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Su nivel de ira sólo es equiparable a su sed de sangre y necesidad de masacre para apaciguar su alma. Es una verdadera osadía y una contundente falta de respeto por parte de esos débiles sacos de huesos y sangre violar los pactos sagrados, en especial el que realizaron con él donde fue lo suficientemente misericordioso para prometer no arrasar su especie mientras mantuvieran sus asquerosas existencias lejos de su Territorio.
Bakugo Katsuki. Deidad protectora del bosque de Yuuei. Escogido por el gran espíritu para el trabajo gracias a su fiereza en batalla y su capacidad de liderazgo demostrada cuando fue capitán del ejército de la —ahora extinta— tribu de los cambia formas. Su antigua gente tenía sangre mágica y nacían con la habilidad de tomar la forma de su espíritu animal con la diferencia de que el tamaño era descomunalmente mayor que el de la fauna natural. Cuando Bakugo tomó el poder juró proteger a toda criatura con ánimo de vida que estuviera bajo su mando y para ello realizó un trato con los gobernantes de los hombres donde se juraba solemnemente mantener a sus súbditos lejos de los dominios de la deidad colérica y así mismo él prometía no utilizar cada fracción de poder que poseía para aniquilar a la raza humana con ayuda de la flora y fauna del bosque en una especie de vendetta verde.
Pero aparentemente nada de eso importaba ahora. Su pelaje se erizó por instinto durante su paseo matinal por sus dominios cuando sintió la presencia de un asqueroso e inútil saco de sangre profanando la entrada del bosque. SU BOSQUE. La maldita escoria incluso tuvo la osadía de intentar un hechizo de anulación mágica, como si esa mierda fuera a evitar que él se diera cuenta de que hay un hijo de puta paseando alegremente en tierra sagrada. Con el sigilo adquirido por los años se aproximó al área donde ese bastardo se encuentra merodeando. Una risa grave se abrió paso por su garganta al identificar el probable destino.
El río donde las presas suelen beber agua. Que oportuno que esa horrible criatura se situara sin saberlo justo en ese lugar. Con las presas y él es el gran depredador. Su aura asesina llega incluso a sus pequeños protegidos, puede verlos ocultarse de su explosividad y preparándose para lo peor. Nada de eso importa, está cerca de la pequeña sabandija y le hará pagar el error cometido. O ese era el plan inicial pero todo rastro de odio y deseos de violencia se escurren de su ser cuando los ojos rojos del enorme tigre dientes de sable observan al mortal.
Es un joven adulto, poco más joven que él mismo cuando recibió la bendición de El gran espíritu, su cabello verde y rizado danza con la caricia del viento mientras el sol decide iluminarlo dando matices diferentes a cada rizo indomable. Su rostro conserva la redondez de la inocencia, las pecas que decoran sus mejillas y el puente de su nariz aumentan la sensación de pureza pero aquello que desarmó por completo a la furica deidad fueron sus enormes ojos de un verde acuoso que parece destellar magia como las luces del cielo, ambos bellamente enmarcados por unas enormes pestañas que cumplen su función a la perfección mientras atrapan las gotas de agua y las alejan de las joyas verdosas. El muchacho se encuentra en medio del río, al parecer refrescándose un poco pues le regala a la deidad la bella vista de esos rizos húmedos, una carita sonrojada por el calor del sol y la camisa blanca medianamente abierta donde se observa el cuerpo bien trabajado de un joven al que la batalla no le es desconocida.
El corazón del tigre latió desbocado como solía hacerlo cuando la pelea se aproximaba y sabe que si su forma humana fuera expuesta ahora mismo el carmín pintaría sus facciones e incluso llegaría a su cuello y orejas. El mortal desobediente es bonito como la mierda y parece ser del agrado de sus protegidos pues hay un grupo de conejos que se congregan con él mientras el humano balbucea cosas absurdas sobre búsquedas de minerales, tener calor y sobre el paradero de mamá conejo.
Ese idiota siquiera sabe que la madre es quien se encuentra al frente de todos, curiosa sobre la criatura que invade el río pero indecisa sobre si debería confiar en el forastero. Katsuki se aseguró de transmitirles el mensaje a todos de mantenerse apartados para que no deban sufrir la masacre pero al parecer los tontos conejillos pusieron en un aprieto a la madre.
