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Closer than what you might believe

Summary:

InuYasha vive sus días soñando con lo que cree un amor imposible, Kikyo; esperando por algo que la invite a tomar riesgos.

Notes:

Escribí esto basado en un pequeño comic que vi por ahí, pero lo perdí u.u
Ahora sólo vive en mi memoria... y parte en este fic xd

Work Text:

Allí está de nuevo, escondiéndose detrás de los casilleros y poniéndose de puntitas para lograr un mejor ángulo. Frente a él una cortina de satín negro cubre la espalda de su objetivo; Kikyo toma sus zapatos y mira disimuladamente sobre sus hombros. Él cree ser lo suficientemente rápido, pero Kikyo lo es aún más. Su vista aguda logra captar de nuevo aquella coleta enmarañada. 

Suena el timbre, debe apurarse, él debería hacerlo también. InuYasha sale corriendo detrás, casi olvidando en el camino su propio calzado. La pierde de vista como es costumbre, ahora debe esperar hasta verla de nuevo en el almuerzo. No estar en la misma clase es un tormento.

Acomoda su peso sobre la incómoda silla, juega con un lápiz que jamás ha estrenado mientras mira el reloj sobre el pizarrón, amenazando con destruirlo si no camina más rápido. No funciona. Pasa la primera hora, y la segunda, y la tercera... El timbre. Finalmente, aquel glorioso sonido que anuncia la libertad momentánea.  

¡Podrá verla al fin!

InuYasha, como la persona paciente que es, toma la comida rápida que empacó su madre para él —es viernes, lo que significa es día de no cocinar— y se abalanza hacía la puerta. A zancadas se dirige al patio, acompañado de sus molestos compañeros a los que a veces llama amigos. Toma su lugar acostumbrado en la banca que da hacia la cancha, y espera.

"Si tanto te gusta ¿por qué no simplemente le hablas?" le dice Koga con la boca llena de pan de yakisoba.

Claro, como si fuera tan fácil , piensa InuYasha.

"Hablamos de InuYasha, sus habilidades con las mujeres son iguales a las de un cactus” responde Miroku.

"Incluso los cactus atraen más chicas que él."

El sonido de un golpe seco llena el aire. InuYasha está a punto de arremeter de nuevo cuando se escucha un coro de voces femeninas acercándose.

"Oh, ahí viene" dice Miroku tranquilamente.

Se abre paso entonces la joven que le ha quitado el sueño al chico de cabellos largos desde la primera vez que la vio, unos días después de la ceremonia de inicio de cursos. InuYasha lo recuerda como si no hubiera sido hace un año ya. Desde ese entonces la ha estado admirando desde la distancia, sin atreverse siquiera a cruzar la mirada. La cree demasiado para él, y aún así, no puede evitar torturarse en la imaginación con un futuro a su lado.

¿Es realmente inalcanzable? Tal vez, pero eso es algo que seguramente nunca sabrá.

Kikyo; el motivo de sus desvelos, se sienta como siempre, rodeada de otras chicas que no hacen más que resaltar su belleza. Su semblante serio pero suave atrae las miradas de todos.  Ella no sabe si aquellas jóvenes se me acercan solo por el estatus que les da o  por un interés genuino en su amistad. Prefiere no saberlo, sería algo molesto.

Ella a final de cuentas está acostumbrada a esto, a las falsas compañías.

Kikyo pasea la mirada por la cancha, tratando de llegar detrás de los árboles, de perderse. Escucha sin real atención el cuchicheo animado de los demás a su alrededor, entre ellos, el de aquél grupo de chicos. Ya los esperaba, el joven de la coleta se sienta siempre en esa banca, pero solo cuando ella anda por ahí.

Mira de reojo en su dirección, está hablando con sus amigos, aquellos muchachos pululaban a su alrededor como polillas atraídas por alguna luz que emanaba. O al menos ella lo sentía así. Las veces que llegó a verlo por ahí siempre estaba riendo, jugueteando y bueno, a veces metiéndose en problemas también.

Se pregunta cuán cálida es esa luz que la hace tan llamativa. Sin intención de reconocerlo, ella extrañamente también se siente atraída.

InuYasha trata de no dejar que los nervios se apoderen de él, pero los molestos chicos a su lado sólo lo hacen más difícil. Antes de siquiera intentar algo, suena el timbre; de nuevo había desperdiciado aquellos preciosos 30 minutos.

Miroku y Koga tiran de su cabello al mismo tiempo, apurándolo. InuYasha da un último vistazo, voltea y ve a Kikyo alejarse, aún rodeada del ruidoso grupo de chicas.

Otro día será , piensa.

 

 

La mañana les recibe con un suave sereno y una brisa fresca, el fin de semana ha terminado y la vida debe seguir su curso. InuYasha toma su lugar acostumbrado en la entrada, esperando su llegada.

Pasan 10 minutos y aún nada, no es normal, ella nunca llega tarde. Suena el timbre, debe irse, esta vez no fue posible verle. Pero sigue plantado en el lugar sin intención de moverse.

