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Español
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2022-07-18
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9,925
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PLAN C

Summary:

Perdidamente enamorados y súbitamente comprometidos Vegeta y Bulma, dos de los herederos de las familias más poderosas de la Tierra lucharán por librarse de un indeseado matrimonio arreglado.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Después de un vuelo con algo de turbulencia el avión descendió lentamente, las pocas personas a bordo, acostumbrados al trayecto, no se alteraron demasiado. Vegeta miró a la pista de aterrizaje a través de la ventana y pudo ver, a pocos metros de la pista, el auto negro de su padre. Se giró fastidiado y cruzó su mirada con una de las asistentes de vuelo, que venía a decirle que en unos minutos podría bajar. Suspiró cansado y odió lo que su familia quería hacerles, a él y a ella; odió la estúpida necesidad que tenían de manejar la forma en la que el mundo los veía; odió el avión privado en el que estaba y el auto que lo esperaba al bajar. 

 

Agarró su abrigo y caminó hacia las escaleras cuando fue el momento, vio a su progenitor esperándolo, apoyado en la puerta trasera del vehículo. Se miraron fijamente, con seriedad incluso, hasta que el mayor le sonrió extendiendo sus manos hacia el frente.

 

—¿Listo para esto, muchacho? — Preguntó aparentemente divertido.

 

Vegeta se detuvo por el comentario y levantó una ceja con molestia. Sinceramente, él había creído que la idea de comprometerlos era solo una amenaza vacía, tanto como las anteriores que buscaban separarlos o enviarlos a lados contrarios del mundo. Nunca creyó que se atrevieran a pasar de eso, pero lo habían hecho y ahora él subía al auto con el hombre que había iniciado todo.

 

—¿Por qué tan callado?¿Tuviste un mal vuelo?— Cuestionó con una sonrisa ladina una vez que ambos se habían acomodado.— Vamos, nos están esperando.

 

—No puedo creer que se atrevieran. — Afirmó con distancia mientras el chófer arrancaba.

 

—¿De qué hablas, hijo? Solo nos adelantamos a algo que de todos modos pasaría.— Respondió tranquilo.— Era el momento adecuado y la familia Briefs no se negó.

 

—Era el momento adecuado para buscar una forma de desviar la atención de la estafa en la que se metieron.— Mencionó indignado.— Somos la bomba de humo que necesitan para salir del lío en el que se metieron por no saber leer un simple contrato.

 

—No sé de qué me hablas, Vegeta.— Contestó, perdiendo parte de su actitud abierta.— Solo estamos ayudándolos a tomar un poco más de rumbo, era lo mejor para ustedes.

 

—Aprovechar que estoy lejos para entregar un anillo y publicar en todos los medios que nos casaríamos no es tomar rumbo.— Reprochó con veneno.— Bulma no quiere esto, yo tampoco.

 

—Tomar rumbo es aprender a sacrificar ciertos caprichos.— Aseguró molesto.— Ustedes no tenían la intención de separarse, pues bien, no se separen, pero al menos únanse bien.

 

Ni siquiera quiso hablar de vuelta, en su lugar sacó su teléfono del bolsillo y le envió un mensaje a su ahora prometida. Esperó por varios minutos una respuesta, pero nunca llegó. Muy en su interior se desilusionó, creyendo que no la vería hasta la noche y que no tendría el tiempo que quería para saludarla después de los cuatro meses que habían estado separados. El auto se detuvo frente a una pastelería antes de que el conductor les indicara que habían llegado a su destino.

 

Ambos bajaron y Vegeta un poco confundido cruzó la puerta del lugar, encontrándose con pisos de mármol, trabajadas paredes bermellón y ramos de flores que no opacaban en nada el olor exquisito de los mil tipos de pan, hojaldres y pasteles que se horneaban. Distinguió las mesas, tan elegantes como el resto del lugar y se fijó en la mujer de cabello azul sentada en una de ellas, rodeada de varios pasteles, retazos de telas y bolsas de ropa. No pudo evitar sonreír de forma sutil cuando ella lo miró y sus ojos turquesa brillaron al tenerlo en frente.

 

—¡Ahí estás!— Saludó feliz, levantando sus brazos y buscando una forma de levantarse sin que las bolsas se lo impidieran.— Llegué a creer que el avión había sido secuestrado.

 

— ¿Esa es tu forma de saludar a tu prometido?— Preguntó la compañía de Bulma.— Bienvenido, cuñado.

 

Tights no pudo imaginar lo incómodo que fue ese momento para Vegeta, de alguna manera, esas simples palabras lo molestaron y no solo a él, porque su novia miraba a su hermana con resentimiento. 

 

—Un placer verlas, señoritas.— Interrumpió el mayor de los Ouji.— Se ven hermosas.

 

—No es novedad.— Respondió Bulma de la manera más adecuada posible.

 

—Me alegra que hayan llegado a tiempo para decidir el sabor del pastel.— Comentó la rubia disuadiendo la atención del comentario de su hermana menor.— Hay varias opciones. Bulma, mueve tus cosas para que puedan sentarse.  

 

—¿Disfrutaron sus compras?— Preguntó el padre de Vegeta desabrochando el botón de su abrigo para poder sentarse cómodamente junto a Tights.

 

—Claro…—Alcanzó a responder ella antes de que Bulma hablara, mirándolo desafiante.

 

—Compramos lencería.— Detalló, buscando una reacción negativa del hombre que últimamente trataba de parecer lo más encantador posible. Cuando vio que sus ojos se abrieron y que su mandíbula se tensó levemente, sonrió satisfecha. Vegeta disfrutó  el comentario, cruzó miradas con ella y desocupó el lugar a su lado con rapidez.

 

—Bueno,— contestó el hombre maduro—Me alegra que no hayas perdido el tiempo. Veo que con el esfuerzo que haces serás una buena esposa.

 

La sonrisa de triunfo de Bulma se evaporó al instante, maldijo mentalmente a su suegro de todas las formas que pudo imaginar, sin saber muy bien qué hacer, quiso un cambio de tema. Se fijó en su novio y obtuvo un poco de calma, tenía un aliado en esa mesa, con eso era suficiente. Trató de sonreír de nuevo para no darle la victoria a ese comentario que se clavaba en su pecho como una daga, pero no podía evitar que la ira y la frustración llenaran su garganta hasta el punto de dejarla sin aire. Indignada bajó la mirada antes de hablar de nuevo.

 

—Creí que no nos veríamos hoy.— Comentó a Vegeta, acercando su mano delicadamente a la suya, decidida totalmente a no determinar a su hermana y a su suegro.— Ni siquiera me avisaste que habías llegado.

 

—¿Dónde tienes la cabeza?— Preguntó burlonamente mientras sacaba su celular para mostrarle el mensaje que le había envíado unos minutos antes. Dejó el aparato en la mesa y vio que ella lo tomaba para poder marcarse a sí misma. Otro teléfono sonó en la mesa, bajo una de las gruesas telas de muestra.

 

—Está aquí.— Señaló Tights moviendo la tela para pasárselo a su hermana.— Bajo el Delirio champaña.

 

—Es un bello color.— Reconoció el hombre junto a ella, acariciando el lienzo pálido con finos y dorados bordados, sin esperar que su hijo y su nuera se miraran para retarse el uno al otro para no perder la compostura y reír.— ¿No lo crees, hijo?

 

—Debo hacer una llamada.— Respondió oportunamente después de tomar su teléfono. Se levantó y caminó hacia la parte trasera del lugar, dejando a la rubia desconcertada, a su padre molesto y a Bulma con ganas aún mayores de reírse. 

 

Para evitar que el ambiente se volviera más hostil, la peliazul tomó un tenedor y probó uno de los pasteles.

 

—Este me gusta.— Admitió, deslizando el plato para que pudieran probarlo.

 

—Es de fresa.— Dijo Tights con obviedad sin siquiera degustar.— Algunos invitados son alérgicos.

