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Otro día en la escuela con sus amigos llegando tarde, por suerte Remus tenía algo para hacer con sus horas libres: colgar fotos en las carteleras y mostrar los triunfos de los distintos clubes de la escuela -y sus trabajos, sobre todo. Esas que sacaba con tanto cariño y con una cámara a rollo aún en el siglo XXI.
Su momento de ego fue interrumpido por un golpe seco en la parte de atrás de la cabeza y la risa insoportable de Regulus Black mientras se alejaba con su grupo de amigos.
-Estúpido – murmuró Remus para sus adentros. Sabía que el pase libre que tenía Regulus no tenía nada que ver con su edad, era porque ninguno de los Merodeadores se atrevía a herir a Sirius diciéndole que su hermanito querido era tremendo imbécil. Luego de dos o tres peleas fuertes sobre ese tema, Remus, James y Peter habían decidido dejar a su amigo creer lo que quisiera, tal vez no le hacía mal pensar que le quedaba algún pariente decente en ese linaje podrido que eran los Black.
Una vez estuvieron colgadas las fotos, apoyó su patineta en el suelo y avanzó unos metros con ella. Cabía aclarar que llevaba una patineta consigo porque era pobre y era más barato que tomar un autobús todos los días, no porque fuera un pretencioso.
- ¿Lupin? – La voz del profesor Slughorn era inconfundible. - ¿Te gusta esa patineta?
-Sí, señor.
-Entonces mantenla lejos del suelo. Ruedas hacia arriba.
- ¿Así? – Dijo sarcásticamente, levantándolas sobre su cabeza. Tal vez James le estaba contagiando lo dramático.
-Perfecto.
No pasó mucho tiempo hasta que un mensaje llegó, con muchos emojis como siempre y rogando un poco de atención y compañía en el patio. Sabía de quién se trataba sin siquiera ver el “Perrito Sarnoso” en el contacto. También sabía que los dos eran conscientes de que él iría afuera a buscarlo, porque siempre iba.
Ahí estaba Sirius, sentado en una mesa y leyendo algo para su pasantía en Oscorp. Remus no pudo resistir tomarle una foto al verlo así: de perfil, con esa cara perfecta, concentrado y no actuando para una multitud. La segunda imagen que capturó se sintió como una recompensa, Sirius lo había visto parado allí con su cámara y le estaba brindando una de sus sonrisas radiantes.
Todos los Merodeadores sabían esperar si veían a Remus con la cámara, así que hubo una pequeña pausa hasta que ambos estuvieron frente a frente y Sirius le dio un abrazo.
-Buen día a ti también. – Remus rio, bajando la cabeza para darle un beso en la frente a su amigo, quien seguramente era la persona más necesitada de cariño en todo Londres. ¿Quién podía culparlo? Si había sido criado por Walburga y Orión Black.
- ¿Me hiciste ver lindo? – la pregunta que siempre seguía a una imagen tomada sin preguntar.
-Soy fotógrafo, no mago. Con esa cara que tienes no se pueden lograr milagros.
¿Era esa la mentira más vil dicha en la humanidad? Seguramente, y se volvía aún más falsa cuando Sirius reía con la cabeza hacia atrás y los ojos entrecerrados como ahora. Para Remus, no había persona más hermosa que su mejor amigo y no había relación más extraña que la de ellos. Eran un grupo de cuatro, todos eran mejores amigos y James y Sirius eran inseparables, pero la conexión que Remus compartía con él era única. A ambos les costaba dibujar la línea entre amistad y algo más y, al mismo tiempo, ninguno se animaba a dar ese paso que faltaba. Se mantenían abastecidos a base de compartir camas, muchos abrazos y algún que otro beso en la frente en su caso y en la mejilla en el de Sirius porque era más bajo.
El momento fue interrumpido por una multitud coreando algo y atrayendo la atención de ambos.
-Cómelo, cómelo – canturreaba el coro, liderados por Regulus sosteniendo a un chico rubio contra su plato de comida.
-Menú vegano, Lovegood. – se burló el muy imbécil, colmando la paciencia de Remus en menos de un segundo.
-Ya déjalo, Black.
-Lupin, toma una foto de esto, vamos.
-No, Black, déjalo. Y tú no comas eso, Lovegood. – No hubo respuesta, así que Remus recurrió a medidas más drásticas. - ¡Reggie! ¡Basta! – Pocas cosas hacían rabiar tanto a Regulus como el sobrenombre de la infancia cortesía de su hermano mayor. Esos ojos grises se clavaron en los suyos y Remus recibió un golpe de puño contra su cara esta vez, no de la mano de una pelota de básquet.
Lo poseyó un impulso de levantarse e intentar devolver el golpe, sólo para recibir un impacto en el estómago que lo dejó sin aire. Antes de que pudiera ser rematado con una patada, Sirius se interpuso.
- ¡Basta, animales! – se quejó, mirando a su hermano y a Remus con decepción. – Vete a clase, Regulus. No creo que a mamá le guste tener que seguir salvándote el pellejo en lugar de hacer su trabajo.
La pelea terminó así, Remus recibió ayuda para pararse y recoger su cámara de James y se reunieron con Peter mientras el Merodeador faltante se fue hacia el interior de la escuela.
-Dale tiempo – aconsejaron ambos. – Ya se le pasará.
-Hiciste lo correcto. – Agregó Peter, claramente orgulloso de su amigo rompiendo las reglas.
-Campeón en perder. – James bromeó, haciendo reír al resto del grupo.
─── ☾☆──
Pasaron cinco minutos de clase y al fin el silencio se rompió. Sirius se volteó en su asiento y se dignó a hablarle:
-Lo que hiciste allí fue genial. Fue estúpido, pero genial. Probablemente deberías ir a la enfermería a ver a Poppy, podrías tener una contusión. – la falta de respuesta por parte de Remus le hizo seguir hablando. - ¿Cómo te llamas?
- ¿Me estás desconociendo? – seguramente no era el momento para bromas, pero no pudo evitarlo. Se merecía la cara que le puso Sirius en respuesta.
-No. Quiero saber si tú sabes tu nombre.
-Remus… Lupin.
-Okay. – Sirius suspiró de alivio. – Bien. Igual deberías ver a Poppy. – y volteó de nuevo para mirar la pizarra.
-Y tú eres mi perrito sarnoso, también sé eso todavía. – agregó en voz baja.
-Así es, y que nunca se te olvide. – Remus juró que se podía escuchar la sonrisa de Sirius en esa respuesta.
─── ☾☆──
Terminado el día de escuela venía la parte casi tan aterradora como que la persona que amas más que a nadie en el mundo te revoque el saludo: volver a casa con un moretón en la cara y enfrentarse a la sobreprotección de la tía May.
- ¡Hola, May! – saludó como siempre, yendo hacia la cocina para buscar algo comestible y darle un beso en la frente a su tía.
-Haré spaghetti con albóndigas esta noche – por suerte, ella no lo estaba mirando mientras hablaba, más concentrada en cocinar.
- ¿De nuevo? ¿En serio?
- ¿Desde cuándo no te gusta el spaghetti con albóndigas? ¿Eh? – Remus no podía responder a esa pregunta con sinceridad. La verdad era que la tía May no cocinaba bien, pero él y el tío Ben eran peor. Había un acuerdo implícito entre los hombres de la casa sobre no mencionar lo incomibles que eran esos platos, porque al menos alguien los cocinaba y no iban a ser desagradecidos con quien prevenía que murieran de hambre. – Dios mío, ¿qué te pasó en la cara? – ahora May no dejaba a su sobrino alejarse, ya había visto la marca en su rostro.
Remus se sentó en la mesada y miró hacia abajo.
-Me caí con la patineta, no es nada. – dijo con un gesto para señalar que no tenía importancia.
Hubo un momento de paz, luego los pasos del tío Ben acercándose y de vuelta la tía May regañando a alguien:
-Ben Lupin, ni siquiera pienses en dejar esa caja mugrienta en mi cocina.
