talía en un color azul brillante. Él mantuvo esa marca desde su nacimiento, pero no solía hablar de ella con nadie, ni siquiera con sus padres, quienes nunca lo presionaron para encontrar su alma gemela; de hecho, sus madres lo animaban a pensar más allá de otra persona que todavía no conocía.

Fue solo su suerte que sus amigos lo descubrieron en ese momento. Todos estaban asombrados, porque no se tenían registros de nadie en esa escuela que tuviera marca de alma gemela en ninguna forma. Para Pran, tener esa marca no era tan especial, porque, en general, nunca se había preocupado por ella; si no fuera porque esa parte de su piel era un poco más sensible, probablemente pasaría desapercibida por él todo el tiempo.

Los amigos de Pat también parecían tener curiosidad. Por supuesto, Pat también. Aun así, ninguno de ellos se acercó, pero sí lo miraron unos momentos; como Pran estaba frente a ellos, todos podían ver su torso. Estaba a punto de darse la vuelta cuando de repente captó que Pat seguían viéndolo fijamente.

Muy fijamente.

Pran tuvo un mal presentimiento, o algo así. Dio media vuelta y se concentró en el jabón líquido corporal que tenía enfrente, esperando pacientemente para que los amigos de Pat se retiraran. Después de un rato, cuando ya todos habían terminado sus duchas y se estaban cambiando, Pran confirmó su sospecha, porque Pat no había dejado de verlo ni una sola vez.

Más tarde, de regreso en su habitación, Pat se escabulló por la ventana como esa única vez que lo hizo de niños, cuando Pran salvó a Paa de ahogarse en ese lago. Estaba menos sorprendido de lo que debería, ya sospechando que Pat quería hablar con él. Y también sospechaba de lo que quería hablar con él.

Esperaba preguntas, un poco de entusiasmo o incluso algo de desprecio. Pran estaba preparado para echarlo de su habitación por ser un entrometido, pero no esperaba que Pat le tapara la boca y le pidiera ver la marca de alma gemela.

—¿Por qué debería enseñártela? —preguntó Pran cuando Pat lo dejó ir.

—Por favor.

Pran rodó los ojos.

—¿Crees que te mereces verla?

En general, las marcas de alma gemela eran consideradas preciadas e íntimas. Aunque Pran la tenía en su pecho, prácticamente a la vista de cualquiera que lo viera sin camisa, él precisamente no solía andar por ahí semidesnudo. Los demás la vieron porque estaban en las duchas.

Pat se pasó las manos por el rostro como para tranquilizarse. A este punto, Pran sintió que el escalofrío no había sido solo porque Pat lo estuvo mirando, sino por la intensidad de la mirada. Sumándole que su vecino parecía estar considerando algo y balbuceando para sí mismo, Pran se puso nervioso.

—Está bien, te mostraré.

Ahora, Pran solía pensar que Pat era un exhibicionista. No en el mal sentido, sino que le gustaba mostrar todo de él: su rostro, su talento en música y su talento en deportes. Sin embargo, no solía mostrar su cuerpo porque, aunque ya no estaban del todo en la pubertad, todavía había cierta desproporción en ellos. Por eso es que no esperaba en absoluto que Pat se bajara los pantalones enfrente de él.

—¡Mierda! —Pran se tapó inmediatamente los ojos.

Enseguida se escuchó la voz de su madre.

—¿Pran? ¿Estás bien?

Con pánico, Pran respondió:

—Sí, solo dejé caer mi celular.

—Ten más cuidado, hijo.

—Sí, mamá.

Cuando ya no se escuchó más ruido, Pran se volvió hacia Pat, evitando deliberadamente mirar hacia abajo.

—¡¿Estás loco?! —susurró.

Pat suspiró.

—Solo mira —insistió.

—¿Qué demonios, Pat?

—Mira aquí, vamos.

Con renuencia, los ojos de Pran viajaron hacia la cadera de Pat, que estaba parcialmente cubierta por sus bóxeres. Cualquier cosa que se le ocurriera que iba a ver, definitivamente no esperaba ver medio rostro de Melpómene delineado en lo que parecía ser tinta roja brillante.

 Así descubrieron que eran almas gemelas.

Las cosas no fueron fáciles a partir de ahí. Pran era una persona extremadamente reservada y nerviosa, siempre ansioso por lo que pasaría si sus padres lo descubrieran. Pat, por otro lado, era un Golden retriever en busca constante de atención. Más precisamente, la atención de Pran.

Aunque en apariencia las cosas seguían iguales y sus estatus de rivales no se perdieron, la verdad es que hubo muchos cambios en su relación. Para empezar, Pat comenzó a colarse en su habitación muchas más veces que antes, y utilizaron los teléfonos de lata mucho más que sus celulares para hablar entre ellos. A veces, incluso hacían la tarea juntos, cuando nadie más estaba viendo. Poco a poco, su relación pasó de ser enemigos a algo parecido a los amigos.

Pero la duda persistía.

Era el elefante en la habitación. Ninguno de ellos habló de eso, lo que probablemente era porque compartían el mismo miedo. Averiguar qué clase de almas gemelas eran, enlazarse y depender del otro de por vida era algo aterrador para dos adolescentes de quince años. Aun así, no hicieron planes. No hablaron sobre eso en absoluto, y simplemente lo dejaron en el aire para que se desvaneciera.

Entonces llegó diciembre. La escuela haría un festival navideño en el que cada clase participaría con algún número. La profesora de su clase eligió que formarían una banda y que cantarían una canción original, y eligió a Pran como el cantante. Pat entró como baterista y pronto sus interacciones en público fueron más frecuentes y más amistosas. Hubo un punto en el que incluso sus amigos aceptaron que se estaban llevando mejor, y la chica nueva, Ink, solamente era un enlace más entre ellos. Aunque Pran pensaba que a Pat le gustaba Ink, lo que hacía que su corazón doliera por razones en las que no quería pensar. Durante todo ese tiempo, tampoco se permitió considerar decirle a Pat qué harían sobre el enlace, si se quedarían a ciegas como la mayoría de las parejas de almas gemelas (eso prevenía corazones rotos, pensó; si al final eran almas platónicas o románticas, nadie lo sabría, y podrían hacer de sus vidas amorosas lo que quisieran), o si se arriesgarían, en algún futuro, a explorar lo que el destino les deparaba.

Pran ni siquiera tuvo más oportunidades de pensar todas esas cosas. El mismo día del festival, sus padres aparecieron y estuvieron tan furiosos por lo ocurrido que lo transfirieron a un internado durante el resto de su educación.

Entonces, su principal pensamiento sobre eso fue: Es un alivio. Qué bueno que no hicimos el enlace.


Los días posteriores a su mudanza a los dormitorios fueron relativamente normales. No, en realidad no. Había estado un mes en la universidad, pero nunca se dio cuenta de que compartía una clase entera con el departamento de Ingeniería, facultad en la que Pat se encontraba. Es decir, ¿qué demonios? Hubo un tiempo en el que podía sentir a Pat cuando estaba a un kilómetro de distancia, ¿por qué ahora no? ¿Sería tal vez que estuvieron separados por tres años? ¿Ahora que se volvieron a ver, lo que sea que tuvieran las almas gemelas regresó? ¿Aun si no estaban enlazados?

No ayudó en absoluto que Pat y sus amigos fueran las mismas personas que intimidaron a Wai una y otra vez. De hecho, Pran pensó que estaba maldito. Sí, probablemente era la única persona en el mundo cuya alma gemela le traía mala suerte y no buena suerte.

