Actions

Work Header

Anémonas

Summary:

San Valentín era una celebración especial para Bonten. Las cenas lujosas siempre los acompañaban; al igual que los misteriosos regalos de Mikey.

Notes:

Reuní (al fin) un poco de valor para subir este OS. Aunque sea un mes tarde, ¡espero que lo disfruten!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

El 14 de febrero no era diferente para las organizaciones criminales. Al menos en Bonten, gracias al espíritu infantil de Mikey —o lo que quedaba de él— hacían una pequeña cena celebración. La dinámica era un poco tétrica para el gusto de Kokonoi; una fecha especial como esta se debía pasar diferente. Sin embargo, qué más da si solo se tienen entre ellos. Al menos, así se intentaba convencer mientras observaba su silueta cansada en el espejo, cerciorándose de llevar todos los accesorios a juego con el conjunto.

 

Su celular sonó, distrayéndolo de su reflejo. No sin antes revisar por última vez su perfecto delineado rojo, acompañado de un corazón al final, quiso jugar con la ocasión. El mensaje en su pantalla era justo el que esperaba, el chofer avisando que llegó. Le gustaba la puntualidad, por lo tanto salió mucho antes que cualquiera de los demás.

╰───────────✧──────────────╮

Kokonoi también llegó temprano para asegurarse de que todo estaba en orden. Una mesa privada, los mejores chefs e ingredientes y una vista espectacular. Agradeció a la suerte por la noche tan despejada, decidiendo dejar su semana tan estresante de lado. Hoy merecía descansar, una buena comida y una copa de vino.

Kakucho pensó lo mismo, siendo el segundo en llegar se posicionó a su lado, ofreciéndole una copa. Gustoso la recibió, inclinándola para oír el característico sonido producido por el choque de ambos objetos de vidrio. No obstante, la paz duró poco. Subiendo por las escaleras se podían escuchar las risas y jugueteos de los Haitani, junto a Sanzu.

Mikey fue el último en llegar ese día, lo esperaron aproximadamente media hora. Mochizuki y Takeomi ni siquiera se molestaron en ir, de hecho, nunca habían asistido.

Y como todos los años, la cena transcurrió de manera muy robótica. Los cubiertos sonando contra el plato, miradas cómplices y alguna que otra conversación porque comer en silencio era muy incómodo.
No sabía si era la fecha u otra situación, pero habían tenido reuniones más normales y menos sintéticas, aunque fuesen de trabajo. Solo a Mikey parecía no incomodarle.

Hasta les llevaba regalos. Sí, regalos. Esa era la parte más engorrosa de todo el espectáculo. Comprendía el porqué Mochizuki y Takeomi no se acercaban, los envidiaba en ese momento. Relajarse ya no era opción, la tensión le subió por la parte baja de su espalda, hasta llegar a su cabeza. Rápidamente observó a Rindou, quien le devolvió una mirada de auxilio y una risa.

Mikey terminó de comer.

Por lo tanto, repartiría sus regalos. ¿Qué serían esta vez? El año pasado les trajo Dorayaki, bastante deliciosos y según sus propias palabras, hechos por él mismo. Pero el año antepasado se pasó de lujoso y les regaló carros de último modelo. En otros términos, nunca se sabía que esperar. Koko no era fan de las sorpresas, su estilo era más calculador y estratégico.

Sacó su celular velozmente, para ver si le daba tiempo de observar los últimos movimientos bancarios de su jefe.

—Gracias, Mikey —. la voz de Ran lo hizo posar su mirada en la pequeña bolsita en sus manos. Eran chocolates, por fin pudo suspirar aliviado. Y al juzgar por la expresión del mayor de los Haitani, estaban muy ricos.

No era el más fanático de la comida dulce, pero de vez en cuando era bueno. Esperó pacientemente su turno, le agradeció a Mikey y repitió la acción de todos, comer uno.

Hubiese querido nunca hacerlo. Ese sabor era inconfundible, lo probó decenas de veces en su adolescencia. Su paladar jamás podría olvidar tal perfecta combinación de sabor, nada se le igualaba en el mundo.

Eran chocolates hechos por Inupi.

Como fue el último a quien le entregaron la bolsa de chocolates, todos estaban observándolo fijamente, esperando una reacción positiva como las demás. Pero en ese instante era más colapso que persona, habían mini Kokonois dentro de su mente presionando el botón de alerta máxima. Su regla de usar sarcasmo para evitar estar vulnerable y que eso lo guiara al autosabotaje, estaba siendo violentada con solo un trozo de chocolate. Muy patético, la verdad.

—¿De dónde son? —. aclaró un poco su garganta y sonrió. —Están bastante buenos, sí. Excelente elección, como siempre, boss.

