Work Text:
Peter encuentra un asiento en la parte trasera del autobús, junto a la ventana. Auriculares conectados; capucha hacia adelante para ocultar sus ojos. No es parte del mundo de nadie, es invisible, no existe, mejor que nadie lo moleste.
Ha intentado huir de casa seis veces antes. Hasta ahora, Tony y Pepper han conseguido arrastrarlo de vuelta cada vez. Pero esta vez es diferente, puede sentirlo. No va a volver. No va a volver.
Este autobús debería llevarlo hasta Filadelfia y no sabe qué hará una vez que llegue allí, pero no le importa. No esperarán esto de él. No esperarán que abandone la ciudad en la que nació. La ciudad que ha estado protegiendo. Y sí, esa parte duele, en algún lugar profundo dentro de su pecho. Pero llegados a este punto, hará cualquier cosa para escapar de sus jodidos captores.
-
Tony y Pepper se hicieron con él solo unas pocas semanas después de que el primer video de Spider-Man se volviera viral. Menuda puta coincidencia, ¿verdad? De repente, Tony Stark apareció en el albergue, esparciendo tarjetas de presentación por ahí como si fuera Oprah. Si Oprah fuera un tipo blanco feo con perilla.
–Gran admirador,– le dijo a Peter, mientras avanzaba rápidamente un video de Spider-Man atrapando un autobús antes de que se estrellara contra una barricada en carretera. –Yendo y viniendo de lugares de acogida, ¿verdad? Creo que mi esposa y yo podríamos brindarte un hogar muy adecuado.
–Paso–, dijo Peter.
Pero, como la mayoría de las cosas en la vida, nunca tuvo voz ni voto en nada. Así que, solo una semana después, lo dejaron en la puerta de la residencia Stark, una humilde morada también conocida como el maldito Complejo de los Vengadores, con sus escasas pertenencias metidas en la vieja maleta de su padre. No había desecho esa maleta en casi tres años.
Hizo saber su disgusto dando portazos y gritando a cada persona que vio. Con la excepción, quizás, de Morgan, la hija de seis años de Tony y Pepper. No era su culpa que sus padres fueran un par de idiotas.
–¿Pollas?– Morgan repitió con voz dudosa.
–Peter, cuida tu lenguaje–, advirtió Pepper.
–Sois todos unos idiotas–, dijo Peter. –Y el trabajo infantil es ilegal, y los niños soldados son especialmente ilegales, así que lo que sea que creáis que vas a obtener de este acuerdo, no va a pasar. No soy un Vengador.
–No estás aquí porque queremos algo de ti. O de Spider-Man–, dijo Tony. –Estás aquí porque encajas.
Tony seguía diciendo cosas como esa, y era muy absurdo que esperara que Peter lo creyera. Nunca había estado en ningún lugar donde "encajara" menos que aquí. En esta simpática familia rica que desayunaba batidos de frutas frescas; donde todos tocaban el maldito piano; que tenía un calendario en la nevera donde anotaban cada vez que Peter tenía un examen importante del que de alguna manera sabían porque la escuela ya les había dado acceso a su portal en línea para padres, esos traidores.
–¡No voy a estudiar para mi examen de mañana!– anunció en voz alta mientras golpeaba agresivamente el calendario del refrigerador. –Voy a contruir una torre de Lego con Morgan.
–Vale–, dijo Tony encogiéndose de hombros.
Para Peter, huir era... generalmente se refería a ello como un pasatiempo. Siempre fue muy entretenido ver hasta dónde podía empujar a las personas antes de que se rompieran y finalmente mostraran su verdadero y feo ser. Cuanto más amistosa pretendía ser una familia, más ganas tenía de borrar esas estúpidas sonrisas falsas de sus rostros.
–Coopera con nosotros, amigo–, le dirían los padres adoptivos. –Sabes que no puedes quedarte aquí si sigues huyendo". Y sí, obvio, ese era el punto.
Tony y Pepper no hacían tanto esa cosa de sonreír. No lo sentaron para tener una "charla profunda" cada vez que usaba la palabra que empezaba por M. No le dijeron que comiera sus verduras o que hiciera su tarea. Actuaban un poco como si no les importara cómo se comportaba Peter.
–¡Y me voy a la cama cuando quiera!– él advirtió.
–Está bien–, dijo Pepper.
–Y voy a desayunar galletas de chocolate mañana.
–Está bien–, dijo Tony.
Ni siquiera fingían hacer de padres. Probablemente lo consideraron una especie de inversión para SHIELD. Realmente no se necesitaría mucho para disuadirlos. Solo el más mínimo empujón para enviarlos al límite.
Así que Peter apenas pensó en su primer intento de fuga. Simplemente no regresó a casa del instituto el próximo lunes. ¿Por qué ir a casa cuando puedes pasar el día en el centro comercial? Compró un churro, se sentó en el borde de la fuente y le dio algunas piezas a un gato callejero mientras buscaba en Google datos aleatorios sobre Kansas.
Su teléfono comenzó a sonar después de unas dos horas. Peter lo metió en su mochila y lo ignoró constantemente. Había dominado el arte de simplemente sentarse en un lugar, mirar a la gente y entretenerse imaginando de dónde venían, adónde iban.
Tony apareció aproximadamente una hora más tarde, deteniéndose junto a la fuente con su chaqueta colgada de un hombro. –Oye. ¿Qué estás haciendo?
–¿Qué estás haciendo?
Ningún padre adoptivo lo había encontrado después de que se escapó. Por lo general, la policía lo recogía cuando intentaba dormir en un banco por ahí. Lo pondrían en la parte trasera del coche patrulla y lo llevarían de regreso a sus captores actuales. Y todos los vecinos miraban a través de las cortinas para ver por qué un coche policía se detenía en su calle mientras sus nerviosos padres adoptivos estaban en la puerta.
O, si la policía nunca lo veía, regresaba a la escuela al día siguiente y sus padres adoptivos lo esperaban allí y se lamentaban por haber estado preocupados, y Peter montaba una gran escena en el vestíbulo de la escuela. Puntos de bonificación si los hacía llorar.
Mucho más dramático de esa manera, y Peter se sintió decididamente decepcionado por este giro de los acontecimientos.
–Te llevaré de vuelta a casa–, dijo Tony.
–¿Por qué?
–Porque–, dijo Tony, –es hora de cenar. Voy a hacer pizza.
Era hora de cenar. Y a Peter le gustaba la pizza. Así que se rindió, solo por esta vez, y siguió a Tony de regreso a su coche.
