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Una semana.
Desde hace una semana que la cabeza de aquel idealista no hacía otra cosa que dar vueltas y vueltas, sus pensamientos eran un caos y estaba seguro que iba a perder la cordura por completo en cualquier instante.
Lo que Ranpo le dijo aquella vez lo seguía acechando hasta el día de hoy y ¿cómo no hacerlo?, la noticia le cayó como un baldazo de agua fría a Kunikida.
Recordó que ese día se encontraba bastante atareado con varios informes y documentos que llenar, tarea que supuestamente tendría que realizarlo cierta persona, pero era más sencillo hacerlo por su propia cuenta que dejar a ese vago a cargo de algo.
Y para rematar, él ni siquiera había venido a trabajar, que sinvergüenza.
Contaba los minutos que le faltaban para terminar con todo esto lo antes posible y así poder darle un poco de escarmiento a ese idiota cuando lo volviese a ver.
Su enojo se oía al maldecir a Dazai mientras tecleaba, comentarios que llamaron la atención de otro de los miembros de la agencia que también estaba en la misma habitación que él, uno que portaba un característico gorro de detective.
— ¿No debería de ayudarte tu compañero de trabajo? — dijo en un tono sarcástico.
— Debería, pero estamos hablando de Dazai — contestó con un tono despectivo — siempre es lo mismo con él, jamás completa sus labores, es un perezoso de primera y sé que hace todo esto para molestarme aún más, le divierte verme sufrir, oh pero ya verá, cuando acabe de transcribir este último caso le voy a-
— Kunikida, me sorprendes.
— ¿Ehhh?
— Digo que me sorprende — una pequeña sonrisa jocosa apareció en su rostro — cómo todavía no te has dado cuenta.
No sabía si fue realmente por compasión o algo o simplemente Ranpo estaba cansado de tener que ver que la misma situación ocurriera una y otra vez, él podía deducir todo al instante, así que no necesitaba que le dijeran que estaba sucediendo entre esos dos.
De hecho lo supo desde el primer día, hace dos años, cuando Dazai se unió a este equipo.
Tampoco era algo que particularmente le importara o quisiera entrometerse, pero luego de un tiempo resultaba hasta aburrido el seguir callando y más tentadora la idea de revelarlo.
— ¿Qué dice? ¿notar qué? — el rubio no lograba comprender a qué venía ese comentario.
— ¡A eso me refiero! nunca dije nada porque esperaba que tú mismo te dieras cuenta, pero veo que es inútil, vaya, en verdad necesitas cambiarte de gafas eh Kunikida, estás completamente ciego, pobre — negó un par de veces con la cabeza, como si se apiadase de su alma.
— Sigo sin entender a que se refiere, Ranpo-san… — el mayor, el cual estaba sentado sobre el escritorio, tomó un sorbo de su botella de ramune.
— Todo el tiempo te estás quejando de la actitud de Dazai ¿no?, que es un vago, que nunca hace el trabajo que le pides y básicamente como es el peor compañero que alguien pudiese tener, pero ¿te has puesto a pensar en por qué se comporta de esa manera?
— Porque le gusta ser un dolor de cabeza, la piedra en mi zapato y no se detendrá hasta ver que todos mis ideales sean destruidos ¡es eso! — Edogawa volvió a reír negando con la cabeza.
— Piénsalo mejor… ¿en serio no crees que podría existir otro motivo por el cual él hace todo eso contigo?
Su pregunta dejó reflexivo por algunos segundos al otro joven, como si esperara que tuviese la respuesta correcta, pero no era así y la verdad para este punto hasta le apenaba decir que no tenía ni idea, sintiéndose un poco estúpido.
— ¿Qué otra razón más habría? — preguntó inocentemente.
— Kunikida, le gustas.
Sintió que su cerebro había dejado de funcionar después de eso, los engranajes en su mente se detuvieran de golpe con escuchar esas tres simples palabras, cualquier posible cosa que pudo decir en ese momento no pudo ser articulada por sus labios.
