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Español
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2022-05-24
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1,629
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1/1
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60

Muéstrame

Summary:

“Porque sí, yo creo en el amor. Pero no creo que el amor sea para mí. Así que, ¿por qué no vienes y me demuestras lo contrario?”

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

“Y no creo que el amor sea para mí. Así que, ¿por qué no vienes y me demuestras lo contrario?”


Fai no era una persona a la que le gustaran las mañanas. Todo era demasiado brillante, demasiado ruidoso, demasiado rápido y demasiado temprano. Todos en su pequeña y peculiar familia sabían perfectamente que no debían acercarse a él hasta que hubiera tomado una taza de café (o cualquier bebida energética que pudieran encontrar en el mundo donde se encontraran), o que hubiera tenido una buena dosis de besos y caricias de su amado.

Esta mañana no era diferente, y como Kurogane (que se levantaba casi con el sol) había salido a su entrenamiento matutino, y el mundo en el que se encontraban actualmente lo permitía, una taza de café tendría que ser suficiente.

Al levantarse, los ojos de Fai se posaron en un extraño libro en la mesita de noche de Kurogane. Parecía ser un diario que no recordaba haber visto antes.

–¿Qué es esto? – se preguntó, y extendió su mano para tomar el cuaderno. Estaba a punto de abrirlo cuando un hombre alto y moreno entró en la habitación.

–Tch, al fin despertaste – gruñó Kurogane cuando entró en su habitación.

–Buenos días a ti también, Kuro-tan – sonrió Fai, extendiendo los brazos para envolver a Kurogane en un fuerte abrazo y besarlo profundamente. El ninja respondió el beso felizmente, con una de sus manos en la cintura de Fai y la otra en su mejilla.

–Esto es mucho mejor que cualquier taza de café – dijo Fai cuando se separaron. Kurogane solo rodó los ojos con una leve sonrisa en los labios. Sin embargo, su vista se desvió hacia el libro olvidado en la cama y se tensó.

–¿Lo leíste? – preguntó, repentinamente alarmado, señalando el libro. Fai volteó al libro también y respondió:

–No, pero tenía curiosidad. No recuerdo haberlo visto ante…

Pero antes de que pudiera terminar de hablar, Kurogane ya había tomado el diario y estaba caminando para salir de la habitación.

–No es importante – dijo, dándole la espalda a Fai. – Solo olvida que lo viste.

–Awww, ¿Kuro-puu está escribiendo un diario? – bromeó Fay, pinchando sus propias mejillas con los dedos.

–¡No es eso! – espetó el hombre más alto. –Te lo dije, no es importante.

–¡Pero Kuro-rin, no deberías avergonzarte! Después de todo, no debe haber secretos entre nosotros.

–Cierra la boca. Voy a la cocina, el mocoso está preparando el desayuno – alegó el ninja, que de manera evidente quería escapar de la habitación lo antes posible. – Te haré esa asquerosa bebida azucarada que tanto te gusta si te olvidas del asunto y nunca lo vuelves a mencionar.

–¿En serio? – los ojos del mago brillaron con ilusión. –¡Trato hecho! ¡Me he olvidado por completo del diario de Kuro-rin!

Alerta de spoiler: Fai no se había olvidado por completo del diario de Kuro-rin.

¿Qué era lo que Kurogane estaba tratando tan desesperadamente de ocultar? El ninja podría ser un gran devoto de su intimidad, llevándolo al hecho de que lo más afectuoso que hacía con Fai en público era tomarse de los dedos meñiques, ni siquiera las manos. Pero, aun así, por lo general también era completamente honesto. Esconderle un libro a su esposo no era propio de él.

Aún más, Fai había atrapado al ninja varias veces escabulléndose al baño con el libro en cuestión cuando pensaba que estaba distraído. Al principio, lo más obvio fue pensar que el ninja estaba leyendo porno, ya que se tomaba un largo tiempo allí dentro. Eso fue hasta que, una noche, ya tarde, y después de hacer el amor muy intensamente, lo descubrió escribiendo en el libro misterioso. Fai fingió estar dormido para ver si podía averiguar qué estaba haciendo su esposo, pero solo lo vio terminar de escribir, apagar las luces y acomodarse para dormir, abrazándolo. Un débil "buenas noches" había sido murmurado en su oído y una mano morena acarició su mejilla antes de que el ninja se durmiera.

………

–Kuro-puu, ¿qué estás haciendo? Ya es tardeeee – dijo la enésima vez que encontró a su esposo despierto, diario en mano, escribiendo rápidamente.

El ninja se tensó, pero volvió la cabeza para darle un beso a Fai en la frente, escondiendo el objeto en sus manos en el proceso.

–No es nada. Vuelve a dormir.

–No puedo si sé que todavía estás despierto – dijo Fay, haciendo un puchero. Y un poco más sincero, y más bajito, agregó: – Y no puedo si siento que me estás guardando secretos.

Eso pareció dar en el clavo.

Desde que se habían vuelto pareja oficialmente (porque habían estado juntos desde mucho antes) habían acordado no tener más secretos ni escondites entre ellos. Esta regla se había aplicado especialmente por Fai, ya que todavía tenía la costumbre de ocultar sus verdaderos sentimientos. Pero esta sinceridad de su esposo le recordó a Kurogane que las reglas del juego eran para ambos.

