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Como era de esperar de la pregunta hecha en la red social y de los chismosos de los amigos que tenían, la conversación no tardó en moverse a la aplicación de mensajes instantaneos que usaban entre ellos para conversar a diario, para el displacer de Seishu.
El primero en hablar fue Takemichi, que bastante corto y mandado a hacer abrió el tema de conversación con un "Asi que... ¿Lencería?" dividido en dos mensajes. Seishu observó el mensaje con cierto fastidio. No porque fuese Takemichi, sino por el grupo en donde estaba hablando. Respiró hondo, mientras empezaba a tipear una respuesta.
"Este es el momento en el que te recuerdo que mi hermana esta acá".
Y el mensaje de su hermana no se hizo esperar, claramente.
"¿Es por el aniversario?" la pregunta acompañada conel emoji del par de ojos mirando hacia un costado. El color se le subió a las mejillas de Seishu antes de volver a responder.
"... sí" y seguido de eso, no tardó en agregar "Takemichi, vamos a hablar pronto :)", adjuntando el meme de un bate de beisbol con la inscripción de "DIALOGO" en letras negras y gruesas. Los emojis de miedo del rubio que en general solía agradarle no se hicieron esperar y tuvo que hablar Draken para poner paños fríos a la situación, leyendolo a la defensiva por haber sido expuesto.
"Ya sabes como es Take, solo intentaba ayudar" explicó cortamente, antes de agregar un "Si necesitas consejos de ropa, puedo ponerte en contacto con Mitsuya". La información disparó su interés y logró disminuir su ofuscación.
"¿El diseñador?"
"El mismo. Quizás pueda orientarte en lo que necesites".
No tardó en agradecerle y estuvo a punto de dejar el celular de lado para seguir trabajando, cuando los mensajes de su hermana en el grupo, volvieron a aparecer.
"También elegi algo que te quede cómodo. Puede que en la foto quede lindo y todo pero puesto es otra cosa. Además de que a veces esta para que se vea solo lindo y no cómodo. Y no vas a llegar a ningún lado si no te sentís cómodo."
El rojo volvió a su rostro, sintiendose descubierto y atrapado en más de un sentido.
Tuvo que dejar de lado el aparato y la conversación por algunos largos minutos antes de volver a sentirse seguro de revisar el grupo, que reclamaba atención a través de la cantidad de notificaciones.
Shinichiro y Yuzuha habían comentado también, dejando sus propias opiniones en el proceso.
"A Waka le gusta usar conjuntos en vez de bodys, por la combinación de patrones" expresó el mayor del grupo, consiguiendo que Draken y Akane comentaran su sorpresa sobre aquella información sobre la vida cotidiana de esa pareja. "Solo de vez en cuando, y cuando usa bordó o rojo... solo puedo decir que soy un hombre feliz ❤"
Demasiada información sobre su ídolo, pensó por un lado Seishu, aunque por otro lado, le agradaba que estuviese normalizado en su grupo cercano.
"El negro resaltaría mucho en vos, así que intentá darte color con el maquillaje" Yuzuha se fue por los consejos más prácticos; algo que siempre apreciaba en ella.
"¿Cómo sabes que voy a ir por el negro?" inquirió, animandose a escribir por fin, citando el mensaje.
"Porque fija que usas los zapatos rojos que él te regaló y que solo tenés las medias de lycra negras" Ah, la hija de puta tenía buena memoria. En otra situación se hubiese reido.
No pudo responder demasiado a ello, dado que la conversación se volvió a poner incómoda para él porque el grupo estaba concentrado en darle animos e ideas y consejos sobre qué hacer para su aniversario con Kokonoi.
Y no daba. Estaba su hermana ahí y ellos hablando de sexo. Seishu tenía pocos limites en su vida y hablar de esas intimidades cerca de su hermana mayor era uno de ellos.
Inui pasó sus manos por su cuerpo frente al espejo, sintiendo la textura de la fina tela bajo el tacto de su mano.
Se sentía hot. Muy hot.
Y eso que aún no se había peinado. Ni maquillado.
El espejo de cuerpo entero le mostraba lo que quería ver y realmente le gustaba. Era sobrio, sexy y sencillo. Nada le molestaba, tal y como lo sintió en el probador de su trabajo. Cómodo y como una segunda piel.
