Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2022-04-26
Words:
1,670
Chapters:
1/1
Kudos:
11
Bookmarks:
1
Hits:
107

Protegiendo lo nuestro

Summary:

Durante la competencia final de 90 m de los Olimpicos, tanto Eddie como Bronson se ven llevados al limite de sus sentimientos por un par de noruegos desnudos que estan dando vueltas por los vestidores.

o

Encontrando la razon de porque en una escena aparece Bronson Peary en las duchas sin mucha razon aparente.

Notes:

Amo mucho esta pelicula asi que espero les guste este primer fic que hago de ellos. Cuando vi esta escena, mi imaginacion comenzo a volar asi que lo escribi algo rapido para no olvidar nada.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Eddie se encontraba nervioso por lo que le aguardaba afuera de ese vestidor en unos minutos. Un salto de 90 m. El primero que realizaría, y sería en televisión internacional frente a millones de personas, con la presión de sus padres esperando lo mejor, de su propia realización personal y cerca del abismo a la muerte o graves lesiones por lo menos.
Sus nervios eran totalmente entendibles. Transpiraba a pesar del frío, se movía de un lado a otro, se había parado y sentado ya varias veces en tan solo unos segundos. Todo esto no pasaba desapercibido para su entrenador y amigo, Bronson Peary, quien cansado de simplemente mirarlo tomó su casco y sacó el marcador dorado que había comprado en una tienda antes de llegar a la gran competencia. No diría que realmente estaba interesado en calmarlo o en su gran interés en sorprender al chico con su pequeño detalle. Siempre sería genial y casual, todo un vaquero estadounidense.
—Quiero oírte gritar desde las gradas. Si no estas gritando, no lo estás sintiendo —demandó mientras le entregaba el casco con claras letras doradas.
Aguila. Eddie pudo leerlo con orgullo, tal vez porque fue Bronson quien se lo decía, le transmitía confianza en sí mismo. Observó brevemente la mirada de su entrenador, alegría, orgullo, anhelo. Bronson quería que todo salga bien, tanto o más que el propio Eddie, reconfortarlo y proporcionarle seguridad. Con ese simple gesto, él pudo sentir todo eso y quiso decirle que su sentimiento había llegado, pero el joven no pudo decir ninguna palabra ya que fueron interrumpidos por dos chicos noruegos desnudos, todavía húmedos por una reciente ducha.
—Eres muy popular hombre águila, cada vez que veo televisión estás ahí —comentó el rubio .
—Si, tal vez ahora puedas decirnos cual es el secreto —siguio su amigo de cabello negro.
Eddie rememoró internamente la primera conversación que tuvo con ellos. También estaban desnudos y él irradiaba incomodidad tanto en su rostro como en su cuerpo, como ahora, pero los papeles se invierten, ellos pedían consejos, no el inocente Eddie que, aunque le hubieran dado unos días, realmente no se le hubiera ocurrido nada muy ingenioso para decir ahora como pequeña venganza. Apenado no sabia que responder por la desnudes de esos chicos, su entrenador se apiado de su rostro sonrojado y ligero temblor, saliendo a su rescate. Esta vez sí tenía un equipo con el que contar.
—La ropa —afirmó un poco molesto Bronson.
A Bronson Peary no le importaba si los noruegos tienen un resfriado por andar desnudos por todos lados, todo el equipo podría saltar desnudo, con todo y entrenador, y a él no le importaría mucho realmente, pero podía sentir lo incómodo que se ponía Eddie con ellos y su constante exhibicionismo. Tal vez ellos sabían eso y molestarlo era su propósito o solo eran niños tontos, cualquiera fuera el caso, él quería sacarlos de su vista y la vista de Eddie en cuanto fuera posible. Este sentimiento sobreprotector lo sorprendió, pero no lo evitó. Eddie solía hacer nacer en él sentimientos protectores, tal vez es porque tan solo era un chico un poco torpe en busca de ayuda a sus ojos.
—Gracias por eso —murmuró Eddie cuando ambos chicos se fueron, tratando de ignorar el rubor en su cara y orejas.
—Tampoco me hace feliz que estén paseando frente a ti de esa forma.
—¿D-de verdad?
—Eddie, no solo estoy para decir tonterias, como tu entrenador tengo que cuidar de ti, aunque tú fuiste mi niñera mucho más tiempo y se que no lo hice muy bien cuando practicabas los 70 m, pero ahora no dejaré de protegerte.
—¿Incluso de unos noruegos nudistas?
—Mucho más de noruegos nudistas, créeme.
Eddie sintió que su rubor aumentaba más, al igual que su pulso y el ligero temblor, su estómago dolía ligeramente y aunque lo quiso atribuir a los nervios por los 90m supo que era por Bronson. Siempre era por él. Eddie siempre se sentía ansioso junto a su entrenador. Revoloteo mucho a su alrededor para que aceptara ayudarlo y hacer eso solo hizo acrecentar en el niño un pequeño deseo como una chispa, que Eddie siempre trataba de ignorar y olvidar, más que nada porque no sabía muy bien cómo manejar sus emociones. Como un niño no solía estar más que feliz, triste, enojado o miedoso, no mucho más y siempre todo alrededor del ski. Asustado porque su entrenador notara su estado Eddie decidió correr a las duchas para poder refrescarse. Quería poder bajar de aquella nube en la que Bronson Peary lo había subido sin darse cuenta seguramente.
Aunque no fue tan discreto como él creyó porque tan pronto entró a las duchas, que por suerte estaban vacías, fue perseguido por Bronson.