Sin embargo era claro que la pregunta que lo inundó fue un:
“¡¿QUÉ?!”
_____
Esa vez entregó sus papeles algo más tarde de lo planeado, no era para tanto, como unos 10 minutos de retraso, aunque en los estándares de Kunikida, aquello era peor que inaceptable, pero a causa de lo ocurrido lo dejó pasar, cosa muy rara de por sí.
Fue el inicio de una de las semanas más abrumantes y caóticas, mentalmente hablando, que Doppo había tenido y creo que eso fue algo que más de uno pudo notar, pese a que realizaba todas sus actividades diarias con normalidad, se le veía tan inmerso en sus pensamientos que a veces era complicado sacarlo de ese estado.
En más de una ocasión Tanizaki o Atsushi se habían acercado a preguntarle algo al mayor quien se encontraba en su laptop o firmando documentos, y tenían que chasquearle los dedos un par de veces para llamar su atención.
Comenzaba a ser algo sospechoso, sin embargo, no era que estuviese afectando en verdad a su rendimiento, solo era preocupante que quizás esto empeore a la larga, pero por ahora todos trataban de obviar ese comportamiento.
Todos menos Dazai.
Desde la vez que este había planeado una de sus típicas bromas a Kunikida, luego de verlo caer en ella, simplemente lo ignoró y continuó con lo que estaba haciendo.
Ni un grito de ira, ni una expresión de enojo, ni un “¡DAZAI, DESPERDICIO DE VENDAS ANDANTE!”
Nada, solo una fría indiferencia de su parte.
Aquella anécdota puso en alerta roja a Dazai en un instante y después de eso se puso como meta sacar de sus casillas a Kunikida a como diera lugar.
Puede que su payasada no haya sido lo suficientemente irritante para su víctima, aunque hablábamos de Kunikida, aquel que al más mínimo percance que altere su horario no dudará en retorcerse del estrés, incluso más si el que lo ocasionó fue el castaño.
Osamu intentó de todo, hasta trajo el armamento pesado, bromas telefónicas en cualquier momento del día, volver a tomar su tarjeta de crédito sin permiso para comprar cosas que no se verían muy bien en su cuenta bancaria, hasta meterse con sus propios apuntes escondiendo su libreta, pero de nuevo nada, no parecía tener efecto en su objetivo.
¡¿Qué es lo que tiene que hacer uno para gastarle una broma a su compañero de trabajo?!
Estaba perdiendo la paciencia.
— Psss Atsushi-kun — Dazai llamó al albino, quien se encontraba al lado suyo haciendo un informe de uno de sus casos, dándole un ademán con las manos para que se acercara — ¿tú sabes qué le sucede a Kunikida-kun? — le preguntó en susurro.
— Pues si ha estado un poco raro estos últimos días… — respondió dando un ligero vistazo al mencionado quien se hallaba conversando algo con el presidente en la puerta de la oficina.
— Lo sé, ha ignorado todos mis intentos por hacerle un broma en toda esta semana, ¿de qué sirve planificar todo eso si no va a reaccionar a lo que hago? — su tono ahora se oía indignado.
— Dazai-san, no me refería a eso — dijo viendo de manera sospechosa a su mentor y su extraña afición por llamar la atención de Kunikida de cualquier manera — tal vez por fin descubrió que la mejor solución para que dejes de molestarlo tanto es ignorándote.
— ¡Eso es cruel! — Atsushi lo regañó para que guardara silencio pues Kunikida estaba a punto de pasar delante de ellos para regresar a su escritorio.
Su rostro inmutable, parecía una máquina, digo, más de lo normal, concentrado en su labor, pero también pensativo, perdido en lo que hacía.
