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Yacía en su habitación, como todas las noches; algo completamente habitual en su día a día desde que se mudó al palacio de los kaio hace algunos años atrás. Aunque sus habitaciones estuviesen lejos, algunas veces podía escuchar los ronquidos de su viejo maestro mientras dormía plácidamente, por suerte no eran constantes.
Todo en aquella noche podría ser normal como siempre, si no fuera porque un tercero había llegado al palacio. Esa tercera persona se sentó en la única silla de la habitación de Zamasu, solo que al revés, posando sus brazos arriba del respaldo de la silla; mientras Zamasu lo observaba sentado en su cama. El kaio se sentía algo confundido ante lo que el ser frente a él le había contado, una historia que parecía haber sido sacada de un libro de ficción.
Zamasu lo miraba atentamente, analizando de pies a cabeza a la persona. A simple vista se podía deducir que era un mortal, un humano. Su cabello era único, un peinado que nunca había visto en su vida, negro con algunas puntas hacia arriba, siete en total. Su vestimenta era muy parecida a la de un guerrero de artes marciales, un gi de color gris, camisa de manga larga y pantalones de color negro. Los únicos colores vivos que portaba, eran sus botas blancas (muy similares a las propias), un cinturón de tela roja que rodeaba su cintura, y aquellos arcillos pothara de tono verdes, exactamente iguales a los de su maestro Gowasu.
Era obvio que no iba a bajar la guardia ante este ser que en medio de la noche se le había presentado, mientras acomodaba algunos utensilios en la cocina. Sin embargo, su curiosidad era mucho más fuerte en aquel instante.
ㅡRecapitulemos un pocoㅡ habló el kaio aprendiz, después de varios minutos de silencio incómodo. ㅡMe dices que te robaste el cuerpo de un tal humano llamado Son Goku...
ㅡUn saiyajin, para ser más precisosㅡ le interrumpió. ㅡEsa es una raza guerrera que se destaca mucho en cuanto a poder y habilidades de pelea, un cuerpo que me servirá para mi plan.
ㅡ¿Y tu plan es...?
ㅡAcabar con los mortales.
Eso último le hacía muchísimo ruido en su mente. Durante todos estos años, Zamasu siempre se ha cuestionado la existencia de los mortales. En algunas ocasiones él ha tenido que quedarse haciendo el trabajo de Gowasu mientras éste hacía otras tareas, todo con el objetivo de que Zamasu se fuese acostumbrando a su futura vida de supremo kaio, todo sin saber que el joven dios la pasaba bastante mal con sentarse frente a una esfera de cristal que proyectaba el día a día de esas criaturas tan aberrantes a su parecer. No le gustaba para nada lo que veía, y esto siempre se lo hacía saber a su maestro, mas llegó un momento donde él simplemente no se molestó más en decirle lo que sentía, pues, sabía que una tonta reflexión sobre la existencia de los mortales o alguna reprimenda con un leve tono de enojo en su voz se le vendría. Estaba harto, harto de ver cómo esos mortales arruinaban la paz del universo, con guerras sin sentido más que el del poder, los maltratos a su tierra, las maldades que se hacían unos a los otros... era demasiado. Gowasu siempre le dijo que él no debía interferir en el orden de las cosas, o en otras palabras, él no podría hacer nada para deshacerse de los mortales pues, por algo estaban ahí, y en caso de que algún día tuviesen que ser destruidos, eso ya vendría siendo tarea del dios de la destrucción, pero esto lo frustraba más, ya que al menos el dios de su universo, si no estaba durmiendo siestas que pueden durar años, andaba golpeando a la gente con su trompa porque sí. Ya no podía más con nada de eso.
ㅡSé en lo que estás pensando, Zamasu.ㅡ La voz de aquel extraño interrumpió sus pensamientos, no se había dado cuenta de que se encerró en ellos. ㅡLa existencia de los mortales te abruma, ¿verdad? Supongo que, al escuchar mi propósito, se te ha venido a la mente todo lo que has tenido que pasar por culpa de ellos y el tonto pensamiento de tu maestro revoloteando por tu mente. ¿Acaso me equivoco en algo?
ㅡ¿Cómo lo adivinaste?ㅡ preguntó, sorprendido.
ㅡYa te lo he dicho Zamasu, yo soy tú. Como dije anteriormente, cambié mi cuerpo por uno más fuerte para extinguir a esos mortales, sin embargo, sigo teniendo tu misma alma, tu misma mente, tu mismo pensamiento, tus mismos sentimientos. Quizás sea alguien de otra línea temporal, pero sigo siendo tú.ㅡ Era muchísima información que procesar para Zamasu, pero su mente curiosa necesitaba indagar más y más, llegar al fondo de todo aquello y comprobar si todo lo que decía aquel hombre (que se autodenominaba Zamasu) era verdad.
