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La calma que emana

Summary:

Día 1 de la Rinangry Week 2022

Souya se ha perdido y encuentra la calma en un niño rubio

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Diciembre trajo consigo los copos de nieve que se amontonaban en cada rincón, el viento que se los llevaba hasta posarse en cada persona que caminaba por las calles de Japón, para causarles esa sensación helada. No fue la excepción, cuando en una inhalación, un copo se presentó en la nariz de Souya provocándole un escozor que terminó en un estornudo.

Frotó su pequeña nariz colorada por el frío, la tela de los guantes le afectaron calidez momentánea. Sentía el cabello húmedo y frío, Souya se mostró arrepentido de no ponerse el gorro que Nahoya le había entregado, le incomodaba tener que guardar todos sus rizos y ahora pagaba por ello.

En un instante, algo fue colocado sobre su cabeza, su gemelo le había colocado el gorro y le había tomado de la mano.

Souya con seis años tendía a divagar por todo lo que le parecía interesante, siendo el hijo menor de la familia Kawata tenían que tenerlo vigilado más aún cuando las puertas del templo ya eran visibles y las personas empezaban a aglomerarse.

Solo fue un segundo, su atención fue atraída por una estatua enorme y de momento se quitó el gorro, pareció una persona, no creyó alejarse tanto, sino fuera que cuando estuvo cerca de la figura se viera enorme, un hombre molesto y aterrador con el puño levantado; el temor que le invadió el corazón le hizo sollozar y alejarse de inmediato, huyó hacia cualquier lado, solo quería huir.

Souya se detuvo con el pecho golpeando y la mirada vidriosa, cayó en cuenta de que ni su papá, ni su mamá, ni su hermano estaban ahí. Observó su mano que carecía del guante azul, miró hacia atrás y volteó hacia todos los lados con tal de encontrar la cálida mano de su gemelo.

Empieza a desesperarse, necesita encontrarlos, deprisa, aunque la nieve y los árboles se lo impiden.

El temor se agranda en su corazón, sus piernas caen sobre la nieve, las abraza y oculta su rostro entre sus brazos, las lágrimas corren por sus mejillas, sin la intención de detenerse.

—Oye, no deberías llorar.

El susto que le tuvo detuvo su llanto, sus ojos atraparon a un niño rubio que parecía de su edad, viéndolo con ojos curiosos y violetas a través de grandes gafas redondas.

—No lo hagas o se te congelarán las mejillas —Souya de inmediato se detuvo y tratar de limpiarse, con su corta edad era fácil creer todo lo que los demás decían.

—¿Qué haces aquí?

—¿No te enseñarán modos? Primero debes presentarte.

—Lo siento —su mamá siempre le ha repetido no hablar con extraños, aunque también el hecho de que no debe ser grosero—, me llamo Souya, ¿cuál es tu nombre?

—Soy Rindou, ya no tengas miedo, ya no estás perdido si estás conmigo —la mirada turquesa de Souya se centra en la mano que fue extendida frente a él. No sabe si fue por la confianza en que lo dijo o fue la sonrisa cálida que le regaló, pero la tomó con firmeza, la palma fría le provocó escalofríos, sin embargo, lo decidió y de un salto se puso de pie.

—Iremos con el bobo de mi hermano mayor —agrega para empezar a caminar. La mano con la que sujetaba la de Rindou era la que carecía de su guante, realmente se sentía seguro. El temor que hace unos minutos le albergaba el corazón se esfumó con la llegada de Rindou.

—¿Cómo es que llegaste hasta aquí?

—Me separé de mi hermano por ver una estatua, sólo fueron unos segundos, pero me asusté y corrí sin fijarme a donde.

—Supongo que te refieres a los guardianes Nio, son dioses guardianes, sus expresiones son de enojo y resaltan con esas enormes cejas… —Rindou explicaba como si el tema fuera de lo más sencillo y Souya lo escuchaba con sumo interés, mostró una mueca cuando el rubio usó un dedo para recrear la expresión molesta— siempre están colocados a los lados del templo para que alejen el mal, pero esta vez te alejaron a ti.

Ante la mueca burlona de Rindou, Souya infló sus cachetes de la vergüenza que sentía—. ¿Y tú cómo terminaste por aquí?

—No lo sé, solo vi algo azul moverse entre lo blanco y quise ir. Tu cabello es muy llamativo, podría reconocerlo desde muy lejos.

—Lo sé, es muy esponjoso.

—Y bonito.