–No es... nada – suspiró. – Bueno, quiero decir, no. Es algo. ¡Pero no es nada malo! Es solo…

El ninja había estado mirando a Fai a los ojos, pero de repente se sintió abrumado por esos zafiros azules y apartó la mirada. Fai vio cuán en problemas estaba el ninja, así que, suspirando también, decidió darle un respiro y extendió su mano para acariciar la mejilla de su esposo.

–Está bien, Kuro-sama. Vamos a dejarlo aquí, ¿de acuerdo?

Kurogane cerró los ojos disfrutando la caricia por un momento. Luego cerró el diario y apagó las luces. Se acomodó en la cama y atrajo a Fai muy cerca de si, buscando sus ojos.

–No es que no quiera mostrártelo. O, bueno... Sí, más o menos... Es... ¿Complicado? – gruñó y se sonrojó visiblemente, enterrando su rostro en el cuello de Fay.

–Está bien – se disculpó Fay. – Lamento haberte hecho sentir incómodo.

–¡No! Está bien. Quiero decir, tienes razón. Yo lo siento – dijo el ninja abrazándolo más fuerte, entrelazando sus piernas con las del mago. – Te lo mostraré, cuando esté listo. Lo prometo, ¿de acuerdo?

A Fai todavía le inquietaba un poco, pero lo dejó pasar. Tal vez era algo que realmente no estaba destinado a ver. Después de todo, relación o no, ambos aún tenían derecho a su privacidad. Y Kurogane, como bien sabía, era una persona muy reservada.

Por eso, Fai quedó absolutamente desconcertado cuando, finalmente, una noche, Kurogane entró en la habitación diciendo:

–Estoy listo.

Habiéndose olvidado del misterioso diario, a Fai le tomó un momento procesar lo que estaba pasando.

–¿Listo para dormir?

Kurogane le mostró el libro como respuesta.

–Oh. ¡Ah! – Los ojos de Fai se abrieron con asombro. – ¡No tienes que hacerlo! Está bien, de verd…

–Lo sé. Pero quiero mostrártelo.

El ninja tomó a su esposo en sus brazos y lo besó profundamente, sin duda para liberar un poco su nerviosismo. Los acomodó a ambos en la cama, sentados contra la cabecera, con la espalda de Fai sobre su pecho. Abrazó a Fai por detrás y puso el libro en su regazo. Apoyando su cabeza en el hombro de Fai, comenzó:

–Sabes que nunca he sido bueno para demostrar afecto, especialmente en palabras. Me es difícil… Expresar mis emociones. Pero como todo lo demás, lo arruinaste. me has arruinado.

De repente, Fai sintió un vacío en el estómago.

–¿Qué se supone que signif…

–Nada malo – interrumpió rápidamente el ninja. – Quiero decir… Las formas en que siempre te he mostrado mi… mis sentimientos por ti no son exactamente ortodoxas. ¡Y lo he intentado! Pero, nada es suficiente. Sí, eso es. Nada es suficiente para expresar lo mucho que me haces sentir. Lo que siento por ti, es tanto que no puedo contenerlo. Pero parece que tampoco puedo... expresarlo correctamente. Pero lo he intentado. Y eso es lo que es este libro.

Fai se giró para ver a su esposo, sintiendo una opresión en el pecho.

–¿Qué quieres decir? – trató de mirar a Kurogane a los ojos, pero el ninja estaba escondido en el cuello de su esposo, la punta de sus orejas de un rojo brillante. Parecía abrazarlo aún más fuerte.

–Solo ábrelo, ¿quieres?

Y Fai lo abrió.

–Ah...

Y las lágrimas llenaron los ojos de Fai.

Cartas de amor. Su maldito, adorable y cursi esposo había escrito todo un libro de cartas de amor solo para él. A causa de él. Con lágrimas en los ojos, pasó página tras página.

Era poesía. Sinceridad. Miles y miles y millones de palabras hablando solo de él, de cuánto lo amaba su esposo. Sobre su belleza, y sus ojos, y su sonrisa, y su honestidad, y su… ¡OH!

Los había lindos, los había tiernos, los había jugosos

–¿Tú…? – comenzó Fay, con un nudo en la garganta, sin darse cuenta de que estaba llorando en silencio. – ¿Tú escribiste... todo esto?

–… Bueno… Sí.

Y Fai se echó a reír. Luego a llorar. Luego las dos cosas al mismo tiempo. Estaba tan contento, tan conmovido. Se sentía tan amado. No podía creer que, después de una vida llena de miserias tras miserias, había encontrado un amor así. Aún más, no podía creer que mereciera ser amado así. Y, sin embargo, aquí estaba Kurogane, dispuesto a demostrarle lo contrario, dispuesto a mostrarle cuánto merecía ser amado tan intensamente, tan profundamente.

Se giró en el regazo de Kurogane, tomando el rostro del moreno entre sus manos para mirarlo. El ninja se veía adorablemente avergonzado, pero aun así le devolvió la mirada. Y Fai lo besó. Y se abrazaron. Y ambos sonrieron. Luego se rieron. Luego intentaron seguir besándose, pero no podían dejar de reír. Y no había un momento más perfecto que este.

–Kuro-tontín – dijo Fai, todavía sonriendo, su frente apoyada en la de Kurogane. – Gracias. Gracias, ¡gracias!

Y luego, mirándolo directamente a los ojos, susurró:

–Te amo.

Devolviéndole la sonrisa, abrazándolo con fuerza, Kurogane le susurró:

–Yo también te amo.

Notes:

La frase del inicio es de una canción de Tyler Joseph, Prove me wrong.
¡Se reciben comentarios y críticas!