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Buscando esmeraldas

Summary:

Katsuki es un cambiaformas de dragón que tiene la más grande colección de esmeraldas en su clan.

Sin embargo a su colección le falta algo... O más bien alguien.

Alguien con ojos verdes tan brillantes como las gemas que colecciona.

Chapter 1: Falta algo

Chapter Text

Desde siempre los dragones han sido ampliamente reconocidos por acumular todo tipo de riquezas en sus cuevas. Y ese rasgo de alguna u otra forma se les había pegado a sus descendientes, pues no existía ni un solo cambia formas de dragón que no tuviera aunque sea una colección pequeña de gemas preciosas u oro, incluso se había convertido en una cuestión de orgullo entre ellos.

Así, el futuro líder del clan dragón, Katsuki Bakugou, por supuesto que tenía la colección más grande de su clan.

Su colección casi abarcaba todo el interior de la montaña que había elegido como escondite. Si tenías la suerte de que te dejara entrar, podías encontrarte de todo: desde brillantes monedas de oro, libros de toda clase y antigüedad, artilugios extremadamente raros, a una exorbitante cantidad de gemas preciosas.

Y entre estas gemas preciosas acumuladas y resguardadas, se podían identificar una gran variedad de rubíes, topacios, zafiros, ónix, amatisas, ópalos, diamantes... en fin, podrías nombrar cualquier gema que se te ocurra y de seguro estaba en la cueva. Pero las esmeraldas eran sin duda las que más resaltaban del resto. 

Uno se preguntaría ¿por qué esas gemas de entre todas?

La respuesta es muy sencilla: Eran las que más habían en la cueva.

 

Habían tantas, que cuando el sol se colaba por las grietas e iluminaban la cueva; el brillo del oro, diamantes y rubíes quedaba opacado por el brillo de las esmeraldas, haciendo que las paredes de la cueva fueran de un tono verdoso en lugar de dorado, plateado o rojo. 

Casi nadie en el clan entendía el extraño interés del futuro líder en las esmeraldas, pero tampoco lo cuestionaban, pues ese gusto había aparecido desde que el rubio era apenas un infante. De hecho, unos pocos incluso habían logrado presenciar el momento exacto en el que un Katsuki de cinco años llevaba su primera esmeralda a su cueva.

Y después de varios años más viéndolo seguir coleccionando ávidamente esas gemas, hasta se había vuelto una regla no oficial entre los miembros del clan el dejar las esmeraldas de la región para el rubio.

Sin embargo los años siguieron pasando y el rubio ya había acabado con las esmeraldas de su región, por lo que haciendo uso de su transformación, había empezado a hacer pequeños viajes a otras regiones para poder seguir añadiendo esmeraldas a su colección. 

Obviamente si en el camino se encontraba alguno que otro tesoro que le parecían que valían la pena, también se los llevaba, pero su prioridad siempre eran las verdes gemas.

Justamente ahora, Katsuki se encontraba en medio de uno de sus viajes, pues  había escuchado a un par de mercaderes hablar sobre una expedición para encontrar "la esmeralda más grande jamás encontrada":

   "— Hombre, dicen que es tan grande y pesada que ni con tres hombres sería suficiente para cargarla"

   "— Si, además de que por estar la entrada en medio del desfiladero, casi nadie se puede acercar. El hombre que la vio primero apenas pudo pasar el recado antes de caer por precipicio"

  " — Claro, por eso te hablé, necesitaremos mejor equipamiento que el que tuvo el desgraciado para ir a por ella y sacarla sin morir en el intento. Sé que tienes lo necesario y si lo logramos , alcanzará para que ambos salgamos con una jugosa ganancia ¿Qué te parece? ¿Nos ayudarás?..."

Fue parte de la conversación que escuchó, y realmente nunca se había alegrado tanto de dejarse convencer por los idiotas que llamaba amigos para ir al reino de los humanos. 

Casi nunca iba allí por los prejuicios que éstos tenían en contra de los cambiaformas, pero definitivamente toda esa información había hecho que la molestia hubiera valido la pena.

Después de todo, para un dragón ni el cielo es el límite pensó justo antes de hacer su transformación en dragón para bajar hacia el desfiladero que habían mencionado los hombres y así poder entrar de una buena vez a la cueva.

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Cuando finalmente tuvo frente a él la esmeralda de la que había escuchado hablar tanto, no pudo sino estar un poquito decepcionado. Y es que aunque los mercaderes no habían exagerado(pese a que casi siempre lo hacían) y la gema si era grande ya que medía casi un metro... simplemente el verde que tenía la gema no le terminaba de convencer, pues era muy pálido para su gusto. Sus esmeraldas favoritas siempre fueron las de un tono verde más brillante, y la que tenía en frente era más de color verde limón. 

Aún así trató de no desanimarse del todo y se paseó por la cueva buscando si es que había algo más ahí. Claro que se llevaría la esmeralda, pero nunca estaba de más echar un vistazo y ver si había algo más que le llamara la atención.

Así, y después de algunas horas, había logrado encontrar otra esmeralda. Era  más pequeña, pero sin duda el verde brillante que tenía lo compensaba todo. 

Sonriendo por su hallazgo,  se transformó y salió con ambas esmeraldas entre sus garras hacia su cueva. 

Después de todo, ya tenía lo que quería y no tenía sentido quedarse allí por más tiempo.

 

 

— No fue nada lindo de tu parte abandonarnos en el festival Blasty — se quejaba una chica pelirrosa poniendo sus manos en su cadera mientras entraba a la cueva de su amigo. Apenas vio el dragón rojo escarlata llegar, se había apresurado para ir a su encuentro— Además ¡se supone que fuiste para despejarte un rato! No para ir de "cacería" — dijo ahora haciendo comillas con los dedos al pronunciar la última palabra.