ㅡA ver. Tienes poder, tienes los anillos del tiempo que conseguiste... disculpa, ¿cómo fue que los conseguiste?
ㅡLos robé, junto con los arcillos del supremo kaio. Me servirán muchísimo para el plan. De hecho...ㅡ retiró el arcillo de la izquierda, y se lo extendió a Zamasu. ㅡEn caso de que te unieras al plan, me gustaría que llevaras esto puesto, así los dos habremos ascendido al puesto de supremo kaio, y podremos usar los anillos del tiempo sin ninguna prohibición. ¿Qué dices, alma gemela?
Zamasu recibió el arcillo, y se quedó observándolo un rato. Parte de su rostro se reflejaba en él, el cual brillaba a pesar de la oscuridad de la noche, solo con la luz de la luna de aquel planeta entrando por la ventana.
ㅡMe desvié del tema. Maté a Gowasu, y así le robé todo lo que necesitaba.
Los ojos de color gris se posaron en los oscuros de aquel ser. Aquello en definitiva lo había tomado por sorpresa, no se imaginaba a él mismo matando a su propio maestro. Aunque...
Hubo algunas veces, hubo ocasiones donde aquel pensamiento homicida pasó por su mente, el pensamiento de atravesar a su maestro con una espada de ki. Siempre se aterraba de aquella imagen inventada por su mente, mas el qué haría después de eso. Era terrible, su desesperación era tal que su mente maquinaba por sí sola un "plan" para que todo salga como debe ser.
Un plan...
Se puso de pie, se acercó al saiyan falso que estaba al frente de él sentado en la silla al revés, su mirada posada en la suya de forma que el otro se sintió intimidado, intimidado de sí mismo. Sus manos se posaron en los hombros anchos del saiyan, y dijo:
ㅡZamasu, quiero que me cuentes más detalles sobre aquel plan.
El mencionado sonrió; pero no era una sonrisa malvada o dibujada falsamente, sino una sonrisa que reflejaba la felicidad que sentía al haber escuchado eso.
ㅡLo haré encantado, Zamasu.
Al ponerse de pie, tomó una de las manos de Zamasu, guiándolo hasta su propia cama. Los dos se sentaron, la idea era que él estuviese suficientemente cómodo para escuchar el plan y entenderlo.
ㅡEste cuerpo que vesㅡ posó una de sus manos en su pecho ㅡse lo robé a Son Goku, después de eso lo maté a él y a su familia en mi línea temporal. Hice esto con las súper esferas del dragón.
ㅡOh, una vez Gowasu me habló de ellas.
ㅡAsí es, por eso mismo me enteré de ellas. Cuando ese despreciable mortal me enfrentó, me di cuenta que tenía el poder suficiente para hacer lo que yo, en ese tiempo, planeaba. Era un poder que no merecía estar en manos de un mortal, por lo que lo tomé por mí mismo, deseándoles a las súper esferas del dragón el cambio.
ㅡEntiendo...ㅡ Zamasu estaba pensativo ante todo lo que decía.
ㅡComo he dicho, mi plan con todo esto es destruir a los mortales con mi propia mano, sin embargo... sé que no me la voy a poder solo, por lo que he venido a pedir tu ayuda y que seas mi compañero. Zamasu, tú eres yo, eres el único dios que sé que me va a comprender y no hará nada contra mí, porque sé lo que has estado pasando durante este tiempo.
Lo observaba a los ojos. Zamasu sabía de una manera u otra que no había venido solo con ese objetivo. Aunque sus ojos no fueran los mismos, podía ver el brillo en los de aquel dios mortal que había venido por algo más.
ㅡ¿Hay algo más que quieras agregar a eso? Porque se me imagina que no solo viniste por mi ayuda.
El saiyan sonrió.
ㅡSe nota que me conoces.ㅡ suspiró ㅡtambién vine porque no quiero que sigas viviendo bajo toda esta presión de ser alguien que los demás desean que seas. Quiero que los dos juntos seamos los verdaderos dioses de esta línea de tiempo. Quiero que los dos podamos recorrer los universos de aquí, acabar con los dioses para que no se interpongan en nuestros planes, y así, ir desapareciendo a los mortales de a poco.
