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Vuelta al mundo

Summary:

Adrien siempre soñó con vivir junto a Ladybug en una isla desierta.

One Shot de Miraculous Ladybug

Salido de la canción "Vuelta al mundo" de Calle 13

https://www.youtube.com/watch?v=v_zZmsFZDaM&feature=emb_logo&ab_channel=elvecindariocalle13

Notes:

**Letras en negritas son recuerdos**

Work Text:

 

* ' ☆ ' * ' ☆' *

 

 

Cosmobug levantó la vista por enésima vez. Estaba segura de que no podía perderse. A pesar de haber estado en ese lugar sólo una vez, podría regresar incluso con los ojos cerrados. El centenar de pequeñas memorias vinieron a su mente sobre la primera vez que estuvo en ese lugar mientras se acercaba de a poco a su destino.

 

 Aún no había pista de a donde se dirigía, hasta ahora solo podía ver una inmensa cantidad de agua por todas partes, hasta donde alcanzaba la vista. Creía estar en alguna parte del Océano Pacífico, pero ya que su compañero no le permitía revisar el GPS no podría estar segura en realidad.

 

Llevaba al menos veinte minutos detrás de él. La figura negra se mezclaba a veces entre las nubes, perdiéndose en los rayos del sol el patrón de constelación de su traje de vuelo. Ese dibujo y las líneas verde neón eran muy útiles de noche, ya que era el único modo de no perderlo de vista en la oscuridad. Pero con el sol brillando justo arriba de ellos el bello dibujo de su traje era apenas visible solo cuando Astrocat quedaba debajo de algún cúmulo tormentoso, y nada más.  Por el contrario, las alas doradas brillaban bajo la luz como si estuvieran hechas de oro pulido.

 

Tenía esa extraña sensación de que había pasado una eternidad, y al mismo tiempo un suspiro de tiempo. Igual todo en su mente estaba tan claro como si estuviese pasando frente a ella en ese momento.

 

— ¿Qué tan lejos estamos de casa? —Se preguntó Cosmobug al observar el paisaje (que seguía siendo nada más que una increíble cantidad de agua azul oscuro). Pensó que quizá, sin su traje, le llevaría una ridícula cantidad de tiempo volver a París desde ese punto. —¿Qué podría haber tan interesante en medio del océano, como para que Adrien me hiciera salir de casa un domingo de madrugada? 

Claro, porque aunque habían salido de París cerca de la una de la mañana, en este punto del mundo estaba pasando el medio día, a juzgar por la posición del sol.

 

Y no es que no le gustara pasar su tiempo con él, y eso estaba más que claro. Pero ya con cinco años conociéndose ella esperaba que él supiera lo valiosas que eran esas horas de sueño para ella. Y si lo sabía, lo que sea que quería mostrarle debía ser importante. Adoraba cuando Adrien se ponía creativo y misterioso, pero no cuando no la dejaba dormir con alguna de sus ocurrencias. Algo que pasaba más seguido de lo que a ella le gustaría.

 

Desde aquella primera vez que había estado en ese lugar, exactamente habían pasado dos años y medio. Fue haciendo cuentas cuando, a lo lejos, pudo ver la forma del terreno que era tan familiar para ella.

 

Por poco el tren de pensamientos la descuidó lo suficiente como para no notar que Astrochat comenzaba a bajar en picada; hacia un, hasta ahora, incierto punto en medio de la nada. Sin tiempo de dudas Cosmobug comenzó a reducir su altitud detrás de su compañero, evitando perderlo de vista cuando el muchacho aumentó todavía más la velocidad de su vuelo.

 

Para cuando logró distinguirlo, Adrien ya había retirado su traje y estaba de pie en la playa de una pequeña isla, que tal vez hubiera sido completamente invisible desde la altura en la que habían estado volando. Sus mechones dorados brillaban por la intensidad del sol, y su piel ligeramente más bronceada que la de Marinette parecía poder enrojecerse en cualquier momento si se quedaba en ese punto por mucho tiempo. 

 

Esta vez, bajó exactamente en el mismo punto que ese día. La piedra volcánica en la que aterrizó estaba más fría, tal vez porque estaba a punto de atardecer y los rayos del sol ya no estaban tan fuertes. Esta vez no había nadie que la esperara por ella en la orilla, sin embargo casi podía verlo frente a ella, como una bruma de niebla desdibujada en la brisa del océano.

 

Adrien la observaba mientras terminaba de descender, con sus ojos brillando de expectación y travesura mientras se quitaba los zapatos y dejaba que el agua que arrastraban las suaves olas mojaran los dedos de sus pies.