—Ya veo… así que tú eres mamá coneja.
Escuchó hablar al humano con una voz tranquila y mesurada. Nada en la postura o en su voz indicaba peligro, de hecho ese sonido le invitaba a pasar la tarde en el riachuelo si con eso podía obtener más de aquella voz hablando para él. La sorpresa invadió a todas las criaturas de los alrededores al observar como su siempre enérgico y visceral protector se recostaba cuan largo es para mantener sus rubíes enfocados en la interacción del humano con la familia de conejos.
La madre de familia dio un paso al frente cuando el humano extendió la mano y le permitió a los pequeños acercarse y echarle un vistazo.
—Tienes una hermosa familia ¿Sabes? —Inició el pecoso con una sonrisa brillante—. Todos ellos son sumamente adorables.
Curioso, el tigre opinaba que lo adorable en todo esto es ver al humano dialogar con la familia de conejos como si de verdad esperara una respuesta. Como si la raza humana no tildara de inferiores al resto de las especies de la tierra. El humano salió del río sólo para tenderse en la hierba a descansar o eso suponía pues los enérgicos conejitos saltaron sobre él a la primera oportunidad para volver aún más adorable la escena y es ahí cuando el guardián es consciente de sus actos, de la forma en que bajó la guardia a tal punto que las criaturas, momentos antes atemorizadas por sentir su aura asesina ahora le observan a lo lejos con una pizca de diversión.
Quiere gruñir ante todos los ojos curiosos que ahora le observan como si no le debieran gratitud por la protección brindada pero sabe que el sonido alertaría al conejo mayor sobre la hierba y Bakugo aún no decide si es, realmente, una amenaza que amerite ser eliminada por lo que notifica su voluntad a sus protegidos para que se mantengan alejados del humano en lo que toma una decisión sobre la vida del mismo. El tigre no pierde de vista las miradas altaneras de los gorriones ni las sonrisas sabiondas de los cervatillos.
Sólo se está asegurando de no cometer una injusticia. Nada tiene que ver que el humano sea agradable a la vista o que le entretenga escuchar las tonterías que cuenta a los conejos.
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Ok, el encanto queda completamente descartado luego de las primeras horas de observación al saco de sangre, porqué si, Katsuki se toma muy en serio su labor como protector del territorio así que no le queda de otra que vigilar a la cosa humana mientras decide cómo acabar con él, para nada se trata de un deseo interno de observar al mortal y las estupideces que hace.
Lo primero que descubrió es que el objetivo es una especie de mago, según las historias que cuenta de sus viajes mientras consigue minerales para su investigación. Lo segundo es que no tiene nada de instinto de supervivencia, el idiota le habla y convive tanto con presas como depredadores, de no ser por la advertencia de Katsuki sobre preservar su vida y bienestar ese arbusto parlante no habría durado ni 15 minutos en su territorio. Lo tercero y más preocupante es que no sabe cazar, todo lo que hace es recolectar frutas y raíces comestibles para cocinarlas en una especie de horrible sopa de verduras
¡El estúpido morirá antes de que Katsuki tenga la oportunidad de acabarlo! Con esta nueva resolución se alejó a paso lento para poder cazar algo de carne y que ese inútil de mierda no fallezca por inanición en lo que resuelve su siguiente movimiento.
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El humano levantó los brazos para estirarse en el momento que dejó de sentir la mirada penetrante de la bestia oculta en el follaje. Izuku fue consciente desde el primer momento de la presencia de la aterradora criatura que no le quitaba los ojos de encima. La primera vez fue en el río con la familia de conejos, el joven sintió su sexto sentido del peligro activarse y apagarse casi en el mismo instante como si su acosador acudiera al lugar con intenciones asesinas pero en el último minuto decidiera retractarse lo cual estaba bien pero ahora tenía un par de ojos en su espalda todo el tiempo y si debía ser del todo honesto sentía curiosidad por su depredador.
