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romeo & cedric

Summary:

La fascinación de Cedric con respecto al famoso actor muggle de veintiún años, Leornado DiCaprio, y su papel de Romeo en la nueva película de Romeo y Julieta lleva a una caótica situación que se resume en Fred Weasley enterándose de tus sentimientos hacia él. Digamos que las ganas de terminar con el linaje de los Diggory no te faltaron.

Notes:

Hello! Jane Edevane escribiendo. Quería avisar de que en este one shot Cedric tiene la misma edad que Fred y George al necesitar que me cuadrase con la fecha de la película de Leonardo Dicaprio (1996), la acción se lleva a cabo en séptimo año y puede que el Cedric Diggory que he escrito sea un poco out of character. Escribí las escenas románticas escuchando You Are In Love de Taylor Swift y el angst escuchando State Of Grace (Acoustic Version) (Taylor´s Version) de Taylor Swift, así que recomiendo leerlo mientras escuchas esas canciones. En fin, espero que te guste & feel free to leave a comment!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Ser la mejor amiga de Cedric Ciggory, el golden boy de Hogwarts, consiste en una balanza muy desequilibrada de puntos negativos y positivos, siendo los primeros los que rompen su equilibrio. No intento decirte con esta afirmación que no merezca la pena ser la mejor amiga de Cedric. Helga, no. El problema de tantos puntos negativos entregados por mi persona reside en la curiosa relación que tiene Cedric con la atención de todos los sectores sociales de Hogwarts. Adonde va Cedric, le siguen los ojos curiosos de los demás los cuales además de curiosidad, pueden llegar a expresar sentimientos tan diversos como la incondicional admiración, el formal respeto, el preciado amor e incluso la horrible envidia.

Este detalle es categorizado como pequeño para los individuos que disfrutan de dicha atención, pero es categorizado como grande para aquellos individuos del planeta que nos pasamos la vida intentado evitar que la atención sea vertida en nuestra figura. Al pertenecer al segundo grupo, este detalle es un problema. La situación solo se complica más si tenemos otros factores en cuenta a la hora de analizarla, como el hecho de que soy una adolescente. Rasgo suficiente para que su inteligente y desarrollado cerebro cuya capacidad iguala la de Kant o, Helga no lo quiera, la de Aristóteles, comprenda mi repulsión hacia la atención. Puede que existan otros factores como el típico comentario desacreditador sobre Hufflepuff o la desagradable sorpresa de algunos compañeros "chupasangres" de otras casas que sienten cuando me niego a ayudarles o, más bien, a que se aprovechen de mi caridad. Por ello, no me gusta ser fruto de tanta atención al sentirme cansada de la estupidez mágica que reside en Hogwarts. A las personas se les olvida que los tejones también comen carne. Sí, eso debe ser.

Pese a todo, yo quiero a Cedric tanto como quiero a mi familia. Él fue la primera persona que no se rindió en la lucha contra mi amargo carácter y esperó y esperó a que le mostrase mi interior personal. Por aquel simple hecho, jamás traicionaría a Cedric y, por la cantidad de veces que le he sacado de problemas y he mantenido su fachada de golden boy de Hogwarts, sé que él tampoco me traicionaría. Da igual si él es la versión mágica de un golden retriever y yo la de un siamés, pues ambos somos dos orgullosos y leales tejones. Mientras nosotros existamos, el título de la casa más leal reside en Hufflepuff. Lo siento Gryffindor. Bueno, en realidad, no lo siento.

Hablando de Gryffindor y ligando el tema con Cedric, dije que jamás traicionaría a Cedric Diggory, pero en este preciso instante, dudo de la veracidad de mi premisa inicial. ¿Por qué? Porque otro de los puntos negativos de tener una amistad con un golden retriever es que la lealtad se muestra con los actos y no con las palabras. Hablo en sentido literal. Sí, a Cedric Diggory se le ha escapado mi amor no correspondido hacia uno de los gemelos que reinan en la jerarquía de popularidad de Hogwarts. Sí, desgraciadamente estoy hablando de los gemelos Weasley y sí, estoy enamorada del rompecorazones de nuestra generación, Fred Gideon Weasley. Helga, I know it.

Todo empezó esta mañana con Cedric y su fascinación por el papel de Romeo del actor muggle de veintiún años, Leonardo DiCaprio.

 


 

Me encontraba en el Gran Comedor sentada en la mesa correspondiente a mi casa, tomando mi desayuno tranquilamente y disfrutando de la paz que predomina en aquella estancia de Hogwarts si acudes temprano a desayunar. Me considero una persona madrugadora al necesitar aquella paz para poder sobrevivir entre semana y semana en el caótico castillo mágico. Una paz de nuevo día que duró poco al Cedric Diggory hacer su gran aparición.

