Actions

Work Header

SOUR

Summary:

El sabor de la vida siempre tiende a ser agrio, no importa cuánto ames o cuanto disfrutes los momentos importantes, todo termina y ese sabor ácido se queda para siempre.

Regulus sabía que nunca tendrían un final dulce pero James no quería perder la esperanza.

Notes:

Hace un año me encontraba muy mal y Sour de Olivia Rodrigo era todo lo que tenía para sentirme mejor, más si lo proyectaba en Jegulus, desde entonces quise escribir sobre ellos dos inspirado en Sour.
Hoy se cumple un año del lanzamiento del álbum que más me ha hecho llorar en la vida desde la separación de 1D.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: brutal

Chapter Text

Regulus

 

Desde que era un niño había soñado con cumplir 17 años, ser mayor de edad y hacer magia donde sea. Tener el mundo a tus pies sin las responsabilidades que llevaba ser un adulto que debe mantener una familia era lo único que quería desde entonces.

Tenía muchos planes para cuando pudiera salir de Hogwarts, viajar solo por Europa era de los más importantes. Estudiar astronomía, escribir un libro tal vez y publicarlo bajo un seudónimo, con ese tipo de cosa aun podía cumplir con lo que un Black tenía que hacer.

Lo que nunca planeó fue que al cumplir 17 años se enamoraría de James Potter y mucho menos que llevaría una relación secreta con él.

Su sexto año estaba lleno de recuerdos mezclados entre James y él encontrándose sin que nadie los viera, besos fugaces y unos más intensos. Tantas primeras veces guardadas en su mente como un tesoro que protegería hasta la muerte.

Recordaba muy bien el llanto por separarse de él por culpa de la graduación de James pero lo superaba la felicidad cuando lograron mantener su noviazgo.

Muchos de sus sueños se acoplaron a la idea de tener a James en su vida. Sus poemas ahora tenían nombre y apellido y su viaje venía con compañero incluido.

Londres muggle era perfecto para tener un departamento secreto, tan pequeño que se podía llamar habitación a secas pero le daba igual porque solo era para ellos dos.

Sus planes y los recuerdos que tenía con James llegaban a él en momentos como ese y se aferraba a ellos para no romperse y continuar corriendo. Como si imaginar una vida con James, tan distinta a la que llevaba le diera la fuerza para no rendirse.

Se supone que sería un trabajo fácil, pero no creyó que La Orden se enteraría. Hace tiempo le había planteado a Barty la posibilidad de que hubiera un informante pero ya era tarde para un “te lo dije”.

Sabía que tenía que haber renunciado hace mucho. Irse lejos y no volver era un sueño recurrente. Pero defender al mundo mágico de su exterminio ante las ideas de los muggles era lo que se esperaba de él, era lo que esperaban de un Black.

En teoría, creía fielmente en las palabras de Voldemort, pero no en la práctica. Mancharse las manos no era algo que le gustara, no se sentía orgulloso de las cosas que había hecho durante dos años. Pero no tenía más opciones.

Sentía la respiración agitada, intentó aparecerse pero no llevaba su varita, estaba seguro que la perdió en cuanto vio a su hermano atacando a Avery.

Todo había sido demasiado rápido. Entre maldiciones y contrahechizos, vio como paralizaron a Evan y de no haber sido por el grito de Barty y que lo arrastró con él, ya estaría en el ministerio.

No supo en qué momento él y Barty se habían separado pero esperaba que sus amigos estuvieran bien.

Solo se oían sus propios pasos en ese callejón, como pudo se escondió tras un basurero y trataba de no hacer tanto ruido mientras jalaba el aire por la boca. Todo su cuerpo temblaba, no tenía idea de como saldría de ahí. No tenía su varita y se sentía un completo imbécil por haberla perdido.

Sirius lo había visto, no lo atacó pero pudo ver la decepción en sus ojos.

