Chapter Text
Pareja: Stony (Tony/Steve)
Escrito para: Haru/Hanako
Way #2 to say I love you: “It reminded me of you”
"Teléfono de tapa".
Esa era la frase que Tony no podía dejar de repetirse en la mente cada vez que abría la gaveta del escritorio y comprobaba que el teléfono móvil que le había enviado Rogers continuaba ahí.
Al inicio, la frase era pensada con todo el desprecio que le era posible, como si Tony canalizara en esa simple idea toda la rabia e impotencia que el recordar a Rogers le hacía sentir.
Al cabo de unas semanas, la batería del teléfono se descargó por completo. Tony tenía que reconocer que había resistido bastante para tratarse de un teléfono tan viejo. O quizá había sido justamente por eso.
Por unos días, sufrió la tentación de dejarlo así y olvidarse de él, pero obviamente no pudo. Jamás lo reconocería en voz alta, pero la ilusión de que algún día ese teléfono timbrara había sido lo que lo había sostenido en las peores noches; sabía que la inquietud no lo dejaría dormir. ¿Y si Rogers llamaba y él no...?
Se odiaba por ser tan iluso, pero de todas formas le pidió a Happy que pasara por un RadioShack y le comprara un cable cargador.
Transcurrieron más semanas y la frase "teléfono de tapa" pasó de ser pensada con burla a ser pensada con cierta ternura, como si... como si fuera un tanto entrañable que Rogers le hubiese enviado un teléfono así justo a él, Tony Stark, visionario y futurista, rey de la tecnología.
El teléfono dejó la gaveta del escritorio de la que alguna vez fuera la oficina ocupada por Steve. Tony simplemente lo dejó por ahí, cerca. Se dijo a él mismo que era solamente para poder escucharlo si es que algún día sonaba.
El día que llegó el primer mensaje de texto, Tony no estaba en el complejo. Pero lo vio un par de noches después cuando pasó por ahí a “revisar” que todo estuviese bien.
Después de minutos enteros sólo sosteniendo el aparato anticuado y sin dejar de llamar "cobarde" a Rogers por sólo atreverse a mensajear y no a llamar, se decidió. Las manos le temblaban mientras sus dedos manipulaban el teléfono y abría el texto.
Para su enorme, muy enorme decepción, el mensaje no decía nada. Sólo era un enlace sin más.
Tony meneó la cabeza, soltó un suspiro con todo el aire que no se había dado cuenta estaba reteniendo en sus pulmones, y cerró la tapa del teléfono sin revisar aquel enlace. Seguramente el estúpido de Rogers había cogido algún virus en su propio teléfono y ahora su número estaba enviando mensajes aleatorios a todos sus contactos.
No quiso reconocer ni ante él mismo que había sufrido una decepción semejante a subir hasta el cielo en su Iron Man y, luego, caer en picada hasta clavarse en el concreto del suelo.
El teléfono quedó abandonado (aunque no desconectado a la energía eléctrica) durante muchos días más.
El siguiente mensaje de texto que llegó lo hizo en una ocasión en la que Tony sí estaba cerca y pudo escuchar el pequeño y sonoro "plim" que dejó salir el teléfono. Sin forjarse ilusiones y asegurándose de no hubiera nadie cerca que lo viera, se acercó lentamente y lo abrió de golpe. Volvió a suspirar, frustrado. Otro enlace a quién sabía qué.
Estuvo a punto de volver a arrojar el teléfono lejos cuando un presentimiento lo detuvo. ¿Y si...? Le dio clic al enlace y éste lo llevó a una página web que sólo le desplegó una imagen. Una fotografía. Era la puta fotografía de una taza de café negro posada encima de una mesita de alguna cafetería random. Y nada más. Tony frunció el ceño y soltó una risita de burla.
Regresó a los mensajes de texto y abrió el otro enlace que había llegado primero. Éste también desplegó una fotografía: era el escaparate de una tienda que vendía mercancía de Harry Potter. La fotografía era una explosión de dorado y escarlata, pues todos ellos eran productos de la ultra famosa "casa" de Gryffindor.
Tony se mordió las uñas un rato mientras pensaba. ¿Mercancía de Harry Potter y una taza de café? Ninguna de las fotografías tenía sentido para él; no entendía qué era lo que Rogers estaba tratando de decirle si es que acaso estaba intentando decir algo. Quizá... ¿quizá sólo se las había enviado por error? ¿Quizá pensaría que las estaba subiendo a su Instagram y en vez de eso el muy idiota estaba compartiéndolas vía mensajes de texto?
