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Había pasado algo más de hora y media desde que Castiel se había despedido de Dean, ahora estaba en la habitación de su motel metiendo una muda de ropa cómoda en una mochila.
Castiel no sabía que pensar, desde el momento en que Dean mencionó el hacer una sesión de cosquillas había sentido mariposas en el estómago. Su mente se debatía entre dos pensamientos, el primero guiado por sus impulsos más básicos era que deseaba eso con todo su ser y además, con Dean. Él no lo había pedido, había sido Dean el que había sacado el tema, el que lo había propuesto y el que parecía muy complacido de ser su ler. El segundo pensamiento era terror, por lo que Dean había dado a entender, estaría completamente indefenso y a su merced, sabía que Dean era un buen chico, se había portado bien con él y se sentían atraídos el uno por el otro, pero hacía apenas 24 horas que se habían conocido en persona. Castiel pensó que se acostarían antes, lo de jugar con el fetiche tan pronto no era algo que entrase en sus planes.
Pero, aun así, Dean parecía tan emocionado y Castiel no podía negar la de veces que había fantaseado con verse en una situación así y, además, desde que le conoció, Dean había empezado a aparecer en esas fantasías. El tiempo iba pasando cada vez más rápido, habían quedado en verse en dos horas, tiempo suficiente para que Dean arreglase el problema surgido en el taller.
Castiel salió del motel y puso rumbo al apartamento de Dean, sentía mariposas en el estómago, las había sentido desde que Dean mencionó la sesión, las sintió cuando volvía al motel, las sintió mientras se duchaba, mientras preparaba la mochila y ahora que cada vez estaba más cerca de su apartamento no solo las sentía, sino que sus piernas habían empezado a temblar. Finalmente llegó al umbral de la puerta y llamó.
“¿Por qué estoy tan nervioso?” se preguntó a sí mismo, negaba en rotundo estar asustado, pero si algo nervioso...o quizás mucho…
Dean abrió la puerta, estaba radiante.
–Ey Cas, al fin has llegado– dijo, besando con ternura la mejilla de Castiel.
Castiel entró en la casa, Dean parecía algo inquieto y sin andarse por las ramas preguntó:
–¿Entonces qué? ¿te lo has pensado? –
–Eh...hm...– balbuceó Castiel, de repente parecía haber olvidado como se hablaba.
–Hablo de la sesión… de hacerlo ahora– añadió Dean algo dudoso e intentando ayudar a Castiel a encontrar las palabras.
–Hm...yo...qui-quie…– Castiel notó el calor en sus mejillas, no podía decirlo en voz alta, su mente lo estaba gritando, pero su boca no parecía obedecerle. Viendo como Dean no dejaba de mirarle optó por asentir y puso toda su concentración en hablar –S-si… me-me encantaría… – desvió la mirada, sabía que Dean estaba sonriendo de oreja a oreja, pero él ahora mismo estaba muy avergonzado como para mirarle.
–¿Estas bien? –
–Cla-claro...–
–Vale– Dean no parecía muy convencido– si quieres puedes cambiarte en el baño mientras yo preparo la habitación– Castiel asintió, anduvo a paso ligero al cuarto de baño queriendo alejarse de la mirada de Dean
En el baño y empezó a cambiarse, había optado por una camiseta roja que le quedaba algo holgada y unos pantalones de chándal oscuros que usaba para dormir, en el lavabo se echó algo de agua en la cara intentando calmarse. Cuanto más se acercaba el momento, más nervioso estaba ¿qué iba a hacer? Dean ya parecía estar sospechando algo y Castiel no quería para nada confesar como se estaba sintiendo. Dean no era mal chico, pero si muy bromista ¿y si no se tomaba en serio el cómo se estaba sintiendo? Sería muy humillante. Más que mariposas en el estómago ahora parecía tener una bola de bolos que tiraba de él hacia abajo. Con ese estado anímico Castiel entró en la habitación que estaba en penumbras, solo había una ventana cerrada y con las cortinas corridas que apenas dejaba entrar algo de luz. Dean no estaba en la habitación, Castiel no tenía ni idea de que estaba haciendo.
Cuando vio la enorme cama que había en el centro tres pensamientos surgieron; el primero fue que ya no había marcha atrás, estaba dispuesto a hacerlo, el segundo, que hizo que se emocionara, fue que iba a estar atado a esa cama y el tercero y más aterrador de ellos fue “¿y si no tengo cosquillas?”
La última vez que recordaba que le habían hecho fue de adolescente jugando con sus hermanos y no era algo tan intenso como lo que planeaban hacer. Intentó alejar ese pensamiento mirando la decoración de las paredes, no quería pensar más, no quería pensar en que Dean tocase su cuerpo y él no reaccionase y entonces reparó en algo…
–¿Tienes tu habitación insonorizada? – preguntó Castiel viendo el material que cubría las paredes.
–¡Ah, si! Es por el teclado– respondió Dean cerca de la puerta.
Dean tocaba el teclado. Castiel recordaba que lo había mencionado en algunas de sus conversaciones y al mirar a su derecha vio la mesa de trabajo con un enorme teclado negro.
–¿Por qué lo preguntas? – inquirió Dean que al fin entró en el dormitorio, iba con ropa de estar por casa, similar a la de Castiel, se giró mientras cerraba la puerta –Acaso ¿estabas pensando en algo travieso? –
–No… no, es solo que...– pero Cas no pudo terminar la frase, de pronto tenía a Dean a muy pocos centímetros, este acercó sus labios a su oreja.
–Pues yo sí que estaba pensándolo– en ese momento la voz de Dean era toda seducción –y es que nadie te va a oír gritar cuando empiece a jugar contigo–
Castiel nunca supo cómo pudo mantenerse en pie en ese instante, sus mejillas se volvieron puro fuego, su respiración se agitó, su pulso se aceleró y el peso que notaba en su estómago amenazaba con tirarle al suelo. Dean le tomó por la barbilla obligándole a mirarle a la cara.
–Cas ¿seguro que estas bien? – preguntó Dean, había una pequeña sonrisa en su cara pero a la vez parecía preocupado.