—Eddie, ¿amigo que sucede? —preguntó el entrenador preocupado por la rápida desaparición del chico.
—Y-yo no… nada —balbuceante eddie trataba de apaciguar su mente de todos aquellos repentinos sentimientos que burbujeaban en su pecho.
—Oye, ¿qué tienes chico? —Bronson se puso a su altura y lo sujetó por los brazos para que dejara de moverse de forma errática y lo mirara —. Puedes decirme lo que sea. Tienes miedo, quieres dejarlo e irnos a casa, podemos hacer lo que quieras, pero Eddie, antes déjame decirte que estás preparado y eres el indicado para esto, no lo dudes. Creo en ti —afirmó pensando que tal vez esto era lo que Eddie necesitaba escuchar.
—¡No quiero retirarme! He llegado, hemos llegado muy lejos para irnos así.
—De acuerdo, lo entiendo, ¿entonces que sucede?
—¿Por qué crees que sucede algo malo?
—Eddie, estás temblando y no puede ser el frío porque aquí no hace tanto como afuera —Bronson lo miraba preocupado y Eddie solo pudo apartar la mirada apenado y angustiado, eso lo hizo molestar—. ¿Es por esos estúpidos noruegos?
—No, no, espera.
—Si te molestaron, ahora mismo iré a ajustar cuentas
—Bronson, la última vez quedaste desmayado.
—Aquella vez estaba en desventaja, estaba ebrio, ahora no
El entrenador intentó salir de las duchas, pero fue detenido por el brazo firme de Eddie, que con la mirada fija en el suelo, tomó de la muñeca a Bronson. No sabía que decir, no algo que no le costará mucho o se prestara a confusión. No quería que su amigo se metiera en una pelea, no a minutos de algo importante para los dos.
—Eddie…
El chico no pudo más que mirarlo con ojos suplicantes, con lágrimas acumuladas y en sus labios marcados una expresión triste. Esto tomó desprevenido al vaquero, que solo lo observó intentando descifrar que tenía a su chico tan trastornado. Bronson no soporto verlo y sentirlo tan triste, simplemente tiró de él y lo estrechó en brazos con fuerza. Eddie apoyó su cabeza en su fuerte pecho e inhalo su perfume, cigarro y abeto mezclado con intensidad, era abrumador, angustiante para el pobre chico que trataba de controlar sus sentimientos.
Bronson Peary, su entrenador, su amigo, el hombre que hace minutos prometió protegerlo lo está abrazando de forma tal que Eddie cree que podría desmayarse de la emoción y la presión.
Este hombre con el que compartió caídas y victorias, cientos de kilómetros, idas y venidas, risas, gritos, peleas y reconciliaciones, lo abrazaba para protegerlo incluso sin entender del todo lo que le sucedía, estaba dispuesto a todo por él.
Bronson realmente no sabia que hacer con su chico, temblaba mucho y podía sentir su rostro angustiado incluso sin mirarlo. Su reacción de abrazarlo fue más para sí mismo que para ayudar a Eddie. Lo desesperaba no poder ayudarle de ninguna forma, no poder aconsejarle para que estuviera tranquilo. El abrazo fue para poder calmarse y tal vez le ayudará a Eddie, pero no era el caso.
Sabiendo que no podían estar siempre en las duchas, Bronson lentamente separó a Eddie de su pecho, su rostro demostraba vergüenza y tristeza, el vaquero estaba confundido con su chico.
Le avergonzaba decir que el ligero rubor en su rostro lo hacía lucir tierno, al igual que lo desaliñado de sus anteojos, que Bronson no dudo en lentamente acomodar, logrando así observar con más cuidado sus ojos azules húmedos por las lágrimas que amenazaban con salir. Sus labios rojos, irritados e hinchados con una ligera mueca se veían suaves para el entrenador y se odio por el pensamiento.
—Bronson —susurró Eddie, suplicante y sumiso, casi pidiendo “por favor” y “permiso” con la mirada.
Bronson no soportó más aquello y capturó sus labios de forma abrupta, sacando de Eddie un jadeo por la sorpresa. El vaquero fue convirtiendo aquel beso súbito en una suave caricia, intentando saber si su chico estaba de acuerdo con esto, si era correspondido.
Eddie temeroso comenzó a mover sus labios inexpertos con lentitud, quería disfrutar esto, disfrutar de Bronson, tal vez moriría así que no habrá arrepentimientos. Pasó sus manos detrás del cuello del más alto y comenzó a darle profundidad y un poco de intensidad al encuentro.
Las manos de Bronson viajaron suavemente a la cintura del chico, pegando más sus cuerpos, tratando de alguna forma hacer más íntimo el momento. El mentiría si dijera que no quisiera arrancar toda aquella abrigadora ropa que cubría a Eddie y besar cada parte de él, cada rincón del cual él tiene pudor de demostrar a los demás, que jamás enseñara, no a partir de ahora.
Se separaron lentamente para poder tomar aire, dándose un último beso corto pero que transmitía la misma cantidad de sentimiento que el anterior y los siguientes que vendrán. Uniendo sus frentes unos momentos para tranquilizar sus agitados corazones y regular sus respiraciones.
Sin saber que decir, hacer o cómo continuar, Eddie solo pudo huir nervioso de las duchas. Esta vez Bronson no lo persiguió, sabía que si no quería prender fuego las neuronas de su chico tenía que darle un momento, todavía lo esperaban 90 m, aunque fueran solo unos pocos minutos , ya que el vaquero pensó que lo mejor seria darle apropiadas indicaciones a Eddie sobre el salto, era su deber proteger su trasero, de ambos ahora.

Notes:

Espero les haya gustado, comenten que onda, sugerencias y mas!