–Eres de los que huyen, ¿eh?– Tony dijo mientras conducían de regreso. –Lo vi en tu archivo.
Peter no dijo nada.
–Soy un buen buscador–, dijo Tony. Sonaba bastante como una amenaza.
-
La segunda vez fue solo unos días después, después de sacarse un 10 en ese exámen de biología. No se lo había dicho a Pepper y Tony, pero lo sabían porque estaban revisando el "portal de padres" como un par de malditos acosadores cibernéticos.
–Bien hecho, cariño–, dijo Pepper.
Peter odiaba cuando los padres adoptivos se enorgullecían de sus buenas notas como si fueran sus logros. Por “proporcionar un hogar estable”, o lo que sea que pensaran que estaban haciendo. Casi lo hizo querer suspender cada uno de sus temas para pdemostrar algo. Casi. Excepto que necesitaba una buena media para conseguir una beca para la universidad. Para conseguir por fin su puta libertad. La vida realmente lo tenía entre la espada y la pared.
Lo que significaba que no era su culpa en absoluto que su única opción fuera huir de nuevo. Metió todos sus libros en su taquilla después de su última clase y se fue con nada más que su traje de Spider-Man y una barra de chocolate a medio comer en su mochila. Una vez más eligió el centro comercial como su lugar para pasar el día, pero esta vez se coló en el cine. La excusa perfecta para poner su teléfono en silencio e ignorar los inevitables mensajes y llamadas de Tony y Pepper.
Primero vio una película de zombis sangrienta, y luego una comedia sobre una mujer y su perro, y luego se sentó a ver una película argentina sobre la mayoría de edad, porque MJ le había dicho que era buena. Tenía un gusto horrible para las películas, pero Peter todavía quería impresionarla.
Iba por la mitad cuando vio a Pepper arrastrando los pies hacia él con un montón de "disculpe, gracias, ¿podría...?"
Peter se hundió más en su asiento y obstinadamente siguió mirando la pantalla mientras ella tomaba la silla vacía junto a él. Ella puso algo en su rodilla. Una entrada de cine, sellada y todo. –Es justo pagar por estas cosas–, dijo Pepper, porque aparentemente pensó que señalar las deficiencias morales de Peter era una excelente manera de romper el hielo.
–¿Pasó algo en la escuela hoy?– preguntó luego, como si Peter necesitara una maldita razón para huir que no fuera simplemente alejarse de ella. Él no respondió.
–¿Quieres volver a casa ahora o terminar la película primero?
–Película.
–Está bien–, dijo ella, y vio el resto de la película con él.
–No lo entendí–, dijo más tarde mientras lo llevaba a casa.
–No, obviamente, te perdiste la primera mitad–, dijo Peter, quien honestamente tampoco entendió la película.
–¿Te gustan las películas?– ella preguntó. –Podemos ir todos juntos este fin de semana. Pero tendremos que elegir algo que Morgan también pueda ver.
–Paso–, dijo Peter.
-
La tercera vez fue al día siguiente. Porque Peter estaba algo molesto consigo mismo por huir y esconderse en el centro comercial dos veces. Ese era el mismo nivel general de estupidez de un niño de tres años que se esconde metiendo la cabeza detrás de una almohada. No estaba seguro de cómo Tony lo encontró la primera vez, pero por supuesto que lo encontrarían allí la segunda vez.
Salió del instituto y giró a la derecha, y otra vez a la derecha, y caminó por calles desconocidas hasta que llegó a un pequeño parque donde los niños jugaban al baloncesto. No conocía esta parte del barrio. Y si él no sabía dónde estaba, Pepper y Tony tampoco lo sabrían.
Se sentó en un banco, agarró sus libros y comenzó a estudiar para el examen de tectónica de placas de mañana. Ignoró su teléfono cuando empezó a sonar. Podían llamarlo todo lo que quisieran. Iba a ganar esta ronda, estaba seguro de ello.
Hasta que un elegante coche negro se detuvo junto a él y Tony bajó la ventanilla. –¡Señor Parker, su conductor de Uber está aquí!
Peter gruñó y se puso de pie de un salto, alejándose. Oyó que la puerta de un coche se cerraba detrás de él y unos pasos lo seguían. Su piel comenzó a picar.
–Pete. Espera.
Peter se giró y le arrojó su libro a Tony. –¿Cómo me has encontrado? ¿Dónde pusiste el microchip, maldito acosador? ¿En mi mochila, en mi zapato?
Tony recogió el libro de la acera y limpió un poco de tierra. –Hablemos de eso en casa.
–No voy a volver contigo–. Peter se giró y apretó ambos brazos alrededor del poste de luz más cercano en caso de que Tony planeara arrastrarlo de regreso. Oh, iba a hacer un alboroto. Si no podía hacerlo en el vestíbulo de entrada de la escuela, simplemente lo haría aquí mismo en una esquina de una calle cualquiera.
–Estás haciendo mella en mis planes para el día, chico. Iba a hacerte un nuevo traje de Spider-Man.
Peter lo miró desde detrás de la farola. –No quiero nada de ti.
–Puedes ayudarme a desarrollarlo.
Era claramente un intento de soborno, y Peter no caería, incluso si el taller de Tony fuera como un pequeño rincón del cielo, y la construcción de un traje de más alta tecnología hubiera estado en la parte superior de la lista de deseos de Peter durante mucho tiempo, y…
–Vale–, dijo, y dejó de abrazar el poste de luz. –Te ayudaré.
-
Pepper y Tony no hicieron nada de lo que hacía una familia adoptiva normal. No lo sentaron a hablar sobre límites y comportamiento inaceptable. No hicieron eso de "solo queremos ayudarte", no le dijeron que "probablemente estaba lidiando con algunas emociones difíciles, ¿no es así, corazón?".
De hecho, cada vez que lo encontraron y lo llevaron a casa, generalmente actuaron como si nada fuera de lo común hubiera sucedido. Lo que dejó en manos de Peter traerlo a colación. –¿Cómo me encontraste?– preguntó mientras pinchaba a Tony con el mango de un destornillador.
–Por tu propia seguridad–, dijo Tony, –no creo que deba decírtelo.
Retrasó sus intentos de fuga hasta que terminó el traje, lo que tomó casi una semana. Lo que estaba bien. Estaba bien. Simplemente los estaba llevando a una falsa sensación de seguridad. Pasar tiempo en el taller y construir torres de Lego con Morgan; todo era parte de su muy elaborado plan de escape.
