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¿A qué costo?

Summary:

Sentir miedo es muy normal en una situación como esta.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Haber conocido a Noah en sus vacaciones de invierno había sido de las mejores cosas que le pasaron en la vida, al fin se entendía a sí mismo. Ahora sabía que no era algo anormal sentirse así y gracias a su nuevo amigo supo que todo estaría bien de alguna forma.

Quería hablar del tema con su familia desde que todas las piezas del rompecabezas se habían unido. Solo que según su perspectiva sería mejor esperar al verano y preparar su discurso esos meses. Quería ser lo más específico posible y que nadie hiciera una confusión con todo el tema.

Tenía mucho miedo de que se le malinterpretara, pero más miedo le daba que no lo aceptaran.

Sus últimos meses como estudiante de sexto año habían transcurrido entre sentir que le estaba mintiendo a todos los que lo rodeaban y fingir que nada era diferente a pesar de estar escribiendo varios metros de pergamino llenos con una perfecta caligrafía de todas las razones que quería decirle a la gente que amaba.

Quería las palabras exactas, no estaba seguro si debía leerlo o memorizar todo lo que necesitaba expresarles y aunque prácticamente ya lo tenía en la mente como un mantra, sabía que debía llevarlo consigo ese día, por si los nervios lo hacían olvidar algo.

Había varios manchones y rayones en otro pergamino con una lista enorme de nombres, unos le gustaban más que otros y muchos otros estaban ahí sin razón alguna porque no le parecían buenos para él, pero no quería cerrarse a las miles de posibilidades.

Llevaba mucho tiempo pensando en lo que le pasaba, pero los últimos meses ese tema era lo único que vivía en su mente.

Él sabía que era un chico y quería ser tratado como tal.

El miedo era constante, no podía mentir en eso, pero la sola idea de que le llamen por “él” se sentía tan correcto. Porque ser él, era correcto y sentía un cosquilleo en la piel cada vez que pensaba en que pronto todos sabrían su verdad.

Otro de sus mayores miedos era pensar en su novio. James y él llevaban casi dos años juntos y la idea de que el Gryffindor rechace lo que es y lo deje, le provocaba dolor de estómago.

Trataba de concentrarse en su familia para no pensar en James, ellos serían los primeros en saberlo y quería pensar que reaccionarían de forma positiva.

El verano había llegado mucho más rápido de lo que esperaba, estaba ansioso por decirles, pero siempre que lo intentaba el miedo se apoderaba de él y se decía a sí mismo “mañana lo lograrás”.

Ya estaba por cumplirse la tercera semana del verano y supo que ya no podía postergarlo más, faltaban menos de 10 días para su cumpleaños y quería ser él mismo cuando cumpliera 17.

Les pidió a sus padres y a su hermano tener una reunión a las 2:00 p.m. en punto porque el dos era su número de la suerte. Todos los habitantes del 12 de Grimmauld Place estaban tan acostumbrados a su forma de ser y cómo hacía las cosas, que no les había parecido una petición extraña. Orion y Walburga incluso pensaron que tal vez había terminado con James porque cuando empezó a salir con él, había convocado a una reunión similar.

Ahora estaba en medio del salón familiar fingiendo que el calor del verano lo tenía sudando más que cuando jugaba quidditch porque no quería aceptar que moría de nervios por tener a su familia frente a él, escuchando atentamente mientras limpiaba sus palmas en la túnica y trataba de que su voz no sonara cortada.

 

— Los reuní hoy porque - bueno yo.

 

Su familia lo miraba atentamente mientras sacaba un viejo pergamino de su bolsillo izquierdo, había estado en lo correcto al llevar todo escrito porque su cerebro en ese momento se había quedado en blanco.

 

— ¿Recuerdan a Noah?

 

Con un asentimiento por parte de los oyentes, continuó decidido.

Sintió las lágrimas caer por su rostro conforme leía el pergamino, no quería mirar a su familia, no quería ver sus reacciones. No creyó que sentiría tanto miedo. Se había mentalizado mucho pero estarlo viviendo al fin, era muy distinto.

