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—Oigan, ustedes andan ¿verdad?
La escandalosa plática que sostenían Mikey y Baji frente a él, paró de una forma tan repentina que Kazutora ni siquiera necesitó insistir para hacerse escuchar sobre las carcajadas de sus amigos.
Kazutora había permanecido callado por un rato, ya que ellos habían comenzado a hablar sobre un programa que él no solía ver. «Está bien mientras me termino mi hamburguesa» , pensó, pero mientras continuaba comiendo, se percató de la extraña aura que desprendía Baji cada que Mikey hablaba; además, lo usual sería que su Comandante se centrara en comer y después dormitara por un rato, mientras Baji y él conversaban sobre cualquier otra cosa. ¿Acaso no estaba extrañamente entusiasmado y despierto?
—¡Pfft! ¿Baji y yo?—articuló por fin Mikey, después del eterno silencio. —¡No digas mamadas, Kazutora!—continuó, soltando una escandalosa risa que terminó por llamar la atención de las otras personas en el local.
—Ay, y ni te enojes porque tú solito te abriste, wey—añadió Baji, usando un tono de burla que a Kazutora no le pareció del todo.
«Síguele, pendejo. Síguele.» Kazutora le lanzó una mirada afilada a Baji, esperando que se retractara de sus palabras.
—Pues para que lo sepan: no engañan a nadie.
Y ahí estaba, Kazutora notó la fugaz mirada que compartieron antes de que depositaran su atención en él de nuevo. Mikey soltó un sonoro quejido, al tiempo que se recostaba en la mesa sobre sus brazos a manera de almohada, evitando el contacto visual.
—¿Este Kenchin fue de chismoso contigo?
—Aaah chinga ¿Draken lo sabe?—preguntó Kazutora, dejando ver su sorpresa. Ahora tenía sentimientos encontrados. ¿No era su amigo también? —¿Y a mí por qué no me habían dicho, culeros?
—Pueees... Tampoco es que le hayamos dicho, dicho, lo que se dice dicho—añadió Baji, nervioso, y sin poder sostener por más tiempo la mirada de Kazutora—, en realidad...
—Me fue a buscar a mi casa y nos encontró fajando.
«Demasiada información» , se lamentó Kazutora, haciendo lo posible por alejar esa imagen mental de sus pensamientos; aunque lo sentía mucho más por Draken.
—¡No estés de hocicón, Mikey!—Baji le soltó un zape en la nuca que hizo que Kazutora casi se ahogara de la risa cuando una parte del rubio cabello terminó embarrado con la catsup del vasito frente a él.
—¡Sí me dolió, animal!
—¡Pues si no es caricia!
Vale, solo era cuestión de tiempo para que volvieran a su estado natural. Mientras que Kazutora decidió simplemente apartar sus papitas y lo que quedaba de su hamburguesa de la zona de conflicto, dejó de tomarle importancia a los tórtolos mientras forcejeaban y se tiraban del cabello entre gritos e insultos.
Pensó en mensajear a Chifuyu para echarle en cara que él tenía razón sobre Mikey y Baji, pero prefería ver su cara desencajada en persona. Habían apostado sobre si solo se trataba un enamoramiento por parte de Baji —porque hasta su subcapitán se había percatado de que se comportaba de forma muy extraña—, o es que realmente estaban juntos. Ya que Kazutora los conocía mejor a ambos, tenía sospechas sobre que tal vez se traían sus queveres.
Como era de esperarse, con el desmadre que armaron los terminaron corriendo del restaurante. Mikey no dejaba de quejarse sobre que por culpa de Baji toda su comida se arruinó, debido a que entre su pelea terminaron derramando los refrescos sobre la mesa. Ahora seguía hambriento, tenía catsup en el cabello, y su playera tenía una gran mancha de refresco de naranja.
—Pues yo comí bastante bien—se burló Kazutora, dándole un sorbo a su vaso con refresco, completamente intacto gracias a que lo protegió a tiempo. —Ya tengo que irme, ahí nos wachamos luego.
—¡Pérate, Kazutora!
—Sí, sí, ya sé, Baji. No le diré a nadie, si eso es lo que quieren.
Ambos observaron a Kazutora mientras se despedía y comenzaba a ir en dirección contraria a la suya. Entonces un incómodo silencio se hizo presente entre los —recién descubiertos— novios.
Mikey comenzó a caminar sin decir nada, y Baji le siguió tan solo un par de pasos atrás de él. También estaba molesto, estaba embarrado —hasta los calzones— de refresco de limón, su cabello ahora era una extraña maraña por los jaloneos de Mikey, y todavía le dolía la patada que alcanzó a darle en la espinilla mientras estaban sentados.
