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Archive Warning:
Fandoms:
Character:
Additional Tags:
Language:
Español
Collections:
Piratas de Hamelín
Stats:
Published:
2022-09-01
Words:
1,000
Chapters:
1/1
Comments:
4
Kudos:
3
Hits:
13

Cold feet

Summary:

https://open.spotify.com/track/1cuLB3pVR3cSW357aPLA4D?si=93627fc3a1864c7f

Bebé Finnur y el frío

Work Text:

El invierno gélido de los bosques de Ilkskattor se había apoderado de todos y cada uno de los doloridos y agotados músculos del joven cuerpo de Finnur. Podía sentir las articulaciones agarrotadas y sus huesos helados como si escarcha hubiera empezado a penetrar en su interior.

Lo único bueno de aquel frío era, que había conseguido que el humano no sintiera el insoportable dolor que debería estar experimentando en todo su cuerpo desde hacía horas, horas en que lo único que podía percibir era aquel insoportable frío. Las esquirlas de hielo que se adherían lentamente a su pelo, a su cara, a sus manos, parecían querer convertirlo poco a poco en parte del paisaje blanco. Sabía que moriría allí, sabía que su cuerpo se helaría y pasaría a ser parte de la inhóspita y salvaje tierra de Ilkskattor para siempre.

Una tierra, en la que intentaba adentrarse y de la que no sabía prácticamente nada, solo las historias que su madre le había contado y de las que ahora se arrepentía no haber prestado más atención. Echaba tantísimo de menos a su madre que su pena parecía irreal, la idea de que no volvería a ver su rostro nunca más le parecía un concepto inconcebible y cada noche se dormía rezando por despertarse de aquella horrible pesadilla y volver a desayunar con sus padres, aburrirse en la escuela, hacer los recados en el mercado y ayudar con los arreglos en el taller… por despertarse y estar en su casa.

No tenía ni idea de porque se dirigía al pueblo natal de su madre, no tenía a nadie esperando por él, bueno, ni allí ni en ninguna otra parte, estaba solo, sin nadie a quien recurrir. Sus amigos, sus vecinos, Mystra… sus padres estaban muertos y el resto del mundo le había dado la espalda.

Los pasos de Finnur en la nieve eran cada vez más torpes, su salida atropellada, inesperada e injusta de Ascay no le había dejado precisamente prepararse para las circunstancias que estaba viviendo y las semanas que llevaba comiendo las sobras que conseguía como limosna en las tabernas por donde pasaba empezaban a pasar factura en el ya escuálido por naturaleza cuerpo del joven. Cuando tenía suerte conseguía algo que llevarse a la boca que no estuviera podrido e incluso si tenía mucha suerte conseguía algo medio caliente. Estaba débil, solo y asustado, haciendo un viaje al que ningún crío de 15 años debería tener que enfrentarse.

Tropezó con una rama. O una piedra, o algún estúpido elemento de la naturaleza que no había visto por el agotamiento. Su cuerpo cayó como un plomo sobre la nieve, como un árbol recién talado, haciendo un ruido sordo, pero una vez más no sintió dolor, solo sintió frío, mucho frío.

Tumbado sobre la nieve, sintiendo como la vida abandonaba poco a poco su cuerpo, por primera vez desde que dejó Ascay empezó a sentir como en muro que había construido protegiendo su corazón empezaba a desestabilizarse. El hielo que se había formado a su alrededor y había evitado hasta entonces que sintiera la pérdida por la muerte de sus padres, por haberlo perdido todo, empezó a desaparecer, dejando que todo el sufrimiento recorriera los pensamientos de Finnur en lo que él estaba convencido que serían sus últimos minutos de vida.

Ese dolor y las lágrimas congelándose sobre sus mejillas fue lo último que sintió cuando cerró los ojos y dejó de luchar por seguir con vida, cuando el frío había ganado la batalla, y Finnur había perdido. Lo había perdido todo.


A sus 52 años, Finnur todavía tenía pesadillas con aquella noche en la que casi muere agotado en la nieve. Si aquellos druidas no se hubieran ocupado de él… hubiera muerto y nadie se habría dado cuenta. Estaría eternamente agradecido a aquella manada de centauros que lo ayudó a recuperarse, que lo cuidó sin conocerlo de nada y que le enseñó tantas cosas sobre el país en el que se encontraba.

Los druidas del círculo de la luna le contaron que lo habían encontrado inconsciente en la nieve, con la marca de la palma de su mano iluminada con un brillante resplandor azul como un faro que guía a los marineros hacía el puerto. Algo en su interior no estaba de acuerdo con la decisión de rendirse y morir sepultado por la nieve de aquel extraño peo familiar país. Aquella luz, fuera lo que fuese, le había salvado la vida, y además le había dado a sus primeros amigos de Ilkskattor, aquellos peculiares pero entrañables centauros.

El campamento de los druidas fue su primer contacto con la comunidad de su nuevo hogar y donde empezó a comprender el cariño con el que su madre hablaba de sus compatriotas y sus tierras. Los centauros lo acogieron, sin prejuicios, si preguntas y con gran generosidad. Estaban más sorprendidos que el propio Finnur que aquel chaval delgaducho de la capital de Neflea hubiera conseguido llegar tan lejos dentro de Ilkskattor, solo y sin conocer el terreno y sin saber muy bien adonde iba. Muchos exploradores experimentados hubieran fallecido mucho antes que Finnur en aquellos bosques.

Y es que Finnur había llegado mucho más lejos solo de lo que jamás hubiera pensado hacía su destino, estaba apenas a un par de días del pueblo del que le había hablado su madre. Los centauros no solo lo habían curado y ayudado a ganar fuerzas de nuevo, también lo acompañaron hasta su destino y le ayudaron a buscar a alguien que hubiera conocido a Yrsa. No fue una tarea complicada, al parecer Yrsa fue una mujer querida en la comunidad y se lamentó mucho su pérdida,

La comunidad lo había acogido como uno más, le enseñó a moverse por los bosques, lo ayudó a instalarse, lo acogió y lo cuidó como a un cachorro perdido. En Ilkskattor el tiempo siempre era gélido, pero Finnur nunca volvió a sentir aquel frío, y poco a poco, dejó que las llamas volvieran a arder en su interior.