“... sé que soy un chico y lo he sabido por mucho tiempo, nunca supe realmente por qué me sentía así. Sé que puede sonar tonto pero ahora entiendo porque me sentía mejor con el pelo corto y sé que no tiene nada que ver porque a Sirius le gusta llevarlo largo pero para mi tiene sentido porque siempre lo cortaba arriba de los hombros. Me negaba a que algún día mi pecho crecería, pero pensaba que solo tenía miedo a dejar mi infancia y siempre supe que algo me faltaba, no sabía que era pero ahora lo sé.”

Terminó de leer lo que había escrito y reescrito por meses. Dobló el pergamino lentamente antes de guardarlo en su túnica. Aún con la vista en el suelo sintió los brazos de su mamá rodearlo y todo su autocontrol se fue por la borda. Las lágrimas mojando el hombro de su madre se sentían infinitas.

Cuando por fin se separó de ella, vio a su familia llorando tanto como él. Aceptó muy feliz el abrazo de su padre y el de su hermano.

 

— Gracias por confiar en nosotros — dijo su madre mientras lo sentaba junto a ella —, siempre puedes hacerlo.

 

Un calor agradable en su pecho le hizo soltar otras lágrimas, ya no quería llorar pero le era imposible. Lo había logrado, había conseguido contarles todo a sus padres y a su hermano y lo mejor es que lo aceptaban. No iban a dejar de quererlo y cada que pensaba en eso, sus ojos se negaban a parar de llorar.

Pasaron mucho tiempo hablando de los cambios que podrían existir a partir de ahora. Le daba miedo pensar en que algo podría cambiar de forma negativa, pero ellos tres le sonreían mientras hablaban de escribir cartas a la familia y a Hogwarts y eso lo llenaba de felicidad. 

No estaba solo.

 

— Por un momento creí que nos ibas a confesar que engañaste a James con Noah — dijo Sirius como si fuera lo más lógico del mundo.

— ¿Cómo es que eso llegó a tu cabeza y por qué les contaría a ustedes que engañé a James?

— No sé, eres muy raro y nos preguntaste si nos acordábamos de él.

 

“Raro” otra vez esa felicidad inmensa llegó a su pecho, Sirius ni siquiera dudó en usar una palabra en masculino. Se oía tan bien, sabía que ese cosquilleo que empezaba en la punta de sus dedos y recorría todo su cuerpo llegaría siempre que escuche que se refieran a su persona como “él”.

Ni siquiera le importó que Sirius sugiriera que le fue infiel a James, pero debió haber hecho una cara pensando en su novio porque su hermano lo tomó de la mano y le dio un apretón.

 

— Va a dejar de ser mi mejor amigo si te lastima.

 

Sirius le guiñó un ojo y él solo le sonrió, ojalá James lo entienda y lo acepte como su familia lo había hecho.

 

— Entonces, si eres un chico — Orion hizo una pequeña pausa —-, ¿Cómo debemos llamarte?

 

La sonrisa en el rostro de su padre hizo que su emoción creciera aún más y sacó su enorme lista con los nombres que le gustaban.

 

— ¿De verdad? Tienes la oportunidad de elegir tu nombre y decides que esas son las mejores opciones, ¿Por qué no sorprende?

— Sirius —. Lo regañó Walburga.

— Me gusta lo tradicional, además soy leo.

— A mi me gusta — Orion sonaba algo melancólico —, tu abuelo estará feliz de que lleves su nombre y a todos les va a encantar que decidieras llevar el nombre del tío Regulus.

 

Orión se levantó de su asiento, caminó al árbol familiar y lanzó un simple hechizo con un delicado movimiento de varita. Vio como el tapiz se movía y con dorado su nombre había quedado plasmado en la pared.

 

— Regulus Arcturus Black — dijo Orion —. Supongo que hay que cambiar el cartel de cumpleaños.

 

Escuchó su nombre en voz alta por primera vez y nuevamente sus ojos intentaban traicionarlo, el nudo en su garganta había regresado pero su sonrisa no se borraba.

Sabía que su nombre aparecería en todos los tapices de su familia en ese momento y seguramente sus papás se encargarían más tarde de recibir y enviar cartas con la explicación a todos. Le aterraba volver a pasar por el drama de salir del closet pero tenía a Sirius y a sus padres de su lado.