–Puedes hacerme toda la cara tecnología que quieras, no seré tu soldado vengador–, advirtió.
–Eso ni siquiera es parte del plan, chico–, dijo Tony.– Ni de cerca.
Pero tenía que ser parte del plan. ¿Por qué otra razón Tony y Pepper no se habían cansado todavía? Todos se rinden con el tiempo.
-
Lo primero que hizo Peter cuando terminó el traje fue llevarlo a su baño y pincharlo con unas pinzas hasta que extrajo el rastreador. También registró su propia mochila, zapatos y abrigo. Les dio la vuelta, pero no encontró ninguna señal de un microchip oculto. Lo que significaba que el escenario más probable era que Tony y Pepper simplemente lo hubieran encontrado cada vez usando su tecnología sofisticada para rastrearlo a través de su teléfono.
Por lo tanto, el intento de escape número cuatro comenzó cuando él apagó su teléfono y lo dejó en el casillero de la escuela. Y luego se fue a casa con MJ para que pudieran trabajar en su trabajo sobre tornados. Porque a veces “intento de fuga” simplemente significaba “quedarse con tus amigos todo el día sin decírselo a nadie”.
Se sentaron en el suelo de su dormitorio, rodeados por un paisaje irregular de libros, lápices, papeles arrugados y envoltorios vacíos de chocolatinas. MJ dibujó todos los gráficos. Peter recopiló todos los datos. –Hay muchos tornados en Kansas.
Ella resopló. Un mechón de cabello se alejó de su rostro. –Tienes que olvidarte del jodido Kansas. ¿Ya conociste a algún Vengador?
–Solo desde la distancia. Por lo general, se adhieren a su propia área del complejo. Estoy seguro de que no tiene nada que ver con el hecho de que le dije al Capitán América que se metiera la polla por el culo en mi primer día.
Rogers parecía deliciosamente desconcertado ante eso.
–Eres tan nerd flaco–, le informó. –Quieres actuar como un pez gordo, pero eres demasiado nerd y flaco para conseguirlo.
–Soy demasiado un pez gordo–, dijo Peter. –El más grande, el más pez. Un pezazo inmenso.
Pasaron un tiempo innecesariamente debatiendo si Peter era un pez gordo, y luego pasaron un tiempo innecesariamente debatiendo sobre las mejores transiciones para usar en sus diapositivas de PowerPoint. Trabajaron hasta la hora de cenar. Todavía sin señales de Tony y Pepper. Peter se sintió increíblemente reivindicado. Oh, cómo habían caído los poderosos. Incluso el gran Tony Stark no podía hacer nada sin señal telefónica. –¿Puedo dormir aquí esta noche?
–¿Qué?– MJ dijo. –Oh mierda. ¿Has vuelto a hacer eso de huir? ¿Por qué lo haces, de nuevo?
–Es principalmente un pasatiempo.
–Necesitas terapia.
–Salí del útero necesitando terapia.
–Déjame ir a preguntarle a mis padres.
Ella se fue por un rato, luego regresó y preguntó –¿Comes champiñones?–, por lo que Peter asumió que tenía luz verde.
Estaban en medio de un risotto de champiñones muy sabroso cuando sonó el timbre.
–Qué rápido–, dijo MJ, dejando caer su tenedor en su plato. Salió de la habitación y regresó con Pepper tras ella.
–Huele bien–, comentó Pepper. –¿Son esas castañas?
–Es la receta de mi abuelo. ¿Quieres una copia?
–¡Eso sería encantador! Gracias por tu ayuda hoy, cariño.
–Te odio–, le dijo Peter a MJ. –Como, no de una manera sarcástica y divertida. En realidad te odio.
–Eso está feo–, dijo. –Puedes disculparte conmigo por la mañana.
-
La quinta vez, fue solo uno de esos días. Peter se había despertado sintiéndose ansioso e inquieto. En su sueño, había llegado a casa para encontrar el recinto desierto. Tony y Pepper habían decidido mudarse, pero él llegó a casa demasiado tarde y se fueron sin él, y el recinto era solo un gran laberinto vacío de cemento.
Estaba casi nervioso por bajar las escaleras, y vergonzosamente aliviado de encontrar a Pepper allí mismo, de pie en un rincón de la cocina, preparando una gran tetera.
–¿Mal sueño?– preguntó ella tan pronto como lo vio.
La simple pregunta le hizo picar la piel. Se dejó caer en una silla y cruzó los brazos con tanta fuerza sobre el pecho que le dolía respirar. –¿Es eso lo que dice en mis archivos? ¿Que tengo pesadillas?
–Sí.
La injusticia de todo hizo que Peter quisiera llorar. –¿Por qué obtienes un archivo completo sobre mí y yo no tengo nada sobre ti? ¿Qué más dice ahí?
–¿Quieres leerlo?
Peter se desinfló un poco. –Oh. No creo que eso esté permitido.
Ella salió de la habitación, volvió y colocó un archivo verde desteñido sobre la mesa frente a él. Peter esperó hasta que ella regresó a su té antes de abrirlo.
Era... aburrido, seco y perturbadoramente detallado. Desde cuánto pesó al nacer hasta una copia de su últimas notas. Es un placer tener a Peter como alumno, fue el alegre comentario del Sr. Harrisson.
Sus trabajadores sociales no fueron unánimemente positivos en sus comentarios, aunque tuvieron cuidado de describir cualquier problema no como "defectos" sino como "potencial de crecimiento". Probablemente aprendieron eso en la escuela de trabajadores sociales, junto con esa superficial voz sonriente que todos tenían.
Problemas de abandono estaba garabateado en alguna parte, y Peter sintió que se le abría la boca por la indignación. En todo caso, sentía que ya había dejado bastante claro que no tenía ningún problema en abandonar a la gente, muchas gracias.
Había una foto de sus padres juntos. Una imagen aleatoria de los dos parados debajo de un árbol. Ambos estaban sonriendo. Peter se preguntó de dónde lo sacaron los trabajadores sociales. Y dónde estaba cuando se lo llevaron.
Fue colocado por primera vez en un hogar de acogida cuando tenía cuatro años. Solo temporalmente, mientras su madre iba a rehabilitación y su padre recibía otra sesión de terapia para superar su problema de acumulación obsesiva. No funcionó muy bien. Peter recordaba vagamente haber regresado a casa unos meses más tarde y haber encontrado su propio dormitorio repleto de todas las víctimas de la última juerga de compras de su padre. No le había importado particularmente, especialmente porque su padre le aseguró que todos estos eran regalos para él. ¿Por qué sus regalos incluyeron una bicicleta de interior de tamaño adulto y una amplia selección de ceniceros? Bueno, no se preocupó demasiado por eso.