"Por Helga, girl, ¿has visto la nueva película de Leonardo DiCaprio?" gritó Cedric tras localizarme en la mesa de Hufflepuff. Llevé mi dedo índice a mi boca realizando un gesto que indica silencio y Cedric, saliendo de su emoción, miró hacia el resto del Gran Comedor llevándose una mano hacia la nuca nerviosamente. Se escucharon unas risas y, tras recuperar su compostura como el golden boy de Hogwarts, Cedric Diggory volvió a centrarse en su misión: molestarme.

Tras llegar a mi lado, se sentó y me miró expectante. Entre confundida y sorprendida por su energía a las siete de la mañana siendo Cedric lo contrario a madrugador, lo miro extrañada. "¡Oh, vamos! No me digas que no sabes de quién te estoy hablando" exclamó Cedric mientras se cruzaba de brazos y me miraba con gesto serio. "Vale, no te lo digo" respondí mientras intentaba identificar a aquel actor muggle en mis recuerdos.

Técnicamente, no estaba al cien por cien equivocado, pero tampoco sus palabras eran ciertamente correctas; es decir, el nombre me sonaba, por lo que debía de habérmelo mencionado en las tantas conversaciones que podían perfectamente ser denominadas como monólogos al ser Cedric el único que participaba en ellas, comentando lo guapo o guapa que eran algunos actores y actrices y en las que yo desconectaba completamente. A ver, quiero a Cedric, pero es preferible no participar en la conversación porque si doy mi opinión sobre aquellas personas por las que Cedric siente ganas de realizar actividades que me producen un sonrojo en las mejillas, el golden boy de Hogwarts haría un comentario que siempre seguiría la estructura de "El problema es que no es cierto pelirrojo, ¿verdad?" y el sonrojo se esparciría de mis mejillas hacia el resto de mi cara. Puedo imaginar perfectamente la cara de Cedric decorada con una sonrisa burlona y, digamos que prefiero ver la Guernica de Picasso durante el resto de mi vida.

Pero más que su expresión de superioridad propia de un Malfoy o mi sonrojo incontrolable, el verdadero motivo por el que dejo que Cedric hable y hable es que él hace comentarios sin tener en cuenta la situación, si estamos dentro de muchos campos auditivos de gente curiosa o no y, sobre todo, si George o Lee, o peor Fred, están a escasos metros de nosotros. Digamos que mi lado sofisticado no acepta mi sonrojo efusivo y menos si es Fred Gideon Weasley el causante de éste. Si Cedric se enteró de mi amor hacia aquel lindo pelirrojo fue porque era demasiado obvio, no porque haya sido confesado por mis labios. Y lo sigue siendo.

"¿Qué pasó con el Good morning, my dear friend. How have you slept? ?" respondí mientras esbozaba una sonrisa y apartaba la mirada de él intentando salir de aquella situación sin quedar como una mala amiga. Mi comentario no le hizo ninguna gracia a Cedric, el cual resopló y negó con la cabeza murmurando unas palabras que entendí como "Qué voy a hacer contigo". Mi mirada volvió a proyectarse sobre él y, aparentando estar ofendida, pronuncié: "¿Qué has dicho?".

"¿Te acuerdas de que te hablé de la nueva adaptación al cine de Romeo y Julieta que iban a estrenar?" dijo Cedric ignorando completamente mis palabras anteriores. Tras la mención de Romeo y Julieta bufé y dejé de proyectar mi mirada sobre él. De repente, mi tostada se volvió lo único interesante de todo el Gran Comedor. Cedric continuó hablando ignorando mi actitud, algo que como puedes notar, es básicamente nuestra dinámica. "En fin, la película se estrenó hace varias semanas y, gracias a mi ángel de la guarda Hannah, llegó de manera no muy legal hablando mugglemente a mis manos" me regaló una sonrisa traviesa. "La he visto y-" Cedric no pudo evitar soltar un chillido de emoción a modo de manifestar lo increíble que le pareció aquella película.

Como era aún bastante temprano para bajar a desayunar, la cantidad de personas que se encontraban en el Gran Comedor era tan escasa que ni llenábamos una mesa completa. Con la entrada del golden boy de Hogwarts, fueron bastantes los individuos que mantuvieron su atención en él y, con aquel chillido, Cedric había conseguido atraer la atención completa. 

