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P&F/MML: Colección

Summary:

Colección de historias sobre dos de mis series favoritas de Disney.

Sugerencias y peticiones son bienvenidas, excepto lemon e incesto.

Phineas y Ferb y La Ley de Milo Murphy son propiedad de Dan Povenmire, Jeff "Swampy" Marsh y Disney.

Notes:

Mi versión de lo que hubiera pasado si Isabella no volvía para despedirse de Phineas al final del episodio "Act Your Age”.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Oportunidad (One-Shot)

Chapter Text

Un nuevo inicio, una nueva vida, Phineas Flynn, de 18 años de edad, se encontraba a punto de iniciar un nuevo capítulo en su vida, acababa de llegar al lugar que a partir de ese momento sería su hogar durante los próximos años, la Universidad Limítrofe Estatal, una de las universidades más renombradas del país, y la mejor del Área Limítrofe.

Phineas había decidido ir un par de días antes del inicio de clases para conocer la universidad, y tal vez a sus futuros compañeros.

Pero, especialmente, quería escapar del lugar donde conoció, se enamoró, y perdió a su vecina, su mejor amiga, su primer y único amor, Isabella García-Shapiro.

Luego de enterarse de que la chica había estado enamorada también de él, apenas dos semanas antes de que iniciaran las clases, él había decidido confesarle sus sentimientos.

Sin embargo, las cosas no salieron como hubiera deseado; cuando llegó al restaurante-cafetería de comida judio-mexicana "Nosh Olé", propiedad de Vivian García-Shapiro, y lugar de trabajo de la chica, la señora García-Shapiro le comunicó que Isabella ya se había ido.

En todo ese tiempo no dejó de pensar en Isabella, y todo el tiempo que desperdició ocupado en sus inventos, también dándose cuenta de todas las señales que le había mandado la chica, sintiéndose un gran tonto por no haberlas notado a tiempo; pero eso ya era pasado.

Decidido a olvidar lo ocurrido, Phineas optó por empezar esa nueva etapa, lejos de su casa en Danville, dispuesto a olvidar sus sentimientos por su vecina, sin importar el tiempo que tardase.

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No podía creer que ya serían dos semanas desde que había decidido dejar Danville y sus recuerdos del lugar atrás.

Ciertamente echaba de menos a sus padres, a sus amigos, sobre todo a él; en momentos como estos, en los que se ponía a pensar en cómo hubiera sido su vida si las cosas hubieran sido diferentes, se arrepentía de haber intentado huir de sus sentimientos y no haberse despedido de él, o siquiera de su hermano y sus otros amigos.

Luego de su graduación había decidido evitar a Phineas y a todo lo que le recordara sus sentimientos por él; pero, para su mala suerte, su cerebro y su corazón nunca llegaron a un acuerdo, aunque ella se había mentalizado para olvidarlo, su corazón se negaba a hacerlo.

Realmente eso no importaba en ese momento, faltaban apenas un par de días para el inicio de clases, al menos las actividades del consejo estudiantil, y su trabajo de medio tiempo, la ayudaron a no pensar mucho en lo que dejó atrás al salir de Danville.

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Phineas había acabado de recorrer el campus, mientras vagaba por ahí había escuchado que cerca del lugar había una cafetería, que era frecuentada por los alumnos que ahí estudiaban. Tentado por la curiosidad, preguntó a algunos compañeros dónde quedaba esa cafetería.

Cuando llegó a la dirección que le habían indicado, se sentó en una mesa algo apartada de las demás, pegada a una de las ventanas del lugar, que daba vista a la calle, y desde donde podía ver uno de los edificios de habitaciones de la universidad.

Había pedido un café negro y un muffin de chocolate y mientras esperaba a que la mesera volviera con su pedido tomo su teléfono, nada más que mensajes de su familia y notificaciones sin importancia en redes sociales.

Cuando la mesera llegó con su pedido agradeció con una sonrisa y probó el café, y al instante le dio la razón a los que le hablaron sobre esa cafetería, ese era el mejor café que había probado en mucho tiempo.

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Saliendo de la reunión del consejo estudiantil, última para la organización de la bienvenida a los nuevos estudiantes, Isabella se encaminó a la cafetería en la que trabajaba de medio tiempo.

Llegó al local y fue directo a cambiarse la ropa y ponerse el uniforme de trabajo, luego pasó a la cocina a ver qué tal iba todo.

- ¿Cómo vamos, Bill? - preguntó a un joven un poco mayor que ella, que se encontraba friendo un par de huevos, algo de tocino, y algunos omelets.

