Chapter Text
–Hyong, ¿No te parece que compraste demasiadas cosas?– pregunta un joven rubio llamado Jungkook caminando junto a su amigo, quien casi desaparece tras la cantidad de bolsas de shopping que trae encima. Se detienen frente a la puerta del ascensor.
–Nop– responde con seguridad Taehyung, arreglándoselas para presionar el botón del susodicho ascensor. Jungkook comienza a quitarle las bolsas al castaño, y a colocarlas en el suelo mientras esperan –Es terapéutico, me estoy ahorrando años de terapia.
–Mira, en lo que a mi respecta, literalmente no has ahorrado NADA– se mofa el rubio, haciendo referencia a las bolsas.
–Bueno, bueno, si te deja más tranquilo, prometo controlarme la próxima vez, ¿Feliz?
–Mmmmm... Okay, te lo dejo pasar. Y es solamente porque me gusta verte de buen humor, hyong.
Esque el rubio está muy al tanto de la mala suerte que tiene su amigo en el amor. Pareciera que el muchacho tiene un imán de hijos de puta, siempre son tipos que lo engañan, o no se preocupan por él, o lo engañan, o son tóxicos, o lo engañan o... Lo engañan. Asique si su amigo puede hacer catarsis al explotar su tarjeta de crédito, él no va a oponerse.
–Gracias Kookie, siempre me apoyas en todo– se inclina incómodamente sobre las bolsas para darle un pequeño abrazo al menor.
En ese momento el ascensor abre sus puertas. Jungkook ayuda a Taehyung a acomodar las bolsas en el interior del mismo.
–¿Quieres quedarte y vemos una peli o algo?– pregunta el castaño, llevándose las últimas bolsas y entrando al ascensor.
–No hyongie, gracias. Tuve entrenamientos esta mañana, y la verdad prefiero ir a casa temprano y descansar.
–Pero necesito recompensarte por haber lidiado con mi insoportable trasero dos largas horas– el castaño pasa un rápido vistazo entre las bolsas, hasta que encuentra la indicada y se la entrega a su amigo –Toma, sé que esta camiseta se te verá mucho mejor a ti.
Los amigos se sonríen, Jungkook agradece el regalo y se despide con la mano justo antes de que las puertas del ascensor se cierren.
En poco tiempo, el castaño ya está adentro de su departamento, sentado en el suelo y revisando el interior de las bolsas, aunque sabe perfectamente qué contiene cada una.
Está muy absorto en esa tarea, hasta que...
–Los espárragos...– Tae da un respingo. Se escucha como la voz de un chico –Especias... Nerlo a hervir... Alsa de to...
Se pone de pie lentamente, intentando detectar de dónde viene esa voz. Da unos pasos en cierta dirección, y la voz se vuelve más clara.
–Sí mamá, pero a mi no me gusta, prefiero ponerle espárragos... Ahá... ¿Y ahora lo...? Ahhhhh, claro, claro, luego de que hierve. Entiendo.
El castaño se queda inmóvil en medio de la sala, escuchando.
–Creo que ahora sí, ya quedó. ¡Gracias mami! Te dejo, mándale saludos a papá... Yo también, mucho... Adiós.
Silencio. Definitivamente era un chico hablando por teléfono con su mamá sobre algo de comida. Tae se asoma hacia la cocina pero no ve a nadie. ¿De dónde venía esa voz entonces?
Sin previo aviso, un chico de cabello negro aparece como por arte de magia a pocos metros a su derecha. Su primer reacción es dar un grito, y por la sorpresa el intruso lo imita.
–¿¿Quién eres?? ¿¿Qué haces en mi departamento?? ¡Ladrón! Voy a llamar a la policía– mientras habla, Tae toma la escoba con manos temblorosas, y la apunta hacia el sujeto.
–¿Qué? Estaba a punto de preguntarte lo mismo, porque este es MÍ departamento.
–Es una broma, ¿Verdad?– mete la mano rápidamente en su bolsillo y saca sus llaves, sacudiéndolas frente a su rostro –Si no es mi departamento, dime por qué tengo esto.
–Yo también tengo esto– el desconocido se inclina hacia una mesa al parecer, y toma un juego de llaves, agitándolo tal y como Tae lo hizo hace un momento –Eso no prueba nada, niño.
Tae no responde. Se quedó sin habla porque cuando el chico se inclinó a buscar sus llaves, la mitad de su cuerpo desapareció por un segundo. Es la cosa más aterradora que jamás haya visto.
Y su horror solo se acrecienta cuando nota que la figura del desconocido es algo translúcida.
–Eres... ¿Un fantasma?– el joven abraza la escoba, y luego gruñe –Oshhh, ¡Compré un departamento embrujado, maldita sea!
–No soy un fantasma, cállate que esas cosas me dan miedo– de repente el hombre deja de hablar y mira a Tae inclinando la cabeza –Ahora que lo veo, tú podrías ser el fantasma, te ves transparente.