Zamasu pensaba. Era un buen plan, quizás faltaban algunos detalles por saber, pero por ahora, le parecía todo perfecto.
ㅡSupongamos que acepto.ㅡ Zamasu habló ㅡen ese caso, ¿qué pasaría después?
ㅡAcabaremos con Gowasu; con eso, el dios de la destrucción de este universo también morirá, y así quedaremos nosotros dos como los dioses.
Llevó su mano cerrada a sus labios, pensando en lo que acababa de decir el contrario.
Gowasu... el viejo kaio que le propuso ser un aprendiz y así poder hacer del universo un lugar mejor. El viejo que a la primera pensó que sería como un padre, pero con el pasar del tiempo dejó de sentir lo mismo. Sus reprimiendas... como las odiaba. Está bien dar una lección si se hacía algo incorrecto, pero sentía que Gowasu un poco más y ni lo dejaba pensar, tener un juicio propio sobre el tema del rol de los dioses, parecía que todo debía ser así o si no, no resultaría. Lo que más detestaba de él era que, después de una fuerte lección sobre los mortales, este le dijera "ahora sírveme otra taza de té". Oh por dios, le tenía una especie de cariño por haberlo llevado hasta ahí, pero por lo demás...
ㅡMe parece una muy buena idea, Zamasu.ㅡ Sonrió, mirando fijamente a los ojos del saiyan falso al frente de él.
ㅡ¿Entonces, aceptas?
ㅡDurante el transcurso de nuestra estancia juntos, voy a estar preguntándote cosas sobre este plan, y más te vale contestarlas.
ㅡ¿Eso es un sí?
ㅡPues...ㅡ el arcillo que tenía en su mano, el arcillo color verde el cual solo con tenerlo lo ascendía a supremo kaio, ese mismo se lo colgó en su oreja. El saiyan lo miraba emocionado. ㅡAcepto unirme al plan cero mortales.
ㅡMe ale- ¿plan cero mortales?
ㅡAsí es. Nuestro plan se trata de acabar con los mortales, que su existencia llegue a cero. Me parece adecuado que le pongamos un nombre.
El saiyajin falso sonreía por lo que su otro yo había dicho. Le extendió su mano, en la cual portaba el anillo del tiempo, e hizo un ademán para que el contrario hiciera lo mismo. Al hacerlo, sus manos se unieron, sintiendo las diferentes texturas que se tenían una con la otra.
Se observaron a los ojos. Dos pares de ojos transmitiendo la misma alegría por lo que estarían a punto de hacer, lo que se comunicaban a la perfección con tan solo miradas, lo que comprobaba que los dos eran una misma alma en diferentes cuerpos, con los mismos deseos de purificar la existencia misma.
ㅡPor nuestra justicia.ㅡ Enunciaron los dos al mismo tiempo.
No se dieron cuenta cuando sus cuerpos se juntaron, sintiendo la calidez del otro, evidenciando lo vivos que se sentían. Las manos del Zamasu en el cuerpo de un saiyan cruzaron por debajo de las del joven kaio, uniendo más su cuerpo con el contrario. El kaio parecía corresponder al gesto al sentir sus brazos posados en su espalda. Se estaban abrazando y... oh, no era cualquier abrazo. Era un abrazo especial, uno que ha sido necesitado después de meses y años en soledad, uno que transmitía seguridad del uno al otro, uno que los hacía sentir cómodos, los hacía sentir sensaciones que con el tiempo se habían ido perdiendo por el estrés y la ansiedad de permanecer en aquel lugar. Con ese abrazo, se daba a entender que nunca más estarían solos, se tendrían el uno al otro en caso de cualquier inconveniente que ellos tuvieran. Se sentían plenos, se sentían felices. Muy felices.
Ya al separarse, se volvieron a observar. El trato ya estaba hecho, el plan estaba recién comenzando.
ㅡDime algo, mi otro yo... mi Zamasu. Supongo que ahora cuando amanezca bien, Gowasu va a morirㅡ asintió ㅡ¿podrías encargarte de eso tú? Sinceramente no tengo muchas ganas de matarlo.
ㅡSi quieres, puedo encargarme de ese trabajo sucio. Ya lo hice una vez, lo puedo hacer todas las veces que sean necesarias.
ㅡMe alegra que comprendasㅡ al fin alguien que lo comprendía después de mucho tiempo. ㅡY, ¿cómo debo llamarte? ¿Zamasu?
ㅡPuedes llamarme como quieras, aunque me gustaría que al estar ejecutando nuestro plan, me hiciera conocido entre los mortales con algún nombre que les provoque escalofríos.
