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Las Penas de Bryxton

Summary:

En un pueblo llamado Bryxton Town, la gente teme a 2 criaturas que se reúnen en el teatro más antiguo y famoso del lugar, nadie se atreve a hablar de ellos, pues constantemente están atentos a que alguien destruya lo que ellos desesperadamente buscan salvar.

Notes:

Es mi primera vez escribiendo en AO3, pero espero que les guste.
Este es un fic que hice para acompañar los dibujos de @Haru_Z4 en Twitter.
Estamos muy motivadxs con esta bonita historia.

Chapter Text

¿Has oído de las historias que recorren las bocas del pueblo de Bryxton? Dicen que en la colina, se puede ver una mansión cuya presencia parece desaparecer gracias a la inexplicable niebla que lo rodea. Dentro de esta dicen que habita un hombre, un conde joven y peculiar que en las noches de luna, por las calles pasea. Baja al pueblo 1 o 2 veces al mes, buscando a un alma desafortunada, se cruce por su camino para saciar su sed.

Pero no es lo único que atormentaba a los pueblerinos de aquella época, también existe el relato de un alma en pena. Un espíritu que deambula por los pasillos del teatro más antiguo de la villa, dicen que en las noches sus pasos se escuchan, débiles por el hilo que conecta su alma a esta vida. También un piano se hace presente, cuya melodía, en tristeza y desesperación te pueden penetrar.

La gente temía a gran escala a estas dos criaturas, pero nadie conto la historia por miedo a perder la cordura.

Así que permítanme alumbrar, y presten atención, así podrán sentir que el Conde de Bryxton y El Fantasma de la Opera caminan juntos todavía, esperando, con un pesar en sus corazones, el poder tocarse por una vez en sus eternos días.

[***]

Bryxton Town, un pueblo que se ubicaba cerca de la ladera de una colina, rodeado de prado y casas sencillas que correspondían a los ciudadanos que poseían ganado. La parte principal de la ciudad, estaba rodeada por un muro de piedra, los edificios e instalaciones tenían un estilo gótico victoriano, podías ver detalle en cada pilar y cimiento en cada infraestructura del pueblo, siendo lo más llamativo el “Bryxton Theatre”, ubicado casi al centro de la ciudad, siempre cientos de personas iban y disfrutaban de los espectáculos desde tiempos inmemorables.

Al norte del pueblo, en el levantamiento de la tierra, se encontraba una mansión, muchos decían que parecía ser más un castillo, pero no existía alguna familia de sangre azul o de noble estatus, por lo que el término de “castillo” era descartado. Eso no quitaba que alguien habitara entre la niebla que rodeaba la estructura, la gente jura y perjura haber visto luces prenderse, seguido de una sombra de una figura humana, en el ventanal más grande, el cual tenía una vista perfecta de todo el pueblo.
Pero claro, esos eran solo rumores, la gente sabe de quién se trata en realidad, saben que esa mansión de oscuros colores pertenece al Conde Roronoa. Un hombre de piel morena y gran contextura, sus ojos son de un profundo color gris, y se rumorea que sus pupilas tienen un encantador brillo de color rojo, que cuando sonríe con malicia, se pueden ver sus afilados caninos, la personas sabían que se trataba de una criatura de la noche, puesto que el mismo conde nunca se molestó en ocultarlo.

La gente le temía, pero no hacían nada al respecto, ya que el vampiro de cabellos verdosos, bajaba al pueblo de vez en cuando, y al hacerlo, solo iba a tomar en alguno de los bares o a saciar su sed de sangre. Hoy, era uno de esos días, el joven vampiro, tomo su carruaje y bajo a la ciudad, resulto ser que el nuevo dueño del teatro había invitado a todos en el pueblo para presenciar la nueva obra que se presentaba esa noche, nadie le había advertido sobre aquel misterioso hombre que vivía lo más alejado del pueblo.
El camino de piedra hacía rebotar levemente el transporte del vampiro, el cual era conducido por su mayordomo, Usopp, algunas personas lo reconocieron de inmediato lo que los llevo a ocultarse en sus casas y cerrar las ventanas, otros simplemente trataban de ignorar la presencia de aquella criatura noble, entraban al teatro con sonrisas, algunas forzadas y otras naturales.
Cuando Roronoa piso fuera del carruaje, los individuos mortales le abrían el paso, lo último que querían era que el chupasangre tomara a uno de ellos como bocadillo para la obra dramática. Frente a él, pudo encontrarse con un muchacho de cabello oscuro y ropas sencillas, no parecía estar ahí para ver la obra, pero si estaba saludando y agradeciendo a cada invitado por venir aquella noche. Tuvo que esperar 5 minutos, antes de que el nuevo dueño se acercara.

 

“¡Vaya! Tú debes ser el famoso conde Zoro Roronoa, me alegra ver que acepto mi invitación.”

 

Con una sonrisa de oreja a oreja, el dueño extendió su mano al vampiro, sacando suspiros de asombro y terror. Zoro observo la mano frente a él y luego los ojos del contrario, pudo notar que bajo su ojo izquierdo tenía una pequeña cicatriz, no podía oler miedo de su parte, solo euforia y adrenalina, lo que causo que una sonrisa satisfactoria apareciera en sus serios labios.

 

“Y tú eres el dueño idiota que me invito a pesar de lo que podía significar, Monkey D. Luffy.”

 

Estrechando su mano y con una leve sacudida comenzó a caminar al interior del teatro junto con el humano de gran carisma.