Automáticamente, mi mano viajó hacia su boca, tapándola para que no hiciera tanto escandalo. Cedric me lamió la mano para que la apartara de su boca y una mueca de asco se instauró en mi rostro. "Helga, Cedric te he dicho millones de veces que no hagas eso. ¡Qué asco!" exclamé mientras restregaba mi mano en su hombro, limpiándola en su túnica. Cedric, volviendo a ignorar mis respuestas negativas, continuó con su narración. "Estaba tan guapo que pensé que me moría mientras lo escuchaba en la escena de la piscina con su pelo rubio mojado y sus ojos tan profundamente azules recitar sobre su amor hacia Julieta. ¡Oh! ¡Ojalá ser yo Julieta!" rodé los ojos mientras Cedric descruzaba sus brazos de su pecho y entrelazaba sus manos llevándolas hacia una de sus mejillas. "¿Quién estaba tan guapo?" pregunté ignorando su deseo de ser Julieta. Me regaló una corta mirada tras aquella pregunta que me recordó a aquel momento en el que Cedric probó por primera vez los chicles e intentó hacer una pompa. Obviamente lo consiguió a la primera y, frustrada al yo haber tardado años en conseguirlo, le exploté su querida pompa de chicle rosa. Después de demostrarme su odio con aquella mirada, Cedric volvió a lo suyo.

"¡Oh! ¡Romeo! ¡Romeo!" recitaba Cedric mientras yo intentaba no ahogarme con mi tostada de la risa. 

Tras terminar su monólogo, Cedric separó sus manos de su mejilla izquierda y las apoyó en su regazo. Él solo tenía una pierna colocada debajo de la mesa, por lo que su cuerpo estaba girado hacia mí. Tras un silencio en el que me recuperaba del ataque de risa, Cedric creó una conversación al por primera vez tener en cuenta mis reacciones. "Ya sé que no te gusta Romeo y Julieta-" "No es mi culpa que Shakespeare tenga mejores tragedias que esa, aunque adoro el universo alternativo de Romeo y Cedric" dije interrumpiéndolo sin poder evitar expresar mi opinión y reírme de su crush. Cedric alzó una ceja ignorando mi último comentario. "¿Puedes recordarme por qué no estás en Ravenclaw?" preguntó. "Porque que me guste la literatura no significa que me vaya bien en el mundo académico" dije mientras me encogía de hombros. "¡Pero si también sabes sobre el "pensar de los muggles"!" exclamó Cedric mientras apuntaba un dedo acusatoriamente hacia mí. "Primero, se llama filosofía, no "el pensar de los muggles"-Shit, acabo de sonar igualita que Hermione" dije mientras me tapaba la boca con una mano. Cedric repitió como un loro mis palabras intentando sonar como Hermione, fallando en el intento al no poder aguantar la risa. "Para. No está bien reírse de los demás" exclamé intentando no reírme, anulando cualquier seriedad. Cedric, intentando mantener la compostura, se llevó una mano al pecho. "Paramos" pronunció. "Que poco Hufflepuff de nosotros" exclamé con falsa lástima. "Es verdad, ¿crees que los de Slytherin se escandalizarían si supieran que somos más malos que ellos?" dijo Cedric con falso terror. "Pocos conocen la heartbreaking historia del tejón Grindelwald" exclamé y, tras unos segundos de silencio mientras nos mirábamos frunciendo los labios intentado no reírnos, la felicidad explotó.

Es cuando me rio con Cedric cuando me olvido de la atención de los demás.

Tras calmarnos, continué con mi antigua explicación. "Segundo" —Cedric casi se vuelve a reír— "mi padre muggle es profesor de filosofía, y créeme, Cedric, no me gustaría saber nada de ello, pero antes de que se supiera que soy una bruja, mi padre deseaba inculcarme en el arte de la razón y seguir sus pasos. No hay día que no le agradezca a mi madre por haberme salvado de semejante pesadilla" pronuncié.

La verdad es que es curioso como Cedric no sabe nada de los muggles con la excepción de actores y actrices. 

Cedric me dio unas palmaditas en el hombro mientras intentaba no reírse y, tras un codazo de mi parte y un pequeño silencio, Cedric exclamó: "Pues tienes razón, Romeo y Cedric queda mejor que Romeo y Julieta". Volví a reír y, tras una respuesta de mi parte mencionando mi infinita razón, el golden boy de Hogwarts volvió a su estado de fangirl. "¿Es que tú has visto a ese Romeo?" pestañeó. Le miré a los ojos sin mostrar ninguna emoción en mi expresión, respondiéndole a su pregunta con indiferencia. "Es que es rubio, tiene ojos azules ¡Por Helga! Luce como un ángel caído..." Mientras Cedric seguía completando la lista de cualidades de Leonardo DiCaprio, por una fuerza desconocida pero a la vez terriblemente conocida, mis ojos fueron atraídos hacia las puertas del Gran Comedor. En el viaje de mis ojos hacia las puertas pude observar que había mucho más ambiente que cuando Cedric hizo su aparición.