–Si...si, es solo que...no he hecho esto nunca ¿en qué posición me pongo? –
–¿Posición? – Dean rio entre dientes –creo que así estas perfecto–
–¿De pie? – preguntó, pero antes de obtener respuesta Dean le besó, acariciando su cabeza y sus hombros mientras que su lengua jugaba con su boca. Notó como le iba empujando con suavidad entre besos y caricias hasta que sus piernas dieron con la parte inferior de la cama, ambos cayeron sobre ella. Dean seguía avasallándolo haciendo que retrocediera. Agarró sus muñecas guiándolas, su toque era amable y cálido e hizo que Castiel se relajara hasta el punto de que olvidó que era lo que iban a hacer…
Clic
Castiel abrió los ojos sorprendidos, cortó el beso y alzó la cabeza para ver su muñeca izquierda esposada al cabecero de la cama. No se había dado cuenta de que allí hubiese esposas, ni siquiera de que Dean le había hecho levantar los brazos, cuando volvió la vista a este estaba sonriendo con diversión en su mirada.
–Posición ¿eh? – preguntó riendo suavemente –eso queda un poco frío, mejor romper un poco el hielo ¿no te parece? – y dicho esto le esposó la otra mano a la cama. Los nervios de Castiel volvieron a aflorar mientras Dean ataba sus tobillos con correas a la parte inferior de la cama. No tenía ni idea de cómo los había ocultado, pero no había visto ni las esposas ni las correas al entrar al dormitorio. Estaba tumbado, totalmente estirado y expuesto. Al fin iba a empezar, cerró los ojos, sin querer pensar mucho en su situación y esperando el ataque de Dean.
–Cas… ey Cas, vamos… mírame, por favor– susurró Dean.
Con sumo esfuerzo abrió los ojos. Dean estaba inclinado sobre su cuerpo que había empezado a temblar levemente, sin poder evitarlo había dejado que los nervios se apoderasen de él otra vez.
–Cas, estas nervioso ¿verdad? –
–No-no– tartamudeó –….bueno, puede que un poco–
Al fin lo admitía. Dean tuvo que contener su sonrisa. Castiel le parecía adorable en ese estado, pero tampoco quería avergonzarlo más de lo que estaba. Su reacción era natural para Dean, ya había tenido sesiones con otros lees primerizos y había visto esa reacción en ellos. Al fin y al cabo estaba totalmente a su merced, pero esto era una cuestión de confianza. Dean confiaba en Castiel, pero a lo mejor no era recíproco. En parte eso le dolió, pues nunca había tenido una sesión con alguien que le gustase tanto como le gustaba ese chico.
–Castiel… ¿no te fías de mí? – preguntó Dean.
–No...no es eso… Dean, lo siento, no es culpa tuya, el problema es mío– Castiel empezó a hablar atropelladamente– nunca he hecho esto y me resulta extraño, pero lo quiero de verdad...no sé...no… no sé si te voy gustar… tú tienes mucha más experiencia y yo…y yo… y ni siquiera sé si tengo…
–Cas, Cas, Cas– le interrumpió Dean y Castiel notó como el rubor de sus mejillas subía– respira hondo y escúchame –Castiel le obedeció– Te aseguro que lo vas a disfrutar, pero tienes que intentar calmarte. No vamos a hacer nada que te haga sentir incomodo. Esto… es solo un juego. Un juego entre tú y yo, queda entre nosotros ¿entiendes? Solo… déjate llevar – dijo en tono confortante. Castiel asintió levemente, sus nervios parecían haberse aflojado un poco– escucha, estaré atento a tu lenguaje corporal, pero, si ves que es demasiado, que no lo soportas o que necesitas un respiro, di “rojo” y todo parará ¿entiendes? –
Castiel asintió. Una palabra segura, en eso no había pensado.
–Por lo demás– prosiguió Dean y una sonrisa pícara afloró en sus labios –puedes reírte, gritar, llorar, suplicar o maldecirme todo lo que te apetezca, pero solo pararé cuando yo quiera– le acarició la mejilla con ternura –respira hondo cielo–
Dean le levantó la camiseta exponiendo todo lo posible su torso y empezó a acariciar suavemente sus costillas. Quizás el estrés insensibilizó a Castiel los primeros segundos, pero al poco tiempo empezó a notar las señales que su cuerpo enviaba a su cerebro y una sonrisa tonta afloró en sus labios, si, tenía cosquillas.
Al ver esa reacción Dean empezó a aumentar el ritmo de sus dedos sobre su cuerpo. Castiel empezó a respirar más agitadamente e intentó contener la risa, pero fue inútil. Los dedos de Dean exploraban todos los puntos más sensibles de sus costillas haciendo que de Castiel emergiera una cascada de risitas burbujeantes.
–¿Ya te estas riendo Cas? Creí que aguantarías más– dijo Dean en tono burlón.
Castiel lo ignoró, como acto reflejo intentó bajar los brazos, pero sus ataduras eran firmes, así que empezó a retorcerse buscando escapar de las manos de Dean mientras se deshacía en risas. A Dean le debió parecer que se estaba moviendo demasiado porque en cuestión de segundos se sentó a horcajadas sobre su cintura, dejándole con menos libertad de movimiento.
–¡Deaaaaaaan naaaajajajajaa jajajaja jajajaja! – gritó Castiel impotente, sacudió todo su cuerpo intentando escapar de las sensaciones, pero ni las ataduras ni Dean cedían –¡Por favojojojoojaajjaja!–
–No te vas a escapar de esto tan fácil, cielo– dijo Dean radiante, ignorando el lío de risas en que estaba convirtiendo al chico, acercó sus labios al oído de Castiel –Esto te está encantando, admítelo– Castiel se sonrojó aun más de lo que estaba y Dean solo podía pensar en lo adorable que se veía –¿En serio? ¿te está dando vergüenza? Que mono–
–No jojojojoojo te burles jajajajajaja de mi jijijijijiji– Castiel intentó sonar enfadado, pero era difícil cuando no podía dejar de reír.
–¿Ah no? Pues no creo que estés en posición de darme ordenes Cassie– y dicho esto, Dean, que ya había jugado bastante con las costillas llevó sus manos un poco más arriba, hasta que encontró el cálido hueco que había bajo los brazos de Castiel. Un grito desesperado emergió de la garganta del chico, arqueó la espalda tensando todo su cuerpo antes de caer en una nueva ola de carcajadas histéricas, tiró de sus ataduras con más fuerza, pero sin resultado alguno.
– No, no, no, por favoooor jojojajaajajajaja– chilló Castiel sacudiéndose, pero Dean no se detuvo, sino que aumentó ritmo de sus dedos –Ahiiiijijijijii noojojojojojo ajajajajajajajaja– la risa de Castiel subió de volumen y notó como las lágrimas se formaban en sus ojos – ¡¡No puedooojojoajajajajjajaja!!–
–Ya sabes cómo hacer que pare– susurró Dean en su oreja, su tono era juguetón, al parecer estaba disfrutando de la histeria de su lee.
