Chapter Text
21 de enero, 1903; 12:45 am
Tomorrow, I'll be faster
I'll catch what I've been chasing after and have time to play
But I'm quite alright hiding today
Bajo la tenue esperanza, la noche le brindaba un refugio.
No era cálido, más bien, sentía como por debajo de su piel quemaba el frío colándose a causa del invierno, la última nevada había acabado hace no más de una semana, pero los hombres que se movían entre los adoquinados y estrechos callejones de Londres vestían largos abrigos que les proporcionaban la ansiada calidez en lo que la húmeda neblina de media noche cubría sus pensamientos.
Kazutora no era la excepción. Su cabello relativamente largo se encontraba recogido en una cola baja, pequeños mechones pintados a rubio sobresalían hacia el frente, aunque estos eran despojados de protagonismo por el sombrero oscuro que le cubría para pasar desapercibido.
Un largo abrigo le tapaba hasta centímetros por debajo de las rodillas, si era negro o un azul marino no lo tenía muy claro, pues por la rapidez con la que había salido a la oscuridad no se había permitido ser muy quisquilloso para ponerle especial atención a su vestimenta, por debajo una camisa se encontraba abotonada únicamente hasta las clavículas donde se topaba con una gran bufanda crema que contorneaba todo el rededor de su cuello. El vaho de su boca intercalándose con el humo de un cigarro lo mantenía en calor e impregnaba su ropa con el conocido aroma a tabaco, finalmente unos pantalones a rayas algo arrugados por el uso de todo el día le dibujaban su figura.
Su piel rozaba la tela por el temblor ansioso que le causaba en la pierna la desesperación y expectativa por la espera de, quién ansiaba, llegara a su encuentro. De a ratos se colaba en su pensamiento el que diría al volver a casa. Si todo salía como planeaba -ignorando el retrasado horario- debería volver a la finca para el amanecer antes del alba, si es que tenía suerte, aunque lo único que le importaría sería volver antes de que su madre o su prometida despertaran, pues eso sería un problema.
Se encontraba dando vueltas en un estrecho callejón sin salida de un barrio nocturno en el bullicioso Londres, frente a él se encontraban dos botes de basura rebozando de desperdicios y podía apostar que hacía la oscuridad atrás de él, habría agua empozada por donde ratones solían juguetear. Hacia su izquierda, al otro lado de la pared de ladrillos había un concurrido bar, Kazutora lograba distinguir el choque de vidrios de botellas y risas, pero no tenía que preocuparse por los borrachos aún, esos empezaban a ser desterrados de los recintos aún a las tres de la mañana, tenían tiempo.
Con la mano derecha se dirigial bolsillo de su abrigo, recogiendo de este un dorado y pequeño reloj, achicó los ojos un poco para poder dilucidar bajo la luz que se colaba de la pobre farola hasta el callejón la hora que era.
00:51
-naturalmente tarde- susurro para si con sorna mirando hacia abajo, una invisible sonrisa a causa del cigarrillo entre sus labios.
El hombre recostó su cuerpo contra la pared de ladrillos en su espalda sin importarle la suciedad que podría pegársele o las diminutas telas de araña causadas por la poca limpieza a ese olvidado callejón, únicamente pensando en la muy mala, pero bien conocida, costumbre de tardanza que mantenía su muy buen amigo.
Matsuno.
Siquiera esperaba que hubiera recibido la correspondencia que le hizo llegar hace no más de dos días, sino todo esto sería en vano. Era un hombre anticuado, quizá podría haber acelerado el proceso realizando una llamada o un telegrama como le había sugerido Kokonoi el cual lo había tildado de "chapado a la antigua", pero las cartas entre ellos era un recuerdo que no quería dejar morir.
Quería disculparse por todo. Su última reunión había resultado caótica y acercándose la peligrosa fecha propuesta para su matrimonio tenía que darle una correcta última despedida a Matsuno Chifuyu, estaba decidido...o al menos trataba de convencerse a si mismo de que esas eran sus verdaderas intenciones para reunirse.
Su mejor amigo, el que le había otorgado felicidad en sus peores momentos, el encargado de mantener sus pies firmes en tierra cuando no era más que una hoja en otoño que había caído lejos del árbol.
Su confidente, el único que sabía sus más profundos secretos, sus vergüenzas y sus sonrojos, el que lo había acompañado siempre en mente, aunque su contacto no hubiera sido continuo, podría admitir sin vergüenza que Matsuno era la persona más importante y relevante en su burda existencia.