 

—Puede haber otro sabor para ellos.— Propuso indispuesta.

 

—Lo ideal es un solo sabor para todos,— declaró sin querer ceder ante su hermana— es protocolo.

 

Bulma se mordió la lengua, desvió la mirada con fastidio y recordó por qué no podía permitir esa farsa. Se desesperó, sintiendo incluso que su cuerpo no le pertenecía. Simplemente esa no era ella, aquella chica que permanecía callada y ella en nada se parecían. Su teléfono vibró tres veces, se enderezó y se preparó para retirarse unos minutos.

 

—Debo ir al baño.— Manifestó con evidente distancia.— Disculpen.

 

—Lamento esto.— Reconoció Tights a su socio cuando su hermana se había ido.— En serio, lo lamento.

 

—No te preocupes, querida.— Desestimó tranquilo acercando otro pastel.— Siempre han sido unos testarudos los dos, solo debemos esperar que después de la boda aprendan a sentar cabeza.

 

—¿Sabes que somos los malos de la historia, cierto?— Cuestionó, denotando el agotamiento que la consumía.

 

—Claro que sí,—respondió probando el postre— para ellos somos villanos que usan capas y bolas de cristal. — Tight lo escuchó y suspiró cansada.— No dejes que te afecte, estamos haciendo lo que todos necesitan.

 

Por su parte, Bulma había entrado al baño para poder respirar en paz. Sentía tanta presión que una lágrima comenzaba a desbordarse sin meditar que su orgullo no se lo permitiría, tomó un trozo de papel y lo acercó lo suficiente para capturarla. Salió al pasillo y fue arrinconada contra la pared por el cuerpo macizo y cálido de Vegeta, que la sujetaba contra el muro con suavidad. Su código nunca fallaba, esos tres simples mensajes que ella ni siquiera necesitaba leer para entender eran lo que ella esperaba para poder escapar de esa mesa. Rodeó su cuello con devoción, lo acercó a ella y sintió su respiración tan cerca que no pudo esperar más para besarlo. Sus labios se enredaron con lentitud y fueron subiendo el ritmo hasta que el aire se hizo indispensable. Mientras se alejaban unos centímetros, Bulma puso sus manos en el rostro de su pareja y movió su cabeza para que su frente chocara con la de él suavemente.

 

—Te extrañé.— Confesó emotiva.

 

—Hablamos todos los días.— Refutó Vegeta sin soltarla.

 

—Pero no estuvimos así todos los días.— Dijo antes de besarlo de nuevo.

 

Ninguno de los dos podía explicar cómo, aunque mutada, la sensación eléctrica que los recorrió en su primer beso se mantenía. Era atípico, casi irreal incluso, pero se sentían unidos por algo más trascendente que la carne, que los besos dulces que se repartían con intensidad o que el latido acelerado que rugía dentro del pecho de cada uno. Ella quiso llorar y él quiso abrazarla y no soltarla de nuevo jamás. 

 

—De verdad te extrañé.—Admitió una vez más, recostándose en su pecho para que el llanto no fuera demasiado obvio. En respuesta, Vegeta acarició su cabeza, alejó un poco a Bulma para limpiar sus lágrimas y besó su frente. Ella trató de tranquilizarse, tras unos segundos emitió un risa suave mientras tomaba unos centímetros de distancia.— No recuerdo que hayamos estado tanto tiempo separados como esta vez.

 

—En el internado.— Afirmó él, sin el más mínimo deseo de alejarse.— Un año después de conocernos, hicimos que el laboratorio se llenara de espuma, Freezer nos descubrió y le recomendó a mi padre enviarme a un Templo al otro lado del continente por seis meses. Esta vez solo nos separamos cuatro.

 

—Olvidé eso,— comentó— también te extrañé esa vez.

 

—¿En serio? Porque cuando regresé eras la novia de alguien más.— Bromeó mientras acomodaba uno de sus mechones azules tras su oreja.

 

—¡Superalo!— Recriminó divertida.— ¿O quieres que yo mencione a tus queridas exnovias?

 

—Sabes que nunca hubo otra novia.— Dijo él.

 

—Tu mamá no me ha dicho lo mismo.— Atacó, disfrutando el gesto sorprendido de su novio, acercándose de nuevo, enredando sus dedos en el cabello azabache y murmurando cerca de sus labios .— Yo no sabía lo de la prima de Zarbon, pero bueno, al menos los dos ya sabemos conocemos bien a esa familia.

 

—Mi madre no sabe de lo que habla,— declaró indignado, avergonzado por saber que ahora ella sabía del desliz que había tenido hace años cuando terminaron por unos meses, aunque, siendo justos, ella también había cometido el mismo error, con nada más y nada menos que la mano derecha de Freezer. — ni siquiera voy a insistir en este tema.

 

—Ella se parece en algo a mí,—reconoció susurrando ahora cerca de su oído.— ¿Fue por eso que la sedujiste?

 

—Dije que no iba a insistir,— respondió incómodo, tratando de disuadir la situación, fue entonces, que la tomó con más fuerza, con una mano en su espalda y la otra bajando sensualmente desde su cadera hasta sus glúteos. Invirtió los papeles y fue él quien decidió murmurar en su oído.—Pero si quieres saber cómo seduzco, podría demostrártelo una vez más.

 

No esperó respuesta, solo la besó con la pasión contenida que las llamadas o los mensajes no pudieron aplacar en esos cuatro meses de lejanía, sentía que su cuerpo era enceguecido por el deseo, la temperatura se elevaba y cuando lo único que pensó fue proponerle que encontraran una forma de salir de allí su teléfono vibró dentro de su bolsillo. Quiso ignorarlo para continuar con el contacto, pero Bulma se separó lentamente, respiró un poco y tomó el rostro varonil de Vegeta entre sus manos.

 

—Esta noche en mi casa.—Invitó con algo de agitación.— No puedo estar tranquila con el hombre al que llamas padre cerca y no creo que tú quieras que Tights nos encuentre así.

 

—¿Vas a mostrarme lo que compraste hoy?— Preguntó con picardía.

 

—¿Tú qué crees?— Contestó guiñando un ojo.

 

Al pasar de los minutos, Tights comenzaba a inquietarse, creando decenas de escenarios imaginarios en los que la pareja arruinaba todo el esfuerzo que ya habían invertido en el evento. Ahora que el novio había llegado las cosas se complicaban. Ella lo sabía, entendía que aunque individualmente su hermana se defendía a capa y espada, habían neutralizado un poco ese ánimo de lucha, sin embargo, con Vegeta a su lado podrían encontrar un obstáculo aún mayor. Pensó en levantarse para buscar a su hermana y traerla de vuelta, pero eligió el camino más prudente, simular que no estaba nerviosa.

 

—Creo que están tardando mucho.— Mencionó tomando un trozo de pastel con el tenedor.

 

—Deben estar besándose en algún lugar.— Respondió con total tranquilidad su socio, haciendo que sus ojos se abrieran.—¿ No creerás que podrían resistirse después de tanto tiempo, o sí? Debes relajarte, querida Tights.— Aconsejó paternalmente, abrazándola suavemente. —Ellos ya no son niños y jamás fueron santos, te sorprendería la cantidad de cosas de las que me enteré mientras estaban en la academia. 

 

—Ni siquiera me lo digas.— Dijo pasando una mano por su rostro.

 

—Está bien, pero te advierto que muchas de esas cosas me divirtieron mucho,— confesó— otras no tanto. Ese par es complicado.

 

—La primera vez que te vi en el pasillo, afuera de la oficina de mi padre sentí terror,— recordó la rubia— eras idéntico a Vegeta y temí que hubiera pasado algo grave.

 

—¿A qué viene el recuerdo? —Preguntó divertido.

 

—Ese día escuché lo que dijiste a través de la puerta,— continuó— dijiste que sabías que tu hijo y Bulma tenían un romance y que se veía serio. Mencionaste que solo había una solución para eso.

