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Reemplazo

Summary:

Si Zi'stbap rompe algo, Zi'stbap lo arregla.

Notes:

Este es un pequeño momento en la vida de Zi'stbap y Miranda, da lugar después de los eventos en "Curiosa criatura", pero puede leerse por separado! Se me antojó algo más tranquilo y romántico (aunque mi definición de romántico y tierno no es muy buena), espero que les guste!

Work Text:

“Buena cacería?”
Un grupo de yautjas había salido en una nueva cacería hacía una semana y me había sorprendido cuando Zis insistió en acompañarlos repentinamente. Parecía que había sucedido algo urgente y era imperativo que fuera con ellos, pero al verla descender de la plataforma de abordaje de la nave cazadora era como si su nerviosismo estuviera más vivo que nunca.

Zis se había acercado hasta donde yo estaba un poco más alejada de la nave para no estar en el paso, pero no respondió, optando mejor por descolgar un cráneo enorme de uno de los ganchos en su armadura de la espalda y mostrármelo.

Era un gran trofeo sin duda. El material óseo del animal que solo podía identificar a medias como un ave tenía una apariencia totalmente blanca, casi brillante, en lugar del pálido tono beige que suelen tener la mayoría de osamentas colgadas en su sala de trofeos. Cuando me hizo ademán de entregármelo me preparé para el peso que sin duda debía tener, pero al cargarlo me convencí mas que realmente debía ser un animal volador. No pesaba prácticamente nada. El tacto era como el marfil pulido, liso, sin dentaduras o defectos. Parecía casi fantasmal.

“Vaya! Nada mal! Pensé que no te gustaba cazar aves. ‘Algo aburrido’ no lo dijiste así?” me reí mirándola de reojo al notar que toda su atención seguía puesta en mí. Parecía que lo que fuera que encontró en mi rostro no la satisfajo del todo, porque su postura se tensó ligeramente.

“Sucede algo?” pregunté empezando a inquietarme ladeando la cabeza hacia atrás para evitar que mi cabello me cayera en la cara. Con lo largo que estaba y la desaparición de mis palillos para el cabello era casi un suplicio el mantenerlo. No podía imaginar lo que sufriría cuando el ‘verano’ llegara en unos meses. En definitiva pensaba cortarlo, no importaba lo mucho que a Zis pareciera gustarle verlo largo.

Tras mi pregunta su mirada cambió para clavarse en el suelo, no sin antes cambiar su peso de un pie a otro. Parecía estar sopesando si debía decirme lo que fuera que le preocupara o no. Si no lo hacía pronto la que se pondría nerviosa sería yo.

A su espalda pudimos oír el barullo que estaban armando un pequeño grupo de yautjas que reconocí como hermanos de camada. Parecía que uno de ellos había vuelto con el trofeo más grande que podía ver a simple vista: Parecía la cabeza de una Ankole, solo que unos cinco veces su tamaño y de un color morado intenso en los cuernos. Un buen trofeo sin duda.

Zis también había visto el trofeo, pero negó con la cabeza y finalmente extrajo algo de uno de los pocos bolsillos en su cinturón de cacería manteniéndolo en su mano.

Lo…siento

Escuchar esas palabras salir de su boca fue algo tan extraño que me hizo voltear a verla de inmediato, tanto así que mi cuello tronó por la acción. En todo lo que llevábamos juntas, nunca la había oído decir eso a nadie, mucho menos a mí.

¿Lo decía por el trofeo? ¿Por no haber traído uno mejor? No lo creía. Ella sabía que, por mucho que me gustaran los trofeos grandes e imponentes, para mí no tenían utilidad mayor a la que tenían para denotar su estatus como cazadora. No, esto era por algo más.

“Zi’stbap?”

El escuchar su nombre completo solo hizo que sus hombros se encogieran ligeramente. Solo acostumbraba llamarla así cuando estaba en problemas conmigo, buenos o malos.