Tampoco ayudó que Pat ni siquiera hiciera el intento de fingir que no se conocían o que no se odiaban. No, era mucho peor. De alguna forma, resultó que él y Pat vivían en los mismos dormitorios y, espera un segundo para prepararte, ¡eran vecinos! Su puerta estaba frente a la puerta de Pat, ¡directamente enfrente! Un día los dos salieron al mismo tiempo y, desde ese momento, Pat se emocionó y decidió que permanecería con él todo el tiempo de ida al campus.

Además, Pat tenía comportamientos extraños con él. A lo que se refería era que de repente le daba regalos. Una botella de té verde, algunos snacks, cualquier cosa que pudiera, Pat lo dejaba en su puerta o se lo mandaba con algunos juniors. Si de por sí Pran estaba estresado con su propia vida, se le agregó que Pat tenía esa manía de…

No dejar que Pran lo superara.

Los intentos de Pat para que Pran le hablara en el campus fueron tan obvios que hartaron a Wai y este pensó que Pat lo estaba acosando. Pran apreciaba mucho a su amigo, en serio, pero no pudo evitar sentir náuseas cuando Wai sugirió que le pusiera a Pat una orden de restricción.

Entonces, Pran apartó a Wai del resto de sus amigos y lo miró fijamente a los ojos.

—Necesito decirte algo y necesito que me creas. No es una broma, esto es serio.

Wai frunció las cejas, pero asintió. Pran tomó aire y de repente lo soltó:

—Pat es mi alma gemela.

Silencio.

—… Perdona, creo que escuché mal. ¿Podrías repetirlo?

—Pat es mi alma gemela.

—Uhm. Sigo escuchando raro…

—No, escuchaste bien. Pat es mi alma gemela.

Y se sentía bien decirlo. Ahora que lo pensaba, Pran nunca dijo esas palabras en voz alta. Una vez que las soltó, un peso enorme que estaba en su pecho se liberó inmediatamente.

Wai estaba estupefacto. Claramente no quería creerle a Pran, pero tendría que hacerlo de todos modos. Pran, por su parte, quería cualquier tipo de reacción de Wai, incluso si era agresiva o de rechazo; por supuesto, Pran no esperaba que su mejor amigo aceptara a Pat o repentinamente fuera agradable con él porque era su alma gemela, pero al menos quería que entendiera por qué denunciarlo y ponerle una orden de restricción no eran cosas que se le habían ocurrido a Pran.

—Yo creo que… necesito procesarlo.

Pran asintió.

—Está bien.

—No estoy enojado contigo —dijo inmediatamente, probablemente viendo su rostro—. Solo es… ¿raro? ¿Qué probabilidades había?

Pran rió.

—Ni siquiera te imaginas. Has ido a mi casa, ¿verdad?

Wai asintió.

—Bueno, ¿conoces la casa de al lado? ¿La que tiene un balcón enorme?

De repente, los ojos de Wai se agrandaron.

—¡Imposible!

—Y, uh, su ventana está enfrente de mi ventana.

—¡Mierda!

—Sí, y, eh… ahora mismo vive en el departamento que está enfrente del mío.

Por supuesto, no añadió el pequeño detalle de: “Oh, y él fue la razón por la que me transfirieron de escuela hace tres años”, porque Wai probablemente se habría desmayado.

A Wai le tomó exactamente un día para procesar toda su historia y aceptar que Pat era su alma gemela. Después de eso, solo le dirigía algunas miradas amenazantes a Pat y a sus amigos cuando se acercaban, pero no intentaba iniciar peleas con ellos. Por su bien o no, esto fue en realidad un alivio para Pran, porque pronto vieron que habría un evento para los alumnos de nuevo ingreso que se llamaba Freshy Day en el que habría un concurso de bandas, y Wai lo convenció de entrar por parte de la facultad. Si se metieran en peleas, probablemente los suspenderían, no solo de este evento, sino de todos los demás por el resto de su vida universitaria.


—Oye, Pran, ¿recuerdas a Ink? —preguntó Pat una noche.

Estaban en su departamento, cenando. Era una nueva costumbre que tenían. Un día, Pran atrapó a Pat mientras colocaba una bolsa de comida china en su picaporte, lo invitó a entrar (por un impulso de idiotez) y terminó en que, ahora, Pat entraba a comer con él todas las noches.

—La recuerdo, ¿por qué?

—Está estudiando en nuestra universidad.

Una piedra cayó en el estómago de Pran.

Pat estaba pelando un camarón, ni siquiera lo estaba mirando y tampoco parecía serio acerca de su charla. Simplemente hablaba casualmente.

—Oh… ¿Cómo te enteraste?

—Bueno, estaba en la parada de autobús, la que está en medio de nuestras facultades, ¿la recuerdas? —dijo, concentrado en su comida—. Escuché que la construyeron seniors de ambas facultades, por lo que es algo así como un lugar neutro o qué se yo. Parece que las demás facultades también se enteraron y ella fue a cubrir un reportaje sobre ello. Está en la facultad de Comunicaciones, es buena tomando fotografías.

Pran asintió. Su mano había empezado a temblar y se obligó a que su voz sonara desinteresada.

—Ya veo. No la he visto, quizá debería buscarla.

—Tengo su LINE —comentó Pat, masticando arroz—. ¿Quieres que te dé su usuario?

—Ajá…

—Bueno, charlé con ella un rato. Hablamos de muchas cosas y le dije que estabas en ese campus también. Ella te extrañó mucho cuando te fuiste —rió, sacudiendo la cabeza—. Creo que le gustabas.

Pran no pudo evitar reírse.

—¿Qué?

—No, nada.

—Bueno, hablando de eso, terminé diciéndole que ella me gustaba en la secundaria.

Bien, ahí estaba.

Pran asintió.

—Lo recuerdo.

—¿Lo sabías?

—Mn.

Pat se detuvo y lo miró a los ojos.

—Eras muy obvio —explicó Pran—. Tus ojos hacían esa cosa y siempre estabas detrás de ella.

Pat alzó las cejas.

—¿”Esa cosa”?

—Ya sabes… brillaban.

—Oh.

—Sí.

Se quedaron en silencio unos segundos, ambos volviendo a comer. Cuando Pran pensó que el tema quedó zanjado, Pat volvió a hablar.

—Cuando la volví a ver, pensé que esos sentimientos revivirían.

Por favor, cállate, pensó Pran.

—Pero no lo hicieron —se encogió de hombros—. Es una suerte. Ella es una gran amiga y no quisiera hacer las cosas raras.

—¿Ah?

Pat inclinó la cabeza.

—¿Qué?

—¿Ya no te gusta Ink?

Pat negó.

—No. Supongo que fue un enamoramiento pasajero, no es la gran cosa. Además, ya te dije, creo que a ella le gustabas tú.

—Yo no le gustaba a Ink. Ella es mi amiga, igual que tuya.

—Oh. ¿Cómo sabes que no le gustabas?

—Le pregunté.

—¿Ow? ¡Qué audaz, señor Parakul!

Vale, en realidad, Pran le preguntó a Ink si le gustaba Pat. Ella primero lo tomó como broma y, cuando vio que lo decía en serio, se rió y dijo:

—¡Pat es mi amigo, solo mi amigo! Igual que tú, solo amigos.

Y luego:

—¿Por qué? ¿Querías coquetearme?

En resumen, Ink se enteró de que a Pran le gustaba Pat y no ella. Prometió apoyarlos (sin siquiera saber que eran almas gemelas), pero no pudo hacer mucho porque enseguida lo transfirieron.

—Pero entonces —dijo Pat—, ¿a ti te gustaba Ink también?

Pran negó inmediatamente.

—No es así.

—¿En serio? Ink es increíble, no me sorprendería si también te hubiera gustado, o incluso si te gustara ahora.

Pran dejó sus cubiertos.