Si no fuese porque debía caminar más de seis cuadras en tacos stilettos, hubiese considerado la idea de ir con el plug puesto. Pero no, mejor ponerse esa joya ya en casa de su novio.
La idea lo hizo suspirar de placer.
Llegaría antes que Kokonoi y entraría con la llave extra que tenía, se pondría el plug y se sentaría en el sillón de la sala de estar s esperarlo los pocos minutos que quedarían de resto.
Caminó, descalzo por su departamento de dos ambientes y para guardar el plug (que estaba en una bolsa de tela pequeña) y un moño pre-hecho, rojo, en los bolsillos del piloto con el que saldría.
Afuera llovía; les había tocado un día nublado, con pronóstico de ser lluvioso, pero había mucho viento, así que la prenda era más que adecuada.
El rubio volvió, sintiéndose distinto al sentir el pequeño fru-fru de la fricción de la tela de sus boxers por las piernas gruesas que tenía. Era un sonido al que podía acostumbrarse.
Ya en el baño diminuto, se peinó su larga melena rubia, dándole un poco de calor, crema anti frizz, aerosol, y peinártelo discretamente usando las más mechas más largas de los extremos de su cabello para hacerse un peinado con trenzas finas y sujetarlo en un tocado discreto negro.
Se maquilló con una máscara de pestañas transparente para no esconder el rubio de ellas. Se delineó con un delineador líquido, de un dorado oscuro que podía parecer un marrón-amarillento, pero los pequeños brillos bajo la luz hacían resaltar el precioso azul que tenía por ojos. Usó un cut-crease dorado, anaranjado en colores matte con una esfumación negra y un poco de brillo blanco cerca del lagrimal.
A lo que sí le puso mucho esmero, fue a sus labios, pintándolos de un rojo furioso, brillante y cremoso.
A Inui le gustaba jugar con los límites de su expresión de género. Ese ambiguo entre hombre y mujer al que podía explotar con faldas discretas y camisas holgadas, pero ceñidas en la cintura por cómo se las ajustaba alrededor de la cintura. Eso, y los zapatos de taco alto que le gustaba usar y que sabía que Kokonoi amaba más.
Era divertido ver cómo la gente no terminaba de dilucidar qué era él , como si tuviese que entrar en alguna caja de estándar social. Cómo si lo hiciese por ellos.
O por Kokonoi.
Kokonoi, de hecho, alentaba aquellas muestras disruptivas de su género, regalándole maquillajes, tacos y llevándolo a comprarse ropa no solo en ocasiones, sino casi a principio de mes.
Su novio era otro descarriado, en términos sociales. Inteligente como él solo, provocador que le gustaba usar ropa cara, pero delicada, dando la idea que él, de todos los seres en la tierra, podía ser inofensivo. Abiertamente homosexual y de esos que entraban en el estereotipo de gay ruidoso hasta que alguien intentaba aprovecharse de él. Y ahí era cuando lo conocían de verdad. Aunque nunca lo conocerían como lo hacía su círculo íntimo.
Ese hombre dedicado, al que le costaba expresarse emocionalmente y sus muestras de afecto pasaban más por lo material y los detalles pequeños pero significativos, que palabras que podían pensarse vacías depende del psicópata de turno. Kokonoi intentaba ser lo más honesto y delicado posible con él. De cuidarlo cómo mejor le salía, pese a las limitaciones que él tenía, aunque Inupi no lo veía así.
Kokonoi podría ser pobre y él lo amaría igual y estaría a su lado de igual forma, porque le gustaba él, no su dinero. Y se esforzaba en demostrárselo, aunque nunca iba a rechazar sus regalos porque sabía qué el gesto podría ser malinterpretado. Era difícil, pero cuando lo lograba, podía sentir a Koko más pegado a él, más dulce y honesto con sus palabras o gestos. E Inui sabía que él le era sincero.
Amaba esa fragilidad de él, así como sabía que Kokonoi amaba todas sus facetas, y eso hacía más llevadero cuando discutían, que no era tan a menudo.
Terminó de sellar su maquillaje y salió del baño, observando la hora. Iba bien.
Puso talco en sus stilettos, rojos acharolados que iban muy a juego con sus labios y se los puso después de ponerse las medias de lycra negras y ajustarlas al portaligas.