Las ansias por contarle a Noah que todo había salido bien con sus padres y su hermano lo estaban comiendo vivo. Esa noche su lechuza tendría muchos viajes.

Días antes de su cumpleaños, sus papás organizaron una reunión con la familia para presentarles a su hijo Regulus.

Él estaba muy feliz porque para su sorpresa todos en su familia lo estaban tomando bastante bien, a veces se confundían un poco y lo llamaban de forma incorrecta pero se disculpaban automáticamente.

La única persona ajena a sus padres y a su hermano que nunca se confundió, fue su abuelo, además de ser el único que no le llamaba Regulus, sino que le decía Arcturus. Su abuelo se sentía muy orgulloso de tener un nieto con su nombre que hasta le prometió una nueva Estrella Fugaz con un enorme Arcturus grabado en el mango de la escoba.

Su tía Lucretia le había dicho que estaba muy emocionada por cambiar su obsequio de cumpleaños porque ahora tenía una mejor idea, su tío Alphard que había escuchado su conversación le dijo que estaba seguro que su regalo seguía siendo perfecto porque claramente le seguían gustando las mismas cosas. 

De alguna forma le hacía sentir bien que no lo trataran como si fuera una persona diferente. Seguía siendo él, solo que ahora no tenía que esconderse bajo “ella”.

Vio a sus amigos esa misma semana y afortunadamente Barty y Emma lo habían entendido perfectamente. Se sentía muy bien de que la gente que amaba lo aceptara y a veces se sentía tonto por creer que no lo harían.

Tenía razones para tener miedo, pero cuando todos le preguntaban por su nombre y como tratarlo, todo ese miedo desaparecía y la emoción por explicar cada detalle de sí mismo llegaba a inundar su cuerpo.

Claro que las lágrimas nunca faltaban pero además de eso las cosas seguían como siempre.

 

— Reggie — dijo Barty —, me gusta.

— Regulus —. Reg trató de sonar serio.

— Reggie —. Repitió Barty más serio que Regulus.

 

Emma y Regulus empezaron a reírse con Barty por hacer caso omiso sobre su nombre. Estaba feliz de tener un nuevo diminutivo.

Solo faltaba un día para su cumpleaños y no le había dicho nada a James, tenía mucho miedo de sentirse rechazado por él. Lo dejó al último por esa razón, pero no podía pasar de esa noche, lo vería al día siguiente en su cumpleaños y todas las persona que asistirán iban a tratarlo como “él”, como Regulus.

Le escribió una carta citándolo en su casa y otra vez ese dolor de estómago apareció.

¿Cuántas veces tendría que salir del closet?

James le había dicho a sus padres que iba a “quedarse con Sirius” y así pasar la noche en su habitación como muchas tantas veces lo habían hecho.

Sirius era la persona ajena a ellos que más cuidaba su relación. Estuvo pendiente desde que le dijeron que su amistad había evolucionado y que salían. Si tenían alguna discusión los persuadía para que hablaran y arreglaran las cosas porque es sus palabras “no le gustaba ver a James llorar”.

Sirius siempre les había dejado en claro que si ellos tomaban la decisión de estar juntos, para él sería muy difícil tomar un lado en las discusiones. Por eso usaba el pretexto de James y a ellos no les importaba porque ambos sabían que solo quería verlos bien.

Su hermano siempre los ayudaba y apoyaba en todo, pero eso no los hizo escapar del sermón de dos horas que Sirius les había dado la primera vez que lo convencieron de que mintiera para que James se quedará en su habitación.

Había dicho tantas cosas sobre protecciones y matar a James que para ellos ya era un chiste local que Sirius se metiera en su noviazgo.

Regulus rió un poco recordando todos los momentos que había pasado con James en su habitación y salió de su ensoñación cuando llamaron a su puerta.

Al abrir vio a Sirius acompañando a James. Su novio claramente sospechaba algo porque su hermano era pésimo para mentirle a su mejor amigo. Hizo pasar a su novio y antes de cerrar la puerta vio a Sirius guiñar un ojo y levantar el pulgar.

Se dio un golpe mental porque Sirius no podía ser menos discreto pero sonrió al sentirse apoyado por él.