—¿Me estás preguntando esto por algo en específico?

Pat alzó las manos en defensa.

—¡Oye! Solo es curiosidad, solo curiosidad.


Pat

Solo curiosidad, ¿ah?

Siguió diciéndose lo mismo hasta que regresó a su propio departamento. Los dormitorios realmente le daban toda la privacidad que necesitaba. Se quitó casi toda su ropa y posó enfrente de su espejo. La marca roja brillaba aun en la oscuridad del cuarto, y Pat acarició las líneas con suavidad, suspirando un poco por la sensibilidad.

Había hablado con Paa hace unos días. Después de que Pran le dijera que Wai ya sabía que eran almas gemelas, Pat decidió que también quería un confidente. Al principio pensó en Korn, pero luego recordó que había alguien que amaba a Pran casi tanto como él lo hacía, y corrió a decírselo a su hermana menor.

Sorprendentemente, ella ya lo sabía. ¿Cómo era eso? Desde pequeña, ella los había visto demasiadas veces como para no saberlo. No sus marcas, específicamente, sino sus interacciones. De hecho, ella pensó que se habían enlazado antes de que Pran fuera transferido y le preocupaba que su salud fuera en picada por tanto tiempo separados. Pat se sintió aliviado de hablar de eso con una persona y comenzó a despotricar acerca de todo lo que mantuvo guardado durante todos esos años.

Al final, Paa le preguntó qué sentía por Pran.

—Lo amo —dijo fácilmente—, es mi alma gemela.

Luego ella rodó los ojos.

—Eso lo sé. También amo a P’Pran. Pero, Hia, no te estoy preguntando por eso. Estoy hablando acerca del tipo de amor. Tú sabes, las almas gemelas pueden ser platónicas o románticas, y sé que ustedes no han sido enlazados, pero… ¿has considerado la posibilidad de conocer la naturaleza de su conexión? ¿Has hablado con P’Pran sobre eso?

Pat negó.

—Sé que la mayoría de las almas gemelas deciden no enlazarse, pero ustedes dos han estado juntos desde que nacieron. Incluso si los han querido separar, simplemente no pueden y se vuelven a juntar. Verse después de tres años, reconectarse como ustedes, eso es algo que no todos pueden tener.

—¿Pero no es mejor quedarnos así? —preguntó Pat—. De esa manera, podemos hacer lo que queramos. No habrá ninguna condición para nuestra relación. Si, por ejemplo, cada quien quiere enamorarse y casarse con otras personas, ¿el vínculo no podría impedírnoslo? ¿No nos haría sufrir?

Y si quisiéramos estar juntos, no dijo, y resulta que somos simplemente almas gemelas platónicas, ¿no nos rompería el corazón también?

Paa suspiró.

—Entonces, ¿estás bien si P’Pran está con otra persona?

Pat frunció las cejas.

—No tendría ningún derecho a impedírselo —respondió.

—Obviamente no —estuvo de acuerdo Paa—, pero, ¿te gustaría?

Pat se quedó callado.

—Además, enlazarse o no es una decisión que toman ambos. No puedes decidir no hacer nada sin consultar a P’Pran primero. Ya sea que decidan enlazarse en un futuro o dejar las cosas como están, eso es algo que debería ser acordado por ambos, ¿verdad?

Pat había planeado decírselo. Había planeado preguntarlo, pero luego Ink regresó de repente y un pensamiento se interpuso en él. ¿Y si a Pran le gusta Ink? ¿Y si a Ink le gusta Pran? ¿Y si se reencuentran y quieren estar juntos? ¿Y si la sugerencia de enlazarse rompe con los planes que Pran tendría con ella? Eran pensamientos sin sentido, él lo sabía, pero lo usó como excusa para alargar la charla. Pran tampoco había sacado a relucir el tema, así que esperó. Luego, decidió averiguar si Pran tenía sentimientos por Ink. Averiguar si Pran tenía sentimientos por alguien, pero no se atrevió a preguntar más. En parte porque no quería parecer entrometido, en parte porque no quería escuchar a Pran decir: “Sí, de hecho, me gusta alguien”.


La guitarra estaba limpia. La guitarra fue afinada, y la misma guitarra fue utilizada por Pran para componer la canción que al final no usaron en el evento de Freshy Day. Pat tenía sentimientos encontrados cuando escuchó Just Friend después de tantos años. Tenía la sensación de que Dissaya iba a entrar en cualquier momento y se llevaría a Pran de nuevo. También estaba molesto porque esa era su canción, de ellos, y Pran la estaba tocando alegremente con Wai de todas las personas, luciendo todo feliz y alegre. Finalmente, estaba tremendamente contento de que Pran pudiera terminar de cantar esa canción en público, porque para eso trabajaron duro durante tanto tiempo; que Pran utilizara esa canción tan significativa y que ganaran el concurso fue como si finalmente llegaran a la meta de una carrera que les habían interrumpido por años.

Pat quería besar a Pran cuando anunciaron que Arquitectura ganó.

Y, de repente, la voz de su hermana regresó a él y luego su propia voz le preguntó: “Entonces, ¿qué sientes por Pran?”. Pat amaba a Pran como su alma gemela, pero no solo eso. Pat también estaba enamorado de su alma gemela. Que Pran cantara su canción solo lo confirmó.

Ahora solo quedaba decidir qué hacer con esa nueva información.


Se encontró a Pran cuando este regresaba de la celebración que había tenido con sus amigos por ganar el concurso. Él estaba sentado en el pasillo, frente a la puerta de Pran, con una bolsa que contenía algunos bocadillos para felicitarlo.

—Ey —saludó.

—Ey —Pran le devolvió el saludo. Luego procedió a abrir la puerta.

—¿Regresaste solo?

—No, Wai me trajo.

—Oh. Traje esto, pero no sé qué tanto comiste en el bar.

Pran asintió.

—Estoy un poco lleno —admitió—. Pasa, puedes dejarlos en la barra.

Pat dejó la bolsa con cuidado, y luego se balanceó en su lugar mientras Pran acomodaba sus cosas. Hacía calor, como casi todas las noches de verano, Pran parecía un poco sudoroso.

—¿Ya cenaste? —le preguntó Pran.

—Aún no.

Esperaba que pudiéramos cenar juntos, no dijo.

—Voy a ducharme. Si quieres comer algo, tómalo de tu bolsa.

Pat rió.

—¿Oh? ¿No vas a invitarme algo de tu comida? Vi que tenías esa mayonesa por ahí, es deliciosa…

—No toques mis cosas —bromeó Pran—. Vuelvo enseguida.

Pat robó mayonesa y la untó en un pan. Se sorprendió al ver que sabía dónde se encontraba todo en la alacena de Pran, y se sintió un poco presumido por saberlo. Mientras comía, se quedó pensando cómo iba a abordar el tema. No planeaba confesarse, obviamente no, pero sí iba a preguntar sobre la decisión de enlazarse o no. Desde que descubrieron que eran almas gemelas, ninguno había mencionado el tema, así que no sabía cómo hablar de ello. Estuvo averiguando en Internet, pero no fue de mucha ayuda.

Tal vez debería ser directo, como siempre. Ese era su estilo.

Sin embargo, cuando Pran salió de la ducha, no pudo decir nada.

Pran tenía una toalla enrollada en su cadera, su torso completamente desnudo, y estaba secándose el cabello como el primer día de su reencuentro. La marca de alma gemela era brillante, de un azul que le recordaba a su bata de la universidad. A Pat se le secó la boca cuando miró el resto del cuerpo de Pran.

Terrible, terrible momento para excitarse, de verdad.

—¿Pat?