La adrenalina iba desapareciendo de su cuerpo y el frío de la noche se hacía presente en su piel. No tenía idea de qué camino tomar para buscar su varita y salir de ese escondite era exponerse a que lo encontraran más rápido. Solo tenía que esperar, estaba seguro que pronto lo encontrarían y lo llevarían al ministerio.

Ya todo había terminado, no había salida.

El sonido hueco de los pasos se hizo presente y sintió su cuerpo tensarse. Habría deseado que no fuera él, ojalá hubiera puesto más resistencia, pero no pudo. Ni siquiera dudó en dejarse desaparecer cuando James Potter estiró la mano frente a él.

Nunca esperó volver a verlo y menos estar junto a él en ese viejo departamento. No le importaba no poder escapar de ese sitio, porque sabía que esa sería la última vez que vería al amor de su vida.

El lumos en todo el lugar dejaba ver la cama exactamente como la recordaba, los muebles blancos y la mesa con dos sillas seguían en el lugar de siempre. Escuchó el chillido de la tetera y desde su asiento vio a James levitar todo hacia ellos.

Dejó a James preparar su té, dos de azúcar y un poco de leche. Lo conocía bien.

Dio el primer sorbo y sintió el calor recorrer su cuello por dentro, sus manos aún temblaban y por un momento creyó que podía derramarse el té encima.

Dejó de mirar a todos lados como si quisiera verificar algo ahí y se atrevió a observar detenidamente a su ex novio. Los ojos avellana se veían tristes, James siempre fue transparente y era imposible no ver la decepción que sentía por él.

Regulus nunca había ocultado sus ideales pero James trató de ignorarlos y ahora esos ojos lo juzgaban más de lo que alguna vez lo hicieron.

El silencio era extraño, no había incomodidad pero las preguntas rondaban en la mente de James y Regulus casi podía escucharlas, solo que no tenía respuestas y si las tuviera tampoco quería darlas.

Ese viejo cuarto que tantas veces los había visto amarse, ahora solo se sentía como el sitio donde todo terminaría. No había salida y de eso estaba seguro.

James siempre fue un “hombre de ley”. Regulus se burló de eso en varias ocasiones, el pasado del Gryffindor siempre sobresalía por no cumplir las reglas.

“Es diferente, romper reglas para salir un rato a Hogsmeade que ir por ahí lanzando imperdonables”

Regulus recuerda muy bien las charlas sobre James queriendo entrar a La Orden del Fénix y quejándose de los seguidores del Señor Tenebroso.

Al final tenía razón, él pudo haber sido un alumno perfecto y el hijo que sus padres querían que fuera pero ahora solo era un mortifago que iba por ahí haciendo cosas que preferiría no tener en su mente, James por otro lado rompió reglas y leyes que no lastimaron a nadie, ahora estaba en La Orden y enviaría a Regulus a Azkaban sin pensarlo.

— Cuando Severus lo dijo — James hizo una pausa para analizar los gestos de Regulus, — no creí que fuera real. Nunca quise creerlo.

Regulus rodó los ojos, claro que el espía tenía que ser el mestizo amigo de la sangre sucia.

— Suenas como un mártir — de verdad intentó sonar molesto, pero no lo consiguió.

— Sigo tratando de negarlo a pesar de lo que vi hoy — James ignoró por completo el comentario hostil de Regulus y siguió. — Sé que siempre salía el tema y aunque hablaras tan mal de las ideas de los hijos de muggles yo no quiero creer que seas parte de esto.

Regulus giró la mirada, le era imposible mantenerse firme ante él, sintió una lágrima caer por su rostro y con un movimiento rápido se deshizo de ella con el dorso de la mano.

— ¿Por qué?

Escuchó la pregunta de James y dio un fuerte suspiro, ya ni él estaba seguro de cómo responder a eso.

Siempre le habían gustado las reuniones del Club de Las Eminencias a pesar de tener que convivir con personas que a su parecer no tenían porqué estar ahí. Slughorn era su profesor favorito por mucho y siempre se molestaba cuando oía a Sirius decir que era un don nadie que coleccionaba alumnos.