Se sentó en la cama junto a su novio y pronto sintió los labios de James en los suyos y por un momento todo el mundo quedó en segundo plano. Lo amaba tanto que sentía que podía morirse si James dejaba de amarlo.

 

— ¿Ansioso? — dijo Regulus mientras se montaba a horcajadas en las piernas de James.

— Te extrañaba, odio tener que ir al ministerio diario y no poder estar contigo—, le dejó un beso en el cuello provocándole cosquillas con la barba—, ya quiero que acabes Hogwarts para poder mudarnos juntos.

 

Ignoró el hueco en el estómago que le producía pensar que tal vez no llegaría ese futuro que habían planeado juntos y mejor se dejó consentir un rato. Si eso iba a terminar, necesitaba aprovechar sus últimos momentos.

No supo en qué momento ya estaba recostado en su cama con James sobre él, pero los besos en su cuello y las manos de su novio tratando de colarse bajo su playera lo hicieron regresar a la realidad. Se separó de James bruscamente, cosa que confundió mucho a su novio.

 

— Perdón, no quería-

— No, no es eso, no pasa nada —. Prefirió interrumpir a James antes de que se disculpara —. Es que quiero que hablemos primero.

James volvió a sentarse bien en la cama y asintió muy sonriente prestando atención.

— Estos últimos meses — otra vez ese miedo inmenso golpeaba su cuerpo—, sé que han sido raros, yo me he comportado algo diferente y también sé que lo notaste.

 

James hizo un movimiento con la cabeza dándole la razón pero no dijo nada para que continuara.

No quería llorar, no ahora mientras esos ojos avellana lo miraban asustados. Estaba haciendo todo lo posible para no dejar que sus emociones lo invadan.

El peso en sus hombros y la tensión en su mandíbula eran cada vez más notorios. Empezó a dar una explicación sobre cómo se sentía pero la cara de preocupación de James no ayudaba mucho para su estrés.

 

— Yo te amo demasiado y aunque tengo miedo por decir esto, quiero que sepas que habrá cambios que serán inevitables en mi -

— ¿Estás embarazada? 

— ¿Qué? No. ¿Por qué tú y Sirius piensan en cosas tan raras?

 

James lucía realmente asustado y Regulus no pudo evitar soltar una carcajada a la que pronto se le unió su novio. Eso definitivamente había ayudado a bajar la tensión de los dos.

Después de un rato riendo hasta que el estómago les doliera, sintió la mano de su novio sobre la suya, sus ojos avellana lo miraban aun con algo de miedo pero su sonrisa seguía ahí.

 

— ¿Qué pasa entonces? Por favor dime que no estás harta de mi y que vas a dejarme.

 

James puso su mano en el pecho fingiendo dolor. Su dramatismo lo hizo reír y con un nudo en la garganta se atrevió a decirlo de una vez por todas.

 

— Soy un chico, James, soy un chico trans.

 

El silencio llenó la habitación y Regulus entró en pánico en cuanto James dejó de sonreír.

Seguro su mente iba demasiado rápido en ese momento, Regulus prácticamente podía oírlo pensar.

Ojalá fuera legeremente, pensó.

En ningún momento le soltó la mano y Regulus sentía que le quemaba ese simple gesto. Ni siquiera habían pasado cinco minutos pero para él se sentía como una eternidad llena de silencio solo con la mano de James sobre la suya.

 

— ¿No dirás nada? — se atrevió a preguntar.

— Supongo que tengo que contarle a mis padres que hetero no soy — ahí estaba su perfecta sonrisa nuevamente—. No sé si sepas pero estoy enamorado de un chico, aunque aún no sé cómo se llama.

— Regulus — dijo de inmediato.

— Regulus — susurró James para sí mismo—, me gusta mucho como suena, te queda perfecto.

 

Su sonrisa era enorme, tal vez le dolerían las mejillas más tarde esa noche pero no podía dejar de sonreír. Sus ojos se llenaron de lágrimas otra vez pero ahora eran limpiadas por su novio mientras dejaba besos por todo su rostro.

Se sentía la persona más afortunada del mundo, no sabía que habría hecho en otra vida para tener a toda la gente que le importa aceptando quién es y amándolo a pesar de todo.

