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—He hecho algo un poco estúpido, Zhou Xing…
Zhou Xing inclina la cabeza, con curiosidad. Li Hao lleva actuando de manera sospechosa desde que se han encontrado ese mismo día, no le ha pasado desapercibida la manera en que este esconde sus manos atrás de su espalda mientras tontea con él, evitando que le pregunte, y no es que a él no le despierte interés saber de lo que se trata que ahora Li Hao se tiene entre manos, pero. Zhou Xing ha preferido dejarse llevar por las acciones de Li Hao, sin indagar nada, paciente y, quizá, un poco confiado también en que Li Hao no tardaría en contarle al respecto.
Sin hacer nada más que aquel gesto que delata su curiosidad genuina, cruda ingenuidad e inocencia cargadas a la par, Zhou Xing le provoca a Li Hao un enorme sonrojo, quién pasa de verlo a no verlo otra vez, clavando la vista a sus pies.
Zhou Xing parpadea, todavía más intrigado y sintiéndose enrojecer a la par (es que Li Hao se le figura tan adorable que a nadie debería de extrañarle si un montón de corazoncitos comenzaban a salir espontáneamente de Zhou Xing…).
—Uhm, ¿pasa… algo-
Zhou Xing intenta preguntar, agachándose a la altura de Li Hao, forzando su entrada en su campo de visión, yendo por el contacto visual, pero en el mismo momento en que acaba de conseguirlo, Li Hao da un paso abrupto hacia atrás, pasa a estirar sus brazos al frente, salvando la misma distancia que les acaba de imponer entre ellos con los pies, y espeta: —ES- para ti…
Vuelve a parpadear. Zhou Xing tiene que hacerlo, la transición de la escena siendo demasiado bruca como para entenderla a la primera de cambio: de repente está Li Hao con la mirada fija en el suelo y el rostro todo colorado; y momentos después son sus manos, ceñidas entorno a un frágil tallo, sosteniendo una flor preciosa que por pura casualidad queda directo frente a los ojos de Zhou Xing. Un poco por encima, de hecho.
Y Zhou Xing termina de volver a erguirse, también dando un pequeño pasito hacia atrás, para poder contemplar el cuadro completo: Li Hao con la cara enrojecida, los ojos fuertemente cerrados y una flor de cinco pétalos de varios colores, entre azules y morados, sostenida por sus manos, extendida en su dirección.
Abre y cierra la boca un par de veces, intentando decir algo que no sabe qué es. Y entonces, Li Hao abre tímidamente un ojo y entonces, Zhou Xing reacciona, un pequeño gesto de las manos tiesas de Li Hao recordándole su declaración: —¿para mí?
Su mano se va extendiendo al mismo tiempo en que Li Hao tiene un impulso de arrebato en el que devuelve la flor en su propia dirección y comienza a balbucear: —no-no, bueno, sí, es que… sé que yo fui el primero en decir que incluso si comenzábamos a salir no teníamos por qué hacer cosas tontas, ni cursis, ni ñoñas, pe-pero es que… es que cuando vi esta flor no pude evitar pensar en ti o-o es que de hecho ya iba pensando en ti cuando la vi porque ya habíamos quedado de vernos pe-pero… si no la quieres, ¡si no la quieres puedo, yo, ahm…
—… Li Hao.
El llamado, a voz firme y clara, irrumpe en la nube de nerviosismo en la que se sumerge el chico y la disipa de golpe. Una mano en su mejilla haciéndole una tierna caricia que le indica devolverse hacia Zhou Xing, quien, no demora mucho en sonreírle en cuanto tiene toda su atención de vuelta.
Zhou Xing pasa un pulgar cerca de su oreja, a un costado, como cepillándole el cabello de la patilla y entonces regresa ambas manos al frente de sí, extendiéndoselas. Li Hao baja la mirada y de inmediato entiende la instrucción silenciosa de estas, por lo que, extiende sus propias manos temblorosas y deja la flor en ellas, haciendo la entrega.
Una vez en sus manos, Zhou Xing juguetea un poco con la flor en lo que decide cómo tomarla. Al final, la coge entre las dos con suma delicadeza por el tallo y la lleva más cerca de su cara, alzándola, para poder contemplarla. Se entretiene observándola a detalle, definitivamente, pareciéndole preciosa y encantadora. Olisquea un poco y lanzándole una mirada tímida a Li Hao, la acerca todavía más a su rostro, más específicamente, a su nariz. Zhou Xing cierra un momento los ojos y olfatea con gusto, aquel perfume a hierba fresca medio dulzón también.