—Oye, no camines detrás de mí—habló Mikey, con un tono molesto que Baji reconoció: todavía no se le pasaba su berrinche.
—Vivimos para el mismo lado ¿a dónde más quieres que me vaya, tarado?—respondió con tono arisco.
—No lo digo por eso. —Mikey detuvo el paso, esperando a que Baji se situara a su lado; entonces tomó su mano y entrelazó sus dedos, robándole una sonrisa al instante.
Una tregua.
Baji reafirmó su agarre, en un acto inconsciente por si Mikey trataba de alejarse. Normalmente no le gustaba que fueran encimosos con él cuando caminaba por la calle; aunque Mikey siempre era el primero en invadir el espacio personal de todos a su alrededor cuando le daba la gana.
Estaba seguro de que debían verse ridículos con las enormes manchas de refresco en su ropa y la desgreñada que se pusieron, pero el simple hecho de que Mikey fuera el primero en ceder después de discutir, le dejaba un sentimiento de satisfacción que se negaba a ocultar.
Vamos, casi siempre era él quien lo buscaba para arreglar las cosas, podía darse el gusto de vez en cuando ¿no?
Continuaron caminando por un tramo más, hasta que Mikey lo guió dentro del primer callejón que encontró. Situó a Baji de espaldas contra la pared, y éste observó con atención a su novio, quien ahora le miraba con esos ojitos de borreguito a medio morir que absolutamente nadie le compraba, al tiempo que le tomaba de ambas manos.
—Oye... no le vayas a contar a Kazutora lo que pasó ese día ¿si?
«Sabía que algo quería, estaba demasiado mansito para ser verdad» , concluyó Baji, a lo que prefirió ignorar el hecho de que sonaba más a una orden que a una petición.
—Mikey, al chile no entiendo qué es lo que tanto te molesta sobre lo que pasó. ¿Tan difícil es explicarme?—alegó, rodando los ojos en señal de fastidio—. Le acabas de decir a Kazutora que Draken nos cachó manoseándonos ¿como para qué dices tanta pendejada que ni es verdad?
—¡Es que—...! ¡Todo iba bien hasta que Kenchin llegó de metiche a arruinar nuestro momento! ¡Tengo todo el derecho de enojarme! Por fin me lo habías dicho, y yo...
Cuando Baji notó la sonrisa avergonzada en los labios de Mikey y el suave rubor que comenzaba a teñirle las mejillas, captó a lo que se refería. Ahora sentía las orejas calientes, y realmente odiaba como le era imposible controlar la rapidez con la que se expandía su sonrojo por todo el rostro.
Aquel día, Mikey lo había invitado a su casa, pero notó algo sumamente extraño: demasiado silencio. Al principio, Baji hizo un par bromas sobre que había planeado todo para que pudieran estar a solas, y se detuvo cuando Mikey le confirmó, sin pena alguna, que sabía que su abuelo y Shinichiro no estarían en casa por varias horas, e incluso le pidió a Emma e Izana que le tiraran paro y salieran por ahí para poder tener casa sola.
¡Pero que no se mal entienda! Aunque Baji pareció tener un cortocircuito tras esa confesión, al final fue una tarde bastante tranquila: pasaron el día juntos, comieron el refrigerio que les dejó preparado Emma, y jugaron videojuegos en la sala hasta que Mikey se hartó de perder.
Entrada la tarde, varios mensajes llegaron al teléfono de Mikey, en los cuáles sus hermanos le avisaban que pronto regresarían a casa. Shinichiro terminó enterándose de que Baji estaba de visita —seguramente gracias a que Izana le fue con el chisme—, e insistió en que se quedara a cenar con ellos. Baji nunca desairaba al mayor de los Sano, y su marcado entusiasmo era algo que a veces —o siempre— ponía de malas a Mikey.
«¿Quiere pelea o qué, perro?» , le molestó Baji en cuanto notó que Mikey se había enfurruñado, usando un tono juguetón. Para ese momento, ambos se encontraban desparramados en el sofá, Mikey hundido contra el respaldo, y Baji recostado a lo largo de los asientos, con la cabeza descansando en el regazo de su novio.
«Bájale de huevos, Keisuke. Ni me hables. Ya me emputé.» Baji se tragó un suspiro. Como amaba que le llamara por su nombre, así todo encabronado y con su pucherito de adorno.