-Estos son mis trofeos de bolos. – siempre le hacía feliz ver a sus tíos interactuar, le daba ternura ver cuánto se amaban. No podía pensar en uno sin el otro, no recordaba jamás haberlos visto separados por mucho tiempo. Esperaba que Sirius y él fueran así en el futuro, juraba que ya iban por ese camino.
-Bueno, en ese caso, deja esa caja mugrienta en mi cocina.
Cualquier respuesta inteligente que Ben podría haber dado, el sarcasmo corría por las venas de todos los Lupins, fue interrumpida por la novedad que era la cara golpeada de Remus. Sus tíos empezaron a hablar sobre él.
- ¿Qué te pasó? – empezó Ben, tratando de que su sobrino le dijera la verdad. Imposible decir una palabra con May ahí al lado y tomando la palabra por él.
-Se cayó. ¿Por qué sigue usando esa cosa para transportarse? Nunca lo sabré.
-Porque es estúpido y peligroso, ¿no recuerdas cuando éramos estúpidos y peligrosos?
-No.
-Confía en mí, lo fuimos.
Cuando Ben se agachó para recoger algo, Remus notó sus pantalones arremangados, las pisadas mojadas y sus pies descalzos.
- ¿Dónde está la inundación?
-Ven y te la muestro.
El sótano era un desastre, pero ya era tarde para ir a buscar algo que arreglara el viejo congelador guardado allí. Remus prometió hacerlo mañana y recibió con alivio el pedazo de carne helada que pudo apoyar sobre su mejilla para aliviar el moretón.
- ¿Cómo quedó el otro? – esa era una pregunta que no estaba esperando, hoy era el día en el que todo el mundo iba a tomar sus silencios como la señal para seguir hablando: primero Sirius, ahora Ben. – Vamos, sé cómo se ve un derechazo. ¿Tengo que llamar a los padres de alguien? ¿Sí o no?
- No.
-No le diré a May, ese pobre chico sería víctima de su furia.
“Regulus se la merece”, casi dijo Remus, pero después recordó un par de ojos grises mirándolo tan tristes y decepcionados y ese pensamiento sólo lo hizo sentir como una basura. Mejor poner la otra mejilla y ver qué podía ser salvado en ese desastre que llamaban sótano.
Entre todas las porquerías se encontraba un maletín. Nunca había visto a su tío con nada remotamente formal y era muy masculino para pertenecer a su tía. Al recogerlo, vio un grabado: “LL”, de Lyall Lupin.
No había nada allí: recortes, una calculadora, fichas. ¿Por qué conservaban eso? ¿Por qué sus tíos nunca le habían dado algo que había pertenecido al padre que lo había dejado tantos años atrás?
Remus sabía que tenía suerte y que no era un adolescente común. May y Ben eran sus padres para fines prácticos y él tenía una relación muy cercana con ellos. Peter siempre hablaba de peleas con su padre, James decía que con los suyos no había peleas pero que generalmente se sentía incomprendido, y Sirius tenía a sus padres biológicos que eran más carceleros que padres y a los Potter, que tenían muy buenas intenciones pero no podían seguirle el paso a dos torbellinos como lo eran ambos hijos.
Su punto era que él no peleaba con sus tíos y podía hablarles de todo, siempre habían construido una relación basada en el amor y la confianza, así que enterarse de que la existencia del maletín de su padre no era un secreto fue decepcionante. No se los recriminó, nunca había sido una persona conflictiva y sabía que no lo habían ocultado para herirlo, pero se encerró en su cuarto para investigar y ver qué encontraba.
Su intuición no le había fallado: había un falso forro en el interior de uno de los bolsillos y un proyecto sin terminar que estaba intentando descifrar hasta que un golpe en la puerta lo interrumpió. Sin saber por qué, Remus escondió todo y se puso frente a su computadora antes de destrabar la puerta y permitirle a su tío que entre.
- ¿Estás bien?
-Sí, ¿qué pasa? – había olvidado que tenía puestos los viejos anteojos de su padre hasta que Ben se lo quedó mirando por unos segundos.
- ¡Dios mío! Eres idéntico a él. ¿Puedo sentarme? – Remus sólo asintió en respuesta y giró la silla para poder mirar al hombre sentado en su cama.
-Escucha, – Ben parecía nervioso mientras hablaba, como si no hubiera pensado muy bien lo que venía a decirle – no tengo mucha educación, Remus, tú lo sabes. Dejé de poder ayudarte con tus tareas cuando tenías diez años… Lo que quiero decir es que sé que fue duro no tener a tu papá y sé que no hablamos mucho de ellos.
-No importa.
-Sí, sí importa. Quisiera cambiar eso pero no puedo. Busca a Alastor Moody, así se llama el que había sido socio de tu papá. Trabajaron juntos por unos años, eran amigos. Esa noche desapareció. Nunca llamó, ni una sola vez. – se veía que Ben lo resentía -Sabrá él por qué.
Luego de una pausa, volvió a hablar.
- ¿Cuándo vas a decirle? - hizo un gesto con su cabeza hacia la foto de Sirius que estaba en el monitor de su sobrino. Los había visto crecer, no necesitaba ser un genio como esos niños para reconocer cómo se veía el amor.
Remus ignoró estratégicamente esa pregunta porque no tenía una respuesta.
-Tío Ben. – dijo para interrumpir a su tío saliendo del cuarto – Eres un gran padre, ¿sabes? – la sonrisa de su tío le pareció tan tierna que disipó todo su enojo.
─── ☾☆──
Llegó la mañana siguiente y Remus quería aclarar que todas las decisiones cuestionables tomadas en ese día fueron culpa de lo que llamaban en chiste el “Merodeador Style”. Él solía ser una persona decente con su vida en orden hasta que había conocido a los otros tres a la tierna edad de once años y se había convertido al lado oscuro de las bromas y torcer las reglas sin romperlas realmente para lograr algún objetivo. El “Merodeador Style” estaba haciendo que le robara la credencial a algún pobre pasante y se infiltrara en el laboratorio, orando que Sirius no le hubiera cambiado el turno a nadie y no estuviera trabajando.
Claramente, si había algo que nunca iba a estar de su lado, eso era la suerte. Dos pasos con el grupo y lo primero que vio fue cabello negro atado en un moño adorable y una campera de cuero sobre una bata de laboratorio.
-Bienvenidos a Oscorp. Soy Sirius Black, estudio en Hogwarts y soy el jefe de internos del Dr. Moody. Los voy a escoltar durante su visita. – su tono era firme a pesar de que estaba intentando transmitirles a los internos nerviosos la mayor tranquilidad posible. Si no hubiera estado ocupado tratando de ocultarse en el fondo, Remus lo hubiera felicitado por cómo estaba manejando la visita. – A donde yo voy, ustedes van. Esa es la regla general. Si la siguen, les va a ir bien. Si no la siguen … - la advertencia fue interrumpida por alguien siendo arrastrado afuera por seguridad mientras gritaba que le dejaran pasar. – Supongo que no tengo que decirles qué pasa si olvidan la regla. Pasen por aquí.
Sirius dirigió al grupo hacia el interior del laboratorio y dejó que su jefe se presentara.
-Buenas tardes, Sirius.
-Dr. Moody.
- Bienvenidos a todos, soy el doctor Alastor Moody. Por si tienen curiosidad, me cuesta ver de lejos de este lado – señaló el ojo que le faltaba y consiguió una risa del grupo. – soy la mayor autoridad en herpetología, el estudio de los reptiles. Por si alguno no sabía lo que significaba. Pero, como una paciente con párkinson ve que su cuerpo la traiciona, yo deseo arreglarme. Quiero crear un mundo sin debilidad, ¿alguien se atreve a adivinar cómo?
-Genética interespecífica – susurró Remus, o eso había pensado. Ahora el grupo de internos se estaba abriendo y todos los ojos estaban sobre él, incluso los de Sirius. Tuvo que seguir explicando, ya había metido el pie en el pozo.
- ¿Y usted es…? – preguntó Moody.
“Puta madre”, pensó Remus. Todos lo estaba mirando, no podía revisar la credencial en su ropa para saber cómo se llamaba el interno al que le había robado la pasantía.
