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Play pretend

Summary:

Tanto Leo como Femt buscan individualmente llevar a cabo un plan para el que necesitan involucrarse con el otro. Pero hay un riesgo que no tomaron en cuenta.

Notes:

Escribí esto hace unos años y creo que en medio de un black-out (? Creo que tiene muchas referencias ambiguas al canon.
¿Por qué no hay más contenido de este ship?
Ahora que volví a ver este fic, creo que puede tener potencial para convertirlo en un multichapter, nomás necesito recordar algo sobre este fandom, porque así como en su momento me obsesioné, lo olvidé lol.

Work Text:

 

Femt, el llamado "Rey de la Depravación", caminaba de un lado a otro, paseándose por la habitación; aprovechaba su espacio para pensar, ya que iba a ejecutar un plan que lo sacaba bastante de su zona de confort. En realidad era simple, pero se alejaba de lo que a él estaba acostumbrado; por lo general sus juegos eran extremadamente caóticos, golpeaban a la ciudad de repente y mantenían a los miembros de Libra a la defensiva, además de ser algo retorcidos en ocasiones. Ese era el estilo de Femt, allí encontraba la diversión, pero esta vez debía pensar las cosas más a largo plazo e intentar mantener el perfil bajo mientras tanto. Su objetivo iba a ser grande, necesitaba a un sujeto especial, y para ello primero debía tenerlo de su lado y trabajar para poder utilizarlo a su antojo. Pensar en los distintos caminos que podría tomar de salir bien el plan hacía que se regocijara con la idea, y dejara de lado el hecho de que retener y seducir a un mocoso no era para nada su estilo. Al fin y al cabo, ya había concluido en que esa era la mejor estrategia, incluso después de escuchar algunas opiniones externas y hablar con otros reyes. Además ¿qué mejor que joder a Libra tomando una de sus piezas?

Pero por otro lado, el mismo Leo estaba decidido a adelantársele al Rey, de hecho toda la Agencia había sido subestimada una vez más, no contando con que ya planearan algo para interponerse en sus planes. Libra sabía que Femt tramaba algo, sabían que debían sospechar de él si desaparecía mucho tiempo o lo notaban cauteloso, y se arriesgarían a desenmascararlo antes de darle tiempo a lanzar una bomba (metafóricamente, en parte). Leo le pondría el cuerpo a la misión, y aunque por momentos no podía evitar sentirse como carnada, él tenía una parte muy importante. Era el único que podía tomar ese lugar, por su sencillez y valor, porque los demás miembros tendrían que pelear y porque, de hecho, él ya había tenido un par de encuentros cercanos con Femt. Así que ahora su tarea sería acercarse, reunir toda la información que pudiera y darle lugar a sus compañeros para idear un buen plan que finalmente neutralice al Rey de la Depravación.

Con eso en mente, no fue difícil que, al poco tiempo, Leo y Femt estuvieran custodiándose el uno al otro. Lo que al principio pareció un accidentado secuestro fue visto beneficioso para ambos; Femt logró tener cautivo a Leo y Leo pudo infiltrarse en el hogar de Femt, aunque ambos debieron cuestionarse mejor un par de cosas, como por qué eso se habría dado tan fácilmente, para darse cuenta de que estaban persiguiendose al mismo tiempo.

Como sea, Leo empezó a vivir como prisionero del Rey, tratando de ganarse su confianza así le sería más fácil husmear alrededor, y le sorprendió tanto como le confundió verse tratado como un príncipe. Femt le llenó de comodidades, caprichos y atenciones, cosas para las que Leo no estaba preparado. Y claro, el objetivo del Rey era ganarse al chico como aliado, y eso empezaría por algo tan fácil como hacer que se sintiera bien estando con él.

Pronto se enamoraron, o algo así se quisieron hacer creer, ya que un enamoramiento implicaría bajar la guardia, y darle al otro esa idea sería útil. Además Aligura les había dado esa conclusión suya, y a pesar de que en un primer momento ninguno quería realmente que ella se enterase, tomaron eso a su favor. Femt se la pasaba consintiendo a Leo y Leo respondía a cada muestra de cariño igual que lo haría una mascota rescatada. Luego cada uno tenía que recordarse a sí mismo por qué estaba haciendo todo eso y seguir. Todo en esa unión era forzado, temporal y hasta impropio. Un par de veces Leo ayudó a Femt con su poder, a la vez que le sacaba información sutilmente. Hubiera sido un perfecto ejemplo de simbiosis, si no fuera por el hecho de que ambos estaban intentando únicamente sacar ventaja del otro y hacer tiempo hasta que pudieran volver a separarse, el beneficio ajeno no era algo que tuvieran en cuenta. Aunque en los largos días que pasaron juntos formaron una cercanía innegable, lo cual guió ciertas acciones que, en otras circunstancias, ni hubiesen creído posibles.

El día que Femt decidió hacer que Leo aceptara ser oficialmente su peón, fue dispuesto a comunicarse con él a través del arte de la persuasión, pero al mismo tiempo algo le dijo que podría dejar el diálogo para el momento en que tuviese al chico totalmente a su merced, que podría hacer algo más para no dejar lugar a dudas sobre lo comprometido que estaba. Entonces se sentó junto a él sobre la cama que usaba, tomó y besó su mano, su cabeza y se aproximó para seguir con sus labios, pero se detuvo. Leo se veía dudoso, había estado evitando el contacto tan íntimo bastante bien hasta el momento, y se había dicho que sólo debía aguantar un poco más hasta que todo eso acabara, pero ahora se veía realmente atrapado, y por alguna razón el suave contacto de las manos de Femt sobre él lo ponía muy confundido. El mayor había empezado a hacer un recorrido de caricias superficiales por su cuerpo, y el pobre chico ya no sabía si podía (o quería) hacer que parase, porque nunca lo habían tocado así y se sentía bien; le hacía sentir frágil y cuidado, valioso de algún modo. Su corazón latía casi violentamente, como queriendo advertirle de lo peligroso que sería continuar, mas su pensamiento hizo un desvío y concluyó en que, si ya todo iba a terminar, no estaría mal que se dejara llevar en ese momento. Eso es, sólo sería ese momento, una vez más en la que tomaría algo para sí, aunque de aquello no le contaría a nadie. Ya decidido, Leo se abrazó al mayor y esta vez fue él quien buscó el beso que había quedado tentando a su razón. Los dedos ajenos se colaron bajo su ropa, causándole escalofríos, y entonces una estruendosa interrupción les obligó a separarse de repente.

—¡Leonardo!

Libra había entrado en acción para concretar su rescate, en el peor o mejor momento. El chico estuvo en shock dos segundos y luego enfrió su cabeza para unirse al grupo y seguir el plan inicial, aunque aún le costaba pensar bien, no podía evitar cuestionarse si alguno de sus compañeros pudo leer su actitud o notar su sonrojo, esperaba que de ser así lo olvidasen pronto, porque ni él estaba seguro de poder excusarse con lo que había estado por suceder.