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Temprano por la tarde es el momento del día favorito de Thomas. Eso es por tres razones.
En primer lugar: Todos están durmiendo, nada de zumbido héctico ocurriendo, nadie preguntándole su opinión, nadie hablándole. Thomas ama el silencio. Queda tan caliente en el Refugio Seguro, que no hay mucho que hacer en las horas tempranas de la tarde después del almuerzo además de dormir, intentando escapar del calor.
En segundo lugar: La luz dorada tiñe el pelo claro de Newt de bronce y sus ojos castaños parecen caramelo.
Y en tercer lugar: Nadie está utilizando la cocina.
La piel de Newt está caliente.
La piel besada de sol está bañada de escalofríos bajo las puntas de sus dedos, pero Thomas duda que Newt pueda tener frío de todo. A pesar del calor de las tardes, Newt tirita contra Thomas, cuando sus dedos sigue la pista brazos abajo del muchacho rubio, bajo su camisa, tocando su pecho, la parte baja de sus espaldas.
La propia camisa azul de Thomas está tirada en el mostrador, donde Newt la lanzó sin cuidado más temprano, ambos riéndose cuando tuvieron que parar de besarse por segundos para tirar la camisa por encima de la cabeza de Thomas.
La nariz de Thomas se acurruca en en el cuello de Newt, respirando en la confortable mixtura de luz del sol, pinos, la suave piel de ponis y algo que es tan simplemente Newt. Él besa la sensible piel debajo de su lóbulo de la oreja y se ríe cuando la respiración cortante de Newt alcanza su mejilla.
Newt los gira y ahora es Thomas quien está presionado contra el mostrador, el metal del
Todo en lo que Thomas puede enfocarse son músculos, músculos trabajando bajo la apretada camisa cuando Newt lo levanta por encima del mostrador. Sus duras manos yacen suavemente en su cuadril y impacientemente Thomas tira su camisa, tirándolo para un fuerte beso.
– Paciencia, Tommy – Newt sonríe contra su boca, claramente satisfecho con los sonidos viniendo de Thomas.
– Te voy a enseñar paciencia – él gruñe en respuesta. Él agarra otro puñado de la camisa y entierra la otra mano en el pelo de Newt, tirándolo para más cerca. Algunos de las hebras de pelo dorado se escapan de la cola de caballo y cayen como una cortina alrededor de ellos.
Thomas muerde el labio inferior de Newt. Un lloriqueo escapa de los labios de Newt y eso es todo. Thomas usa la distracción y empuja la camisa para cima, tirando por la orilla.
Él rompe el beso. – Fuera – él ordena.
Newt se afasta también y abre sus ojos, sonriendo largamente. Entonces él alcanza la camisa y obedece, tirando la camisa por sobre su cabeza y Thomas se divierte con como él es bonito. Él pone el pelo de Newt detrás de su oreja y las puntas de sus dedos se demoran en la piel de Newt, acariciando la barba sin afeitar en las mejillas, la mandíbula delicada. Newt tararea en deleite y cierra sus ojos.
Ninguno de los dos percibe la puerta abriendo.
– ¡Me estan tomando el puto pelo! ¿De nuevo?
El grito los hace separarse de un salto.
Newt rápidamente gira y Thomas se desliza del mostrador. Ninguno tiene tiempo de coger sus camisas y esconder sus estados semi-desnudos o el afecto que tienen uno por el otro, tensando visiblemente en sus pantalones.
Sartén, el cocinero alto, está de pie en la puerta, ojos en estrechas rajas, brazos cruzados.
– ¿De nuevo? – Él repite, irritación, descreencia y cansancio audibles en su voz.
– Solo estábamos… ya ves… – Thomas comienza.
– Gracias, he visto suficiente – Sartén lo interrumpe y firmemente mira hacia otra parte para darles privacidad para vestirse. Ellos cogen sus camisas pero no la visten.
Sartén no se está divirtiendo.
– ¡Enserio, chicos! – Él gruñe. – ¡Esto es una cocina! ¡Yo trabajo aquí! Este es el lugar donde monto la comida que les impide morirse de hambre, aquí es donde la magia ocurre y…
Newt resopla y Thomas muerde su labio. Ellos comparten una mirada divertida.
– Yo… – Sartén parece sin palabras, y él se les pone sus ojos en blanco. Él respira algunas veces profundamente y entonces se dirige a ellos de nuevo, más calmado ahora.
– Vean, estoy increíblemente feliz por los dos. De verdad que estoy. Pero si quieren impedir que me vuelva loco, entonces les aconsejo no pisar aquí de nuevo. Esta es un área restringida para ustedes dos, ¿he sido claro? Si me topo con ustedes aquí más una vez… – Él se devala y suspira.