- Él es un excelente alumno de mi escuela – Dios te bendiga, Sirius Black.
- ¿En serio?
-Segundo en su clase.
Remus tuvo que interrumpir ese intercambio entre Sirius y Moody cuando su orgullo se vio tocado.
- ¿Segundo?
-La química se te da fatal.
- ¿Estás seguro?
-Bastante.
Está bien, no estaba mintiendo, pero Remus sabía que esa era su forma pasivo-agresiva de decirle: “No estoy de acuerdo con lo que estás haciendo.” Obviamente, ni bien Moody se retiró y los internos se ocuparon con recorrer el laboratorio, fue acorralado. Hubiera sido gracioso, con lo bajito que era Sirius, pero sabía cómo parecer gigante.
- ¿Cómo estás, Rodrigo?
-Ah, sí. – Al menos a su amigo le parecía gracioso verlo tartamudear y pensar en una excusa para haber venido aquí sin pedirle un pase de visitante antes. A decir verdad, a Remus no se le había ocurrido y ahora se sentía un idiota por haber querido jugar a ser James Bond cuando podría haber pasado como una persona normal sin mentir. A ambos les gustaban las mismas cosas, ¿por qué no había intentado eso? Sabía que Sirius le iba a decir que sí, incluso ponerse contento de que alguien lo acompañaría.
- ¿Qué haces aquí?
-Trabajo aquí. – eso hizo que los dos se rieran – No. Iba a decir que trabajo aquí, pero tu trabajas aquí así que ya sabes que no es cierto.
- ¿Por qué no me avisaste que querías venir? Te hubiera hecho un lugar aunque las inscripciones estuvieran cerradas.
-No se me había ocurrido.
-Eres la persona inteligente más tonta que conozco.
-También soy la persona inteligente más tonta que yo conozco.
-Tengo que seguir dirigiendo al grupo, no te metas en problemas.
¿Qué se suponía que le tenía que responder? ¿La verdad? Eran Merodeadores, no existía el concepto de “no meterse en problemas.”
-Remus, es en serio. No me metas en problemas, necesito que esto salga bien para la universidad. – malditos ojos de cachorrito de Sirius. – quédate con el grupo, después hablamos de esto.
El momento de sentirse culpable por no seguir al resto vendría después, ahora Remus se movió con disimulo hacia atrás y logró ver a un guardia de seguridad entrando en un cuarto con rótulos muy parecidos a los de las notas de su padre. Prestó atención al patrón del panel de entrada para copiarlo y se metió antes de que pudiera ser visto o arrepentirse.
Estaba esperando cualquier cosa en ese cuarto salvo una sala llena de arañas. ¿Debería meterse sin ningún equipo de protección a revisar las arañas que seguramente eran algún tipo de experimento? No tendría otra oportunidad de resolver esto, así que la respuesta era: sí, porque no encontraba más opciones.
Desde adentro, toda la habitación era más intimidante, pero invitaba a Remus a seguir revisando. Tensó una de las telas de araña en sus manos, parecía una cuerda común y corriente y vibró con mucha más firmeza que cualquier tela que hubiera limpiado del sótano de su casa.
-Puta madre. – susurró cuando un mecanismo giró y docenas de arañas empezaron a caer sobre él. Luego de un par de arcadas y sacudirse la ropa, salió corriendo.
Suficiente espionaje por hoy, le parecía mejor volver con el resto de los internos y seguir investigando el laboratorio. Sirius lo vio sumarse al grupo y lo apartó para hablar.
-Dame la tarjeta. – no había nada en su tono ni en su cara que le diera lugar a Remus para debatir.
-Disculpa. – cerró los ojos y frunció el ceño cuando sintió una punzada en el cuello, pero no había nada allí. Seguro estaba sugestionado por todo el tema de las arañas caminando por su cuerpo.
Aparentemente, algo de todo eso hizo que Sirius sintiera pena por él y se lo llevara a un costado para tener un poco de privacidad.
- ¿Qué estás haciendo, Remus? En serio, si me vas a cagar esta oportunidad, al menos que sea por algo bueno.
-No quiero… - suspiró – promete que no le dirás a nadie, no quiero hablar de esto con James y Peter.
- ¿Pero conmigo sí? – Sirius preguntó y Remus quería decirle que no fingiera no saber que él era diferente. Le contó a grandes rasgos lo del maletín de su padre y lo que había encontrado. Habían pasado doce años ya, pero seguía siendo igual de difícil hablar de la familia que lo había dejado y nunca vuelto.
-Ay, Remus… - por primera vez en su vida, Sirius no sabía qué decir y eligió el silencio. – Está bien. Te prometo que está bien, no le diré a nadie.
- ¿Estás enojado conmigo?
- No, ven aquí. – puso las manos sobre sus hombros para tener algo de apoyo y ponerse de puntas de pie para besarle la mejilla. Remus aprovechó la oportunidad para abrazarlo y tenerlo cerca. – Te entiendo, seguramente yo haría lo mismo en tu lugar. ¿Puedo ayudarte?
-Ahora me iré a casa para que puedas trabajar, tienes todo el grupo a cargo. Mañana lo hablamos bien, ¿sí?
En respuesta, Sirius le apretó un poquito los hombros. Cuando se apartó, sonrió y le enderezó los lentes.
-Me gustan, te hacen parecer inteligente.
- ¿Pensarías que puedo hacer cosas de química?
-Tampoco para tanto.
─── ☾☆──
El viaje a casa fue infernal, le quisieron pegar, casi desnudó a una pobre chica en el medio del tren porque su mano se había pegado a su ropa, le rompieron la patineta, se fue a los golpes con dos desconocidos y lo estaba matando el hambre. A la mañana siguiente, ya había dejado de sudar como un marrano pero seguía siendo más fuerte y rápido que alguien normal y sus dedos no habían dejado de estar pegajosos. De todos modos, tenía que ir a la escuela, no iba a quedarse allí sin hacer nada cuando podía resolver la ecuación que su padre había dejado pendiente y encontrar respuestas en Moody sobre qué le estaba pasando.
Remus juraba que su plan era ser normal durante el resto del día, o lo más normal que su grupo de amigos le permitiera, pero había cosas que no podía controlar en su cuerpo.
Durante la práctica del equipo del colegio empezaron a molestar a Peter, quien se encontraba pintando un cartel para el próximo partido. Regulus apuntó, según él accidentalmente, al balde de pintura y arruinó con eso veinte minutos de trabajo.
- ¡Hiciste eso a propósito, Black! – a la mierda la regla de portarse bien con el hermanito de Sirius, pero Peter tenía razón en esta.
-No, pero debería haberlo hecho. Fíjate dónde te pones, Pettigrew.
Ese fue el límite de la paciencia de Remus, dejó de fotografiar al equipo y se quedó junto a su amigo para ayudarlo. La próxima pelota que vino en su dirección fue detenida por su mano y hubo un instante de sorpresa entre los dos.
-Dámela, Lupin. – llamó Regulus desde el otro lado del gimnasio, con un gestito petulante que nada más podían soportar cuando venía de Sirius. En la cara de otro Black, lo único que inspiraba era violencia. - ¡Vamos!
- Un segundo. – Remus dejó su cámara en las manos de Peter y se volvió hacia el grupo. Detrás suyo, sintió los pasos de James y Sirius acercándose a cada costado.
-Vamos, Lupin.
- ¿Por qué no me la quitas?
James eligió ese momento para interrumpir.
-Remus, ¿qué haces? ¿No tuviste suficiente con lo del otro día? – lo último fue dicho en voz muy baja, para que nadie usara eso contra su amigo.
- ¿No puedes solo? – Regulus preguntó, sólo para provocar a alguien del grupo, cualquiera de los tres le venía bien.
Remus se alejó de sus amigos, les hizo un pequeño gesto para que se quedaran donde estaban parados y le ofreció la pelota de vuelta a Regulus.
-Eso, Regulus, quítasela. – alentaron sus amigos. – Vamos, Black.