Cuando mis ojos llegaron a su destino, mi corazón revoloteó en mi pecho como si fuese una mariposa al terminar su transformación y alzar sus alas por primera vez. Y es que es así como me siento cada vez que lo miro: caigo enamorada de él de nuevo y de nuevo y siento mi corazón latir como si fuese la primera vez que late.

Cedric fue el primero que no se rindió en intentar conocerme, pero no fue el último. Fred Gideon Weasley también lo intentó, saliendo victorioso de aquella lucha, y no solo por haber llegado a mi persona, sino por haber llegado también a mi corazón. Su nombre está tan gravado en mi interior que cada vez que escucho "Fred" o "Weasley" un violento sonrojo hace su aparición en mis mejillas. Aunque ese pequeño —GRAN— detalle era desconocido para él en aquel momento. Y ojalá se hubiese quedado así.

Helga, no era justo. Si Fred es el rompecorazones de Hogwarts es porque tiene las características de un verdadero Romeo: belleza, carisma y confianza. ¿Cómo es posible que sea real? Además de todas esas cualidades, tiene una traviesa personalidad que solo hace que me enamore más de él. No hay ninguna broma suya o comentario que no me provoque una radiante sonrisa llena de amor y felicidad. Estoy tan enamorada de él que tengo miedo de que mis sentimientos tan íntimos sean identificados por su persona. Miedo el cual se produce al saber que a él no le va eso del amor y que él no siente lo mismo por mí. Aunque el verdadero centro del miedo es —pese a saber que no se produciría al ser Fred buena persona— una burla suya como respuesta a mis sentimientos. Sí, me da miedo de que se ría del hecho de que le daría todo de mí y del hecho de que con oír su voz mi atención se enfoca en él y solamente en él. Pese a lo terrorífico que es estar enamorada de él, jamás lo cambiaría, porque sé que por mucho que pueda querer en el futuro, mi corazón nunca se arrepentirá de haber latido de amor por Fred Gideon Weasley. 

¿Qué cómo acabe tan enamorada de un Weasley? Todo empezó en cuarto año en la lúgubre clase de Snape. Había llegado tarde, por lo que los diez primeros minutos de mi instancia en aquella clase consistieron en Snape insultándome a mí y a mi casa. La verdad es que mi desgrado hacia Snape era tal que en vez de prestar atención a sus palabras despectivas estaba intentado no hacer una mueca al observar su grasiento pelo. "Siéntese al lado del señor Weasley" fue la orden que me devolvió a la realidad. Escaneé el aula y me di cuenta de que ambos gemelos estaban sin pareja y estaban inusualmente callados. "¿Con cuál de ellos, profesor?" le pregunté a Snape. "Con el señor Fred Weasley". El extraño silencio seguía reinando en el aula pese a contar con la presencia de los chicos más problemáticos de Hogwarts. Sin pensar, me encaminé hacia Fred notando las miradas expectantes de los Gryffindors que se encontraban en aula. Hasta Lee Jordan estaba callado. "¿Acaso soy la víctima de la próxima broma de los gemelos?" fue lo único que me planteaba mientras llegaba al fondo del aula y me sentaba al lado de Fred. 

Antes de enamorarme de él, no tenía una opinión específica con relación a los gemelos Weasley. Nunca había hablado con ellos ni había caído en ninguna de sus bromas pero, por alguna extraña razón, supe distinguirlos al momento. ¿Quién diría que aquella extraña razón era que me iba a acabar enamorando de uno de ellos? Al fin y al cabo el amor no deja de ser mágico.

Tras sentarme a su lado con precaución, esperé unos segundos al temer la aparición de algún objeto no identificado. Temía quedar en ridículo en frente de toda la clase al caer en una de sus bromas. "Soy George" su voz me sorprendió por un momento. Giré mi cabeza hacia él y, por primera vez en cuatro años, hicimos contacto visual. "¿Cómo alguien tan travieso podía tener unos ojos tan tiernos?" fue lo único que pensé mientras me ponía en modo automático, cambio que siempre realizaba a la hora de hablar con alguien que no era Cedric. Este modo automático consiste en continuar la conversación sin darle muchas vueltas a cómo responder, es decir, responder con indiferencia. "No, eres Fred" establecí. Fue su turno de mirarme con precaución y, tras lanzarme una mirada inquisidora, elaboré. "No eres George porque Snape me ordenó que me sentara con Fred y tú eres Fred". La seriedad no abandonó mi rostro por lo que cuando se empezó a reír a carcajada limpia, fruncí el ceño mientras la posibilidad de haberme equivocado de verdad hizo que mis mejillas se tiñeran de rojo. "Pero no es posible, él es Fred" pensaba autoconvenciéndome de la imposibilidad de errar.