Una rápida vista al espejo hizo que se gustase más.
Sonrió.
Entonces, una idea pasó por su mente. Miró a su piloto, a sí mismo y la idea se fue asentando más y más en su cabeza.
Sí.
Tuvo que saber mejor.
Caminar esas seis cuadras con esos zapatos con ese clima…
Mmmn
-Como que la tuviste que pensar mejor, Sei… -se retó.
¿Podría haberse vuelto en vez de seguir caminando cuando lo notó? Si, podría; pero es demasiado terco. Sobre todo porque tenía el tiempo de su lado.
E incluso, también podría haberse pedido un taxi o un Uber.
Pero era terco y testarudo.
Así que si Inui tenía que caminar seis cuadras con terrible viento estando solo en lingerie debajo del piloto y con esos zapatos stilettos… pues Inui Seishu iba a caminar esas seis cuadras con terrible viento estando solo en lingerie debajo del piloto y con esos zapatos stilettos y una sonrisa de "no es para tanto" aunque lo sea.
Sobretodo porque algunas baldosas estaban rotas o flojas y tenía que ser cuidadoso de no pisar una y ensuciarse las piernas, los zapatos o el abrigo.
¿Todo eso por Kokonoi? Vamos, que no se daría a dar cuenta si las hace caminando o en taxi.
Ah, pero él sí.
¿Y por qué no en taxi? Se volvía a preguntar mientras medía el largo del charco en una esquina para saltar.
Lugar reducido. Espacio cerrado, solo con un desconocido. Podría haberle pedido a Draken o a Shin que lo llevasen en la camioneta que usaban de la tienda, pero… tendría que darles explicaciones a ellos al respecto. Y por mucho que los quisiese a uno u otro como para confiarles los secretos de su side, no quería que supieran que él estaba casi en pelotas debajo de ese abrigo. ¿Cómo mirar a Shin al rostro cuando este le ofreciera mantas para que no tuviera frío sin decirle nada? ¿O a Draken cuando hablase de todas las veces que tuvo que ser chófer de las chicas del salón de masajes en situaciones similares? Eran sus amigos, por dios, esas cosas las ventilaba tres años después con varios vasos de cerveza en el sistema.
No mientras pasaba.
Era más, incluso, podría pensar en Baji, pero el conchudo no tenía auto y estaba bastante seguro que no sabía manejar uno. Solo motocicletas.
Tan estereotipo. Tch.
Media cuadra se hicieron tres y la situación fue un poco más… llevadera. Hasta que un viento fuerte lo hizo considerar no pensar eso hasta estar dentro del departamento de Kokonoi. Volvió a palmear el bolsillo dónde tenía sus llaves. Bien, no se las olvidó. Eso le daba cierta paz.
Cierta sensación de seguridad que ni el viento levantando el piloto un poco de más le pudo sacar.
-Ey, preciosura, ¿siempre venís para acá?
Un molesto resoplido salió de sus labios. La próxima se traía su maquillaje por si se tenía que retocar después de partirle la madre al hijo de puta que lo piropease. Por el momento, apretar los dientes.
Fingir demencia y seguir hacia adelante.
Su taconeo era rápido y preciso, y no daba lugar a malos pasos porque ya sabía cómo caminar, le tomó demasiadas risas con Kokonoi presente aprender y el recuerdo le llenaba de calidez en su corazón. Logró así escapar de ese comentario no solicitado.
No, él no se sentía depredado por esos comentarios, pero sí tenía prioridades. Estaba por encima el llegar inmaculado y mucho más que presentable a la casa se su novio, que parar a cagarse a piñas con cualquier baboso pelotudo que lo confundiera con una mujer.
Hacia el final de la cuarta cuadra, el tipo volvió a aparecer. Y como no, si está vez estaba en bicicleta. Está vez le silbó e Inui hizo acopio de toda su fuerza para no darse vuelta y gritarle algo.
No le importaba que lo hicieran, que lo confundieran con una mina; le molestaba que le dijeran cosas que no necesitaba oír de extraños. Él se vestía así para sí mismo. Porque se sentía tan cómodo como con unos jeans desgastados y una remera de mangas cortas holgada. La diferencia, la única diferencia que encontraba es que, sabía que si se vestía así para Kokonoi, ambos la iban a pasar mejor.