Se sintió bien mover la mano tan rápido detrás de su espalda para pasar la pelota a su otra mano y dejar al idiota en frente suyo agarrando el aire. La segunda vez, usó de ventaja los centímetros que le sacaba a todo el mundo para levantar el brazo y alejarse antes de que pudieran quitarle lo que sostenía.
No había mucha diferencia entre esto y estar borracho, como cuando a la media botella de vino sentía que podía hacer lo que quisiera. Ni sus amigos estaban hablando de lo sorprendidos que estaban, por primera vez sintió que no lo estaban viendo como si fuera un debilucho.
Regulus se le abalanzó esta vez, Remus saltó y lo rodeó con la pelota antes de usarla para golpearlo en la espalda.
Hubo un “oooh” general, ya todo el mundo los estaba mirando y él sentía ganas de reír. Fingió golpear a Regulus con más fuerza (no lo hizo de veras sólo porque Sirius estaba allí, pero ganas no le faltaban).
-Agárrala. – hubo una pausa en la que todos estaban pensando qué hacer. – Está bien, ¿así?
Remus se cubrió los ojos pero abrió los dedos para poder ver.
- ¿Sí? – volteó medio cuerpo para que el otro se le pudiera acercar. - ¿Está bien? – ahora pudo controlar su palma pegajosa a voluntad y Regulus no podía quitarle la pelota a pesar de estar haciendo bastante fuerza con ambas manos.
Ya que un Black desistiera de algo era una victoria, pero a Remus no le pareció suficiente. Su mente estaba fija en la golpiza de la otra vez y en el acoso que sufría todo el mundo por culpa del grupito que los Merodeadores llamaban “serpientes”. La tercera cosa en la que estaba pensando era en la falta de compasión de Regulus, quién había tomado partido por su familia como un cobarde cuando su hermano lo había defendido sin parar.
Con eso en la cabeza, hizo rebotar la pelota un par de veces para provocar y mantener un poco más el suspenso. Regulus “Serpiente Chiquita” Black recibió un empujón para nada accidental y Remus dio un salto tan alto que se sorprendió a sí mismo, encestando con suficiente fuerza como para cargarse el tablero consigo.
El ruido a vidrio rompiéndose y cayendo arriba suyo fue un golpazo de realidad, incluso los pasos de sus amigos acercándose lo asustaron ahora.
- ¿Estás bien? – James fue el primero en hablar, mientras Sirius le sacaba con cuidado los pedazos de vidrio de la ropa.
La entrenadora Hooch se acercó, nadie sabía cuándo había vuelto de su recreo para almorzar pero ahí estaba, enviando a Remus y Regulus a la dirección.
-Después hablamos, lo prometo.
Llamaron al tío Ben para hablar de esto, por suerte no a la tía May (Remus no podría haber aguantado su carita de decepción, era lo mismo que patear a un cachorrito). Ese hombre se merecía un monumento por defender a su hijo a pesar de que estaba enojado. La familia venía primero.
En el pasillo, el silencio tenso duró solamente dos minutos.
- Tío, no nos van a hacer pagar el tablero.
-No me importa el tablero, quiero saber si eso es verdad.
- ¿Qué cosa?
- Lo que dijeron ahí dentro, ¿humillaste a ese muchacho?
Silencio.
- Sí, lo humillé, pero…
- ¿Pero?
- Se lo merecía.
- ¿Sí? ¿Es el muchacho que te pegó?
Otro silencio
- ¿Es el muchacho que te pegó, Remus?
- Sí, y el que molesta a todos los chicos. También es el hermano de Sirius, el que lo dejó solo cuando más necesitaba a su familia. ¿Cuántas veces lo tuvimos en casa porque la suya era un infierno? Tuve la oportunidad y…
- Entonces todo esto se trataba de venganza. Te debes sentir muy satisfecho, ¿no? ¿Le devolviste la familia a tu amigo? ¿Solucionaste algo aparte de recuperar un poco de orgullo?
Remus no se sentía para nada satisfecho ahora que lo estaba pensando en frío.
-Me lo imaginaba, - continuó el anciano – y gracias a tu pequeña travesura tuve que cambiar mis turnos en el trabajo, así que tú tendrás que recoger a la tía May a las nueve, ¿entendido?
- Sí, tío.
- Bien. – Ben pareció notar algo por sobre su hombro que Remus no podía ver por estar de espaldas. – Tuvimos audiencia. – con un gesto de su cabeza, señaló hacia atrás y ahora ambos estaban mirando a Sirius disimular, y fallar. - ¿Sabe que lo tienes en su computadora?
- No lo tengo en…
- ¡Sirius! ¿Sabías que Remus te tiene de fondo en su computadora? Está en libertad condicional, te lo encargo. – se dirigió de nuevo a su sobrino antes de irse – no te olvides de tu tía.
Sirius se le acercó y Remus deseó que la tierra pudiera tragarlo. Como eso no podía pasar, comenzó a balbucear para salir de la situación incómoda.
-Ya sabes cómo es mi tío, es excéntrico. Un mentiroso patológico. Seguro creyó que eras otra persona.
- ¿Entonces no me tienes en tu computadora? – respondió Sirius con un gesto de decepción arruinado por su risa.
- Era una foto del equipo, tú estás ahí, debió haber visto cuando yo estaba toqueteando cosas.
- ¿Te estabas toqueteando las cosas? – Remus no estaba sorprendido, se la había dejado servida.
- No, - rio – no voy a contestar eso.
- ¿Te expulsaron?
- No, tengo que hacer trabajo comunitario. Podría ser peor.
- Estuviste bien con Regulus, alguien tenía que bajarlo del pedestal. Gracias por no golpearlo, eso fue importante para…
- ¿Quieres salir conmigo? – la pausa que se hizo luego de que interrumpió a Sirius lo puso nervioso - ¿Quieres… no sé. – necesitaba ayuda para esto, nunca había invitado a nadie a salir, y este era el puto amor de su vida. – Podríamos… o, también podríamos… si no quieres.
-Sí
- ¿Sí?
- Cualquiera de las dos. - ¿le estaba sonriendo? ¿Remus estaba alucinando? – No ahora, claramente.
- No, no. Tengo muchas cosas para hacer, pero… ¿de verdad?
-De verdad. ¿Arreglamos luego?
Para coronar el momento incómodo, Remus se agachó para darle un beso a Sirius en la mejilla, pero justo él había dado vuelta la cabeza y sus labios se tocaron. Por suerte, ambos se tenían que ir realmente y el momento pasó, aunque él podía ver a su amigo sonriendo a la distancia y supo que no era el único que se sentía como si estuviera en el cielo.
─── ☾☆──
Todo lo que subía debía bajar, así funcionaban la gravedad y la vida en general. Sobre todo la suya, con lo que él llamaba la “mala suerte Lupiniana”. Durante el día, Sirius y él casi confesaron sus sentimientos, Remus probó sus poderes y avanzó en sus experimentos en Oscorp con Moody. Cayó la noche y discutió con su familia, ahora se encontraba en la calle tratado de salvarle la vida a su tío, que había salido a buscarlo porque él se había ido corriendo para hacer drama, y que estaba sangrando por culpa del ladrón que su sobrino había dejado escapar.
Cuando Ben dejó de respirar, Remus soltó un grito desgarrador. La policía llegó poco después, lo llevaron a casa para hablar con él y con May. No quería dejar a su tía, pero tampoco podía mirarla a los ojos sabiendo que todo esto era su culpa.
Desde que era un niño, incluso cuando sus padres vivían, sólo había visto a Ben y May juntos, o hablando del otro, o algo que daba a entender que eran una entidad en conjunto. No cabía en su cabeza que iba a tener que acostumbrarse a ver a su tía sola, se sentiría como si fuera media persona en lugar de una entera.
Remus sabía que no merecía consuelo, pero aun así llamó a la persona que más quería cerca.
- ¿Remus? – Sirius estaba dormido, esa vocecita ronca era inconfundible. Por un segundo, Remus no le pudo contestar - ¿Estás bien? ¿Qué pasa?