Snape nos echó fuera de clase al no soportar escuchar el sonido de la joven felicidad. Una injusticia.

En el pasillo, Fred aún se seguía riendo. Molesta, exclamé "¿Puedes decirme qué es tan gracioso?". Pareció ser que la molestia en mi voz le devolvió a la realidad. "¿Sabes? Estaba esperando una respuesta más elaborada, y el hecho de que decidieras que soy Fred por una convicción tuya propia, era lo último que me esperaba" explicó mientras se apoyaba en la fría pared de piedra. "Pero es que eres Fred" dije sin dar mi brazo a torcer. Él me miró con una emoción en sus ojos que no pude identificar, me sonrió pícaramente y, acerándose peligrosamente a mi cara, pronunció "Sí, soy Fred Weasley, sweetheart"

Pequeñas conversaciones acabaron convirtiéndose en nuestra rutina con algún comentario suyo que me provocaba una sonrisa durante las clases de pociones. No lo sabía, pero a finales de año ya me había enamorado de él tras mostrarme quién era Fred Weasley a través de pequeños detalles como cómo fruncía los labios y jugaba con sus manos ligeramente antes de preguntarme algo, temiendo sonar estúpido, detalle que eliminó la característica de infinita confianza de su persona; o como cuando se ilusiona mucho con algún tema deja de pronunciar las palabras con un tono coqueto para incluso tartamudear de la emoción al conseguir realizar bien una poción, detalle que terminó con mi pensamiento de infinito carisma sobre él. La belleza siempre se mantendrá pues ¿tú lo has visto? Igualmente, Fred era más que un simple Romeo siendo en realidad una de las personas más graciosas, inteligentes e interesantes que he conocido. Aquel descubrimiento hizo que me enamorara de él. 

Mis ojos continúan pegados en su figura mientras hace su aparición en el Gran Comedor, en cómo echa la cabeza hacia atrás riéndose de un comentario de George o Lee mientras su largo pelo, el cual me moría por acariciar, se movía con el repentino movimiento. Su carcajada se sumó al murmullo del Gran Comedor, pero mis oídos guiados por mi corazón solo escuchaban aquella risa que me instauraba automáticamente a mí una sonrisa en la cara. Suspiro. Miles eran las veces que me había imaginado las citas que tendríamos en el Lago Negro mientras él me contaba sus ideas para nuevas bromas con su cabeza apoyada en mi regazo y mientras yo me reía de algunos de sus comentarios. Todo ello mientras le acariciaba su pelo, el cual estaba bañado por la luz del sol. Otras citas cocinando galletas con extra de chocolate, como me había dicho que le gustaban, mientras acabábamos cubiertos de la masa tras yo haber insultado su comida y él haber respondido iniciando una guerra con la comida. También imaginaba con tremendo deseo las noches que pasaríamos juntos acurrucados en su cama mientras escuchábamos la respiración entrecortada del otro tras besarnos hasta quedarnos sin respiración...

"¡Ya sé que el único Romeo para ti es Fred Weasley pero no me ignores!" gritó Cedric. Sí, me gustaría decirte que exagero al usar el verbo gritar pero no, literalmente lo había gritado. Todo el Gran Comedor se sumergió en un silencio sepulcral, como si hubiese sido Snape el que hubiese gritado. Miré a Cedric con la boca abierta mientras veía la realización en su cara. La había cagado. Lo único que podía sacar positivo de esta situación era que no muchos conocían quién era Romeo al ser literatura de muggles y, tras echar un vistazo por las personas que ya estaban en el Gran Comedor, no había muchos nacidos de muggles. Pero sí estaba Hermione. Estaba cagadísima y Cedric aún más. Miré a Fred rezándole a Helga que él siguiese a lo suyo y que no se hubiese enterado de nada, pero Helga no quiso oír mis súplicas y Fred me estaba observando. Lo peor no era eso, lo peor era que estaba sonrojado.

 


 

Aquel catastrófico suceso ocurrió esta mañana y, volviendo al presente, hoy es el peor día de mi vida. Tras las palabras de Cedric, el silencio perduró más de la cuenta en el Gran Comedor y, tras hacer aquel vergonzoso contacto visual con Fred cuyo recuerdo me perseguirá todas las noches, mi cerebro dejó de funcionar al no querer asimilar esta horrible realidad. Fue cuando Cedric intentó arreglar la situación (fallando estrepitosamente en el intento) subiéndose a la mesa y pronunciando un discurso que empezaba con "Ladies, gentlemen and others, me he expresado mal. A mi querida mejor amiga no le gusta Romeo porque me gusta a mí- Espera, a mí no me gusta Fred Weasley, ese le gusta a ella- No perdón no quise decir eso...", cuando decidí que era hora de desaparecer de la escena. 

