Work Text:
Queridos lectores de Hechizada, Secretos de Celebridades y Consejos de Hechizos de las Estrellas. Hoy, como todos los jueves, les traigo mi fiel columna "What not to wear" pero en esta ocasión no me dedicaré a darles consejos de moda. Más bien, les traigo algo totalmente diferente, les vengo a contar algo sumamente personal y posiblemente muchos de mis lectores se sientan interesados, curiosos o hasta identificados con la historia que les contaré. Es un tanto personal pero si ustedes son como yo, qué sé que es así, seguramente les gustará.
Pansy Parkinson, editora en moda de Hechizada
—¡Nos casamos! Una simple y breve frase que marcó el rumbo de mi destino y el de mis amigos
Pero para darle sentido a esta historia hay que contextualizarla desde un inicio. Hace unos años atrás parecía totalmente desquiciado pensar que los Slytherin tuviesen algún tipo de relación con los que alguna vez fueron sus eternos rivales. Muchas cosas sucedieron en el medio… pero una nueva etapa comenzó a surgir tras la guerra, y poco a poco las rivalidades parecieron quedar atrás. No fue fácil para ninguno. No es sencillo tratar de cambiar aquellos conceptos con los que has cargado durante toda tu vida, pero al destino a veces le gusta darte de su propia medicina.
Así fue como Draco Malfoy, príncipe de los Slytherin, un sangre pura heredero del linaje de los sagrados veintiocho y ex mortífago, terminó siendo colaborador del trío dorado con la finalidad de unir alianzas y crear una nueva generación dentro del mundo mágico. Un futuro en el que prime la paz y destierre aquellas ideas puristas que tantas generaciones cargaron.
Que ilusa fui cuando simplemente pensé que sería un "colaborador". Ya algo intuía cuando veía a Draco con una sonrisa en la cara, cada vez que volvía de sus reuniones de "reconciliación" y no hablo de esa sonrisa falsa y soberbia que toda su vida tuvo, sino una de felicidad.
Ni que hablar cuando en la cena de cumpleaños además de invitarnos a nosotros, sus fieles amigos, también invitó al grupete de los Gryffindor, realmente no podía creerlo. Presiento que en ese momento fui la que más le costó la adaptación, no me cabía en la cabeza como podíamos estar todos en una misma sala sin estar discutiendo o largando alguna maldición. Tampoco entendía como el resto de mis amigos siguieron tan rápido los pasos de Draco, y entablaron conversación con ellos.
Por mi parte, preferí mantenerme al margen y simplemente observar dicha imagen surrealista. Lo peor es que esa imagen comenzó a repetirse en reiteradas oportunidades, y ya parecía no haber escapatoria.
Para navidad me llegó una invitación para una cena de parte del mismísimo Harry Potter —¿Y yo por qué iría a su estúpida fiesta? Recuerdo que me pregunté, pero instantáneamente me autorespondí —Ahh, cierto ahora nos "llevamos bien". Hubo una sola cosa que pude rescatar de dicha ocasión, y esa cosa fue Hermione Granger.
—Lindo vestido. Me dijo
—Si lo sé... Le conté, y con mucho esfuerzo le dí las gracias por el cumplido. Nunca olvidaré el impacto que tuvo esa palabrita en el rostro de la Gryffindor, ni que se hubiera ganado la lotería mágica.
De ahí, nuestra conversación siguió con algún que otro halago. Le recalqué que me gustaba como tenía su cabello aunque me costó admitirlo, había cambiado esa pajarera que solía llevar en épocas de Hogwarts por unos suavizados bucles.Seguimos conversación durante un largo rato y me comentó que trabajaba en el ministerio, su interés eran las leyes pero por el momento prefería adquirir experiencias en todas las áreas posibles. De ahí surgió la idea de invitarme a formar parte del nuevo cambio de imagen que buscaban darle al ministerio, y viendo cómo iba vestida ella se notaba que con urgencia necesitaban un cambio de imagen, así que acepté.
