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Soundtrack

Summary:

Ben está seguro de muy pocas cosas en su vida; se le da bien ser un adolescente promedio, su mente no funciona como la del resto y Damián es su mejor amigo. Fuera de esto, todo es incertidumbre.
Está a punto de terminar la secundaria y se enfrenta al mayor abismo que se le puede presentar a un adolescente en una pequeña ciudad; el verano previo a la universidad. El verano previo a la vida adulta que se le viene encima a velocidad de tren bala. Sin embargo, él tiene un plan muy establecido de lo que se le aproxima, con un empleo asegurado y una carrera elegida acorde a sus posibilidades y destrezas. No ve que nada pueda salirle mal.
Pero, como ya es usual para él, algo va a salirle mal. En su futuro ya diseñado en detalle, la posibilidad de que la percepción que tiene de su amigo de la infancia, aquel con quien se mete en problemas desde que tiene uso de razón, cambie por completo no estaba ni de cerca prevista. Mucho menos en pleno último año de secundaria, cuando sus caminos parecen a punto de separarse por primera vez en sus vidas. Y lo peor de todo es que eso no es lo único que parece no estar previsto.

 

Esta obra está publicada en Wattpad con el mismo título, @caenede ;)

Notes:

Primero que nada, gracias por la oportunidad que le estás dando a mi pequeña historia y por el tiempo que le vas a dedicar, lo valoro muchísimo.

Antes de que te embarques en la lectura, me gustaría dejar un par de cosas claras. El protagonista de esta historia es un adolescente que lidia con ansiedad y pánico, y en cada capítulo que haya una descripción gráfica de crisis de pánico o ansiedad voy a dejar la respectiva advertencia para que nadie que esté atravesando un momento en el que se encuentra vulnerable a esta temática se exponga a una lectura que pueda afectarle. Esto es algo con lo que yo también convivo y sé que no siempre se está lista/o/e para encontrarse con ello de sopetón.

Como ya dije, el protagonista es un adolescente, por lo que no siempre va a tomar las mejores y más responsables decisiones respecto a su salud mental. Desde ya quiero dejar constancia de que estoy en desacuerdo con muchas cosas que mi querido Ben va a plantear a lo largo de la historia, y con muchas decisiones que va a tomar. Si en algún momento te identificas con algo de lo que él describe, quiero decirte que, si está dentro de tus posibilidades, siempre la mejor decisión es consultar a los respectivos profesionales de la salud mental. Sé que a veces puede parecerte que no, pero lo es, ellos están para ayudarnos.

Dicho esto, de nuevo gracias, voy a actualizar los viernes, mientras la universidad y el trabajo me lo permitan.

knd.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Capítulo I: no sé hablar francés.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Playlist :)

El soundtrack de esa mañana era el pedalear de las bicicletas y las aves que cantaban animadamente

El soundtrack de esa mañana era el pedalear de las bicicletas y las aves que cantaban animadamente. El sol ya se encontraba en el cielo, a pesar de que eran las 7:30 de la mañana. Yo adoraba las mañanas de primavera, pero Damián no tanto. A él le irritaban levemente los pájaros, el tener que estar despierto a esta hora y verse obligado a pedalear para ir al colegio, aunque viviéramos a solo diez cuadras. Hice un zigzag para molestarlo, Damián fastidiado era divertido de ver, siempre y cuando no llegue a enojarse, pero eso no sucedía seguido. En lo único que le daba la razón era en lo difícil que era pedalear con los pantalones rígidos del uniforme del colegio.

—Un mes y no voy a volver a pedalear en toda mi vida —bufó él, con el dramatismo que la mañana ameritaba.

—Nada te garantiza que tus padres te dejen usar el auto apenas saques tu licencia, menos para venir todos los días a la escuela —comenté, aunque sabía que probablemente se lo fuesen a dar, pues así eran sus padres.

—Nos quedará solo un mes.