La voz de Pran lo sacó de su estupor, parpadeó y giró la cara, rogando porque no se notara su nerviosismo. Tal vez lo hacía, porque sentía el rostro caliente, por lo que probablemente estaba sonrojado.

—¿Qué te dije sobre no tocar mis cosas?

Aunque lo regañó, la voz de Pran era cálida y no era un reclamo real. Pat nunca había analizado eso, pero realmente eran contadas las veces en las que Pran realmente se enojó con él, incluso desde que comenzó a coquetearle con la comida después de su reencuentro.

No, espera… no coquetear, simplemente… reavivar su amistad.

Pran se acercó a él y de repente Pat tenía el pecho de Pran pegado a su espalda, y Pat realmente creía que iba a empezar a hiperventilar si pensaba en ello. Pran alargó el brazo para tomar el tubo de mayonesa y cerrarlo correctamente, murmurando sobre cómo Pat siempre era desordenado al comer.


—Oye, Pat, ¿te sientes mal? Te estás poniendo rojo.

Pat giró de inmediato, por lo que ahora era su pecho contra el de Pran. De repente, la respiración de Pran también se cortó. Como Pat era un poco más alto que él, Pran tuvo que inclinar su cabeza un poco hacia arriba. Tragó saliva; Pran siempre fue guapo, pero esta vez, Pat pensaba que el otro lucía extremadamente lindo con esa expresión de confusión. Afortunadamente, porque no quería pensar en lo otro, en lo sexy que Pran se veía. No, definitivamente no sería bueno.

—Eh… —Pat no podía formar palabras, pero ese sonido pareció hacer reaccionar a Pran, quien rápidamente quiso separarse de él.

Pat lo tomó por la cadera, impidiendo el movimiento de Pran. Un pequeño suspiro se escapó de los labios de Pran y Pat solo quería acercarlo más a él. Quería tocarlo, y quería tocar la marca en su pecho. Quería besar los labios entreabiertos que lucían tan suaves y brillantes, y quería acariciar el rostro de Pran, y quería…

Quería ver cómo sus marcas se completaban entre sí después de enlazarse.

—Pat —susurró Pran. No supo cómo, pero sus rostros se habían acercado mucho, así que podía sentir el aliento de Pran en su rostro—. Pat —repitió, la voz pequeña.

Eso fue todo lo que necesitó para inclinarse y besarlo.

No fue un beso largo, Pat se separó casi de inmediato de Pran, pero fue suficiente para que viera cómo los ojos de Pran brillaban con lágrimas contenidas. Pat levantó una mano para limpiar su rostro, pero no logró hacerlo porque de pronto Pran lo estaba jalando de nuevo y esta vez fue un beso más profundo y que desató un mar de emociones dentro de Pat. Sus bocas se movieron, sus lenguas se movieron, y fue desordenado pero precioso. Pat no querría que el beso fuera diferente. La calidez y el alivio que sentía eran indescriptibles, un cosquilleo o un aleteo o lo que fuera, un escalofrío que sintió atravesar todo su cuerpo.

Cuando se volvieron a separar, ambos estaban llorando. Pat se habría asustado, pero sonrió cuando también vio la sonrisa de Pran asomarse. Presionó otro beso en la frente de Pran para calmarlo, y luego Pran enterró la cabeza en su cuello, temblando y sollozando.

—Shh, está bien, está bien —lo tranquilizó—. Estará bien.

Tenía que estar bien.


Pran

Pat duerme con él esa noche. Era la primera vez, desde que nacieron, que compartían cuarto y cama. Pran había estado menos calmado que Pat en el exterior, pero podía decir que todo esto había afectado al otro de igual manera, si los latidos de su corazón eran indicadores de algo. Con menos vergüenza de la que pensó que tendría, los dos se aferraron y charlaron un poco antes de quedarse dormidos.

Después de su segundo o tercer beso, Pran había dejado de sentir que tenía el peso del mundo sobre sus hombros. Un alivio inmenso y también un amor inmenso se manifestaron, sumados a una tranquilidad que no había sentido desde que se enteró de que él y Pat eran almas gemelas. Pran no pensó mucho en eso sino hasta la mañana siguiente, cuando se levantó antes que Pat y fue directo a su baño para prepararse para la escuela.

Entonces la vio.

Era su marca de alma gemela, el rostro sonriente de Talía delineado en azul seguía tan brillante como siempre, pero ahora no estaba sola. Justo a su lado, casi pegado al rostro de Talía, se encontraba el dibujo de su complemento trágico, el rostro de Melpómene, pintando en el mismo tono de rojo que Pat le había mostrado hace tantos años, por fin completando el dúo de tan conocidas máscaras de la comedia y la tragedia.

—¡Mierda!

Su grito despertó a Pat, quien corrió al baño, alarmado por lo que escuchó.

—¡Pran! ¿Qué pasó?

Pran encaró a Pat, y este no parecía encontrar nada malo, hasta que él mismo señaló su pecho y entonces los ojos de Pat se posaron en él. No hubo tiempo de avergonzarse porque el rostro de su alma gemela puso una expresión divertida y luego lo señaló con la mano temblorosa.

—¡Pran! ¡E-eso es…!

—¡Está completo!

Pat entró en pánico. Corrió hacia el espejo y se descubrió la zona de su cadera, revelando su mitad conocida de la marca, que ahora también estaba completa con el dibujo en azul. Pat se detuvo unos segundos para apreciarla antes de volver a girar.

—¿Cómo pasó?

Pran sacudió la cabeza.

—No lo sé. Ayer no hicimos nada que… ¡oh, espera! ¿Fue el beso? ¿Los besos forman enlaces?

Pat negó.

—No, la única forma de enlazarse es por voluntad. Si ambos están dispuestos y hay contacto físico con las marcas, entonces uno se enlaza. Si no hay acuerdo, incluso si nos tocamos, no debería haber enlace.

Pran cerró la boca.

—No lo entiendo —siguió hablando Pat, ahora mirando a Pran fijamente—. Anoche nosotros solo… oh. Um, Pran…

—¿Sí?

—Anoche, de casualidad… ¿pensaste que podríamos enlazarnos? Quiero decir, ¿que querías que nos enlazáramos?

Pran enrojeció.

—Porque yo lo hice —agregó Pat.

—¿Qué?

—¡Ey! Los sentimientos son abrumadores, ¡tengo que procesarlos de algún modo! Solo dime, ¿lo hiciste?

Reacio, Pran asintió.

—Lo hice.

—¡Entonces ahí está! Nos enlazamos.

Pran apretó los labios.

—¿Así de fácil? No suena creíble.

—Bueno, se sintió increíble. Ya decía yo que el besarte era como entrar en el paraíso, tal vez también fue la sensación del enlace.

—¡Pat!

—¿Qué? Al menos comprobamos algo.

Pran frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

—Dime, ¿te sientes menos enamorado de mí?

El sonrojo aumentó su intensidad.

—Yo no dije que estaba enamorado de ti.

—Bueno, entonces… ¿lo estás? Porque yo lo estoy.

Pran miró a otro lado, pero asintió.

—¡Listo! Almas gemelas románticas, entonces. Todavía quiero besarte, abrazarte y llamarte mi novio.

Pat estaba… extrañamente entusiasmado.

—Ahora —cantó Pat—, mi querido Pran, ¿qué sigue?

Pran torció los labios.

—¿Puedo llamarte mi novio?

Sonrió.

—Mn.