— Yo le recomiendo que se rinda, si ya probó con todo, entonces no hay más por hacer, Kunikida-san le ganó esta vez — fue lo último que acabó diciendo el hombre-tigre antes de regresar a su tarea, si Dazai lo seguía interrumpiendo no iba a terminar.
El ex-mafioso ahora se encontraba desalentado por lo que había oído, no por el hecho de que viese esto como una clase de competencia, nunca lo vio de ese modo, si no que la idea de ver a Kunikida ignorándolo era algo que no podía soportar y el peor castigo que le pudiesen dar.
Un sentimiento de rechazo lo recorrió, así que esto era.
Esto fue todo lo que pudo conseguir.
Sabía que iba a llegar al límite en algún punto y por fin lo alcanzó, pero
¿Qué haría con estos sentimientos ahora?
_____
Transcurrieron algunos días más y las cosas continuaron igual, excepto por el detalle de que el castaño dejó atrás todo intento por gastarle alguna broma al rubio, continuaba ignorándolo y al parecer Dazai hacía lo mismo.
Eso provocó que en parte las cosas en la agencia se calmaran, sin él haciendo de sus travesuras y al mismo tiempo hacía las cosas más extrañas por aquí.
No era común ver a Dazai con aquella actitud, hasta incluso lo vieron sentarse a escribir alguno de sus informes o tratar de hacerlo, eso estaba rozando lo imposible, aunque de nuevo, nadie se atrevía a entrometerse en ese asunto, todo era hablado a través de chismes entre los miembros.
— Entiendo, disculpe las molestias, enseguida iremos para allá — Tanizaki colgó el teléfono un poco cansado — alguien llamó, dicen que vieron a “ese tipo con gabardina” flotando en el río Tsurumi hace unos minutos… otra vez.
Era común que la gente de esa localidad se comunicara con la agencia para reclamarles acerca de las acciones de uno de los integrantes de su equipo en específico, algunos quejidos se oyeron en la sala con ese comunicado.
Nadie quería hacer realmente ese trabajo, no importaba cuántas veces lo devolvieran, Dazai regresaría a ese condenado río y se aventaría al agua cual sirena para tratar de suicidarse por milésima vez, era como ir en círculos.
— Yo iré — se escuchó de pronto haciendo que la habitación quede en silencio.
Los detectives voltearon a ver al joven de lentes quien se paró de su escritorio dejando de lado la tarea que le habían encomendado y comenzó a avanzar hasta la entrada.
— Ehmmm ¿está seguro, Kunikida-san? no me molestaría ir por-
Antes de que Atsushi pudiese terminar, el susodicho le entregó una expresión seria casi sin voltear a verlo de frente, solo sus ojos apuntando directamente hacia él, aquello intimidó un poco al peli-blanco.
— Sí, por supuesto — este levantó ambas manos de manera nerviosa, no se interpondría en su camino.
Los demás vieron un poco confusos como el idealista abandonaba el lugar con determinación, todos menos uno quien no ocultaba su sonrisa complaciente mientras jugaba con su silla giratoria y comía una ración de sus bocadillos.
— Uno de ustedes deberá de cubrir sus deberes de hoy, porque Kunikida no regresará hasta mañana — concretó este.
_____
Comenzaba a atardecer, será mejor que lo encuentre antes de que más vecinos de la zona continúen enviando sus disgustos a la agencia, era increíble que ese sujeto no estuviese vetado de Tsurumi para estas alturas.
Según los datos del GPS debería de encontrarse cerca, pero aún nada.
Ese imbécil se había quitado el rastreador que solía ponerle para encontrarlo más fácilmente o solo lo había perdido en el camino, ambas opciones habían pasado con anterioridad.
Demonios, siempre era igual, de por sí lo había estado martirizando por largos días en su mente y todavía lo seguía haciendo ahora, eso sin mencionar las bromas que tuvo que soportar en silencio, era una pesadilla, nunca iba a poder cambiarlo, por más que lo intentara.