 

— Tenía miedo de no gustarte más y que dejaras de amarme.

 

James estaba acostado boca arriba en la cama mientras Regulus tenía la cabeza sobre su pecho.

 

— No creo que sea posible que yo deje de amarte algún día.

 

Sintió el beso sobre su cabeza y abrazó mucho más fuerte a su novio.

 

— Debes ayudarme a explicarle a mamá que ahora tengo un novio y no una novia, porque seguro me hechiza si cree que te dejé por otro chico.

— Hecho.

 

Regulus se rió por las cosas en las que James pensaba y se despegó un poco de él para dejarle un suave beso que su novio recibió gustoso.

Su cumpleaños había sido perfecto, su familia y sus amigos lo habían llenado de obsequios increíbles y se sentía muy feliz de poder compartir con ellos ese momento.

El letrero de “Felices 17, Regulus” viviría para siempre en su memoria como uno de los mejores recuerdos que podría tener.

El resto del verano fue mucho más tranquilo después de todo el drama que vivió por salir incontables veces del closet.

Otro momento emotivo fue cuando llegó su carta con la lista de útiles para cursar su último año en Hogwarts. Haber leído “Estimado, Sr. Black” lo había hecho gritar de felicidad, mucho más que saber que era premio anual. Sabía que sus papás le habían escrito al director sobre su situación pero no creyó que fuera tan rápido todo.

Llegó el 1º de septiembre y la nostalgia se sentía en el aire para Regulus y sus compañeros. Se sintió un poco triste cuando miró hacía la mesa de Gryffindor y no vio a su novio ahí. Sabía que lo vería en sus salidas a Hogsmeade pero no podía evitar extrañarlo.

Al finalizar el banquete, el profesor Slughorn lo llamó a su oficina para explicarle que ahora tendría una nueva habitación, además de dejarle claro que cualquier cosa podía contar con él y con cualquier profesor. Todos estaban enterados de la situación y Regulus se sintió muy feliz de no tener que dar más explicaciones.

 

— Felicidades señor Black, representar a Slytherin siendo premio anual es todo un honor.

 

Slughorn tenía una sonrisa amable como siempre, Regulus sintió ese hermoso cosquilleo al que aún no se acostumbraba y solo atinó a agradecerle por todo para después dirigirse a su sala común.

Estaba muy nervioso por tener una nueva habitación después de seis años en ese colegio, pero al menos tenía a Barty y a Rabastan como compañeros y eso lo hacía sentir más seguro.

Llegó a Slytherin justo cuando Avery, el nuevo prefecto, les explicaba a los de primer año las reglas de la sala común y donde podían encontrar sus habitaciones.

 

— Hola —. Se acercó a su grupo de amigos algo cohibido.

Emma y Barty se habían encargado de decirles a todos, él ya no quería tener que salir del closet.

— Bienvenido, señor premio anual — Rabastan le regaló una sonrisa y supo que todo estaría bien.

 

Charlaron un rato de todo lo que habían hecho en el verano y Regulus definitivamente ganó en quién había tenido las vacaciones más interesantes.

Habían pasado horas riendo y bromeando como siempre, pero ya era demasiado tarde y tenían clases al día siguiente.

Regulus por inercia siguió a Emma hacia su habitación. Grave error.

El golpe por haber chocado con una pared invisible había sido tan fuerte que le sacó sangre. El castillo le acababa de prohibir el paso al ala de las chicas.

Sus amigos se preocuparon mucho y lo ayudaron de inmediato, pero las risas no tardaron en llegar.

Regulus aún sentía dolor en la nariz a pesar de que Barty le aplicó un encantamiento para detener el sangrado.

 

— Aceptado por el castillo, pero ¿a qué costo?

 

Ese simple comentario hizo que todos los presentes soltaran una carcajada. Nadie olvidaría el día que a Regulus Black se le olvidó que su cuarto ya no era el de las chicas.

Notes:

Me emocionaba mucho escribir esto, gracias por leer.

Espero que les haya gustado mucho, ya saben que siempre trato de que Regulus tenga una vida linda y esta vez no sería la excepción.

Nos leemos en otros fics.

- Boris.