Era verdad lo que decían sobre la buena suerte, y también era la razón por la que Pat parecía ver hacia el futuro con positividad. Pran había expresado su miedo a ser descubiertos por sus padres, pero Pat lo calmó dándole una serie de razones por las que, incluso si sus padres se enteraban, no podrían hacer gran cosa:

  1. Las almas gemelas tienen buena suerte cuando están juntas.
  2. Las almas gemelas románticas enlazadas no tienen historial de rupturas o separaciones que no incluyan a la muerte.
  3. Si intentaran separarlos, sería como condenar a muerte a ambos, algo que sus padres obviamente no harían.

A pesar de eso, Pran todavía estaba inseguro. Pat lo calmó de inmediato, y, cuando sus amigos se enteraron (no del enlace, sino de su relación), se permitió disfrutar un poco de su nueva vida.

Si Pat era una persona naturalmente cariñosa, como novio era extremadamente acaramelado. No solo los apodos que le daban le hacían sentir mariposas en el estómago, sino que se volvió increíblemente romántico y detallista, más de lo que ya era. Pat lo acompañó en el viaje de voluntariado que hacía su facultad, donde pasaron un tiempo realmente bueno haciendo las actividades y familiarizándose con el lugar. Incluso conocieron a un niño con el que hubo una conexión al instante, así como a su guía e instructor durante todo el viaje. Tuvieron una especie de luna de miel que estuvo llena de momentos lindos y cursis que podrían causarle diabetes a cualquier persona.

Por ejemplo, un día se levantó temprano porque se había ofrecido a ir al mercado con el tío Tong (el dueño del lugar donde se estaban quedando). Le habían dicho que iría a comprar algunos ingredientes para la comida de los alumnos, por lo que él estaba contento de ayudar. Subió a la camioneta y se encontró con ese niño que ya había visto en alguna ocasión. Su nombre era Junior, si no se equivocaba. Él y Junior se subieron a la parte trasera de la camioneta, esperando a que el tío Tong regresara.

—¡Ah, qué bien, no se han ido!

La voz de Pat lo alertó, y vio cómo este corría en dirección a la camioneta. Pran no pudo evitar sonreír un poco cuando lo vio, preguntándose qué tramaba su novio (¡novio!). Cuando el tío Tong regresó, Pat le preguntó si podía acompañarlos, a lo que estuvo de acuerdo y entonces también estuvo Pat en la parte trasera.

—Ey, tú —saludó.

—Ey.

—¿Qué estás haciendo aquí?

Pat le pellizcó las mejillas.

—Paso tiempo con mi novio.

En cuanto la camioneta avanzó, Pat tomó asiento junto él, tomando sus manos y entrelazando los dedos. Pran se sintió nervioso, pero no hizo ningún intento por apartarlo, porque, de cualquier modo, nadie ahí los conocía y tampoco podían juzgarlos. Junior miró sus manos y les sonrió.

—¿Cuánto tiempo llevan juntos?

Pat fingió pensarlo, pero Pran respondió:

—Un par de semanas.

—Un par de semanas, oficialmente —añadió Pat.

Junior rió.

—Es bueno. Mi mamá dice que siempre es motivo de celebración cuando las almas gemelas se juntan.

Pran alzó una ceja.

—¿Ah? ¿Cómo te diste cuenta?

—Es fácil —dijo Junior—: porque lo parecen. Siempre ganan en los juegos cuando están emparejados, de alguna manera, en el sorteo, les tocó compartir cabaña, y tampoco los he visto despegados mucho tiempo. También parece que es más fácil para ustedes dos relacionarse, y tienen esa aura brillante que se ve en los programas de televisión.

—Eres un niño listo —elogió Pat.

El tío Tong se llevó a Junior a otra parte mientras ellos dos hacían las compras. Pat se mantuvo pegado a él y lo distrajo muchas veces, y eso impedía que encontrara algunos ingredientes por momentos; sugería otros, quería dulces, y más interacciones que lo hicieron suspirar con cariño y frustración al mismo tiempo. Una de las vendedoras hizo un comentario sobre cuán lindos se veían juntos, lo que, sinceramente, aceleró el corazón de Pran y lo hizo sentirse orgulloso.

En el camino de regreso al resort del tío Tong, la camioneta se atascó en un charco lodoso, por lo que ambos intentaron ayudar empujándola. Fue un éxito, pero Pran se cayó en consecuencia y terminó sucio; Pat se rió de él, pero la sonrisa casi no duró nada cuando Pran se acercó a él y lo abrazo por enfrente. Pat se retorció, lo que resultó en que el lodo solo se embarrara más por su ropa y piel, y, al final, Pran incluso le dio un beso en la mejilla para que se ensuciara más.

Como consecuencia de eso, el tío Tong los dejó en una de las playas para que se lavaran mientras él terminaba otros recados. Pran y Pat jugaron un rato en el mar hasta que todo el lodo se cayó de sus cuerpos y después se sentaron juntos en la arena.

Fue un momento agradable, incluso si no dijeron nada. Sus manos entrelazadas, las miradas que compartieron y el brillo en los ojos de Pat le dijeron a Pran que todo iba a estar bien. Ahora que incluso el destino estaba a su favor, Pran se sintió valiente y fortalecido para enfrentar al mundo siempre y cuando Pat estuviera a su lado.


En su segundo año, Paa se mudó con Pat. De alguna manera, esto cambió su relación, pero no de la manera que pensaban. Antes del ingreso de Paa, Pat solía pasar tiempo en su propio departamento por espacio personal u otras razones, pero no ahora. Cada vez que regresaban de clases, Pat iba directamente al departamento de Pran y ahí hacía sus tareas, comía, se duchaba y hasta dormía. Hubo un punto en el que las batas de Pran y Pat estuvieron colgadas una al lado de la otra para mayor comodidad, así como ropa y utensilios de Pat por todo el departamento de Pran.

Korn y los demás amigos de Pat también pasaban tiempo en su departamento, aunque no tan seguido. En cuanto se vieron obligados a convivir con sus propios amigos, las cosas fueron un poco más fáciles. Wai y Korn, especialmente, resolvieron todos los conflictos que tenían y se volvieron buenos amigos. Los roces entre ambas facultades no disminuyeron y el legendario enfrentamiento no desapareció, pero todos sabían que él y Pat eran una pareja y que el conflicto no les afectaba, por lo que eso se extendió a sus pandillas, formándose una sola pandilla que era algo así como un terreno neutral.

Ambos recuperaron su amistad con Ink. Ella pasaba mucho tiempo con ellos y también salía con Paa. Resultó que Ink y Paa se encontraron un día que ella fue a la universidad; Ink estaba haciendo una sesión de fotos para promocionar la marca de ropa de uno de sus amigos y vio a Paa, por lo que charlaron un rato y ella terminó mostrándole a Paa sobre su trabajo y su especialidad. Derivado de esto, Paa decidió inscribirse en la misma facultad que ella, unirse al mismo club y básicamente estar con Ink casi todo el tiempo.

La relación con sus padres no cambió. Ellos no sabían absolutamente nada, sobre su noviazgo o sobre ser almas gemelas, y fue sorprendentemente fácil ocultarles ambas cosas. Ming presionó a Pat para que se uniera al equipo de rugby de la universidad, lo que era un peso extra para su novio, quien en realidad no quería seguir practicando ese deporte. Wai y Korn ayudaron, sin embargo, y le dieron ánimos; además, Pran también se volvió su animador personal.

A mediados del segundo mes, el departamento de Arquitectura mencionó que iban a presentar una obra de teatro para un evento anual por parte de la facultad. Wai se había unido al staff, pero Pran no tenía tiempo, por lo que rechazó cortésmente cualquier oferta. Sin embargo, pronto Wai le pidió que lo ayudara en la sección de sonido, porque el equipo de rugby consumía todo su tiempo. Con algo de renuencia, Pran terminó aceptando.