 

—Ahora entiendo porque me temías.— Reconoció antes de levantar la mano para llamar a una camarera. — Honestamente, creí que tu padre se preocuparía tanto como yo, pensé que se le ocurriría todo lo que podría salir mal, pero no lo hizo, solo me dijo que en realidad habían dos soluciones. Jamás creí que uno de los hombres más ricos de la Tierra fuera capaz de decir algo tan tranquilamente, yo iba dispuesto a que se uniera a mi plan para separarlos y él solo me dijo que no fuera tan estricto. —Narró, hasta que la mesera se acercó a la mesa.— Trae un café y un té de manzanilla.

 

—Tú también sabías que había otra solución.— Debatió Tights tras unos segundos de distracción.

 

—Claro, pero no podía decirlo hasta el momento preciso.— Aclaró.— Buscaba que tu padre supiera que yo quería que terminaran, porque, en verdad, no quería que Vegeta se involucrara con una mujer como tu hermana.—Admitió sin pudor.— Cuando Freezer me contó de ellos dos me describió una pareja capaz de formar el fin del mundo, inteligentes, caprichosos y valientes; honestamente, no creo que se equivocara al describirlos. ¿Qué se supone que debía hacer entonces? Ambos se conocieron en una academia para los hijos rebeldes y revoltosos de familias pudientes, eran una bomba de tiempo.

 

—¿Cómo se sintió que tu plan, verdaderamente maligno, por cierto, no funcionara? — Cuestionó más relajada, burlándose de la intangible característica que los dos compartían, la necesidad del control diplomático.  Antes de oír la respuesta, la elegante señorita que los atendió previamente se acercó con una bandeja en la mano y una sonrisa amable en el rostro dirigida a Tights que fue capaz de sonrojarla. 

Puso las bebidas en un espacio vacío de la mesa sin dejar de mirarla y se retiró cuando el hombre mayor le agradeció.

 

—Siempre me ha gustado la eficiencia de este lugar, supongo que a ti también, por algo vienes tan a menudo.— Comentó el padre de Vegeta, que notaba como los ojos de Tights se dirigían tímidamente al camino por el que se había marchado la mesera. Dio unas palmaditas en su espalda y sujetando su taza humeante de café sin azúcar se permitió una última confesión esa tarde.— Respondiendo a tu pregunta, querida, no lo tomé muy bien. Cuando noté que no se separarían me molesté hasta un punto que nunca había conocido como padre, no imaginé que eso me ayudaría a conocer a una nueva hija.— Dijo antes de tomar un sorbo de su bebida, sabiendo que Tights estaría aún más sonrojada, sin embargo, era cierto, porque en el vaivén de no saber qué pasaría con la vida de su hijo y cómo eso lo afectaría a él, la familia y a la empresa, encontró a esa mujer que conservaba un poco de la esencia de una niña dispuesta a aprender. Tights se había ganado un lugar en su vida como la hija que no había tenido nunca, la había acompañado desde que sus empresas se asociaron y en ese punto, en el que debían arreglar el problema en el que se habían metido, él no podía sentirse más orgulloso. Pensó en abrazarla de nuevo para confortarla, hasta que vio cómo su hijo regresaba. No le costó, con solo darle una mirada superficial, notar que su semblante había cambiado, pensó que seguramente, después de ver de nuevo a su novia de toda la vida algo en él había descansado. Le sonrió sutilmente, sabiendo que la joven pareja debía odiarlos y mantuvo su sonrisa cuando vio a la peliazul acercarse de nuevo.

 

—Me alegra que ya estén los dos aquí,— reconoció Tights aliviada, abriendo una de las carpetas con telas de distintos colores.— Estaba pensando en que el Delirio champaña combinaría con el tono malva para las mesas ¿Qué piensan?

 

Vegeta la miró con prepotencia, indignado con el aparentemente despreocupado descaro con el que se atrevía a preguntarles.

 

—No funcionaría jamás.— Afirmó sin cavilar , consternando a la rubia y por ende, a su propio padre.

 

—No creo que les importe si funciona para nosotros o no.— Murmuró Bulma, tomando de nuevo el pastel de fresas que tanto había disfrutado. 

 

El mayor de los presentes contuvo la respiración unos segundos y exhaló con toda la paciencia que pudo reunir dentro de sí. Tomó un sorbo de su café antes de hablarle a la peliazul para amenizar ese caótico encuentro.

 

—Sabes, querida Bulma,  Tights y yo pensamos que no estaría mal que el pastel tuviera dos sabores, —concilió diplomático mientras todos en la mesa lo miraban— podríamos escoger el de fresa que te gustó, reconozco que tienes buen gusto.

 

Los más jóvenes no tardaron en reconocer la estrategia del falso y comprensivo discurso, Vegeta rodó los ojos y Bulma miró la hora en su teléfono, esperando que la arcaica tortura de pretender que la escuchaban se detuviera pronto.

 

—Siendo así, — dispuso Tights con eficiencia, acomodando los postres en una línea— tendríamos que escoger uno de estos, el diseño y los colores para terminar por hoy.

 

—Creo que con escoger el otro sabor es suficiente.— Habló Bulma, cansada de tener a su hermana y a su suegro cerca. Acomodaba los nombres de los elegantes pasteles frente a ella, como si los fuera descartando uno a uno e impulsada por el hastío se recostó en el brazo de su novio antes de hablar  sarcásticamente.— ¿Crees que tengan un sabor que se llame ‘Triunfal boda arreglada’?

 

—Podríamos pedirlo.— Respondió él, gustoso de seguir el juego.— Sería una edición especial.

 

La rubia se encogió de hombros, tratando de tolerar que su cuñado no se esforzaría en ocultar lo mucho que ella le fastidiaba; no podía negar que le dolía, ella nunca quiso ser la bruja cruel en la historia de su hermana, pero no entendía por qué era un problema su matrimonio, ellos habían estado juntos desde la academia que ella misma recomendó para Bulma, se adoraban el uno al otro como ella siempre quiso ser adorada, tenían la oportunidad de tener una boda digna de un cuento de hadas que incluso tenía protocolos de la realeza y aún así trataban de negarse a algo que de todas formas harían tarde o  temprano, ni siquiera pensaban en que casarse era lo que sus familias necesitaban para salvar su reputación. ¿Por qué era tan difícil hacer un mínimo esfuerzo?

 

—Es mejor si hacemos esto otro día, pensándolo bien. — Replanteó Tights con la taza de té en sus manos.— Tu madre debe estar esperándote, Vegeta. Nosotras deberíamos ir a casa a dejar todas estas bolsas también

 

—Creo que todavía tenemos tiempo.— Dijo con firmeza su socio, frunciendo las cejas y comenzando a perder la compostura. No quería ver a su protegida avergonzada por actuar con la madurez que ese par parecía no tener todavía, se dispuso a imponer sus términos hasta que, con una sola mirada, Tights le indicó que permitiera que ellos ganaran en esa ocasión. Molesto, se levantó, puso una mano en el hombro de la rubia a modo de despedida y observó a su nuera y a su hijo con severidad.— Hasta mañana, Tights. Hasta mañana, Bulma. Espero que descansen. 

 

Ante la frialdad del ambiente Bulma solo asintió a modo de despedida para su suegro, consciente de que no perdería la oportunidad para reprochar sus comentarios. Sintió que Vegeta se movía, entonces se alejó para dejarlo levantarse. Él le extendió una mano para ayudarla a incorporarse, ella la sostuvo sin dudar, sonriendo coquetamente antes de besarlo brevemente en los labios.

 

—Nos vemos esta noche.— Aseguró Vegeta.