- Sirius, la cagué. La cagué bien feo, fui un imbécil todo el día y ahora… - un sollozo lo interrumpió y no le permitió seguir hablando.
- ¿Qué pasó? Espera, no me digas ahora. Voy a tu casa, ¿despierto a James y llamo a Peter?
- No, no los llames. – esa respuesta llegó demasiado rápido – Sólo tú, por favor.
-No te preocupes, Re. – supuso que Sirius lo entendía, hubo varias veces en las que lo había elegido a él en lugar de James cuando su familia había sido demasiado para soportar, y no por eso eran menos hermanos. A veces, sólo se necesitaban entre ellos y no al resto del mundo.
Sirius llegó a la casa, Remus podía escucharlo hablando con May en la sala. Ella le contó todo, él era el favorito de los Lupin por lejos y parte de la familia, y aceptó las condolencias que él le dio junto a la promesa de estar allí para el funeral. Preguntó si James y Peter podían acompañar, ahorrándole un problema a Remus.
Su amigo lo encontró en un rincón de su habitación, agachado y mirando a un punto fijo en la pared donde no había nada realmente.
- ¿Remus? – Sirius lo llamó con una voz tan suave que terminó de desarmarlo.
Ni bien se arrodilló frente a él, Remus lo abrazó y comenzó a llorar de nuevo.
-Fue mi culpa, yo dejé al ladrón escapar y le disparó.
-Mírame, respira. – Sirius le sostuvo la cara entre las manos y no lo dejó ir hasta que dejó de respirar tan rápido. Estuvo un rato inhalando y exhalando con él, hasta que Remus inclinó la cabeza y juntó sus frentes. – Lo siento tanto, pero no fue tu culpa.
-Sirius… - lo interrumpió, clásico Black.
-No lo verás ahora, ¿sabes? Te tomará un tiempo, pero te lo voy a recordar hasta que puedas hacerlo tú solo.
-No me merezco que me consueles.
-Eso no lo sé, pero me llamaste y yo quiero hacerlo. No me voy a ir a ninguna parte, vamos a descansar. ¿Quieres ducharte? Te esperaré aquí.
- No, quiero acostarme.
Sirius le permitió levantarse y no miró cuando Remus se quitó la ropa para cambiarse. Ya estaba por sugerir dormir en el sofá, pero la voz de su amigo lo detuvo.
- ¿Puedes quedarte conmigo? No quiero estar solo.
- Siempre.
Remus pudo dormir mejor con Sirius en brazos, pudo pretender que merecía tenerlo en su vida.
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Días de dolor se volvieron semanas en las que eligió usar sus nuevos dones para buscar a quien le había quitado a su tío y vengarse. Durante todo ese tiempo, esquivó a sus amigos (y a toda su vida en general), incluso Regulus había notado el cambio radical y estaba actuando como una persona decente.
Sin un bully en el medio y evitando a los Merodeadores, Remus se encontraba rodeado de silencio por primera vez desde los once años. Ahora que no lo acompañaban con su presencia podía sentir agradecimiento por esa mañana en la que Sirius, Peter y James se habían apiadado de él y arrastrado a su grupito de tres. Los extrañaba, pero tampoco sabía cómo liberarse de sus propios pensamientos y volver a la normalidad.
No tuvo que resolver su problema solo, sus amigos eran otra parte de su familia y estuvieron allí como él los necesitó. Vinieron luego de un tiempo, de a uno y con su estilo propio. Ninguno de los tres intentó abrumarlo o pedirle cosas que él realmente no podía darles. Cada parte del trío le dejó a Remus algo distinto para reponerse.
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James fue el primero: entró a la biblioteca y fingió que nadie estaba pidiéndole que se callara. Finalmente, tuvieron que salir para evitar una detención y empezaron a caminar por los corredores.
- ¿Cómo estás? – James hizo un gesto extraño con su cara, como si la pregunta sola le diera vergüenza.
-Estoy bien, James, - una pausa y un suspiro – no sé qué hacer. Me siento tan culpable, ¿Sirius te contó lo que pasó?
-Algo. Está completamente perdido, no sabe cómo acercarse a ti.
Pensar en que Sirius no sabía qué hacer por una vez hizo que soltara una risita.
-Pobre perrito sarnoso. – James rio con él al oír ese comentario, luego se puso inusualmente serio y Remus recordó que su amigo era probablemente la persona más buena del mundo.
-No tienes que saber qué hacer, no creo que puedas saberlo. – James realmente no lo entendía, nunca había perdido a alguien en su familia, pero no pretendía saber de qué estaba hablando y eso era lo más importante. – Pero Ben estaba orgulloso de la persona que eres, a pesar de la pelea. A él no le gustaría verte así, llegando golpeado a todos lados y alejando a todo el mundo. No querría verte muerto en vida.
-No creo que Ben hubiera querido morirse tampoco.
-Seguramente no, era un Lupin. Ninguno de ustedes se rinde ante el mundo sin pelear, ¿no?
- ¿Y si no puedo ganar la pelea? – porque atrapar a quien había matado a Ben no se lo traería de vuelta, su misión terminaría y quedaría vacío.
-Entonces admites que perdiste esa pelea y te vuelves a levantar siendo mejor para poder ganar las que te quedan.
La conversación siguió y cambiaron de tema. Remus no pudo estudiar nada esa tarde pero se llevó de James un poquito de su valentía.
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Luego vino Peter. Si la manera de acercarse de James había sido poco sutil, entonces ésta era un ladrillazo en la cara. Remus estaba caminando hacia su casa cuando un auto negro de los que llevaban a los científicos y ejecutivos importantes de Oscorp lo empezó a seguir. No sintió necesidad de alarmarse, sus instintos le avisaban siempre de eso, así que se detuvo. La ventanilla se bajó y Peter le ofreció un café y un paseo que se suponía que sería hasta su casa, sin embargo fue mucho más largo y se notaba que el conductor estaba dando vueltas por todo Londres para que los jóvenes pudieran charlar.
-Te extrañábamos, nos faltaba algo en el grupo. – Peter era así, Remus entendía por qué Sirius lo quería tanto. Era esa muestra de ternura que llegaba sin pedir permiso. Complementaba a los otros tres, que tenían un carácter un poco fuerte y podían ser hirientes a veces.
- ¿Les faltaba alguien inteligente? – A diferencia de su amigo, él era un poco más seco. Al menos esto era normal y fue tomado como el chiste que era.
-Nos faltabas tú, no hay muchas otras maneras de decirlo. – eso era algo que amaba de Peter, que era muy frontal porque no le gustaban las ambigüedades entre sus amigos. Era tan millonario como Sirius y James, sabía bien cómo jugaban los ricos y no traía eso a los aspectos de su vida que sí le gustaban. – No podemos ser tus amigos si no nos dejas.
-Peter, ya volví al grupo. Ya está. – apenas pudo terminar su frase sin ser interrumpido.
-No, no está. Estás ahí y finges. Hay algo más, no nos tienes que contar ahora, pero vamos a estar allí cuando quieras que lo hablemos.
¿Qué debía decir? Sí les estaba ocultando cosas a sus amigos, no había una manera normal de decirles que tenía poderes y estaba jugando a ser superhéroe. El padre de James era capitán de un equipo en la policía y no estaba contento con el “Hombre Araña”, como lo había bautizado el público. Ese descontento se trasladaba a su hijo, quien creía en las leyes con el fervor que su padre le había inculcado. Las pequeñas menciones por parte de Sirius, la persona más entusiasmada con el concepto de un héroe para sorpresa de nadie, habían terminado en un debate largo y unos pequeños chispazos que nadie salvo Remus parecía haber notado.
Peter volvió a hablar y lo sacó de sus pensamientos:
-Te entendemos, sé que piensas que no, pero siempre entenderemos. – no había otra manera de responder a ese comentario que no fuera con un abrazo.
Dieron vueltas por la ciudad hasta el anochecer y tomaron demasiado café como para irse a dormir a una hora razonable. De Peter, Remus se llevó un poco de su empatía.