La criatura era inteligente pues el pecoso nunca lo había visto en realidad, sólo sentía su presencia, es casi como si aún dudara si valdría la pena asesinarlo. Se recostó en la hierba y se permitió fantasear sobre su inesperado custodio. Los libros más antiguos hablaban sobre deidades de la naturaleza que protegen determinados puntos del mapa y a sus criaturas, su madre, una bruja, se encargó de enseñarle a ser respetuoso con su entorno y el resto de los habitantes de la tierra. En la actualidad los límites del territorio de las deidades naturales se han desdibujado y es imposible saber a ciencia cierta si te encuentras o no en sus dominios.
—Lo más prudente, mi querido Izuku, es andar por este mundo con la certeza de que nada te pertenece y que toda vida es valiosa. —Recordó a su madre hablando con él mientras vertía ingredientes en el caldero.
Con ello en mente y la constante mirada del protector de este territorio —Por qué esa es la única explicación lógica a esta situación— es que el joven aventurero decidió que haría sus búsquedas en esa tierra evitando lo más posible dejar su huella en el área.
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El humano es la cosa más estúpida y sin instinto de supervivencia que Katsuki ha visto jamás en todo lo que lleva de vida. Sólo le quitó la vista de encima por un momento en lo que conseguía un poco de carne para el idiota ya que parecía tener baba en el cerebro si realmente creía que podía tener una dieta adecuada con sólo los frutos de la tierra. No tiene una certeza del tiempo exacto pero está seguro que fue poco y el maldito humano decide dormir al aire libre sin ningún tipo de protección o decencia alguna.
Dejó de lado la caza del día para terminar con el imbécil que no valoraba su seguridad, si él no hubiera ordenado a las bestias que cuidarán su vida cualquier depredador con una zarpa de frente podría asesinarlo ahora. Se volvió para mirarlo con la frustración por su poco interés en cuidar de sí mismo pero toda la rabia murió al ver el rostro placido del sueño tranquilo con un tono rosado por el calor del sol y un pequeño rastro de baba en la comisura de sus labios. Tan sereno y relajado. Tan bonito y adorable.
Sin pensarlo acercó su hocico al rostro del humano y olfateo. El humano olía a luz solar, hierbabuena y primavera. De repente los parpados se removieron revelando unos hermosos ojos verdes que le miraron con un poco de sorpresa pero con más curiosidad que miedo. Con esto la bestia confirmó sus sospechas, éste estúpido ser humano no tiene ni una neurona funcional. El chico de pecas sonrió para él como si su puta sonrisa evitara que Katsuki deseara asesinarlo y se odió con todo cuando su pecho sintió una calidez placentera y la necesidad de provocar más gestos como ese del muchacho.
—Hola hola extraño, puedes llamarme Zuku. Supongo que tú eres mi guardia. —Dijo el estúpido como si conversar con las bestias depredadoras fuera lo más normal del mundo. Espera ¿Es tan imbécil como para darle su nombre a una criatura desconocida? ¿Guardia? El pecoso pareció adivinar la duda en su rostro animal pues continuó—. Es bastante impresionante que durante toda mi estadía en este terreno no me haya cruzado con ningún depredador y he sentido tu aura cerca de mi desde el río de las presas.
De acuerdo, el tipo no es tan imbécil. Olfateó a su alrededor con curiosidad renovada, el arbusto parlante dijo que pudo sentirlo lo cual era bastante imposible ya que él es indetectable para cualquiera que no fuera parte de su territorio. El peliverde se dejó hacer divertido con la situación y finalmente decidió revelarse.
—Soy un alquimista. —Dijo con orgullo—. Pero mi madre fue una bruja natural, ella me enseñó a identificar a las deidades de la tierra y a guardar respeto del terreno ajeno. —Ahora su voz sonó lejana y esos ojos tan bonitos se perdieron en el paisaje.
El chiquillo alzó las manos a su cuello y retiró una cadena de metal precioso, colgando en ella un amuleto mágico. El hechizo para ocultar su poder se anuló tan pronto como se retiró la cadena y la esencia del mortal inundó los sentidos del cambiaformas con un golpe alucinante. Aún era luz solar y hierbabuena pero mil veces mejor, invitaba a retozar junto a él y nunca alejarse.