Amaba a sus padres. Simplemente no siempre quería estar en la misma casa que ellos, especialmente cuando se gritaban el uno al otro. Salía de casa y deambulaba por la ciudad hasta que un transeúnte preocupado le preguntó si estaba perdido, dónde estaban sus padres. Alguien solía llamar a la policía, que siempre lo llevaba de vuelta a casa. Y mamá y papá se paraban en la entrada, nerviosos, mientras los vecinos miraban el coche de la policía desde detrás de las cortinas. Le prometieron a Peter que nunca volverían a pelear.
Se lo prometieron cada vez.
Lo colocaron en un hogar de acogida una vez más cuando tenía cinco años, y de nuevo cuando tenía siete, y básicamente, a intervalos hasta que tenía doce años y sucedió. Estaba viviendo en un albergue cuando recibió la noticia de que su madre había tenido una sobredosis. Después del funeral, su padre tomó toda su basura acumulada y se mudó a Kansas, de lo cual ni siquiera le contó a los servicios sociales hasta que lo llamaron unos meses después para preguntarle si estaba preparado para cuidar de Peter nuevamente. Lo cual, baste decir, no lo estaba. Y Peter nunca lo volvió a ver.
Su padre probablemente también estaba harto de huir.
De repente se dio cuenta de que ni siquiera tenía una foto de sus padres. Tenía algunas en su teléfono, pero ninguna que pudieras sostener en tus manos o colgar sobre tu cama.
–¿Puedo quedarme con esto?
Pepper miró la foto. –Creo que necesitamos mantener el archivo intacto. Pero te haré una copia más tarde, ¿de acuerdo?
–Está bien–, dijo Peter, y arrastró sus pies contra el suelo. –Eh. Gracias.
-
El impulso de huir siempre era particularmente fuerte después de mañanas como esta. Era solo una cosa en la que podía decir que sus padres adoptivos estaban felices de esa manera realmente engreída, por haber “llegado a él”. Y ahora tenía algo que demostrar.
También sacó un 10 en un exámen, y solo la idea de ir a casa y enfrentar los felices cumplidos de Pepper y Tony hizo que su pecho se sintiera irritantemente apretado.
Patrulló las calles por un rato después de la escuela, pensando que podría aclarar su mente. No lo hizo. Se cambió de nuevo a su ropa normal después de una o dos horas, apagó su teléfono y se adentró en la ciudad. Se sentó en unos escalones de piedra al azar durante un rato, observando a la gente, preguntándose de dónde venían y adónde iban.
Cuando empezó a llover, se metió en una tienda de mascotas cercana para mirar los conejos y los pajaritos. Pasó al menos media hora mirando a los pequeños peces que flotaban en su acuario. Qué vida tenían estos animales. Compartes tu jaula, tu tanque, tu aviario con otros animales, y de vez en cuando un cliente entra y agarra a uno de tus amigos. Y nunca los vuelves a ver. Ni siquiera sabes dónde van.
Le dio ganas de ir a casa y pedirle a Tony y Pepper que compraran toda la tienda. Solo para que los animales pudieran permanecer juntos para siempre.
El empleado detrás de la caja registradora le lanzó miradas cada vez más fruncidas y, finalmente, se acercó sigilosamente a él. –Oye, ¿vas a comprar algo, chico?
–Sí, tal vez–, dijo Peter, porque ¿qué iba a hacer este tipo, echarlo?
–¿Puedo ayudarte, entonces?
–No–, dijo Peter, y siguió mirando al pez. –Solo estoy mirando.
El tío se dio por vencido y se alejó.
Todos se dan por vencidos eventualmente.
La tienda cerró a las 6 PM y todavía estaba lloviznando. No quería llamar a MJ porque podría apuñalarlo por la espalda otra vez y delatarlo a Pepper o Tony. Pero tampoco estaba particularmente ansioso por dormir afuera con este clima.
Caminó un poco más, su estado de ánimo se desplomándose aún más con cada paso. Encontró una parada de autobús donde podía esconderse un rato. Estaba hambriento como el infierno, tenía frío y estaba mojado, y solo eran las siete de la tarde. De repente recordó que le había prometido a Morgan que vería E.T. con ella después de la cena.
Maldita sea. Debería haberse escapado al día siguiente.
Por otra parte, ¿quién dijo que no podía? Si se iba a casa ahora, todavía podría estar a tiempo de ver el final de la película. Y ya había demostrado algo hoy. Que podía huir, que tenía la ventaja, que no lo encontrarían a menos que Peter lo permitiera.
Así que sacó su teléfono y lo volvió a encender. Para permitirles encontrarlo.
Se encorvó en el asiento de plástico y esperó. Esperó durante más de una hora, pero ningún elegante automóvil negro se detuvo junto a él. Tony y Pepper ni siquiera lo estaban llamando o enviando mensajes de texto. ¿Qué demonios está pasando, por qué no estaban aquí todavía?
Jugueteó con su teléfono por un rato y finalmente marcó el número de Tony.
–¿Hola?– vino la voz de Tony, contra el ruido de fondo del metal chocando entre sí.
–Oye. Soy Peter.
–Oh, hola, Peter–, dijo Tony. –¿Qué puedo hacer por ti?– Y sonaba completamente casual al respecto, el bastardo.
Peter se tragó un gran bulto de orgullo. –¿Puedes venir a recogerme?
–Claro, amigo. ¿Dónde estás?
–Rastrea mi teléfono–. Peter espetó y colgó.
Esperó otra hora, y estaba cada vez más frío y oscuro, y nadie aparecía.
Volvió a llamar a Tony. –¿Dónde estás?
–¿Quién es?
–¡Peter!
–Oh, hola, Peter. ¿Aún quieres que vaya a recogerte? Todavía no recibí una dirección.
–¡Puedes rastrear mi teléfono!
–Eso es una molestia. Solo dime dónde estás y estaré allí en un santiamén.
Peter sabía lo que estaba haciendo Tony, sabía exactamente lo que estaba haciendo Tony. Pero joder, estaba funcionando. Apretó los dientes mientras se ponía de pie y avanzaba pesadamente hasta la intersección más cercana. –Estoy en...– entrecerró los ojos. –Estoy en la 68 y la 172.