La mayoría observaba la interacción con sorpresa, pero para no despertar la ira del peliverde, recuperaron sus posturas y continuaron con sus vidas. Luffy resulto ser un humano muy interesante, Zoro ya comenzaba a pensar en invitarlo a la mansión uno de estos días, claro, las personas asumían que el vampiro odiaba o sentía asco a los mortales, pero estaban muy equivocados de la verdad, simplemente no mostraba demasiado interés en ellos, al menos no en todos. El azabache siguió su conversa con su invitado de honor hasta llegar a uno de los pequeños balcones del teatro, siendo el mejor asiento.

 

“Reserve tu puesto Zoro”

 

“Trátame con respeto humano, usa mi nombre formal”

 

“¿Eh? Oh, lo siento, tenía la sensación de que no te importaban esas cosas”

Eso sorprendió levemente al moreno, pues era cierto, nunca le molesto si le llamaban “conde” “Roronoa” “Roronoa Zoro” pero, quizás era la idea de la gente lo que lo impulso a mantener esa imagen de ser alguien importante y digno de respeto. Al final, una risa de leve diversión se hizo presente.

 

“Eres un humano muy peculiar, Luffy… de acuerdo, tendrás el honor de llamarme por mi nombre”

 

Eso causo que el rostro del muchacho brillara con emoción, se acercó al vampiro y le dio leves golpes en la espalda como gesto de amistad, Zoro nunca había sido tratado de esa manera, no sabía si emocionarse o arrepentirse por permitir una amistad con este mortal tan extrovertido. Al final, tomo asiento en aquel balcón que se encontraba en el lado izquierdo de aquel majestuoso establecimiento.
Los minutos comenzaban a pasar, con su oído inhumano podía escuchar cada murmuro y prejuicio que lanzaba el público, era como si hubiesen venido a hablar de él en vez de ver la maldita obra. Para distraerse opto por tomar el panfleto que estaba en su silla cuando llego. La actuación iba a tratar de un triángulo amoroso, una chica que debía elegir entre dos hombres de alto rango socio-económico, el joven vampiro soltó un bufido de agotamiento, otra narración cliché, si tan solo no escuchara una de esas en la realidad cada vez que baja al pueblo, quizás mostraría más interés.
Fue sorprendido al notar que las luces comenzaban a disminuir en intensidad, parece que llegó la hora, su mayordomo había llegado justo a tiempo, tomando asiento junto a su amo para luego servirle un vaso de vino.
Zoro lo tomo entre sus dedos para luego darle un leve sorbo, preguntó de qué colección provenía, pero el de rulos contesto que la casa invitaba. Ambos giraron su cabeza para ver a Luffy con una mirada esperanzadora y con ambos pulgares arriba. Hizo un leve gesto con la mano libre, logrando que el azabache los dejara tranquilos.

Ya iban a mitad de esta melancólica narración actuada, Zoro ya soltaba bostezos del cansancio y aburrimiento, ni siquiera el alcohol podía mantenerlo despierto para este punto, con su codo en el brazo del asiento, llevo la palma de su mano hasta su mejilla para recostar su cabeza.

 

“Usopp, ve y prepara el carruaje, no vale la pena seguir viendo esto…”

 

“E-en seguida señor.”

 

El acompañante de piel morena se levantó para ir en busca del transporte en el cual habían llegado.
Los ojos grises analizaban cada cosa que sucedía en el escenario, cada fallo que hacía parte del elenco, cada vez que algo parecía a punto de caerse de la escenografía, Zoro no iba a disfrutar, iba a quejarse y a dar “su más humilde opinión” respecto a la obra.
Fue de pronto que empezó a escuchar pasos débiles, zapatos de suela dura y con taco, pero no parecía ser que provenían de alguno de los actores, esa deducción causo que el vampiro se irguiese en su asiento para comenzar a buscar de donde provenían dichos pasos tan suaves. ¿Quién es? ¿Backstage? No… todos están usando botas pesadas… ¿Público? Tampoco, los caballeros tenían un paso firme y los zapatos de las mujeres tenían un ruido hueco y delicado… Estos misteriosos pasos parecían ser los de alguien que no deseaba estar ahí, un hombre que se ve obligado a observar.
De pronto, el ruido de algunos metales lo obligaron a alzar la mirada, gracias al tragaluz de aquel teatro, la suave luz de la luna entraba.
Una capa oscura como el cielo estrellado, una camisa blanca como el mismo astro en el cielo, una figura esbelta y definida, incluso delicada, parecía resaltar por el brillo natural de la noche, giro su cabeza sobre el hombro izquierdo.
Ojos azules, profundos como un océano, con un leve brillo encantador mostrando un hermoso degrade de un celeste cielo, pasando por un turquesa profundo, para finalizar con un hermoso azul marino que rodeaba una pupila.
Por un segundo, el conde fue capaz de captar a un hombre en los andamios del teatro, con quien pudo hacer contacto visual por menos de una fracción de segundo, ya que cuando apenas pudo fijarse en su apariencia, este alzo su capa para luego desaparecer en la oscuridad de aquel pasillo de acero.

 

“El carruaje está listo señor… ¿Señor?”

 

“Puedes irte a la mansión sin mi… tengo algo importante que hacer”

 

Una sonrisa pequeña pero maliciosa apareció, mostrando levemente aquellos filosos colmillos que tanto miedo causaban a su alrededor.
Roronoa Zoro, “El Conde de Bryxton”, había encontrado a su próxima presa.