Iba al colegio en bicicleta con Damián desde los diez años aproximadamente, cuando mi abuela me dejó hacerlo con una única condición; que no fuera solo. Así que, como en la mitad de situaciones de mi vida, lo arrastré conmigo. Vivíamos en una ciudad muy pequeña, todos los niños iban a la escuela en bicicleta solos, pero así era Abi, me dejaba hacer lo quería, pero bajo sus condiciones. Yo lo disfrutaba, pero sabía que mi amigo lo hacía exclusivamente porque era la condición de mi abuela había puesto para que yo lo haga, y luego se nos hizo costumbre. Y allí estábamos, a casi dos meses de terminar la escuela. Había mañanas en las que hablábamos más, bueno, en realidad, yo hablaba más, él se limitaba a contestar. Sé muy bien que él podría estar en silencio hasta las diez de la mañana sin ningún problema, odia madrugar y nunca está de humor.

Apenas llegamos al colegio, hizo lo mismo de siempre; ató su bicicleta con seguro al bicicletero.

—Sabes que no te van a robar aquí —comenté para molestarlo mientras lo esperaba para entrar.

—Un día, Ben, vamos a salir de este edificio del demonio, y vas a ver mi bicicleta impoluta en su lugar y ¿Dónde estará la tuya? No sabremos, porque nunca en tu puta vida le pusiste seguro —me contestó atravesando la entrada y el pasillo principal.

Me reí, él también sonrió.

—Esperemos que ya tengas tu licencia, entonces.

—Sí, para tener el gusto de verte venir caminando desde la comodidad de mi auto —dijo sonriente sentándose en su pupitre.

Nuestra escuela era un poco exigente en relación con la conducta en clase, hacía muchos años que no nos dejaban sentarnos de a pares, tampoco hablar mucho en clase ni cambiarnos de lugar a lo largo del año escolar. Yo me sentaba con Damián de un lado y Ciro del otro desde primer año. Me gustaban las rutinas. 

—Pago por ver a Ben caminando —aportó Ciro también tomando su lugar.

Todos me decían Ben, algo que no era usual teniendo en cuenta que no vivíamos en yankilandia. La gracia de mi apodo es que Damián me lo puso de niños porque descubrió que el nombre de Ben-10 era efectivamente Benjamin. "Se escribe como el tuyo pero se dice con sh", solía decirme. No recordaba exactamente todo el proceso pero sabía que en algún punto se había acortado de Ben-10 a simplemente Ben. Mi nombre, como muchas cosas en mi vida, eran culpa suya.

La maestra no tardó demasiado en llegar, tocaba matemáticas. Me iba bien en el colegio generalmente, no era un gran problema para mí. Me costaba matemáticas, pero sabía que cuando me sentara a estudiar lo comprendería, no presté mucha atención en esa clase. Me dediqué a intentar que Ariana me mirara. Ella se sentaba en la primera fila, pues no veía muy bien, por lo que solo podía apreciar su cabello largo suelto con las mismos dos brochecitos negros de todos los días sosteniendo los mechones de adelante para que no le tapen la cara. 

Hacía relativamente poco que salía con ella, había surgido casi accidentalmente. Hubo muchos accidentes en mi vida. Me caía bien, yo le caía bien, me hacía caso y estar con ella era agradable. Fue cuando se volteó a pedirle la goma a una compañera que me vio. Sonrió y estuve satisfecho con ello. Era la primera vez que salía con alguien de mi salón, antes pensar que era un poco problemático por lo que sucediera después, pero solo quedaban dos meses de clases, ya daba igual. De igual forma, Ariana no era mi novia exactamente, quizás algún día lo fuese, pero no aún. Era entretenido buscar su mirada en el colegio, aunque no buscaba nada más que eso, no se me daban bien las muestras de interés frente a mis amigos.