–¡¡No puedojojojoajajajajajaja!!– repitió, aun podía hablar, aun podía gritar “rojo” pero una parte de él, la irrazonable, de la que se solía avergonzar, le dijo que aguantara. No sabía que era tan cosquilloso en las axilas y ahora que Dean movía sus dedos burlones por toda la zona estaba volviéndose loco, quería que se detuviera y a la vez no quería perder esa sensación, no paraba de tirar de las esposas de sus muñecas, pero no servía de nada y eso lo hizo aún más frustrante.
Dean lo miraba sonriente, le encantaba, le encantaba ver Castiel así. El chico ya le gustaba de por si, todas esas conversaciones y las video-llamadas habían hecho saltar la chispa entre ellos, pero si tenía que ponerle algún defecto a Cas quizás diría que era alguien muy cerrado, demasiado desconfiado y muy tímido, era alguien que no salía de su zona de confort, a quien costaba llegar a conocer (el propio Dean había tardado meses en llegar a conectar con él) y que sobre todo mantenía siempre su fachada, su carácter y todo bajo control.
Eso era lo único que podía decir que odiaba de él y aun así, conforme habían ido conociéndose, iba entendiendo ese carácter. Castiel era el menor de la familia, siempre controlado por sus hermanos mayores, con un padre exigente y a eso debía sumarle las experiencias que él mismo había confesado ese día haber vivido en el instituto. Parecía que todo eso habían hecho de él alguien frío y retraído.
Por eso le encantaba, le encantaba ver como había perdido completamente el control de sí mismo, como se reía, gritaba y se retorcía bajo sus dedos. Castiel se había perdido en esa sensación, estaba cada vez más colorado, las lágrimas rodaban por sus mejillas y su risa empezó a perder volumen.
–¡¡POR FAVOOOOOOOOOOOR jojojjojajajajjajajaja!!– el grito que emergió de su garganta sorprendió tanto a Dean que no pudo más que reír casi tanto como reía Castiel.
–Vale, te lo has ganado– dicho esto Dean dejó de cosquillearle las axilas, bajó sus manos hacia su vientre trazando patrones lentos y perezosos con un dedo de cada mano, el toque era lo bastante suave para permitirle recuperar el aliento y a la vez lo mantenía riéndose.
Castiel se dejó caer sobre la almohada de la cama, su risa ahora era suave, estaba relajado, todos los nervios y los pensamientos desconfiados que habían asaltado su mente antes de empezar la sesión se habían esfumado. Miró a Dean que parecía esta disfrutando de las vistas.
–Eres crujujujueeeel jajajajaja– dijo Castiel soltando pequeñas risas.
–Hm, pues esto solo es el principio– respondió Dean en tono juguetón –voy a buscar todos tus puntos sensibles, cielo. No creas que me los puedes ocultar– inclinó su cabeza sobre el estómago de Castiel y plantó un beso y luego otro y otro y otro, cada vez a más velocidad moviendo sus labios por todo el vientre de su lee. Castiel reaccionó enseguida intentando contraer los músculos de su estómago, pero era imposible mantenerse así mucho tiempo, sentía los labios de Dean haciéndole cosquillas por toda la barriga y los dedos comenzaron a moverse frenéticos por sus costados. Volvió a reír impotente, no era tan horrible como las cosquillas en las axilas, pero una vez más la sensación se estaba volviendo frustrante… o eso creía hasta que Dean rozó con sus labios su ombligo.
–¡¡NO!!– el grito desesperado de Castiel hizo que Dean parase sorprendido, pasaron unos segundos en los que ambos se observaron en silencio, cuando Dean sonrió con picardía, Castiel, sonrojado, se dio cuenta del gran error que había cometido.
–¿No? ¿Qué pasa Cas? ¿he encontrado un punto muy sensible? – preguntó riendo entre dientes.
Cas negó con la cabeza frenéticamente mientras se mordía el labio inferior, siendo un niño cuando había jugado con sus hermanos, se habían divertido a su costa por lo cosquilloso que era en el vientre, pero de eso hacía mucho tiempo, había olvidado el cómo se sentían las cosquillas en su ombligo.
Dean llevó su mano derecha sobre el ombligo de Castiel, movió los dedos sobre él a un ritmo acelerado haciendo que Castiel estallara en carcajadas.
–¡Espera ajjajajajaja Deajajajajajan jajajajaja por faaajajajvor jojoajajaja!
–Nah, no creo que tenga que esperar–
Dean estaba demasiado distraído con la reacción de Cas como para prestar atención a sus súplicas, era increíble, una sola mano en su ombligo y el chico estaba riendo casi tan fuerte como cuando cosquilleó sus axilas. Con la mano izquierda acarició la mejilla de Castiel, por la que caían algunas lágrimas.
Castiel dejó caer la cabeza sobre su mano, como si quisiera tener el mayor contacto posible con él, se quedó mirándole sin decir nada, solo riendo, retorciéndose y tirando de sus ataduras. Esa mirada le bastó a Dean para saber lo que estaba disfrutando de esa nueva experiencia.
–Hm, mi niño cosquilloso– musitó Dean– ¿y estabas preocupado por si no me ibas a gustar? –
Dean retomó su labor, con ambas manos empezó a hacerle cosquillas en los costados, mientras cubría de besos el vientre de Castiel pero esta vez centrándose más en su ombligo, eso hizo que Castiel empezara a chillar con más fuerza y a retorcerse con desesperación. No podía parar de reír, había perdido el control sobre sí, las sensaciones no le dejaban pensar con claridad, sus terminaciones nerviosas se estaban sobrecargando y su consumo de oxígeno se estaba volviendo cada vez más bajo.
–¡¡Dean para!! ¡¡para por favorjojajajajjajaja!!– suplicó Castiel, sacudió su cuerpo impotente al ver que Dean no se detenía, pasados unos segundos su cerebro encontró la palabra que quería –¡¡Ro-rojo!!–
Y todo paró. Castiel se dejó caer sobre el colchón mientras recuperaba el aliento.
–¿Estas bien? – Castiel notó el tono preocupado en la voz de Dean así que sonrió y asintió levemente.