«Mikeeey... Manjiroooo... Mirreeey... ¡Heeeey! ¡Cinco centavos de pélame!» , le llamó Baji, una y otra vez, dejando ver ese lado castroso que sacaba a relucir constantemente. Sabía que pronto cedería, aunque trataba de disimularlo, el temblor en los labios de Mikey le indicaba que se estaba aguantando la risa. Entonces Baji tuvo su momento de pendejez, esos escasos segundos en los que desconectaba su lengua del cerebro y, sin quererlo, terminó conectándola directo al corazón.
«Comandante... yo a usted lo amo.»
Bastó medio segundo para que Mikey dejara de ignorarlo y volteara a verlo con cara de incredulidad. Baji se sorprendió por su rápida reacción, y al observar cómo el gesto frente a él se transformaba en la sonrisa más hermosa que había visto en su vida, aún si estaba acompañada por una risa nerviosa, se dió cuenta del peso de sus palabras.
«¿Me amas?» , repitió Mikey, sosteniendo firmemente las muñecas de Baji. Sabía que había hablado sin pensar, pero no le permitiría esconder el rostro tras sus manos cuando eran contadas las veces que lo veía así de precioso, todo agüitado y queriendo que se lo tragara la tierra.
«¡Déjame, chingada madreee!» Baji seguía batallando para liberarse del agarre de Mikey, entonces notó que se inclinó hasta su altura, robándole un corto beso que lo apendejó por completo.
«¿Me amas, Keisuke?» , murmuró una vez más, aún contra sus labios. Si había algo que le gustaba a Baji más que escuchar su nombre de los labios de Mikey, era que lo hiciera usando ese tonito travieso al que no podía negarle nada.
Y en ese momento, todo el encanto se rompió.
«¡Ándenle, que bonitos! Así los quería agarrar, puercos» , con el comentario burlón de Draken, Baji terminó incorporándose por la sorpresa, aunque no llegó muy lejos tras chocar su rostro de lleno con el de Mikey.
Todo se volvió un caos cuando Mikey se puso de pie y comenzó a aventar todo lo que tenía al alcance a Draken, gritándole que donde lo agarrara no se la iba a acabar. Baji terminó abrazándolo por detrás para que su amigo pudiera escapar antes de que Mikey terminara de destrozar la sala, ya suficiente tendría tratando de arreglar lo que se pudiera antes de que llegaran los Sano.
Al final, Mikey había hablado con Draken para pedirle que no le contara a nadie lo que había visto. Siendo sinceros, era mucho más fácil hablar de su relación con Baji con él que con sus hermanos o alguna otra persona. Draken también era bien cábula y todo lo que quieran, pero realmente era un buen amigo y comprendía los sentimientos de Mikey mejor que la mayoría. Desde hace mucho había tenido una relación complicada con Baji, ya fuera por la rivalidad que tenían desde niños o los choques que con el tiempo aumentaron por la personalidad de ambos, pero al verlos arreglarse por sí mismos porque parecía que no podían estar mucho tiempo sin el otro, volvió bastante obvio lo que sucedía entre ellos. Aunque los regalos de Baji también habían jugado un papel importante, ya que Mikey no solía usar accesorios hasta que pulceras y collares que no eran para nada su estilo comenzaron a formar parte de su atuendo. Draken sabía que era cuestión de tiempo para enterarse de lo que sucedía, y respetó el hecho de que Mikey habría preferido mantener esa faceta de Baji solo para él, al menos por un tiempo más.
Revelado ésto, ahora volvamos al callejón donde aún se encuentran nuestros tortolitos, hechos un desastre tanto por fuera como por dentro.
Baji no podía encontrar palabras que pudieran salir de su boca. Aquella fue la primera y única vez que le dijo a Mikey lo que sentía por él, con todas sus letras; solo recordar la manera tan tonta en que lo dijo le provocaba una mezcla de enojo y vergüenza. No fue para nada genial pero, aún así, no podía quitarse de la mente la genuina expresión de felicidad que Mikey le regaló.
Tal vez la había cagado un poco esa ocasión, pero algo dentro de él le decía que ahora era el momento perfecto para una segunda vez.
—Entonces ¿todo esto fue por lo que dije?—Baji sonreía pícaro, y aprovechando que Mikey aún lo tomaba de las manos, lo jaló hacia su cuerpo, buscando acortar la escasa distancia entre ellos. —¿Por qué no quieres que nadie sepa de eso? ¿Será que te da vergüenza que sepan que en realidad eres bien empalagoso conmigo?
