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Respirar, un ejercicio práctico que te mencionan cuando sufres de un ataque de ansiedad. Algo que suena tan sencillo ante los oídos de los demás, pero Barcode sentía como el aire era escaso a su alrededor encerrado en su coche tratando de calmarse. No sabía que estaba pasando si hace unos momentos estaba bien, riendo con sus amigos en una mesa en la cafetería, no sabe que disparó esa terrible sensación de ahogo y solo espera quitar esa sensación quemante de su pecho y de las descargas eléctricas que correr por sus extremidades.
— Venga, Code, respira. Todo está bien, estamos bien—. Su voz temblaba mientras trataba de contener las lágrimas de la desesperación. Había tantos pensamientos corriendo por su mente, pensando en qué debía hacer para contener la situación.
¿Qué estaba pasando con él?
Apretó los ojos fuertemente mientras enterraba sus puños en sus muslos, conteniendo el grito que quería salir. Contó mentalmente hasta 5 para poder abrir los ojos y dejar salir un suspiro.
— Ya pasó, ya pasó, ¿okay? — mencionó en un susurro para si mismo mientras se tallaba los ojos con las mangas de su sudadera blanca—. Solo fue un mal rato, Barcode, no seas exagerado. Vas a salir de este coche y vas a terminar las clases que te faltan. No seas débil.
Con esas palabras duras se miró en el espejo del coche y se medio arregló la cara para verse presentable ante los demás. Agarró su mochila negra con su computadora y salió del coche dando un sutil portazo, se colocó sus audífonos con la música a tope, porque de esa manera aísla todo lo que lo va a hacer recaer. En ese momento tenía clase de bioquímica y la flojera que le estaba entrando en el cuerpo era enorme, no tenía la fuerza para aguantar a un doctor pedante que le caía mal y para su peor suerte sus mejor amigos no compartían clase con él.
Sin más tiempo que perder se dirige a la torre donde se encuentra su clase, ignorando el evento que acababa de pasar y las sensaciones que le dejaron.
Saliendo de su clase caminó con rapidez y con su música de vuelta a su coche, esperando solo llegar a su casa antes de las 20:30 por el tráfico que tanto odiaba. No es que viviera relativamente lejos, pero las calles por las que tenía que viajar eran muy concurridas.
— Me cago en la vida, estoy tan cansado—. Soltó meramente al llegar al asiento del piloto mientras prendía el coche y conectaba el bluetooth para poner su música.
En los altavoces empezó a sonar Drinking with Cupid de VOILÁ, subió el volumen a 35 para sentir como la música corría por sus oídos causándole sensaciones de olvido. Saliendo del estacionamiento a toda velocidad con la mente disociada pensando en la nada y todo lo de hoy.
Llegando a su casa lo recibe el silencio, mira el reloj marcando las 20:47, «Mierda, es muy noche». Técnicamente no era noche, pero para el horario mental que se creó Barcode el día lo era. Su cena se había recorrido y no tenía ganas de cocinar, menos de hacer algo respectivo a su educación.
— ¡Ahgg! — soltó con frustración sacudiendo su cabello pensando en qué hacer —. A ver, man, no puedes no comer, no has ingerido ni un puto alimento desde las 14:30, o sea no.
Desganado se fue a la cocina no sin antes dejar su mochila en su cuarto, sin más que pensar sacó del refrigerador un poco de pollo, lechuga, tomate, aderezo y frijoles; se haría una de esas cenas sencillas que vio en tiktok, de algo le debe de servir pasar tanto tiempo en esa aplicación.
Una vez listo su alimento se encaminó a su habitación para ver una serie mientras comía y dejaba que su cerebro se distrajera otro rato antes de hacer lo importante. Mientras daba pequeños bocados a su estilo de burrito se puso a pensar en el momento que pasó en el coche. Era una sensación relativamente nueva y que definitivamente no le agradaba, una sensación de desesperación por mantenerse a flote de un peligro invisible que te jala por detrás para ahogarte. Era la primera dentro de la universidad donde sentía la vulnerabilidad crecer.
«Y, ¿si lo busco en internet? Digo, un nombre a de tener, ¿no?»
Con ese pensamiento en la mente abrió una página en el navegador para poder ingresar sus síntomas. De inmediato se le arrojaron resultados de diferentes páginas, pero todas redondeando algo en especial “ansiedad” junto con “ataque”. Barcode a lo largo de su adolescencia había escuchado de personas que, lamentablemente, lo tenían por cualquier motivo, pero él nunca pensó en que realmente le tocaría vivir ese sentimiento tan amargo.
Ahora lo que le consumía la mente era, ¿Se debía al estrés de la carrera? En ese momento la respuesta era obvia, claro que sí, sino qué. Pero ¿cuáles serían las soluciones? No es como si pudiera rendirse al inicio de la carrera, además estaba llevando un buen promedio. Debía resistir, ¿no? Sería lo más coherente de hacer. Todo este tema lo llevo a pensar aún más en sus deberes y en su debilidad como persona.
— A ver, wey, hay gente que la tiene peor que tú y sobresale. No puede ser que por unos cuantos malos momentos te pongas de sensible y ya no quieras hacer nada. Tú no eres así.
Con ese comentario se paró con determinación de su silla y sacó su agenda para ver que podía adelantar y repasar a pesar de que el reloj ya marcaba casi las 22:30, pero no, él no planeaba dormir; iba a ser su castigo por pensar en la vulnerabilidad que casi deja ver.
Y así paso el tiempo con Barcode haciendo tareas, resúmenes, adelantando lecturas para sus clases de mañana, parecía que no importaba que su tiempo de sueño también era importante. Pero en ese momento él necesitaba cargar su mente de trabajo para no sentirse inferior a los demás, de sentir que sí estaba haciendo algo por su bien, como dirían sus padres. A pesar de que Code viviera en un apartamento solo, sentía tanto la presión de padres, de una imagen que le dieron a sostener a tan temprana edad.
04:30
— Okay, puedo dormir un poco antes de despertarme para mi clase de las 7. Uff, hiciste un buen trabajo, Code, jeje—. Se dio unas pequeñas palmaditas en su cabeza antes de apagar las luces e irse a acostar sobre sus cobertores de lo agotado que sentía su cerebro en ese momento.