–Si… solo… dame un respiro… y seguimos… por favor– cerró los ojos, estaba bien a pesar de que sentía un hormigueo, como si cientos de dedos fantasmales le recorriesen todo el torso.
–Por supuesto– Dean se relajó, se había asustado al pensar que había llevado a Castiel más allá de su límite. Empezó a acariciarle la barriga, usando la palma de la mano y con un toque más firme.
Castiel abrió los ojos asombrados, un gemido escapó de sus labios al notar como las sensaciones fantasmales de su piel se calmaban. Dean le estaba mirando divertido
–¿Mejor? – preguntó. Castiel asintió.
–¿Como haces eso? – suspiró, al instante se dio cuenta de lo absurda que era la pregunta. Dean no le respondió, ya se lo había dicho, había estado en los dos roles, sabía como se sentía.
–¿Como tienes los brazos? –
–Cansados–
–Pero ¿te duelen? –
Negó con la cabeza, había recuperado el aliento. Toda esa preocupación que él mostraba le enterneció.
–Estoy bien Dean, no te preocupes, no me vas a matar– le sonrió de forma tranquilizadora.
–No estés tan seguro– dijo Dean mientras se inclinaba para besarle en la mejilla –¿estas listo? – con un último suspiro Castiel asintió.
–Bien ¿por dónde iba? – dijo Dean fingiendo pensar –Ah, sí, creo que aún no he terminado aquí– empezó a garabatear sus dedos de nuevo sobre el ombligo de Castiel haciendo que estallase en carcajadas. No podía, le era imposible aguantar la risa.
–¡¡Nooojojojajajajajajajaja!! ¡¡DEAAAAAAAAAJAJAJAJAJAJAJAJAAAN!!–
–¡Ah, es verdad! No te gustan las cosquillas así– inclinó su cabeza sobre su ombligo –te gustan así– Castiel, que esperaba una nueva ola de besos, casi dio en el techo riendo cuando notó que Dean le estaba soplando una frambuesa en el ombligo.
–¡¡Najajajjajajjajajajajaja Dean esperajajajajaja!!–
–¡Lo sabía! Esto te va a encantar– ignorando sus gritos Dean empezó de nuevo a garabatear los dedos en sus costados mientras usaba su boca para hacer cosquillas en el vientre de Castiel, empezó a probar cosas nuevas, lamiendo, besando, mordisqueando y soplando frambuesas. Castiel se estaba perdiendo de nuevo, notaba los dedos en sus costados que lo mantenían riéndose, pero no supo identificar donde estaban los labios de Dean, solo sabía que hacían unas cosquillas terribles, que los notaba por todo el vientre, que no seguían un patrón fijo y que eso lo estaba volviendo loco.
Dean estaba radiante de alegría mientras escuchaba la risa de Castiel, había descubierto que los besos y los mordiscos suaves provocaban risas sobresaltadas, los lametones en el ombligo hacían que Castiel chillase de forma adorable y que las frambuesas le hacían estallar en carcajadas histéricas. Tras varios minutos así, en los que las risas de Castiel acabaron perdiendo volumen de nuevo, Dean decidió que su lee ya había tenido suficiente. Le dio unos minutos para que recuperase el aliento palmeando su barriga que había adquirido un tono sonrosado.
–¿Como lo llevas? – preguntó Dean riendo entre dientes.
Castiel asintió levemente con una débil sonrisa que decoraba su rostro.
–Bueno, a ver ¿dónde hay más cosquillitas? – dijo Dean hablando como quien se dirige a un niño pequeño. Ese tono entre burlón y juguetón solo hizo que Castiel se sonrojara más de la vergüenza. Cuando su parte lógica tomaba el control de él solo podía pensar en ¿cómo podía estar disfrutando tanto de esa situación?
Dean, que se dio cuenta de que el sonrojo de su lee era más por timidez que por la risa, sonrió, se inclinó hacía él, en parte se estaba divirtiendo mucho de las burlas, pero no quería que eso fuera lo único en lo que Castiel se centrara.
–¿Te sigue dando vergüenza de mí? – preguntó con un tono dulce pero, una vez más, como quien le habla a un niño –O ¿acaso te da vergüenza cuando digo “cosquillas”? –
Castiel cerró los ojos y se mordió el labio inferior mientras un nuevo sonrojo se extendía por sus mejillas. Dean no pudo evitarlo y esta vez fue él quien se puso a reír divirtiéndose a costa de la timidez de su chico.
–¿Quién diría que has escrito todas esas historias que hay en tu blog sobre el fetiche? – parecía imposible que se sonrojase más y aun así Castiel lo consiguió. “Fetiche” era otra palabra que despertaba esa timidez, su respiración empezaba a acelerarse conforme Dean se inclinaba más hacia él. Abrió los ojos, mirándole implorante. Dean rompió la tensión de su cuerpo pasando los dedos ligeramente por su cuello, provocando las suaves risas de Castiel.
–No es jajajjajaja lo mismoojojoajajjajajaja– pudo decir al fin entre risas y jadeos.
–No, supongo que no– sujetó a Castiel por la frente presionándolo sin fuerza contra la almohada para que no pudiera bloquear la mano que hacía cosquillas por su cuello– Pero ¿crees que no las he leído? Tus historias, digo. Si, son para canalizar esos sentimientos que siempre te han resultado extraños, pero admítelo, has fantaseado con esto mucho tiempo–
Claro que había fantaseado con ese fetiche, desde su adolescencia, desde las fantasías más inocentes y juguetonas hasta las situaciones más hilarantes y dignas de una película erótica. Castiel cerró los ojos y entre suaves risas intentó mover la cabeza de lado cuando se dio cuenta la boca de Dean estaba en su oído susurrando lentamente.
–Si, ya me lo imagino, algo como ser atrapado, atado, estar indefenso y sometido a una larga tortura de cosquillas, en tus puntos más sensibles, sin que puedas hacer nada, sin que nadie venga a ayudarte, sin que nadie te oiga gritar, sin que tengan piedad de ti, hasta que creas que no lo puedes soportar más o te vuelvas completamente loco.
–¡Deaaaan!– sollozó Castiel, ahora más que reír estaba jadeando, derritiéndose bajo esos susurros, de haber estado en pie se habría desplomado sin fuerzas, tenía la sensación de estar cayendo a pesar de estar tumbado sobre el colchón. Al estar Dean tan cerca de él estando tan expuesto y la anticipación del próximo cosquilleo hizo que Castiel empezase sollozar.
