Chapter Text
SIMON.
No estoy seguro de cómo me siento. No me lo esperaba. O sí. Pero no creí que ella fuera a decírmelo. No creí que Agatha realmente fuese a romper conmigo. Y aquí estamos. —No lo entiendo.
—¿Qué es lo que no entiendes, Simon?
—Por qué estás haciendo esto... yo... —suspiro, harto de no poder expresarme— pensé que nosotros... no sé.
—Yo también lo pensé. Pero no estoy segura de lo que siento.
—¿Es por él? —espeto, con un poco de resentimiento.
Desde que los vi tomados de las manos en el bosque, muchas cosas comenzaron a cobrar sentido. Puedo ver la sonrisa de suficiencia de Baz en mi mente, la misma que pondrá cuando se entere de que mi novia me botópor él. Bueno, mi ex-novia. Supongo.
—No es por Basilton... o quizás sí, no lo sé. Acabo de decirte que no lo sé.
—Pero... se supone que nosotros íbamos...
—Ese es el problema —me interrumpe—. Es todo como se supone que debe ser, Simon. Sabes que te quiero, sé que me quieres. Pero el amor debería ser más que un "se supone que es así".
—No entiendo.
—No sé si estamos enamorados uno del otro...
—¿Estás enamorada de Baz?
—No todo es sobre Baz —contesta exasperada. Bueno, parece enfadada.
—Me estás dejando por él.
—¡No! ¡Hago esto por mí! Tengo derecho a querer algo más que ser un personaje más en la historia de Simon Snow.
—¿Qué mierda se supone que significa eso?
—Ya está —dice, luego de un silencio incómodo, ambos conscientes de que estamos empezando a tratarnos mal. No quiero tratarla mal. No quiero lastimarla. Pero, aparentemente, ya lo hice.
Se supone que es lo que hago ¿no?
—No tengo nada más para decirte.
—Supongo que yo tampoco —me encojo de hombros.
Y, como si nada, se aleja. Creo que sus ojos se cristalizaron. Quizás le dolía esto. A mí me duele. Creo. Sé que Agatha tiene razón, que estamos distantes. Pero hace tanto que Agatha es parte de mi vida, de mí. Es como si Penny decidiera no ser mi mejor amiga mañana. Bueno, no sé si tanto. Es como si Baz comenzara a ignorarme.
No estoy seguro de ninguna de esas analogías sea adecuada.
Vuelvo a mi cuarto pensativo, sin estar seguro de lo que siento. Sé que Baz no estará cuando llegue, nunca está en la habitación luego de la cena. Deseo que no esté, porque sé que él tiene al que ver con esto. Siempre tiene algo que ver. Como era esperable, ya que todo en este día parece fuera de lugar, Baz está en el cuarto, haciendo alguna tarea en su escritorio.
Decido que lo único que va a lograr que me distraiga de la agria sensación que me dejó Agatha es entrenar con la espada. Porque, además, no sé qué otra cosa hacer. De pronto olvido todo lo que se supone que debo hacer. Duro poco. Luego de girarla para todos lados, comienzo a aburrirme, más rápido de lo normal. Acabo derrumbándome en mi cama, observando el techo, a la espera de que el tiempo solo pase.
—¿Día duro siendo el Elegido? —comenta Baz, mientras busca su pijama en el ropero.
—No estoy de humor —largo sin pensarlo dos veces.
—Esa es, precisamente, la gracia de molestar a alguien.
—¿Por qué quieres molestarme?
—Quiero que dejes de pensar tan alto —responde al entrar al baño para cambiarse. (Jamás nos cambiamos frente al otro)
Claro que Baz nota que algo anda mal, sólo decidió ignorarlo desde que llegué a nuestro cuarto. Hemos pasado suficiente tiempo manteniendo al otro bajo la mira como para no saber cuando algo anda mal. Baz está haciendo su típica rutina para dormir cuando decido hablar.
—Agatha terminó conmigo. Al instante de decirlo, me arrepiento. ¿Por qué acabo de darle luz verde para ir detrás de ella?
—¿Qué? —se gira a mirarme con sorpresa, y suelta la manta que estaba moviendo de su cama para acostarse.
—Intenta disimular tu alegría.
—¿Por qué Wellbelove terminaría contigo?
—Estoy seguro de que sabes de sobra el porqué, probablemente más que yo.
