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Siendo Tadashi el único que se encontraba en casa aquella víspera de año nuevo, el hogar de los Yamaguchi se encontraba inusualmente tranquilo y silencioso sin la presencia de su madre yendo de aquí para allá, preparando la cena.
Su madre, la cual se encontraba en un viaje de negocios, se había disculpado profusamente con él por no poder estar ahí esa noche y Tsukishima por otro lado no pudo comprar el boleto de tren para poder ir a visitarlo. Sabía que el viaje desde Kanagawa a Miyagi era largo y nada barato, especialmente en esa fecha, por lo que cuando Tsukishima le dijo que no iba a poder pasar esa noche con él, Yamaguchi se resignó a quedarse solo.
Ya habían pasado cuatro meses sin verlo, uno más no haría daño, ¿verdad?
Yamaguchi suspiró.
¿A quién quería engañar? Se sentía miserable, pero sabía en lo que se había metido cuando aceptó tener una relación a distancia cuando Tsukishima se fue a la universidad de Kanagawa.
El pecoso acurrucado en el sofá, envuelto en un montón de cálidas mantas y con una taza de chocolate caliente entre sus manos, intentaba hacer caso omiso del lamentablemente hecho de que iba a pasar esa noche en absoluta soledad.
Luego de darle un último sorbo a su chocolate caliente, colocó la taza en la mesita frente al sofá y luego dirigió su mirada al reloj colgado en la pared.
Tsukishima le había prometido que lo llamaría a las once, pero ya marcaban las 11:15, y el teléfono de Yamaguchi no había emitido ni el más mínimo pitido.
Por un momento pensó en encender la televisión y entretenerse un rato hasta que el rubio decidiera llamar, pero luego recordó que era muy probable que sólo encontrara un montón de películas familiares y románticas esa noche, cosa que no haría más que recordarle su deprimente situación, por lo que rápidamente rechazó la idea y simplemente se dedicó a ver como avanzaban las agujas del reloj.
11:36 PM
—¿Cuándo vas a llamar, Tsukki? —suspiró por segunda vez esa noche.
11:45 PM y todavía nada.
El pecoso estaba empezando a creer que su novio había olvidado que tenía que llamarlo.
11:50 PM y los párpados de Yamaguchi empezaban a sentirse pesados por el sueño.
11:55 PM.
El moreno suspiró.
Tal vez Tsukishima sí lo había olvidado después de todo.
Con lentitud, Yamaguchi empezó a desenredar las mantas que estaban envueltas alrededor de sus piernas y parte de su torso; cuando estuvo totalmente libre de ellas, y se dispuso a levantarse del sofá para dirigirse a su habitación, lo escuchó.
Era el inconfundible tono que le había puesto a las llamadas de Tsukishima.
Con rapidez, empezó a buscar su celular que se encontraba entre la maraña de mantas que estaban sobre el sofá y cuando dio con él, pulsó el botón para descolgar la llamada.
—¿Tsukki?
—Hey, Yamaguchi.
Escuchar la voz de Tsukishima desde la otra línea hizo que Yamaguchi sintiera como cierta calidez invadía su pecho. Tal vez Tsukishima no estaba ahí con él, pero el simple sonido de su voz lo hacía jodidamente feliz.
—Creí que no llamarías —murmuró Yamaguchi mientras volvía a sentarse en el sofá.
—Te prometí que lo haría, ¿no es así?
—Pensé que lo habías olvidado —admitió el pecoso con cierta timidez.
—Nunca olvidaría cumplir algo que te he prometido. —Había cierto tono quejumbroso en su voz al decir esto, provocando que una pequeña sonrisa se formara en los labios de Yamaguchi.
—Lo sé, lo siento, Tsukki.
El pecoso volvió a mirar el reloj; marcaba las 11:57 PM
—¿Sabes? Realmente me gustaría que estuvieras aquí —comentó Yamaguchi a la par que sus dedos empezaban a juguetear con la tela de su pantalón de pijama.
—¿Ah, sí? ¿Qué tanto te gustaría eso? —Yamaguchi casi podía verlo sonreír. Esa pequeña sonrisa, ligeramente burlona, pero llena de adoración, que sabía que sólo se la dedicaba a él.
11:58 PM
—Mucho. Me gustaría… —el pecoso hizo una pequeña pausa, mordiendo el interior de su mejilla, avergonzado por las palabras que estaban apunto de salir de su boca—. Realmente me gustaría poder abrazarte.
—Bueno, en ese caso, ¿Por qué no vienes y lo haces ahora?
Yamaguchi resopló.
—No seas cruel, Tsukki.
—Confía en mí. Sólo tienes que abrir la puerta, Yamaguchi. Estoy justo aquí.