- Buen día, Isabella - saludo el muchacho amablemente - Qué bueno que llegas, estamos con mucho trabajo hoy, ¿podrías ayudarme sacando los muffins del horno y llevárselos a Annie?, creo que ya tiene varios pedidos, y las del mostrador se acabaron.

- De acuerdo - dijo ella empezando con su labor del día.

- Un americano y un muffin de chocolate - dijo una chica de la edad de Isabella entrando a la cocina - Ah, hola Isabella.

- Buenos días, Annie - saludó Isabella a la joven - Ya salen los muffins, y el café estará en un momento - dijo poniendo un muffin de chocolate en un pequeño platillo, mientras esperaba que la cafetera acabase de servir el café - Un café americano y un muffin de chocolate, listos para servir - dijo pasándoselos a su compañera.

-Gracias - dijo Annie saliendo de la cocina.

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- ¿Deseas algo más? -preguntó la chica que lo había atendido antes.

- Quisiera otra taza de café, por favor - le respondió Phineas.

- ¿Mejor de lo que esperabas? - le preguntó amablemente.

- Sí, en realidad sí - respondió él inocentemente.

- Ya te lo traigo - le dijo recogiendo la taza para recargarla.

Esperó unos minutos, cuando la chica volvió con su café, luego se retiró para atender a otro cliente. Bebió el café, se levantó y fue a la caja a pagar.

- Gracias por el café - dijo al tiempo que sacaba un billete y se lo pasaba a la chica - Guarda el cambio - dicho esto se dirigió a la puerta del local para encaminarse a la universidad.

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El reloj de la cocina marcaba las 9 de la noche, momento de cerrar la cafetería, Isabella y Annie se encargaban de limpiar el lugar y lavar las vajillas usadas en el día, mientras Bill se encontraba haciendo el inventario del día y calculando las ganancias del día.

- ¿Cómo nos fue hoy, Bill? - preguntó Annie, secando una taza que Isabella acababa de lavar.

- ¿En serio lo preguntas? - preguntó en un tono sarcástico, recordando lo agitado que estuvo el día.

- Sólo bromeo - dijo ella riendo, mientras secaba la última taza, terminando así su labor del día - En fin, yo iré a cambiarme, no tardo - mencionó, sacándose el delantal mientras se dirigía al cambiador.

- ¿Necesitas ayuda con eso? - preguntó Isabella a Bill, pregunta que se respondió sola cuando vio al chico cerrar los libros contables y guardándolos, al igual que su calculadora en un cajón de metal con llave.

- Gracias, Isabella - respondió finalmente.

- Bueno, entonces iré a cambiarme - le dijo sacándose el delantal y colgándolo junto al de Annie.

Una vez que terminó de cambiarse, se despidió de sus compañeros y se encontró con Annie en la puerta de salida, para dirigirse juntas a la universidad, puesto que, además de ser compañeras de trabajo, compartían habitación en el edificio de la universidad.

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Desempacar sus cosas y ordenarlas le había tomado unas horas, y en serio había acabado agotado; luego de eso había decidido tomar una ducha.

Luego de unos minutos salió de la ducha, dándose cuenta de que ya no estaba sólo en la habitación; ahí, desempacando ropa se encontraba un chico de su edad, tal vez un poco más alto que él, iba bien vestido y su cabello estaba perfectamente peinado.

- Eh... ¿Hola? - saludó Phineas saliendo del baño.

- Oh, hola - dijo el joven, notando su presencia - Tú debes ser Phineas, soy James, tu compañero de cuarto - extendió la mano presentándose.

- Gusto en conocerte - dijo Phineas estrechando su mano - ¿Hace cuánto llegaste?

- Oh, hace unos veinte minutos, en realidad estaba ayudando a mi hermana con su equipaje, ¿y tú?

- Esta mañana, me tome el tiempo para conocer la universidad y sus alrededores.

- Oh, genial, ¿crees que puedas ser mi guía? - pregunto en tono de broma.

- Claro, ¿por qué no? - respondió Phineas en el mismo tono - Pero ahora es momento de descansar, ha sido un largo día y necesito dormir.

- Ok, tú descansa y yo voy a asearme - dijo entrando al baño mientras Phineas se disponía a dormir.

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Isabella y Annie estaban caminando tranquilamente por el pasillo, dirigiéndose a su habitación mientras conversaban sobre cosas sin importancia.

- Soy mayor que tú, así que estás condena a ser mi humilde sirviente por el resto de nuestras vidas - una voz las había que venía de la habitación que estaba al lado de la suya llamó su atención.

- Por siete minutos, eso no cuenta - escucharon ahora una voz masculina, con un cierto tono de fastidio.

- Sí cuenta, hermanito -volvieron a escuchar la primera voz hablando de forma burlona.