Lo que Tony hizo fue pedirle a Friday que rastreara los enlaces y el servidor en el cual estaban alojadas las fotografías, pero no se sorprendió cuando su Inteligencia Artificial le comunicó que todo estaba complejamente encriptado y le era imposible rastrear nada. Tony ya tenía sus sospechas de quién estaba tras bambalinas apoyando y protegiendo al Capitán, así que no se sorprendió.
Sólo pasó que su sentimiento de amargura se incrementó al grado de que el pobre teléfono de nuevo se vio castigado de vuelta a la gaveta.
No obstante, después de unos días, Tony no resistió y volvió a sacar el aparato. El corazón le dio un vuelvo cuando miró que había llegado un tercer mensaje. Lo abrió. De nuevo, un enlace.
Ahora era la fotografía de un viejo libro... Sí, exacto. Rogers (si es que de veras era él) aparentemente había asistido a una especie de mercadillo y le había tomado una fotografía a una mesa con varios libros usados en venta, pero enfocando especialmente a uno de ellos. Estaba en alemán y decía "Der glückliche Prinz"...
—"El príncipe feliz" —murmuró Tony para él mismo. El cuento de Oscar Wilde. La portada estaba vieja y gastada y presentaba, aparte del título, un hermoso dibujo de una golondrina junto a un corazón. El corazón de la estatua del príncipe, si es que no recordaba mal aquella historia.
Tony no entendía nada, pero tuvo que reconocer que el Cap era bueno tomando fotografías. Las tres que le había enviado tenían buenos ángulos y perspectivas, estaban hermosamente compuestas y eran bastante... artísticas. Entonces se le ocurrió que lo que estaba pasando era que simplemente Steve había cambiado de hobby y estaba compartiéndolo con...
¿Sus seres queridos?
Tony soltó una carcajada amarga y, asombrándose de lo iluso que a veces podía llegar a ser, arrojó el teléfono encima de la mesa y se fue.
*
El cuarto mensaje de texto fue, para sorpresa de nadie, otra fotografía. Ahora se trataba de la imagen de un edificio tomada desde abajo, desde la calle seguramente. Tony frunció el ceño. Reconoció el sitio y la sangre comenzó a hervirle en las venas.
Steve se había atrevido, el muy hijodeputa, a enviarle una fotografía de la famosa torre Bitexco Financial ubicada en Saigón. Tony la conocía bien. No sólo porque había entrado en ella varias veces durante viajes de negocios por Vietnam, sino porque era muy parecida (mucho) a la torre Stark en Manhattan, con una plataforma en la parte superior y la forma angular.
Tony lo sintió como una burla, especialmente porque recordaba bastante bien que Steve le había dicho que la Torre Stark le parecía fea. ¿De esto se había tratado todo este tiempo? ¿Sólo era Rogers burlándose de Tony de alguna retorcida manera que éste nunca creyó que el ñoño del Capitán América pudiera hacerlo?
La furia y la vergüenza por haber estado admirando cada foto enviada por Rogers le ardió en el pecho y le subió por el cuello hasta hacerle quemar la cara. Tony arrojó el teléfono contra una pared de la oficina y, aunque algo se le retorció en las entrañas cuando lo escuchó crujir y romperse, no miró atrás. Salió de ahí y no volvió en semanas a meterse a esa oficina.
Cuando regresó, no vio el teléfono por ningún lado. Supuso que los robots de la limpieza lo habrían tirado a la basura y ese pensamiento lo hizo bastante infeliz.
Odiaba a Steve por todas las contradicciones que lo hacía sentir.
*
—¿Señor Stark?
Tony elevó el rostro. El chico Parker estaba pasando la tarde con él en complejo y trabajaban juntos en el taller, casi en completo silencio a excepción de la música que Peter le pedía a Friday que pusiera en los altoparlantes.
Vio que Peter enrojecía un poco y sacaba algo del bolsillo trasero de sus jeans. Puso el objeto frente a Tony y éste lo miró sin decir palabra.
—Happy lo encontró dañado en su oficina. No sabía que había pasado y... bueno. Ni él ni yo nos atrevimos a preguntar. Me pidió que lo repara por si acaso usted... No… ¿no está enojado, verdad, señor Stark?
Tony pasó saliva. El teléfono de Steve estaba ahí, reluciente como nuevo. Los remordimientos que había estado sintiendo lo abandonaron de repente y se sintió tan libre que quiso sonreír.