—No se supone que debas decir donde compraste los regalos, es de mala educación —. Mikey respondió mientras se iba a su asiento otra vez. —Pero puedo darte más, si te gustaron tanto.

Los ojos vacíos de Mikey se clavaron en lo más profundo de su ser. Fue lamentable ser testigo de como el chico iba perdiendo poco a poco la cordura, aunque ahora nada podía hacer. Era muy tarde para arrepentirse de haber escogido el éxito económico antes de una vida común.

—Claro, muchas gracias nuevamente.

╰───────────✧──────────────╮

De camino a casa Koko completó su labor de revisar las cuentas bancarias de Mikey. El último movimiento fue a una tienda recién abierta en el centro de Tokyo, eso según Instagram. No le sorprendió cuando en la biografía de la tienda confirmó que Inui era el dueño.
Hacía más de 10 años que no sabía sobre él. Cortó todo el contacto que pudo para no involucrarlo en un mundo que el rubio no merecía. Su belleza pertenecía a un lugar precioso y benevolente, del cual Kokonoi no podía ser parte; estaba demasiado arruinado.

Stalkeando su perfil personal, pudo darse cuenta que estaba igual de precioso. El cabello largo le sentaba muy bien y enmarcaba sus facciones. Sus ojos desbordaban vida y felicidad en cada foto. No pudo evitar sonreír, habían pasado muchos años y seguía igual (o más) enamorado de Inui Seishu. Por otra parte, Kokonoi se sentía aliviado, justo eso era lo que deseó. Su Inupi tranquilo y lejos de las organizaciones criminales.

Pero… No estaba satisfecho. ¿Inupi también siente la misma soledad? ¿Un beso y algunas caricias serían capaces de eliminar la tristeza? Lo extrañaba tanto, que mal día para ser Kokonoi. Su cabeza daba más vueltas de lo normal, ojalá fuese por el vino. Cobardemente, presionó el corazón en la última foto que subió Inui a Instagram, poco le importaba si era desde una cuenta falsa, igual que toda su identidad.

El 14 de febrero del 2017 Kokonoi Hajime se durmió mientras lloraba.

 

╰───────────✧──────────────╮

La resaca moral siempre era la peor de todas. Sin embargo, ya había pasado un mes y Kokonoi seguía con síntomas de ella. A veces —a diario— revisaba si Inupi actualizó su perfil, veía sus historias e incluso ese día en la mañana lo comenzó a seguir. Bajo la excusa de un sorteo en su tienda por el White Day, claro.

 

La noche anterior decidió arriesgarse. Ya que había recibido chocolates indirectamente de Inui, lo correcto era corresponder. Presentarse de la nada era abrupto, así que optó por escribir una carta a mano. Quizá con la esperanza de que el chico reconociera su letra.
Inui,

Las anémonas simbolizan esperanza, expectativa y fragilidad,
tuvimos esos sentimientos de sobra en la adolescencia.
¿Recuerdas nuestra historia? A mi me gusta hacerlo, de vez
en cuando.

Kokonoi terminó de escribir algo sencillo para acompañar un ramo de anémonas. Se entregaría a las 10 A.M. Por lo tanto, llegó a la tienda una hora antes para dejar la carta que revelaría su identidad. Ya no era solo la letra, sino, todo el contenido revelaba quién era. Estaba nervioso.

╰───────────✧──────────────╮

Koko observó desde el otro lado de la calle, como el cartero le dio el ramo de anémonas Inupi, quien lo recibió confundido yéndose hacia adentro. Al menos no parecía desagradarle la idea de recibir flores, eso le alegró mucho. Con ese trabajo hecho, ya podía poner atención al libro que trajo para distraerse, se quedaría un rato sentado en la banca. La luz del sol iluminaba perfecto las páginas, le ayudaba en su lectura. En adición, estar de día afuera era agradable, quizás iría por un helado más tarde.
Lo único que le molestaba de sobremanera, eran los sonidos de los carros. El claxon, la música, las conversaciones y los animales, lo distraen. Sin embargo, rápidamente desarrolló la habilidad de ignorarlos.

Estaba por irse, cuando escuchó como frenaban con fuerza y sonaban más las bocinas de los vehículos. Una persona estaba intentando cruzar la calle, de una muy mala manera.

Entre más se acercaba, menos podía creerlo. El olor a chocolate se hacía más intenso.

—Inupi —. saludó Kokonoi, los músculos de su rostro se curvaron en una sonrisa.

—Koko —. el rubio saltó a sus brazos mientras decía su nombre, poniéndole una anémona detrás de la oreja.

El mundo del pelinegro se detuvo, ahora solo existían ellos dos. Y así esperaba que fuera de ahora en adelante.

Notes:

Muchas gracias si lo leíste, me divertí escribiéndolo hace un mes.
Te mando buenas vibras, besos. <3

-Kashizu