 

Ella le guiñó un ojo en respuesta y lo vio retirarse, repasando ansiosamente su espalda ancha, sus piernas firmes y su firme trasero. Una vez lo perdió de vista se giró a la mesa para tomar su teléfono y llamar a su conductor designado, otra de las cosas que le habían impuesto en los últimos meses. Miró a su hermana, que bebía de su té con una mirada triste y se sintió culpable por no poder desear esa  boda con la misma intensidad que ella, sin embargo, aunque lo había intentado, no podía. No salía de ella aceptar el teatro que habían formado a su alrededor, no cabía en su imaginación que su suegro de repente sacrificara de su valioso tiempo en arreglar que sus familias se unieran formalmente cuando por años se había sentido rechazada por él, por su esposa y por el código anticuado de su casi desvanecida sangre real. No podía desearlo, porque no quería que la hipocresía del mundo que la rodeaba se escabullera entre ella y el hombre que consideraba el amor de su vida, temía que su matrimonio extinguiera la llama de la rebeldía que los había unido en un principio, entre muchas otras cosas.

 

—Yajirobe estará aquí en menos de dos minutos.— Comentó Bulma juntando las bolsas más importantes y recogiendo las dispersas muestras de tela, hasta que Tights la detuvo suavemente.

 

—Deja eso aquí,— sugirió— me quedaré un rato más.

 

—Como quieras.— Aceptó sin preguntar nada más.— Nos vemos en casa.

 

Tomó cuatro de los paquetes que envolvían las pocas cosas que había comprado con entusiasmo ese día y se dirigió a la puerta. Algo dentro de su corazón le decía que podía quedarse con su hermana un rato más para animarla un poco, pero el resentimiento pesaba más, porque ella creía que la rubia  merecía sentirse culpable, aunque no se sintiera capaz de decirlo en voz alta. Pasó junto a la mesera que las había atendido esa tarde y le agradeció sin dejar de caminar. Antes de pasar el umbral de la puerta se asomó sigilosamente por la ventana que daba a la calle para confirmar que no habría ningún insistente periodista esperándola para hurgar en su vida privada; por suerte, en lugar de eso, vio el auto de Yajirobe estacionándose frente a la acera. 

 

—Tendrás que volver por Tights en un rato.— Señaló mientras subía al vehículo. 

 

—¿Se quedará hablando con la linda chica de siempre?— Preguntó curioso, mirando a la peliazul por el retrovisor.

 

—¿Hay una chica?—Preguntó emocionada.—¿La has visto antes?

 

—Olvídalo, — corrigió rápidamente— supongo que va a quedarse comiendo pastel.

 

—¿Sabes algo que yo no?— Cuestionó entrecerrando los ojos.

 

—En absoluto.— Mintió, antes de señalar otro vehículo— Pero sé que ese es el auto en el que debe ir tu novio.

 

Velozmente, Bulma siguió la dirección que él le indicaba y confirmó que era cierto, el negro vehículo daba la vuelta en la esquina. 

 

—Tú solo arranca, entrometido.— Sugirió divertida, imaginando dos posibles situaciones, la primera, en la que su suegro recriminaba a viva voz a Vegeta y la segunda, la que en realidad ocurría, en la que ninguno de los dos hablaba.

 

De hecho, Vegeta observaba la ciudad a través del vidrio polarizado, esperando el momento en el que su padre comenzara a criticar sus acciones, pero nunca llegó. Una vez el auto se detuvo frente a su casa, su progenitor solo salió del vehículo. Él hizo lo mismo, no se interesó en tomar su equipaje y pasó el alto umbral para encontrarse con su madre del otro lado.

 

—Me hace feliz verte, hijo.— Saludó cordialmente la esbelta mujer, acercándose para depositar un beso en cada una de sus mejillas.— Espero que tu viaje haya sido provechoso.

 

—Lo fue.— Respondió algo irritado.— Más para ustedes que para mí.

 

—No me involucres en asuntos que no me corresponden.— Dijo pacíficamente.— Ya tengo demasiados problemas como para que me incrimines por algo que no hice, estoy hasta el cuello de trabajo y ni siquiera he tenido tiempo para detallar en tu matrimonio, espero que no sea un desastre, considerando que tu padre quedó a cargo de todo.

 

—Tuviste tiempo para contarle a Bulma cosas que debían quedar solo en el pasado.— Reprochó, sacando la espina que tenía desde que la peliazul le había dicho que sabía lo que pasó entre él y otra mujer.

 

—No puedo creer que estés molesto por eso.— Articuló desprevenida, riéndose por el reproche.— El tema surgió de la nada mientras ella y yo almorzábamos, de todos modos, Bulma nunca temió tanto que tú te enteraras de sus citas cuando terminaban. No seas dramático, preocúpate si se entera de algo así después del gran día.

 

—No sabes de lo que hablas.— Murmuró, caminando hacia las escaleras.

 

—Tu hermano llegará este fin de semana.— Informó despreocupada la pelinegra.— Ojalá no vuelva con un reporte de comportamiento como los tuyos.

 

El chiste no le causó gracia, más por el contexto que por el comentario en sí. Siguió con su camino hasta llegar a su habitación, abrió la puerta, tiró su abrigo sobre la cama y procedió a recostarse en el cómodo sofá cercano a la ventana. Una vez acomodado sacó su celular para llamar a la peliazul.

 

—Por Dios,— habló ella del otro lado de la línea— ¿No puedes estar cuarenta minutos sin mí?

 

—¿Cuándo almorzaste con mi madre?— Dudó con una sonrisa en los labios.

 

—¡Dijiste que no ibas a insistir con eso!— Exclamó sorprendida. — Ahora me arrepiento de haberte contado.

 

—Odio saber que sabes eso.— Admitió y prosiguió después de unos segundos, en los que podía jurar que ella había reído.— Si te sirve de alivio, al día siguiente me sentí sucio.

 

—Veg, no importa.— Tranquilizó.— Conozco bien la sensación, sé que no te gusta hablar de esto, pero, yo también me sentí sucia cuando me pasó. A veces somos idiotas de primera. 

 

Estaba a punto de responder cuando Bulma lo interrumpió con una pregunta.

 

—Pero, dime la verdad,— cuestionó—¿Cuántas veces pasó? Me refiero a, con ella, o con otras chicas, o lo que sea.

 

— No creas que voy a seguir hablando de esto.— Afirmó tan pronto como pudo.

 

— Está bien, confiésaselo al sacerdote antes de la boda.— bromeó— Si permitimos que haya boda.

 

—¿Me estás proponiendo algo? 

 

—Tú solo piénsalo… mañana, — sugirió — porque necesito que hoy resolvamos algunos asuntos pendientes.

 

—Si mi padre no me ha enviado al otro lado del mundo como castigo, dalo por hecho, mujer.— Aseguró mucho más relajado, antes de recordar que el regalo que le había traído de su viaje permanecía en su equipaje.— Tu hermana me quitó a mi papá, ahora es más de su bando que del mío.

 

—Ellos nunca han estado en nuestro bando.— Respondió, camuflando su decepción.— Y, para que sepas, tu papá me quitó a mi hermana.

—Deja de mentirte,— reconoció Vegeta, entendiendo secretamente sus emociones— nunca los tuvimos, tu hermana convenció a tus padres de enviarte a la academia y mi padre me dejó ahí tan rápido como pudo.

 

—Cuando me dices cosas así recuerdo por qué no quiero casarme.— Bromeó.— Gracias por traer de nuevo traumas de la infancia, sin embargo, no puedo quedarme hablando contigo, estoy preparando una noche apasionada e intensa y estás retrasando mis planes. 

 

Bulma cortó la llamada de forma repentina, pero él no se sorprendió, se limitó a descansar unos minutos. Escuchaba la forma en la que los árboles se movían con el viento e inhaló y exhaló para relajarse. El deseo de estar con ella de nuevo evitó que cayera en los brazos de Morfeo, más calmado decidió levantarse para cambiarse, pero su teléfono vibró, era su padre, diciéndole que quería verlo en su oficina. Gruñó y supo que toda la calma que había tratado de conseguir se había esfumado. Llegó de mala gana, abriendo la puerta sin tocar.

 

—Pasan los años,— dijo el mayor— pero no los malos hábitos.