–Y, aun así, te sigue dando vergüenza que yo te vea así– esta vez no lo preguntaba, lo afirmaba.
–Lo siento...no lo puedo evitar...yo...yo...– balbuceó, lo último que Castiel quería era que Dean pensase que desconfiaba de él, pero era difícil, era vergonzoso que disfrutase tanto de esto, una faceta de él que nadie en la vida real había visto y Dean era el único que lo estaba viendo ahora.
Un pensamiento cruzó su mente durante unos segundos, un recuerdo de años atrás que había enterrado en lo más profundo de su ser.
*Estaba frente a Arthur, estaban a solas en la casa de él, se habían estado besando, acariciándose y abrazándose hasta que Castiel tomó la iniciativa y le dijo lo que quería.
“Me gustaría que me hicieras cosquillas, hasta que no pueda más” le había costado decirlo, pero llevaban meses juntos, se gustaban y Arthur era buen chico, seguro que se divertían. No recordaba demasiado como siguió esa conversación. Al principio Arthur pensó que era una broma, él también bromeó hasta que se dio cuenta de que Castiel hablaba en serio. La broma dio paso a la incredulidad, de alguna forma empezó a apartarse de él y luego llegaron las preguntas hirientes.
“¿En serio? ¿solo te pones cachondo así?”
“No, no se trata de eso...”
“Es un fetiche ¿no?”
“Bueno… creo que sí, pero también...”
“¿Y te has excitado cuando has jugado con tus hermanos y te han hecho cosquillas?”
“¡Oh, por favor! ¡son mis hermanos! ¿cómo puedes pensar eso?”
“¿Y yo qué sé? ¡eres tú el que tiene el fetiche raro ese!”
Notó como si la tierra se lo tragase. Él era raro, lo sabía, pero ¿por qué se lo decía con este tono?
“No me hables así, no es justo”
“Lo siento Castiel, a mí no me van esos rollos raros”
El tono con el que Arthur le hablaba era como quien le habla a un ser inferior. No quería llorar, al menos no delante de él, quería esconderse y no salir al mundo nunca más. Salió del dormitorio y se marchó de esa casa sin decir nada*
–¿Cas? –
Esa voz le trajo de nuevo a la realidad, tenía la vista apartada de Dean, mirando hacía la pared. Notó algunas lágrimas en sus ojos que quizás no fueran producto de la risa ¿por qué tenía que haber recordado ese momento justo ahora?
–Cas ¿estas bien? – notó el tono de preocupación en la voz de Dean.
“No, siempre lo estropeo todo. El problema soy yo” dijo su mente.
–Cas, cielo, mírame– Castiel no podía negarle nada a Dean cuando usaba ese tono suave así que le dirigió la mirada mientras él le acariciaba las mejillas limpiando sus lágrimas –lo siento– dijo Dean.
Castiel iba a protestar, pero Dean le silenció con un dedo en sus labios.
–Escúchame. Me da la sensación de que te he hecho pensar en algo vergonzoso, lo siento…. Esos comentarios… solo estaba jugando contigo, cielo. No quería hacerte sentir mal–
–No es tu...– intentó contestar, pero Dean le hizo callar de nuevo.
En ese instante Dean se había dado cuenta de que lo de Castiel no era simple timidez, había algo más, algo que le hacía daño.
–Mira, entiendo... que es algo difícil para ti. Pero estamos solos, nadie nos oye, nadie nos ve, ni nos juzgan. Castiel, estas a salvo–
Supuso que ese bloqueo era fruto del rechazo y el acoso sufrido por el chico del que le había hablado. El tal Arthur, “valiente gilipollas” pensó Dean jurándose que si alguna vez se encontraba con ese tipo le partiría la cara.
Pero el problema ahora era como se sentía Cas ¿qué podría decir para ayudarle?
–Oye Cas, esto está bien… que lo disfrutes está bien– Castiel desvió la mirada de nuevo, parecía querer enterrar la cara en su hombro– ¿Acaso piensas que hay algo malo en tu forma de ser por esto? ¿O que de alguna forma te juzgarán como si hubieras hecho algo malo? Nadie sabrá nada de esto– Dean se tumbó a su lado intentando que Castiel le mirase– y aun si es así, entonces, deberían juzgarme a mí también ¿no crees? ¿qué dice que mí que te haya atado y esté disfrutando de atormentarte?
Castiel volvió a desviar la mirada.
–No...no es lo mismo… tu… eres bueno– musitó Castiel, la voz de Arthur le vino de nuevo a la mente “Siempre acabas metiendo la pata en las conversaciones, cariño. Callado estas más guapo” solía decir comentarios así, como quien hace una broma, argumentando siempre que lo decía por su bien. “Siempre tenía razón en esas cosas” pensó Castiel, dándose cuenta de que había arruinado el ambiente que tenía con Dean. ¿Por qué tenía que pasarle esto? Él solo había querido divertirse esa tarde, olvidarse de sus problemas durante unas horas. Dean le gustaba mucho, era bueno y atento, pero él en cambio era un desastre de persona, quizás todo esto había sido un error. En el momento en el que Dean había empezado a burlarse habían resurgido los malos recuerdos de las burlas de Arthur que, a diferencia de las de Dean, no iban destinadas a jugar sino a minar su autoestima.
–¿Intentas decir que tú eres malo? – preguntó Dean incrédulo. Castiel notó un nudo en la garganta.
–Dean desátame– dijo en voz baja.
–Cas, espera– dijo Dean volviendo incorporándose para poder mirarle a la cara. Castiel no solo estaba sonrojado, sino que parecía que iba a echarse a llorar de un momento a otro. Verle en ese estado le partió por dentro, jamás se había imaginado que el daño psicológico de Castiel llegase a ese nivel de autodesprecio. Pasó su mano derecha por su mejilla, empujando suavemente su cara para que Castiel le mirase.
–Deja de castigarte...– no estaba muy seguro de que podía decirle para animarle, pero en el momento en el que encontró su triste mirada las palabras le salieron solas –Cas, no hay nada malo en ti y no te haces una idea de lo que me gustas. Deja de esconderte… por favor… no tienes necesidad de eso, no conmigo. Te lo repito, no es malo que lo disfrutes. Nadie te juzga. Lo que quieras… lo que necesites, yo te lo doy. Estoy aquí contigo– esta vez fue Dean quien se sonrojó levemente por esas palabras, pero parecían haber calado hondo en Castiel.
