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By your side again

Summary:

Obi-Wan, finalmente en paz, es despertado por su maestro de una forma que le trae viejos sentimientos.

Corto, dulce y necesario para mi corazón.

Work Text:

El roce de unos labios fríos, más sutiles que la brisa que se desprende de las plantas recién mojadas, se hizo presente sobre los suyos.
La textura, tan sutilmente perceptible tuvo el efecto del beso de la vida, despertandolo del sueño más profundo que había tenido en aquellos 10 años, tan plagados de pesadillas que había olvidado como era dormir sin interrupciones ni sueños perturbadores que lo orillaran a mantenerse despierto por los que restaba de la noche.
Aquel frío tan peculiar se extendió hacia sus brazos, los cuales sintió ser levemente empujados hacia atrás. No de la forma en que las manos de alguien lo hacen, sino como un fuerte viento lo haría.
— Obi-wan, debes descansar — la serena voz de su maestro le hizo abrir los ojos, topandose con aquella sonrisa que tanto había extrañado.
— Creo que eso ya lo he hecho, pro primera vez en mucho tiempo — y aunque la idea de recuperar esas noches en vela era tentadora, no quería retrasar sus planes de meditación a los que había destinado aquel retiro. Menos aún quería gastar el tiempo en el que podía ver a Qui-gon.

Qui-gon entendía que no había manera de luchar contra la dedicación de quién otrora fuera su padawan. Tras tantos años y tantos sucesos vividos, simplemente se había agudizado.
— En cuánto al...beso...— la voz de Obi-wan repto por su garganta hasta salir por sus labios de una forma mucho más suave, casi podría pensarse que tímida. Algo que Jinn había extrañado sobremanera en todos esos años en dónde Kenobi no pudo verlo.

— Una forma de recordar otros tiempos, distintos y agradables — y ahora, Obi-wan observó la etérea mano de su maestro sacudir suavemente su cabello. Nuevamente, aquella brisa placentera hizo su piel erizarse. Definitivamente algo muy particular pero nada desagradable. Menos aún siendo un contacto tan ansiado.
— Por favor, maestro, no deje de recordar — y el sentimiento que inundaba a su joven persona, hace tantos ayeres, aquel de inexperiencia, nerviosismo y calidez, inundó su pecho. Pues no importaba cuántas experiencias hubiera vivido, siempre habría lugar para el amor, devoción y ternura que sentía hacia su maestro.

Y Qui-gon, aunque unido ya a La fuerza, no había dejado de corresponderle.