Mi relación con Granger fue paso a paso, mientras la fui conociendo pude reconocer que además de ser una come libros tenía bastante carácter, y eso era un punto para ella. Le gustaba estar a cargo y a mí también, así que por momentos también chocabamos. Su punto débil indudablemente era la moda ¿Cómo alguien la tomaría en serio vistiendo así? Tuvo suerte que aparecí en su vida para poder guiarla en el camino al éxito. Indudablemente nuestra relación cordial llevó a qué me hiciera conocer a sus amigos, recuerdo que con anterioridad Draco ya había intentado que me uniera a ellos pero yo me negaba rotundamente ¿Que se supone que hiciera yo ahí? ¡Y con esa gente! El fracaso de Malfoy, fue el éxito de Granger. Me invitó a una reunión en su casa, al inicio estaba reticente en ir pero prácticamente me rogó ya que necesitaba que la asesorará con su vestuario ya que daria un gran anuncio a sus seres queridos, como olvidar ese —Y Pansy, tú eres parte de esos seres queridos. Maldita Granger y todo su sentimentalismo, me convencí en ir simplemente porque sin mí estaría vestida como una cacatúa. Y no niego que me daba intriga saber que sería ese gran anuncio que tenía que dar.
Llegó el día que casi me da un infarto y casi me llevan directo a San Mugo.
Ahí estaba yo toda ilusa arreglando a Hermione, que estúpida fui en ese momento en no darme cuenta de todos los detalles que me advertían lo que sucedería luego. Me acuerdo que Granger ese día estaba más ansiosa que nunca, y parecía más preocupada e impaciente de lo normal. Cuando llegué tenía una pila de trapos, que ella llamaba ropa, tendida sobre la cama. Luego de mandar a quemar la mitad de su closet, encontré algunas piezas que para mí gusto lograban ser dignas para dicha ocasión, aunque contaba con pocos detalles del motivo, me dijo algo sobre una decisión que cambiaría su vida. Por ese motivo elegí colocarle un lindo vestido, destacaba entre el resto y era notoriamente más caro que el resto, se notaba que eso fue un regalo porque tenía demasiada clase para ser algo elegido por ella… ah y como olvidar esa cajita misteriosa que apenas la quise abrir me la arrebato de las manos excusándose de que era algo privado.
Ya en la fiesta no quedó más remedio que interactuar con el resto, por suerte también estaban invitados Blaise, Theo y Draco, y eso me permitió no tener que echarme un hechizo para volver sordos mis oídos. Me acerqué a Blaise que estaba hablando con uno de los Weasley, se mataban de la risa y parecían congeniar bastante bien.
—Es que te lo he dicho no hay nadie más cabeza dura que Draco Malfoy. Le escuché decir a Blaise.
—No puedo poner en duda tu palabra pero yo también conozco a alguien que también es muy terca.
Le respondió el pelirrojo, cuando se percató de que me encontraba allí.
—Oh Pansy, mi querida Parkinson, ven que te presento a mi queridísimo amigo Ron Weasley. Realmente ese día Zabini estaba pasado de copas.
— Hola. Le tendí la mano y el muy ingrato me LA RECHAZÓ.
Quedé desencajada, tenía claro que no nos llevábamos bien pero esa actitud ¿Quién se creía?.
Ofuscada por la actitud del idiota me aleje y me fui a buscar una copa de alcohol, pero uno bien fuerte.
Acá es cuando todo se vuelve confuso, y en este caso no puedo culpar al alcohol porque fue la mejor decisión que pude haber tomado para sobrellevar lo que estaba por venir.