—Mira, Snow —toma asiento en su cama, viéndome. Y es cuando noto que yo también me he girado hacia él—. No sé qué delirio está teniendo tu extraña cabeza ahora, pero te aseguro que yo no tengo nada que ver con eso. Por mucho que me gustaría.
Bufo. Obviamente, Baz no puede hablarme en serio (o mostrar un mínimo de empatía conmigo), sin recordarme que de igual forma me odia. Le creo. Porque sé que si él tuviese algo que ver, no perdería oportunidad de hacérmelo saber.
Y, sinceramente, si pareció sorprendido al oír que Agatha me dejó.
—Dijo que merece querer más que ser un personaje en la historia de Simon Snow —no sé por qué sigo hablando.
No sé por qué no fui en busca de Penny para hablar de esto. De todas las personas de este mundo, elijo a Baz.
—Bueno —ríe, el muy sinvergüenza ríe—, eso lo entiendo.
—¿Qué? —(yo no entiendo).
Baz se mete en su cama, pero no deja de dirigirse a mí.
—Todos somos un poco personajes en la historia de Simon Snow ¿o no?
—¿A qué se refieren con eso? —la frustración me chorrea por la voz.
—Dijo que merece querer más que ser un personaje en la historia de Simon Snow —no sé por qué sigo hablando.
No sé por qué no fui en busca de Penny para hablar de esto. De todas las personas de este mundo, elijo a Baz.
—Bueno —ríe, el muy sinvergüenza ríe—, eso lo entiendo.
—¿Qué? —(yo no entiendo).
Baz se mete en su cama, pero no deja de dirigirse a mí.
—Todos somos un poco personajes en la historia de Simon Snow ¿o no?
—¿A qué se refieren con eso? —la frustración me chorrea por la voz.
—Wellbelove es tu enamorada, yo tu némesis, Bunce tu mano derecha... —explica, mientras se acomoda entre sus mantas— Se supone que Wellbelove es quien va a llorarte cuando yo finalmente gane la guerra. O, en su defecto, tú ganes y llore de felicidad contigo (no va a pasar), para luego tener un bello linaje de niños super mágicos y hermosos contigo, justo como ustedes.
Ignoraré que con eso último Baz implica que también me considera hermoso.
—Pues, ella es más bien tu enamorada.
Baz suelta un bufido divertido. No encuentro la gracia.
—Wellbelove no está enamorada de mí, Snow. Creo que es obvio lo que sucede aquí.
Nota que no es obvio para mí, porque procede a explicarme. No entiendo por qué está siendo tan amable conmigo. No es como que hablemos de nuestro sentimientos, nos dedicamos a herírnoslos. La tregua, supongo.
—No está enamorada de mí —repite—. Si es como ella dice, que está cansada de ser "la enamorada del Elegido", solo le gusta la idea de Baz Pitch porque soy todo lo contrario a ti.
—No somos ya diferentes... —murmuro. Hace dos meses no hubiese sido capaz de admitir que Baz y yo tenemos cosas en común, pero, como ya dije, el mundo no está en su lugar últimamente.
—Sabes a lo que me refiero.
—Supongo que sí.
—Quizás no esté todo perdido... —no está ni de cerca seguro de lo que dice, no pasé los últimos siete años estudiándolo en vano.
—Lo está. Pero, quizás esté bien que así sea —me encojo de hombros.
Asiente, sin decir nada más. Apaga el velador de su mesita de luz, dando por finalizada la conversación.
—Buenas noches, Snow, intenta dormir algo —oigo, y prácticamente no veo, como Baz se gira hacia la pared, dándome la espalda. También voy a ignorar el hecho de que es la primera vez que Baz me desea buenas noches.
BAZ
Nunca consideré a Wellbelove la persona más brillante de nuestro curso. Bunce tiene ese titulo, aunque no planeo decírselo. Pero ¿quién en su sano juicio termina con Simon Snow? Es decir, soy consciente de mi desesperado enamoramiento por él debe hacer que mis ojos lo perciban más maravilloso de lo que realmente es. Aún así, Simon suele no tener idea sobre nada, y suele no tomarse el tiempo de pensar sobre las cosas. Pero es estúpidamente valiente, y haría lo que fuera por ella y por Bunce. Por más riesgoso que sea, está dispuesto a todo.
Y ella, la idiota masiva, le rompe.