–Está bien, chico. Aguanta, estaré allí en unos veinte minutos.
Efectivamente, Tony llegó veinte minutos después. Trajo un suéter seco y algunos burritos sobrantes en un tupperware, y no hizo ninguna pregunta sobre el paradero de Peter ese día. –Hice una tostadora con la forma de un cerebro humano. Es tremendamente desagradable. No puedo esperar para mostrártelo.
Peter mordisqueó un burrito. –¿Morgan vio E.T.?
–No. No quería verla sin ti.
–Vale.
-
Y luego estaba la sexta vez. La sexta vez debería haber sido la verdadera. Apenas tenía deberes. El clima era agradable. Morgan estaba teniendo una fiesta de pijamas con una amiga. Perfectamente sincronizado, perfectas condiciones.
A las 9 PM, Peter estaba seguro de que tenía todo bajo control. Ya había visto un bonito banco en la esquina de una calle donde podía dormir y esperar a que la policía viniera a pincharlo. Pero se sentía demasiado despierto para relajarse ahora. Así que, en cambio, se escondió detrás de unos arbustos y se cambió a su traje para hacer una ronda final.
A veces lo desanimaba que su padre ni siquiera supiera que ahora era Spider-Man. Le emocionaría tanto. El merchandising de superhéroes era una de las muchas cosas que acumulaba, pero aún acumulaba cada artículo; desde el temporizador de huevo de Black Widow hasta las sábanas de War Machine.
Aunque, pensó Peter, la gente en Kansas probablemente ni siquiera sabía sobre Spider-Man. No era exactamente un fenómeno nacional como… como Iron Man. Woah, su padre real probablemente sabía todo sobre su padre adoptivo actual sin darse cuenta, ese pensamiento era aún más extraño.
Al menos les daría algo de qué hablar, la próxima vez.
Dio vueltas por la zona durante un rato. Ayudó a un tipo borracho a cruzar la calle de manera segura. Ahuyentó a algunos niños graffiti. Estaba en medio de doblar un poste de luz torcido para volver a darle forma cuando escuchó que se acercaban sirenas. Momentos después, una ambulancia atravesó la calle.
La siguió rápidamente hasta que llegó a un cruce con, justo en el centro, los restos arrugados de un automóvil. Pequeños pedazos de escombros cubrían toda la intersección. Junto a los restos del naufragio, una mujer civil intentaba calmar a un anciano que tenía una mirada aturdida en su rostro. Se hizo a un lado cuando se acercaron los paramédicos.
Peter la interceptó mientras regresaba a la acera. –¿Qué sucedió?
–Furgoneta roja. Atropello y fuga —dijo, y Peter inmediatamente sintió cómo le hervía la sangre.
–¿Por dónde se fue?
La mujer señaló y Peter rápidamente disparó una telaraña y se lanzó al aire. Si había algo que odiaba, era un atropello y fuga. No causas un desastre y luego te largas, eso es solo decencia humana básica. Te quedas, asumes la responsabilidad de tus acciones.
La furgoneta roja se movía rápido, pero Spider-Man era más rápido. Peter lo alcanzó cuando pasó otro semáforo en rojo cerca del Museo de Queens. Había largos arañazos en el lateral de la furgoneta. El espejo retrovisor colgaba de unos cables.
Peter disparó su telaraña a la rama de un árbol y pasó justo al lado de la furgoneta, a solo unos centímetros por encima de la pista. –¡Oye! ¡Para el coche!– gritó.
El tipo detrás del volante hizo un gesto muy obsceno en respuesta.
Peter se adelantó, dio una voltereta por el aire y aterrizó justo en medio de la carretera. Se dio la vuelta, se enderezó y miró de frente a la furgoneta que se aproximaba.
Y sí, en retrospectiva, tal vez debería haberlo pensado mejor. Este tipo acaba de atropellar y darse a la fuga. Pero realmente esperaba que el conductor se detuviera o... al menos que aminorara la velocidad.
En cambio, parecía que la camioneta aceleró justo antes de estrellarse contra él y enviarlo a volar por los aires. Antes de que pudiera siquiera procesar lo que acababa de suceder, su espalda se estrelló contra la fachada de piedra de un edificio. Un grito se le escapó cuando sintió que su brazo se rompía dolorosamente.
Se estrelló contra el pavimento. Sus ojos se llenaron de dolor mientras rodaba con cuidado y se levantaba con una mano. Se sentía como si su cabeza hubiera sido partida en dos. Parpadeó para sí mismo. Algo afilado había desgarrado la tela de su traje y cortado su costado. No podía ver bien, pero el corte se sentía profundo. Su brazo derecho se balanceaba de una manera que reconocía muy bien, y apretó los dientes antes de forzar el hombro hacia atrás en su lugar con un repugnante chasquido.
–¡Me cago en la puta!– alguien gritó desde una ventana encima de él.
Peter lo ignoró. Se puso de pie tambaleándose y parpadeó en un intento de aclarar su visión. La furgoneta roja no había salido ilesa. Estaba al otro lado de la carretera; humo saliendo de debajo del capó, una abolladura del tamaño de Spider-Man en el parachoques.
El conductor rodó fuera de su asiento, maldiciendo, sangre goteando de un corte sobre su nariz. Claramente no había anticipado que chocar contra Spider-Man sería tan desastroso como chocar contra un bolardo.
Peter quería atraparlo, pero estaba mareado y temblando sobre sus piernas, como si fuera a desmayarse, y no quería atar a este tipo a un automóvil que podría incendiarse en los próximos diez segundos. Levantó su brazo bueno. –Apár… apártese del vehículo.
–¡Vete a la mierda!" el tipo ladró y echó a correr.
–Sí, justo así–, dijo Peter, y disparó su red en el mismo momento en que sus piernas cedieron y se arrodilló hacia atrás. Su costado palpitaba, todo palpitaba, y extrañas manchas de color se apoderaron de su visión.
Pasos se acercaban, susurros, formas de personas moviéndose a su alrededor.
–Tío. Es él de verdad.
–Tío ¡Quítale la máscara! –otro siseó con excitación.
–Tío ¡No seas un idiota!
–Venga, tío, he estado instagrameando en vivo todo el asunto, nos volveremos tan virales. Déjame… Mieeerda.
Algo pesado se estrelló contra el camino justo al lado de Peter, haciendo temblar el suelo y enviando nuevos picos de dolor a través de su cabeza.
–Apaga eso y da un paso atrás–, dijo Iron Man, –tú adicto a las publicaciones, busca-atención.