 

En cuanto retiró su traje, Marinette se dio cuenta de que el clima en ese lugar era perfecto. Mucho más cálido que París en verano, pero con la brisa del mar y la abundante vegetación tropical era apenas imperceptible el aumento de temperatura, y bastante más agradable gracias a la humedad en el aire. Además, la falta de ruido citadino le hacía mucho bien a sus oídos, y el constante golpeteo del mar contra las piedras de la orilla traía paz a su corazón.

 

—¿Dónde estamos? —Preguntó Marinette acercándose despacio, al mismo tiempo que Adrien le ofrecía la mano derecha para entrelazar sus dedos y Plagg se acomodaba en su rebelde cabello con un gran pedazo de queso entre sus manos, restregándose hasta encontrar una posición agradable y haciendo una pose que cualquiera diría que se había recostado en una tumbona en la arena. Tikki prefirió quedarse a comer una galleta de chispas de chocolate en el hombro de su portadora, metiéndose entre los negros mechones para apartarse del sol tanto como le era posible.

 

Igual que aquel día, en cuanto Tikki fue liberada de los aretes se acurrucó en su hombro sin decir palabra. Igual ambas sabían que la mejor plática en ese momento era compartir el cómodo silencio, luego de días de llanto y tristeza. Continuó repasando las imágenes de su memoria.

 

—Este lugar se llama "islas Chatham" —Pronunció Adrien tan claro como su lengua francesa se lo permitía —¿Entiendes? Chat-am  —Sonrió divertido ante lo que él creía era un juego de palabras con su nombre de héroe. Marinette le devolvió la sonrisa, pero aún esperando que la explicación de su viaje fuera un poco más larga que eso.

 

— Islas Chat-Am —Repitió en voz alta dejando la suficiente distancia entre una sílaba y la otra, sonriendo con nostalgia al recordar que tal vez la primera vez no había reído suficiente como para convencerlo de que había sido un buen chiste. Ella amaba el brillo que invadía sus ojos cuando lograba hacerla reír con sus chistes. 

 

Marinette parecía tener toda clase de preguntas sobre su aventura de hoy, pero Adrien prefirió ignorarla y llevarla tomada de la mano sin dejar de sonreír. Su principal prioridad era llevar a Marinette a la sombra antes de que su pálida piel pudiera comenzar a arderle.

 

Caminaron un poco por la playa de piedra volcánica hasta encontrarse con una pequeña vereda. El camino era pequeño, diferenciado del resto del terreno por algunas piedras oscuras en los bordes y gravilla blanca por la que obviamente era más seguro caminar que adentrarse en medio de los enormes árboles frutales del paisaje selvático. Caminaron alrededor de cinco minutos hasta llegar a un claro en medio de la vegetación, con pasto que parecía recién arreglado y una pequeña laguna de agua dulce.

 

—¡Aquí es! —Gritó Adrien emocionado mientras se dejaba caer en el pasto debajo de la sombra de un árbol, desparramado con su ya acostumbrada felina actitud.

 

El pasto estaba un poco más crecido, pero no tanto como para que no se antojara dejarse caer en él de nuevo. Como si le hubiera leído el pensamiento, Tikki saltó de su hombro y cayo junto a muchas flores de No-me-olvides que se habían plantado recién junto a la vereda. Adrien había estado ahí o hace mucho, recordó Marinette.

 

Marinette seguía en silencio, convertida en un signo de interrogación andante viendo a Plagg y Adrien juguetear en el suelo como gatitos en la alfombra de su casa. A veces, ese par parecía una camada de cachorros en lugar de un ser místico y un superhéroe.

 

—¡Oh, es que aún no te lo explico! — Alzó la voz el rubio al ver el gesto de la chica, rodó por el pasto una última vez y dio un salto para quedar de pie y correr detrás de Marinette, alzando el dedo índice para apuntar hacia un lugar frente a ella.

 

Cuando Marinette estuvo frente al mismo espacio, todo estaba diferente. Una lágrima cayó del azul de sus ojos al ver todo tal y como él se lo había dibujado aquella vez en su habitación en la pequeña hoja de papel que llevaba consigo.

 

— ¿Explicarme que gatito?

 

—Ahí es donde va la casa —Señaló al frente —En esos dos árboles habrá un columpio —Llevó el dedo hacia la derecha —Esos árboles dan muchas frutas, como para alimentar un equipo de soccer. Pero si te aburres de la fruta, podemos viajar a Nueva Zelanda por la comida que tu quieras, no está tan lejos, y será divertido el camino en bote. Escogí una isla pequeña, y no hay animales salvajes Bogaboo, para que no te de miedo cuando se haga de noche. De todos modos habrá cientos de antorchas por todas partes, y las encenderemos todas antes de que oscurezca.

 

Comenzó a encender las antorchas una por una. El aroma del combustible apenas y era notorio a causa de la brisa marina. Antes de que se hiciera de noche ya tenía su alrededor completamente iluminado por las llamas amarillas que bailaban de vez en vez cuando el viento parecía arreciar. Iría, tal vez, más tarde a encender las antorchas que quedaban cerca del pequeño muelle en la playa.