Su hermano no tenía lo necesario para entender que en ese mundo las influencias y el estatus eran muy importantes.

Así había llegado a conocer a gente impresionante, gente con la que valía la pena codearse. Como Evan Rosier que aunque era dos años mayor que él y nunca antes habían hablado, congeniaron bien en esas reuniones.

En cuanto salió de Hogwarts, Evan lo guió en los asuntos del ministerio junto con Barty. Regulus tenía que tener buenas alianzas ahí dentro, ahora era el heredero de su familia y pronto los tres se volvieron inseparables.

Regulus sabía que podía confiar en ellos incondicionalmente.

Su vida de egresado consistía en aprender todo lo que su padre hacía por su familia, empezar a tomar un lugar en el ministerio junto a sus amigos y ver a James tres veces por semana en su departamento secreto.

Se sentía tranquilo a pesar de la guerra que se anunciaba pronto, pero no le daba importancia aunque sabía que sus amigos y su novio estaban muy interesados. Claro que él no tenía las mismas prioridades.

Aún así trataba de mantenerse al margen de todo eso, era firme con sus ideales pero no los expresaba de más cuando estaba con James y tampoco quería obsesionarse con el tema como Barty y Evan.

Él solo quería vivir sus sueños, no sentía pena o miedo por lo que les pasaba a los hijos de muggles. Decir eso en voz alta frente a James le costaría una pelea y verlo solo tres veces por semana ya era muy poco como para que se molestaran y no se vieran en días.

Su primer año fuera de Hogwarts fue la calma antes de su tormenta.

Había aceptado acompañar a sus amigos a las reuniones secretas y se dejó presentar ante el Señor Tenebroso por su prima. No iba a negar que las palabras del hombre eran sensatas a sus oídos, pero eso era algo que jamás diría frente a James.

A pesar del drama en el mundo real donde llevaba una doble vida siguiendo a sus amigos y otra viéndose con un traidor a la sangre, lo único que le importaba era llegar a su lugar favorito y esperar a su novio. Porque nada fuera de ese departamento importaba, nada era tan grave para no seguir con él.

Le gustaba ver a su novio llegar al departamento con su uniforme de estudiante de Auror, se sentía como cuando tenía 16 y lo veía volar en el campo de quidditch con su uniforme rojo mostrándose orgulloso, claro que jamás le confesaría a James que le prestaba atención mucho antes de que empezaran a salir.

Regulus apenas si recordaba los días en que se repetía a sí mismo lo mucho odiaba a James Potter, se odiaba por no controlar sus sentimientos por él en cuanto empezó a coquetearle. Se odiaba por haber dejado que el Gryffindor le robara su primer beso y lo odiaba porque solo con una sonrisa tonta lograba que Regulus dejará de odiarlo, porque nunca pudo hacerlo realmente.

Esos días habían quedado atrás hace mucho tiempo y ahora tenía a su novio quitándole la ropa y dejando besos por todo su cuerpo.

Desnudo y boca abajo sintió un beso en su omóplato derecho y dejó salir una risa fresca con las cosquillas que la barba de James provocaba. Siempre se sentía en paz con él y le daba miedo que pronto eso acabaría.

— Te extrañé.

La voz de James se escuchaba más rasposa. Otro beso, ahora en la parte baja de la nuca donde estaba su tatuaje. Dos astas de ciervo adornaban esa parte de su cuerpo, un lugar difícil de ver con las túnicas. No le gustaba ocultarlo con hechizos, ese tatuaje representa algo que le gustaría no haber escondido nunca.

Se giró sobre su cuerpo y besó la clavícula izquierda de James. Una hermosa constelación de Leo se dejaba ver ahí.

— Yo también te extrañé —. Se acercó para dejarle un beso en los labios. — Tres días sin ti son demasiados.

Siempre fue inevitable para él no caer ante James. Lo amaba demasiado y sabía que James lo amaba a él de la misma manera.