–Mierda–, dijo la voz de nuevo, seguida por el sonido de pasos revueltos mientras los transeúntes tiraban del trasero.
Y luego, manos firmes, sobre sus hombros, presionando contra su costado, ahuecando su mejilla.
–¿Cómo…? ¿Cómo has…?
–El poder de las redes sociales. Te tengo, chico. Te tengo.
—No duele —gruñó Peter.
–Apuesto a que no, dijo Tony. –Mi chico testarudo. Nada más que un rasguño, ¿verdad?
—Per-fecta-mente bien —logró decir Peter. Y luego todo se volvió negro.
-
Peter había vivido en varias familias de acogida en las que tenía que compartir un dormitorio con otros niños. Los padres siempre se disculparon por eso y, en realidad, no era necesario. No tenían dinero para una casa grande, pero aun así acogieron a los niños de otras personas. Peter podía apreciar eso. Pero lo que es más importante, le dio una sensación extraña y protegida. No había nada que odiara más que despertarse en una habitación tranquila y vacía. En esos pocos segundos en los que su cerebro aún no se había despertado por completo, a veces entraba en pánico pensando que tal vez durante la noche, todas las personas habían desaparecido del mundo y él era el único que quedaba.
Entonces, cuando parpadeó y vio la cara de Tony sobre él, se sintió aliviado y luego inmediatamente molesto por el alivio. –¡Fuera de mi vista, acosador!
–¿Cuántos dedos estoy levantando?
–¡Tres, estoy bien!
Estaba bien. Sin dolor punzante en ninguna parte. Presionó una mano contra su costado para encontrar la herida completamente curada. Su hombro también se sentía bien.
–¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
–Solo una hora más o menos. Es alrededor de la medianoche.
–¿La policía se llevó al tipo?
–Sí. Todo envuelto en telarañas como un pequeño burrito-araña.
Peter relajó la cabeza contra la almohada y dejó que su mirada vagara por la habitación. Vio su traje de Spider-Man cuidadosamente colocado sobre una silla cercana. Tony tarareaba suavemente por lo bajo mientras revisaba los signos vitales de Peter.
Sintió... solo podía describirlo como "raro". Todo esto era algo que nunca había tenido antes. Un hogar donde no necesitaba esconder a Spider-Man, no necesitaba encerrarse en el baño para tratar de detener el sangrado antes de que alguien se diera cuenta. Fue un gran alivio saber que Tony estaba allí, que todo iba a estar bien, que no tenía que preocuparse, y fue horrible y Peter lo odiaba y solo quería que Tony se fuera.
Pepper entró también y le apretó el hombro. –Te hicimos algo hoy–, dijo, y le mostró una carpeta azul con una banda elástica. –Ese es el archivo sobre mí y Tony. Toda nuestra historia, desde la infancia. Incluso pusimos algunos detalles vergonzosos. Puedes leer todo sobre nosotros.
–No me importa–, dijo Peter, girando la cabeza. –Los odio a todos ustedes y odio vivir aquí y no me importa.
–Lo dejaré aquí en tu mesita de noche de todos modos–, dijo.
-
Su séptimo intento de fuga fue perfecto porque ni siquiera estaba planeado. Lo que significaba que Tony y Pepper no tenían forma de predecir adónde se dirigía.
Habían conducido hasta Manhattan; los cuatro andando por ahí como una pequeña familia agradable y falsa. Pepper acababa de comprar helado para todos en un salón de lujo y se sentaron en la parte trasera de la terraza. Morgan estaba jugando con otra niña junto al tobogán en forma de cono de helado, dejando atrás a Peter para lidiar con la charla anodina de Pepper y Tony.
Y luego, al otro lado de una habitación llena de gente, vio la salida. Un autobús, estacionado justo al lado de la entrada de la heladería, destino "Philadelphia" mostrado en el cartel. La conductora del autobús estaba afuera, gruñendo mientras intentaba ayudar a un turista a colocar una maleta demasiado grande en el maletero.
—Voy al baño —anunció Peter, manteniendo su voz lo más casual posible, y dejó la mesa. No perdió el tiempo; pasó por delante de los baños y salió por la puerta principal, tiró rápidamente su cono de helado y su teléfono en el bote de basura más cercano y se coló a bordo.
-
Y ahora aquí está. En la parte de atrás, junto a la ventana. Auriculares conectados; capucha tirada hacia adelante para ocultar sus ojos. No es parte del mundo de nadie, es invisible, no existe, mejor que nadie lo moleste.
Pero, debido a que al universo le encanta fastidiarlo, alguien elige este momento para tirar de su suéter y tirar de nuevo, por lo que Peter se gira. Se gira y su estómago da un vuelco. Porque es Morgan sentada a su lado, con las piernas colgando mientras sonríe ampliamente.
–¿Ya llegamos?– ella pregunta brillantemente.
Peter se levanta de un salto en su silla y se quita los auriculares. –Jesús, ¡joder!”
Un hombre de mediana edad al otro lado del pasillo le lanza una mirada escandalizada. Peter ni siquiera tiene la presencia de ánimo para responder con una mirada fulminante. –Morgan, tú… ¿Cómo siquiera…?
–¿Por qué tiraste tu helado?– pregunta con el ceño fruncido. –¿No te gustó? Deberías habérmelo dado.
–¡No se suponía que me siguieras!
–¿A dónde vamos?
Con el corazón acelerado, Peter sujeta una mano alrededor de la muñeca de Morgan y presiona la otra mano contra la ventana, buscando frenéticamente un punto de referencia, el nombre de una calle, un edificio que conozca. No tiene idea de en qué parte de Nueva York están, y no tiene idea de qué hora es, y esto es tan, tan malo.
–Vamos–, pasa junto a Morgan hacia el pasillo y luego tira de ella para llegar al frente del autobús. –¿Perdóneme? ¿Señora?
–¿Eh?– Dice la conductora sin apartar los ojos de la carretera.
–Nos. Nos subimos al autobús equivocado. ¿Podrías detenerte?
Ella dedica una mirada superficial en su dirección, las cejas hundidas en un ceño fruncido. Pero luego ve a Morgan y su frente se suaviza. –Claro, cariño–, dice ella. –¿Ustedes dos solos? ¿Encontrarás el camino de regreso?
–Sí. No. Estamos bien. Llamaré a mis... mis padres.
Pero no tiene teléfono, se da cuenta momentos después mientras está de pie en la acera con la mano de Morgan todavía firmemente metida en la suya. Ella tampoco tiene teléfono.