Tentadas por la curiosidad, se acercaron a la puerta vieron en el interior de la habitación a una chica, y un muchacho; ambos se parecían mucho, e iban vestidos con los mismos colores; el chico, que era un poco más alto que la chica, se encontraba sosteniendo una torre de cajas, que supusieron, eran de la chica; mientras tanto, la chica se encontraba desempacando su ropa.

- Oye, si ya no quieres ayudarme, puedes irte, no necesito tu caridad - le dijo con un fingido tono molesto volteando a ver a su hermano - Sólo... oh, hola - dijo al ver que las chicas estaban en la puerta, y parecía que les resultaba graciosa la discusión de los hermanos.

- Hola - saludó Isabella avergonzada de haber sido descubierta escuchando aquella conversación - Perdón por...

- No, olvidalo, está bien - dijo la chica interrumpiéndola - Soy Jackie, y él es mi hermanito, James - dijo presentándose y presentando al chico.
- Hola - dijo el chico saludando.

- Isabella - dijo ahora presentándose - Y ella es Annie, mi compañera de habitación.

- Somos tus vecinas – dijo Annie, señalando hacia su habitación – Si necesitas algo, allí estaremos.

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Eran aproximadamente las 7:00 AM cuando Phineas despertó, se sentó en la cama y se estiró, luego de esto finalmente se levantó, se dirigió al baño para asearse.
Al salir del baño volvió a acercarse a su cama para arreglarla, luego de esto tomó su teléfono de la mesita que estaba al lado de la cama, encontrándose con una llamada perdida de su hermana, trató de devolver la llamada, pero la suya fue directo al buzón.

Decidió que hablaría con ella luego, guardó el teléfono en su bolsillo y salió de la habitación, para dirigirse a la biblioteca de la universidad, ya que no tenía nada que hacer en el día pensó que tal vez podría leer un poco.

Al llegar ahí le sorprendió el tamaño del lugar y la variedad de libros que habían allí, fue a recorrer entre todas las secciones que habían, hasta que encontró un libro muy interesante sobre los inventos de Leonardo Da Vinci, se sentó en una de las mesas que habían allí y empezó a leerlo; estaba tan metido en su lectura que había olvidado ir a desayunar, recién se había dado cuenta de eso cuando oyó a su estómago gruñir.

Optó por pausar su lectura, devolvió el libro al librero, y salió de la biblioteca; había decidido volver a aquella cafetería que había visitado el día anterior.

Estaba caminando tranquilamente por los pasillos de la universidad cuando escuchó su tono de llamada.

- Hola, Candace - dijo al momento de contestar la llamada.

- ¿Qué tal hermanito? ¿Cómo te sientes lejos de Ferb? - dijo en broma, recordando que sus hermanitos eran inseparables durante su niñez.

- Pues... bien, me acostumbraré - le respondió del mismo modo.

Su pequeña conversación se extendió unos minutos mientras Phineas seguía caminando hacia la cafetería, le alegraba mucho saber que su familia estaba bien, aunque aún no hacían ni 48 horas de la última vez que los había visto, bueno, a todos menos a Ferb, la última vez que lo había visto fue una semana atrás, cuando éste ya se había ido a Inglaterra para estudiar.

El chico estaba tan concentrado en la llamada que al girar en una esquina no se dio cuenta de que alguien también estaba transitando ese camino, pero en sentido contrario, por lo que el chico había chocado con una persona; ambos cayeron sentados, y su teléfono había caído a sus pies.

- Oye, lo siento, no estaba poniendo atención al... - empezó a hablar dispuesto a disculparse con la persona, al tiempo que tomaba su teléfono para retomar la conversación con su hermana, pero la sorpresa de ver con quién había chocado no lo había dejado terminar lo que estaba diciendo, fue apenas cuando sus ojos se encontraron con los de esa persona que reaccionó, llevando su teléfono a la oreja - Candace, te llamo luego - y sin esperar respuesta cortó la llamada y guardó el teléfono.

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Por pura inercia ya se despertaba temprano, ese día no sería la excepción, se levantó para ir al baño a asearse, al salir se dispuso a vestirse cuando un ronquido de su compañera le dio un pequeño susto, aguantó la risa y término de vestirse y salió a caminar.

Decidió ir a un pequeño parque que estaba a unas calles de la universidad. Le fascinaba ir a ese lugar, especialmente por el paisaje que se podía ver ahí en esos días; iba siempre en sus momentos libres, le ayudaba a distraerse.