Dean le dio unos instantes para que se tranquilizara. Cuando Castiel encontró de nuevo los ojos de su ler no pudo evitar sonreírle. ¿Como podía haberse sentido tan inseguro? ¿Con Dean? Dean, quien le había hecho abrirse más a los demás, quien siempre había sido tan atento con él, quien le había mimado desde su llegada, quien le había escuchado y con quien había tenido confidencias que jamás había hecho con sus anteriores parejas.
Le quería, era simplemente eso, ellos habían comenzado su relación esperando a ver en que derivaba. Castiel no sabía en qué momento había surgido ese sentimiento, después de tantas charlas a través de internet era difícil de saber, pero hasta ese mismo instante se dio cuenta de que no había confiado plenamente en Dean y eso tampoco era justo, si quería estar con él, era algo que debía cambiar.
–Si quieres que terminemos con esto, bueno, te desato y podemos tomarnos algo si te apetece, quiero que estés bien ¿sabes? –
Castiel no sabía que decir, su mente aun divagaba y ante la ausencia de respuesta Dean sacó del bolsillo de su pantalón una llave diminuta y se inclinó sobre sus muñecas para abrir las esposas, en ese instante Castiel reaccionó.
–No, espera Dean– una vez más no encontraba las palabras, podía estar confuso sobre lo que deseaba, pero tenía claro lo que no quería y no quería que ese juego terminase con un sabor tan amargo. Era algo que había deseado tener con alguien a quien querer durante mucho tiempo –Tu-tu también me gustas Dean y… y no me has hecho sentir mal… es… es solo cosa mía, no es tu culpa y sobre… ya sabes… el juego– una vez más notó como sus mejillas ardían– no… no lo haces mal… no… no me has hecho sentir incómodo, me refiero a que… me… me gusta como juegas conmigo...– tartamudeó.
Dean se esforzó por no sonreír para no avergonzar a Castiel. Seguro que le había costado horrores admitir eso en voz alta, su cara estaba roja como el fuego. Se tranquilizó al ver que su chico parecía haberse animado un poco.
–Me… me gustaría… como dijiste… tener la experiencia completa… si te apetece seguir jugando. Pero lo que quiero que sepas es que… Dean... yo... confío en ti– musitó en voz baja.
–Lo sé, cielo–
–Perdóname si te he dado otra impresión–
–No te tienes que disculpar. Así que, ¿quieres que continuemos? –
Dean rio entre dientes al ver como Castiel se sonrojaba de nuevo, desviaba la mirada y asentía en silencio, su timidez seguía ahí, no era algo que fuese a cambiar de un momento a otro, pero parecía que ahora Castiel se sentía algo más cómodo.
–Hm, mi niño cosquilloso– le susurró Dean, cuya voz había vuelto a su tono juguetón, se inclinó sobre él y le besó con cariño– no te quiero ver triste ¿sabes? Creo que se cómo animarte– la sonrisa de Dean afloro y la respiración de Castiel empezó a acelerarse– aún no sé dónde están todos tus puntos sensibles. Dime ¿tengo que buscarlos o me los vas a confesar? –
El cuerpo de Castiel empezó a retorcerse de pura anticipación, sus ojos se ensancharon con expectación y empezó a negar con la cabeza incapaz de hablar.
–¿No? ¿no me los quieres contar? ¡Vaya! ¡que mal! – dijo fingiendo estar muy decepcionado– pues supongo que tendré buscarlos–
Sus manos fueron acariciando sin apenas tocar, desde los codos hasta las axilas, haciendo que Castiel se estremeciera. Conforme sus manos bajaban Dean iba besándole el cuello, ganándose unas risitas y resoplidos, cuando besó su axila derecha Cas se retorció sorprendido por el toque.
Dean sonreía, estaba empezando a adorar esa sensibilidad, reaccionaba al mínimo roce. Podía haber atormentado a Castiel en sus axilas, pero quería probar otras partes de su cuerpo antes de que llegase a su límite, aunque mientras descendía con sus caricias se entretuvo besando el ombligo de su lee haciendo que este se deshiciera en risas. Finalmente se detuvo, colocó una de sus rodillas entre las de Castiel.
–¿Que tal aquí Cas? – preguntó divertido mientras empezaba a pasar los dedos por la parte interna del muslo izquierdo. No estaba preparado para el estallido de carcajadas en el cayó su lee, parecía ser muy sensible en esa zona. Dean elevó sus dedos un poco más rozando su trasero y eso solo hizo que Castiel empezase a botar y a arquear la espalda intentando escapar.
–¡¡Deaaaaaaanajajajajajaajajajjajajja por favoorajajajajajajaja!!– Castiel tenía los ojos muy abiertos mientras se reía como loco, parecía no haber esperado sentir la sensación de esa forma.
–Joder Cas, eres cosquilloso en todo el cuerpo–
–¡Yaaaajaajajajajaja me doy jijijiajajajajaja cuentaaajajajajajajaja!–
–¡Ah! Así que, ¿no sabías que eras cosquilloso aquí? – preguntó Dean por encima de los gritos de Castiel, que negó con la cabeza –bueno, pues me alegro de traer luz donde antes había sombras– dijo en tono burlón –Oye Cas, a ver como aguantas esto–
Y de repente Dean empezó a hacerle cosquillas en ambos muslos. Castiel empezó a luchar con más fuerza que antes contra sus ataduras, intentó cerrar las piernas, pero la rodilla de Dean estaba colocada entre las suyas impidiendo que pudiese proteger esa zona. Entre gritos contenidos y resoplidos, solo podía reírse indefenso.
–¡¡NO!! ¡nojojojojo! ¡No por favorjojoajajajajajaja!¡Deaaaaaajajajajajajajajajajajajajajajaja!–
Los dedos de Dean parecían estar conectados a cables de alta tensión y cada toque en sus muslos hacía que Castiel botase y gritase de risa. Arqueó la espalda, tiró de las correas de sus tobillos impotente, pasados unos minutos de intensas cosquillas se dio cuenta de que ya no tenía fuerzas para intentar protegerse, así que solo pudo rendirse esperando a que Dean se apiadase de él.
Mientras tanto Dean estaba disfrutando de explotar uno de los puntos sensibles de su lee. Entre las risas de Castiel se escapaban algunos gemidos que parecían delatar que el chico estaba disfrutando de ese contacto mucho más de lo que parecía, pero llegó un punto en el que se notaba que Castiel no lo soportaba más, sus risas perdieron todo volumen, su rostro estaba muy colorado y sus esfuerzos por escapar eran cada vez más débiles. Dean finalmente se detuvo, pues aún no quería agotarlo del todo, le dio unos minutos para que recuperase el aliento.