Bueno. Bueno.
Solo tienen que subirse al próximo autobús en la dirección opuesta y bajarse en la misma parada y hurgar en ese maldito bote de basura hasta que encuentre su teléfono excepto... Mierda, mierda, ni siquiera sabe qué parada de autobús era esa, no recuerda el nombre de ese parque o esa heladería a la que fueron. Sin teléfono, sin llaves, sin billetera, sin traje de Spider-Man.
Podría pedirle a alguien que le preste su teléfono, pero no sabría qué número marcar. –Morgan. Mierda. ¿Sabes el número de teléfono de tu mamá o papá?
–No–, dice ella, y su labio inferior instantáneamente comienza a temblar. –¿Estamos perdidos?
–No, Mo-Mo, estamos bien–, le asegura rápidamente, a pesar de que su propio corazón late fuera de su pecho. No, no, no, no. Pepper y Tony deben estar locos de preocupación. Se van a poner furiosos. Oh dios, en realidad podrían echarlo de la casa.
Espera.
¿De dónde vino ese pensamiento?
–De acuerdo. vamos a cruzar la calle, Mo-Mo. Sigue sosteniendo mi mano–. Simplemente superará esta mierda un pequeño paso a la vez. Hacer: concentrarse en volver al centro de Nueva York. No hacer: tener un ataque de pánico.
–¿Señor?– le pregunta a un transeúnte. –¿Puedes, podrías ayudarme? ¿Cuál es el camino más rápido de aquí a Manhattan?
El tipo saca su teléfono y desliza y toca y luego le muestra a Peter algunas opciones, pero
Peter está demasiado asustado como para aceptarlas realmente. –Está bien. Bueno. El autobús. Gracias, gracias señor. Vamos, Mo-Mo.
–¿Adónde vamoooos?
–A casa–, dice bruscamente.
Esperan junto a la parada de autobús. Morgan parlotea sobre cosas sin sentido hasta que los nervios de Peter están casi fritos. Entonces, cuando el autobús finalmente se detiene, Peter no tiene paciencia para lidiar con las malditas reglas de mierda de este autobús de mierda.
–¡Vamos, hombre, solo queremos llegar a casa!
–Lo siento, chico–, dice el conductor. –No puedo dejarte entrar sin un boleto. Las reglas son las reglas.
Peter sujeta sus manos sobre las orejas de Morgan. –Eres un maldito idiota, ¿lo sabías?
Se marcha furioso, tirando de Morgan. El pánico y el temor se acumulan en la boca de su estómago, mientras trata frenéticamente de repasar sus opciones solo para darse cuenta de que tiene cero. ¿Qué va a hacer, caminar? Debe haber al menos veinte millas hasta Manhattan, e incluso más para llegar al complejo de los Vengadores.
–¡Estoy cansada! Morgan se queja, arrastrando los pies.
Sí, caminar queda definitivamente descartada como opción.
…y luego ve un coche de policía aparcado cerca. La policía tiene la ventanilla bajada y está escribiendo algo en su cuaderno.
Peter corre más cerca. –Señora–, dice. –Por favor, ¿puedes ayudarnos?
-
Tony y Pepper están en la puerta del complejo cuando se detiene el coche de policía. Incluso desde la distancia, Tony se ve blanco como una sábana y la mirada fija de Pepper es francamente aterradora. Al menos tres Vengadores diferentes se asoman a través de las cortinas desde diferentes ventanas.
Peter finalmente tuvo su momento dramático.
–¡Ahí están mamá y papá!– Morgan grita, saludando con entusiasmo. Ella abre la puerta del cpche tan pronto como se detiene. La mujer policía también sale y rápidamente se acerca a ellos, estrechándoles la mano.
Peter empuja la puerta por su lado y se acerca lo más despacio posible, plomo en los zapatos y aún más plomo en el estómago.
–Muchas gracias–, escucha que Pepper le dice al policía, quien luego regresa rápidamente a su coche. Le da a Peter un solo golpecito en el hombro cuando pasa junto a él.
Peter se detiene frente a sus padres adoptivos y se aventura a mirar hacia arriba. Tony lo mira fijamente, su boca es una fina línea de enojo, cada centímetro de él tiembla. –Vete. a. tu. habitación”, logra. –Espéranos allí.
Peter quiere enderezarse y burlarse, pero en cambio, para su horror, su rostro se arruga. –Ella me siguió. Lo siento mucho, Tony, lo siento mucho —se las arregla para decir. –No vi… Lo juro, no me di cuenta de ella hasta…
El rostro de Tony se relaja un poco. –Vete a tu habitación–, repite. –Espéranos allí.
-
Los minutos se sienten como horas mientras se acurruca en su cama y abraza su almohada, tratando de alejar los sentimientos que se están gestando peligrosamente cerca de la superficie. Un cóctel de frustración, pánico y una extraña sensación de pérdida, chapoteando a través de su vientre.
Ha pasado por una docena de hogares de acogida. Su récord anterior de fugas era cuatro veces. Cuatro veces antes de que incluso el más paciente de los padres adoptivos presentara una solicitud de "reubicación".
Tony y Pepper llegaron a las siete.
Tony y Pepper llegaron a los siete y su padre ni siquiera le envía tarjetas de cumpleaños. Hay algo que no está del todo bien en eso.
Su colchón se hunde y una mano encuentra su camino hacia su espalda. –Está bien, chico–, dice la voz de Tony. –Toma un respiro. Vamos a hablarlo, ¿sí? Pero toma un respiro primero.
Peter quiere gritarle que está respirando perfectamente bien, pero en su lugar comienza a llorar. Llantos realmente feos, con respiraciones entrecortadas. Es increíblemente humillante y no le importa. Debe haberse escapado cien veces a estas alturas. De repente, ya no está tan seguro de qué está intentando demostrar. Él ya no quiere hacer esto. Se siente en carne viva por dentro, y la mano firme de Tony en su espalda es como un bálsamo calmante.
–Estás bien, chico–, repite Tony una y otra vez. No dice nada más, no hace preguntas. Sigue frotando círculos lentos en la espalda de Peter, hasta que Peter puede respirar sin sentir ese dolor punzante en el pecho.
Gira la cabeza para echar un vistazo rápido a la cara de Tony. El hombre todavía se ve pálido, pero ya no está tan enojado. Y sonríe cuando se encuentra con la mirada de Peter.
