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Taiju Week

Summary:

Copia de lo que subo en mi cuenta de twt para la Taiju Week de este año~~

Fechas: 17-07 al 24-07

Dia 1: Tiburón | Natación
Dia 2: Cambio de género | Cambio de edad
Dia 3: Música | Ropa Ajustada
Dia 4: Cocina | Ambiente familiar
Dia 5: Magia | Criaturas Fantásticas
Dia 6: Agresión | Tortura Psicológica
Dia 7: Piratas o Nórdico | Alergias
Dia 8: Libre

https://twitter.com/TaijuWeek

Notes:

Iré actualizando los tags conforme vaya actualizando los días, y además haré aclaraciones en cada cap.

Chapter 1: Otro Tiempo

Summary:

Día 1: Soft Tangry, fluff.

Sumary: Dónde Taiju recuerda un encuentro de casi otra vida.

Chapter Text

Era la primera vez que iba a ese lugar solo. Le gustaba la oscuridad de la habitación, cómo absorbía todo: la luz de las otras habitaciones, los ruidos del mundo. 

Quería esa paz, necesitaba ese silencio, esa alienación.

Esa palabra que no conocía del todo, pero sentía que le iba tan bien para el momento, para él.

¿Sabían sus hermanos? ¿Entendían qué estaba pasando en su casa? ¿Por qué no lo hacían? No era tan difícil ver que mamá estaba enferma y papá estaba desesperado.

Le habían dicho que tenía que tener paciencia, que tenía que ser un buen hermano y cuidar de ellos hasta que mamá y papá regresaran, y todo volviese a ser cómo antes. 

Él no era tonto, sabía que las cosas no iban a volver a ser como antes. Sabía que las cosas después de algo tan grande no serían… no serían normales.

No serían como antes, nunca más.

El pequeño Taiju ya no podía mirar con el mismo amor a sus hermanitos.

Tan chiquitos, tan divertidos, tan suavecitos y desprotegidos.

Él ya no podía ser el hermano valiente y responsable que los cuidaría. ¿Cómo podía serlo si ellos no ponían su parte?

No tomaban en cuenta que tenía su corazoncito y su frustración, que a él le dolía también la ausencia de mamá, que extrañaba las complicidades de papá. Las sorpresas y los viajes, las risas y los abrazos.

Él también quería mimos, quería abrazos y besos y que alguien se ocupara de él como él debía hacer con ellos.

Él también era un niño indefenso que necesitaba amor.

-¿Por qué estás triste?

La vocecita era infantil, suavecita como algodón de azúcar y dulce como caramelo derretido.

Era simpática, inocente.

Taiju no pudo evitar darse vuelta para encontrarse con una pelusita de rizos celestes, mirándolo con enojo. 

No, frustración.

No, ¿ofendido?

¿O era preocupación?

Tenía los ojos grandes, rojos. ¿Había llorado? ¿O le intimidaba hablar con desconocidos?

Taiju lo observó. Lo vio abrazando un tiburón enorme, de peluche, de un rosado crema simpatico, aunque no sería su elección de color si tuviera uno.

-¿Estás perdido? -volvió a preguntar.

A Taiju le costó una vida encontrar una manera de responderle.

-No, solo quiero estar solo.

-Oh.

La vocecita era tierna, incluso. Emitía una compasión que no coincidía con su carita enojada, pero se le hacía tierno.

-¿Te molesto? -Taiju no pudo responder de inmediato, así que prefirió el silencio-. Puedo dejarte solo si lo necesitás.

-No… -musitó entonces, aunque no estaba seguro del todo-. Si necesitas quedarte… Está bien.

Lo escuchó suspirar, quizás de alivio, pero no se atrevió a mirarlo de nuevo.

-Este lugar me calma.

-A mí también -confesó el niño bajo la luz oscura.

El silencio se prolongó por un rato largo, lo suficiente para que dos niños extraños pudieran encontrar confort en el otro, en ese silencio.

-¿Te gustan los tiburones? -preguntó Taiju al cabo de unos momentos largos. El niño lo miró, y volvió la vista al peluche.

-Me dan miedo -confesó, y acarició con un dedo los colmillos de la tela del peluche-. Mi hermano dice que si se ven así de tiernos no debería darme miedo… pero…

Lo vio encogerse de hombros y devolverle la mirada.

Taiju lo pensó durante unos momentos largos.

-Un tiburón nunca nos comería… no les gustamos.

-Pero las películas…

-Mienten -expresó Taiju con cierta duda, intentando buscar las palabras adecuadas para que el niño pudiese entender-. No somos ricos para ellos. Supongo que podrían comernos si  no hay nada más en el mar… pero el mar es inmenso ¿sabes?

El niño asintió, con cara de saber que eso entendía.

-Además, ¿sabes que hay más ataques de mordidas de humanos que de tiburón en un año? Que se registran al menos, aunque no sé cuántas deben ser exageradas. Los tiburones son fuertes. Son guerreros, por eso parecen malos, porque tienen que defender. Tienen que parecer malos para que los otros le tengan miedo.

-¿Si? -El niño parecía realmente interesado y emocionado por el entusiasmo del que parecía ser el mayor de los dos. Tanta seguridad y confianza de hablar en algo que le gustaba.

