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Desde el momento en el que Benedict sostuvo la mano de Sophie en aquel baile, Sophie fue suya y él suyo, nunca ha habido una duda en su mente (en su defensa aún sin saber que Sophie y la famosa dama plateada eran la misma persona) solamente por ella había sentido ese cosquilleo, esa sensación de propósito, ni cuando estaba frente a una pintura y eso que ahora Benedict era un pintor "renombrado" con 2 pinturas en the National Gallery, lo que había encontrado a lado de Sophie, esa contención, esa sensación de que todo lo que viniera después sería fácil de superar.
Pero nada lo había preparado para esto, meses después de casi perder a su hijo mayor Charles por un terrible resfriado, Benedict no habría querido separarse de Sophie para nada, embarazada de lo que ambos estaban seguros su último bebé y que Benedict estaba seguro sería una niña, podía sentirlo en su corazón, esta sería su niña, pero la casi perdida de Charles le hizo afrontar una idea que negaba dejarla entrar en su corazón, estaba en su mente, en sus pesadillas, en la razón por la que evitaba su estudio, prefiriendo la practicidad de su cuaderno de bocetos y su carboncillo, no quería admitir que a sus 37 casi 38 años de edad, la idea de perder a su esposa le aterraba, se le helaba la sangre cada que recordaba los días donde por cuidar de su hijo enfermo Sophie se desmayó, ahora esa imagen es sustituida con una Sophie muerta durante el parto, si bien los embarazos anteriores de Sophie habían sido sencillos, tanto así que para el nacimiento de Alexander, su madre no había alcanzado a llegar, razón por la cuál su madre llegó una semana antes del nacimiento de William, la sonrisa de Sophie al ver su madre había alcanzado a llegar, obviamente quedó inmortalizada en otro retrato.
Benedict estaba preocupado, había estado presente en los partos de sus otros hijos, pero por alguna razón no podía encontrar la fuerza para acompañar a Sophie, su madre estaba junto a ella tomando su mano, pero es que la pregunta del médico, le había recordado de su peor pesadilla y no podía afrontar mirar a Sophie y decir que había sido egoísta y la había preferido a ella sobre la vida que venía en camino, pero es que podía llorarle a esa criatura, pero a Sophie, lo destruiría. Benedict estaba tan perdido en sus pensamientos que por un momento no escuchó el llanto que indicaba que una vida había llegado, al escucharlo, la curiosidad y el amor pudieron más con él, entró en la habitación, sus ojos buscando a Sophie, que en ese momento tenía un bulto en sus brazos, al ver la sonrisa en su rostro y justo en ese momento Sophie miro en su dirección, extendiendo el brazo en su dirección.
-Ven Benedict, hay alguien que te quiere conocer, ven.- Benedict cruzó la habitación, para llegar a Sophie, sin quitarle la mirada a Sophie, se sentó a su lado, Sophie con una habilidad experta le pasó el pequeño bulto.
-Hola bebé, soy papá- Mirando maravillado a la vida que tenía en sus brazos, aún no sabía si era un Benedict o una Violet, pero a él no le importaba, estaba aquí y Sophie estaba feliz y bien. A lo que el bebé respondió moviéndose en sus brazos.
-Tú hija reconoce tú voz- Le dijo Sophie recargándose en el hombro de Benedict. Benedict movió su mirada del bebé hacia su esposa, la cual asintió- Estabas en lo correcto.
En ese momento Benedict con su hija en sus brazos sintió que su vida estaba completa, podía retirarse de la pintura y dedicarse al campo por el resto de su vida y el moriría feliz, tenía la familia que siempre deseó junto a la mujer que siempre soñó, todo terror olvidado.
-¿Cómo la llamaran?- Preguntó Violet, que hasta ese momento había permanecido en silencio desde que su hijo entro en la habitación, habiendo escuchado las preocupaciones de su hijo, le dio espacio para que superara sus miedos. Su hijo y nuera compartieron una mirada de entendimiento tan claro que Violet no pudo más que recordar a su difunto marido. Benedict se puso de pie y rodeo la cama donde estaba su nuera y le colocó el pequeño bulto con una reverencia enorme que Violet casi ríe, que bueno que no lo hizo porque sino se habría perdido de escuchar a su hijo.
-Madre, conoce a Violet- Violet sintió sus ojos llenarse de lágrimas, rápido mirando a Sophie, la cual sonrió y asintió.- Violet Sophia Bridgerton. - Violet besó la mejilla de Benedict con mucho cuidado, para no asustar a la pequeña Violet.
4 años después.
Era el cumpleaños de la Pequeña Violet y Benedict no sabía que hacer, había estado retrasado con unas pinturas para una exhibición y no le había dado tiempo de conseguir el regalo para Violet y la familia llegaría mañana para celebrar su cumpleaños y tenía que conseguir el regalo perfecto.
-Sophie, necesito tu ayuda- Dijo Benedict entrando al estudio de Sophie- ¿qué le regaló a Violet?- Dijo Benedict sentándose en el diván junto a Sophie.
-¿por qué no le preguntas a Violet qué quiere, Violet te puede resolver ese dilema, ¡Violet cariño, papá quiere hablar contigo!- Llamó Sophie a la pequeña Violet, a lo que Violet llego corriendo después- Violet, cariño, pregunta papá, qué te gustaría tener de regalo. - Dijo Sophie mientras Violet se sentaba en el regazó de su padre.
-¿Lo que yo quiera?- Dijo Violet con una sonrisa traviesa en el rostro.
-Lo que quieras, muñecas, peluches, lo que tu quieras- Dijo Benedict, Violet lo considero un minuto, su prima Charlotte tenía muchas muñecas, pero a ella no le gustaba mucho jugar con muñecas, lo suyo era más jugar a escondidas con las pinturas de su papá
-Quiero un Rosa Violet, papá. - Dijo Violet, en ese susurro infantil que todo presente escucha en la habitación.
-¿Un rosa Violet?, hija eso no es posible- Dijo Sophie, pero Benedict y su hija hicieron contacto visual y Benedict supo exactamente lo que su hija quería, no tan ajeno a la costumbre de su hija de usar sus pinturas, realmente las pinturas de Benedict no llevaban tanto rosa. Y era un color que se acababa rápidamente, más que el verde, color que si usaba bastante en sus pinturas.
-Ven vámonos a mi estudio- Dijo Benedict levantándose, tomando a Violet con él, te veremos para le cena Sophie, dijo Sophie besando a su esposa.
-Mira mamá- Dijo Violet entrando al comedor con un frasco en el que se leía Rosa Violet y un dibujo infantil en un tono de rosa que ella no había visto, estaba en el rosa de las azucenas y begonias, ciertamente era un color que no había visto jamás- Mi papá me hizo un rosa solo para mi, solo yo lo tengo, es MI rosa, lo amo papá- Dijo en cuanto Benedict entro en la habitación.
-Hicimos una combinación de color solo para nuestra pequeña Violet.- Dijo Benedict, sentándose en la mesa en la mesa.
-¿A nosotros también nos vas a hacer un color papá?- Dijo Charles.
La mesa rápidamente se convirtieron en muchas conversaciones al unísono. Benedict y Violet se miraron fijamente a los ojos.
-Lo haré, pero no pueden decirle a sus primos, porque no hay colores suficientes para todos.
Esa noche cuando acostaron a Violet en la cama, Violet le hizo una petición especial a Benedict, la cual la cumplieron unos 14 años después, pero esa es otra historia.