–Estás bien, Pete. Estamos felices de tenerte en casa de nuevo. Ven aquí.– Él tira de Peter más cerca, contra su pecho. Y sus brazos se acomodan alrededor de Peter a la perfección; todo encaja. Lentamente mece a Peter de un lado a otro. –Morgan te asustó muchísimo, ¿no?"
–Sí-í-í–, solloza Peter.
–Es uno de sus muchos talentos. Lo siento chico, deberíamos haberla vigilado mejor. Ella no suele salir corriendo así. Supongo que a ella realmente le gusta pasar el rato contigo. Ella ya dio su versión de la historia. ¿Me puedes decir que es lo que pasó?
Peter lo intenta, tropezando y tartamudeando, y ni siquiera entiende por qué le importa tanto, lo que empeora todo. No me dejes, piensa, lo cual es un pensamiento realmente estúpido, infantil y vergonzoso, pero hace que se aferre aún más al suéter de Tony.
–Estoy orgulloso de ti, amigo–, dice Tony. –Parece que lidiaste con la situación lo mejor que pudiste.
Lo que hace que Peter llore de nuevo. Porque todo es injusto y está furioso, miserable y aliviado y no entiende por qué no se han dado por vencidos todavía.
Una mano se posa sobre su nuca y la aprieta tranquilizadoramente. –Y la peor parte es que tu diabólica hermanita ya está felizmente masticando su lasaña sin una preocupación en el mundo. No hay ni un sólo indicio de culpa. Lo ha sacado de su madre.
—De… de ti —hipa Peter. –Ni siquiera te preocupaste cuando rompiste la bicicleta de montaña de tu vecino.
–Ah–, dice Tony. –Parece que has leído mi archivo.
Peter se limpia la cara con la manga y respira hondo. –¿Qué vas a hacer ahora?
–Hmm–, Tony golpea con los dedos el hombro de Peter mientras reflexiona sobre la pregunta. –Creo que también voy a calentar un poco de lasaña para ti, y luego tal vez finalmente ponga E.T. ¿Qué te parece?
No lo van a echar, entonces. O tal vez planean hacerlo después de la película, pero eso parece un nivel de crueldad que Peter no esperaría de Pepper y Tony, ya no. –¿Alguna vez te vas a rendir?
–Nunca–, dice Tony. –Puedes huir mil veces, vendremos a buscarte mil veces.
–En realidad no lo harás. Solo lo dices por decir.
–Ponnos a prueba.
–Me elegiste porque soy Spider-Man. No pretendas que eso no es cierto.
–Eso es cierto–, dice Tony. –Pepper y yo queríamos adoptar. Buscamos un niño que encajara. Sí, te elegimos porque eres Spider-Man. No porque queríamos a Spider-Man en nuestra familia, sino porque pensamos que nuestra familia sería el mejor hogar posible para un niño con poderes. Al igual que un… un padre de acogida que conoce el lenguaje de señas podría ofrecer acoger a un niño sordo. Porque tienen algo que ofrecer que la mayoría de las otras familias probablemente no tienen.
Eso tiene sentido, pero Peter no quiere que tenga sentido. –Eso es estúpido–, dice. –Y todavía voy a huir.
–Parece que tenemos algunos años interesantes por delante, entonces. ¿Crees que realmente llegaremos a mil?
Peter se moquea obstinadamente. –Probablemente.
–Está bien–, dice Tony. –¿E.T.?
–Sí. E.T.
-
Tiene una noche inquieta. Tony lo había abrazado y luego Pepper lo había abrazado y lo habían dejado comer su lasaña en el sofá mientras miraba E.T., aunque por lo general eran muy particulares acerca de comer en la mesa.
Así que parece que todo está bien. Pero todavía hay un pequeño lugar justo en el medio de su estómago que se siente mal. Un diminuto agujero negro de culpa.
Se levanta de la cama alrededor de las 6 am y se dirige a la cocina. Tiene un plan. Es realmente estúpido y ya le avergüenza. Ni siquiera sabe realmente cómo moverse por esta cocina. Pero es la única idea que tiene.
Hace té y café y batidos de frutas frescas. Hierve huevos, pone platos y corta pepinos en rodajas finas, como siempre hace Pepper.
Le da los toques finales a su desayuno de disculpa escribiendo torpemente LO SIENTO en un post-it y dejándolo justo en el centro.
Por supuesto que lo cronometró todo horriblemente. Pasarán al menos otros quince minutos antes de que baje alguien más. Así que se pone boca abajo en el sofá y le envía a MJ unos cincuenta mensajes antes de que ella regrese con un malhumorado “estaba dormido, ¿cómo te apago?”.
Pasos se acercan a la cocina. Peter realmente no los registra, pero esconde su teléfono detrás de una almohada cuando escucha la voz de Pepper.
–Oh–, dice Pepper. –Vaya. ¿Ya, tan pronto? Está bien. Muy bien, FRIDAY, despierta a Tony.
Algo en su tono está mal, y Peter se empuja a sí mismo hasta una posición sentada. –¿Pep?
Ella se da la vuelta, con la nota post-it apretada en la mano. Parece que necesita unos segundos para entender lo que está viendo. Entonces, sus hombros se desploman. Ella mira hacia abajo a la palabra LO SIENTO en la nota, luego vuelve a mirarlo. –Pensé que te habías escapado de nuevo.
–Ah.–dice Peter, agachando la cabeza. –No. No voy a huir. Nunca me iré de aquí a menos que me eches o te mudes y me dejes atrás. Así que.
Ella toma asiento junto a él y lo agarra en un suave abrazo, la nota arrugada en su mano. –Bienvenido a casa, cariño–, dice ella. –Bienvenido a casa.
El café está tibio y las rodajas de pepino se han secado cuando todos bajan a desayunar. Pero Tony también lo abraza y dice que es lo más increíble que ha visto en su vida. Está claro por la mirada en sus ojos que realmente lo dice en serio.
Tony y Pepper son unos idiotas, es un poco adorable.
Hacen planes para el día. Polos y torres de Lego y nadar después del almuerzo. –¿Tienes bañador?– Pepper le pregunta.
–Sí, eso creo.
Sube las escaleras, todavía mordisqueando una rodaja de naranja. Se queda en la puerta por un rato, mirando alrededor de su dormitorio. Debería colgar un cartel junto a esa ventana. Y poner sus libros allí junto a su escritorio. Y si está moviendo sus libros y agarrando su traje de baño, también podría, sí…
Sí.
Por primera vez en casi tres años, va a deshacer su maleta.