Yamaguchi frunció el ceño.
Sabía lo costoso que podía ser hacer un viaje tan largo en esas fechas a último momento. Era la razón por la que Yamaguchi tampoco había podido ir a visitarlo esa navidad.
Entonces que Tsukishima estuviera insinuando que estaba justo detrás de su puerta simplemente no era posible.... ¿Verdad?
—¿Yamaguchi? ¿Sigues ahí? Me estoy congelando aquí afuera, ¿sabes?
Yamaguchi no respondió.
Su mente se encontraba casi... Embotada con la posibilidad de que Tsukishima de verdad estuviera ahí y casi inconscientemente, empezó a caminar hacia la entrada principal.
—¿Yamaguchi? —La voz de Tsukishima empezaba a sonar un poco preocupada.
Juraba por Dios que si era algún tipo de broma, iba a...
Pero no lo era, porque justo cuando abrió la puerta de golpe, ahí estaba él. Con sus dorados ojos abiertos por el sobresalto, las mejillas y nariz rojas por el frío, los labios ligeramente agrietados y el celular aún pegado a su oído.
Por unos segundos, todo lo que hicieron fue verse el uno al otro, hasta que el reloj marcó las doce y momentos después, el sonido de los fuegos artificiales se hizo escuchar.
—Feliz año nuevo, Yamaguchi —musitó suavemente.
Y como si eso sacara a Yamaguchi de su trance, por fin reaccionó
Él, su novio a quién no había visto en meses más que en una pantalla a través de Skype, estaba ahí, de verdad estaba ahí.
—¡Oh, por Dios, Tsukki! —chilló y antes de que Tsukishima siquiera tuviera tiempo de reaccionar, saltó sobre él, provocando que ambos cayeran en el suelo cubierto de nieve, sacando en el proceso todo el aire de los pulmones del rubio.
—Yamaguchi —se quejó el rubio, pero Yamaguchi lo ignoró totalmente.
—¡No puedo creer que estés aquí! —exclamó, apoyando sus manos a cada lado de la cabeza de Tsukishima para no recargar todo su peso sobre él—. ¡Me dijiste que no ibas a poder comprar el boleto de tren para venir! ¿Por qué no me dijiste que sí vendrías? Me hubiera estado sintiendo menos miserable si tan so-
—Yamaguchi. —Le interrumpió Tsukishima, colocando las manos sobre sus pecosas mejillas. Se sentían heladas. No llevaba guantes, notó Yamaguchi. En otro momento lo habría regañado por no abrigarse correctamente, pero ahora, con Tsukishima mirándolo así, con diversión, cariño y adoración, con todo eso reflejado en sus dorados ojos, Yamaguchi no pudo hacer nada más que mirarle fijamente—. Sólo cállate y bésame.
¿Y quién era Yamaguchi para hacer que Tsukishima se lo pidiera dos veces?
Así que estrelló de lleno sus labios contra los suyos y oh...
Joder.
Realmente había extrañado eso, la sensación de sus labios y el adictivo regusto a fresas que siempre encuentra en su boca cada vez que tiene la oportunidad de besarlo.
Estaban tirados frente a su casa, donde cualquiera que pasara podría verlos, la nieve había humedecido gran parte de su pantalón de pijama y era altamente probable que pescara un resfriado, pero a Yamaguchi todo eso no podría importarle menos, porque después de unos largos y tortuosos meses, estaba besando a Tsukishima otra vez.
Después de un buen rato en esa posición, acostados en la hierba cubierta de nieve, besándose hasta perder el aliento, Yamaguchi recordó algo y con una pequeña mordida al labio inferior del rubio, puso fin al beso momentáneamente.
—Hey, Tsukki.
—¿Mmm? —respondió vagamente y Yamaguchi casi suelta una risita al ver lo fuera de sí que se veía el rubio con sus ojos levemente desenfocados, los lentes torcidos y los labios húmedos y entreabiertos, buscando estabilizar su respiración a través de pequeñas bocanadas de aire.
—Feliz año nuevo para ti también —murmuró, rozando juguetonamente su nariz contra la del rubio, antes de juntar sus labios en un último beso.
Al día siguiente, o más bien unas ocho horas después, Yamaguchi despertó terriblemente resfriado. Apenas podía respirar correctamente por la nariz y sentía que estaba a punto de tener un horrible dolor de cabeza, pero luego miró a su durmiente novio descansando sobre su hombro y decidió que su malestar sólo era un pequeño precio a pagar por el magnífico inicio de año que tuvo.
Porque para Yamaguchi, no podía haber un inicio de año más perfecto que ese, en donde pasó los primeros minutos de enero besando a la persona que lo es todo para él.