 

Adrien abrazó desde su espalda la pequeña figura frente a ella, inmóvil mientras trataba de que su cerebro procesara la información que estaba recibiendo.

 

— Si cavaras un hoyo en medio de París y cruzaras la tierra por en medio, este es el punto a donde saldrías. ¿No es eso genial? — Le dijo en tono travieso justo en su oído, .

 

— Muy genial — Habló Marinette en medio de la nada, en la completa soledad luego de que Tikki se quedara dormida entre las flores, cuando recordó que por la impresión del momento nunca le había contestado a Adrien su pregunta la primera y última vez que estuvieron juntos en su hogar.

 

— Cuando llevemos la paz a París, cuando terminemos con Hawk Moth, este será nuestro hogar princesa. ¿No te gustaría escapar a una isla desierta con tu gatito? ¿Recuerdas que te lo prometí?

 

Si tan solo derrotarlo no hubiera significado perderlo también a él, no sentiría como si su victoria fuera en realidad la peor de sus derrotas. Si tan solo Gabriel Agreste no se hubiera llevado la vida de su hijo a cuestas, si tan sólo la vida fuera un cuento de hadas y ella hubiera podido salvar a su príncipe.

Al menos París ahora estaría a salvo, y ya no necesitaba más de ella. Podía huir, escapar de todos los que la veían con eterna compasión, huir de todos los tejados donde habían corrido juntos, huir de la torre donde se declararon su amor y huir de todos sus recuerdos que tanto la atormentaban. Igual no podría estar en esa ciudad un día más.

 

— Me encantaría — Marinette giró para quedar frente a Adrien, rozando sus labios con los propios mientras cruzaba los brazos por detrás de su nuca, alzándose de puntillas para tratar de alcanzar su altura.

 

Marinette se sentó en el columpio del porche de la cabaña. La entrada, de madera de caoba con grandes ventanales aún tenía muchos detalles por finalizar. A un lado de ella se habían quedado unos botes de pintura blanca con brochas de todos los tamaños recargadas junto a ellas. Él le había contado que hace un par de semanas había ido a pintar y no había terminado. Ojalá en ese momento el trabajo no le hubiera parecido tan importante como para quedarse en París en lugar de acompañarlo y pintar con él. Frente a ella, y con la misma pintura blanca había pintado una huella de gato en el tronco de un árbol, seguramente como una broma que compartiría con ella más tarde.

 

Sostuvo el anillo de gato negro entre sus manos y lo dejó deslizarse por su dedo. Se aseguró de retirar los aretes primero, aunque aún no sabía que pasaría si usaba ambos, no quería saberlo en ese momento. La tentación era demasiada.

 

—¿Llegamos? — Preguntó Plagg con la misma voz tristona que había mantenido por días, apareciendo frente a ella y dándole esa misma sonrisa penosa cuando ella asintió con la cabeza, incapaz de que sus palabras cruzaran el nudo en su garganta para poder salir de ella. Luego de un par de minutos, pudo calmarlo lo suficiente como para hablar en voz baja.

 

— Mañana regresaremos a París, solo por la caja y unas cosas. Por hoy, descansemos.

 

Ni bien dijo esto y como si hubiese sido una orden, Plagg flotó hasta quedar junto a Tikki, y frotando su cuerpo entre la hierba se acurrucó abrazando a su compañera, quedando todo en silencio.

 

— Este será nuestro oasis Mi Lady. El lugar donde vendremos a escapar de todo y de todos. Cambiaremos el trabajo, la oficina y la rutina por noches estrelladas y paseos por la playa a medio día. Cambiaremos las batallas por hamacas y los akumas por gaviotas. 

 

Marinette alzó la mirada. Sobre ella estaba un cúmulo de estrellas que, una noche, él le había dicho que era la constelación del gato. Aún pensaba que eso había sido una broma, pero prefería no comprobarlo, y que las estrellas tomaran su nombre.

 

— ¿Quieres darle la vuelta al mundo, princesa? Para que algún día, llegar aquí sea llegar a casa.

 

— Ya estoy en casa, gatito.

 

Marinette se aferró a ese último recuerdo feliz a su lado, cuando se quedaron de pie a la orilla del mar y vieron juntos al sol perderse en el horizonte, creyendo inocentemente que verían miles más.

 

— Yo soy la vida que ya tengo —Susurró Adrien mientras se apretaba contra ella y cerraba los ojos para disfrutar su cálida presencia.

 

—Tu eres la vida que me falta — Terminó la oración que le dijo aquel día sin dejar de ver las estrellas sobre ella, que parecían dibujar un gatito en medio de la oscuridad.

 

FIN