-¡Si! Y no te imaginas la piel que tiene… y los colmillos.


Era esa misma mirada, difícil de leer, fácil de reconocer… era el mismo niño de aquella vez.

Ese mismo chico que ahora estaba atendiendo sus heridas después de semejante batalla.

Y no lo hacía mal, solo era… distinto.

Era la misma mala cara, pero concentrado en su trabajo.

-Todos esperan a que los cure -comentó en un suave susurro cuando notó que Taiju lo miraba fijamente.

Este solo levantó las cejas, poco interesado.

-¿Ah sí? -inquirió. Suponía que estaba bien hacer un poco de conversación, aunque sea cordial. Sus heridas no eran severas o peligrosas, pero sí estaría un rato con él. Era normal que el adolescente quisiera hablar en algún momento.

-Hmm Hm… traté varias veces las heridas de tu hermano -comentó con aire pensativo.

-¿Y qué hay con eso?

-Tienen la misma piel, aunque vos parecés más intimidante.

-¿Parezco?

El chico se alejó un poco, dejando las pinzas con la gasa húmeda para mirarlo seriamente.

Hubo silencio entre ellos.

Mitsuya, que estaba cerca, percibió aquél ligero cambio en el aire y, solo por precaución o costumbre, levantó su guardia frente a cualquier eventualidad que pudiese ocurrir, mientras seguía hablando con otros miembros de la Toman.

Sabía que Taiju no era malo, pero era brusco, y si lo combinabas con el hermano demoníaco que Souya tenía cuidando sus espaldas y que siempre atento de que su hermanito no se metiese en problemas o incidentes… Pues bien, era una fórmula para el caos.

La sonrisa fija de Nahoya mientras se hacía muy mal el distraído pero no dejaba de seguir con atención el intercambio de aquellos dos, era confirmación suficiente.

-Vi tu peluche rosa de tiburón -resolvió Souya Kawata con simpleza antes de volver a humedecer la gasa y seguir limpiando con paciencia las heridas.

Taiju parpadeó varias veces.

-Hace unos meses, cuando Hakkai me invitó aquí a jugar videojuegos -continuó, mientras los ojos afilados de Taiju lo seguían con curiosidad-. Lo vi al pasar. 

Y luego, para sorpresa de Taiju, no tardó en agregar:

-A nadie que le gusten tanto los tiburones puede ser tan malo.

Taiju lo observó. Ambos mantuvieron su mirada.

El mayor de los Shiba soltó una risa estruendosa, de las suyas.

-Ya veo, ya veo -festejó, para sorpresa de varios presentes-. Tenés buena memoria, también.

Souya asintió, con una ligera sonrisa. La primera que veía en él, completamente diferente a la del hermano gemelo que tenía.

-Mira a dónde nos han llevado los caminos… -suspiró Taiju, cruzándose de brazos y cerrando los ojos.

-No muy lejos, aunque creo que te desviaste un poco.

Taiju ahogó una risa.

-Estoy feliz de haber compartido un campo de batalla contigo, aunque no hayamos peleado al mismo tiempo -confesó Souya, mientras dejaba las pinzas de lado para cambiar la gasa-. Es un honor tener a un tiburón como compañero.

-Si lo decís…

-Bastante seguro, sí -continuó Souya.

Aquellos dos seres tan dispares continuaron hablando, con un poco más de confianza y complicidad de la que cualquiera podía haber anticipado de aquellos dos.

-No pensé que Angry fuese un perro verde -comentó Mitsuya, rato después, acercándose a Smiley, quien seguía con la mirada atenta en su hermanito, aunque parecía realmente relajado.

-Y yo pensé que el hermano de Hakkai sería peor… -comentó admitiendo su igual sorpresa-. Pero supongo que Angry puede sacar lo mejor de todos.

Los dos capitanes se sonrieron y estaban por cambiar de tema cuando la voz entusiasmada de Angry volvió a llamarles la atención.

-Entonces es verdad que tenés peces.

-Varios, sí. -Taiju guardaba una paciencia que solo Mitsuya sabía que no era usual en él; aunque su fama lo alababa por impaciente y desmedido, esa tranquilidad con la que uno podría confundir su calma antes de la tormenta sonaba completamente distinta a otras-. ¿No viste las fotos?

-¿Las de la pared son tuyas?

-Bueno, sí, los que tuve desde los diez años… Algunos murieron.

-¿Pero tenés?

-Sí, varios. 

-¿Dónde?

Taiju se encogió de hombros, y pudo ver la emoción en los ojos del más bajito de los dos. Hubo una anticipación en la respuesta, una degustación del momento, y una sonrisa que parecía decir mucho más de lo que pretendía.

-En mi casa, ¿Querés ir a verlos?

-¡Ah! ¿Puedo? ¡Me encantaría! Puedo darte mi número para arreglar ir alguno de estos días y…

El aire alrededor de Nahoya cambió considerablemente y Mitsuya solo puso sonreír haciéndose el tonto, aunque sabía de sobra lo que iba a salir de los labios del mayor de los Kawata.

-Mitsuya, dile a tu amigo, socio, lo que sea, que no se haga el listo con mi hermanito porque sino voy a tener que acomodarlo -la advertencia bastante explícita del mayor de los Kawata hizo al segundo capitán de la Toman suspirar.