 

—Creí que seguirías jugando al comprensivo e inocente suegro.— Comentó venenosamente.

 

—Te llamé para rendir cuentas sobre tu viaje y saber si lograste algún negocio.— Dijo, entrelazando los dedos de sus manos.— No para que me demuestres que tu arrogancia es más fuerte cuando estás en casa.

 

—Todo lo puse en el informe que envié esta mañana.— Defendió perspicaz, conocía esa vieja técnica, su padre quería molestarlo como venganza.

 

—Explícame ese informe.— Ordenó con una sonrisa ladina.— Te lo solicito como socio mayoritario, hijo, no hace más de un año y medio que te graduaste de la universidad, no olvides que no tienes la suficiente experiencia para actuar como quieras.

 

— Estás demasiado viejo para no saber decir las cosas de frente.— Respondió Vegeta, sentándose frente a él, dispuesto a seguir su juego.— Solo di que te molesta algo relacionado con Tights.

 

—Modera tus palabras, Vegeta. 

 

—Entonces, dejen de decidir por nosotros y concéntrense en resolver de verdad el problema en que nos metieron.— Argumentó con el mismo tono imponente y aplastante de su progenitor.— Lamento si tu protegida se resintió, debe tener todo el derecho a estar dolida, ¿A quién no le dolería si las personas a las que coacciona a casarse le reprochan?

 

— ¿Freezer daba clases de sarcasmo o eso lo sacaste de mí?— Preguntó con ironía.— No sé cómo hace Bulma para soportarte, o mejor, cómo se soportan el uno al otro; siempre poniéndose contra nosotros, incluso cuando queremos que se casen como ustedes bien saben que van a hacerlo. Solo se comportan como mocosos inmaduros, ni siquiera saben lo mucho que Tights se esfuerza en hacer lo que ustedes deberían y aún así se atreven a faltarle al respeto, a ella y a su esfuerzo.

 

—¿Ahora ella es una víctima?— Interrogó hastiado de la situación— Nadie le pidió que hiciera nada. 

 

Se quedaron en silencio, manteniendo sus oscuras miradas enfrentadas hasta que el menor trató de negociar.

 

—Todavía no es tarde, ya tuvieron la bomba de humo que necesitaban para cubrir la idiotez en la que se metieron.— Expuso seriamente.— Esta situación se puede arreglar, la boda puede cancelarse y podemos fingir que no pasó absolutamente nada.

 

—¿Abogas desde tu rebeldía o desde la de ella? Espera, ni me respondas.— Indicó, mostrando la palma de su mano a la mirada fiera de su primogénito— Vamos a abordar esto desde los posibles ángulos. En la primera perspectiva, cada vez que se han terminado, por sus peleas estúpidas o lo que sea, han regresado, porque se aman, en su forma extraña, por lo que no puede considerarse un vil matrimonio arreglado. Por un lado, si te negaras desde tu obstinación, no habría mayor problema, porque sería solo eso, obstinación; a ti te daría igual llevar un anillo o no, tu vida siempre ha estado más a su lado que aquí o con alguien más y ella puede pensar lo mismo sobre la suya. Pero por el otro lado,— propuso mientras se acomodaba en su silla— creo que te niegas más por lo que ella te dice que quiere; también puede ser porque se consideran indomables, lo admito. Sin embargo, es por Bulma que no aceptas esto. Si ella no quiere casarse, tú tampoco quieres, algo muy noble a su manera, si ignoramos que más allá de lo que quieran está lo que las familias necesitan.

 

—No es nobleza,— corrigió— es sentido común. Ni ella ni yo vamos a tolerar esto.

 

—No es que puedan hacer mucho al respecto, más que aprender a comportarse.— Afirmó, exhalando y guardando silencio por unos breves segundos.— Sobre Bulma, no sé cuál sea su problema con el matrimonio, pero si tanto le molesta puede ir a terapia después de la boda para tratar ese estúpido capricho de niña mimada que tiene en la cabeza, lo necesita.

 

Vegeta se levantó con un desagrado profundo, observó de soslayo al mayor y entonces se pronunció con determinación.

 

—No te atrevas a hablar de mi mujer así.— Advirtió, silenciando a su padre con altivez. Se levantó rápidamente, salió de la habitación con la respiración acelerada por la ira y se alejó tanto como le fue posible. Bajó las escaleras para confirmar que su equipaje estaba en el pasillo, lo abrió sin miramientos y sacó una pequeña caja. La guardó en el bolsillo de su pantalón mientras se dirigía al garaje donde descansaban algunas de sus motocicletas favoritas, abrió la puerta, tomó su casco y las llaves para arrancar. No le importaba ya si no había tenido tiempo de cambiarse, o si el casco alborotaba un poco su denso cabello negro, lo único que quería era llegar a ella para tranquilizar la impotencia que sentía. Una vez listo, aceleró, ignorando totalmente la forma en la que los guardias comentaban entre ellos algo sobre él, ya estaba acostumbrado a que siempre hubieran personas a su alrededor tratando de suponer qué pensaba, pero no estaba acostumbrado a sentir rencor hacia su familia con tanta intensidad. ¿Con qué derecho su padre juzgaba a su pareja por rebelarse contra algo tan bajo como una boda arreglada?  Veía la carretera frente a él, sintiendo la forma en la que el viento entraba en contacto con su piel, atravesando la fina camisa blanca y comenzó a comprender con mayor claridad, de ser posible, la postura de Bulma. Se sintió culpable por no haber estado junto a ella desde el inicio de ese circo, se arrepentía de no haber regresado tan pronto los comprometieron o de subestimar qué tan lejos estaban dispuestos a llegar. 

 

Si su progenitor había estado a la cabeza de todo, con su actitud prepotente y dictatorial, ¿Cuántos más de esos comentarios tuvo ella que soportar en esos meses? ¿Qué tanto daño había causado su propia sangre en el salvaje corazón de su novia? 

 

Pasados los minutos, Vegeta había llegado a la mansión en la que tanto tiempo había pasado. El portón principal se abrió rápidamente, invitándolo a pasar. Siguió un par de metros en su vehículo, se detuvo junto a la puerta principal y descendió con agilidad, acomodó su cabello y entró para buscar inmediatamente la habitación de la peliazul. Tocó la puerta y al no recibir respuesta pasó. A primera vista, el dormitorio estaba desordenado, nada que lo sorprendiera, habían varias prendas sobre la cama, música a todo volúmen y el sútil sonido de la ducha. Sin razonar mucho, sacó el pequeño obsequio de su bolsillo, lo puso sobre la mesa de noche y se desabotonó la camisa, así como se quitó el cinturón y los zapatos. Entró al baño para descubrirla bailando a través de la puerta de cristal. En otra situación, se habría quedado observándola, igual de embelesado que ahora, pero su mente no estaba funcionando como usualmente lo hacía; deslizó el panel de vidrio y apoyó una de sus manos en su espalda lentamente para no asustarla.

 

—¡¿Qué haces aquí?!— Cuestionó sorprendida después de girar hacia él.— ¡Casi me da un infarto!

 

El pelinegro solo la atrapó en sus brazos, deleitándose en un sentido casi instintivo con la sensación de su cuerpo contra el suyo.

 

—Hay que sabotear esta boda.— Comentó con absoluta convicción contra su oído.

 

—Creí que nunca me lo propondrías. Acepto. — Respondió feliz, besándolo vehemente, hasta que recuperó un poco la compostura.— Ahora, sal de aquí.— Solicitó.— No he terminado de arreglarme, cuando esté lista te envío un mensaje.

 

—No juegues conmigo.— Indicó, acercándose de nuevo a sus labios.

 

—Hablo en serio.— Determinó Bulma.— En mi armario hay algo de tu ropa, úsala si quieres.

