Work Text:
Para decir que estaba enamorada de Potter, Ginevra realmente pasaba mucho tiempo, y sonreía mucho, alrededor de Thomas.
Además también parecía indiferente, o ignorante, Draco no sabía cual era peor, a la desesperación en la mirada de Potter.
-Potter-lo llamó Draco cuando lo vio solo en un pasillo del colegio, durante su último año. Se suponía que Draco estaba con Pansy, y Potter con Weasley, así que ninguno de ellos deberían estar ahí, pero lo estaban.
-Malfoy-exclamó de mala gana el otro.
-¿Weaselette se volvió a escapar?
Harry gruñó.
-Eso no te importa.
Malfoy asintió y siguió su camino. Él simplemente se había escapado unos minutos para ir al baño, así que debía regresar con Pansy. Aún así se detuvo. Ellos no eran amigos, pero silenciosamente Draco respetaba a Potter. Era fuerte, era poderoso, era honorable. Cosas que Draco no sabía si él mismo podría ser alguna vez.
-No deberías dejar que ella juegue contigo.
-¿Qué?
El rubio se dio la vuelta y lo miró a los ojos.
-No deberías dejar que ella juegue contigo. Eres el héroe del mundo mágico. Eres el Salvador, pero más que nada eres una persona y mereces respeto-Potter lo miró sorprendido. -Te mereces a alguien que te ame solo a ti. Con locura. Con deseo. Con cariño. Que no dudes jamás que te será fiel. Que sea tuyo y solo tuyo. Es lo mínimo que mereces. Mereces a alguien que te ame a ti. No a tu apellido, a tu dinero o a tu fama. Mereces más que ese amor descuidado que ella te ofrece. Mereces más que a veces. Tú, mereces un para siempre.
No supo porque lo dijo. Quizá porque estaba harto de ver al otro apretar los labios, fruncir el ceño, o apartar la mirada cuando Weaselette estaba alrededor.
Él era el héroe del mundo mágico. El niño que Draco admiraba de pequeño. Sobre el cual eran los cuentos.
Él era el chico que le había pateado el trasero al único y grandioso Draco Malfoy.
Él era el chico que lo había rescatado de las llamas y evitado que muriera.
Draco, egoístamente, deseaba para él un final feliz.
-Así que, eso es todo-exclamó indiferente- que escoja de una buena vez. Y si ella duda, entonces habías perdido desde el principio.
Potter se quedó sin palabras.
-Un para siempre, Potter. Y si no lo es, al menos que cuando mires atrás, sonrías al recordarlo. Pero ni siquiera puedes sonreír ahora ¿Ella realmente es lo que quieres, o lo que crees que quieres o debes querer?
Dio la vuelta y siguió su camino, pensó que el otro gritaría, o lo seguiría, o lo golpearía.
No lo hizo, así que Draco terminó su noche, bailando con su amiga, y divirtiéndose. Notando que el otro no había vuelto y la Weaselette aunque lo había notado, aun estaba en la fiesta.
Ella estaba descuidando lo que otras amarían tener.
Al día siguiente, Potter había terminado con Weaslette.
Ellos no se hablaron el resto del año, pero el último día, en ese último año, después de pisar por última vez el 9 3/4, Draco lo miró acercarse.
-Gracias-exclamó,-tú también mereces un para siempre- y luego se fue.
Draco sonrió divertido levemente y asintió, antes de ir con sus padres. Pensó que el otro estaría más triste. Se veía... bien.
Probablemente vería al otro de nuevo. Nunca podían librarse totalmente de su presencia, pero por primera vez en el año, la impaciencia y exasperación se fueron.
Parecía que Potter, por primera vez, se había amado a sí mismo sobre los demás.
Y eso estaba bien.
Eso era bueno.
Draco se alegraba de haberlo podido salvar de algún modo. Ya no deseaba que Potter consiguiera su final feliz.
Estaba seguro que lo conseguiría.
