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Language:
Español
Stats:
Published:
2022-06-29
Words:
1,478
Chapters:
1/1
Hits:
12

La tormenta perfecta

Summary:

Desde hace tiempo están apareciendo una serie de misteriosas tormentas a nivel global. Thor investiga estas anomalías.

Work Text:

En la televisión, el presentador, showman, y a veces hombre del tiempo Brasero Chubasquero daba su boletín del tiempo con su característica verborrea. Habla de unas anómalas alteraciones climáticas ocurridas en los últimos meses cuando pese a todos los pronósticos no debían de darse. Está hablando de extraños fenómenos que la ciencia meteorológica no acierta a explicar ni denominar, mucho menos a comprenderla, pues parece carente de lógica. Habla de extrañas tormentas, generalmente muy breves, que aparecen y desaparecen a escala global. No parece haber ninguna explicación lógica. Simplemente aparece la tormenta de la nada en todo el mundo y al poco desaparece tal y como vino. Por último, se muestran unas imágenes de Thor y Tormenta en medio de, valga la redundancia, una de estas tormentas buscando el origen de dichas anomalías.

Vane no prestaba atención a la televisión. Nunca le han interesado las noticias. Solo es algo que molesta hasta que empieza la gala de supervivientes. Pero esta edición no la estaba disfrutando igual, tenía cosas más importantes en la cabeza. Siempre se había considerado una persona popular, tenía un grupo de amigas que controlaba con mano de hierro gracias a su carisma. Además, estando junto con Jeni siempre era la lista, la guapa, la menos borracha. Pero todo eso estaba quedando atrás y no sabía cómo evitarlo. Julia cada vez estaba más absorbida entre el trabajo y encontrar pareja. A Mon se le había ido la cabeza y ahora dice que ve y escucha fantasmas. Y lo peor, lo de Jeni. O como se la conoce últimamente: Jeni la traidora.

La traición de Jeni le hierve la sangre. Siempre había estado con Vane, siguiéndola a todos los lados. Bebiendo cuando se lo decía. Cometiendo actos de dudosa legalidad o moralidad cuando se lo insinuaba… Hasta que un día algo cambio en Jeni, quien decidió renovarse cambiando su estilo de vida por uno más saludable y dijo aquellas fatales palabras “paso, tía, tengo cosas que hacer. Otro día ya si eso.”

El futuro no pintaba mejor. Ha sobrevivido a dos crisis económicas, una pandemia y el cambio climático, con otra nueva crisis económica en el horizonte. Y todo ello antes de cumplir los 30. Incapaz de encontrar un trabajo decente y semiestable porque el mercado laboral no lo ofrece y los jefes te minan la salud mental, y como consecuencia no puede permitirse cosas tan básicas como el alquiler de una vivienda porque el mercado está en manos de especuladores. Y lo único que puede pagarse, como un servicio de streaming, se lo quieren quitar cuatro papanatas porque dicen que solo ahorrándolo podrá vivir una vida digna.

Al menos le queda el chulazo del Richard y una foto con Bruce Wayne en Benidorm que no sabe revelar.

Aburrida porque no puede hacer nada decide ir al centro comercial a echar la tarde porque al menos se está fresquito viendo escaparates. En el bus le parece ver algo volando por encima suyo. No sabe muy bien lo qué es. Solo es una sombra, pero le parece que lleva capa.

Todos los centros comerciales son iguales. Y este no es una excepción. Todos tienen su supermercado, sus tiendas de ropa barata, sus cafeterías y sus comidas basura. Pero no es lo mismo sin una compañía que puedas mangonear para divertirte. Vane se ha dado varias vueltas. Se lo ha recorrido de arriba abajo varias veces. Todas las plantas. No queda ningún escaparate sin mirar ni ninguna tienda sin entrar a cotillear. Se sienta en un banco. Mira el bolso. “¿Y si…?” se pregunta, aburrida.

Pero se distrae cuando al fondo ve al Richard con la mano en el culo izquierdo de la Yoli, y la reacción de esta que no es otra que un beso de tornillo hasta la tráquea. Esto enfada a Vane que corre a pedir explicaciones, pero han desaparecido. Inmediatamente le pone ocho mensajes y tres audios a lo que rápidamente el Richard contesta con un “lo dejamos, no te puto pilles”. Vane cae destrozada y se sienta en el banco a llorar. Vuelve a mirar de reojo al bolso, pero ahora no se hace preguntas. Mete la mano y saca la caja. Y la abre. Se siente poderosa por unos segundos. Pero ese rápido subidón de adrenalina no le devuelve al Richard, así que la cierra y la guarda en el bolso. ¿Qué le queda ahora? Nada, y se deprime más, y sigue llorando.