En un momento me giré hacia Damián, mientras simulaba hacer los ejercicios, él sí los estaba haciendo. Genial, se los podría pedir, aunque la matemática tampoco fuese su fuerte. Su fuerte ciertamente era la música, sabía que a él le gustaría estar con los auriculares puestos, pero ya lo habían atrapado demasiadas veces con los audífonos en clase, y no quería más llamados de atención. 

Luego del receso, la señora Torres hizo su aparición estelar, y de inmediato Damián se encogió en su asiento. Él era desde primer año su alumno favorito, probablemente su favorito entre todos los que que habían pisado nuestra escuela bastante mediocre en cuanto a las artes. Podía tocar cualquier instrumento que se propusiera, y aunque su fuerte era el piano, cualquiera que le dieses lo dominaba en un tiempo extremo. Él afirmaba que yo exageraba cuando decía eso, yo, en cambio, pensaba que él era muy modesto. La señora Torres adoraba obligarlo a tocar lo que tuviese a disposición, ya que de todos los números musicales que nos obligaba a hacer, él siempre era el pilar fundamental. Pero había un detalle muy relevante, Damián odiaba ser el centro de atención. No era precisamente tímido ni tenía un problema con la socialización, hasta que la profesora lo obligaba a tocar la guitarra solo mientras intentaba convencer a alguien de cantar.

Hoy era un día especial para la señora Torres; empezaba a preparar la canción del acto de graduación. Y mi amigo, en efecto, estaba aterrado.

—Te lo juro, voy a cortarme los dedos —me dijo susurrando.

—Deja de ocultarte, es imposible que se olvide de ti —le contesté mientras la mujer hacía su típica introducción, contándonos lo importante que era la última canción que nos haría cantar.

—Damián Toscatti —dijo sin más.

Me reí, Damián me lanzó una mirada un tanto violenta.

—¿Sí?

—¿Cuento contigo?

—¿Tengo opción? —preguntó encogiéndose de hombros.

También tenía ese privilegio del cual solo se puede regodear él, el de la impunidad  responder como quisiera, porque seguiría siendo el mejor músico con el que la señora Torres tuvo la suerte de cruzarse en estas aulas.

—En absoluto —respondió ella.

La clase fue bastante caótica, pues nos tocaba elegir un tema entre todos, y obviamente no lo logramos. No es que fuera de mi especial interés la canción que fuésemos a cantar en el acto de graduación, dejé esa discusión para aquellos a lo que realmente les importaba si la banda sonora de High School Musical era pertinente o no. Damián estuvo feliz de no tener que empezar a ensayar ese día, ni siquiera propuso una canción y estoy bastante seguro de que fue para atrasar más el proceso, porque probablemente conocía todo el catálogo de Spotify. 

Me agradaban mis compañeros, sin embargo a veces no los entendía del todo. A ver, no es que tuviese algo en contra de la bendita canción de fin de año, pero parecía que toda organización durante el último año había sido un completo caos. Cada pequeña decisión que debíamos tomar devenía en muchos debates, tanto presenciales como por mensaje. Había un par de cosas que no me habían parecido importantes, y otras que me habían parecido muy caras. Pero a esta altura estaba todo dicho, quedaba muy poco de año. Habíamos logrado una paz bastante estable, hasta que la señora Torres decidió que era buena idea dejar en nuestra manos la elección de una única canción. Con "estaba todo dicho" me refiero a que ya estaba todo pago y el dinero perdido. Tratar con niños ricos no era muy fácil, por lo que no intervenía mucho en sus discusiones, a menos que estén teniendo delirios. Como aquella vez que Mia propuso que entremos con fuego, lo digo en serio, quería esos lanzallamas de escenario. Me opuse preguntando si acaso nos estaba tomando el pelo. 