El resto de la mañana estuvo protagonizado por comentarios burlescos sobre mi amor hacia Fred. Ya era consciente la imposibilidad de que este amor fuese correspondido y no necesitaba que cada ser de Hogwarts con tres extremidades inferiores me lo recordase solo para hacerme aún más daño. Mi peor pesadilla se había cumplido y, esta vez, no era como las anterior. No podía abrir los ojos y ver otra realidad distinta al ser esta la única existente. Mentiría si te dijera que cada comentario no duele, ya que el grado de dolor no hace más que aumentar con cada uno. Era una ilusa al imaginar un triunfo con aquel chico pelirrojo en mi vida amorosa. Solo eso, una tonta ilusa.

No tuve ninguna clase con gryffindors en toda la mañana, pero no era necesario. Daba igual con quién compartiésemos la clase los tejones al ser el numerito de Cedric de lo único de que se hablaba. Incluso recibí burlas de compañeros de mi propia casa. ¿Lealtad? Estos no son de Hufflepuff, Sombrero Seleccionador. Pese a todo el dolor, ninguna lágrima fue derramada al yo no perder la compostura y caminar con la cabeza bien alta. ¿Valentía? Muchos leones desearían tener la mitad de lo que un simple tejón como yo tiene. 

Claro que hay una razón por la que no estoy en Gryffindor pese a haber hechizado el pelo de Malfoy rojo tras sus burlas. La razón es que pese a tenerla, mi valentía no es mi especialidad al tener un punto débil el cual posee nombre y apellidos: Fred Weasley. Y es que de todas las asignaturas que compartimos con Gryffindor, justo hoy tiene que ser Pociones la única de la lista. Asignatura en la cual Fred Weasley está a escasos centímetros de mi persona. Asignatura que se encuentra cavando mi tumba a medida que me acerco a las puertas de su aula. Ya puedo imaginarme su personificación mientras cava con la pala mi tumba. No sé por qué pero, si Pociones tuviese cara, sería clavadita a la de Locke, pese a no tener absolutamente nada que ver. Maldigo a mi padre por educarme de esta forma.

Intento olvidar la desagradable imagen de Locke con un sombrero de mago y una sonrisa lunática de mi cabeza mientras camino por los infinitos pasillos de Hogwarts. El trayecto que hay que realizar hasta la clase de Snape siempre me deja sin aliento. Aliento que se corta al ver a una conocida cabellera pelirroja de la cual llevo huyendo desde la increíble demostración de las tácticas dramaturgas de Cedric. Fred aparece en mi campo de visión tras girar en una de las cuatro esquinas que conectan el pasillo por el cual se encuentra mi pobre alma con otro. Básicamente forman una cruz. El chico que me roba suspiros aparece del lado derecho de la cruz al girar en la esquina, encaminándose al pasillo central de la cruz, justo por dónde yo estoy caminando. Al haber bastante distancia entre nosotros y Fred regalarme una visión perfecta de su espalda, dudo que me viera. Eso sí, mi duda no quita mi locura y, en el momento en el que identifico su cabellera pelirroja, entro en la primera aula que encuentro. 

Ni paro a ver si hay un profesor con su alumnado ni nada. Mi mano se acerca al pomo de la puerta y, al ver que es posible entrar tras ella, mi cuerpo se adentra sin mirar hacia atrás ni pensar en las consecuencias. Una vez entrado en el aula, pego mi espalda a la puerta mientras respiro rápidamente por la adrenalina del momento. Por el hecho del miedo que un encuentro con Fred me produce, tuve los ojos cerrados durante toda la acción de esconderme. Al darme cuenta de este hecho y de la posibilidad de haber interrumpido una clase, los abro asustada. Miro a mi alrededor. Suspiro. No hay nadie en el aula y, por la gran capa de polvo que tienen los pupitres, se puede llegar a la conclusión de que nadie ha entrado en este aula desde hace décadas.

Despego mi espalda de la puerta mientras me aliso la falda con las manos, intentando tranquilizarme. Antes de entrar al aula, tenía miedo de lo que podía suceder en el exterior si Fred me encontraba y, ahora dentro del aula, el miedo sigue presente pero la razón de éste es muy diferente. Sí, el aula tiene un aspecto terrorífico y me causa miedo. "Tranquilízate que esto solo es un aula. ¿Acaso prefieres salir fuera y encontrarte con tu pesadilla llamada el gran rechazo de Fred Weasley? No, así que calma" pienso intentando hallar la paz en mi interior mientras me abrazo a mí misma. 