Podía sentir las manos de su novio amando cada parte de él. Besando sus piernas mientras lo miraba con esos ojos perfectamente delineados de rojo y decía lo hermoso que el encaje le quedaba a su cuerpo y como la transparencia le hacía pensar cosas… él quería eso.
Quería sentir ese calor y no estar ahí con ese pelotudo acechándole y el viento haciéndole sentir que sus propios testículos no iban a volver a salir nunca más, ni que en cualquier momento iba a quedar expuesto frente a cualquiera.
Él quería a Kokonoi. Quería su abrazo y sus besos, su respiración sobre su cuello y su mirada devorandolo sobre él mientras comían bombones de chocolate con fruta y tomaban vino hasta sentir que no podrían disimular más su calentura y tener sexo como los dos animales en celo que se ponían cuando estaban juntos y con poca ropa.
Así que, cuando el tipo volvió a acercarse, riéndose socarronamente, tomando aire para hablar, Inui se detuvo. Buscó una piedra sin importarle que sus manos se llenarán del barro que estaba a su alrededor por encontrarla al pie de un árbol y se la tiró, apuntando a las ruedas del tipo. Este se desestabilizó y le tomó su tiempo volver a encontrar su centro. Y no dudó en volverse a él, resentido y con el orgullo herido.
-Volvé a hacerlo y te corto la lengua para atartela al cuello -amenazó Inui sin dejarle espacio para escucharlo, haciendo uso de su voz más grave y atemorizante, de sus días en los que sus compañías no eran tan buenas. La voz de la cancha, como decía Draken o Baji de vez en cuando, cuando entraban en conflicto por alguna tontería y lo hacían enojar de verdad-. Te vuelvo a escuchar decir una sola palabra y me aseguraré de que lo lamentes hasta tu próxima vida, viejo verde, degenerado de mierda.
Vamos, que seguro tenía su edad, pero el detalle no quedaba mal. El tipo se tambaleó demasiado e Inui estaba seguro de que se iba a caer, pero no se quedó a verlo. Sacudió su mano para quitarse el exceso de tierra y el resto se lo limpió contra su piloto antes de seguir camino a su paso ligero. Nada que no se pudiese terminar de limpiar en lo de Koko, ni nada que dejara una marca en su abrigo.
Después de todo, quedaban dos cuadras más.
Solo dos cuadras.
Respiró hondo mientras su mano tomaba el juego de llaves que le regaló Kokonoi junto al llavero bastante bonito de un dragón negro. Hermoso detalle, honestamente. Su novio tenía esos detalles en las cosas que le gustaban y él estaba perdidamente enamorado de esos detallitos tan pequeños.
-¿Sei…? -preguntó una voz que conocía.
Inui dio un respingo, dando cuenta de su concentración y las llaves saltaron en sus manos varias veces, pero sin llegar a caer al suelo.
Se dio vuelta solo para ver el rostro sorprendido del pelinegro, envuelto en su traje de oficina, con un ramo de flores muy bonito en una mano, una bolsa roja y su maletín en la otra.
La boca entreabierta, los ojos abiertos cuan grande eran y el sutil sonrojo que se iban evidenciando conforme pasaban los segundos. Inui alcanzó a sonreír, antes de enrojecer también
Sí, esa era la reacción que buscaba cuando decidió vestirse así. Pero no de esa forma. No en la puerta del edificio, sino sentado en el sillón del departamento, cruzado de piernas, acostumbrándose al final del plug, redondo y con aquella piedra de imitación azul-celeste que estaría poniendo sus nalgas en una postura a la que no estaban acostumbradas.
Las yemas de los dedos de su pareja rozando su mandíbula fue todo lo que necesitó para volver a la realidad y ver lo cerca que estaba, examinando su maquillaje maravillado de lo que veía. O así lo creyó hasta que lo vio ponerse en puntas de pie para besarlo a un lado de la nuez de Adán.
Cierto, quince centímetros de altura extras . A veces se olvidaba lo que esos zapatos le daban de altura.
La sensación del beso quedó sobre su piel, junto a esa tenue caricia de la mano de su amante que lo hizo suspirar.
-Te ves precioso -comentó por fin su novio, no es que su reacción anterior no delatase aquel pensamiento.