– Sabemos, – Thomas sonríe abiertamente y hace un gesto de cortar la garganta.
– No pueden estar hablando en serio, – Sartén gruñe de nuevo. – ¡Fuera! – Él ladra y da un paso hacia atrás para dejarlos pasar.
– Lo sentimos, Sar, – Newt se disculpa. Él realmente lo siente, pero también, él no lo siente del todo. Ellos casi no sobrevivieron y casi murieron, tantas veces. En la Última Ciudad, él murió. Él murió y estuvo muerto por un par de minutos antes de que la cura de la sangre de Thomas entrara en su sistema y lo salvara de estar perdido para siempre. Él sabe cuán preciosa la vida era, cuan suertudo ellos habían sido. Él todavía no podía comprender su suerte de que Tommy retornara sus sentimientos y él no está planeando desperdiciar ningún tiempo entre ellos de nuevo.
Encogiéndose los hombros, él coge la mano de Tommy y se ata sus dedos.
Newt intercambia una mirada con Sar y el cocinero asiente. Él comprende.
– Fuera, – él dice de nuevo, más suavemente ahora.
Los chicos apresuradamente dejan el predio, manos enmarañadas, camisas tiradas por sobre sus hombros desnudos. Ellos parten en dirección del invernadero.
Sartén los mira, meneando su cabeza. Él le tiene lástima al próximo que se dé con ellos.
He forgot why he came in here, so he steps out too, closes and locks the door and leaves into the opposite direction.
Él se olvidó por qué vino aquí, así que él sale también, cierra y traba la puerta y parte en la dirección opuesta.
– Alguien les tiene que parar a aquellos dos, ¡te lo juro por dios!
Gally se despierta de un sobresalto cuando siente a alguien agarrar su brazo, meneandole.
– ¡Necesito tu ayuda! – Sartén está agachado cerca de su hamaca, intentando recuperar su aliento. – Tienes que pararlos; no lo puedo aguantar más.
– ¿Qué pasó? – Gally dice con un bostezo.
– Los tortolitos estaban justo en los mostradores de la cocina, uno sobre el otro, de nuevo, – él gruñe y frota su mano sobre su rostro. Él debería haber tomado aquella siesta por la tarde.
– Idiotas excitados, lo siento, Sar, – Gally le toca su brazo para reconfortarlo. – Pero para darles el crédito, por lo menos ellos intentan ser discretos en escoger las horas no movimentadas, – él da una risita.
– ¡Es el medio del día, Gally! Ellos podían por lo menos esperarme a mí, el cocinero, llegando en la cocina después de la hora del almuerzo, – Sartén grita.
– Puede que yo tenga una idea, espera aquí, – Gally dice y se levanta.
– ¿Cuántos de esas necesitas? – Gally segura una placa de madera, que dice “Áreas Restringidas, solamente para empleados”.
– Bueno, – Sartén se encoge los hombros, – necesitamos de una para la cocina, los jardines, los establos…
– No pueden dejarlos fuera del establo de ponis, – Minho interrumpe, balanceándose perezosamente en su hamaca, – Newt cuida los caballos. Y adonde vaya Newt, Thomas va.
Gally y Sartén comparten una mirada y suspiran al unísono.
– La cocina y el establo de gallinas entonces, la sala de mapa, la sala de almacenamiento, – Gally continúa.
– Y acerca del aceite de almendra, – las mejillas de Sartén están rojas ahora, – Tenemos que hacer algo sobre el aceite de almendra también. Sigue desapareciendo.
– Me imagino de quien es la culpa por eso, – Gally ladra una risa. – Quiero decir, ya lo esperábamos pero no esperaba que ellos fuesen a por ello como locos. ¿Cuándo siquiera duermen?
– Quisiera que Alby siguiera con nosotros, – Sartén suspira, – me pregunto qué tendría por decir sobre eso.
– ¡Há! ¡Él les patearía los traseros! – Minho ríe largamente. – ¡Imagínalo! Su reacción al atrapar a aquellos dos en la sala de almacenamiento o algo así.
– Por favor, como si nadie más lo hiciera en la sala de almacenamiento, – Gally resopla.
Todos los tres se miran unos a los otros y después de un momento de silencio rompen en carcajadas.
Cuando recuperaron sus alientos de nuevo, Gally limpia su voz.
– Honestamente, Sar, no estoy seguro si eso va a funcionar, puede que solo los estimule más, a ser furtivos, romper las reglas. Y ya sabemos cuanto la visión de Newt sobre las reglas ha cambiado desde que Thomas ha puesto pie en el Área.
