Chapter Text
—Debido a la reincidencia de Wèi WúXiàn en transgredir el código moral y ético del mundo de la cultivación, haber ocultado a los herejes Wēn hace 18 años y su decisión de poseer un arma tan peligrosa como lo es el Sello del Tigre Estigio sin ningún tipo de consideración...
"Queda en nombre de los líderes de las 4 principales sectas condenado a muerte como consecuencia por sus acciones"
Wèi WúXiàn dejó escapar una risa amarga.
—Me quitais el Sello del Tigre Estigio para proteger al mundo de la cultivación, pero luego queréis usarlo para matarme... Realmente sois más desvergonzados que yo.
El cultivador demoníaco ya sabía las intenciones de la secta LánLíng Jīn de antemano, sin embargo no pudo preveer que tuvieran la cara tan gruesa como para hacer algo así.
El Sello del Tigre Estigio, un arma de su propia invención con un poder inimaginable. Fue un artilugio que usó hace años durante la Campaña Para Derribar al Sol y que causó numerosas bajas enemigas. Lo que pocos sabían es que el poder de ese trozo de acero era tanto, que las almas corrompidas por él quedaban fragmentadas con la imposibilidad de recuperarse.
Un alma fragmentada es un alma que no puede volver a la vida, sin importar cuanto se intente. Ya hubo varios que intentaron unir todos los trozos de almas moribundas, no obstante todos tuvieron el mismo resultado. Y las heridas provocadas por el sello son irreparables.
Jīn GuāngYáo no mutó su gesto mientras pedía que llevaran a Wèi WúXiàn a los calabozos de la torre Koi, casi podía verse una pequeña sonrisa de suficiencia bajo esa máscara de héroe público.
—¡Salve el líder de la secta Jīn!
—¡Wéi WúXiàn maldito!
—¡Ahora tendrá lo que se merece!
El recluso negó con una sonrisa. Incluso después de tantos años aun su nombre era usado por muchos para maldecir. Era cuanto menos irónico si se pensaba bien.
Recordó las palabras de Jiāng Chéng y se sintió nostálgico. "Cuando estás del lado de esa gente eres un genio extraño, un héroe milagroso, la fuerza de la rebelión, la flor que florece en solitario. Pero, el segundo en que tu voz difiere de la de ellos, significa que has perdido la razón, que has ignorado la moral, que has andado por un camino torcido"
Tenía razón. Oh, ciertamente la tenía.
¿Pero que otra opción le quedaba si no era seguir hacia adelante? Sintió como si reviviera el pasado de una forma menos dolorosa, pero más detestable. Se preguntaba cuanto dolería morir a manos de su propia creación, deseando por un momento que fuera tan desagradable como su primera muerte, así actuaría de penitencia por sus errores.
Desgraciadamente para Jīn GuāngYáo y todos aquellos que querían ver su alma pulverizada, no iba a dejarse asesinar. A pesar de sus errores Wèi WúXiàn quería seguir viviendo, quizá para enmendarlos, quizá para olvidarlos, pero no podría hacer nada de eso estando muerto.
Tiraron su magullado cuerpo al suelo y cerraron la puerta de la celda de reclusión. Las paredes absorbían tanto el sonido como la energía espiritual, por lo que repentinamente se sintió solo. Pese a todo una sonrisa cruzó su rostro, ¿que tan idiota podía ser? Era evidente que esta vez, al contrario que la anterior, no estaba solo.
Comenzó a contar mentalmente. Cuando llegó a un ké 1 la puerta de su celda se abrió abruptamente, no necesitó darse la vuelta para saber quien era la persona que estaba a apenas unos pasos de él.
—Ya pensé que no vendrías a por mí... ¿Están todos bien?
—Mn.
Pronto comenzó a notar como unas manos suaves desataban sus ataduras con parsimonia, como si no quisiese usar su propia espada y aprovechara a rozar cada centímetro de piel que pudiera. Wèi WúXiàn soltó una risita ante tal pensamiento y se dejó hacer.
Una vez estuvieron cara a cara su sonrisa se ensanchó.
Anteriormente ya había hablado sobre el aspecto de Lán WàngJī. Siempre vestido con túnicas de un color blanco impoluto y la cinta de su frente siempre recta, justo como su actitud. Después de todo este tiempo siguió pensando que su persona estaba de luto constante, con una cara sobria, casi aburrida y sin dejar ver la mas mínima intención de conversar. Sin embargo esta vez, incluso en la penumbra de la celda, pudo ver con claridad sus brillantes ojos dorados, el ligero temblor de su labio inferior, la tensión con la que agarraba a Bìchén; su preciada espada; y su postura rigida que flaqueaba en su dirección, como si quisiese atraparle al instante si se desmayaba.
Lo veía tan claro que su pecho comenzó a hincharse por la alegría.
—Estoy bien, Lán Zhàn. Vayamos con los demás.
Y algo se agitó en su interior al pronunciar su nombre, siempre lo había hecho.
Lán WàngJī asintió y recobró su compostura, guiándo a Wèi Yīng entre los intrincados pasillos del subsuelo de la Torre. A cada paso que daban, sonidos más terrorificos se escuchaban, poniendo a ambos cultivadores en tensión.
Al llegar al vestíbulo, ante el horror de ambos hombres, una batalla parecía revivirse. Justo como hace tantos años.
Notas al pie
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