¿Cuánto más piensa seguir así? Escondiéndose, mirándola de lejos... Se ríe de sí mismo por ser tan cobarde. De pronto una palmadita en el hombro lo baja de su nube.

"Oye, llegarás tarde." 

Kikyo aún no puede creer que fue capaz de dar el primer paso, de llegar antes y ser la que espera para verle de lejos. De ponerse en sus zapatos. Hacer eso le llenó de una valentía que jamás antes había sentido. Y es que ya ha tenido suficiente de solo ser aquella que se queda quieta y espera. Quiere ser ahora la que hace.

InuYasha no tiene oportunidad siquiera de reaccionar, un profesor les recuerda que el timbre acaba de sonar. Kikyo pronto se disuelve entre el resto de estudiantes y se pierde de vista.

El rubor inunda las mejillas de Kikyo, cubre su boca para no dejar salir un chillido… Se siente feliz y emocionada, jamás habría imaginado ir tan lejos pero ese chico le atrae demasiado, no tiene caso seguir negándolo.

El resto del día lo pasa imaginando que hará a la hora del receso, ¿Debería acercarse y hablarle? ¿Esperar a que él lo haga primero? ¿Fueron sus acciones lo suficientemente claras como para que lo hiciese?

Al final decide ser ella quien actúe, se atrevió a hacerlo esta mañana y su nivel de valentía sigue por las nubes, sin rastro de bajar pronto, o al menos hasta que consiga el avance que quiere.

Suena el timbre de las 10:30, sale sin esperar a su séquito, la miran extrañadas mientras toma sus cosas y se dirige a la cancha. Allí ya alguien la espera…

InuYasha no puede dejar de mover los pies, la voz de Kikyo resuena en su mente como una grabación en bucle. El estómago le da vueltas y quiere devolver el desayuno, pero antes de poder sentirse peor la emoción lo absorbe al ver llegar a la pelinegra.

Viene sola, acompañada únicamente de su almuerzo.

Se sienta donde es costumbre, pero esta vez además de estar por su cuenta, actúa diferente. Pasea la vista escaneando el lugar: lo está buscando. Después de todo, no acobardarse e ir a su encuentro era necesario.

No sabe si ponerse de pie, quedarse sentado, esperar a que termine el receso, huir. Sus opciones son muchas y a la vez pocas, siente la presión caer sobre él como una torrencial lluvia.

Entre la maraña de pensamientos InuYasha no nota cuando a su lado se posiciona una figura, a quien solo reconoce una vez su nariz recuerda su aroma.

"¿Puedo sentarme?" Le dice Kikyo, su voz serena y melodiosa.

InuYasha solo atina a mover la cabeza, cosa que ella toma como un "si".

Sin decir nada comienza a comer, con la delicadeza propia de una princesa. Él le da una ojeada a su pequeño bento, dónde abundan las verduras y el arroz. 

Ninguno dice nada, InuYasha empieza a comer también, apenas puede tomar los palillos sin que se caigan. Había estado esperando por esta oportunidad, y ahora que la tiene no sabe qué hacer.

Se toman su tiempo saboreando cada bocado, entre los cuales se miran discretamente sin que el otro se entere. Tenerse tan cerca les eriza la piel y llena de mariposas sus ya repletos estómagos, más de emoción que de comida.

Kikyo deja ver una leve sonrisa, está complacida consigo misma. La seguridad que siente crece cada vez más, el chico a su lado ya no parece un faro que mira a lo lejos, al fin puede contemplar la luz que emana de cerca.

Suena el timbre, su idilio ha terminado. Antes de que alguno parta, se rompe el silencio.

"¿T-te parece comer juntos de nuevo mañana? Si quieres claro…" dice InuYasha atreviéndose esta vez a verla directamente

"Claro." Responde ella simplemente. Da media vuelta y comienza a caminar. "Por cierto, mi nombre es Kikyo." 

"Ya lo sabi— Ah, mucho gusto, InuYasha... Eh, yo... Mi nombre..."

Kikyo sonríe, él siente que se desmaya..

"El gusto es mío.”

El eco del timbre resuena en el fondo de su mente, no le importa. Sus oídos zumban y siente que su pecho está a punto de explotar. Jamás esperó que las cosas se dieran así. Está agradecido con cualquiera que sea el dios o fuerza superior que le hizo el milagro.

Quiere correr y gritar, compartir con sus amigos la buena nueva, pero decide guardarse lo ocurrido. Ese momento ha sido más que especial, fue suyo y de ella solamente. Y lo mantendrá así.

Se apresura entonces al salón de clases. Por el resto del día, no piensa en nada más.

Después del último timbre, Kikyo espera en la puerta principal, su hermanita debe llegar del otro lado de la calle —donde se encuentra la escuela primaria— para irse a casa juntas. Ve de reojo pasar al otro extremo del portón a un trío de chicos riendo y siendo ruidosos. Son ellos.

Cruza miradas con el de ojos ámbar, unos cuantos segundos que desearían eternos. En ellos, se comparte la nueva formada complicidad. Por tanto tiempo habían estado más cerca de lo que creían, era cuestión de un solo paso.