Con lo que parecía un suspiro de rendición estiró su puño hacia mí dejándome ver lo que llevaba escondiendo.

¡Eran mis palillos! O lo que quedaba de ellos.

Estaban partidos en varios fragmentos, la pintura blanca con diseños florales cuarteada, astillados y completamente listos para tirarse a la basura.

“Oh. Así que ahí…estaban”, Ambas nos quedamos viendo los pedazos de madera en su mano hasta que mi mirada volvió a su rostro buscando una explicación, una muy buena.

Mira que no había forma de encontrar cosas humanas tan lejos de la Tierra, mucho menos lo mínimo para amarrar el cabello. Ahora sí que era un hecho, tendría que cortarlo. Sabe eso me puso de mal humor en segundos.
“¿Por qué están rotos?”

La última vez que estuvimos juntas…estorbaban” Sus ojos no se despegaban del par de piezas destrozadas en su palma, evitando los míos. Era ovbio que hablaba de la última vez que habíamos intimado. Recordaba que había intentado pegarse a mi espalda, pero cada vez que giraba la cabeza los palillos le golpeaban la mandíbula. Había pensado que los había quitado y lanzado a alguna parte de la habitación, pero supongo que en realidad solo los había roto para quitarlos de su camino.

Con irritación entrecerré los ojos mirándola mal, “Así que la razón por la que he estado muriendo de calor por casi dos semanas es porque estabas demasiado caliente como para quitarlos con cuidado” Ella no respondió, pero al menos tuvo la decencia de parecer arrepentida. El ver a mi enorme e imponente esposa poniendo lo más parecido a una cara de cachorro regañado era adorable. Casi se me había quitado el enojo y me daban ganas de perdonarla. Casi. “El trofeo es para pedir disculpas?” Ante esto ella asintió y tras un momento negó con la cabeza.

No del todo. Necesitaba un Torex” Comenzaba a impacientarme por tener que arrancarle cada respuesta de la boca.

“Para?”

Reponer

Con su otra mano tomó algo que parecía unir la columna vertebral con la base del cráneo que sostenía. La acción provocó que las tres vértebras presentes cayeran al suelo con un repiqueteo hueco.

En su mano sostenía un hueso de apariencia tubular y alargada, ligeramente mas pequeño y delgado que mis palillos, pero con la misma forma semicónica que habían tenido. Su textura lisa y pulida lo hacían ideal para su nuevo propósito sin duda además de aportar cierto toque inesperado de elegancia. Su actuar me había quitado los restos de enojo de mi sistema, reemplazándolos por sorpresa. Acababa de arruinar parte de su trofeo…¿por mí?

“Tu…¿Cazaste esto solo para reponer mis palillos?” En mi voz el asombro y la duda eran claros.

Ante su chasquido de afirmación no pude hacer más que cerrar los ojos y suspirar.

Dios. Realmente amaba a esta enorme, musculosa e increíblemente romántica alienígena asesina.

Ni siquiera creía que ella misma entendiera lo romántico que su gesto me parecía.

Si no te gusta puedo encontrar otro remplazo. Solo dame otra semana-“

La tuve que interrumpir. No había forma en que permitiera que pensara que no adoraba su regalo (aún cuando había sido su culpa el tener que reemplazar mis palillos).

Parecía que mi beso en su pecho la había tomado desprevenida, pero no tardó ni medio segundo en empezar a ronronear.

“Puedo usarlo ahora? El clima aquí es muy caliente”

Hicimos intercambio de cosas, dándome ella mi nuevo ornamento para el cabello y yo a ella el cráneo para tener las manos libres.

Con cuidado y destreza recogí mi cabello en un chongo en lo alto de mi cabeza para luego entrelazar el hueso y que éste se quedara en su lugar. Cuando terminé pude sentir por fin alivio ante el calor intenso que había estado sufriendo, sintiendo ligeras corrientes de aire jugar con los pequeños rizos que habían quedado enredados en mis orejas.