¿Entonces por qué lo seguía haciendo?
¿Por qué intentaba que esa cabeza hueca pudiese tener un poco de disciplina?
¿Por qué se preocupaba tanto por alguien que claramente ya era un caso perdido?
¿Por qué nunca se cansaba de recordarle lo mucho que no lo soportaba y al mismo tiempo no quería dejarlo ir?
Todas esas ocasiones en las que lo dejaba dormir algunas horas en el sofá de la oficina entre regañadientes para que así no anduviera como un zombie en pleno trabajo.
Aquellas veces en las que le preparó un almuerzo balanceado para verlo comer algo medianamente saludable por una vez o que al menos comiese a su hora.
Y todas las páginas que gastó para poder planear cómo sería su Dazai ideal, páginas separadas por varias secciones y artículos, eran tantas que pudo llenar una libreta entera con ellas.
Ni siquiera le había dedicado todo ese esfuerzo cuando se trató de su mujer ideal.
A lo largo de los años, más de uno le hizo saber acerca de la imposibilidad de encontrar una persona que cumpliera con cada uno de los ideales que pedía.
Y que estuviera 100% seguro de que iba a encontrarla dentro de unos años era todavía más increíble, por eso, luego de lo que sucedió con Ranpo sintió que se iba a desmoronar.
No era el hecho de saber que pasó todos estos años con la verdad en frente sin saberla, ni tampoco porque Dazai era un hombre.
Kunikida eventualmente comenzó a pensar en la posibilidad de que tal vez no solo podría encontrar sus ideales en una mujer, así que una noticia así no lo iba a tomar tan desprevenido, el verdadero problema era que…
¡Se trataba de Dazai!
¿Por qué de todas las personas en la faz del planeta tuvo que ser él?
¿Por qué el ser más bastardo que jamás había conocido?
¿POR QUÉ?
Esa pregunta lo continuaba persiguiendo, lo carcomía por dentro, tenía deseos de golpearlo, tomarlo por el cuello de la camisa y gritarle-
Aguarden, ¿ese era…?
Sus ojos lograron ver algo que sobresalía desde la superficie del río, lo había encontrado.
— ¡Dazai! ¡Oi, Dazai! — exclamó levantando uno de sus brazos para hacerle una señal mientras le seguía el paso — ¡No te hagas el muerto y ven aquí de una buena vez! — gritó furioso, no servía — ¡Idiota! ¡juro que si no estás aquí en 5 segundos voy a hacer que lo lamentes en serio! — le puso un ultimátum, pero no parecía tener respuesta alguna, solo veía parte de su cuerpo que resaltaba en la superficie del agua siendo llevado por la corriente — ¿por qué no me escucha? ¿qué le sucede? — pensó para sí mismo, fijándose que el rostro de Dazai se encontraba hundido — ¿no será que…? — los segundos pasaban y Kunikida lo llamó otro par de veces sin volver a recibir una reacción en él.
Esto dejó de ser confuso para comenzar a ser preocupante, no, esto debe de ser uno de sus muchos intentos para gastarle una broma, estuvo tranquilo por días para que bajase la guardia y así sorprenderlo, pero no iba a funcionar esta vez.
¿Y qué tal si no? el tiempo seguía corriendo y el río alejaba más y más el cuerpo inerte del ex-mafioso.
Sí, de seguro era una trampa, tenía que serlo, le había hecho cosas parecidas antes y siempre seguía cayendo, porque ese hombre lo conocía muy bien.
Y aún así…
— Mierda — dijo con coraje sacando la libreta de su bolsillo, también sus lentes junto con su chaleco y los tiró al suelo.
Lo siguiente que se oyó fue el sonido de un fuerte chapoteo.
Kunikida consiguió sacar a Dazai del río, pero este seguía sin mostrar señales de vida, notó que no podía sentir su respiración salir por sus fosas nasales ni por su boca.