Los protagonistas de la obra eran Kwan y Riam, dos almas gemelas que tenían un amor prohibido al estilo Romeo y Julieta. Crecieron juntos desde pequeños, con sus familias odiándose entre sí, y pronto a Riam lo comprometieron con una persona elegida por sus padres; cuando fue la fiesta de compromiso, la familia del prometido de Riam invitó a la familia de Kwan, donde ambos se conocieron y descubrieron que eran almas gemelas. Luego se enamoraron. Riam quería enlazarse, pero Kwan tenía miedo de lo que podría pasar si lo hacían; los mismos miedos de siempre, las mismas incertidumbres. Parecía un chiste que se asemejara tanto a su propia vida.

El actor seleccionado para Riam fue Pat. Alumnos de otras facultades podían unirse, y Pat fue intencionalmente a buscar el papel de Riam para poder estar con Pran más tiempo. Al principio P’Toto (el director de la obra) pensó que solo era una excusa y que Pat no se iba a tomar en serio la audición, pero Pat no solo demostró ser responsable sobre ello, sino que también enseñó su talento como actor y como músico. Fue fácilmente aceptado, y pronto estuvieron los dos ensayando dicha obra de teatro.

Fue en medio de todo esto que surgió el verdadero problema.


Un par de noches antes del estreno de la obra, Pat llamó a Pran.

Era fin de semana, por lo que ambos regresarían a sus casas. Pran salió a beber con Wai antes de regresar, pero Pat y Paa ya estaban ahí cuando recibió la llamada.

—¿Pat?

Esperaba escuchar la voz de su novio, tal vez acaramelado y haciendo pucheros porque estaban separados (Pat ya lo había hecho una vez, fue lindo), pero, en su lugar, escuchó un sollozo que lo hizo detener todos sus movimientos en el acto.

Pat nunca lloraba en voz alta.

—Ey, ¿qué ocurre?

A su lado, Wai preguntó quién era y solo pudo modular el nombre de su novio antes de que escuchara cómo Pat se aclaraba la voz:

—Papá se enteró de la obra —murmuró Pat.

Pran estuvo alerta de inmediato.

—¿Estás bien? ¿Te dijo algo? O… ¿te hizo algo?

—No, no me hizo nada. Solo que… ¿puedes venir? Por favor.

—Por supuesto, estaré ahí enseguida.

Colgó y vio que Wai todavía lo miraba con preocupación.

—Lo siento, Wai. Pat está en problemas, tengo que regresar.

—Ey, no te disculpes. Suena serio. ¿Quieres que te dé un aventón a casa? Mi turno terminó.

Pran aceptó y agradeció. Llegó a casa rápidamente en la motocicleta de Wai. Desde la distancia se podía ver que la luz del cuarto de Pat estaba apagada, lo que preocupó un poco a Pran. Sin embargo, no fue eso lo que asentó el pánico en su estómago, sino el hecho de que había personas afuera de ambas casas. No, no solo personas.

Eran sus padres.

Bajó de la motocicleta de Wai y este se quedó apartado, pero no se fue. El apoyo moral fue apreciado cuando vio que Pat también se encontraba con ellos. Pat podía ser una persona grande, musculosa e imponente, pero Pran sabía bien que el chico era tan suave como un malvavisco y más sensible que la mayoría de las personas. A juzgar por cómo apretaba los puños, solo podía deducir que Pat estaba tratando muy duro de no romperse en medio de la calle con sus padres presentes.

—¿Qué está pasando?

Ming lo miró enseguida.

—Ahí está. ¿Lo llamaste?

Pat no respondió.

—Deja a mi hijo en paz —dijo Dissaya, extendiendo una mano—. Pran, ven aquí, no te acerques a ellos.

Pero no obedeció. Miró fijamente a su madre y a su padre antes de caminar hacia Pat, tomándolo por los hombros y revisando su rostro.

—¿Estás bien?

Pat asintió, al mismo tiempo que escuchó a su madre gritar:

—¡Pran!

—¿Lo ves? —Ming sacudió sus manos—. Es tu hijo el que está engañando al mío.

—¿De qué estás hablando? Mi hijo no es amigo de delincuentes, debe ser tu hijo el que está engañando al mío.

Pran enfrentó a su madre.

—¿Por qué están peleando esta vez?

Dissaya se cruzó de brazos, y fue Ming quien respondió:

—Me enteré de que Pat está en una obra de Arquitectura y que ha estado faltando a las prácticas de rugby. Claramente esto es a causa de alguien, ¿no es así?

Pat sacudió la cabeza.

—Papá, ya te dije que fui yo quien quiso entrar, Pran no me dijo nada.

La madre de Pat suspiró, su propio padre solo tomó a Dissaya en sus brazos, murmurando algo para tranquilizarla. Ming sacudió la cabeza con desaprobación.

—Pensé que conocías tus prioridades —le dijo a Pat.

Eso enfureció a Pran.

Pat, toda su vida, había hecho lo que su padre le ordenaba. Siempre, ni una sola vez desobedeció. Ganarse el favor de su padre siempre fue algo que Pat quería, algo que anhelaba, y hacer todo lo que él le decía era su manera de pedirlo, de mostrar que haría lo que quisiera. La obra de teatro era algo que Pat realmente quería hacer para sí mismo, por lo que Ming en realidad no tenía ningún derecho de decirlo.

Quería decirlo, pero la mano de Pat lo detuvo. Su novio negó con la cabeza.

—Y ahora eres su amigo —agregó Ming con desprecio—. De todas las personas, eres su amigo.

Esta vez, fue Pran quien detuvo a Pat.

Dissaya no estaba contenta.

—¿Oh? ¿Y eres tú quien lo dice? ¡Qué hipocresía!

Eso los hizo detenerse. Ming de repente parecía sorprendido, dio un paso hacia atrás y miró a todos lados menos a la madre de Pran. Pat se puso enfrente de él.

—¿A qué se refiere?

Ming no dijo nada, pero Dissaya rió.

—Oh, ¿no se lo has dicho?

—No es como si fueras mejor —respondió la madre de Pat— Tampoco le has dicho a tu hijo, ¿verdad?

Ahora, su madre también se quedó callada.

—¿Decirnos qué? —preguntó Pat.

Se quedaron en silencio. Pran se preguntó si sus vecinos saldrían a escuchar la pelea, y vio que, de hecho, algunas personas estaban mirando por sus ventanas. Giró hacia Wai, quien seguía ahí, y tiró de Pat.

—No me importa —dijo Pran—. No me importa la pelea que tengan en este momento. No es mi asunto, tampoco es asunto de Pat.

Su madre se sobresaltó.

—¡Oye, Pran!

—Si ustedes van a seguir con su rivalidad infantil, entonces háganlo sin nosotros. No me importa qué van a sacar del pasado, si es por el negocio o lo que sea, realmente no me importa.

Luego llegaron hasta Wai.

—Lo siento por esto, puedes regresar. Pat y yo iremos en autobús a los dormitorios.

Wai asintió.

—Uhm, sí. Entonces… nos vemos luego.

A medida que Wai se alejó, Pat y él también comenzaron a caminar hasta la parada del autobús. En silencio, ambos subieron y se sentaron juntos, tomados de la mano, y simplemente reconfortándose el uno al otro hasta que llegaron a los dormitorios.

Durmieron juntos sin hablar, en un acuerdo tácito para no mencionar nada del asunto, al menos mientras estaban agotados emocionalmente.

La mañana siguiente a esa noche, su madre lo llamó.

—Pran, ¿dónde estás?

—En los dormitorios.

Escuchó que su madre suspiraba con alivio.

—Pensé que… olvídalo. Ven a casa, necesitamos hablar.