La soledad de aquel aula me rodea con angustia para  luego realizarlo de manera reconfortante. Tras una mañana en la que se ha vertido tanta atención en mi persona, ahora me siento dañada. Me duelen todas las palabras de burlas y, sobre todo, la imagen de patética que se me ha instaurado por petición y valoración de los demás.

Doy unos pasos adentrándome en el aula mientras dejo que las lágrimas acudan a mis ojos y que sean liberadas por mis mejillas. Mis brazos siguen rodeándome, como si este gesto fuese lo único capaz de mantener todas las piezas rotas de mi corazón unidas. Tras unos cortos pasos, alcanzo una de las sillas y, olvidándome del polvo, me siento en ella. Flexiono mis rodillas sentada, llevándolas a mi pecho y apoyando mi cabeza en ellas, dejando que las lágrimas las mojasen. No hay consuelo que me pueda ayudar en este momento, a no ser que ese consuelo provenga de los labios de la persona por la que mi corazón ahora late con dolor. "¿Por qué tuve que enamorarme de ti, Fred Weasley?" pienso mientras me escondo con más fuerza en mis rodillas, apretando el agarre en éstas de mis brazos. La soledad de esta aula la cual, en su pasado glorioso, seguramente había protagonizado risas, pero también llantos, me acaricia la espalda. Pocas veces la soledad es la cura pero, cuando lo es, uno además de salvarse, se conoce a sí mismo. 

Toda la atmósfera con una banda sonora silenciosa de una guitarra acústica con dolor de corazón se rompe con la abertura de la puerta. Al principio, el miedo a que me hubiese equivocado al establecer el estado de aquella aula como abandonada me sobresaltó y levanté la cabeza temiendo unir mis ojos con los de la profesora McGonagall, pero eso no sucedió. Mis ojos se unen con aquellos tiernos orbes que tantas veces había deseado que me mirasen y, por primera vez, no quiero la unión que se está produciendo entre mis ojos y los suyos.

Pese a todo mi rechazo, no pude retener todas aquellas mariposas que se alzaron en mi interior tras su aparición. A la vez, en mi cabeza, viajaron millones de posibilidades que terminaban con un roce de mis labios con los suyos, ilusiones que retiro al recordar mi estado. Seguramente tengo los ojos hinchados y las mejillas sonrojadas, estado en el que no quiero que me vea, ya que además de mis sentimientos, no quiero que se ría de mi apariencia. Cuando Fred percibe mi ademán de levantarme al separar las rodillas de mi pecho, exclama. "Espera. No te vayas". Tras su pronunciación, esas palabras llegan directamente a mi corazón al pronunciarlas con una voz llena de gentileza, la cual me recuerda a todas aquellas tardes en la biblioteca en las que, para no desconcentrarme, me hablaba con ese tono tan gentil y cuidadoso. Ese recuerdo borra completamente mi intención de irme y vuelvo a mi posición original antes de su repentina llegada, rompiendo el contacto visual al proyectar mi mirada sobre mis rodillas. 

Escucho el sonido de la puerta al cerrarse y sus pasos cada vez más cerca. Fred se sienta en la silla que se encuentra delante de mi pupitre, proyectando su cuerpo hacia mí. Tras unos segundos de silencio, su voz vuelve a llegar a mis oídos. "Lo siento tanto". Aquella voz que tantas veces sonaba con felicidad, ahora suena con un profundo arrepentimiento. Mis ojos oyeron sus palabras como si éstas se estuviesen hundiendo en un profundo mar de aguas del arrepentimiento "Siento tanto no haberte seguido cuando saliste del Gran Comedor" hace una pausa, dudando de cómo continuar. "Te habría ahorrado tanto dolor provocado por los demás" termina.

Levanto mi cabeza al instante en el que mi cerebro percibe el mensaje oculto tras sus palabras y no puedo evitar exclamar con furia "¿Evitar el dolor? ¿Qué parte de rechazarme antes y no ahora evitaría las burlas de los demás que me recuerdan con cada comentario el hecho de que mi amor por ti no es correspondido? ¿Acaso no piensas que tengo dignidad?". Al mirarlo mientras pronunciaba cada palabra, percibí como su expresión de arrepentimiento cambiaba a una llena de pánico el cual explotó en su boca tras yo callar. "¿Rechazarte? ¿Pero quién te dijo que yo te voy a rechazar?" pronuncia elevando la voz. Desconcertada por su cambio de actitud pero furiosa por su reacción llena de enfado al no entender el porqué de éste, respondo con la misma furia. "Todas y cada una de las personas que habitan en este castillo". Fred percibe mi furia crecer y eleva ambas cejas mientras una sonrisa sarcástica se instaura en su expresión. "¿Y tú has creído sus palabras antes de escuchar las mías?" dice bajando el tono de voz. Mantenemos el contacto visual hasta que la intensidad de su mirada me acobarda. "Te estás disculpando. Hecho que prueba la veracidad de las palabras de los demás" digo sin poder esconder el dolor en mi voz. Al momento, la expresión de Fred se suaviza y la intensidad de su mirada desaparece para dar paso a la... ¿timidez? Con delicadeza, estira su brazo para alcanzar mi mano la cual estaba apoyada sobre una de mis rodillas. Al ver que no me aparto, Fred apoya su mano sobre la mía. 

