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Hacía algún tiempo que Oshiage no le pedía a Shiba que le acompañase a ver a Murayama en aquel desolado callejón. No fue porque no le hubiese vuelto a ver, sino, porque había decidido que lo mejor sería tener privacidad con el líder del Instituto Oya, aún si sólo se trataba de esos esporádicos encuentros donde no tenían más que unos cortos intercambios de palabras.
A pesar de lo que dijeran las otras miembros de Ichigo Milk, él ya era un hombre de más de veinte años que prefería invertir su tiempo en proteger su liderazgo como estudiante de medio tiempo, antes que graduarse y tener una aburrida vida como oficinista.
Sin duda, la responsabilidad no era algo propio de Yoshiki Murayama y no estaba dispuesto a ceder su título. No, al menos que la Asociación Sannoh lo aceptara como un nuevo miembro.
—Entonces, nunca te graduaras —dijo con tono burlesco la mujer castaña sentada a su lado.
—Hasta que Chiharu quiera —se encogió de hombros sin darle importancia a las cosas que decía.
Para su sorpresa, el hombre le había preguntado si quería pasar un rato al pequeño departamento de soltero que compartía con Seki y Furuya, pues ambos se habían ido a visitar a sus familias por las vacaciones de verano.
Estaba un poco nerviosa cuando llego, a diferencia de Murayama, que parecía bastante relajado desde el principio al recibirla con una pantaloneta azul y una camiseta de tirantes blanca, eso sin duda hizo que sus nervios se esfumaran. Parecía mostrarle confianza al utilizar ropa totalmente casual aun sabiendo que ella podría llegar en cualquier momento, o tal vez simplemente no le importaba como le vieran los demás, ambas eran opciones validas; pero la idea de que lo hacía por la confianza que estaban comenzado a tener le agrado sin duda más.
Cuando le dejo pasar, noto que el lugar estaba bastante desordenado, con varias cajas de pizza vacía y ropa desperdigada por el suelo, le había pedido disculpas por cómo se encontraba el departamento, ya que sus amigos no se encontraban no se molestaba en ordenar.
—¿Quieres que pida una pizza? —le pregunto extendiendo su mano para tomar su celular sin esperar a que respondiera.
Ella solo asintió, habían estado toda la tarde charlando y viendo películas. Cuando ambos se quedaban en silencio, el ambiente no parecía ponerse incomodo, al contrario, era bastante agradable; tal vez si era tan extraño como todos decían, pero a ella le parecía un tipo divertido con el que resultaba difícil aburrirse.
Pasados cincuenta minutos llamaron a la puerta y Murayama solo tuvo que saltar sobre el respaldar del sofá para llegar a la entrada. Abrió y pago su pedido dejándolo en la mesilla de café.
—Pedí una familiar —dijo levantando la tapa, liberando el delicioso aroma de la pizza —. Come todo lo que puedas.
No espero ni un segundo más para llevar una de las rebanas hasta su paladar, sin preocuparse por comer de forma lenta, dedicándose solamente a disfrutar de aquella maravilla en forma de triángulo. Murayama la miró de reojo y una media sonrisa involuntaria apareció en su semblante.
—¿Qué sucede? —frunció el ceño al sentir la mirada sobre ella.
Murayama volteó rápidamente su vista a la caja que aún liberaba algo de vapor y tomó uno de los trozos.
—¿Te gusta mucho la pizza? —preguntó en un tono divertido mirando la película que en ese momento aparecía en televisión.
Oshiage continuó comiendo, mientras miraba al jefe de la O de SWORD con una pequeña sonrisa.
Podría acostumbrarse a verla sonreír; por lo general estaba seria, frunciendo el ceño o dándole razones por las que no debería tomar demasiados riegos.
Terminaron de ver esa película cuando el sol comenzaba a ocultarse y creyó que era oportuno regresar a casa o comenzarían a interrogarla.
—Ya es tarde —dijo levantándose del sofá y poniendo su chaqueta sobre sus hombros —. Creo que es hora de irme.
Murayama la vio agitar su mano en señal de despedida al dirigirse hacia la puerta, por lo que se levantó y la siguió hasta quedar tras ella.
—¿Te acompaño? —la miró ladeando ligeramente la cabeza.
—Puedo cuidarme sola —ni siquiera volteo a mirarlo —. Gracias por la pizza.
Se encogió de hombros mirando hacia otra dirección que no fuera la espalda de la chica; pero fue sorprendido al sentir los suaves labios femeninos depositar un corto beso sobre su mejilla.
Sin decir nada, ella intentó abrir la puerta del departamento lo más rápido que pudo, pero fue detenida por el hombre que empujó la puerta con su mano para evitar el escape de la castaña.
«¿Por qué hice eso?» pensó al escuchar la débil respiración del hombre justo tras su cabeza; tampoco tenía porque enojarse, podría estar más agradecido.
Se giró con algo de vergüenza, no era la primera vez que le tenía tan cerca, pero juraría que su nariz casi rozaba la del mayor. Sus ojos redondos permanecían clavados sobre los suyos, medio ocultos bajo los cabellos ondulados que caían en su rostro al no llevar su característica bandana atada a la frente.
No supo de dónde sacó el valor, sujetó con ambas manos el rostro del hombre y, sin ningún miramiento, acortó por completo la distancia que les separaba, besándolo de forma tímida, apenas ejerciendo presión sobre sus labios.
Murayama sólo se dedico a observarla sorprendido, ni siquiera correspondió a la joven; pero sentía su corazón latir de forma rápida, le resultaba extraño sentirse tan acelerado sin estar involucrado en una pelea.
Finalmente rompió el contacto entre ambos, su rostro ardía e instintivamente alejo sus manos de las mejillas del hombre.
—Buenas noches —fue lo único que pudo susurrar mientras tomaba el pomo de la puerta y salía a gran velocidad del departamento.
Se apresuró a caminar hasta su casa, donde aún vivía con sus padres. Saludo a ambos adultos y se dirigió a su habitación, sacó su celular para enviar un mensaje a Shiba, diciéndole que hoy no iría a esa reunión para conocer chicos donde solían acompañar a Asuka.
Puso el aparato sobre la mesita de noche, se lanzó sobre su cama, dejando escapar un largo y sonoro suspiro. Se sentía bastante tonta por aventurarse a besar a alguien que no parecía estar interesado en relaciones sentimentales o mujeres.
Por su parte, Murayama pensaba en como él, famoso por haber resistido cien golpes, se quedó paralizado al sentir los rosas y gruesos labios apenas tocar los suyos.
Era conocido como alguien arriesgado y directo, que no le temía a los retos; sin embargo, apenas podía pensar con claridad tras sentir un beso de Oshiage. Algo que podía asegurar, era que le había gustado tanto como a ella parecía gustarle la pizza.