Entrelazó las manos comprimiéndolas en el centro de su pecho para intentar reanimarlo, una y otra y otra vez.
— ¡Dazai! ¡despierta! ¡DESPIERTA! — lo llamaba desesperadamente mientras presionaba su cuerpo — ¡DAZAI!
Resultaba inútil, el RCP no era suficiente, el rubio sabía el procedimiento muy bien y la segunda opción que podía realizar en casos extremos, sin embargo eso quería decir que-
No, no lo haría, todo menos eso, antes muerto que hacerlo.
Aunque a este paso el fallecido sería otro, cada segundo era valioso y los estaba desperdiciando, el dilema lo estaba torturando, no podía ver como una vida se apagaba frente a sus ojos, eso no estaba dentro de sus ideales, la culpa no lo soltaría jamás sabiendo que pudo hacer algo más y no lo hizo, aquello sería algo que no podría soportar.
Por lo tanto solo existía una solución.
Se acercó al cuerpo del castaño, inclinó su cabeza, tomó su mentón, apretó su nariz y en eso aquellos labios tocaron los suyos, sintió que los de él se encontraban húmedos y arrugados por el agua.
¿De verdad estaba haciendo esto?
Las mejillas de Kunikida se inflaron cuando soplaba dentro de la boca de Dazai, se detuvo para tomar más bocanadas de aire, vamos tenía que funcionar, tenía que…
En una de esas veces al alejarse para volver a tomar un fuerte aliento, unas débiles pupilas café se le quedaron viendo directamente.
Sintió su corazón detenerse por unos instantes, sus miradas se habían conectado en ese segundo, para que al otro Kunikida se alejara casi un metro de golpe, de suerte no pegó un chillido ahí.
Dazai en consecuencia se levantó en un santiamén quedando sentado, parecía sorprendido por su alrededor, como si recién estuviera reaccionando con sus cinco sentidos lo qué había ocurrido, su respiración era pesada, tosió un poco y su boca estaba algo entumecida, el pecho le dolía y una corriente de viento lo sacudió.
El sonido del río en el fondo llenaba el silencio que ambos se guardaban.
Al recobrar por completo la consciencia volteó a ver a su salvador quien le estaba dando la espalda, sentado aferrándose a su libreta envuelta dentro de su chaleco.
— Siempre haces lo mismo ¿cierto?— Kunikida eventualmente habló, ese tono de voz se oía dolido — siempre tienes que arruinar todos mis planes — por fin giró la cabeza para encontrarse a Dazai observándolo incrédulo — ¿por qué?
Esa pregunta de nuevo.
Osamu vio una expresión en la mirada del menor, una mirada llena de aflicción e impotencia, no llevaba gafas por lo cual podía notar claramente el brillo en sus ojos, gotas resbalaban por su rostro, su cabello rubio empapado al igual que su ropa que se pegaba a su piel marcando su figura, no sabía si era solo él o es que la situación lo había aturdido hasta ese punto, pero incluso logró notar una ligera coloración en los pómulos de Kunikida y después sentir un pinchazo en su corazón.
Dazai bajó la cabeza sintiendo como un par de gotas resbalaban por su quijada hasta caer en el charco de agua en el que se encontraba, no tenía idea de cómo responder a aquella pregunta y el ver a Kunikida en esa situación comenzó a atraparlo en un manto de culpa y vergüenza como pocas veces experimentó.
— No lo sé — soltó en voz baja.
— ¿Ahora no lo sabes?, fueron más de dos años, Dazai, y en todo ese maldito tiempo ¿en serio no tuviste otra manera de hacerme saber lo que sentías?
El rostro del susodicho aparecen borrosamente en el reflejo del agua, su expresión no cambió luego de esas palabras, como si estuviese esperando que lo mencionara.
— Supuse que lo sabías desde que decidiste ignorarme por toda una semana.