El silencio en que se quedan le permite a Souya escuchar sus latidos, Rindou le agrada mucho.

Souya lo observa confundido, Rindou había soltado su mano y empezó a girar la cabeza y daba pasos hacia los costados, parecía buscar algo o más bien alguien.

—¡Ran!, ¿dónde estás?, ¡Ran!...¿Ran?

De entre todos los lados solo seguía viéndose árboles cubiertos de nieve, nadie se asomaba al llamado.

—No está… —murmura con voz quebrada.

Todo indicaba que ambos sí estaban perdidos.

Souya se alerta al ver como Rindou había caído al suelo de rodillas y más cuando escucha el leve sonido del llanto, realmente Rindou debe estar asustado, lo mismo que él sintió cuando no veía a Nahoya en ningún lado. Así que Souya no duda en acercarse y tomar algo de su bolsillo, se deja caer en la nieve y con lentitud se aproxima a su rostro, no quiere asustarlo.

—¿Qué estás haciendo? —levanta la cabeza al sentir a Souya pegarse a él, son las manos pequeñas y cálidas del niño las que limpian sus mejillas con sus pulgares y provoca que sus rostros se encienda.

—Se dañarán tus mejillas si lloras —responde, aunque fue más una repetición de lo que dijo Rindou hace unos minutos,mientras despega el protector de la curita y la pega con cuidado en la mejilla húmeda—¿Estás bien? Tienes la cara roja, seguro tienes frío.

—Eh… —antes de que Rindou pudiera responder, sintió como le colocaban un gorro de lana, el que Souya llevaba en el bolsillo.

—Siempre llevo conmigo banditas con corazones por si mi hermano se lastima —Agrega, al ver a Rindou tocarse las mejillas, le había colocado cuatro, dos en cada mejilla—. Creo que esperaremos aquí.

Souya acarició la nieve con sus manos y empezó a formar una bola de nieve, aunque se le rompía con facilidad.

—Si quieres jugar con la nieve usa mis guantes, solo los llevo porque Ran lo dijo.

—Los hermanos mayores nos cuidan.

Rindou asiente y le entrega un par de guantes rojos y Souya se los colocó con gusto. Empezó a formar bolas de nieve a sus costados, se asomó, lo cual hizo que viera el pequeño corazón que hizo Souya. No tardó en imitar sus acciones, formando un pequeño hombre de nieve. Durante el rato, siguió contándole sobre los templos, guardianes y leyendas, era tan interesante lo que escuchaba y creyó que podía hacerlo por un largo rato.

Con unas piedras formaron el rostro y admiraron su creación.

—Yo creo que nuestros hermanos nos encontrarán pronto.

—Más le vale a Ran o lo acusaré —murmura en tono molesto, a Souya le roba una sonrisa.

—Ya está atardeciendo…—Rindou agrega al levantarse y su vista se dirige al pequeño— Me llevo preguntando que cómo se sentirá tocar tu cabello.

—Hazlo, no tengo problema en que lo hagas.

Cuando Rindou enreda sus dedos entre sus rizos, se siente nervioso, aunque la sensación no es desagradable, le causa felicidad y se muestra en su sonrisa—. Es muy suave, creo que tengo un nuevo color favorito.

Podía haber continuado si no fuera por un sonido que los puso en alerta.

—¿Oíste eso?

El temor en la voz de Souya hizo que Rindou se colocará frente a él, siendo lo más probable un animal salvaje. Ambos vieron el momento en que alguien salió disparado de entre los árboles y quiso arremeter contra Rindou.

—¡Esto es peor que un animal!

—¡Aléjate de mi hermano menor! —corre en dirección al rubio con toda la velocidad posible, es idéntico a Souya pero con una sonrisa aterradora.

—¡Nahoya! ¡Deja de intentar atacar a Rindou! —Souya logró interponerse entre ambos.

—Souya, ¡mamá está preocupada, tenemos que irnos!

—¡No me voy a ir sin Rindou, no lo voy a dejar solo!

Los tres se detuvieron en el instante en que escucharon otras pisadas igual de apresuradas que las de Nahoya.

—¡RinRin! ¿Dónde estás?

—Genial, reunión de hermanos mayores. Souya, yo quiero decirte que…

Sus palabras quedaron en el aire cuando sintió unos brazos rodearle, el pequeño se abrazaba con firmeza a su cuerpo. No querían despedirse, pero era necesario—. Adiós Rindou, gracias por todo —ambos se sostienen con fuerza, aun si fueron solamente horas en que se conocieron, parecía una vida entera.