Y su amante, el único al que se había mostrado en alma y cuerpo, al que ya hacía tiempo se había entregado de la misma manera que él lo había hecho consigo, el que lo conocía más que sus progenitores o la futura madre de sus hijos, más que el cura que había visitado hace un par de días y podría jurar que más que Dios mismo.
Matsuno.
Chifuyu Matsuno.
01:21
El bar que colindaba junto a él despedía todo tipo de ruidos y olores, risas, gritos, vino, cerveza y vodka podría distinguir. Kazutora quería entrar al calor del lugar y quemar su garganta con algún líquido, pero su corazón huérfano de amor le seguía pidiendo que espere, que aquel iba a llegar, que las horas que Matsuno lo mantuviera bajo el frío invierno esa noche no serían suficientes para igualar el abandono al que él le había sometido, así que tenía que seguir ahí, porque él iba a llegar.
Su piel estaba helada y pálida, su nariz sonrosada por el frío, los vellos de los brazos erizados debajo de su vestimenta y sus dedos entumecidos a falta de guantes, ¿sería este un castigo por los años de privación? ¿Por los años en los que no se vieron? ¿Por las cartas? ¿El reloj? Porque esa noche de invierno podría ser igualada a los últimos diez años de su vida, solitaria pero esperanzadora. Matsuno podría llegar a ser malévolo, pensó.
Kazutora podría asimilarse a una estatua, inmóvil. Se había rendido a sentarse contra el asfalto, con las piernas recogidas apoyadas contra su pecho y los ojos medio cerrados. Quizá la respuesta que esperaba de Matsuno era otorgada el silencio de la noche, pensó.
Suspiro en la inquietante quietud del momento. Entre el bullicio de los carruajes, música y animales, Kazutora distinguió unos pasos apresurados acercándose por el asfalto de las calles.
-Kazutora- mencionó la voz mientras una mano era apoyada en su hombro, cálida, con guantes -soy Chifuyu, hey- dijo él en un susurro que obligó al mencionado a levantar la mirada.
Traía un saco grueso, zapatos oscuros de punta algo sucios, posiblemente causado por el barro de las calles, su cabello oscuro -como lo traía desde hace un par de años ya- se encontraba siendo movido por el viento, el cual desordenaba sus hebras esponjosas pegándolas a su rostro, tenía las mejillas sonrosadas por el gélido clima y en medio del vaho que expedía dio una sonrisa hacia el que se encontraba en el suelo mientras le quitaba de su boca el quinto cigarrillo que ya se había consumido hace algunos minutos para lanzarlo hacia un costado.
-Viniste - Alegó Hanemiya con un tinte de alegría en su voz en lo que el aliento frío escapaba de sus labios y se apoyaba en sus rodillas para ponerse en pie.
-Tengo un lugar cerca, Tora - Matsuno lo miró a los ojos en lo que le daba un pequeño toque en la mejilla, un mimo rápido y cálido, Kazutora trató de apegarse más a su mano cuando este ya la estaba despegando -¿vamos? Te vas a helar si nos quedamos aquí- insistió en lo que hacía el ademán de girarse y empezar a andar.
-Tenemos cosas que hablar, no puedes escapar de ello- dijo apresuradamente Kazutora tomando a su amigo de la manga de su abrigo, sabiendo que no les quedaba tiempo y Chifuyu siempre había sido un experto en desviarlo de sus primeras intenciones o pensamientos.
Chifuyu le sonrió -lo sé, pero no aquí- inquirió desviando la mirada hacia un farol que vagamente alumbraba la calle a su lado - alquilé una habitación en lo que permanezco en la ciudad hasta mañana - hizo una pequeña pausa pensando, una mueca se formó en su rostro - supongo que tú tienes prisa por lo de tu prometida, ¿Le hiciste saber que nos encontrariam-
-perdóname, Fuyu- soltó
Chifuyu lo miro por última vez a los ojos antes de girar la mirada para empezar a avanzar en total silencio al menos unas cinco cuadras alejadas del centro del barrio donde habían acordado para verse. Hanemiya con mil pensamientos enrevesados siguió a Matsuno a paso lento. No importaba que sólo tuvieran unas horas para ellos, las circunstancias ya les habían demostrado antes que sus adioses eran solo mentiras piadosas de mala costumbre.