¿Cómo había acabado yo en aquella escuela de niños ricos? Mis padres, por como lo entendía, nunca podrían haberme pagado aquel lugar. Pero, mis padres no podían pagar nada por el simple hecho de que estaban muertos hacía doce años. Mi tío David, el hermano de mi padre, se encargaba de pagarme el colegio y pretendía seguir haciéndolo en la universidad si hiciera falta. Supongo que era su forma de compensar el hecho de que no me fui a vivir con él luego del accidente y dejó que mi abuela me críe Fue una buena decisión, David no estaba ni cerca de estar preparado para criar un niño y Abi ya lo había hecho una vez, si me hubiesen preguntado mi respuesta habría sido la misma. Nadie lo hizo, obviamente, tenía cinco años. También estaba el factor de que ya conocía a Damián, hicieron el esfuerzo de mantener toda la normalidad que pudieron.

Damián me detuvo antes de salir al segundo receso. Esperó a que se vacíe el salón para hablar.

—Me llegó un mail.

—¡¿En serio?! —exclamé—. Ábrelo.

Se quedó mirando el celular. Desde donde estaba yo, los rulos le caían sobre los ojos, no podía ver su expresión.

—¿Te da miedo? —asintió—, muy bien, da terror, pero sabes que eres bueno, todo va a salir bien.

—¿Y si me toca el turno de diciembre? No llegaré a prepararme.

Seguía sin sacar los ojos del celular.

—Lo harás increíble si te toca en diciembre, pero no va a pasar, mandaste la solicitud hace demasiado poco.

—Sí, tienes razón.

Volví a sentarme en mi pupitre, expectante. Lo vi tocar la pantalla, supuse que estaba abriendo el mail.

—Febrero —suspiró.

—¡Te dije!

—Quiere decir que no me aceptarán hasta febrero —repuso, con el nerviosismo volviendo a invadir su rostro.

Entre todas las habilidades de las que podía jactarse, la que más me sorprendía a diario era su capacidad para ver lo peor de cada situación a la que se enfrentara, incluso cuando era lo que quería que pase, como ahora.

—Es literalmente imposible que no te acepten —lo era.

Damián estaba aplicando para una licenciatura en música en una univesidad especializada en artes bastante prestigiosa, la cual contaba con examen de ingreso. Era evidente que iba a lograr entrar, pero así era él, se preocuparía hasta el momento en el que recibiera el mail que diga "Felicitaciones, ha sido aceptado en la Universidad Nacional de Niños Ricos y Talentosos, ¡ya forma parte del infierno universitario, que la suerte esté siempre de su lado!". 

Lo iban a aceptar. Apoyé una mano en su rodilla.

—No lo es.

—Lo es, lo sabes, relájate, tendrás todo el verano para ocuparte de eso.

Suspiró de nuevo. Lo admiraba por someterse a todas esas evaluaciones para ingresar y que lo sigan evaluando por una cantidad alarmante de años. Yo no sobreviviría a eso. Estaba más que conforme con mi elección de la tecnicatura y el trabajo de mediodía que me ofrecía el señor Weber, un viejo amigo de mi abuela. Todo esto en mi pequeña ciudad, era un buen plan. El futuro me aterraba muchísimo, por lo que apenas pude armar un plan me aferré a ese, no podría vivir con la incertidumbre en la que él iba a estar sumido hasta febrero. 

Yo, por mi parte, ya me había inscrito en mi universidad, lo hice el mismo día que abrieron las inscripciones.

El resto del día escolar transcurrió igual de monótono que todos, acompañado del querido fantasma de la nostalgia que comenzaba a rondar las aulas y las conversaciones. "¿Se acuerdan de esa vez que Nico se desmayó en el acto de fin de curso del 2018?". "Miren esta foto que encontré de cuando Lautaro se subió al techo a rescatar la pelota". "Chicos no se olviden de que mañana es el último día para entregar el test vocacional a la psicopedagoga de la escuela". 

La primavera traía el fin de año y por ende, la graduación. Desde que había armado mi plan para el año siguiente, ya no me intimidaba el fin de la secundaria, a veces incluso lo esperaba. Hoy no era uno de esos días. Mi terapeuta estaría muy contenta de oírme disfrutar del colegio. Pero yo no iba a darle el gusto, pues hacía varios meses que me había borrado de terapia.