Pero tenían que irse, fueron tan lentos los movimientos al despegarse que se sintió en cámara lenta.

Caminando en dirección opuesta, Souya volteó y pudo observar a Rindou con otro niño parecido a él. No quería que todo terminara ahí, por lo que inhaló y soltó el grito más fuerte que ha lanzado en su vida— ¡Rin! ¡Volvámonos a ver!

—¡Claro que sí, Sou!

La nieve fue testigo de la promesa que se hicieron ambos niños, fue una lástima que no pudo presenciar que se cumpliera durante diez años.

 

Por poco un cuaderno se le cae, si no fuera por Chifuyu quien lo tomó y consiguió guardarlos en su casillero.

—¿Tantos? —pregunta Chifuyu, un amigo de la preparatoria, con curiosidad.

—Recuerda el examen dentro de tres días.

—¿Había examen? —pregunta Nahoya algo aterrado

—¿En qué piensas?

—En que aún no tengo mi romance adolescente cuando ya tengo dieciséis —Souya suspira derrotado, aunque queda en nada cuando ven una figura acercarse, tiene el cabello largo de color oscuro y rubio, más alto que Hakkai y sus ojos, por algún motivo, Souya siente que le recuerdan a alguien— ¿Ese no es uno de los alumnos de intercambio de Estados Unidos?

Grande fue la sorpresa cuando se detuvo frente a ellos.

—¿Kawata Souya?

Souya asiente con duda, una de sus cejas se arquea al ver que el alumno le extiende un sobre, duda, pero lo toma— ¿Esto no es una clase de broma, verdad?

—No, te lo envía alguien que ya conoces, no puede ser una broma.

La curiosidad es tanta que rompe el papel y entre sus dedos siente la madera, es una tableta en la que puede leer claramente unos kanjis bastante bien escritos, lo que dice ahí le enciende las mejillas y su corazón empieza a golpear contra su pecho.

Souya ve que el tipo aún está cerca por lo que corre hacia él— ¿Qué es esto?

—¿No reconoces un ema? Se escriben deseos para que en año nuevo sean quemados y así cumplidos, pero cierto idiota no siguió la tradición y se lo quedó. Y por favor, asiste a esa cita, no quiero soportar las rabietas de mi hermano.

“Salón F de Tercer año, cuando suene la campana”

Apenas escucha el sonido del timbre, se despide de sus amigos y se dirige al salón, la curiosidad hace que empiece a correr.

Frente al salón, sus manos tiemblan, pero logra empujarla e ingresar.

Ve a una persona, está frente al ventanal y toda la luz le cubre, su corazón se acelera y hay emoción en su cuerpo.

Es alto, de espalda ancha y cabello rubio.

—No puedo creer que te vi apenas llegué a esta escuela y tú no a mí —empieza a hablar y la ronca voz le hace eco en los oídos, la emoción crece y no la puede retener en cada paso que da—. Tu cabello sigue igual de llamativo, fue fácil reconocerlo. Por fin, mi ema se cumplió.

“Deseo volver a ver al niño de cabello celeste y poder decirle lo que quería decir aquella tarde, por favor”

—Rindou…

Lo ve voltear, ya no hay un rostro redondo, pero sus gafas sí lo son.

El corazón se le va a escapar por la boca.

—Cuántos años, Souya.

Souya lo entiende, esa calidez familiar al ver directamente a los ojos violetas.

Aún cuando creyó que desde aquella tarde nunca lo volvería a ver, que esa historia solo fue de unas horas porque nunca más lo volvió a ver en el templo y ahora su sonrisa está frente a él.

—Yo quería agradecerte por haberme ayudado cuando me perdí, sin ti creo que hubiera llorado hasta congelarme —comenta con vergüenza, recuerda lo llorón que era de niño.

—Te estás equivocando, aquel día tú me ayudaste y sentí un sentimiento que ahora lo entiendo al verte. Gracias por cuidarme con tu calidez, quiero que lo sigas haciendo

El brillo en la mirada de Rindou provoca que las mejillas de Souya se encienden.

No lo entiende al principio, aunque no es necesario, Rindou volvió a su vida y quiere que siga así, hay mucho de lo que ponerse al día, quiere escuchar todo lo interesante que tiene que decir y observar sus muecas, necesita preguntarle el porqué tiene mechas del color de su cabello.

Quiere que ese sentimiento cálido que Rindou le causa no desaparezca nunca.