Realmente espero que no sea por ese estúpido crush que tiene conmigo. Porque estoy un poco cansado de ser la razón por la cual Simon se siente mal. Sobre todo, si no fue adrede. La odiaré si logra herirlo en mi nombre cuando nosotros estamos en tregua por primera, y probablemente, única vez. Simon estaba dispuesto a estar con ella para siempre. Estaba dispuesto a que la muy idiota cargue con su apellido luego del suyo propio.
Obviamente, hablo desde la envidia. Ni en mis sueños más locos tengo la posibilidad de romperle el corazón al maldito Simon Snow.
La idea de Simon soltero y siendo peligrosamente amigable y vulnerable conmigo me estremece. No estoy durmiendo, sé que él tampoco. Agradezco que él no pueda estar seguro con certeza de que yo también estoy despierto. Luego de lo que se siente una eternidad oigo un murmuro.
—Baz —susurra mi roommate.
—Snow —intento sonar soñoliento.
—No puedo dormir.
—No puedo arreglar eso por ti —respondo, muy a mi pesar.
—¿Seguro?
—Puedo conjurar "Goodnight and go" si quieres.
—Sí, por favor.
Me volteo, en busca de mi varita. No pierda tiempo en fingir que no puedo ver en la oscuridad y conjuro el hechizo en voz baja. Un poco como para demostrar que soy un buen mago, lo suficiente como para conjurar en susurros.
—Gracias —murmura, en un bostezo.
Sonrió, porque sé que no puede verme. Logro dormirme un rato después, acunado por la paz que me provee la respiración lenta y profunda de Simon dormido.
Serás mi muerte, Simon Snow.
SIMON.
Agatha no se sienta con nosotros en el almuerzo. Penny pone los ojos en blanco al verla ubicarse sola en otra mesa.
—Sabe que puede sentarse con nosotros aunque no estén más juntos —comenta.
—Quizás no quiere —me enojo de hombros y llevo la vista a mi comida.
Por algo siempre sostuve que no es bueno pensar demasiado las cosas, ahora estoy sumergido en un bucle del cual no puedo salir. Agatha y Baz han afirmado sentirse parte de un guion armado alrededor de mí. La Historia de Simon Snow, el Elegido.
—¿Estás bien? —pregunta Penny, quizás se me nota mucho en el rostro lo perdido que me encuentro ahora. -¿Sientes que eres un personaje más en la historia de Simon Snow? -pregunto para luego morder mi sándwich.
—Creo que las misiones del Hechicero te están afectando.
—En serio, Penny.
—¿De qué viene todo esto? —Agatha dijo eso anoche.
—Seguro estaba intentado justificarse.
—Baz también lo dijo cuando le conté.
—¿Le contaste a Baz? —abre sus ojos con asombro. Asiento, mientras mastico-. Baz hasta hace poco tiempo era tu peor enemigo...
—No es el punto, ¿puedes contestar mi pregunta?
—No, Simon, siento que eres mi mejor amigo. Agatha está buscando una explicación para dejarte. Y Baz... bueno, es Baz. Quizás sí quiera ir detrás de ella luego de todo.
—En realidad, dijo que no —Penny luce menos sorprendida de lo que intenta aparentar.
—¿Y le crees?
—¿Tú no?
—Sí, nunca pensé que a Baz le gustaste en serio Agatha. Creía que solo intentaba molestarte. Lo que no creo es que tú sí le creas.
Me encojo de hombros. Estoy seguro de que anoche nuestra conversación fue seria, porque admitió sentirse igual. ¿Baz también desea más que ser el némesis de Simon Snow? No lo sé. No sé ni lo que desea el mismo Simon Snow. Si hay algo en lo que él tuvo razón desde el principio es en que soy el peor Elegido jamás elegido.
Mis ojos chocan con Baz al cabo de un rato, mientras él envuelve su sándwich para llevárselo. Ahora que lo pienso, no estoy seguro de haber visto a Baz comer alguna vez. Quizás los vampiros no comen.
—¿Crees que los vampiros coman?
—Por Merlin y Morgana, Simon -Penny ni siquiera hace un esfuerzo por responder a mi inquietud.
BAZ
Snow se ve menos perdido que ayer, pero tampoco demasiado. Sigue con la vista perdida en un punto fijo en clase. Espero sentir su mirada sobre mí, pero no sucede. No sé si es por la tregua o porque tiene el corazón roto. Sea lo que fuere, no me gusta.