— ¡Y fue la semana más difícil que he tenido jamás! — lo imputó — ¡por poco te mueres, por un demonio!... sé que no te importa en lo absoluto tu vida, ¡pero por una vez ten algo de consideración hacia los demás que si damos un carajo por la tuya! — su tono se quiebra.
— Lo siento.
El silencio vuelve y Dazai se hunde más dentro de sus brazos evitando los ojos de Kunikida quienes lo juzgan desde esa distancia.
— Es el colmo contigo — se detiene tocándose la frente a lo que bota un suspiro cansado — en serio no entiendo ni un poco tu retorcida cabeza, creer que el hacer todo eso me iba a acercar a ti de alguna manera.
— ¿Funcionó? — pregunta con una descarada inocencia.
— ¿Tú qué piensas?
— Pienso que sí, de lo contrario, Kunikida-kun no habría venido a salvarme.
— Solo hice lo que cualquier ser humano con una pizca de conciencia hubiese hecho.
— Pero incluso después de lo que te he hecho pasar, de lo que opinas de mí o si solo estabas siguiendo tus ideales, viniste, me rescataste ¿verdad?
Sus ojos color verde-grisáceos lo evitaron cuando Dazai finalmente se dignó en levantar la vista, con una débil sonrisa como si estuviese a punto de decaer, un leve sonrojo se hace más notorio en la cara de Doppo sintiendo que poco a poco esa persona lo estaba acorralando.
Tal y se tratara de un perro dando lástima, Doppo empieza a sentirse de alguna manera responsable de que las cosas hayan acabado de este modo y recordar de nuevo su libreta sosteniéndola con firmeza en sus piernas.
— Al menos si me lo hubieras hecho saber de otra forma, yo tal vez-
— Está bien, Kunikida-kun — lo detiene cerrando los ojos e intentando alargar la expresión en su semblante — sabía que algo así iba a suceder algún día, lo supe desde el principio, no es que esperara tener oportunidad de cualquier modo, alguien como yo no la tendría… así que no te sientas obligado a decirme nada — su voz se escucha tranquila — sé perfectamente que no cumplo con ninguno de tus ideales de pareja.
— Te equivocas — el ex-mafioso dejó de sonreír — sí, eres el bastardo más grande que he conocido en mi vida, un compañero de trabajo espantoso, el peor, y tus hábitos son todavía más denigrantes, sin embargo, increíblemente cumples con uno de mis ideales… el número 59, al parecer no eres tan indigno como yo imaginaba.
— Pero si solo tenías 58 ideales de pareja, yo mismo lo leí en tu libr-
— Pues ahora son 59.
— Kunikida-kun, tú…
— Te lo dije, eres un caso sin remedio, eso lo sé mejor que nadie, pero no me he rendido contigo todavía, así que tampoco lo hagas conmigo.
La expresión enojada que traía pareciera que le acababa de dar otro de sus típicos regaños.
Dazai notó que la sensación del calor en su rostro se expande cuando los ojos de Kunikida se fijan en él y no puede evitar reír suavemente mientras vuelve a ver su reflejo en el agua que había dejado de ser tan difuso.
— Vamos a pescar un resfriado si seguimos aquí, regresemos al apartamento a cambiarnos — colocándose los anteojos tomó su ropa.
Al subir la mirada, el castaño se topó con la imagen del rubio esperando a que se pusiera de pie, Dazai con un gesto de regocijo en su semblante obedece siguiéndole el paso al otro.
— Entoooooonces…. si te pidiera una cita ¿la aceptarías?
— Quizás considere no rechazarla — contestó con una actitud reservada acomodando sus lentes.
— Kunikida-kun, ya me besaste, lo mínimo que deberías de hacer es salir conmigo, eso dice en tu libreta ¿no? — dijo señalando a su cuaderno casi como si quisiera adueñarse de este recibiendo un pequeño golpe de parte del menor.
— ¡Deja de fisgonear en mis cosas!