 

Vegeta solo gruñó frustrado y salió de la ducha, se cruzó de brazos, apoyando también su espalda en la pared. La veía desnuda y supo, por los movimientos de su cuerpo, que ella trataba de resistirse a  él. Sus ojos negros delineaban toda su anatomía y su mente comenzaba a maquinar todo lo que quería brindarle esa noche, sin embargo la voz de Bulma interrumpió sus pensamientos.

 

—Cuando dije que salieras de aquí, — aclaró — me refería a en general. Y si tratas de hacerme cambiar de opinión con tu mirada de cazador, ríndete.

 

—Comienzo a creer que no me extrañaste tanto como dices.— Refutó divertido.

 

—Te extrañé tanto que preparé esta noche por semanas, no voy a arruinar mi idea tan pronto, Veg.

 

El pelinegro se resignó, se dio la vuelta y antes de salir escuchó un último comentario de su novia.

 

—Ahora que lo pienso, debes tener hambre.— Asumió mientras lavaba su cabello.— Puedes ir a la cocina por algo y de paso, para que yo no sea la única que se esfuerce aquí, puedes traer la botella de champaña y el tazón de fresas que puse por ahí.

 

Sin responder, cerró la puerta, respirando lentamente para detener la erección que le había causado Bulma. Esperó al menos tres minutos, sentado en la cama, escuchando cómo la peliazul cantaba del otro lado de la puerta. Oírla así lo alegraba, resultaba confortante saber que la estresante situación a la que eran sometidos no había opacado del todo su gracia. Cuando se levantó tomó su pequeño obsequio y lo camufló bajo la almohada; en el proceso, con algo de curiosidad, observó el conjunto de lencería negra que reposaba sobre las sábanas, pasó la mano sobre el encaje y sonrió pícaramente. Tomó su camisa, para ponérsela de nuevo, aunque sin abotonarla. Su mujer tenía razón, tenía hambre, por lo que ir a la cocina no era tan mala idea, recorrió el camino que conocía ya de memoria y abrió el refrigerador para ver qué podía comer. Como era usual en esa casa, había demasiada comida. Su suegra, aunque estuviera de viaje hace meses, nunca pasaba eso por alto. Algunas veces la había escuchado, mientras su novia y ella hablaban por teléfono, preguntando si había suficiente comida para los tres, Bulma, Tights y él. Jamás creyó que llegaría a extrañarla tanto; pero, por insistente y parlanchina que fuera, la madre de Bulma sería lo suficientemente comprensiva para interceder a su favor, si estuvieran frente a frente los entendería, aunque ahora la distancia representaba un problema, porque hacía más fácil para Bulma aislarse de su familia. Él lo sabía, sabía que su novia no había hablado con su madre hace un tiempo y pudo atribuirlo a que se sentía traicionada y abandonada, e incluso reconocía que podía sentirse así respecto a él.  Meditando sobre esto, Vegeta comenzó a buscar entre los variados platillos hasta encontrar un poco de arroz con vegetales. No le molestó mucho que estuviera frío, entonces solo se apoyó en el mesón, tomó un cubierto y comenzó  a comer, sin esperar que su cuñada lo encontrara, mostrando su abdomen mientras devoraba en solitario.

 

—¡Lo siento! —Se disculpó incómoda, desviando la mirada y poniendo las cajas con pastel que habían quedado sobre la isla de mármol.— No sabía que estabas aquí.

 

No recibió respuesta, el pelinegro solo la miró y siguió comiendo. 

 

—¿Por qué no calientas eso?— Cuestionó tratando de limar en algo las asperezas recientes. No quería que su relación con su hermana y su cuñado se fragmentara, ella los estimaba a ambos como una parte importante de su vida. En eso mismo pensaba Vegeta, que pese a no convivir mucho con la rubia le había tomado cariño, como a todos en la familia Briefs.

 

—Perdería tiempo.— Respondió.— ¿Cuándo van a volver tus padres?— Preguntó, observando directamente las cajas de pastel. Tights sonrió cuando entendió que la pregunta se motivó por la relación casi inherente de algún postre y su madre.

 

—No creo que tarden mucho, tal vez una semana o dos.— Comentó, segundos antes de quebrar accidentalmente la delgada capa de cortesía que habían creado.— Quieren llegar para ayudarnos a definir los últimos detalles de la boda, mamá quiere estar cuando se elija el vestido para Bul y …

 

—¿No puedes hablar de otra cosa?— Interrumpió molesto.— Hablas como si ella quisiera casarse.

 

El gesto emocionado de Tights se deshizo al instante, tragó saliva y quiso regresar el tiempo lo suficiente para que sus padres siguieran siendo el tema de conversación.

 

— Entiendo que es extraño para ustedes, — concilió tan pronto como pudo entretejer ideas de nuevo— pero…

 

—Te voy a detener para que entiendas lo estúpida que suena tu excusa— Detuvo de nuevo, dejando su comida de lado.— Cualquier argumento que inicie con ‘es extraño para ustedes’ está hueco, claro que es extraño, porque nos obligan a casarnos para encubrir sus fracasos y aún cuando tratamos de negociar y frenar este circo ustedes solo lo aprovechan para buscar una forma de dominarnos. — La vio encogerse de hombros y dejó que el resentimiento hacia ella se manifestara.— Si tanto te gustan las bodas, escribe una novela sobre eso o consigue una novia y déjanos en paz.

 

Los grandes ojos de Tights se humedecieron y en un susurro desganado le respondió.

 

—También eres el hijo mayor, sabes que no siempre hacemos lo que queremos.

 

—Tu familia te ama y nosotros te hubiéramos apoyado si nos hubieras dicho lo del desfalco.— Reprochó con distancia, refiriéndose a su pareja y a él— Pero siempre actúas como crees que deberías. Si dejaste tu vida amorosa de lado por la corporación o si organizaste la boda, fue tu decisión, habían más opciones. No quieras hacer con nosotros lo que haces contigo. Nadie te ha dicho que tienes que ser perfecta o te ha castigado por no serlo, ni siquiera mi padre, y eso es un logro.

 

— Siempre lo juzgas.— Defendió, evitando las demás recriminaciones.

 

— Porque yo sí soy su hijo y lo conozco desde que nací,— atacó— aunque sea más tu padre que el mío.

 

— Vegeta,— nombró con tristeza, sentándose en una banca frente a la isla— no quiero que me odien, ni tú ni ella, pero no los entiendo, si se aman, ¿Qué más necesitan?

 

— Que por una vez nos escuchen sin minimizar lo que queremos, nosotros no vivimos en función de complacerlos, sería bueno para todos que lo entendieran.— Afirmó mientras sacaba la champaña y las fresas de la nevera. Se giró, sin intención de continuar la conversación y fue a la habitación de Bulma. Antes de entrar, cayó en cuenta de que no había llevado copas, rodó los ojos fastidiado, pensando en cómo proceder. Dejó las cosas en una mesa cercana y llamó a su novia. Oyó el teléfono sonar del otro lado por unos segundos hasta que la puerta se abrió.

 

— ¿Está todo bien o ya perdiste la cabeza?— Cuestionó extrañada, exhibiéndose en un endemoniadamente sensual conjunto de negro encaje que consistía en un delicado bralette, un liguero insinuante que iniciaba en su cintura y se unía justo sobre el ombligo con un corazón para descender por sus costados hasta enredarse en sus muslos, junto a una incitadora tanga. Rodeó a Vegeta con sus brazos y quiso besarlo de inmediato.

 

— Necesito un trago antes.— Confesó sosteniéndola por la cintura. — Tu hermana arruinó mi ánimo.

 

— ¿De qué hablas?¿Discutieron o algo así?— Preguntó preocupada, tomándolo de la mano para entrar a su habitación. Él solo agarró las fresas, le pasó la champaña y sin romper el contacto la siguió. Se acomodaron sobre la cama, el pelinegro se había sentado y ella se había arrodillado en el colchón. Bulma descorchó la botella antes de beber un sorbo.

 

— Nos encontramos en la cocina.— Narró Vegeta, mientras imitaba la acción de la peliazul.— No sé cómo la has soportado por cuatro meses.