– Dejarlos tener su propia cabaña. Pueden transformarla en su mazmorra del sexo, su caverna del amor, qué me importa. Desde que paren de hacerlo por todas partes.
– ¡No me van a creer los sitios donde ya los he atrapado! – Minho grita. – Nunca más los estaré sorprendiendo en sus “encuentros de picnic”, – él hace comillas en el aire – ellos se están tornando extra. ¿Y verlos yendo a por ello como locos en los invernaderos? No lo tengo que presenciar de nuevo. ¡Voto por construirles su palacio!
– ¿Una cabaña? Eh, por qué no. Ellos lo merecieron, trágicos desgraciados enfermos de amor. Vamos a hablar con Vince y Jorge acerca de eso, ¿no? – Sartén medita. – Todo por tenerlos lejos de mi cocina, – él gruñe.
– Empecé a embalarles cestos de picnic, solo para acabar con las excusas de “Solo estamos buscando unos desgraciados bocados”. – Sartén hace una terrible imitación del acento de Newt.
– ¿Les embalas picnics? Pues claro que lo haces. Eres demasiado bueno para este mundo, Sar, – Minho dale palmaditas en el hombro. – Pero no sólo por causa de eso, ¿no? No se puede dejar aquellos pichones muertos de hambre y robando más queso y manzanas.
– ¿Qué pasa con queso y manzanas? – Gally pregunta.
– La comida favorita de Newt, Thomas intentó robar a hurtadillas un queso de cabra entero debajo de mi nariz hace algunas semanas, – Sartén suena apenado pero no logra impedir una pequeña sonrisa de formarse en su boca.
– De nuevo, por lo menos son muy adorables, aunque sean horribles, – Gally suspira.
– Mierda, sí, lo son. Tengo que admitirlo, ellos mano a mano y corriendo de risitas por los jardines o en la playa, es adorable. Excitados y horribles pero adorables, – Minho tararea y se vira en su hamaca, – hasta que saquen los pantalones uno del otro, he visto demasiado, – él resopla y cierra sus ojos.
Así que Gally pasa esta tarde y muchas otras serrando, rascando, martillando a voluntad.
Tropezan por entre las hojas y Newt coge un tomate, estallándolo entre sus labios y tirando la mano de Thomas. Thomas lo mira en confusión al inicio, entonces entiende y sonríe largamente cuando el tomate se presiona contra su boca. Cuidadoso para no herir a Newt, da una mordida.
– Yumm, – tararea. – Resultaron buenísimos, ¿no?
– Sí, – Newt conviene con una sonrisa.
En una de las muchas charlas que tuvieron alrededor de hogueras en el Desierto, los Habitantes fantaseaban con las comidas que comerían si las tuvieran con ellos. Thomas todavía se acuerda de la expresión soñadora que Newt se ponía cuando hablaba sobre cómo le gustaría hundirse en tomates frescos.
Su risa muere cuando sus ojos se encuentran. El sol brilla débilmente a través de las hojas y pinta bonitos modelos en el rostro de Newt. La mano de Thomas encuentra la pierna de Newt y él la deja descansar sobre su rodilla, tocando la piel bronceada tiernamente. De su caída todo aquél tiempo atrás en el Laberinto, Newt tiene una larga cicatriz ahí y como por impulso los dedos de Thomas frecuentemente encuentran su camino para la piel estropeada, acariciando la cicatriz.
– Realmente lo hicimos, ¿no? – A veces simplemente se le recae sobre Thomas. Está acabado, ellos sobrevivieron, están bien, todavía vivos, y juntos, en el paraíso. Nunca – mientras lentamente decayendo en el Desierto – habría soñado en estar agachado en el suelo de un invernadero cerca del océano, sonriendo por el sol que hace lindos trucos en el lindo rostro de Newt. Aún menos habría osado soñar con Newt levantando la mano de Thomas hacia sus labios y dejando un beso en ella tiernamente. Newt mira a Thomas, la adoración hirviendo en el marrón chocolate.
– Realmente lo hicimos, Tommy, – Newt dice suavemente.
Entonces él lo acerca, sus manos yendo a hurtadillas alrededor de su cuello, sosteniéndolo cerca. – Y nunca te voy a dejar ir.
Algunas semanas más tarde, la cabaña está terminada, y los Habitantes celebran con una fogata y mucha luz-de-luna.
– Me pregunto quién está más feliz con ello – ellos o nosotros? – Gally pregunta en la ronda cuando ven la puerta cerrarse detrás de Newt y Thomas.
– ¡Sartén! – Minho grita y ríe, todos concordan.
– ¡A los tortolitos por tener su propio lugar! – Levantan sus tarros con luz-de-luna. – ¡Y a Sartén por tener su cocina y su paz de vuelta!