"Si me estoy disculpando es porque no debí haber dejado que la inseguridad de si las palabas de Cedric eran verdaderas o no me impidiese haberme levantado y haberte besado delante de todo el Gran Comedor" exclama dejándome sin respiración. Tras una pausa en la que sentí el impacto emocional de sus palabras por todo mi cuerpo, Fred continuó. "Te quiero. Me has gustado desde que mis ojos se posaron en tu sonrisa y te llevo queriendo desde nuestra primera conversación en la que estableciste que soy Fred porque es lo que creías" sonríe. "Y como las palabras de Cedric sean mentira de verdad, viajaré a Rumanía con Charlie y no volveré a pisar Inglaterra nunca más de la vergüenza" termina mientras un sonrojo se esparce sobre sus mejillas y aparta su mano de la mía, llevándosela a la cara para intentar ocultarlo.

Siento mi corazón latir con fuerza y alegría mientras nuevas lágrimas caen por mis mejillas. Aparto su mano de su cara con mi mano. Uno mis ojos llorosos con sus ojos tímidos. "Las palabras de Cedric no son verdaderas porque no eres mi Romeo" sentí la luz de sus ojos parpadear "Porque para mí eres solamente Fred. La persona más graciosa, inteligente e interesante que he conocido. Cualidades que ya le gustaría tener a Romeo" sonrío con más felicidad y pronuncio en un susurro debido a la emoción del momento: "Yo también te quiero". Fred se levanta de la silla rápidamente y, aún con mi mano entrelazada con la suya, se coloca en uno de los lados de la silla. Dejo de apoyar los pies en la silla, desdoblando las rodillas y me giro hacia él sorprendida por su cercanía. Su mirada se pega a mis labios de un momento a otro. "¿Puedo besarte?" pregunta con la sonrisa más brillante que jamás le había visto. "Sí" respondo. 

Tras mi consentimiento, Fred posa sus labios sobre los míos mientras su mano libre viaja hacia mi mejilla. Hace más firme la unión de nuestras manos. Tras un pequeño roce de labios, Fred se separa, gira la cabeza hacia el otro lado y me besa con todo el amor que siente por mí. Moviendo mis labios cariñosamente, le devuelvo el beso con la misma cantidad de amor sin poder evitar sonreír de felicidad. Tras varios besos llenos de amor, recuerdo la clase de Pociones. "Fred tenemos que ir a Pociones o se van a pensar que estamos haciendo algo indecente al faltar los dos a la vez" digo mientras intento aparatar sus brazos los cuales ahora se encuentran rodeándome la cintura. Escucho la risa de Fred. "Dime, sweetheart, ¿crees que sus suposiciones no son correctas?" Me sonrojo tras sus palabras y Fred me vuelve a besar una vez más.

Cedric, te debo una a ti y a tu querido Romeo.

 


 

"¿Quién es Leonardo DiCaprio? preguntó Fred una noche mientras estábamos en su cama acurrucados. "Un actor muggle de ojos azules y rubio, ¿por?" respondí. "El día que Cedric confesó tu amor hacia mí en el Gran Comedor intentó convencerme de que no era yo tu Romeo, sino Leonardo DiCaprio. Sus argumentos eran que os peleabais por a quién le gustaba más y que siempre ganaba él al recordarte que antes tenías sentimientos hacia mí. ¿Es verdad?" cuestionó con una ceja alzada y una sonrisa traviesa. Tras soltar una carcajada por la improvisación de Cedric, respondí. "Es verdad que me gustan los rubios, pero no". Pese a mi negación, Fred se sorprendió. ¿"Te gustan los rubios?" preguntó con incredulidad. "Sí" respondí sin entender completamente su actitud. Una de sus manos viajó a mis caderas mientras cambiaba nuestra posición. Fred se encontraba encima de mí y, acercando sus labios a mi oreja, pronunció. "Déjame quitarte el mal gusto".  Me reí hasta que con sus caricias y besos, solo pude gemir. 

Está claro que la realidad supera a la imaginación y cuando me imaginaba salir con Fred Weasley, ni me acercaba al verdadero grado de felicidad que se sentía realmente.

Notes:

Espero que hayas disfrutado leyéndolo como yo escribiéndolo! 🫶🏻