 

Se dejó caer en la cama y ella hizo lo mismo, descansando parte de su cuerpo sobre su pecho.

 

—¿Te habló del pastel, del lugar o de la música?— Interrogó bebiendo un poco más.— Es desesperante, lo sé.

 

—Del vestido.— Respondió, comenzando a acariciar la piel tersa de su espalda.

 

— Demonios, había olvidado eso.— Dijo, disfrutando el contacto.— De todas formas, no voy a salir en unos días, menos contigo aquí.

 

— ¿Qué te hace creer que me voy a quedar?— Comentó estrechándola más.

 

— Bueno,— habló mientra ponía sus labios cerca de su cuello y acomodaba su mano en su abdomen— por una parte, nos conozco lo suficiente para saber que no dudaremos en recuperar el tiempo perdido y por otra, en este preciso momento, el rumor de que volviste debe estar volviendo loca a la prensa, cuando menos crean comenzarán a seguirte y tu padre te dará un esquema de seguridad mayor y un chófer personal.

 

Una vez terminó de explicarle, se incorporó un poco, acomodando sus blancas piernas a los lados del cuerpo de su novio, sintiendo la forma en la que su miembro se endurecía bajo ella. Guió su mano hasta su cadera, aprovechó el momento para sellar de nuevo la botella y tomar su celular.

 

— Darían lo que fuera por una foto nuestra— Continuó.— En parte los entiendo, yo también disfrutaría una foto de este preciso momento.— Aseguró, enfocando la cámara en el contacto de su cuerpo sobre el de él.

 

— Eres un diva.— Afirmó malicioso, levantándose con ella en brazos para dejarla sobre las sábanas, le arrebató el teléfono y, posicionándose entre sus piernas, tomó varias fotografías, en las que destacaba la forma en la que su erección rozaba celosamente su intimidad mientras, sin detener la improvisada sesión de fotos, el pelinegro iba moviendo su mano libre por su cuerpo, llegando a sus pechos y amasando devotamente uno; entonces inició a grabar y mencionó, con la voz ronca a causa del deseo.

 

— Este es el momento en el que confiesas lo mucho que me deseas.— Indicó, a la vez que comenzaba a desabrochar su pantalón.

 

— Es el momento en el que acomodas eso en algún lugar que no nos estorbe o te concentras en compensar el tiempo perdido.— Contestó coquetamente, observando que su novio detenía la grabación y lanzaba el teléfono a un lado. Los besos iniciaron intensamente, a la vez que las caricias se dispersaron por sus anatomías con destreza. Bulma enredaba sus dedos en el profundo y oscuro cabello de su novio, deleitada por sentir de nuevo el peso de su fornido cuerpo sobre el suyo. Sus manos agarrando sus muslos o estrechando sus pechos causaban en ella una sensación tan profunda que no pudo quedarse callada.— Te extrañé en serio.— Renegó separando sus labios.— Estaba volviéndome loca.

 

Creyó, que como era usual, él no respondería nada directamente, se preparó para que comentara algo sarcástico y escribiera con besos a lo largo de su cuerpo a modo de un ‘yo también’; fue por eso que cuando Vegeta puso una almohada bajo su pelvis para elevarla y facilitar el contacto una vez la penetrara se dejó hacer, sin esperar que mientras bajaba su ropa interior con habilidad, encontrando una manera de no quitar el liguero en el proceso, y se deshacía de sus propias prendas musitara seriamente algunas palabras.

 

— ¿Crees que no te eché de menos? — Interrogó con la voz entrecortada por la lujuria, hundiendo sus dedos entre sus húmedos pliegues entretanto su otra mano sujetaba el costado de su rostro. — Mi padre tuvo que contratar tres guardias para vigilar que no tomara el primer avión que saliera hacia aquí y aún así planeé cómo volver.

 

— ¿Y por qué no lo hiciste? — Dijo, coordinando el vaivén de su cadera con el ritmo del pelinegro.

 

— Quería ver cuánto tiempo podrías estar sin mí. — Mencionó maliciosamente antes de introducirse en ella.

 

— No finjas, — sugirió la peliazul, entrelazando sus palabras con sueltos gemidos, clavando sus uñas en el cuerpo de Vegeta — tú tampoco podrías estar sin mí.

 

Sonrió victoriosa, tomando el silencio como confesión y disfrutó las ligeras mordidas que él propinaba en sus hombros. Se adecuaron uno al otro como siempre lo habían hecho, confirmando que su vida jamás se sentiría completa sin el otro. El tiempo corría pero la pasión no daba tregua, ellos se movían ensimismados en el hedonista flujo de sus pieles en fricción hasta llevarlos a una posición en la que ella, con los codos y las rodillas apoyadas en el colchón, sentía las estocadas con tanta vehemencia que agarró las sábanas con fuerza, arrugándolas lo suficiente como para sentir un objeto extraño. No lo determinó en  demasía, protegiendo sin saber la sorpresa.  

 

Hacia la medianoche, cuando su deseo  se había saciado parcialmente decidieron descansar; Vegeta acomodó un poco las almohadas, tomó la botella, que en algún momento había resultado en el piso y se acomodó en el lado de la cama que usualmente tomaba cuando se quedaba a dormir. Bulma buscó el tazón de fruta y se recostó acariciando los hilos de su liguero, la única prenda que quedaba puesta.

 

— No encontré unas medias que me gustaran lo suficiente como para usarlas hoy. — Comentó levantando un poco sus piernas.

 

— Jamás creí que podrías encontrar algo que te hiciera sentir satisfecha, además de mí, claro. — Bromeó, mientras pasaba su brazo por su cintura. Destapó la champaña y se la ofreció silenciosamente.

 

— Soy una mujer exigente. — Explicó antes de tomar un sorbo.

 

— ¿Por eso no usas el anillo de compromiso? — Cuestionó mordiendo una fresa. — Lo noté desde esta tarde, no lo he visto en ninguna foto.

 

— No lo uso porque es solo la versión diminuta de una guillotina. — Afirmó, girándose un poco para alcanzar el primer cajón de su mesa de noche, de donde sacó una caja de fieltro azul. Se la pasó, quitando las fresas de sus manos para tomar algunas y esperando que él la abriera.

 

— Yo jamás te hubiera dado este anillo. — Aseguró, examinando la lujosa joya.

 

— ¿Ah no? — preguntó, ocultando lo mejor que pudo la pequeña herida que ese comentario había causado. Sabía que era un poco dramático de su parte, pero el no querer una boda arreglada no era lo mismo que no querer una boda, así que la cualidad ambivalente de las palabras pronunciadas la decepcionaron un poco.

 

— No, — insistió, buscando disimuladamente bajo la almohada — no es tu tipo de anillo. 

 

Bulma sonrió aliviada, preparada para preguntar cuál era su tipo de anillo entonces, pero el pelinegro habló de nuevo.

 

— Además, usar un anillo es peligroso para ti, eres mecánica y un anillo traería problemas, te lo quitarías antes de reparar algo y lo perderías o podría lastimarte. — Opinó, mostrándole la caja que guardaba su obsequio. — Si yo te diera un anillo, también tendría que darte algo para que siempre pudieras llevarlo puesto.

 

Sus ojos brillaron con ilusión y al abrir el empaque observó un anillo que parecía estar hecho de delgadas ramas entretejidas, coronado por una preciosa gema del mismo color de su cabello y sujeto a una delicada cadena de oro. Lo sacó emocionada y cuando quiso probárselo él se lo impidió.

 

— Este es nuestro verdadero anillo de compromiso, si te lo pones, debes saber que aceptas pasar toda tu vida conmigo. — Advirtió Vegeta.

 

— Entonces lo usaré cuando tú te pongas el tuyo. — Respondió, observando de nuevo la joya, hasta que detalló la forma minúscula en la que algunos números se habían grabado en el metal. Contempló al pelinegro, que no movía sus ojos de ella y habló. — ¿Por qué la fecha de nuestra primera carrera?