—Miraste lo que tiene dentro, ¿cierto? Me temo que tendré que matarte, chico, secretos de Estado, ¿sabes? —bromeó Tony con voz forzadamente alegre mientras tomaba el teléfono, lo acariciaba brevemente con los dedos y se lo guardaba en los pantalones. Peter enrojeció y tartamudeo algo, y Tony le dio una palmadita en la cabeza mientras murmuraba un “gracias, chico”. Ansió poder quedarse a solas para revisar si es que acaso había algún mensaje nuevo.
*
Los había. Eran otros dos enlaces, los cuales habían sido enviados con un par de semanas de diferencia. Con el corazón desbocado, Tony le dio clic al primero.
Era una fotografía tomada en una calle quizá de alguna ciudad de Latinoamérica... Era un grafiti muy artístico de Iron Man con algunas frases en español. Tony agrandó la imagen y revisó cada detalle para descubrir si acaso era una nueva burla contra él, pero... no había nada ofensivo. El arte estaba bastante bien hecho. En realidad, era hermoso y si Tony no recordaba mal el escaso español que había aprendido, las frases parecían alabarlo y agradecerle su servicio.
Tony frunció el ceño y abrió el otro enlace.
Por supuesto, era otra fotografía, ahora de un helado sostenido por una mano de piel clara y dedos largos, robustos y fuertes.
Tony apretó el teléfono sin querer y soltó una exclamación. Era la primera vez que en alguna de las fotos aparecía algo de Steve. Porque era Steve, a Tony no le cabía duda. Él reconocería esa mano donde fuera aun sin saber que la foto había sido enviada por el mismo Capitán. Había pasado suficientes horas observándolo dibujar y escribir como para no haber memorizado la silueta de esas manos y el color de su piel...
El corazón comenzó a latirle cada vez con más fuerza cuando reconoció el sabor del helado (él lo había comido demasiadas obscenas veces como para no hacerlo): era el infame Stark Raving Hazelnuts, el sabor que Ben and Jerry’s habían bautizado en su honor.
Pero... ese helado sólo lo vendían en Estados Unidos.
Agitado, Tony se fijó en los demás detalles de la foto. Había sido tomada en San Francisco, sin duda alguna: sus calles y casas eran demasiado características como para confundirla con cualquier otra.
Repentinamente angustiado, Tony se llevó una mano a la cara. ¿De verdad Steve era tan idiota como para haber vuelto a territorio estadounidense donde era considerado un criminal de guerra?
De nuevo, se fijó en la fecha. Esa foto era de apenas unos días antes.
—Pero qué imbécil eres, Rogers... —comenzó a murmurar Tony cuando de pronto cayó en cuenta de algo. Frenético, revisó todas las anteriores fotografías para comprobarlo.
La foto del grafiti había sido tomada en una calle de la ciudad de México: a lo lejos se veían las siluetas de varios edificios fácilmente identificables en una búsqueda por Google. La foto del edificio Bitexco ni siquiera tenía mayor ciencia: cualquiera podía saber que estaba ubicada en la ciudad de Saigón. Revisó la fotografía del viejo libro de cuentos en alemán: le bastaron apenas unos segundos para darse cuenta de que había sido tomada en un mercadillo ubicado frente a una fuente larga y alta bastante famosa en la ciudad de Núremberg.
Tony dejó salir un jadeo que seguramente se escuchó por todo el complejo. Revisó la fotografía de la taza de café, la cual había sido tomada en algún pequeño restaurante. Tony no tardó en descubrir un menú que alcanzaba a aparecer y en el que podía leerse el nombre del local. Preguntó a Friday y ésta le confirmó la ubicación exacta en la ciudad de Bruselas.
Finalmente, la fotografía del escaparate de la mercancía de Harry Potter: era más que evidente que era una tienda en Londres; Tony ni siquiera se molestó ya en buscar la información precisa.
Londres, Bruselas, Núremberg, Saigón, Ciudad de México y, finalmente, San Francisco.
Tony cerró la tapa del teléfono, quedándose en shock. Aparentemente, durante todo este tiempo, Steve había estado mandándole pistas nada sutiles de su ubicación, pues todas y cada una de las fotos eran vergonzosamente rastreables si te fijabas bien (y en algunas, ni siquiera tan bien). Tony se sintió como el estúpido más grande del mundo, ¿cómo no se había dado cuenta antes?
Además... Ahora ya se daba cuenta. Con las dos últimas imágenes le había quedado claro que lo que Steve le estaba mandando eran cosas que él veía y que, aparentemente…le recordaban a Tony.
