Work Text:
Todos los buenos momentos que pasé con estas personas se resumen en una hora y media de videos que grabé para recordarlos a todos y poder verlos sonriendo. Ciertamente esto me lo busqué yo solo, pero no me arrepiento de nada, porque gracias a que no escuché a Fushiguro e igual lo seguí pude conocerlos y vivir toda una aventura; obvio hubo momentos buenos y malos, pero al final creo que, comerme uno de los dedos de Sukuna, fue el mejor error que cometí.
El video termina con un acercamiento a mis dos compañeros de equipo, “se ven felices” fue lo que pensé cuando grabé ese momento, es algo que quería recordar. Sin darme cuenta, luego de que murió mi abuelo y el incidente en la escuela, comencé a hacer esto con un fin.
Desvié mi vista del televisor y vi uno de los dedos de Sukuna en un frasco, lo tomé a la vez que abrían la puerta de la habitación en la que estaba. Con el dedo aún en mi mano me giré para ver a la persona que acababa de entrar, era Gojo-sensei.
-¿estás listo?- me preguntó con normalidad, como si estuviéramos por ir a una nueva misión.
Me tragué el dedo, como los 19 anteriores y me levanté mientras le sonreía -nunca nadie está listo para esto Gojo-sensei…. pero aunque no me creas, de cierta forma ya lo acepté- dije mientras me arreglaba el atuendo que me habían dado horas antes. Consistía en una prenda única blanca y larga, era algo parecido a una bata, pero esta era de una tela más ligera.
Lo vi asentir con la cabeza y extendió su mano con intenciones de posarla sobre mi cabeza, pero noté que se arrepintió a medio camino y me hizo una señal para que lo siguiera.
Llegamos a otra habitación donde había un grupo de personas enmascaradas y en el centro de esta se encontraba una mesa en la que, sobre ella, yacían unas cadenas con talismanes de protección en casi todo su largo. Solo fue un segundo, pero juré ver un cambio en el semblante de Gojo-sensei antes de que saliera del lugar.
Dejé que me pusieran lo único que me quitaría la poca libertad que tenía, los grilletes se encontraban en mis muñecas, tobillos y cuello. Eran incómodos, pero no iban a durar mucho, debía ser paciente y relajarme un poco, aunque eso fuera imposible. Dos de los que se encargaron de arreglar los talismanes tomaron dos cadenas largas que colgaban de los grilletes en mis muñecas y tiraron de ellas para que caminara, obedecí sin chistar y salimos a un jardín trasero, en donde Sensei estaba esperando.
Caminamos un buen rato y comenzó a nevar, me detuve un momento para mirar hacia el cielo; estaba gris y caían pequeños copos, algunos cayeron en mi rostro y sonreí al sentir el frío. En medio de mi transe escuché que me llamaban a la vez que daban leves tirones con las cadenas para que avanzara, me estaban indicando que no faltaba nada para llegar así que comencé a caminar otra vez hasta que llegamos a la entrada de una cueva donde nos esperaban unos ancianos y a un costado se encontraban Fushiguro y Kugisaki.
-Sensei, ¿antes de entrar puedo hablar con ellos?- pregunté mirando levemente hacia abajo mientras pensaba que les iba a decir . Luego de obtener el permiso me acerqué con tranquilidad y lo primero que sentí fue calor en mi mejilla, obvio que ella iba a pegarme, Fushiguro no parece estar sorprendido así que ya se lo esperaba. Luego de esa cachetada sentí repetidos golpes en mi pecho, no eran fuertes, pero expresaban mucha frustración.
-no es justo…- murmuró bajo, a lo que yo no respondí -no es justo, no es justo, NO ES JUSTO QUE TE HAGAN ESTO!!- decía a la vez que los golpes se hacían más débiles y lentos. Levantó su mirada del suelo y conectamos miradas; sus ojos cafés desbordaban lágrimas, y sabía que era el responsable de ello.
Tuve un fuerte impulso de abrazarla, pero algo muy dentro de mí me decía que no lo hiciera porque sería peor, así que solo me quedé callado viéndola.