 

Él la tomó entre sus brazos, buscando una buena forma de expresarse, hasta que se decidió por soltar la verdad sin su usual toque de orgullo.

 

— Ese día confirmé que no había ninguna otra mujer para mí. — Confesó con seriedad.  Encapsulando en esa sola oración la esencia pura e irremediable de su devoción a ella. Ese día, marcado en el delicado metal, más allá de la adrenalina de ir a toda velocidad en una motocicleta a la mitad del desierto sabiendo que ella estaba a su lado, supo que ni el calor infernal que los esperaba una vez su velocidad se redujera ni la posibilidad de ganar o no cambiarían la felicidad que le brindaban los mechones azules que salían del casco de su compañera, que trataba de tomar la ventaja a como diera lugar entre la arena. 

 

– Entonces fue un doble triunfo para mí ese día. – Respondió ella, apoyando su cabeza sobre el cuerpo cálido de Vegeta, sintiendo como su propio corazón se aceleraba y la afirmación se colaba en lo más profundo de su memoria. – Yo no recuerdo cuándo lo confirmé. – Meditó en voz alta, conmocionándolo .

 

– Si no lo recuerdas entonces no cuenta. – Jugó tomando algunos mechones de su cabello.

 

– Claro que cuenta.- Justificó, mientras trataba de recapitular los años a su lado. – Tal vez solo lo di por hecho, no lo sé, ¿Qué quieres que diga? ¿Que lo supe cuando llegué a ese internado frío y todas las chicas me hablaban de cómo les gustabas, resaltando que eras un casi príncipe?

 

– Soy un príncipe, – corrigió – hago parte de una realeza sin reino que solo se quedó con su apellido y posesiones terrenales. No es mi culpa que una revolución acabara con mi bisabuelo y su pésima gestión como monarca.

 

– Nunca te dieron oficialmente el título, te lo pusieron los periódicos y tu papá lo aprovechó para usarlo como arma en nuestra contra en estos momentos. – Agregó divertida, guardando silencio unos segundos, en los que se borró su sonrisa. – ¿Sabes por qué no quiero casarme?

 

– Cuéntame. – Solicitó atento, aflojando un poco su agarre para darle más espacio y lograr verla mejor.

 

– De pequeña siempre creí que lo que más quería era tener a un príncipe azul en mi vida, – contó avergonzada – se cumplió y me di cuenta de que ya no lo quería.  

 

Vegeta se quedó en silencio, esforzándose por comprender lo que trataba de decir, divertido por la eterna sorpresa que era vivir a su lado.

 

– Ni se te ocurra decir algo como ‘eres la mujer más dulce que he conocido’ con tu horrible tono sarcástico, porque te conozco y sé que quieres hacerlo. – Advirtió ella. – Tengo mis razones. 

 

– Hubiera dicho algo como ‘gracias por hacerme sentir aceptado a pesar de todo’, no me conoces tanto. – Incitó, esperando que ella continuara.

 

– Volviendo a mi punto, – dijo – quise siempre un príncipe porque la monarquía de los cuentos era afable y gentil, luego conocí a tu mamá.

 

– Siempre creí que el problema había sido mi padre, es más entrometido. 

 

– Créeme, tu papá tiene su propio espacio en esta conversación sobre las inseguridades que me provoca tu familia, pero tu mamá, esa mujer me hizo arrepentirme de mi deseo de un príncipe desde el primer día que la vi. – Confesó, por primera vez en toda su vida. – Tú y yo comenzamos a salir, había chicas que murmuraban todo el tiempo que yo no era lo suficientemente buena para su pseudo príncipe y  eso no me afectaba, eran de mi edad, normales, sus comentarios no eran una amenaza. El día en el que conocí a la mujer que llamas madre conocí lo que era la impotencia, todos los padres fueron a ese estúpido día familiar y después de dos años de estar contigo entendí porque no hablabas de ella. Con una sola mirada me hizo sentir la peor pareja elegible sobre la faz de la tierra, me esforcé por ser encantadora, pero puso ese gesto horrible que hace cuando algo le disgusta. Me lo hizo a mí, ¡A mí! Yo le disgustaba y puedo asegurar que todavía le parezco la peor opción para ti, solo se resignó.

 

Él suspiró, sin saber muy bien qué responder y sin reconocer otra emoción que no fuera la culpa.

– Me saludó como si le diera asco, con tu padre mirando todo con indiferencia. – Recordó, llenando sus ojos de lágrimas. – Ese día volví tan rápido como pude a mi habitación y lloré hasta dormirme, no quise salir y verla de nuevo. Nadie nunca me había hecho sentir tan poco valiosa.

 

– Ese día me dijiste que te sentías así porque tus padres no habían ido. – Comentó.

 

– ¿Qué más querías que dijera? Apareciste por mi ventana llevando una cantidad ridícula de comida, preguntando si estaba enferma y dispuesto a pasar tiempo conmigo. – Justificó. – Es la primera vez que hablo de esto, ¿Sabes? Tu papá es un ser horrible, sí;  manipulador, controlador y dominante, también. Pero él no me ve como lo hace tu madre, ella me juzga desde todos los ángulos y todas las formas, tu papá solo lo hace cuando interfiero en sus planes, soy un instrumento para él, una herramienta.

 

– ¿Te gustaría ser una herramienta para ella? – preguntó, moviéndose lo necesario para que sus rostros se enfrentaran.

 

– Esperas que te diga que no, que me porte como siempre y haga como si no me importara. – Entendió ella, decepcionada de sí misma por la respuesta que daría. – Quisiera decir eso, – expresó reuniendo valor para verlo a los ojos y tomar su rostro entre sus manos – pero sí, preferiría que ella y todas las mujeres aristócratas que la rodean me vieran como un objeto en lugar de como una mancha. por eso no quiero casarme, porque sé que no soy eso, tú y yo no somos objetos, Veg, no somos un obstáculo para cualquier persona que nos valore de verdad, más allá de lo que podamos ofrecer. No quiero un príncipe con el cual vivir en un castillo de pretensiones, te quiero a ti, a lo que eres cuando estás conmigo, a lo que somos. Ceder significa perder eso, no es lo que deseo. Pase lo que pase, diré que no acepto ser tu esposa si son ellos quienes están detrás de todo, no voy a aceptar una vida en la que me esforzaré por ser vista al menos como un objeto por seres a los que les resultaré eternamente insuficiente. Ni tú, ni yo, ni nosotros merecemos eso.

 

– Arruinemos su estúpida boda en la nariz de todo el mundo. – Afirmó mirándola fijamente, correspondiendo el abrazo que sabía que le daría y recibiendo el beso que su ser entero deseaba.

Notes:

¡Holi! ¿Cómo están? Espero que estén genial, lamento mucho haber desaparecido, sé que siempre digo que trataré de estar más activa pero con la universidad me ha sido casi imposible escribir, la academia suele apagar mi impulso creativo :(. Sin embargo, estoy de vacaciones hace algunos días y usé el tiempo para decidir sobre esta historia que ya les había mostrado un poco en mi página de Facebook. Originalmente, este fic estaba planeado como un one-shot para una dinámica del 14 de febrero (ha pasado mucho tiempo, lo sé :(), pero creo que, como siempre, optaré por alargarla un poco, tal vez dos o tres capítulos en este caso. Sus opiniones son verdaderamente importantes para mí, no imaginan cuánto, leer sus reviews me llena de ilusión y motivación, tal vez, si quieren, podría pensar en un tipo de ‘precuela’ de esta historia, que narre un poco de la vida de esta pareja durante su adolescencia, todo si ustedes gustan, no es muy lindo escribir sin alguien que te lea y se pueda emocionar en el proceso. Sobre eso, la próxima actualización será de Perdidos y me muero de ganas por comenzar a escribirla. Gracias por leer hasta aquí, les quiero mucho mucho y les deseo siempre lo mejor.