—Mi intención era tener un perfil bajo durante mi estadía en tu tierra y no quería faltarte al respeto tomando las vidas de quienes estén bajo tú mando. —Explicó y Katsuki hizo una mueca de desdén—. Pero creo que conseguí justamente lo contrario, seguro piensas que soy un debilucho.
Al menos tiene la decencia de lucir avergonzado, pensó la deidad mientras ambos volvían su atención a la caza que Katsuki consiguió para él.
Ahora existen dos posibles cursos de acción en la mente del dios. Podía retirase ahora que el malentendido estaba resuelto o podía acompañar a "Zuku" y descifrar el enigma que traía consigo. La vida mundana dejó de importarle cuando el último de su tribu dejó el mundo de los vivos pero la curiosidad vibraba en su alma en cuanto a este tipo ¿Dónde había estado? ¿Por qué está aquí? ¿Por qué huele a hogar? ¿Puede quedárselo? Las preguntas inundan su mente y corazón. Sabe que no obtendrá ninguna respuesta de conversaciones unidireccionales por mucho que su objeto de interés hable con él hay ciertas preguntas que necesita verbalizar para obtener respuestas pero tiene siglos sin usar su forma humana.
Conectó su mirada con las gemas verdes, hacía muchísimo tiempo que nadie le veía así, sin miedo; incluso como humano fue un hombre temido y respetado pero nada de eso parecía importarle al joven alquimista pues aún sabiendo que era una deidad natural le hablaba con la ligereza de quien conversa con un viejo amigo y Katsuki no supo cuanta falta le hizo aquello hasta la llegada del humano.
Cerró los ojos y empujó todas sus dudas al fondo de su mente, sintió el corazón latiendo en sus oídos con la emoción de volver a interactuar con alguien e ignoró el asombro de sus protegidos cuando su conexión les hizo saber sobre el cambio de su maestro. Mientras visualizaba en su mente la figura humana que portaba cuando aún era un mortal sintió las molestias de sus huesos y carne reacomodarse para cumplir su voluntad. Incomodo como el infierno pero valió la pena al ver el asombro e interés del arbusto parlanchín. Sonrió encantador ante el rostro rosado, probablemente porque no esperaba presenciar el cambio, tal vez porque su indumentaria dejaba su pecho al descubierto. Le gustan ambas opciones.
—Hace un momento no parabas de hablar. —Dijo al notar el silencio que se apoderó del lugar— ¿Qué? ¿Te comió la lengua el tigre, Deku? —Preguntó con burla por su propia broma ¿Infantil y poco propia de sí mismo? Claro pero dadas las circunstancias que los llevaron a este encuentro Katsuki se permitió ser indulgente.
Tomó asiento junto al atónito muchacho, no lo diría jamás en voz alta pero le gustó tener su atención, se recordaba atractivo y se pavoneó al reconocer el interés poco profesional del alquimista sobre su nueva imagen.
—Nunca esperé que adoptaras forma humana. —Sinceró el otro. Siglos como bestia le cobran factura cuando casi deja escapar un ronroneo de gusto al ver lo transparente del muchacho ¿Así se sienten las deidades humanas con la adoración de sus súbditos en los templos de piedra o sólo es la novedad del mortal?
—Tengo preguntas que hacerte. —Explicó la deidad, su mirada profunda y afilada sobre el pecoso—. Y no te marcharás hasta que respondas.
—Lo que órdenes, Kacchan. —Contestó la mierdilla descarada con suficiencia.
—¿Cómo acabas de llamarme? —Preguntó con cólera.
—Cuando la madre conejo intentó llevarse a sus crías con ella uno de los cachorros murmuró que no había problema con “Ka” hasta que la madre lo hizo callar —Explicó como si nada—. Los pequeños son muy jóvenes aún para entender que no le das el nombre a extraños, por suerte mamá estaba ahí para salvar tus zarpas, "Ka-cchan".
Como si fuera lo más normal del mundo comprender a los putos conejos.
—¿Hablas con conejos? —Cuestionó irritado.