—Gracias —dice, en cuanto vuelve a tener abiertos los ojos y entonces mira a Li Hao—, es una flor muy bonita, no me atrevería a rechazarla aún si no viniera de ti, Li Hao…
Li Hao echa una mirada rápida hacia la flor, rehuyéndole a sus nervios, pero su boca se aprieta y aunque sigue sintiéndose abochornado, a final de cuentas, Li Hao farfulla: —de quién más recibirías una de estas…
Un brillo de diversión le reluce en los ojos a Zhou Xing, que por un segundo no consigue controlar la risa. De peor humor, Li Hao gruñe y reclama con un « de qué te ríes » que tan solo consigue acentuarle las risas a Zhou Xing.
—Oh, por favor, tienes que dejar de-
Li Hao no consigue terminar de quejarse cuando de pronto Zhou Xing lo calla con un pequeño beso apresurado y… al alejarse le sonríe, pasando a mirar la flor otra vez.
—… mamá solía regalarme la primera que floreciera de su jardín, de entre las que acabara de sembrar. Decía que debía cuidarla y hablarle mientras la regaba…
Li Hao se queda mirándolo como todo un pasmarote, el cambio abrupto de tema teniéndolo un poco desfasado del asunto. Entonces, se acuerda de la madre de Zhou Xing, esa mujer a la que tuvo la casi milagrosa oportunidad de conocer en un par de ocasiones antes de que esta falleciera por la enfermedad que la tuvo varios años en cama. Tenía muy presente aún una de las pocas cosas que llegó a decirle también, el encargo que le hizo de su único hijo para después de que ella se fuera.
—Pero, no te la daba cortada, ¿o sí? —casi balbucea, con los nervios a flor de piel.
—No, me asignaba su cuidado en su jardín. Le ataba un lazo para que pudiera distinguirla entre las demás y eso…
Mirando hacia atrás, Li Hao cree entender que la madre de Zhou Xing ya iba sospechando desde por aquel entonces que su hijo estaba un poco enamorado de ese niño de la calle que tenía el coraje de tener sueños imposibles y mucho más grandes que sí mismo a quien Zhou Xing no tardó en introducirle como su mejor amigo.
—… Pasé por una florería. Ahí solo tienen flores cortadas para dar…
Zhou Xing parpadea antes de, de repente, caer en cuenta de ello, —ah, no, es una flor muy bonita, está perfecta así como está, digo, se marchitará pero, es el destino de las flores-…
Se queda en silencio y Li Hao no se atreve a decir nada de pronto. Sintiéndose terrible.
—Tu mamá-
—¿Por qué esta flor?
Hablan al mismo tiempo cuando vuelven a hacerlo, pero entonces solo Zhou Xing consigue terminar de hacer la pregunta. Se detienen de nueva cuenta a tratar de entenderse, y mientras Zhou Xing comienza por hacer una mueca y morderse los labios, Li Hao pasa a cogerle el rostro por las mejillas con la culpa carcomiéndole al notarle los ojos acuosos brillantes de lágrimas que a Zhou Xing no le gustaría derramar. Viéndolo así, a sus ojitos tiernos empapados de aquella tristeza y pena descomunal, Li Hao no deja de encontrarse adorando los matices azules y morados entremezclados de sus irises que tiene aquel chico que todavía no sabe bien cómo se ha robado su corazón.
—Es por tus ojos, no pienses en cosas complicadas, yo no sé de flores, solo… que esta la vi y sus colores me recordaron mucho a los de tus ojos. Es preciosa- —la premura no le deja filtrar bien y cuando acaba por soltar lo último, Li Hao siente la sangre burbujeándole por el torrente sanguíneo y un calor sofocante en su propio rostro, pero, otra vez, son los mismos ojos de Zhou Xing los que terminan por darle un último empujoncito más y al fin, tras una exhalación medio resignada, suelta—, como tus ojos… me gustan… mucho, muchísimo, tus ojos, Zhou Xing…
Dejándolo así, y como una última disculpa por traerle recuerdos dolorosos, parándose en las puntas de los pies, Li Hao acerca su boca a la de Zhou Xing para darle un beso tierno de disculpas y cariño a la vez. Luego, volviendo a colocar las plantas enteras de los pies en el suelo, continúa: —creo que tu mamá trató de advertirme de eso, antes de irse. Probablemente, ya sabía que si tú estabas enamorado de mi no iba a tardar tanto en conquistarme tu encanto…
Con eso, Zhou Xing termina de ponerse rojo bien y bonito. Y Li Hao, aunque no se encuentra en mejores circunstancias, se ríe de ello, pero es una risa adorable y un poco tonta, a la que Zhou Xing no tarda en unirse igual, con el corazón en la mano, sosteniendo la flor que Li Hao acababa de obsequiarle contra el pecho.