Al llegar ahí se sentó en una de las bancas del lugar, frente a una pequeña laguna artificial, a observar como las hojas caían de los árboles, algo más que le gustaba de ese lugar era que en tempranas horas de la mañana prácticamente estaba vacío, por lo que era sumamente pacífico; sacó un pequeño libro de bolsillo que tenía y se puso a leerlo.

Al pasar aproximadamente una hora sintió a su estómago gruñir, por lo que se levantó de la banca, guardó el libro en su bolsillo y se encamino a su amada cafetería; pero, estando a menos de una cuadra del local, recordó que no tenía dinero, había olvidado su billetera en su mochila, por lo que no tuvo más remedio que dirigirse a la universidad a buscar su billetera.

Estaba caminando tranquilamente de regreso a la universidad, hasta que, al girar en una esquina, chocó con alguien; cerró los ojos por el impacto, al abrirlos lo primero que vio fue el teléfono de esa persona a sus pies, iba a reclamar a la persona, hasta que éste se empezó a disculpar.

- Oye, lo siento, no estaba poniendo atención al... - se sorprendió al escuchar esa voz, la reconocería dónde fuera; dirigió su mirada al frente y fue ahí cuando sus miradas se encontraron, lo vio llevar el celular a la ojera y decir - Candace, te llamo luego – antes de cortar la llamada.

- Phineas... - pronunció de forma apenas audible luego de no poder pronunciar palabra alguna desde que lo vio.

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Luego del reencuentro, un fugaz abrazo, y un largo silencio incómodo, Phineas había invitado a Isabella a desayunar en la cafetería, invitación que ella aceptó cortésmente; después de todo, seguían siendo amigos; sin contar que se ahorraría el buscar su billetera, porque sabía que aunque insistiera, Phineas no le dejaría pagar el desayuno; y era así como recordaba una de las razones por las que nunca dejó de sentir aquello por él.

Al llegar al lugar fueron a sentarse uno frente al otro en una mesa al lado de una de las ventanas del lugar, y ahí esperaron a que alguien llegara a atenderlos.
- Mentiría si dijera que no estoy sorprendido de encontrarme contigo aquí - mencionó el chico apoyándose con los codos en la mesa.

- Lo mismo digo, nunca pensé que de todas tus opciones elegirías la Limítrofe Estatal - dijo la chica, recordando como en su último año llegaban cartas de varias universidades de todo el mundo que querían contar con el chico en su cuerpo estudiantil - ¿Cómo fue que elegiste esta universidad?

- No lo sé, intuición, creo - mencionó el chico - ¿Y tú?, tú también tenías varias opciones.

- Estoy cumpliendo el sueño de mi padre, que su única hija estudie en su alma mater - dijo ella - Además, las mejores opciones eran en el exterior, especialmente en México, no quería irme tan lejos de Danville.

- Bueno... - iba a decir algo hasta que llegó alguien a atenderlos.

- Buenos días, ¿qué desean ordenar? - mencionó el joven camarero mirando solamente su libreta, si fijarse en quien estaba enfrente suyo.

- Buen día, Sam - dijo Isabella, llamando la atención del camarero.

- Hola Isabella - dijo el muchacho sonriéndole-¿Lo mismo de siempre?

- Ya me conoces - dijo ella riendo.

- Bien - dijo anotando el pedido - ¿Y tú, joven? - dijo ahora dirigiéndose a Phineas.

- Un café expreso y un muffin de chocolate - pidió mirando al joven.

- Muy bien, ya vuelvo con sus pedidos - dijo Sam, retirándose, dejando de nuevo solos a los dos.

- ¿Cómo lo conoces? - preguntó finalmente Phineas extrañado.

- Oh, es que trabajo aquí, de medio tiempo -dijo ella.

Unos minutos después, Sam volvió con sus pedidos, a Phineas no le sorprendió cuando el joven camarero dejó una taza de capuccino, que supuso sería preparado especialmente sin canela, recordando el odio que tenía la chica por la canela, y una porcióon de pay de frutilla, siempre habían sido los favoritos de la chica.

Y nuevamente se vio a sí mismo, recordando a la dulce niña que vivía cruzando la calle, la chica con la que creció, con quien compartió los mejores momentos de su vida, su mejor amiga; y pensó que no tendría un mejor momento para hablar de aquello que ansiaba tanto hablar.

Mientras tanto ella estaba también sumida en sus pensamientos, tomando de a poco su capuccino sin canela; pensaba en cómo había acabado en esa situación, se había jurado y había tratado de olvidar lo que sentía por ese chico; pero ahí estaba nuevamente, sentada, desayunando con él, sintiendo las mariposas volviendo a revolotear en su estómago luego de un largo tiempo; ¿debería hablar de aquello con él?