Pran miró a Pat, quien se encontraba profundamente dormido entre sus sábanas. Era sábado, Pran estaba cansado y sabía que él y Pat necesitaban despejarse un poco. Con la voz firme, rechazó a su madre y le dijo que necesitaba tranquilizarse antes de hablar con ella. Dissaya, de alguna manera, supo que Pran y Pat estaban juntos, pero no dijo nada más además de pedirle que fuera al día siguiente.

Pran fue a preparar el desayuno. Estaba tarareando una canción cuando Pat finalmente se despertó por el olor de la comida. Su novio se veía mejor, aunque tenía los ojos ligeramente rojos por haber llorado la noche anterior. Pran no comentó nada, y Pat tampoco, ambos sentándose a desayunar y bromeando sobre la obra.

Era cerca de mediodía cuando decidieron poner una película. Pat se había terminado todas sus golosinas, por lo que Pran fue a la tienda de conveniencia mientras Pat buscaba qué ver. Sus pensamientos vagaron cuando iba de regreso, un mensaje de Wai preguntándole cómo estaban lo hizo suspirar. Se preparó para entrar, respiró hondo y luego puso una sonrisa que sabía que animaría a Pat.

En general, fue una tarde divertida. Pran y Pat jugaron un poco después de terminar la película, pidieron comida, se besaron un rato y terminaron acostados en la cama de Pran, abrazados y sin decir nada.

Eso hasta que Pat habló.

—Quiero decirles.

—¿Uhm?

—Sobre nosotros. Quiero decirles.

Pran entrelazó sus manos.

—Seguro.

Pat lo miró con incredulidad.

—¿Estás bien con esto? ¿No te preocupa?

Pran sabía que él solía ser el más reacio a dejarse descubrir. Sin embargo, estaba harto de esa rivalidad familiar. Ya se había enlazado con Pat, no había absolutamente nada que pudieran hacer para separarlos, incluso si querían. Incluso si lo intentaban, Pran era un adulto, podía tomar sus propias decisiones. Esto era algo de lo que había estado terriblemente asustado la primera vez que vio la marca de Pat, pero no más.

—Lo hace —respondió—. Pero me preocupo más por ti.

Entonces, decidieron regresar juntos el domingo. Estaban preparados para cualquier cosa que pudieran decir. Incluso estaban preparados por si eran despreciados o si los echaban de casa. Wai y Korn los estaban esperando en el auto de Korn, a unos cuantos kilómetros, y solo bastaría una llamada para que pasaran a recogerlos.

Cuando Pran entró a su casa, vio que su madre estaba en la cocina. Respiró hondo y se acercó a ella. Dissaya lo detectó de inmediato, seguramente ya lo estaba esperando. Le dedicó una pequeña sonrisa antes de invitarlo a sentarse a la mesa.

—Preparé sopa picante. ¿Tienes hambre, Pran?

Él negó. Su estómago se sentía revuelto, necesitaba decirlo de inmediato o solamente alargaría la agonía.

—Mamá, sobre ayer…

Dissaya rápidamente frunció las cejas.

—No sé qué pasó ayer —dijo ella—. Pero quiero que me digas la verdad, hijo. ¿Eres amigo de ese chico?

Pran sacudió la cabeza.

—No, mamá. No somos amigos.

La miró fijamente, esperando que eso le dijera algo a Dissaya. Su madre era una mujer extremadamente inteligente, ella podía deducirlo rápidamente. Una expresión de desconcierto e ira cruzó sus rasgos, deteniendo el movimiento de sus manos que pretendía servirle de comer.

—¿Qué?

Le recordó a la vez que le dijo a Wai. Su madre estaba a punto de repetir las mismas palabras, por lo que habló antes de que ella pudiera externar sus suposiciones.

—Somos novios.

—¡Pran!

El grito fue acompañado de un golpe. Una cachetada. Fue un poco más doloroso de lo que esperaba; su madre nunca lo había golpeado, ni una vez en su vida. Las lágrimas se acumularon en sus ojos, pero no por el dolor físico, sino porque podía sentir que esta conversación no iba a terminar bien.

Los ojos de Dissaya estaban también rojos. Parecía herida, o traicionada. Cualquiera de las dos no eran un buen presagio. Sus manos temblaron, su cuerpo picaba por correr hacia Pat y simplemente abrazarlo e irse de ahí, pero sabía que tenía que esperar. Esperar hasta que lograra tener una conversación civilizada con su madre o hasta que Pat anunciara algo.

—Y no voy a alejarme de él, por si te lo preguntabas —continuó—. No podría, aunque quisiera —sonrió, mirando hacia abajo y tocando su pecho.

A esto, Dissaya frunció las cejas.

—¿A qué te refieres?

Mientras lo hacía, la mirada de su madre viajó hasta la mano de Pran que presionaba contra su pecho. El silencio se asentó, pesado, mientras ella procesaba lo que estaba viendo. Luego, otra expresión apareció, pero esta vez él no pudo interpretarla.

—No me digas que… Pran… ese chico…

Asintió.

—No puede ser… —murmuró Dissaya—. ¿Desde cuándo lo sabes?

Okay, ella estaba muy tranquila. Esa no era la reacción que esperaba.

—Desde la secundaria, justo antes de que me enviaras al internado.

Su mirada se alzó.

—Espera. Dijiste que no podías separarte de él, aunque quisieras. Pran, por favor, dime que no te enlazaste con ese chico. Dime que no hiciste algo tan irresponsable.

Pran se cruzó de brazos.

—¿Por qué sería irresponsable? Tengo veinte años, puedo tomar mis propias decisiones.

—¡Pero es ese chico! ¿Sabes acaso lo traidores que son? ¡Son embusteros!

—¡Pat no es así, mamá! Él no es así, no es su padre.

Dissaya rió.

—Él es como su padre. Cuando éramos jóvenes, ese sujeto también hacía todo lo que su padre le decía. Hizo todo y eso lo volvió quien era. ¿No es ese chico también así? Complacer a su padre es todo lo que sabe hacer.

Pran estaba un poco harto.

—“Ese chico”, siempre es “ese chico”. Nunca lo llamas por su nombre. Mamá, Pat es un individuo independiente a su padre, es su propia persona, puede tomar sus propias decisiones. Él no es como tú dices, lo sabrías si te dieras la oportunidad de conocerlo.

—Oh, yo sé cómo será.

—¿Por qué insistes en que Pat es como su padre? —preguntó ya exasperado—. Incluso si tuvieras razón, incluso si Pat solamente se dedicara a complacer a su padre, ¡eso no me va a afectar a mí! Mamá, Pat es mi alma gemela, las almas gemelas no se traicionan.

—¡Claro que lo hacen!

—¡¿Cómo lo sabrías?!

—¡Porque Ming lo hizo!

Silencio.

Las respiraciones de ambos estaban agitadas por haber alzado la voz. En sus recuerdos, su madre solo gritaba cuando era hacia Ming, en general, nunca le gritó a él. Pero ahora parecía que se había desahogado, porque rápidamente volvió a su estado calmado anterior.

—¿A qué te refieres? —preguntó, en parte no queriendo escuchar lo que ya estaba deduciendo.

—Yo sé que las almas gemelas pueden traicionarse entre ellas. Ming lo hizo. Conmigo —respondió Dissaya—. Él es la razón por la que perdí mi futuro, también es la razón por la que no puedo largarme de aquí.


Pat se encontraba en su sala, por primera vez en su vida, y Pran no podía sentirse ni un poquito feliz de que eso sucediera, porque tenía a la mejor mamá del mundo y al mejor novio del mundo y ahora los dos estaban llorando enfrente de él, y él no sabía qué podía decir para calmarlos.