Kokonoi lo dejó pasar primero al ascensor solo para poder deleitarse un poco más de verlo caminar. Seishu tenía un sonrojo persistente en su rostro por esos detalles que tampoco se le pasaban por alto. Le gustaba sentirse deseado por su pareja y que esté no se lo disimulara.
El pelinegro marcó el piso de su departamento y los dos se sumieron en silencio.
-Aún no me diste las flores -le señaló Inui, solo por iniciar conversación. Vio a su pareja parpadear un par de veces antes de recordar que tenía un ramo de flores para él y lo vio reír, nervioso.
Pocas veces lo veía así de perdido y sabía que era por cómo estaba vestido. Inui no podía estar más feliz al respecto. Le encantaba poder provocar esas reacciones en él. Le generaba orgullo poder hacerlo.
-Estás muy lindo -comentó en su lugar Kokonoi, dedicándose a verlo-. Muy hermoso. Te queda todo tan bien, Seishu…
El suspiro de su voz hizo a Inui sonreír y sonrojarse. Esas cosas de su novio eran…
-Te reconocí por los zapatos, de hecho -agregó, mientras se aclaraba la garganta y miraba hacia otro lado-. Son los que te regalé para tu cumpleaños.
Inui asintió con una sonrisa feliz.
-Me los puse para los dos hoy. Supuse que ibas a disfrutar la vista~
Kokonoi rió y se mordió el labio inferior. El rubio se daba cuenta que quería besarlo.
-Oh, lo hago -comentó y está vez, Inui rió, sin poder evitarlo.
-No imagino cómo lo vas a disfrutar cuando veas lo que hay debajo~
El pelinegro lo observó, mientras el rubio solo sonreía aún más. Sin esperar una respuesta más concisa de su parte, Inui solo se limitó a apartarse un poco el piloto para demostrar que después de las medias… solo estaba el portaligas y...
Kokonoi llegó a ver el dobladillo de encaje negro de su boxer con transparencias antes de que Inui volviese a taparse y sonreírle con picardía. Su novio ni siquiera se molestó En esconder la visible erección que tenía en su pantalón, producto de todo lo que aquello significaba.
-Es para vos, mi regalo por nuestro aniversario -agregó y pudo ver cómo su novio suspiraba-. Iba a ponerme el plug una vez que estuviese en tu departamento, pera recibirte listo para
No pudo terminar la frase porque su novio lo tomó del cuello del piloto y jaló de él para ponerlo a su altura y besarlo. Hondamente, con ganas de arrancarle la lengua por cómo lo mordía y succionaba. Inui solo se dejó hacer, suspirando mientras sentía esa descarga eléctrica que los labios de su novio le provocaban.
-Hacés que te ame tanto -susurró al separarse.
Inui sonrió, por toda respuesta que podía darle en aquel momento.
El pitido del ascensor les indicó que ya habían llegado a destino y las puertas no tardaron en abrirse.
-¿Te quedás a dormir?
-Tengo la expectativa de no poder moverme para cuando terminemos -rió y Kokonoi también lo acompañó en una risa corta.
El grupo de chat, ignorado por obvias razones, rezumaba de mensajes. Desde las obvias observaciones de que a Seishu le fue bien, hasta la pregunta completamente preocupada de Shinichiro sobre por qué Baji Keisuke tenía información que ellos no y Draken respondiendo que esos dos quedaron como buenos amigos desde esa vez que salieron. Y cómo no, la conversación se degeneró a "¿Cómo es posible que Sei haya salido con eso?".
Seishu paseaba por encima aquellos mensajes. En otro momento hubiese sufrido en silencio por ello; ahora le daba un poco más o menos lo mismo porque apenas podía pensar. El único motivo por el que entraba era para comunicar un solo mensaje. Y sin embargo, en su estado, no pudo evitar comentar un "Por razones como estas es que pongo en duda la utilidad de este grupo".
Shinichiro siguió quejándose de cómo era posible de que hubiese salido con Baji y Seishu prefirió tirar la bomba para volver a marcharse.
Envió la foto con rapidez y una pregunta que de sencilla no tenía nada.
"¿Es un buen momento para decirles que me propuso matrimonio y dije que sí?"
La respuesta fue una cascada de llamadas por la aplicación y por el telefono en sí que hizo que el aparato se le escapara de las manos y cayera sobre el colchón.
