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Las personas se preguntaban porqué Daniel odiaba tanto el olor a cigarro y siempre andaba mascando chicles como si su vida dependiera de ello.
Los que no le conocían pensaban que era un ex fumador que estaba pasando por la abstinencia de dejar el cigarro.
Pero los que conocían a Daniel sabían que el joven jamás tocaría un cigarro en su vida, era demasiado inocente y puritano para tocarlo, hasta parecía su madre cuando les regañaba a todos sobre lavar su ropa, ahorrar la luz, dejar limpia su habitación y esas cosas que sólo una madre decía.
Por ello sabían que era imposible que fumara alguna vez en su vida, era más viable que los cerdos tuvieran glándulas sudoríparas antes de que Daniel tomara uno en su vida.
Entonces…
— Dinos tu secreto, ¿por qué mascas chicles como si fueras un adicto pasando la abstinencia? — Exigió Zack al ver cómo su compañero de asiento y amigo mascaba su tercera goma de mascar en el día.
— ¿Sabe bien? — Soltó a modo de duda y sus amigos le vieron fijamente haciéndole sentir nervioso — Bueno, pueden decir que lo intenté.
— Vamos Dani, dinos — Siguió Zoé tomando la goma de mascar antes de que el nombrado la agarrase — Tenemos curiosidad.
— …
— ¡¿Tú también, Jay?! — Chilló viendo que hasta su rubio amigo apoyaba a su grupo de amigos que esperaban una respuesta de su parte.
Hasta Vasco dejo de tomar su leche de chocolate para verle fijamente, se rascó la nuca buscando alguna excusa que le pudiera sacar de este momento tan incómodo.
Pero nada, siquiera las moscas se pasaron.
Genial.
— De acuerdo, les diré — Bufó y todos celebraron antes de esperar su ansiada respuesta — Mi alma gemela fuma demasiado y me queda el sabor del cigarro en la boca constantemente y por eso siempre tengo gomas de mascar conmigo.
El silencio envolvió el departamento de Jay (le había tocado prestar su departamento para su reunión semanal) antes de que fuera roto por un grito colectivo.
— ¡¿Qué?!
Daniel se tapó los oídos por el estruendoso grito que soltaron sus amigos (menos Jay).
Sabía que no debía decírselos.
De repente sintió nuevamente el sabor a tabaco que le hizo sacar la lengua asqueado antes de quitarle a Zoé la goma de mascar y morderla queriendo eliminar el asqueroso sabor que parecía parte de él como el cigarro lo era para su alma gemela.
¡¿Qué no sabía que podía morir de cáncer de pulmón?!
Bufó recargando su cabeza sobre su palma derecha mientras veía como sus amigos hacían teorías sobre quién podría ser mientras que Vasco creaba una campaña llamada "Vamos a golpear al alma gemela de Daniel (a menos que sea una chica porque a las chicas no se les golpea) para que deje de fumar porque es malo para la salud".
Agh, probablemente él moriría de tanto chicle que comía por culpa de su alma gemela.
(...)
— Estúpido cigarro — Gruñó Gun tirándolo al suelo y aplastandolo con todas sus fuerzas al sentir el refrescante sabor a menta en su paladar.
¡¿Por qué no podía fumar un cigarro y sentir el sabor a tabaco como las personas normales?!
Su alma gemela si que le jodía comiendo tantas cosas saladas o esas asquerosas mentas que sólo le lastimaban el paladar que ni los cigarros podrían causar en él.
— Tienes suerte, la mía está comiendo nuevamente picante, ¿quién en su sano juicio come tanto picante en un día? — Se quejó Goo dándole un trago a su botella de agua antes de sacar la lengua por el ardor en su lengua — ¡¿Desde cuándo las papitas deben tener un litro de salsa?!
— Nadie quiere saber tus desgracias, siquiera tu alma gemela querría saber de ti si te conociera.
— Jodete Gun, por eso nadie te quiere — Recriminó el rubio enseñándole la lengua como si tuviera cinco años.
Él, como el sujeto de diecinueve, casi veinte años, que debía dar el ejemplo, le enseño el dedo medio antes de seguir su camino ignorando la voz chillona del rubio sobre algo de que deberían quitarle la salsa a su alma gemela los sábados por la mañana o moriría de gastritis.
Tenía ganas de darle una paliza a su alma gemela, ¿qué no sabía que puede morir de hipertensión?
Agh, probablemente él moriría de tanto cigarro que fumaba por su culpa.