Dissaya permitió que Pat entrara, lo que era relativamente lógico, porque ella ahora sabía toda la verdad sobre ellos dos. Intentó, sabe que por Pran, calmarse sobre la situación y ponerlos en contexto para que pudieran decidir. Dissaya siempre fue más racional, pero nunca fue fácil hablar con ella cuando se trataba de Ming. Ahora que estaba explicando lo sucedido, podía decir cuánto quería que Ming estuviera ahí para confirmar lo… terrible persona que había sido.

Pran solo pudo apretar la mano de Pat. Sabía que esto era mucho más difícil para él que para cualquiera en esa sala. Para empezar, era algo que había pasado hace más de veinte años, Dissaya estuvo viviendo toda su adolescencia y juventud con esa información, pero Pat no. Para él, su padre era una especie de ídolo al que quería complacer para tener su aprobación. Una figura de respeto, una persona que, además de un conflicto aparentemente infantil entre dos familias, era un buen hombre.

Eso se desmoronó en segundos con la historia de Dissaya.

—Él y yo fuimos amigos desde pequeños —había dicho ella—. Los mejores amigos. Si regresan a la primaria o a la secundaria donde estudiamos, los profesores podrán confirmártelo. Teníamos una competencia amistosa sobre calificaciones, ambos queríamos complacer a nuestros padres, pero era emocionante. Planeábamos ir juntos a la universidad, que nuestros hijos fueran amigos, tantas cosas que tuvieron sentido cuando tuvimos doce años y nos dimos cuenta de que éramos almas gemelas.

Pat y Pran seguían impactados por esa parte. Su padre y su madre eran almas gemelas, él y Pat también lo eran. ¿Era casualidad? ¿Karma? ¿Destino? Las probabilidades eran casi nulas de que eso pasara, ¿por qué ocurrió con ellos? Ninguna pregunta sería respondida pronto, no mientras Dissaya siguiera hablando y ellos escuchando.

—Nos conocíamos desde siempre, nuestra relación solo se fortaleció cuando nos enteramos —Dissaya sonrió con nostalgia, jugando con sus manos—. Estábamos tan seguros de que teníamos un vínculo inquebrantable, que decidimos enlazarnos a los quince años. El enlace reveló que éramos almas gemelas platónicas. Conforme iba acercándose el momento de elegir universidad, tu abuelo —le dijo a Pat— comenzó a presionarlo más. Ser el mejor, nunca fallar. La competencia amistosa entre nosotros se volvió una competencia seria. Empezamos a pasar menos tiempo divirtiéndonos y más tiempo estudiando para los exámenes. Yo apliqué para una beca, estaba tan segura de que iba a conseguirla… Pero luego un profesor me dijo que yo me había retirado de la convocatoria, que al final no me registré.

Dissaya miró fijamente a los ojos de Pat.

—¿Puedes adivinar qué sucedió?

Su novio negó con la cabeza.

—Tu abuelo le dijo a Ming que me retirara del registro para que él pudiera conseguir la beca. Y él lo hizo. Me enteré después, cuando vi que él fue aceptado en la universidad. Cuando se graduó, se hizo cargo inmediatamente del negocio familiar. ¿Por qué fue lo hizo si de cualquier manera él tenía que administrar el negocio? Por supuesto, le pregunté, le pedí que se disculpara y lo explicara, pero no lo hizo.

Pat inhaló, controlándose. Pran podía ver que quería llorar más fuerte, y no dijo nada, porque Dissaya no los estaba mirando con el habitual enojo, sino con cansancio y resignación.

—Obviamente nuestra amistad se rompió. No quería verlo de nuevo, pero no podía alejarme de él por demasiado tiempo. Entonces tuve que quedarme aquí. El resto es historia.


Al final, Dissaya sabía que no podía separarlos. Pran le había dicho el tipo de enlace que tenían, le dijo cómo nunca fueron realmente enemigos y cómo estaban seguros de que Pat no era su padre y que no haría nada similar. De hecho, Pat juró que no tenía ninguna intención de hacerle daño y que, incluso si su padre pretendía que lo hiciera, estaba dispuesto a cortar su relación con su padre si mantenerla lo hacía sufrir (si hacía sufrir a Pat también, no dijo, pero Pran sabía que lo pensó).

Cuando regresaron a los dormitorios, ambos estaban cansados, pero también estaban parcialmente aliviados. Ming se había enojado fuertemente con Pat, por lo que no querían pensar en él, tampoco en la historia de Dissaya. Pran y Pat solamente se tendieron al lado del otro, contemplando la vida e intentando no desmoronarse. Fue relativamente fácil si recordaban que tenían que realizar la obra de teatro. Ahora que todos lo sabían, incluidos sus padres, no sería necesario ocultar su relación, ¿verdad?

La semana siguiente fue un borrón. La obra de teatro fue un borrón feliz. Al final del mes, ambos estaban tan emocionalmente agotados que funcionaban como robots que necesitaban recargarse con la presencia del otro. Sus amigos vieron eso y parecían preocupados. Paa volvía a casa los fines de semana, pero cada vez lo hacía menos. Ella no dijo nada, pero Pran sabía que Paa estaba tomando su propio lado, y ella claramente estaba del lado de su hermano. El apoyo fue bienvenido, realmente, sobre todo porque era Pat el que todavía tenía problemas con sus padres.

Sorprendentemente, Pran no los tuvo. Su propio padre era una persona muy persuasiva, y sabía cómo tranquilizar a su madre. De alguna manera, logró que Dissaya estuviera al pendiente de ambos y les diera, a regañadientes, su bendición. Además, los había invitado una vez a cenar a su casa, invitación que tuvieron que rechazar porque Pat todavía no quería volver, pero que igualmente se sintió como si, por primera vez desde que tenían memoria, tuvieran una relación normal.

Pran y Pat decidieron tomarse una semana libre cuando el semestre terminó. Le avisaron a Dissaya y a Pakorn que no estarían en la ciudad, pero no les dijeron a dónde irían. Paa tampoco sabía hacia dónde iban, pero ella les deseó buena suerte.

Habían mantenido nulo contacto con el tío Tong, razón por la que él no los reconoció cuando llegaron a la playa zero waste, pero pronto lo resolvieron y luego todo simplemente fluyó.

La primera noche que durmieron en una de las cabañas, Pran miró el perfil de Pat mientras estaba dormido. Pensó en cómo la vida los condenó y los bendijo al mismo tiempo, siendo almas gemelas y todo el asunto, pero también pensó que él no querría que fuera de otro modo. De alguna manera, su estatus les permitió ser más fuertes y confiar en el otro de manera que todo lo que enfrentaron no se sintió como un obstáculo imposible. Quizá, si no lo fueran, todo habría sido diferente y ellos no estarían de vacaciones ahí. Quizá ni siquiera se habrían enamorado. No lo sabía, pero Pran agradecía que esa fuera la vida que les tocó.

El resto se resolvería solo.

Notes:

¿No fue raro cuando Ming le dijo a Pat que la familia de Pran debió mudarse cuando trasladaron a Pran? Y luego pensé, bueno, ¿por qué no se mudaron? No sé si esa casa había sido de la familia de Dissaya, pero... Luego se me ocurrió: "Entonces, ¿qué pasa si Dissaya y Ming son físicamente incapaces de vivir alejados?", y así salió este one-shot.
¿Realmente escribí 11k palabras solo para esa escena? Sí, absolutamente.

También me hubiera gustado ver a Pran y Pat realmente enfrentar a sus padres sin tener que ocultar de nuevo su relación. Eso hicieron aquí. Dissaya lo aceptó rápido porque ama a su hijo más de lo que desprecia a Ming. Ming debe aprender a disculparse y no solo dejar que el tiempo "sane" las cosas.

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