–Es exactamente como yo te veo a ti– el castaño hace el amague de volver a apuntarlo con la escoba, pero se da cuenta de lo ridículo que es. Sea o no sea un fantasma, lo más probable es que la escoba lo atraviese.
–Leí una teoría hace un tiempo, de que no nos damos cuenta del instante en que morimos. Seguimos como si nada hasta que nos damos cuenta de que la gente no nos responde, como si no estuvieramos ahí.
–Acabo de hablar con un amigo en el lobby, asique no puedo estar muerto.
–Y yo hablé por teléfono con mi mamá. Teoría descartada– el sujeto se queda callado un momento, y mira a su alrededor con cara de confusión –Tú... ¿Estás viendo lo mismo que yo?
Sólo entonces Tae se da cuenta. Las paredes parecen tener vida, como si fueran distintas pinceladas en una obra de arte, y los trazos avanzan o retroceden cada vez que él se mueve por la sala. Primero ve sus paredes café, pero al acercarse unos pasos hacia el sujeto, el color cambia lentamente a un bonito azul, y también aparecen cuadros y decoraciones que él nunca había visto.
Dando un paso más, se siente como si se hubiera transportado al departamento del hombre frente a él.
–¿Qué sucede?– asustado, Taehyung da unos rápidos pasos atrás, encontrándose de nuevo con el familiar entorno de su departamento. Se choca de espaldas contra la pared.
–Oye tranquilo, no hay por qué alarmarnos– es como si por instinto el hombre hubiera detectado el miedo en el castaño, porque su tono se vuelve tan gentil como el que se usa para hablarle a un niño pequeño –Yo no voy a hacerte daño, ¿Tú piensas hacerme daño?
–N-no.
–Entonces ya descubriremos qué está ocurriendo. Por lo pronto, quisiera saber tu nombre si no te molesta.
El castaño respira profundo una vez. Ese tono de voz sí que logró tranquilizarlo.
–Kim Taehyung.
–Kim Taehyung. Un gusto, yo soy Kim Seokjin.
Una vez que los muchachos ya no se sienten incómodos en la presencia del otro, se deciden a averiguar qué ocurre. Buscan en internet, y enseguida Tae da con un especialista en cuestiones esotéricas llamado Jimin que vive en la misma ciudad. Lo cita a su departamento, y el hombre le dice que estará ahí en una hora aproximadamente, asique Tae se apresura a llevarse todas las bolsas de compras a su habitación.
–Ah, eres comprador compulsivo– comenta de la nada Seokjin.
–No soy un comprador compulsivo, sólo... No sé, eran cosas lindas... Oye qué explicaciones tengo que darte, te conozco hace veinte minutos.
–Está bien, está bien, ve a guardar tus bolsitas– Jin dio por terminado el tema, notando lo incómodo que se puso el chico.
Un rato después, la puerta del departamento de Tae recibe unos golpes desde afuera. El castaño va a atender enseguida.
–Buenas tardes, yo soy Jimin– es un hombre algo más bajo que él, de cabello castaño, vestido con ropas sintéticas. Tiene su edad aproximadamente.
–Gracias por venir tan pronto, yo soy Taehyung. Pasa– Tae decide hablarle informalmente ya que son de la misma generación. Cierra la puerta y se gira hacia el recién llegado.
Jimin da tres pasos y se detiene en seco, mirando a su alrededor. Taehyung lo nota.
–Ya sé por qué me citaste– dice Jimin –Puedo sentirlo, es una presencia fuerte. ¿Hablaste con él? ¿Lo viste?
–Sí, puedo verlo y hablamos un poco también.
–¿Te dijo cómo se llama?
–Seokjin– responde Tae –Kim Seokjin, así me dijo que se llama.
El joven camina con pasos pausados sintiendo las energías del lugar, masajeando su cuero cabelludo para concentrarse, y acercándose cada vez más al espacio donde se encuentra Jin.
–Está cerca de mí, ¿Verdad? Como por esta zona, más o menos– Jimin agita su mano justo enfrente del rostro de Jin. Por instinto el azabache se retira.
–Sí, está justamente ahí. ¿No lo puedes ver?
–No. Pero eso es normal, sus dimensiones están cruzadas en este punto, y solo ustedes dos son capaces de ver al otro– explica Jimin.
–Pidele que lo explique con más detalle– pide Seokjin.
–Okay. Seokjin dice que si podrías explicar esto más detalladamente. De hecho yo también lo necesito.
–Por supuesto. Ammm...– Jimin divisa un marcador y unos papeles que están sobre un estante –¿Puedo usar esto?
–Sí, adelante– autoriza Tae.
Jimin toma uno de los papeles. Dibuja una flecha horizontal apuntando a la derecha.
–La flecha representa tu realidad... O la realidad de Seokjin, o una tercera realidad random. No importa, sólo la estamos usando como punto de referencia.
Junto a la primera flecha, dibuja varias otras flechas paralelas, todas horizontales y apuntando a la derecha.
–Junto a esta, se desarrollan infinidad de otras realidades, que pueden ser parecidas o muy diferentes a la primera, dependiendo de qué tan cerca estén, aunque todas se mueven en la misma dirección, hacia adelante. Y todos vivimos en ese infinito de realidades de forma fraccionada, aunque siempre hay una realidad que es dominante.