“Rayos, eso está mucho mejor” dije acercándome un poco hacia la puerta de la nave para sentir más de la brisa enfriar mi piel, “¡Muchas gracias Zis! Solo no vuelvas a hacerlo por favor. Fue un suplicio el aguant-¡”

Sentí las palabras atorarse en mi garganta cuando algo largo, resbaloso y caliente tocó mi cuello desde atrás.

“¡Zis!”, Me respondió solo con lo que había aprendido a reconocer como una risa. Sus manos que volvían a estar libres encerraron mi cintura en un agarre flojo, pegándome a ella" mientras volvía a lamer mi cuello con lentitud. “¡Así que por esto fue que buscaste un reemplazo!”

Adoro tu cabello, pero sin estar recogido solo estorba mi camino

No había ni una gota de vergüenza en su voz. ¡No podía creerlo!

De un momento a otro empecé a sentir sus manos metiéndose por debajo de la ‘blusa’ que llevaba, subiendo por la piel de mi torso y delineando el valle de mi columna con sus pulgares. Su tacto era frío, sin duda gracias a la malla reguladora que aún llevaba puesta.

“Mas te vale que disfrutes esto, porque ambas sabemos que estás castigada” dije sintiendo como cada par de sus mandíbulas se cerraban entorno a mi cuello, rasguñando mi piel ligeramente instándome a retirar mis palabras.

Ante mi silencio y mis brazos cruzados sus manos se habían detenido y su ronroneo había parado por un momento para volver de forma más insistente, casi suplicante.
“Ni creas que lograrás algo con tu ronroneo encantador, sabes que no tolero bien el calor ¡Sin contar que me abandonaste por una semana de la nada! Pensé que había hecho algo…que querías alejarte de mí cuanto antes” Era una verdad a medias ya que sí que me había alarmado por su repentino viaje, pero ella no tenía que saberlo.

Ante esto Zis me dio la vuelta para estar cara a cara y me envolvió por completo entre sus brazos, liberando mi cuello para acurrucar su cabeza en el hueco entre ésta y mi hombro. Con cuidado me levantó del suelo y por un momento tuve la impresión de que estaba temblando.

Nunca pienses eso. Tu eres mía, como yo soy tuya. No puedo prometer que no volveré a irme sin avisarte, pero tú sabes que solo vivo para ti. Mi pequeña bestia

Para un yautja, era raro que mostraran muestras de vulnerabilidad y afecto tan abiertamente, aún cuando Zis era una hembra con nada que probar a nadie y yo fuera su compañera destinada. Era una de las cosas que simplemente me hacían amarla más: su forma directa de ser, sin importar quién pudiera juzgarla, ella era la primera en ponerme en un pedestal ante la mirada de todos para que supieran que no había nadie más ni mejor a sus ojos.

“Solo para mí” repetí murmurando. ¡Dios! en cuanto pudiera me acurrucaría agresivamente con esta romántica incorregible. Probablemente después de su castigo.” Espero que entiendas que no hay forma de que te deshagas de mí. Ahora estás atorada conmigo por toda tu larga vida”

Mis brazos se cerraron entorno a su cuello y no pude detener mis besos sobre toda parte de ella que estuviera a mi alcance, haciendo que su ronroneo aumentara en escala. Podía notar las miradas de todos los yautjas que habían estado descargando trofeos y provisiones en la plataforma, pero solo bastó una mirada mía para que volvieran a lo suyo o fingieran hacerlo. Se notaba que mi show en el comedor (hacía relativamente poco para ellos) no se les había olvidado. Algo es algo supongo.

“Vamos Zis, tienes que colgar eso en tu muro y luego veremos lo de negociar tu castigo”

Tras un gruñido de resignación comenzó a caminar hacia la puerta, colocando una de sus manos bajo mis piernas para cargarme mejor y que yo fuera mas cómoda sobre sus brazos. Se notaba que me había extrañado y ahora que había vuelto no me dejaría en paz por un buen tiempo.

Premio doble sin duda.

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