SIMON
Vuelvo al cuarto luego de clase. Baz está atándose los cordones de sus botines sobre la silla de su escritorio, listo para entrenar. La remera verde y morada del equipo le sienta bien, aunque él viva quejándose de lo fea que le resulta. "Pitch" reza en su espalda, acompañada del número 24. No había notado antes de que eligió poner solo Pitch y no su apellido completo. No vaya a ser cosa de que alguien se olvide de que el mejor mago de nuestro año (que Penny no me oiga) es un Pitch hecho y derecho.
—Snow —llama antes de salir por la puerta—, cómete el sándwich si quieres, no tengo hambre. Se retira del cuarto sin decir nada más. Quizás los vampiros realmente no coman. Agatha y Penny creen que exagero, yo, sin embargo, estoy muy seguro de que Baz es un vampiro. Ahora, no obstante, no sé qué tanto me importa. Me como el sándwich que mi roommate me dejó sin perder tiempo en cuestionarme si está envenenado, porque ya no hacemos eso.
BAZ
¿Acaso guardé el sándwich para Simon? Sí. Soy así de patético. La comida parece ser lo único que lo reconforta, y no encontré manera de hacer que se sienta mejor sin exponerme demasiado. Lo último que necesito es que esa pesadilla con patas se entere que estoy enamorado de él. No puedo permitirme que esa idea se cruce por su cabeza.
PENNY.
Me encuentro a Simon atacando medio sándwich cuando me meto en su cuarto, sin molestarme en tocar.
—Simon -saludo.
—Por Dios, Penny -lo asusté, no habla como Normal en Watford a menos de que lo agarres desprevenido.
—¿Cómo lograste que te den otro de esos?
—Es el de Baz.
Ajá. Baz. Hace un tiempo que estos dos vienen llevándose sospechosamente bien. Sé que están en tregua, ¿pero ahora Basilton Grimm-Pitch le guarda su almuerzo al heredero del Hechicero?
—Así que son amigos en serio —me dejo caer en la cama de Simon.
—No lo creo.
—¿Por qué te guarda el almuerzo, entonces?
—No lo guardó para mí, dijo que no tenía hambre —se encoje de hombros, con el seño fruncido en su tarea.
Y es cuando me doy cuenta.
O cuando la idea cruza mi mente por primera vez. Simon sigue creyendo que Baz es un vampiro, la tregua no cambió eso. Sin embargo, ahora confía lo suficientemente en él como para comer algo que el viejo Simon tiraría por la ventana al grito de que seguramente está envenenado e intenta matarlo. No tengo idea si los vampiros comen, pero lo hagan o no, Baz diga la verdad o no, guardó ese sándwich para Simon. A mí no va engañarme.
—No me sale —bufa—, ¿quieres salir de aquí?
—Bueno -acepto, porque ya hice esa tarea y ambos sabemos que él acabará copiándola.
Salimos al enorme jardín de Watford. Por inercia, Simon nos dirige a las gradas del campo de fútbol. Y ahí todo cobra sentido completamente, mis sospechas se ven más que fundamentadas. Nuestro vampiro de confianza (ahora) se encuentra a mitad de su entrenamiento. Es más que normal que Simon termine, por alguna razón u otra, en los entrenamientos de Baz. Baz le deja su comida. Tantos años de obsesión y supuesto odio mutuo no pueden mutar en menos de un mes en una amistad. Porque, por más de que Simon insista en negarlo, se comportan amigable con el otro. Baz casi mata a Simon con una quimera y Simon destrozó su nariz una vez. Se han empujado por las escaleras, han llegado a sangrar. Ambos fueron excesivamente intensos ante la existencia del otro durante casi ocho años. Esa tarde es la primera vez que pienso que Simon quizás, solo quizás, tenga más sentimientos sin resolver para con Baz de los que yo pensaba.
BAZ.
Snow y Bunce están en las gradas. Esta vez sí percibo la mirada de Simon sobre mí. Antes venía a vigilarme ¿sigue sin confiar del todo en mí? Le dejé mi sándwich a ese bastardo (literalmente bastardo). También veo a Bunce mirarme, ojos entrecerrados, como cuando está estudiando. No sé qué busca, ella no es la que viene aquí a verme, después de todo. Hoy, por suerte, no está Wellbelove.