–No estoy entendiendo bien eso último, perdón– dice Tae, sentándose en el suelo.
–Yo no entendí desde el principio– se ríe Jin, aunque sólo Tae puede escucharlo.
–No es difícil. Mira, vives en todas las realidades alrededor de la tuya, pero en un porcentaje muy muy pequeño. La que domina es esta que tenemos aquí, donde tú y yo estamos hablando. Dime, ¿Has oído hablar del "Efecto Mandela" o de los "Déjà Vus"?
–Sí, sí– responde Tae, asintiendo con la cabeza.
–Bueno, eso ocurre cuando por un instante haces conexión con el Tae de otra dimensión. O más bien te transportas a esa realidad por una fracción de segundo, porque el Tae de la otra dimensión sigues siendo tú.
Tae y Jin asienten en silencio, comenzando a procesar las palabras del joven.
–El mundo está formado por algo tangible y algo intangible, o sea algo que se puede tocar y algo que no se puede tocar. El espacio físico es el mismo, nuestros cuerpos, este piso, el edificio, la ciudad, Corea, el planeta Tierra, blablabla, eso es lo tangible porque es materia. Lo intangible son las realidades, no están formadas por materia sino por energía, son dinámicas, se mueven, cambian... O también se cruzan, como en este caso que sucede aquí.
–¿Y por qué ocurre esto?
–Hay varios motivos. Por lo general sucede cuando dos realidades están muy pero muy cerca una de la otra. Parece que ese espacio entre tu sala y tu cocina es el punto de conexión con la realidad de Seokjin.
Tae le hace una seña a Jimin para que se detenga un momento, porque Jin está alzando la mano frenéticamente, como si fuera un alumno en la escuela.
–Dime, ¿Qué sucede?– le pregunta Tae.
–Porfa pregúntale si hay un Seokjin en tu dimensión y un Taehyung en la mía– pide Jin, a lo que Tae asiente.
–Dice Seokjin si existe una versión de sí mismo en mi realidad, y una versión de mí en la realidad de él.
–Claro que sí, de hecho no es ninguna casualidad que ustedes se puedan ver y escuchar el uno al otro. Estaban destinados a...
Jimin se detiene en medio de su discurso y mira a Tae. También puede sentir el interés en Seokjin sin necesidad de verlo.
–No... N-no dije nada– se ríe incómodamente –Bueno, los huecos interdimensionales son raros, pero por lo general no duran mucho tiempo antes de volver a cerrarse. Mucha gente vive toda su vida así, haciendo contactos espontáneos con otras realidades, asique no creo que tengas problemas, sólo debes acostumbrarte. El chico no es malo, ¿Verdad?
Jimin sólo lo pregunta para escuchar la respuesta de Taehyung. Él puede sentir plenamente la energía de Seokjin, y sabe que es un alma buena.
–No, para nada– de hecho Seokjin es el muchacho más agradable que había conocido. Y no puede negar que le parece tremendamente guapo también.
–Entonces todo va a salir bien, si es una conexión temporal, con el tiempo se irá. Por lo pronto intenten convivir lo mejor que puedan.
–Muchas gracias por todo Jimin-ssi, ¿Cuánto te debo?– Tae abre su billetera.
–Oh, no te preocupes por el dinero.
–¿Pero cómo? Viniste hasta aquí, nos despejaste las dudas, no puedo dejarte ir sin pagarte.
–En serio, despreocúpate, no me costó nada venir aquí. Sólo les cobro a la gente insegura que va a mi consultorio buscando una guía. Les digo lo que quieren oír y los veo marcharse con sus energías renovadas, es solo una motivación porque el poder real está dentro de ellos, yo no hago absolutamente nada– se ríe Jimin.
–Okay– se ríe el castaño –De nuevo, muchas gracias.
–Fue un placer– ambos se dirigen a la puerta –¡Adiós Seokjin-ssi!
–Adiós– responde por inercia el azabache.
Luego que se quedan solos, Taehyung camina lentamente hacia Seokjin. Ya no tiene nada de miedo, en cambio se siente invadido por la curiosidad.
Se para justo frente a él, en ese punto donde sus realidades se entremezclan. Alza la mano y trata de tocar el rostro de Seokjin, pero él se aleja.
–Quédate quieto pabo, no puedo lastimarte, ni quiero tampoco– reprende Tae, y vuelve a intentar tocar la mejilla de Jin.
Y tal como esperaba, sus dedos atraviesan la figura del joven azabache. Ambos sienten pequeños escalofríos con el "contacto". Tae retira la mano.
–Esto es por mucho, lo más raro que me había pasado en la vida– murmura Seokjin, mirando en detalle el rostro del joven frente a él. Es un chico atractivo sin lugar a dudas.
–¿Que un chico te haya atravesado la cara con sus dedos?– bromea Taehyung, haciendo reír a Seokjin.
–Pabo– dice Jin entre sus risas.