- Discúlpeme, buena moza, pero he de importunarla.
- ¿Quién cojonaaaaªªªªª *?
- Buenas tardes, soy Thor, el poderoso; dios del trueno, el rayo y la tormenta; el hijo de Odín; el príncipe de Asgard y…
- Sí, sí, sí, sí. Veo las noticias, sé que eres el vengador noruego.
- No soy de Noruega, técnicamente soy de…
- Sí, sí, sí, sí. Justo ahora me acabo de quedar soltera, guapetón.
- ¿Disculpa?
- No todos los días una conoce a un rubiales guapetón y fuertote. ¿Te han dicho que pareces más alto y cachas al natural? Y un clavo saca otro clavo y a ti se te ve un buen martillo para sacar todos mis clavos.
- El martillo se llama Mjolnir.
- No hablaba de ese martillo, pero seguro que podemos darle buen uso.
- ¿Podemos? Solo si eres digno puedes empuñarlo.
- Ya verás cómo lo levanto solo quitándome la ropa.
- ¿Pero qué magia de Niffleheim es esa?
- Magia ninguna. Al menos hasta que no lleguemos al clímax.
- Sí, del clima quería yo hablarte.
- clímax.
- clima.
- Clímax acabado en x. Como la x de sexo.
- Clima. El del tiempo. Las nubes, los anticiclones y todo eso.
- ¿Qué dices? (asfíxiame con ese bíceps)
- Mira, ¿ves este aparatito? – se saca una especie de teléfono móvil antiguo de un bolsillo de la capa- Lo han hecho los dvergr de Stark, Richards y Mr. Terrific. Está pensado para rastrear la energía que provoca las tormentas globales. Y nos ha traído hasta vuestra merced.
- ¿Y qué te hace pensar que soy yo?
- Enseguida nos dimos cuenta que el origen de las tormentas estaba en este estercolero que llamáis Parla. Sabemos que el sospechoso es una mujer joven con zapatillas amarillas como las que calzas. Te llevábamos siguiendo un tiempo y te acabo de ver provocar una tormenta.
- Bueno, vale, lo admito. Ponme las esposas. Soy toda tuya.
- Creo que no entiendes la gravedad del asunto. Ni yo ni Ororo podemos controlar esas tormentas. Quieren estudiar de donde proceden porque generan una energía que dicen que no es de esta dimensión, y puede traer consecuencias catastróficas para Midgard. Y a nadie le gusta otro Ragnarok. Solo queremos ayudar y que todo vuelva a su estado natural.
- Mira, Dolph Lundgren siempre ha sido una fantasía desde que el viejo chocho de mi padre me obligara a ver Rocky 4. Y tú eres mucho más guapo, alto y cachas. Y con mejor pelo… pero no. Estoy dispuesta a sacrificar un polvo divino a cambio de que no me estudien. Científicamente, quiero decir. Tú me puedes estudiar físicamente siempre que quieras si puedo estudiar tu asombrosa anatomía.
- Déjanos ayudarte. No te vamos a hacer daño. Solo queremos entender lo que está pasando y hacer que todo vuelva a su esencia.
- Eso no es ayuda. Son palabras bonitas. ¡Me queréis quitar lo único que me queda! ¡me usareis para sacar provecho y luego me tirareis y os olvidareis de mí! –echa la mano al bolso y saca la caja. La abre al máximo y cae un rayo - ¡ahí os quedáis!

Vane desaparece en la confusión subsiguiente y Thor se levanta dolorido entre los escombros. Enseguida llega la mutante Tormenta y le ayuda a mantenerse en pie. Algo en la mirada del dios nórdico produce un malestar en la mutante africana. La tormenta provocada esta vez dura alrededor de una hora.

Cuando la tormenta ha amainado, en una azotea de Parla asoma otra chiquilla con una mochila y ropa deportiva. Mira las azoteas de los demás edificios. Se decide por una. “Vamos, puedo hacerlo” se dice a sí misma. Se coloca en un extremo de la azotea y empieza a correr. Al llegar al borde salta, hace una voltereta en el aire y cae en la azotea de enfrente. “¡Siiiiiii!” celebra victoriosa. De la nada aparece un afable inglés que la estaba esperando en esa azotea.

- Querida niña, tal vez no me recuerdes. Permite que me presente: Soy Alfred Pennyworth. Nos conocimos en Benidorm cuando os saqué una foto con el señor Wayne. Seguramente no te acuerdes de mí, pero a ti te conozco bien, muy bien. O mejor dicho, te conoceré. Ya te lo explicaré con más calma.
- Oh, no, sí que me acuerdo de usted. Era el único que sabía usar una cámara de fotos.
- Gracias, Jeni. Si me disculpas, vamos con retraso. Si quieres ser una gata de verdad necesitas entrenar con la mejor. La original. Y el tiempo apremia. Tenemos que estar listos para lo que viene.