-Y... ¿qué tal estuvo el verano? – Isabella tomó la iniciativa de la charla, aún sin atreverse a tocar el tema del que quería hablar.

- Bueno, fue divertido, la mayor parte del tiempo – respondió - Las últimas semanas fueron realmente tediosas - dijo recordando todo lo que había pasado en esas últimas semanas - Entre preparativos para la universidad, empacar, decidir por una universidad, y mentalizarme a vivir sin Ferb, no sé cómo conservé la cordura luego de todo eso - Mencionó, saltando la parte de la conversación que había tenido con sus amigos aquella tarde, dos semanas antes del inicio de clases - ¿Y las tuyas?, digo, no nos hemos visto en absoluto estas vacaciones - le devolvió la pregunta finalmente.

- Estuve ocupada ayudando a mamá en el restaurante, y también organizando mis cosas para la universidad - mencionó ella.

- Bueno, te extrañé - dijo el chico mirando su café, evitando la mirada de la chica - Nada era igual sin ti.

- Me halagas, no sabía que fuera tan importante para ti - dijo ella entre sorprendida y feliz - También fue diferente para mí no ir a su patio en absoluto este verano.

- Si, bueno, tú tenías tus asuntos y yo tenía los míos, no te podría reclamar nada - dijo por fin mirándola, decidido a decir las siguientes palabras - Menos aún luego de lo que pasaste por mi culpa desde que éramos niños.

- ¿De qué hablas? - preguntó ella, y sudó frío al captar más o menos el rumbo de la conversación.

- Bueno, el día que dejaste Danville los chicos me dijeron algo... - hizo una pequeña pausa, formulando lo siguiente en su cabeza - Al parecer, todos sabían menos yo - dijo mirando fijamente a la chica.

- Yo...

- Debo admitir que por un momento me asustó... - dijo interrumpiendo a la chica - ... y me enojé bastante, con los chicos por no habérmelo dicho antes... y conmigo mismo por no haberlo notado, y haber desperdiciado tanto tiempo - dijo, sorprendiendo a la muchacha.

- Phineas...

- Mira... - empezó a hablar, al tiempo que tomaba las manos de la chica sobre la mesa - Sé que no puedo regresar el tiempo y arreglar lo que pasó - dijo, dándose cuenta de algo - Bueno, sí puedo en realidad, pero no sería lo correcto - mencionó mirando fijamente a Isabella, que se había quedado sin palabras, o había preferido escuchar lo que el chico tenía para decir - Porque lo correcto sería luchar para corregir mis errores... Luchar por reparar todo el daño que te hice todos estos años. Pero sólo podré hacerlo si me das la oportunidad de enmendarlos - dijo finalmente, mirando con cierto temor a la chica, que se veía aún asombrada y pensativa.

- B-bueno, no sabría cómo responder a eso realmente... - empezó a hablar la chica- Es verdad que en algún momento, si hubiera escuchado algo así cuando teníamos quince, hubiera aceptado sin siquiera pensarlo; pero la verdad es que ya no somos unos adolescentes; y la verdad es que me había rendido cuando empezamos la preparatoria - al escuchar esto, el chico empezó a sentir un profundo dolor en su ser, hasta que ella continuó - Pero, la verdad es que, por mucho que lo haya intentado, nunca logré superar lo que siento por ti... - ahora el asombrado era él, ¿en serio la chica le daría esa oportunidad? - Además, nada de lo que pasó fue tu culpa; siempre fuiste un genio en todo, excepto en cosas relacionadas al romance -dijo riendo- Y estoy segura que nadie merece esta oportunidad más que tú.

- ¿En serio? - preguntó, aún sin poder creerlo.

- Sí - dijo finalmente ella, sonriendo.

No necesitó más palabras para lo que hizo después, era algo que había querido hacer hace mucho; se levantó de la silla, se apoyó con los codos sobre la mesa y acercó su rostro al de la chica, uniendo sus labios en un suave y tierno beso; un beso que extrañamente se sentía muy, pero muy familiar.

- Aahh... – suspiró la chica cuando se separaron - Valió la espera.

-Sí, sí así fue - dijo el chico.

Lo que habían olvidado es que no estaban en un lugar privado, sino en una cafetería que era siempre visitado por muchas personas; lo recordaron cuando escucharon a lo lejos a los compañeros de trabajo de la chica aplaudiéndolos como si tratara de una obra de teatro.

- ¡Esa es mi chica! - escucharon gritar a Annie, que parecía la más emocionado al ver a su compañera dando su "primer beso", ambos se avergonzaron y volvieron a acomodarse bien en sus lugares, disponiéndose así a terminar de desayunar.