Me gustaba mi vida en la escuela, me llevaba bien con mis compañeros, lograba notas decentes, tenía un grupo de amigos en teoría, estaba Damián y ahora estaba Ariana. 

Y en ese momento, literalmente estaba Ariana frente a mí, saludándome, en el receso.

—Ben —dijo casualmente, tenía una voz muy bonita, solía pensar eso.

—Ari —respondí, con la misma soltura.

—¿Estás libre mañana por la tarde? —aventuró.

Solo estaba con Ciro, por suerte. Él se mantuvo en silencio, por suerte. 

—Em, claro, sí —respondí.

—Iba a llevar a Perry a la montaña y... —asentí.

—Obvio.

—¿Paso por tu casa?

—Claro —contesté sonriendo.

Se fue tan rápido como apareció. Solté el aire que estaba reteniendo, intentando disimularlo para que Ciro no lo notara.

—¿Perry el perro? —preguntó mi amigo.

—Sí, le gusta sacarlo a pasear y caminar, esas cosas.

—¿Ahora pasean al perro juntos? —rió.

—Hey —lo empujé—, no te burles.

Ciro era el único de todos los chicos que en teoría eran mis amigos con el que podía hablar, a veces. Hoy no era uno de esos días. Pero estaba bien, me agradaba.

—¡Moreau! —oí que gritaba una voz con la que solía tener pesadillas en primaria.

El pesado brazo de Lautaro me hundió los hombros. Sonreí tenso.

—Presente —contesté.

—Nos falta uno para hoy a la noche.

—No puedo hoy, perdón —en realidad podía.

—Vamos, no me obligues a pedirle a algún rarito que se nos una.

—Lo siento, ya le dije a mi abuela que la ayudaría con unas cosas del negocio —mentira.

Usaba lo que Damián había bautizado como el "Abi pass" bastante seguido, tendría que detenerme por un tiempo para que me siguieran creyendo. El "Abi pass" consistía, básicamente, apelar a la ternura que genera mi abuela y la pena que experimentan las personas cuando un pobre adolescente huérfano debe ayudar a su abuelita, ya que son ellos dos solo contra el salvaje mundo. A veces era cierto, tres cuartos de las veces no. Pero bueno, la vida te saca padres y te da buenas excusas, una de cal y otra de arena, como dice Abi.

—Tendré que preguntarle a Charly —respondió él, encogiéndose de hombros.

—Charly no es... —ya no estaba para escucharme defender a Charly. Él tampoco le diría que sí. No acabé la oración.

Charly era uno de los amigos de Damián. Quizás eso era lo más curioso de nosotros, ni siquiera teníamos el mismo grupo de amigos en la escuela. Damián tenía a Charly y a Nico, dos chicos que conocimos en el primer año. También estaba Sara, su compañera de piano, pero ella no iba a nuestra escuela. Por mi parte estaban estos chicos con los que me juntaba desde que entramos a la secundaria, que me llevaría demasiado nombrar. Y Percy, un amigo que había hecho jugando videojuegos, sí, ya sé. Un extraño ser que vivía a más de mil kilómetros de mi ciudad. Un personaje extraordinario sin dudas. Jamás nos habíamos visto en persona.

—Tienes que probarme que no eres un viejo de cuarenta años intentando raptarme —recordaba haberle dicho jugando una vez.

—Estás oyendo mi voz, estúpido —contestó él.

Y de igual forma empezamos a hablar por WhatsApp, lo que acabó en muchas promesas de visitarnos que obviamente no habíamos cumplido aún porque éramos dos menores de edad desempleados. No hablaba de Percy con mis amigos, creían que era raro tener un amigo a distancia. Damián y Percy sí se "conocían", incluso se seguían en Instagram. Percy ni siquiera se llamaba así, su nombre era, literalmente, Perseo. Su madre era profesora de literatura y su padre profesor de griego antiguo. Sí, hay gente que estudia griego antiguo. Según él dijo, todos lo llamaban Percy, era menos solemne, pero menos heroico. A veces yo le llamaba Perseo.