–Estas aguantando muy bien– elogió.
Castiel no dijo nada, se quedó mirando a Dean respirando agitadamente, se acomodó en el colchón y cerró los ojos, sentía cansadas y algo doloridas sus extremidades y los músculos del abdomen. Pero no recordaba la última vez que se había sentido tan bien, dejarse llevar, eso era lo que estaba haciendo, tal y como le había dicho Dean desde el principio. Resultó que eso era lo que necesitaba, no pensar, solo vivir el momento y disfrutarlo.
Abrió los ojos y vio a Dean agachado en el borde de la cama a la altura de sus pies. Castiel ya sabía que los pies eran una parte que Dean estaba deseando probar, le extrañó que no empezase por ahí la sesión. En parte envidiaba la seguridad que mostraba Dean para hablar de sus fetiches. No pudo evitar sonreír al verle a la altura de las plantas de sus pies esperando a que recuperase el ritmo respiratorio, había una chispa de emoción en su rostro, como si esperase el permiso para tocar esa parte de su cuerpo. Suspiró una vez más.
–Diviértete– añadió sonriendo.
–¿Sabes que puedo hacer que te arrepientas de decir eso? – preguntó Dean en un susurro.
–Mientras no intentes abrasarme o cortarme las plantas de los pies puedes hacer con ellos lo que quieras– dijo Castiel riéndose y sonrojándose al oírse decir ese comentario.
–No, joder– añadió Dean llevando sus labios a pie derecho de Castiel– ¿quién haría algo así a estos piececitos? –
En cuanto Castiel notó el beso de Dean sobre la planta del pie un estremecimiento recorrió su cuerpo. Por acto reflejo encogió los dedos de los pies, pero eso no sirvió de nada. Dean los agarró con una mano y tiró de ellos suavemente exponiendo toda la suela. Sus dedos empezaron a rascar el talón haciendo que Castiel empezase a gemir y a reír suavemente. Tras unos segundos la mano empezó a subir hasta el empeine aumentando los tirones de los tobillos de Castiel.
Dean no estaba decepcionado, habiendo visto lo cosquilloso que era su lee en todo el cuerpo lo extraño sería que no tuviera cosquillas en los pies. Notaba en la mano el forcejeo del pie de Castiel que luchaba por encogerse y huir del toque. Dean se divirtió viendo esa impotencia. Castiel se retorcía sobre sí intentando sacar el pie de su atadura.
–¿Crees que te vas a escapar Cassie?– preguntó en tono burlón, no le respondió pero el volumen de sus risas aumentó.
–¡¡AAAAAHJAJAJAJAJAJAJAJAJA!!–
Algo que había aprendido Dean es que la anticipación y las burlas podían aumentar la sensibilidad de un lee. Ya había comprobado que esto funcionaba con Castiel, quien, chillaba si se sentía avergonzado y que la anticipación le hacía retorcerse, gemir suavemente e incluso sollozar.
–¡Cuchi cuchi cuchi Cas!– dijo pasando sus dedos por todo el pie. Castiel se sonrojó aun más gritando y riendo como loco.
–¡Deanajajajajajajajajajajajaaja nojojojojojojo te burlesjejejajajajajajajajaja–
–Es muy difícil evitarlo cuando te ríes así, cielo– dijo Dean llevando sus dedos un poco más arriba hasta alcanzar los dedos del pie y el espacio que había entre ellos, una vez que empezó acariciar esa parte Castiel se perdió una vez más.
–¡¡Oh dios mioajajajajajajajaajajajajajaja!!– fue lo único que Castiel alcanzó a decir entre los ataques de risa histéricos.
Definitivamente Dean no estaba decepcionado. Los pies de Castiel eran muy sensibles y eso que solo estaba usando sus dedos, tenía una bolsa de gimnasio bajo la cama donde guardaba sus juguetes y muchos de ellos exclusivamente para los pies, cosas como cepillos, plumas, aceites y cremas que aumentaban la sensibilidad, estaba seguro de que con sus instrumentos podía derrumbar a Castiel mucho más rápido de como lo estaba haciendo en ese momento. Pero al fin y al cabo era su primera sesión y Dean tampoco quería agobiarle (no, al menos, hasta conocer sus límites), esta vez solo usaría sus dedos.
Una vez explorado todo el pie derecho la risa de Cas bajó de volumen por la sobrecarga de sus nervios. Dean le dio un pequeño respiro antes de repetir el mismo proceso en su pie izquierdo.
–¡Naaaaajajajajajajajajajajajajajaajajajaja!–
Castiel estaba fuera de control, fuera de cualquier raciocinio, justo en el punto que había deseado tanto tiempo estar. Esta vez no suplicó, él podía aguantarlo, al menos el tiempo suficiente para que Dean se divirtiera. Se dio cuenta de que Dean le miraba sonriente.
–¿Que pasa Cas? ¿muchas cosquillitas?–
–¡¡Deanjajajajajajajjajajjajajajaja!!– tiró de sus pies indefensos al notar las cosquillas entre los dedos de los pies. Una vez más llegó a su límite, sus risas bajaron de volumen dando paso a algunos sollozos por la sobrecarga de su pie izquierdo. En ese instante Dean paró, dejándole respirar unos segundos.
–Aw, cielo, no– arrulló Dean– no quiero que llores, ya te he dicho que no te quiero ver triste–
Antes de que Castiel se diese cuenta, su chico, con una sonrisa burlona, se había vuelto a sentar a horcajadas en su cintura.
–Por suerte, se cómo animarte–
No tuvo piedad. Dean entró a matar con sus dos manos, una sobre su ombligo y otra sobre su axila derecha haciendo que su chico estallase de nuevo en carcajadas histéricas. Castiel se perdió, ya no podía más, lo sabía, pero era divertido. Había descubierto otro gusto extraño, perderse en ese tormento unos segundo más, a pesar de que su cuerpo le gritaba que no podía alargar más ese instante, lo estaba haciendo y sabía que podía hacerlo porque se sentía seguro, sabía que Dean pararía en el momento en que lo pidiese.
-¡Deajajajajajajajajajajjajajajjajajjajajajajajajajajja!