Fushiguro tomó su puño antes de que impactara nuevamente en mi pecho y la alejó de mí, luego me miró y no hicieron falta palabras para entenderlo. Sus ojos estaban levemente rojos así que intuí que había llorado, de cierta forma me alegró “después de todo si le importo”.
Me preparé para lo que iba a decir así que me incliné hacia adelante haciendo una reverencia, cuando me volví a incorporar hice contacto visual con ellos y les sonreí -gracias…. gracias por haber sido lo mas cercano a una familia. Megumi, Nobara, disfruté cada momento que vivimos juntos, gracias otra vez- dije con una gran sonrisa y volviendo a hacer una reverencia.
-tsk…- era el primer sonido que emitía Megumi desde que me acerqué -idiota, siempre haciendo y diciendo estupideces- acto seguido siento un par de brazos rodearme y luego otros.
La felicidad que sentía en ese momento era tan grande que no pude evitar que mi sonrisa se ampliase, pero todo llega a su fin, y este lo marcaron los enmascarados cuando me vinieron a buscar. Me despedí de ellos y me adentré a la cueva detrás de los ancianos. Pude escuchar los gritos de Nobara suplicando que volviera y también pude sentir que llegaron los sempais para ayudar a contenerla. Van a quedar en buenas manos.
A mi lado se encontraba Gojo-sensei así que aproveché a hablarle.
-Sensei…- llamé su atención.
-¿mh? ¿Qué pasa?- dijo con su tono habitual.
-gracias… por todo, y también por seguir actuando de forma normal a pesar de que es el día de mi ejecución, eso me saca un gran peso de encima, no creo poder aguantar verlo… serio- terminé de decir a la vez que una mano se posaba en mi cabeza, levanté mi mirada y vi una sonrisa en su boca, pero transmitía algo confuso, podría ser cualquier emoción, pero no sabía cuál.
- ¿sabes? Es una lástima, pudiste haber sido un gran hechicero- Le sonreí ampliamente antes de detenernos. Los ancianos dijeron que a partir de esta puerta debía seguir solo con ellos, me volví hacia Gojo, aún con una sonrisa.
-creo que lo dejaremos para la próxima… sé que vas a cuidar de ellos muy bien, así que no hace falta decirte nada al respecto, pero lo que si voy a admitir es que me divertí mucho y que no pude haber pasado mis últimos días de una mejor forma- lagrimas amenazaban con salir, pero las guardé, no quería que me viera llorar.
Ese fue mi adiós con el Sensei, y los siguientes minutos fueron los más desesperantes, ya que no me acompañaba nadie, estaba solo otra vez.
Me colocaron en el medio de un circulo con unos dibujos extraños y comenzaron la “ceremonia”. Estaba tan inmerso en mis pensamientos que no prestaba atención a mi alrededor, tenía los ojos cerrados intentando pensar en algo que hiciera de estos últimos segundos algo menos terrorífico, estaba por rendirme ante la desesperación y dejar que mis lagrimas brotasen, pero de la nada llegó un recuerdo con mi abuelo, luego de Megumi cuando lo conocí por primera vez y no le hice caso, metiéndome en este lío, cuando hable con Gojo luego de demostrarle que podía controlar a Sukuna, la primera vez que hablé con Nobara, el entrenamiento con Gojo y Nanami… los senpais de segundo, hasta cuando peleé con Todo. “Al final nunca estuve solo, no ESTOY solo, abuelo… ¿me ves? Hice lo que me dijiste, es verdad que es mejor irte estando rodeado por personas que te aprecian, ya sean una, dos o diez. Hablando de irse” abrí los ojos y me recibió una luz cegadora, pero no tuve miedo, a pesar de estar llorando lo hacía con una sonrisa “ya es hora de irme…” y con eso todo se volvió blanco, luego rojo, y por último negro.
Al volver a abrir los ojos sentí calidez, me encontraba en un lugar sumamente indescriptible debido a su belleza, a lo lejos se veían unas figuras que al percatarse de mi alzaron sus manos haciendo ademanes para que me acercara “creo que este lugar es perfecto…. espero que tarden mucho en alcanzarme”, pensé con una sonrisa mientras caminaba hacia las siluetas.
Con esto terminó el viaje de Itadori Yuji.