A los ojos de Mina, el rubio realmente parecía cazar a las gemas, pues las encontraba aunque estuvieran enterradas tres metros bajo tierra o bajo la caída de agua de una cascada. Era casi como si pudiera rastrearlas.

— Si Bakubro, Mina tiene razón, no fue nada masculino de tu parte — apoyó un pelirrojo entrando a la cueva detrás de la chica y cruzando sus brazos sobre su pecho pretendiendo enojo. 

Realmente el pelirrojo hacía el reclamo más para apoyar a su amiga y no tanto por que estuviera realmente molesto. 

Después de todo se podía decir que en parte entendía a Katsuki, pues a él le pasaba algo parecido, pero no con las esmeraldas, sino con los topacios imperiales que eran de un bonito color dorado. Y si bien su colección no era tan grande como la de su bro, iba por el mismo camino...

— Se estaban poniendo demasiados pesados. Además, prometí ir un rato, no quedarme hasta el final — respondió Katsuki ignorándolos y centrándose en cómo acomodar las nuevas incorporaciones en su colección. 

Usando su fuerza sobrehumana, Katsuki fue desplazando la esmeralda hasta donde entraba más directamente la luz del sol. Solo entonces los otros dos en la cueva notaron lo que su amigo había incorporado a su colección.

— Wow Blasty, esta vez si que te superaste — comentó Mina acercándose para observar mejor las gemas — ¡Mira Kiri! ¿No te parecen preciosas? — preguntaba animada la pelirrosa dando saltitos y mirando la gema desde varios ángulos.

Kirishima asintió aún demasiado sorprendido como para opinar. Quisiera encontrar un topacio imperial así de grande también pensó para sus adentros O uno así de brillante...  

Después de varias preguntas más de la pelirosa, y algunos gritos por parte del rubio, la hora de cenar llegó, haciendo que los tres cambiaformas salieran de la cueva y fueran a buscar algo de comer.

Sin embargo, antes de irse, Katsuki miró por última vez el interior de su cueva y vio como los últimos rayos de sol hacían brillar las esmeraldas.

Las bellas gemas verdes, hacían que los diamantes que había encontrado hace unos meses se vieran insignificantes. Pero aún así...algo dentro de él no estaba del todo satisfecho. Algo dentro de su pecho se sentía vacío...

La sensación era tan molesta que empezaba a desesperarse, pero se obligó a no darle más importancia.

De seguro solo es hambre se dijo y finalmente salió ya sin mirar atrás.

 

Las semanas pasaban y poco a poco se convirtieron en meses. El cumpleaños de Katsuki estaba cerca y al fin sería el momento en el que tendría la edad suficiente como para ser oficialmente el líder de su clan. 

Con tantas actividades al respecto, el vacío que había sentido hace tiempo, casi había pasado desapercibido. Pero ahora que prácticamente solo estaban esperando a que sea el día, tenía tiempo libre que irremediablemente le hacía ser consiente de ese vacío dentro de sí.

Pasaron casi una hora y unos minutos desde que volvió a sentir el vacío para que el rubio alcanzara su límite y, no pudiendo soportarlo más, fuera a dar una vuelta. Después de todo, volar siempre había sido una forma excelente de que su temperamento. 

Enfriaba su mente, le ayudaba a pensar con la cabeza fría y a centrarse o a relajarse cuando lo necesitaba.

Estuvo dejándose llevar por el viento un rato, volando sin un rumbo fijo y solo disfrutando de la sensación del viento contra sus escamas y el olor a naturaleza de los árboles. 

Pronto estaba tan relajado que ya no se acordaba por qué había salido en primer lugar. Sin embargo después de unas horas, su mitad dragón se tensó y sus instintos se activaron haciendo que tenga la necesidad de bajar cerca del río que estaba surcando.

Bajó mientras iba deshaciendo su transformación y miró a su alrededor para intentar hacerse una idea de dónde estaba, pero por más que trataba de buscar algo que lo guiara, no encontraba nada conocido. Definitivamente Katsuki estaba seguro que nunca antes había estado en ese lugar, pero por el olor que se percibía, probablemente estuviera cerca de alguna aldea humana.

Maldijo entre dientes al darse cuenta.

La verdad es que aunque podría darse vuelta e irse, su instinto lo seguía obligando a permanecer allí. Así que no queriendo ir en contra de algo que siempre lo ayudaba, decidió quedarse en el lugar (aunque de mala gana).

Con agilidad se subió a una de las ramas de un manzano que había visto cerca de la orilla del río. Después de todo, aunque se fuera a quedar allí, no pensaba quedarse expuesto al agobiante sol de medio día.

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Casi había anochecido para cuando Katsuki se dio cuenta.

Mierda, me quedé dormido Pensó el rubio molesto consigo mismo.

Se incorporó perezosamente y estaba preparándose para transformarse e irse, cuando se dio cuenta de que de que ya no se encontraba solo. Debajo del manzano, cerca de la orilla del río, un humano con cabello verde se encontraba plácidamente dormido.

Sin querer lidiar con nadie, trató de bajarse lo más sigilosamente que pudo. Pero cuando estaba a a nada de lograrlo, una manzana cayó en la cabeza del chico despertándolo.

Hicieron contacto visual por unos segundos, pero eso fue suficiente para Katsuki.

El chico tenía los ojos verdes y brillantes como las esmeraldas que tenía en su cueva, e incluso se atrevía a decir que eran más brillantes que las mismas gemas.

Así que antes de que siquiera le diera tiempo a procesar lo que estaba pasando, se transformó y tomó al muchacho entre sus garras para irse volando a su cueva mientras un pensamiento cruzaba por su cabeza.

Es la pieza que falta.

Y por primera vez en mucho tiempo, se sintió completo.