Vi cómo Charly también se negaba a la invitación de Lautaro. Ciro rió por eso. Admito haberme reído también.

De regreso a casa, Damián ya estaba de mejor humor, hablaba más que yo. No era un tipo de muchas palabras, solo con sus amigos. Cuando vomitaba sus delirios mentales respecto a algo que había visto o escuchado eran mis ocasiones favoritas para escucharlo, en este regreso me detalló con rigurosidad las razones por la que la versión de Zack Znyder de Justice League era mejor que se estrenó en su momento.  Quedamos en que la veríamos pronto, él porque quería verla de nuevo, yo porque nunca había visto ninguna versión. 

—Llamó tu abuela —dijo Abi mientras almorzábamos.

Abi era una mujer de sesenta años, con el pelo canoso en un tierno corte carré con flequillo. Obviamente usaba lentes, porque aparentemente cuando se convirtió en abuela decidió que debía llevar el título respetando todos los estereotipos que este conlleva. O quizás fuera porque desde que era una adolescente se dedicaba a la costura y pasar tantas horas concentrada en ello le trajo consecuencias en la vista. Sumado a sus sesenta y cinco años. 

—¿Qué se te ofrece? —respondí yo, sin querer darle importancia a la mención de mi abuela paterna.

—Beni...

—Dime qué quería.

—Hablar contigo.

—¿Le dijiste que no sé hablar francés?

Ella tampoco era francesa, solamente le gustaba pretenderlo. Mi papá había vivido en Francia, sí, pero hacía varios años que estaba en este país cuando conoció a mi madre. Por lo que Abi dijo, ya ni le quedaba acento cuando ella lo conoció. Mi abuelo paterno era el francés, de él sabía menos que nadie. Estaba vivo todavía por lo que yo sabía, pero no debía quedarle demasiado tiempo, era bastante más anciano que Abi.

—Es tu familia.

—No, tú y tío David son mi familia, ella sólo quiere sentirse menos culpable por haberse acordado de mí tarde.

—Podrías intentarlo alguna vez, le dije que aquí era de mañana y que estabas en la escuela. Quizás vuelva a llamar.

—Pues espero que disfruten de ponerse al día.

Mi abuela asintió. Quizás me había pasado, pero no quería hablar con la otra señora. Abi también había perdido una hija y no por eso se desentendió de mi existencia. Además, no tenía padres, ¿de qué me servía una abuela en Francia que apenas recordaba el español y tampoco estaba dispuesta a ofrecerme un viaje all inclusive al otro lado del mundo? Si esa idea surgía, quizás accedería a tener una suerte de charla con ella. 

—Perdón —dije al cabo de como tres minutos de silencio.

Me sentí culpable por responderle mal a Abi, no tenía nada que ver, sólo intentaba hacer lo mejor para mí. Era normal sentirme culpable por responder o actuar sin pensar con ella, porque a ella no le tocaba estar lidiando con un adolescente ansioso de diecisiete años en sus sesenta, pero lo estaba haciendo con todo el amor del mundo. No como otra gente. 

—Está bien, yo tampoco soporto su intento de español —me respondió tomando de su típico vaso con jugo de manzana. 

Podía ser jugo de manzana solo, o con un buen chorro de vino blanco, hacía eso cuando estaba estresada. Tenía la leve sospecha que el vaso de hoy sí tenía ese chorro de vino blanco. 

Me ahogué con un bocado de comida debido a la risa por su comentario. Al fin y al cabo, Abi me crió, por algo yo había salido como salí.

Notes:

Bueno, he aquí el primer capítulo, espero te haya gustado y que Ben te haya caído bien, yo le tengo mucho cariño a este revoltoso. Mi abuela hace eso del vino y el jugo, no lo recomiendo.

Nos vemos :)