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Sirius fue el último en llegar, un gesto apreciado porque él era el más frontal del grupo y hablaba sin ningún filtro. No esperó a encontrárselo, vino a su casa y se sentó en su cama hasta que Remus terminó su tarea y quiso hablarle.
-Te debo una cita, si no cambiaste de opinión.
Al escuchar ese comentario, Sirius sacudió la cabeza y sonrió.
-Puedes venir a cenar conmigo y los Potter esta noche, comeremos lubina.
-Claro, sí. Riquísimo.
-Es un pescado, por si no sabías.
-No, si yo soy un experto en sus menús de millonarios.
Esa fue toda la normalidad que Sirius le dio, luego se puso serio y le indicó que se sentara a su lado en la cama.
-No perdí a mi familia como tú, pero sé cómo es intentar hacerlo todo para que vuelvan a ti y que nada funcione.
Remus quería decirle que la muerte y el rechazo eran dos cosas distintas, sobre todo quería recordarle que los Black no merecían el amor que Sirius seguía teniéndoles aunque lo negara. Luego, optó por no desviar la atención cuando estaban hablando de él y su mejor amigo estaba haciendo un esfuerzo gigante por no ser brutalmente sincero.
-¿Cómo sigues adelante así? Nunca te entendí, Sirius. Te han tratado tan mal, te criaron para que fueras un ser detestable y tú siempre peleaste contra eso.
-No es la gran cosa. – a pesar de su ego, siempre parecía ponerle incómodo que le recordarán todo lo que había sobrevivido.
-Lo es, desearía ser tan fuerte como tú.
-Lo eres. Yo sobreviví todos los días gracias a ustedes, sobre todo por ti. Tú me diste esa fuerza.
Remus lo entendió entonces: la super fuerza no le estaba haciendo seguir adelante, debía ser realmente fuerte.
Le dio un abrazo a Sirius y se quedaron allí en silencio por un rato. Cuando se fue a su casa, lo dejó sintiéndose más liviano.
Eso fue lo que se llevó de Sirius: la fuerza para seguir adelante como si aquello fuera la única opción.
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Si le preguntaran por su historia de origen de superhéroe, Remus primero se reiría, luego respondería que sus amigos y su tío fueron gran parte de su motivación, pero no podría omitir esa noche en la casa de los Potter.
La cena había comenzado genial, era claramente una cita doble con Lily y James. Sirius había escogido bien: estaban en una casa familiar con gente que ya conocían y adoraban. Todo el pánico que Remus podría haber sentido era inexistente. Probablemente por eso tuvo el valor para discutir con Fleamont sobre por qué el Hombre Araña no era un criminal y sí un héroe.
Sirius desvió la tensión parándose de repente y sugiriendo que fueran a la terraza a tomar aire. Sólo cuando la puerta estuvo cerrada rompió el silencio:
-Eso fue… intenso.
-Creí que iba a arrestarme a pesar de ser tu papá y el de James.
-No, no lo hubiéramos dejado arrestarte.
La incomodidad de la conversación había pasado, ahora estaban cerca de la cornisa, mirando la ciudad. Sirius volteó un segundo y vio en la mejilla de Remus un moretón que antes no había estado allí.
- ¿Qué te pasó en la car—
-Tengo que decirte algo. – Remus hubiera amado decir que tenía planeado lo que pensaba decir, pero sólo había interrumpido a Sirius en un exabrupto de valentía.
-Oh, - ahora lo miraban esos ojos grises, grandes y llenos de curiosidad.
Quería besarlo ahí mismo, era el único pensamiento rondando en su cabeza.
-Me… me ha picado. – genial, Remus, nadie sintió el cringe en esa frase. ¿Qué lo había picado? ¿El bicho del amor?
-Yo… ¿también? - Sirius se veía igual de confundido, pero dispuesto a esforzarse por esta cita fallida.
-Okay, okay, okay. Tengo que decirte algo en serio. Es sobre el superhéroe y el ladrón de autos, ¿sí?
-Oh. Bueno. – Sirius se apartó, claramente decepcionado de que no iban a hablar de su relación, se debían esa charla.
Su reacción pareció ser tomada en cuenta.
-No, no. No te alejes. Olvídate de eso, no vamos a hablar de eso. Voy a hablar de mí.
- ¿Qué pasa?
-Es imposible, me encantaría decírtelo, – hizo un gesto con las manos – es difícil de contar.
- ¿Qué es? Puedes decirme lo que quieras siempre.
Sirius insistió un poco más, pero no recibió respuesta y eso terminó frustrándolo. Se dio la vuelta para volverse hacia el apartamento cuando algo se aferró a su cadera y lo hizo voltear. Fue todo muy rápido, primero estaba girando hacia Remus, jalado por una especie de cuerda pegada a su pantalón, luego perdió el equilibrio y terminó en sus brazos. Antes de que pudiera hablar, se estaban besando.
Siempre había pensado en qué se sentiría besar a Remus. En todas sus fantasías era él quien terminaba dando el primer paso, parado en puntas de pie y aceptando tener que actuar primero porque la persona que le gustaba era tímida. Nunca se le hubiera ocurrido que él sería el que estaría apenas de pie, procesando que estaba enamorado de un superhéroe y que, al fin, después de tantos años, se estaban besando.
-Eres el…
-Cállate. – Remus no quería dejar de besarlo jamás.
Él también había imaginado este momento, nunca así. Algo le había llenado de valor, creía que era la idea de quedarse sin tiempo. Ver a Sirius alejarse le hizo desear sostenerlo cerca suyo, y si podía confiarle a alguien su secreto era a él.
No supo por cuánto se besaron, era como si no pudieran separarse, hasta que Euphemia los interrumpió. Sirius escuchó su llamado solamente la segunda vez, se volteó hacia ella con el pelo desalineado y los labios un poco rojos. Estaba para besarlo de nuevo sólo porque sí, lamentablemente él tenía que irse de vuelta al apartamento y Remus fue invadido por una sensación de peligro que lo hizo seguir su nuevo instinto. Descendiendo por la cornisa, escuchó a Sirius suspirar: “estoy en problemas.”
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Salvando a las personas en el puente, especialmente a un niño que casi fue consumido por un auto en llamas, las palabras de Fleamont resonaron en su cabeza: “Si fuera un héroe no perseguiría siempre a personas que se ven igual, sólo está buscando venganza”. Él no era así, no lo habían criado para ser egoísta. Con esos poderes y frente a una criatura mutante como la que estaba causando todo este caos, lo único que podía hacer era asumir su rol como un héroe de verdad. Quería honrar la memoria del tío Ben y ser esa persona que Sirius siempre había admirado tanto aunque no se lo mereciera.
Remus jamás se lo admitiría a Fleamont, ni siquiera a James, pero esa discusión durante la cena le había abierto los ojos para saber lo que tenía que hacer.
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La mañana siguiente lo recibió con una orden de arresto contra el Hombre Araña sin ninguna mención del lagarto gigante con instintos asesinos, como si él hubiera sido el culpable del ataque en el puente. La discusión sobre el tema en la escuela se tornó apasionada: Sirius y Remus defendían al Hombre Araña mientras James les decía que era un criminal. Peter se cansó luego de ver a sus amigos ir y volver en círculos sobre el tema y propuso hablar de su próxima broma.
Cuando se quedó solo con Sirius en el campo de rugby, Remus sintió la necesidad de preguntarle qué pensaba realmente. Era más importante ahora que ya no había secretos entre ellos y eran novios… o algo así.
-No crees lo que dice la policía, ¿verdad?
-Claro que no, - Sirius lo miraba incrédulo. ¿Cómo no iba a confiar en la persona de la que estaba enamorado? - ¿Qué vas a hacer? ¿No estás asustado?
-No. – respondió primero y luego lo pensó realmente. -No. – dijo con una sonrisa, tratando de transmitirle seguridad a Sirius para que no se pusiera ansioso.
- ¿Qué era eso en el puente?
-Era gigante, demasiado grande para ser humano.
-Tienes que mantener un perfil bajo, te están buscando.
-No, no puedo. -luego de su reflexión de la noche anterior le era imposible considerar pararse a un lado mientras las cosas malas sucedían.