Éste se sintió enrojecer. No quería pecar de ingenuo, pero esa era la única relación que se le ocurría. Los colores de Gryffindor eran los mismos de Iron Man. El café... bueno, Tony era un adicto y un gourmet del mismo, eso todo el mundo lo sabía. ¿El cuento del Príncipe Feliz? ¿Sería por aquello que era de metal y al final entregaba el corazón?
—Siempre cursi nunca incursi, ¿cierto, Rogers? —masculló Tony en tono de burla pero sintiéndose enternecido y muy sonrojado.
La torre Bitexco: por su obvio parecido a la torre Stark. ¿El grafiti y el sabor de helado? Bueno, esos dos eran los más evidentes de todos, hasta Thor se habría dado cuenta.
Tony se dejó caer de culo en la silla de la oficina, asimilando todo aquello. Por lo visto, Steve se había dado un tour por el mundo para finalizar en América, dándole a Tony su ubicación exacta en tiempo real mientras lo hacía. Y éste había sido tan egocéntrico como para creer que se estaba burlando en vez de percatarse de la verdad.
¿Sería... sería posible que Steve continuaría acercándose a Nueva York?
Aunque el corazón de Tony lo anhelaba más que nada, también se moría del miedo de que la CIA o el Ejército encontraran al Capitán.
A partir de ese momento, cargó el teléfono con él y no dejó de revisarlo cada ciertos minutos para ver si entraba un mensaje nuevo.
*
Tardó algunos días pero finalmente sucedió. Tony estaba cenando junto a Pepper cuando escuchó el leve pitido del teléfono y una ligera vibración en su pantalón. Torpemente, se disculpó con su amiga y abrió el enlace con manos sudorosas y frías.
La foto de esa ocasión estaba oscura y era difícil de distinguir, pero... Era una pared vieja con dos cuadros colgados en ella: uno era de Peggy Carter y el otro del padre de Tony, Howard Stark. El sitio alrededor parecía abandonado y sucio.
Tony no tuvo que pensar mucho: sabía exactamente qué sitio era aquel y no supo si era la alegría o el miedo lo que dominaban su corazón en aquel momento.
Steve estaba en Nueva Jersey, en el campamento Lehigh, apenas a unos kilómetros de ahí.
Tony miró a Pepper, enmudecido.
—¿Qué sucede, Tony? Parece que viste un fantasma. ¿Malas noticias?
Un costado de los labios de Tony se elevaron en una leve sonrisa. ¿Malas noticias? Se sentía tan feliz que no entendía cómo no estaba llorando.
—Tengo que salir, Pepper. Emergencia nacional y todo eso.
Literalmente, salió volando y se aseguró de que Iron Man no estuviese siendo rastreado antes de siquiera comenzar a dirigirse hacia Nueva Jersey.
*
—Vi esto y me recordó a ti, ¿sabes?
Fue lo que Tony murmuró en un tono fingidamente casual cuando vio la silueta del Capitán América recortada a contra luz en uno de los pocos edificios que quedaban de pie en el viejo campamento militar.
Esos hombros y esa espalda… Oh dios, Tony los reconocería donde fuese.
Los labios le temblaban cuando se quitó el casco y dejó caer en una mesa cercana el letrero que se había robado alguna vez de una escuela en la que hizo un rescate.
Steve, quien había estado dándole la espalda, se giró hacia él y Tony notó que traía barba. Tembló más cuando pensó que oh joder, le quedaba tan bien. Steve miró hacia el letrero de metal que Tony había llevado consigo y sonrió. Tony sintió que de pronto estallaban luces en su interior.
El letrero decía simplemente “Por favor, cuida tu lenguaje”.
Los hermosos ojos de Steve se elevaron hacia Tony. Éste pasó saliva.
—Tony —saludó con voz suave. Sonaba tan… cansado, pero al mismo tiempo feliz, como si hubiese hecho un largo, largo viaje y por fin estuviese en casa listo para descansar.
A Tony se le removió algo en las entrañas. ¿Acaso no era justamente así?
—Capitán —lo saludó entonces Tony con voz segura. Le estaba costando fingir. Quería decirle tantas cosas. Tantas. Abrió la boca.
No obstante, Steve caminó despacio hasta él con fuego azul ardiéndole en la mirada y Tony no pudo hacer más que enmudecer.
Supo de pronto que todas las palabras estaban de más, al menos durante un rato, y que todo estaría bien.