Hermione y Draco, juntos, agarrados de la mano, diciendo —Nos casamos. Perdón, ¿diciendo que SÉ CASAN? Sí, tengo que repetir lo que todos pensamos en ese momento. De ahí la fiesta se fue como una montaña rusa, hubo un sinfín de emociones por parte de todos. Por supuesto la mía fue cara de desencajo total, no porque no me agradara la pareja sino porque no tuvieron la dignidad de decirme antes, y eso que yo tenía relación con ambos. De ahí proseguí a tomarme cada copa que pasará por frente mío, lastimosamente no fui la única con la misma idea. La borrachera fue el mejor plan para todos. Recuerdo que a Blaise se le ocurrió que era buena idea poner música, Draco tratando de sacar a bailar a Hermione que todavía seguía dando explicaciones a sus amigos que estaban más pálidos que la reencarnación de Voldemort. Theo no paraba de llorar, no sé si de alegría o de tristeza por la noticia, por otra parte muchos de los invitados optaron por elegir ahogar sus emociones en comida o bebida, por suerte Granger y Malfoy no escatimaron y brindaron buen servicio. Ya pasadas las horas, mis recuerdos empiezan a ser bastantes imprecisos, sé que con la comida y el alcohol casi todos logramos entender y aceptar el hecho de que los que alguna vez juraron odiarse ahora se casaban. Entre la música y los que bailaban, no va que el idiota que antes me rechazó el saludo, me derrama su bebida en mi vestido.
—Lo siento tanto. Me dice rápidamente
—¡Ah, ahora sí me hablas!
—Disculpa, tienes razón fui un maleducado pero no siempre es tan simple…
—Tan simple¿Qué? Le contesté sin saber bien a qué se refería, debo excusarme que en ese momento mis sentidos estaban por el piso de tanto alcohol.
—...No es tan simple olvidar
¿Por qué me hicieron tanto daño esas palabras? Es lo que me preguntó hasta el día de hoy posiblemente sea porque mi arrepentimiento no siempre fue del todo sincero. Porque aunque sabía que había cometido atrocidades las logré tapar de mi mente con trabajo y fiestas, porque realmente esa gente no me había importado tanto. No me había importado hasta ese momento…
Aquí es como todo se vuelve mucho más confuso, recuerdo que luego de la daga que me clavo el maldito Ron Weasley, me largue a llorar. Yo nunca lloro, nunca, así que me fui corriendo hacia la habitación de Hermione con la finalidad de esconderme y que nadie me viera. Al llegar me arrojé sobre su closet, que anteriormente estuve revisando, necesitaba con urgencia sacarme el vestido, sentía que la humedad de la mancha me helaba la piel. Entre mi sollozo por lo herida emocionalmente que me sentía, y que Granger tenía ropa tan fea la angustia era peor. Fue cuando me desplome en la cama que sentí un pequeño bulto, sí la cajita misteriosa. Sé que no debía abrirla sin permiso, seguramente dado los anuncios anteriores sabía de lo que se podía tratar. Un poco más recompuesta me acomode en los pies de la cama y la abrí, y cuando les digo que era todo lo que menos me esperaba, no les estoy mintiendo. En la cajita, una esperaría que estuviese el anillo de compromiso, una joya o algo con significado, aunque para gustos no hay nada escrito. En la misteriosa cajita no había ni más ni menos que una tanga. Pero no era cualquier tanga, era una tanga roja, con un bordado de "DM" en verde. Toda la angustia y llanto acumulado explotaron en una risa, no podía parar. No sé en qué momento de mi ataque de risa alguien abrió la puerta y preguntó: —Pansy, perdón. No quise lastimarte… ¿Te encuentras bien?
Indudablemente yo también hubiese preguntado si me encontraba bien porque entre estar medio borracha, mi ropa arruinada y riendo como la bruja que soy, cualquiera creería que perdí la cordura.
—Mira, la tanga de Draco Malfoy. Le tendí entre risas la cajita y el objeto que había en su interior. Él lo observó por unos minutos y cuando alzó la vista estalló al igual que yo.
No paramos de reírnos, sabíamos que teníamos una anécdota que valía oro.
No pregunten cómo pero después de tanta risa el idiota me sonrió y seco una de mis lágrimas. —Perdón. Repitió. Y en este caso me encantaría culpar al alcohol pero sé que mi accionar fue bastante concienzudo, así que tomé su rostro y lo acerque hacia el mío y nos besamos.
Esa noche entre vestidos, un casamiento y la tanga de Draco Malfoy, me gané a mi novio.