- ¿Qué? ¿Por qué no? – para Sirius, eso tenía todo el sentido del mundo.
- Porque esa gente en el puente hubiera muerto si yo no hubiera estado ahí.
-Parar eso no es tu trabajo, para eso están Fleamont y su gente. – no sonaba completamente convencido de que la policía fuera capaz de encargarse de eso.
-Tal vez lo es.
La conversación había terminado pero había una tensión en el aire que a Remus le molestaba, hubiera dado lo que fuera por calmar los nervios de Sirius. Por eso quiso cambiar de tema.
-Me gustó mucho besarte, - se acercó a él para decirle eso, esperando que el comentario llegara a buen puerto. - ¿sabías que besas muy bien?
-A mí tambi… - no pudo contener su risa - ¿sí? Tú también besas muy bien.
Se hubieran besado de nuevo, estaban a punto de hacerlo, pero Remus detuvo una pelota que un jugador del campo de juego había pateado mal. La lanzó de vuelta pero no controló su fuerza y un poste de la meta se dobló.
-Deberíamos irnos antes de que me hagan hacer más servicio comunitario.
Al menos se fueron riendo, eso contaba como una victoria.
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Su primera parada fue el laboratorio, Moody estaba muy alterado y las consultas que Remus le hacía parecían ponerlo más nervioso. Lo despachó rápido con la excusa de cerrar la oficina por el resto del día para enfocarse en sus descubrimientos. Antes de irse, dejó ver por accidente las escamas en su cuello y eso fue lo necesario para saber que era momento que el Hombre Araña se pusiera en acción.
Sirius le había mencionado en una de sus charlas que Moody estaba tan desesperado por avanzar en su proyecto para fusionar ADN humano y de reptil porque la enfermedad que le había quitado un ojo avanzaba y estaba a punto de dejarlo completamente ciego. Eso parecía un buen motivo para experimentar en uno mismo y terminarse volviendo un lagarto mutante asesino, Remus estaba seguro de que iba a encontrar respuestas siguiendo al científico.
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Básicamente, esa era la explicación de por qué pasó horas en las alcantarillas de Londres para luego terminar balanceándose por la ciudad con arañazos en el pecho después de una pelea perdida con el lagarto. Al menos había logrado conservar su máscara y proteger su identidad, no quería pensar en lo que podría pasar si ese loco decidiera atacar a su familia o amigos.
¿Qué hubiera sido lo inteligente? Ir a casa. ¿Qué decidió hacer? Seguir derecho por la avenida que lo llevaba donde los Potter. Aterrizó sobre la escalera de incendios que daba a la habitación de Sirius con muy poca gracia, pero eso no hizo que nadie mirara en su dirección. Abrió la ventana cuando vio el gesto que su no-novio le hizo con la mano desde adentro y se deslizó hacia el suelo.
- Podrías considerar usar la puerta como una persona cuerda . ¿Sabías que Fleamont piensa que necesitas atención psiquiátrica urgente? Dijo que fuiste a la estación a advertirle que Godzilla va a matarnos. – Sirius estaba distraído y bromeando cuando dijo eso, ni siquiera volteó a verlo.
Remus rio, pero eso hizo que sus costillas le dolieran y que soltara un quejido. En ese momento fue cuando realmente se miraron. Sirius, acostumbrado a resolver cosas rápido porque su casa anterior era un infierno y ser presa del pánico nunca había sido una opción, se levantó de su silla y lo ayudó a sentarse sobre algo más blando.
-Remus, ¿qué te pasó?
-Deberías haber visto cómo quedó el otro tipo. Y cuando digo “tipo” me refiero a un lagarto mutante gigante.
-Déjame ir a buscar el botiquín para curarte. Sanarás más rápido.
Luego de luchar con quitarse el traje sin dolor, terminó sentado en un sillón con las piernas en una banqueta que estaba compartiendo con Sirius, quien limpiaba sus heridas.
Tal vez estaba delirando después de la pelea, pero Sirius se veía perfecto en ese momento: en pijama, con el pelo recogido y un cardigan que se parecía sospechosamente a uno suyo. Se acercó a él para robarle un beso.
-Tranquilo, bichito.
-¿Qué me llamaste? – no era el momento para bromas, Sirius se veía serio y le estaba apartando la cara.
-Sé cómo va a terminar esto contigo. Desde que éramos pequeños que vemos a James estar nervioso porque nunca sabe si su papá volverá a casa esa noche o no. Ahora Fleamont es mi papá y me pasa lo mismo.
-Yo siempre volveré a ti, ¿okay? Pero tengo que detener a este lagarto porque yo fui el que hizo todo esto posible.
-¿A qué te refieres?
-Esto era el experimento de mi padre, yo lo resolví y ahora pasó todo esto. Es mi responsabilidad, Sirius, y tengo que reparar lo que está mal.
Remus no podía resistir esos ojitos preciosos mirándolo así, se veían tristes y resignados. Era la misma cara que había visto toda su infancia cuando Walburga venía a su casa en su auto carísimo y separaba a los niños para volver a la calle Grimmauld con su hijo.
-Vayámonos de aquí. – le sugirió, sacudiendo la cabeza para que sus narices se rozaran. – Vámonos de aquí, ¿podemos?
-No, los Potter están muy paranoicos con los ataques. Si me ven irme se enojarían. – a pesar de su rebeldía, él se comportaba desde que se había mudado con su familia elegida.
-Los Potter no van a verte salir.
Se vistieron y Remus los balanceó sobre los edificios hasta que llegaron a uno de sus lugares favoritos en la ciudad: una torre de reloj con un alfeizar lo suficientemente ancho para descansar allí seguros y disfrutar de la vista de la ciudad.
Nunca había tenido una cita antes y se estaba recuperando de un ataque a manos de un lagarto mutante, pero sabía de todos modos que ese momento en el que se besaron a la luz de la luna y pudieron hablar al fin sería de los mejores de su vida.
-¿Cuéntame un secreto? – Sirius le pidió de repente, acurrucándose contra él.
-Creo que ya te dije el más grave de todos, - Remus puso su brazo alrededor de los hombros de Sirius para sostenerlo cerca. - ¿por qué no me cuentas uno tú?
-Ya sabes todos mis secretos: como que realmente no me gusta tanto el deporte pero me gusta disfrutarlo con James, - una pequeña pausa - o que estoy loco por ti.
Remus volteó la cabeza para mirarlo cuando dijo eso, tenía la cara tan roja como él. Nunca habría pensado que el gran Sirius Black pudiera sonrojarse.
- ¿Qué? -Sirius se rio, esa risita nerviosa de persona enamorada – Vamos, tu turno. ¿Cuéntame un secreto? Uno lindo.
Se movió para abrazarlo por completo y lo besó en la cabeza antes de responderle:
-Yo también estoy loco por ti.
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Nadie parecía sorprendido de verlos caminando por los pasillos de la escuela cogidos de la mano a la mañana siguiente. Ni siquiera James y Peter, quienes los felicitaron por al fin hacer algo y dejar de hacer sufrir al grupo con su amor no concretado.
- No lo sé, James, - bromeó Peter - ¿qué va a ser de los Merodeadores sin la tensión sexual de estos dos?
-Mejores. Seremos mejores.
-Ahora falta que tú encuentres pareja, Pete, - Sirius agregó, gesticulando con la mano que estaba sosteniendo la de Remus y haciéndole mover el brazo también.
Antes de que Peter pudiera responderles, un estallido resonó en el corredor y Moody, con su forma de lagarto en todo su esplendor, atravesó una puta pared como si nada.
Lógicamente, los estudiantes empezaron a huir; James los agarró a todos de alguna parte del cuerpo, de alguna manera logrando jalar a tres personas teniendo sólo dos manos y siendo así de miope, pero tuvo que dejarlos ir entre los empujones de gente.
Remus aprovechó para escabullirse y sintió la presencia de Sirius a su lado.
- ¡Asegúrate que todos estén a salvo afuera! -si no le hubiera dado algo que hacer, no lo podría haber hecho irse a pesar de no tener poderes.