Y ese era el momento, su respiración era cada vez más dificultosa, entre las risas y jadeos cogió todo el aire que pudo y gritó:
–¡¡Rojo!!–
Y Dean paró. Castiel se dejó caer sobre la almohada, dejando escapar algunas risitas suaves, aun tenía sensaciones fantasmales que recorrían su cuerpo y estaba algo desorientado. Se sentía como si hubiesen sacado su mente de su cuerpo y esta hubiese vuelto a él lanzada desde mucha altura. Oyó la voz de Dean.
–¿Estas bien? –
Su vista apenas se enfocaba entre el mar de lágrimas que eran sus ojos. Sonrió vagamente y asintió.
–Ya no… no puedo más… más no… por favor–
Castiel se estremeció un poco al notar cerca de sus brazos las manos de Dean, pero estas fueron a sus mejillas limpiando los surcos de lágrimas que caían por ellas.
–Tranquilízate Cas. He terminado, no te voy a hacer más cosquillas– añadió Dean al percatarse de su reacción –Respira y relájate, yo te cuido– añadió guiñándole el ojo.
Castiel obedeció, no es que tuviera muchas más opciones. A pesar de que Dean liberó sus brazos no hizo ningún movimiento brusco para protegerse, solo los bajó a la altura de sus costados. Era extraño, conforme recuperaba el ritmo respiratorio notaba como si sus pulmones hubiesen crecido y estuvieran despejados, no creía haber respirado así nunca. Notó como Dean le bajaba la camiseta mientras pasaba la palma de su mano por su vientre calmando las sensaciones fantasmales. Castiel suspiró de alivio.
–¿Quieres agua?– preguntó Dean cuando empezó a desatar las correas de sus tobillos.
–Hm...si– respondió Castiel dándose cuenta de que tenía la boca seca.
Dean salió a buscar el agua, la puerta del dormitorio estaba abierta y por ella entró algo de aire fresco. Castiel se incorporó, apoyando su espalda sobre el cabecero de la cama, parecía que habían pasado horas desde que entró por esa puerta. Sabía que no podía haber sido así, pero tenía que admitir que había perdido la noción del tiempo, tampoco le decía nada mirar la hora en el despertador de la mesita de noche, no recordaba a qué hora habían empezado.
Su mente divagaba en cómo se sentía y lo que acababa de experimentar, a pesar de sus dudas había sido emocionante. Una parte de él siempre pensó que jamás tendría algo así.
No, después del mal trago que había pasado con Arthur, su fetiche quedó relegado a internet; a los vídeos online y a las historias que leía y que escribía. No era algo de lo que hubiese hablado con sus otras parejas, aunque para ser justos no había vuelto a intimar con alguien tanto desde lo del instituto. Pensó en Dean, en cómo le había tratado, en esa preocupación por su bienestar. Sonrió inconscientemente ¡qué gran diferencia había entre Arthur y él!
Dean regresó con una botella de agua fresca y Castiel empezó a bebérsela a sorbos apoyado contra el cabecero de la cama.
–Entonces ¿qué tal?– preguntó Dean suavemente mientras se sentaba a su lado –era lo que te imaginabas–
–Para nada– esta vez fue Castiel quien se divirtió al ver la expresión de Dean –ha sido muchísimo mejor–
Dean se echó a reír mientras Castiel bebía algo más de agua, pero de pronto su rostro se ensombreció.
–Oh, mierda, Cas– cogió una de sus muñecas que estaba marcada por una línea roja – ¿las esposas te estaban apretando? ¿te duele?– pasó los dedos suavemente por la rozadura, ese toque era tan relajante y la forma en la que Dean se preocupaba y cuidaba de él era algo que le enternecía.
–No es nada–
–Pero, tenías que habérmelo dicho–
–Con lo que he tirado de ellas lo raro sería que no me hubiesen dejado marca– Castiel dejó la botella en la mesita de noche y se dejó caer sobre el hombro de Dean– Si te digo la verdad, ni siquiera me he dado cuenta de que me estaban apretando– alzó la vista hasta captar la mirada de su novio –creo que estaba más ocupado en otras cosas– añadió en tono pícaro y algo sonrojado antes de besar a Dean en la boca.
Dean correspondió a su beso mientras le abrazaba, sin saber cómo ambos volvieron a caer sobre la cama besándose y riendo. Castiel apenas tenía fuerzas para levantarse y Dean se había dejado llevar por los besos.
–Entonces ¿soy bueno en esto?– preguntó Dean en tono juguetón.
Castiel gruñó y enterró la cara en el hombro de Dean, cuya sonrisa era tan grande que le estaba doliendo.
–¿Cas?–
–¿Me vas a hacer decirlo?– preguntó sin dar la cara.
–Claro que sí, necesito una opinión objetiva ¿no te parece?– Dean se echó a reír al notar que Castiel apretaba más cara contra su hombro.
–Eres cruel– dijo escondiéndose de Dean –y muy buen bromista y sabes cómo burlarte para ponerme más nervioso– notó como Dean le abrazaba con gentileza –pero sé que no lo dices en serio ¿te vale con eso?–
–Supongo que sí, tú has aguantado muy bien. Al menos para ser tu primera sesión. Treinta minutos no está nada mal– añadió Dean, quien, por curiosidad sobre la resistencia de su novio, había mirado la hora a la que empezaron y a la que terminaron.
–¿Treinta minutos? –
–Si, exceptuando los instantes que te he dejado descansar diría que ha sido ese tiempo–
Castiel suspiró cansado, tampoco tenía una referencia para saber si eso era mucho o poco tiempo.
–¿Tú te has divertido? – preguntó en voz baja –tengo la sensación de que esto ha sido más para mí que para ti–
–¿Bromeas? – preguntó Dean plantando un beso en su frente –No te haces una idea de lo que es tenerte indefenso y retorciéndote bajo mis manos mientras escucho esa risa musical–
Castiel gimió escondiendo aún más su cara avergonzada.
–Dean, tu...me gustas mucho–
–Tú también me gustas Cas–
Ambos se quedaron en silencio, acostados en la cama, con Dean envolviéndole entre sus brazos Castiel no recordaba haberse sentido tan bien, ni tan seguro, no podía sino pensar en lo afortunado que se sentía de haberle conocido, entrecerró los ojos mientras divagaba en esos pensamientos. Notó como Dean le acariciaba distraídamente la cabeza hasta llegar a su nuca. Era un toque suave y relajante. Antes de que Dean pudiese darse cuenta a Castiel le venció el cansancio y se quedó dormido.