Mikey esbozó una sonrisa, dejándose llevar por su juego; soltó las manos de su novio y, al tiempo que sentía como lo envolvía en un abrazo alrededor de su cintura, acunó sus rosadas mejillas. Entonces el espacio entre sus labios desapareció, y ambos disfrutaron de la dulce sonrisa que el otro era incapaz de ocultar.
—Si vieras lo que yo...—murmuró Mikey, haciendo lo posible por permanecer junto a esa boca que lo volvía loco—. La forma en que me miras cuando estamos a solas, la sonrisa que me dedicas, incluso el tono de voz que usas... Quiero todo eso sólo para mí, no quiero compartirlo con nadie más—explicó, intercalando sus palabras con cortos besos.
Baji sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar a Mikey. De alguna forma, se las arreglaba para dejarlo atónito cuando le hablaba con tanta sinceridad, sin filtros, sin intenciones ocultas, y permitiéndose sonar egoísta por sus deseos.
No lo pensó mucho, y respondió de la misma manera. Terminó con el beso que compartían, y depositó uno más en su sien antes de hablar.
—Quiero decirle a todo el mundo que estamos juntos, poder besarte cuando me dé la gana, que sepan que solo tienes ojos para mí, y que me quieres tanto como yo a ti.
Mikey lo miraba con sorpresa, lo había tomado desprevenido con aquella confesión. Baji no dijo nada cuando le pidió que mantuvieran su relación en secreto por un tiempo, por lo le cayó de peso enterarse de lo que realmente deseaba. Sabía que era envidioso al querer esa faceta de Baji sólo para él, pero no sonaba tan mal la forma en que le describía una realidad que aún era desconocida para ambos: quererse a su antojo, mostrarle a los demás que estaban locos el uno por el otro.
—Lo amo, Capitán.
Baji sintió que sus rodillas cedieron al instante, su cuerpo se deslizó por la pared hasta quedar en cuclillas, con las manos tapando su rostro y con unas inmensas ganas de volverse invisible ahí mismo. El ardor de la sangre extendiéndose desde sus mejillas hasta el cuello era demasiado para él, y la estruendosa carcajada de Mikey no hacía más que empeorar su vergüenza. ¿Por qué tenía que decirlo de esa forma? ¿Tan divertido era molestarlo así? Tenía toda la intención de redimirse por la forma tan pendeja en la que lo había dicho la primera vez y, ahora... ya no había vuelta atrás. La verdad, ni siquiera se puso así por dejar que Mikey se burlara de él así, sino por la expresión tan seria con la que lo dijo, el tono tan cariñoso con el que dijo cada palabra, y nuevamente esa sonrisa de ángel en sus labios en cuanto vio su reacción...
Fue demasiado para su propio corazón.
—¿Sigues ahí?—la voz juguetona de Mikey lo sacó de sus pensamientos, Baji sentía que había repetido esa escena en su cabeza por lo menos quince veces en los minutos que le tomó a su novio dejar de reírse. Entonces sintió las manos contrarias sujetarlo por los brazos, y esta vez no opuso resistencia cuando hizo que descubriera su rostro. —Eso fue tan lindo.
Ahora Mikey se encontraba en cuclillas justo frente a él, sus rodillas se rozaban por la cercanía, y Baji aún sentía que el ambiente era demasiado caliente como para respirar con normalidad.
—¿Y tú Keisuke, me amas?
—¿Es que tú no tienes sentido de la vergüenza o qué?—expresó Baji, tratando de hacer memoria sobre si alguna vez había visto a Mikey tan avergonzado como él lo estaba en ese momento.
—Creo que no, pero... —Mikey tomó las manos de Baji entre sus manos, y las llevó hasta sus labios para besar sus nudillos. —Me siento tan feliz que podría morir.
Mikey se puso de pie primero para poder ayudar a Baji a levantarse, y le alegró que el moreno ya no hiciera nada por rehuirle la mirada. Parecía que ya estaba más tranquilo, sabía perfectamente lo que debía hacer para distraerlo y hacer que bajara por completo su rubor. Aunque le encantaba como se veía, no quería que nadie lo viera en ese estado mientras caminaban a casa.
—Le diré a todos que nos pusimos una revolcada en este callejón.
Éxito, pasaron solo tres segundos antes de que Baji sacudiera sus manos para soltarse de Mikey y su nivel de emputamiento se disparara.
—¡Ay, ya, vete a la verga, Mikey!
—Aww. No te emputes, veñ, dame un beso.
—¡Ya te dije que me caga que me hables así!
Y por supuesto que le dió su beso, porque Baji podrá ser lo que quieran, pero un humano capaz aguantarse las ganas de besuquearse a su novio cuando ya lo tiene hasta la madre, jamás.