Logró ponerse su traje de Hombre Araña para protegerse de los golpes y tener la cara tapada en caso de que alguien hubiera quedado atrapado en la escuela y él tuviera que ayudarlo, pero la pelea seguía reñida. Cada vez que atrapaba a Moody en una red, el reptil se terminaba liberando. Estaba por atacar de nuevo cuando algo golpeó a su oponente por detrás: allí estaba Sirius, con el trofeo más grande que la escuela tenía, golpeando a un lagarto que le doblaba en tamaño.
Efectivo fue, Moody se retiró ni bien oyó las sirenas de la policía, pero el sentido arácnido de Remus le dijo que tenía que seguir alerta.
Primero lo primero, si alguien sabía que Sirius había vuelto, podrían asociar a su novio con él y eso terminaría en su identidad secreta expuesta cuando todavía había una orden de arresto en su contra. No pudo resistirse a abrazarlo por un instante, luego tiró el trofeo por la ventana para que se hiciera pedazos.
-Voy a arrojarte por la ventana, ¿sí? No te preocupes, no voy a dejar que te lastimes.
Remus no le dio tiempo para asimilar la situación, lo aventó hacia afuera de la escuela y lo atrapó con una telaraña en el aire para que no golpeara el suelo. Cuando se asomó para asegurarse que Sirius estuviera bien y ayudarlo a pisar el asfalto, lo vio columpiándose y con una expresión divertida.
-Clásico. -dijo para sí.
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Pudo salir de la escuela sin que nadie lo viera y fue lo más rápido posible al laboratorio que Moody se había improvisado en las alcantarillas, allí encontró los planes del científico de liberar un arma biológica y convertir a la ciudad en lagartos con la excusa de “mejorarlos”. Necesitaba un plan por si algo salía mal, y le daba pena matar a ese pobre hombre que al final sólo estaba enfermo y desesperado. Ni bien encontró señal, llamó por teléfono a Sirius para pedirle que fuera a Oscorp para hacerle un antídoto; él jamás llegaría a tiempo desde donde estaba.
Sus esfuerzos por resolver la situación resultaron inútiles: el lagarto se dirigía al laboratorio también y Sirius se había rehusado a salir de allí sin terminar la cura. Así fue cómo Remus se encontró a sí mismo balanceándose por los edificios hasta que la policía lo derribó con varios golpes de táser.
En el suelo, Fleamont se acercó para desenmascararlo y ambos se miraron sorprendidos.
-¿Remus? – el capitán no salía de su asombro, ese era el niño con sweaters demasiado grandes que seguía a sus hijos a todos lados.
-Ya sé que está pensando en arrestarme.
-No tengo otra opción. -le interrumpió.
-No va a arrestarme, Señor Potter. -se lo dijo con una confianza que no sentía realmente.
-¿Y por qué no lo haría?
-Porque ama a sus hijos. Sirius está en Oscorp haciendo un antídoto para esa bestia, que ahora mismo está yendo para allá. Yo soy el único que puede llegar a tiempo y salvarlo y usted lo sabe. -había un poco de plegaria en su voz -Por favor, ninguno de los dos quiere perderlo.
Los segundos que Fleamont se tomó para pensarlo se sintieron como una eternidad para Remus, pero finalmente recuperó su máscara y pudo irse.
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No esperaba que Moody lo cogiera del cuello y estuviera a punto de matarlo, ni que el mismísimo capitán Potter viniera a su rescate con el antídoto que Sirius había sintetizado. Todo parecía salir bien, el lagarto había recuperado su forma humana y su cordura.
-El capitán está herido. -le dijo de repente.
Remus se apresuró en ir a buscarlo, había mucha sangre en el suelo y Fleamont estaba haciendo un esfuerzo inmenso para respirar.
-Le llamaré a alguien para que lo ayude.
-Si te quedas van a arrestarte, Remus. Vete.
-No me iré a ninguna parte, va a estar bien, -estaba a punto de llorar, pensaba en James y Sirius y cuánto les dolería esto -no se preocupe.
-Me equivoqué sobre ti, realmente eres un héroe. El mundo te necesita… ¿sabe James de esto?
-Sólo Sirius.
-Mantenlo así. Harás enemigos, ¿sabes eso? Habrá gente en peligro. Necesito que me prometas que James nunca se enterará y que tampoco volverás a arrastrar a Sirius a esto. -Remus tardó en contestar y Fleamont sintió que el tiempo se le agotaba – Promételo.
Lo último que vio antes de morir fue al muchacho asentir.
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James vino a reprocharle por no haber ido al funeral, su forma de afrontar el dolor era la ira y ésta era una muy entendible: ellos habían estado allí luego de la muerte de Ben y ahora él estaba desaparecido. Le hubiera encantado decirle la verdad sobre el Hombre Araña y que había visto el cajón descender desde lejos, pero tenía que mantener su palabra y protegerlos.
La conversación con Sirius fue mucho más dolorosa, también ocurrió en el día del funeral. Remus recordaba que llovía a cántaros, y que la humedad hacía que el cabello de Sirius estuviera esponjado. Ni siquiera le ofreció entrar a su casa, hablaron en el umbral.
-Te dijo que se lo prometieras, ¿no? – le preguntó entre lágrimas por su relación y por Fleamont – ¿Te pidió que te alejaras de mí? ¿De James también?
-Sirius, no puedo estar contigo. Lo siento, pero no puedo.
Esa fue la primera vez desde los once años que Sirius Black no le dijo nada. Por primera vez, Remus tenía la última palabra luego de un desacuerdo y estaba notando que no le gustaba en lo más mínimo. Le tomó todas sus fuerzas resistir llamarlo cuando lo vio abrir su paraguas de nuevo para irse, ambos llorando.
- ¿Qué pasó? – preguntó May ni bien se cerró la puerta.
- Terminé con él. – Remus respondió, tal vez no se lo tendría que haber contado a su tía, pero necesitaba sacárselo del pecho.
- ¿Por qué? – ella los había visto crecer y enamorarse, no le encontraba sentido a esa decisión.
- No soy bueno para él.
- Remus Lupin, -May se acercó y le hizo recordar a su sobrino que los Lupin siempre tendrían corazón de león, - si hay algo que eres, eso es bueno. Y si alguien no está de acuerdo, que venga y lo hable conmigo.
-No puedo, May. Si algo llegara a pasarle por mi culpa… - ella jamás lo entendería, pero él necesitaba que alguien lo escuchara.
- Sirius es una persona, tiene una vida y tomará sus propias decisiones. Nadie puede decirle que hacer, eso lo deberías saber mejor que nadie, - sonrió cuando el comentario le sacó una risita a su niño – Le pasarán cosas malas, no puedes protegerlo de todo. Lo importante es que estés allí para ayudarlo a levantarse, como él estuvo para ti. No entiendo qué pasó entre ustedes para que terminaran, pero creo que ese es el punto: sólo ustedes dos pueden entenderse realmente.
No había nada que Remus pudiera responderle a May, pero sus palabras lo habían dejado pensando. Era una habilidad que esa gran mujer tenía: el poder de dar la palabra justa.
─── ☾☆──
Pasado el fin de semana, le llegaría el momento de verse con Sirius en la escuela. No le sorprendió ser ignorado, la pasivo-agresividad de los Black no era un secreto. Él tendría que dar el primer paso, dentro de lo posible cuando no estuviera llegando tarde a clase.
-Tarde pero seguro, Lupin, - lo saludó Flitwick – me alegra que se nos pueda unir al fin.
-Prometo llegar a tiempo a partir de ahora. – respondió, tomando asiento justo detrás de Sirius, quien estaba haciendo un esfuerzo por no voltear en su dirección.
-No haga promesas que no piensa cumplir, joven.
Remus se inclinó hacia adelante sobre la mesa para que sólo una persona lo pudiera escuchar:
-Pero esas son las mejores.
No lo vio sonreír, pero cuando la clase terminó lo sintió entrelazando sus manos. Al mirar a su cara, lo recibió esa sonrisa de Sirius Black.
Todo estaría bien.