—¿Tú no? —Preguntó con diversión. Este mocoso tenía deseos de muerte.
—No te metas conmigo, arbusto nerd y contesta mi pregunta.
—Hace algunos años pase una temporada con una tribu cuyo regalo de los dioses era su capacidad de entenderse con las bestias, son personas muy amables ¿Sabes? —Su mirada volvió a perderse en el baúl de los recuerdos ¿Qué hacía con ellos en primer lugar? Cada que este sujeto abría la boca le dejaba más dudas que respuestas—. Supongo que debí agradarles ya que me dieron su bendición y con ella la habilidad de comprender a los animales. Por cierto, deberías prestarles más atención a los problemas de tus protegidos.
¡El humano ahora tiene la osadía de decirle qué hacer!
—¡¿Me estás diciendo cómo hacer mi trabajo?! —Quién se creía este bonito sujeto para siquiera pensar en corregir su actuar.
—Hay una afrenta entre los pájaros y las serpientes. Tendrás una guerra civil si no evitas que sigan robando sus huevos. —Soltó sin dejarse intimidar por los gritos del dios— Lo sabrías si los escucharas de vez en cuando y no sólo “apagaras” la comunicación.
Brazos cruzados, ceño fruncido y un pucherito exasperado en los labios. Aún molesto se ve adorable y absolutamente apetecible. No sabe qué significa eso ahora que es un humano, no debería tener ganas de “cazar” otros humanos ahora pero la necesidad de “atrapar” a su “presa” permanece. Más interrogantes generadas por su nueva compañía pero algo es seguro. Katsuki no estaba bromeando cuando dijo que no le permitiría marchar hasta resolver TODAS sus dudas.
—Déjame adivinar, el nerd de mierda tiene alguna sugerencia ¿verdad? —Rodó los ojos ante lo estúpido del asunto.
Una voz en su cabeza le gritó que priorizará el origen de la visita de Izuku a sus dominios pero fue aplastada por otra, más tentadora que comunicó que ya habría tiempo para el deber y las averiguaciones. Podía tomarse el asunto con calma y disfrutar las cosas que venían con el humano por todo el tiempo que le fuese en gana. Con su nueva resolución se acomodó en su lugar mientras el otro hablaba sobre acuerdos absurdos entre ambas partes para garantizar la paz en el lugar. Desde siempre detestó que le dieran ordenes o siquiera le sugirieran como hacer su trabajo pero escuchar el vómito verbal del otro parecía la manera ideal de pasar la tarde.
Mientras tanto los animales se reunieron en silencio, olvidando rencillas entre especies y dinámicas depredador/presa todo con la finalidad de observar con sus propios ojos como su huraño y malhumorado protector callaba y escuchaba con paciencia e interés al recién llegado. A todos les sorprendió cuando decidió no asesinarlo al último momento y sobre todo cuando exigió que nadie se metiera en el camino del muchacho, pero nunca esperaron este movimiento en la colérica deidad. Las hembras mayores de todas las especies suspiraron con dulzura, ya sospechando lo que sucedía ante sus ojos.
—Mami ¿Por qué el gran jefe no está enojado? —Preguntó un cachorro de lobo—. Creo que incluso está sonriendo. —La criatura giró su cabeza hacía un lado y aguzó la vista tratando de ver si aquello era verdad o sólo su imaginación.
—Bueno cielo, creo que es porqué el jefe se siente feliz junto al desconocido. —Dijo la aludida.
—¿Cómo cuando yo juego en las montañas? —La inocencia infantil llenó de ternura a más de uno. Justo en ese instante vieron la mirada aguda y fría suavizarse ante la risa del pecoso. Una vista adorable en más de una forma.
—No cariño. —Negó la hembra con diversión en la voz—. Es más como cuando mamá ve a papá regresar a nuestro hogar.
El resto de las criaturas asintieron de acuerdo con dicha afirmación. Tal parece que su irritable y solitario jefe al fin había encontrado a su compañero idóneo y ellos daban gracias a la madre Gaia por qué existiera alguien capaz de llenar sus ojos y suavizar su alma pero sobre todo por verlo feliz.
